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Blog d'en Jordi Grau i Gatell d'informació sobre les atrocitats del Franquisme..... "Las voces y las imágenes del pasado se unen con las del presente para impedir el olvido. Pero estas voces e imágenes también sirven para recordar la cobardía de los que nada hicieron cuando se cometieron crímenes atroces, los que permitieron la impunidad de los culpables y los que, ahora, continúan indiferentes ante el desamparo de las víctimas" (Baltasar Garzón).
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En mayo de 1931 se aproximaba la gran celebración del centenario de Mariana Pineda. Fernando de los Ríos llegó a Granada el día 25, y fue recibido por una multitud entusiasmada. La banda municipal de Granada interpretó el Himno de Riego y, desde la estación, se organizó una manifestación. Junto a don Fernando de los Ríos se encontraban el gobernador civil, el gobernador militar, el concejal Alejandro Otero y la señorita Luz García Pérez[2], representante de la Juventud Socialista y del gremio de la aguja de Madrid.
El día 26, a las cinco de la tarde, dentro de los actos conmemorativos de la ejecución de Mariana Pineda en Granada, se celebró una impresionante procesión cívica en la que figuraban 129 banderas, entre ellas las de la Sociedad Obrera del Jau, la Sociedad «La Esperanza» de Santa Fe, la Sociedad Obrera de Oficios Varios de Santa Fe, «Hijos del Trabajo» de Santa Fe y la Banda Municipal de Santa Fe[3].
El día 28, el presidente de la Sociedad Obrera de Santa Fe «La Esperanza» envía una carta al presidente de la Comisión Gestora de Santa Fe para comunicarle que el día 29, a las nueve de la noche, tendrá lugar una conferencia pública desde el balcón de la casa consistorial[4]. En ella participan varios miembros de la Agrupación Socialista de Granada y Luz García.
Luz García Pérez llevaba una semana en Granada. El día 23 había dado un mitin en la sede socialista del Compás de San Jerónimo, ante las Juventudes Socialistas[5].
La presencia de Luz García en Santa Fe está vinculada con un movimiento dentro de la localidad que, en esos momentos, impulsaba Concha Pertíñez Tabasco junto con otras mujeres: «el elemento femenino»[6], que participa en los mítines, en la Sociedad Femenina de Santa Fe y en la Agrupación Socialista Femenina de la localidad. Su liderazgo se evidencia a lo largo de ese año.
El 27 de octubre de 1931 tiene lugar en la Casa del Pueblo de Granada el II Congreso de la Unión General de Trabajadores. Al congreso asistieron figuras como Indalecio Prieto o Fernando de los Ríos
El 27 de octubre de 1931 tiene lugar en la Casa del Pueblo de Granada el II Congreso de la Unión General de Trabajadores. Al congreso asistieron figuras como Indalecio Prieto, ministro de Obras Públicas, o Fernando de los Ríos; «se le da al congreso el máximo rango con la asistencia de un importante elenco de dirigentes socialistas»[7].
Concha Pertíñez participa en este congreso como representante de 309 mujeres de la sección femenina de la UGT de Santa Fe. Solo ella y Carmen Acuña[8], representante de 509 mujeres de Alhama de Granada -además de Carmen Díaz por el gremio de la aguja- participaron en este congreso[9].
Este mismo día, 27 de noviembre, la prensa recogía cómo Concha Pertíñez, en nombre de la Sociedad Femenina de Santa Fe, protestaba de forma enérgica por lo ocurrido en Las Gabias, dirigiendo telegramas a los ministros de Gobernación y Justicia[10].
Los hechos se produjeron cuando la Sociedad de Trabajadores de la Tierra «La Libertad», de Las Gabias, envió a los trabajadores a reclamar a los propietarios los jornales impagados. La intervención de la Guardia Civil provocó disturbios en la localidad, que acabaron con dos personas muertas y numerosos heridos[11].
En enero de 1933 se celebra una recepción en el hotel Washington Irving a don Fernando de los Ríos, como ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes. Concepción Pertíñez forma parte del grupo de personalidades que asisten a la recepción como presidenta de la Agrupación Socialista Femenina de Santa Fe, junto con el alcalde, Enrique Muñoz Arévalo[12].
«Mi tía Concha mandaba mucho (…); tenía un poder muy grande y con toda la gente gorda del Gobierno, con don Fernando de los Ríos».
