dissabte, 15 d’agost del 2026

'Operación Fuego Mágico': aviones nazis para Franco

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Un bombardero Heinkel He 111 de la Legión Cóndor.

La tarde del 17 de julio de 1936, a las 17:00 horas, tal y como estaba previsto, comenzó la sublevación en las principales guarniciones del Protectorado Español de Marruecos. Sin embargo, la segunda parte del plan, que contaba con el apoyo de la Armada para iniciar el traspaso de las tropas del Ejército de África a la península, no llegó a ejecutarse. La mayor parte de las unidades navales se mantuvieron bajo control gubernamental. El Gobierno ordenó bloquear los puertos de los rebeldes sin provocar incidentes internacionales con los barcos italianos y alemanes, una acción fundamental de la flota republicana, que puso en jaque la logística de los sublevados.

No solo estaba en juego asegurar la cabeza de puente del golpe, la bahía de Cádiz, Sevilla, Córdoba y Huelva, sino iniciar el avance hacia Madrid, la tercera parte del plan. Las tropas mejor pertrechadas y más experimentadas de todo el ejército seguían esperando cruzar a la península. Para ello, se puso en marcha el primer puente aéreo de la historia entre Tetuán, Algeciras y Jerez de la Frontera, que en diez días y con 102 vuelos permitió pasar 2.300 soldados (dos banderas de la Legión y tres tabores de regulares, las tropas marroquíes) en siete aviones bastante antiguos que hicieron su último servicio.

El siguiente paso fue diplomático. Ante el bloqueo del Estrecho, el general Franco exige que la flota republicana se retire de Tánger por ser un puerto internacional. Italia, que en ese momento preside el control de la entidad portuaria, apoya la petición, al tiempo que Gran Bretaña se niega a que la flota republicana pueda repostar en Gibraltar, obligándola, finalmente, a trasladar su base a Málaga. Acto seguido, Franco recibe el apoyo decisivo de la moderna aviación alemana e italiana, el arma que, sin duda, marcaría la diferencia en la Guerra Civil.

La operación se llamaría “Fuego Mágico” (Feuerzauber) en honor a la ópera 'Sigfrido' de Wagner que se estaba representando en ese momento

Entre finales de julio y principios de septiembre de 1936 se encadenaron varios envíos de material y técnicos militares en apoyo de las tropas sublevadas en Marruecos, destacando el envío alemán de veinte Junker-52 para transporte de las tropas africanas y seis cazas Heinkel-51, a los que se sumaron nueve bombarderos Savoia-81 tripulados por italianos. Nada más llegar, comenzaron a escoltar a los ferries que transportaron a otros 1.600 soldados a la península. La superioridad aérea que proporcionaban estos modernos aviones fue replicada por la flota republicana, que volvió a asegurar el control marítimo del Estrecho. Situación que obligó a los alemanes a intervenir definitivamente.

Entre finales de agosto y septiembre, el trasvase de las tropas pasó a realizarse a bordo de sus Junkers, que transportaron a la península 13.500 hombres y 500 toneladas de armamento y munición, incluidas 44 piezas de artillería y 90 ametralladoras. Esta operación fue decisiva. El traslado de esta masa de maniobra cambiaría el curso de una guerra que ya empezaba a ser convencional, quedando en manos de Franco la única fuerza armada compacta, moderna y letal de todas las que había en España en ese momento.

Todo se había gestado, en realidad, la noche del 25 julio de 1936, mientras Adolf Hitler se encontraba en el festival de música de Wagner en la localidad de Bayreuth. Allí recibió a dos agentes alemanes que portaban una nota de Franco pidiendo el envío de aviones de transporte y material para cruzar el Estrecho de Gibraltar. La operación se llamaría 'Fuego Mágico' (Feuerzauber) en honor a la ópera Sigfrido del músico alemán que se estaba representando en ese momento. Aquella petición abriría la puerta de algo más que un puente aéreo: estaba en juego la intervención alemana estratégica en España, como manifestaron el ministro del Aire Göring y el ministro de la Guerra Von Blomberg, que también estaban presentes en aquella reunión.