El 14 de mayo de 1934, el alcalde de Santa Fe enviaba una comunicación al Gobernador Civil de Granada informándole de que había autorizado a la Sociedad Obrera «La Esperanza» para que ese mismo día tuviese lugar una «disertación» de la diputada en Cortes Matilde de la Torre[13]. La cántabra fue diputada socialista en la legislatura de 1933, en la que la representación femenina en el Parlamento se reducía, junto con ella, a cinco diputadas: María Lejárraga -que lo era por Granada-, Margarita Nelken, Veneranda García-Blanco y la cedista Francisca Bohigas.
Esta visita es el primer y único documento encontrado hasta la fecha que acredita el paso de Matilde de la Torre por Granada, reflejo de la importancia y la riqueza de la vida política de Santa Fe durante la República.
El 20 de febrero de 1936, Concha Pertíñez Tabasco, durante la reposición de Enrique Muñoz Arévalo como alcalde, se dirige al pueblo, especialmente a las mujeres:
«(...) Desde el balcón del ayuntamiento, la propagandista Concha Pertíñez, alentando a las mujeres de Santa Fe a usar de sus derechos para obtener el mejoramiento de sus hogares, recordándoles el hambre y la persecución de que habían sido objeto[14]».
Esta presencia de Concha Pertíñez, representando a un pueblo y en tantos ámbitos, resulta muy llamativa si tenemos en cuenta lo que señala la profesora Rosa Capel al referirse a esta época en el Partido Socialista: «La apertura de la agenda del PSOE a las reivindicaciones de las mujeres no se correspondió con una mayor incorporación a las labores de responsabilidad ni en el partido ni en las Juventudes. Entre los delegados a los Congresos, la presencia femenina es meramente testimonial en el mejor de los casos: una, dos, a lo sumo tres»[15].
Concha Pertíñez Tabasco, nacida el 9 de septiembre de 1892, tenía 44 años cuando estalla el golpe. Pertenecía a una familia humilde de ocho hermanos de la localidad de Santa Fe y ella era la mayor
Concha Pertíñez Tabasco, nacida el 9 de septiembre de 1892, tenía 44 años cuando estalla el golpe. Pertenecía a una familia humilde de ocho hermanos de la localidad de Santa Fe y ella era la mayor. Sus padres eran José Pertíñez Galiano, jornalero, y Dolores Tabasco Santos[16]; sus hermanos: Francisca, Juan, Amanda, José, Pedro, Manuel y Ana.
Estaba casada con Juan Manuel García Santaella, que trabajaba en la fábrica de harinas y con quien tenía una hija, Concha, y un hijo, Manuel, que en el momento de su muerte tenían 13 y 10 años, respectivamente. Se dedicaba a la venta ambulante de tejidos y se dice que siempre fiaba a quienes lo necesitaban.
«Vendía telas. Iba con su bolso y, al que no tenía dinero, se las daba a fiar. Era una bella persona, todo el mundo la quería».
Concha Pertíñez fue detenida por las nuevas autoridades instauradas por los sublevados y sometida a una humillación pública -incluidos el rapado del pelo y la ingesta de aceite de ricino-
Según el testimonio familiar, Concha Pertíñez fue detenida por las nuevas autoridades instauradas por los sublevados y sometida a una humillación pública -incluidos el rapado del pelo y la ingesta de aceite de ricino-. Fue paseada por la calle Real de la localidad, con lo que se perseguía un doble propósito: el señalamiento personal y familiar, y una advertencia para las demás mujeres a las que sabemos que representaba.
Su hija Concha no lo presenció porque se hallaba pasando unos días en unas colonias de verano, pero su hijo Manuel sí y trató de buscar una ayuda que no encontró.
«A Concha fueron los guardias de asalto a buscarla a su casa; le raparon el pelo, le dieron aceite de ricino y la pasearon por la calle Real del pueblo. Después se la llevaron y la fusilaron. Su hijo Manuel (que entonces tendría unos 10 años) fue llorando al señor cura porque iban a matar a su madre, a ver si el cura la salvaba», narra Gerardo Pertíñez.
Con Concha se ensañaron y la vejaron precisamente porque era una mujer independiente, resuelta y luchadora, que llevaba años defendiendo los derechos de las mujeres y de las personas más desfavorecidas. Conocía bien esa realidad por su doble condición de mujer y de integrante de una familia humilde y trabajadora.
Nos cuenta Gerardo Pertíñez Pertíñez, sobrino de Concha, que su padre, Juan, quería mucho a su hermana, que era el pilar de la familia. Cuando la encarcelan -al parecer, en un primer momento, en la localidad-, su hermano Juan, que había pasado a zona republicana, entra en Santa Fe para intentar liberarla.
«Quería romper las puertas de la cárcel con unas bombas de mano para llevarse a la Concha»[17].
En apenas cuatro meses fueron asesinados los tres hermanos -Concha, Manuel y Pedro-. Concha fue la última y, tras pasar meses incomunicada, con hambre y en condiciones inhumanas, cuando fueron a buscarla a la cárcel, el 2 de noviembre de 1936, probablemente ya sabía lo ocurrido con sus dos hermanos. Una de sus compañeras de reclusión, Rosa Segura Calero, paisana y amiga, atravesaba el mismo drama: también habían matado a sus dos hermanos, Laureano y Manuel.
Aquella noche, según recoge Molina Fajardo en su libro Los últimos días de García Lorca, cuatro mujeres salieron de la cárcel-convento de San Gregorio, situada en el bajo Albaicín. Fueron trasladadas en coche a Víznar y entregadas por la Guardia de Asalto al mando de la localidad. El grupo lo componían Rosa Segura Calero, Concha Pertíñez Tabasco, Rosario Fregenal Piñar y Milagro Almenara Pérez.
Después de pasar por la colonia, fueron llevadas al Barranco de Víznar. Allí las asesinaron.
Contra la familia Pertíñez Tabasco se desata una auténtica cacería.
Encarna Pertíñez, nieta de Juan Pertíñez, recoge el testimonio de su padre, Gerardo, en referencia a los hermanos: «Cuenta mi padre que el guarda del Cortijo de Santa Teresa de la población llamó por teléfono a la Guardia de Asalto para decirles que los rojos estaban en el “Salado” (una zona de meriendas en el campo). Llegaron y se liaron a tiros con ellos. A Manuel lo hirieron en la pierna y no pudo huir».
Estos hechos, los ocurridos en el arroyo Salado, están desarrollados en el artículo sobre la compañera de muerte de Concha, la también santaferina Rosa Segura Calero.
El día 22 de julio, un grupo de aproximadamente nueve personas -todas, al parecer, militantes del Partido Socialista y vinculadas a la Sociedad Obrera de Santa Fe- se reúne por la mañana en la venta de Arroyo Salado
El día 22 de julio, un grupo de aproximadamente nueve personas -todas, al parecer, militantes del Partido Socialista y vinculadas a la Sociedad Obrera de Santa Fe- se reúne por la mañana en la venta de Arroyo Salado. Están Francisco Sánchez García, Antonio Martínez Pérez, José Rodríguez Pavón, Miguel Santos Díaz, Manuel Pertíñez Tabasco y Salvador Rodríguez Pavón. También participa Agustín Carrión Moreno, dimitido presidente de la Casa del Pueblo y de la propia Sociedad Obrera.
Gracias a un chivatazo, la Guardia Civil se presenta en el lugar. Según relatan los informes, la actitud «violenta» de los reunidos les lleva a disparar contra el grupo, que pretendía huir. Lo cierto es que no aparece ninguna otra «arma» que una navaja, que había puesto «el Segura» sobre una mesa en la que se iba a comer.
Ante esta situación, algunos se tiran al suelo y otros, como «el Segura», «el Cuñado» y «el Montoro», salen huyendo, según narran los testigos. Uno de ellos, Salvador Rodríguez Pavón, resulta herido y fallece en el Hospital de San Juan de Dios, tras ser trasladado por la Cruz Roja de Santa Fe. En este mismo hospital ingresa también, con heridas de bala, Manuel Pertíñez Tabasco, «el Zoilo», que fue trasladado a la sala de San Gabriel.
Manuel Pertíñez Tabasco, de 26 años[18], en su declaración, explicará su huida en estos términos: «El salir de Santa Fe al campo fue debido a que tenía el temor de que, por haber realizado algunos trabajos al tope y haber intentado él, en unión de otros varios, que dichos trabajos les fueran abonados, temía su detención».
La documentación nos muestra que, ya en julio de 1934, el juzgado reclama a la alcaldía un informe de varios vecinos, entre ellos Manuel, que se encuentran procesados[19].