Así, entre el 31 de julio y el 2 de octubre de 1936, se dio forma al entramado empresarial Hisma-Rowak, diseñado inicialmente para gestionar la ayuda militar prestada por Alemania al bando sublevado y organizar el pago de la creciente deuda económica contraída por Franco. No se realizaría con dinero sino a través de materias primas de origen mineral que sirvieran para reforzar la creciente industria de guerra nazi. Al frente de la operación se situó una figura clave: Hisma (Sociedad Hispano-Marroquí de Transportes) que acabaría transformándose en 1938 en la Sociedad Financiera Industrial (SOFINDUS). Controlada desde el principio por Johannes Bernhardt, miembro del servicio exterior del Partido Nazi (AO), fue quien llevó en persona la carta de Franco a Hitler y el responsable de lograr que se aprobara la ayuda inicial y el decisivo puente aéreo a la Península.

Sobre el puente aéreo nazi-fascista y las acometidas del verano de 1936

Sobre el puente aéreo nazi-fascista y las acometidas del verano de 1936

La personalidad de más relieve, responsable de la gestión de toda la operación y principal coordinador de la actuación alemana fue, sin embargo, Hermann Göring, mano derecha de Hitler y personaje que, junto a las directrices del ministerio de Economía y del Banco Alemán, fijaría como objetivo primordial de la guerra convertir a España en una colonia económica del Tercer Reich. A partir de ese momento, la ayuda alemana se haría a través de contratos comerciales privados. La actividad estuvo siempre dirigida por Hisma que centralizó la política alemana de adquirir empresas y derechos de explotación minera en España.

La ayuda militar siguió incrementándose sobre esta fórmula de empresas interpuestas que se aseguraban el control de las materias primas y de la industria pesada española para Alemania. El contingente militar de mayor importancia salió el 6 de noviembre hacia Sevilla, el núcleo de lo que ya sería conocido como Legión Cóndor, al mando del general Von Sperrle y con el coronel Von Richtofen como jefe del Estado Mayor. El envío contenía un suministro progresivo de aviones, así como artillería antitanque, artillería antiaérea y varias secciones de carros de combate. En total, el personal inicial fue de 3.800 hombres, aunque pronto superó los 5.000 efectivos. Su impacto en la Guerra Civil española fue decisivo, afianzando la superioridad aérea e implantando un moderno servicio de inteligencia que potenciaría decididamente el Cuartel General de Franco.

*Gutmaro Gómez Bravo es Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid.


Sobre el puente aéreo nazi-fascista y las acometidas del verano de 1936. Ángel Viñas.

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Un Bf109A de la Legión Cóndor.

Tras el golpe la República no se rindió. Se distribuyeron armas a las masas populares, excitadas por los rumores sobre las exacciones de los sublevados. La historiografía franquista, en el surco del coronel Martínez Bande y muchos otros, siempre resaltó el rápido progreso de las unidades del Ejército de África. Se mostró parca de datos excepto por la “proeza” del “convoy de la victoria” el 5 de agosto (con unos 1.600 hombres, 6 cañones y 100 toneladas de material).  

Hubo otra realidad. Los aviones nazis, más los aparatos de caza y bombardeo/transporte, contratados por Pedro Sainz Rodríguez el 1º de julio con los fascistas, dejaron en mantillas la aportación del convoy. Salvo escasas excepciones, entre las cuales se cuentan sir Paul Preston y Francisco Espinosa, la incipiente aportación material del futuro Eje se ha desdibujado. Incluso el mes pasado.

La “fuerza aérea” sublevada en Marruecos era de risa. Al 29 de julio ascendía a poco más de una docena de viejos aparatos con 11 capitanes, 10 tenientes y 2 alféreces (según datos del estadillo del capitán Julio García de Cáceres, jefe de la fuerza). Se habían realizado hasta entonces 9 bombardeos, 45 transportes de tropas (con un total de 516) y 22 reconocimientos aéreos.