No era de extrañar que Manuel reclamara el pago de sus trabajos. En el acta del pleno del ayuntamiento con fecha 3 de junio de 1935 se aprueba su inclusión en el llamado Padrón de Beneficencia, gracias al cual su familia tendría acceso a cobertura médica y farmacéutica, lo que demuestra el estado precario en el que se encontraban viviendo.
El grupo es juzgado por participar en una reunión clandestina y por resistencia a la autoridad. Francisco Sánchez García, Agustín Carrión Moreno, Miguel Santos Díaz y Manuel Pertíñez Tabasco son condenados a la pena de muerte[20].
La ejecución del grupo se llevó a cabo a las cinco de la mañana del día 13 de agosto de 1936. Mandaba el pelotón de fusilamiento el alférez de Artillería Antonio López Palacios. Tras la ejecución, el médico Enrique Martín Recuerda examinó los cadáveres que fueron enterrados en el Patio del Osario del Cementerio de Granada.
La mujer de Manuel, Carmen Calero Mantas, se quedó sola con el niño, Julio, trabajando de sirvienta en una tienda de comestibles. Tiempo después rehízo su vida, se casó de nuevo y tuvo un segundo hijo.
Según el testimonio familiar, Pedro fue detenido -al igual que su hermano Manuel, durante los primeros días del golpe- tras confundir un coche de la guardia de asalto con tropas leales a la República y gritar: «Ya están aquí los nuestros». Fue fusilado, con 29 años, el 23 de octubre de 1936, en las tapias del Cementerio de Granada [21].
«Pedro tenía una bicicleta y me montaba a mí en la bicicleta y me paseaba. Era muy majo, muy majo. Pedrito, sí, tenía una novia cuando lo mataron»[22].
“Él es y será «de izquierdas» mientras viva”
Juan Pertíñez, padre de Gerardo, había trabajado en la acequia de la Comunidad de Regantes[23] y fue nombrado policía municipal el 21 de febrero de 1936[24], durante el periodo de gobierno del Frente Popular. Estaba afiliado a la UGT y al Partido Socialista. Se dice que era «peón de confianza de los cabecillas marxistas de esta población».
Tras esconderse en un primer momento, volvió al pueblo y, debido a un chivatazo, tuvo que escapar rápidamente, pasando al «campo rojo» a finales de agosto de 1936. Juan Pertíñez hijo recuerda, como si fuera hoy, aquel día: «Fueron a mi casa y entraban los tíos con los fusiles así, ya cargados».
Al pasar a la zona republicana, se salvó de acabar como sus hermanos. Sabemos de su periplo durante la guerra y terminada esta, gracias a la causa 1.227 de 1941[25], en la que es condenado a 12 años de cárcel.
Pasó a Alhama, donde formó parte de la 51.ª Brigada Mixta del Ejército Republicano, y llegó a alcanzar el grado de capitán. En esa zona estuvo siete meses. Según un informe de 1941, parece que se habría encargado de la instrucción de tropas.
Cuando cae Málaga, marcha hacia Almería, haciendo el camino de la “Desbandá”, hasta el campamento de Viator, donde permaneció un mes
Cuando cae Málaga, marcha hacia Almería, haciendo el camino de la “Desbandá”, hasta el campamento de Viator, donde permaneció un mes. De allí fue enviado al Frente de Madrid, a Las Rozas, donde estuvo ocho meses como sanitario en el primer batallón de la 37.ª Brigada Mixta. Desde Madrid fue enviado a Cataluña, donde se instaló con su hermana Francisca, la cual vivía en Barcelona desde 1925 con su marido, también santaferino, Cecilio Giménez Santiago y el hijo de ambos, Carlos, en la calle Balmes n.º 332.
Cuando cae Cataluña, Juan pasa a Francia el 9 de febrero de 1939, donde permanece hasta el 12 de noviembre de 1940, fecha en la que regresa a España. Aquí es internado en el campo de concentración de Figueras; después, en el de Reus; de ahí pasa a campo de concentración del Colegio Unamuno, en Madrid, y es destinado al Batallón de Trabajadores n.º 52. Posteriormente ingresa en la cárcel de Torrijos (Madrid) el 29 de enero de 1941, de donde será trasladado a la de Yeserías.
Finalmente termina en la prisión de Granada, de donde saldrá en 1943. Ese mismo año se inicia contra él un expediente de responsabilidades políticas
Finalmente termina en la prisión de Granada, de donde saldrá en 1943. Ese mismo año se inicia contra él un expediente de responsabilidades políticas[26].
La familia de Juan fue protegida por Agustín Pertíñez Soto que estaba en el bando sublevado. Este hermano de su mujer y, además, su primo, según nos cuenta Gerardo, «no quería a su cuñado, pero a su hermana sí»; «mi madre era de derechas», añade.
Cuando regresó fue Eduardo Cabezas, su amigo, que era juez y jefe de la Caja de Ahorros el que protegió su vida.
Gerardo comenzó a trabajar a los 9 años para ayudar al mantenimiento de la familia en una empresa de maderas.
«Se ataba una cuerda para tirarse al río a coger los troncos y que la corriente no se los llevase».
En una curiosa entrevista en Ideal[27] justo tras la muerte de Franco, Juan reclama el permiso de caza que siempre le ha sido negado reafirmándose como persona de izquierdas:
“Según nos manifiesta ha intentado, en distintas ocasiones, conseguir el permiso de armas para escopeta de caza, pero que siempre le ha sido denegado porque él es y será «de izquierdas» mientras viva, así como toda su familia”.
En 1946 ya se le había abierto un sumario por delito de infracción de la Ley de Caza[28].
En cuanto a José Pertíñez Tabasco, el 23 de septiembre de 1938 se debate en la reunión de la Comisión Gestora de Santa Fe una petición recibida desde el Campo de concentración de Talavera de la Reina, Toledo, acerca de la situación de José Pertíñez, que estaba allí recluido, y resulta avalado al «no haber cometido violencias ni coacciones». Probablemente había sido detenido mientras luchaba en la guerra, lo que, casi con total seguridad, le salvó de acabar como sus hermanos.
Al igual que ocurrió con muchas otras familias granadinas represaliadas, una parte de los Pertíñez Tabasco emigró. Ana, Amanda y José se trasladaron a Cataluña, donde Francisca ya se encontraba desde hacía años. Ana se casó Barcelona, en 1940, con Antonio González Lluch. José, ya viudo, se marchó después de 1951 y pasó allí sus últimos años de vida junto a sus hermanas y sobrinos.
En Santa Fe, Ana había sido sirvienta en la casa del maestro Enrique Martínez Sidrach, un hombre inteligente y divertido, de quien Gerardo cuenta numerosas anécdotas y que se libró de la muerte por encontrarse fuera de Granada en el momento del golpe
En Santa Fe, Ana había sido sirvienta en la casa del maestro Enrique Martínez Sidrach, un hombre inteligente y divertido, de quien Gerardo cuenta numerosas anécdotas y que se libró de la muerte por encontrarse fuera de Granada en el momento del golpe. En la casa del maestro, a Ana le incautan un baúl con ropa, que reclamará ante las autoridades[29].
Posteriormente, se trasladaron también a Cataluña Manuel García, marido de Concha, y sus hijos, entre 1947 y 1951.
Mar Pertíñez nos cuenta: «Querían huir porque estaban señalados, al ser una familia muy roja, muy humilde, pero también muy combativa y luchadora». Julio, padre de Mar Pertíñez e hijo de Manuel Pertíñez Tabasco, se marchó a Cataluña al terminar el servicio militar. Allí encontró trabajo con la ayuda de su primo Manuel, hijo de Concha. Nunca olvidó lo ocurrido con su padre.
Solo Juan se quedó en Santa Fe, donde sus buenos contactos le permitieron rehacer su vida. A mediados de los años sesenta, su hijo Gerardo emigró también a Cataluña.
Asesinaron a tres hermanos, pero las consecuencias de estos hechos cambiaron la vida de muchas más personas. Algunas intentaron no recordarlos y otras nunca quisieron hablar del tema, por temor a represalias o por el dolor que les provocaba. Todo ello influyó, incluso, en quienes aún no habían nacido, que perdieron parte de su historia y de sus raíces.
Más de 80 años después, esta familia recupera y recompone su historia.
AGRADECIMIENTOS
A Agustín Jiménez Jiménez, gracias al cual pudimos contactar con la familia Pertiñez Tabasco y comenzar esta investigación.
A Gerardo Pertiñez Pertíñez, de 98 años, que con una memoria prodigiosa y una exactitud sorprendente, nos ha narrado la vida de su familia.
A Encarna Pertíñez, Mar Pertíñez e Irene Meca, gracia por todo. Sin las familias, sus aportaciones y su confianza no podríamos reconstruir nuestra memoria colectiva.