La intervención nazi-fascista trasladó tantos efectivos y material que posibilitaron al Ejército de África un futuro avance rápido desde Andalucía. El “puente aéreo” fue fundamental entre el 21 de julio y el 31 de octubre. Ahora bien, según el diario de operaciones de las Fuerzas Aéreas de África, llegó hasta el 1º de febrero de 1937.

Hasta finales de octubre se hicieron 1.650 vuelos. Hubo días con 40 o más y otros con menos de 10. Con todo, al terminar diciembre se habían trasladado unos 33.000 marroquíes.

El factor limitativo fue el combustible. Los alemanes e italianos necesitaban gasolina de alto octanaje. Los sublevados apenas si tenían stocks.

Se conocen con exactitud los esfuerzos del Tercer Reich. En los primeros 20 días pasaron unos 2.850 hombres con su impedimenta y material (casi 8.000 kilos). Luego se dio prioridad a estos últimos. En apenas dos meses y medio se transportó a unos 9.500 fieros combatientes y casi 250 toneladas de equipamiento. Son datos alemanes que se detienen pormenorizadamente a finales de septiembre.

El Gobierno republicano se dirigió a suministradores británicos. Su embajador en Londres, Julio López Oliván, empezó a colaborar con los rebeldes a los pocos días de presentar credenciales. Con su actitud robusteció los esfuerzos del Gobierno británico para evitar los abastecimientos a la flota republicana y la adquisición en Inglaterra de aviones civiles que pudieran utilizarse con otros fines.

Mientras tanto, el Duce fue incrementando sus compromisos, que dejaron atrás los contratados el 1º de julio, y se acercó rápidamente al Tercer Reich. La funesta amistad nazi-fascista se cimentó muy pronto en los aires y tierras españoles.

El 2 de noviembre de 1936 el mussoliniano Servizio Informazioni Militare constató que se habían suministrado a Franco un total de 822,5 toneladas de carburantes y lubricantes por parte italiana y 547 por parte alemana. Muy poco todavía, pero la aportación no tardaría en aumentar. La completarían primero los suministros a través de Portugal y luego los aprovisionamientos de la Standard Oil. A finales de año, la Texas Oil Co. Franco y sus paladines pudieron bañarse, de haberlo querido, en piscinas de petróleo.

Julián Casanova defiende en cómic la verdad de la Guerra Civil: "La ultraderecha quita las partes que no le gustan"

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Sin las armas africanas y el combustible foráneo quizá los sublevados no hubiesen avanzado tanto como en aquel verano de 1936. El 1º de agosto Franco dictó una orden: se excluirían razias y se respetarían mujeres y niños. Pocos historiadores profranquistas la han reproducido, ya que no solió cumplirse. En el verano de 1936 los sublevados se comportaron según las costumbres de las guerras de África. Sin cuartel.

En una revista de historia se han publicado datos inexactos hace unas semanas. Se han bastardeado los compromisos de los conspiradores monárquicos, militares y fascistas españoles con la firma de los primeros contratos el 1º de julio de 1936 (INFO SENSIBLE PERO NO DEL GUSTO DE LAS DERECHAS); se han seguido al pie de la letra las mentiras de grueso calibre de Luis Bolín y se ha presentado la opinión de ciertos autores que recalcaron la novedad del puente. No fue tal. La aviación española volaba a Marruecos desde la mitad del primer decenio de siglo. Los alemanes suministraron gases tóxicos para machacar a las kabilas en vuelos de guerra a principios del segundo decenio. Es literalmente imposible que entre los mandos de la fuerza aérea nazi se ignoraran tales precedentes. La frase atribuida a Göring sobre el “primer puente aéreo de la historia” (entre dos continentes) no está documentada; el mensajero de Franco a Hitler no fue un general sino un modesto capitán y la primera petición la hizo Franco al exagregado militar en España, general Kühlental, a quien él y Beigbeder conocían perfectamente. Todos estos errores históricos, y más, deberían haberse evitado.  

*Ángel Viñas es economista e historiador especializado en la Guerra Civil y el franquismo.