Sin archivos no hay memoria. Agradecemos de forma especial a Luisa Roger, del Archivo Municipal de Santa Fe por facilitarnos el acceso a la documentación, la cual es necesaria para tener una base sólida en la que apoyar las fuentes orales, que les aporta credibilidad y nos permite hilar y rellenar huecos.
Y por supuesto, agradecimiento a Tomás Andreo por toda la documentación que nos facilita de registro.
[1] El defensor de Granada, 8 de abril de 1936, pág. 1. Intervención de Fernando de los Rios en el Mitin republicano-socialista en Santa Fe.
[2] El Defensor de Granada, 25 de mayo de 1931, pag.1.
[3] El Defensor de Granada, 26 de mayo de 1931, pag.1.
[4] Archivo Municipal de Santa Fe. Correspondencia Alcaldía, año 1931. Signatura 2949.
[5] El Defensor de Granada, 23 de mayo de 1931, pag.1.
[6] El Defensor de Granada, 8 de abril de 193, pág.1.
[7] Alarcón Caballero, J. A. (1990). El movimiento obrero en Granada en la II República (1931-1936). Diputación Provincial de Granada. p. 208.
[8] Carmen Acuña Gutiérrez de Tovar (1895-1936). Había nacido en Almería, aunque más tarde se trasladó a la provincia de Granada. Vivió primero en la localidad de Alhama de Granada y, posteriormente, en la capital, en la calle Callejón de la Sierra n.º 2, junto a su marido, José Aragón Calvo; los dos hijos del primer matrimonio de este, y su hija, Carmen Herrerías Acuña. Fue pionera en la participación política de las mujeres en Granada. Militó en la Unión General de Trabajadores (UGT) y representó a 509 mujeres de Alhama en el II Congreso Provincial de este sindicato. Asimismo, actuó como interventora del Frente Popular en la repetición de las elecciones generales celebradas en Granada en mayo de 1936.Fue asesinada el 5 de noviembre de 1936 en Víznar, a la edad de 41 años.
[9] El Defensor de Granada, 27 de noviembre de 1931, pág.1
[10] El Defensor de Granada, 27 de noviembre de 1931, pág.2
[11] Historias desenterradas. Las Gabias 1936. Manuel Izquierdo Rodríguez. 2010 pág. 37
[12] La Publicidad, 21 de febrero de 1936, pág. 7
[13] Archivo Municipal de Santa Fe. Correspondencia Alcaldía, año 1934. Signatura 2952.
[14] La Publicidad, 21 de febrero de 1936.
[15] Capel Martínez, R. M. (2008). Mujer y socialismo (1848-1939). Pasado Y Memoria, (7), 101–122.
[16] Se habían casado el 9 de noviembre de 1894 en Santa Fe.
[17] Testimonio de Gerardo Pertíñez. Entrevista realizada por M.ª Belén Marcos y Silvia González el 30 de diciembre de 2025.
[18] Edad errónea en el Sumario 55/1936 del Tribunal Militar Territorial Tercero, aparece que tiene 24 años, pero según la documentación encontrada, tendría 26.
[19] Archivo Municipal de Santa Fe. Correspondencia Alcaldía, año 1934. Signatura 2952.
[20] Tribunal Militar Territorial Tercero (JUTOTER 23) Sumario 55/1936
[21] Gil Bracero, Rafael, y Brenes Sánchez, María Isabel, Jaque a la República. Granada, 2009, Ediciones Osuna, págs. 698-699
[22] Testimonio de Gerardo Pertíñez. Entrevista realizada por M.ª Belén Marcos y Silvia González el 30 de diciembre de 2025.
[23] Archivo Municipal de Santa Fe. Correspondencia Alcaldía, año 1933. Signatura 2951.
[24] Archivo Municipal de Santa Fe. Correspondencia Alcaldía, año 1936. Signatura 2954.
[25] Tribunal Militar Territorial Tercero (JUTOTER 23), Sumario 1.227 de 1941.
[26] ARCHGR. Expediente de Juan Pertíñez Tabasco. 26001-26
[27] Ideal de Granada, 8 de abril de 1977.
[28] ARCHGR. Rollo dimanante del sumario n.º 162 por delito de infracción de la ley de caza contra Juan Pertíñez Tabasco y otro. 36506-002
[29] ARCHGR. Sesión 25/04/1939, sobre petición de Ana Pertíñez Tabasco de un baúl con ropa que le fue incautado.