El 15 de agosto de 1936 sería asesinada con tan solo 14 años Maravillas Lamberto Yoldi.

 Luis López Martínez

18h 



El 15 de agosto de 1936 sería asesinada con tan solo 14 años Maravillas Lamberto Yoldi, uno de los actos más sangrientos del fascismo, tal vez porque lo hicieron sobre una niña.

Maravillas nació en Larraga (Navarra) y era la mayor de tres hermanos. Su padre era campesino y militante de UGT.

A las tres de la madrugada del 15 de agosto de 1936, una pareja de la Guardia Civil acompañada de dos civiles, el miembro de Falange Julio Redín Sanz y el requeté conocido como "el hijo del churrero se presentaron en el domicilio de Vicente con el propósito de llevarlo a la casa consistorial e interrogarlo, por su pertenencia a la UGT. Maravillas pidió poder acompañarle y estos accedieron.

En el ayuntamiento el padre fue encerrado en el calabozo y la niña fue subida a las dependencias superiores donde fue violada repetidas veces, algunas de ellas en presencia de su padre.

Posteriormente, sobre las cinco de la madrugada, los sacaron en un vehículo y los llevaron a un bosque donde los asesinaron a ambos. Tras su muerte, arrojaron el cuerpo desnudo de la niña a los perros, unos vecinos encontraron los restos una semana después de los hechos y los quemaron.

¡Que sus nombres perduren en la memoria!

El terror de una noche de verano: los primeros bombardeos sobre Madrid en agosto de 1936

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La calle Atocha de Madrid tras un bombardeo.

Ainhoa Campos Posada

En Madrid, las noches de agosto de hace 90 años no eran tan diferentes como las de ahora. En aquel entonces, los madrileños enfrentaban los desafíos de la canícula cómo podían. Las humildes casas de la clase obrera retenían el calor durante el día, así que por la noche era difícil conciliar el sueño. En una sociedad en la que apenas había ventiladores, y que tampoco gozaba de las ventajas del aire acondicionado, una de las pocas soluciones era resignarse a dormir tarde y pasar las primeras horas de la noche en los balcones, en los grandes establecimientos abiertos y en la calle, a la fresca.

Sin embargo, el verano de 1936 iba a ser diferente: la guerra civil acabó súbitamente con esta costumbre. Las tropas sublevadas avanzaban de forma imparable hacia Madrid, confiando en que la conquista de la capital de la República facilitaría su victoria. A principios de agosto de 1936, esta creciente amenaza empezó a hacerse visible en las esporádicas expediciones de aviones enemigos volando sobre la ciudad. En estos primeros tiempos de la guerra área, eran los propios pilotos quienes lanzaban pequeñas bombas desde la cabina. Los primeros objetivos fueron los aeródromos de Cuatro Vientos, de Getafe y de Barajas: la intención era desbaratar las posibilidades de contrataque aéreo en la gran batalla que se avecinaba.

Durante el día, estos aviones eran perseguidos por los cazas republicanos; por la noche, sin embargo, la ciudad estaba desamparada. Se tuvo que organizar la defensa civil empezando por lo básico: grupos de personas pintaron de azul las farolas, el Ayuntamiento restringió la circulación del transporte público y los vehículos privados, dejando el metro abierto para que sus estaciones pudieran ejercer de refugio. Y los grupos de personas que disfrutaban de la tregua que daba el calor veraniego por las noches en los balcones, los bares y las plazas, tuvieron que dispersarse y volver al sofocante calor del interior de los edificios. "Madrid es hoy un espectro del pasado. Las calles solo están alumbradas por algunos faroles de gas, cuyos fanales han sido pintados en colores oscuros", señaló María Guijarro, testigo de los hechos.

La prensa de la época fanfarroneaba con que las incursiones de estos aparatos, que entonces volaban sobre la ciudad individualmente o en parejas, apenas inquietaban a los madrileños. Muchos de ellos apodaron a estos aviones "el churrero", porque aparecían al final de la madrugada, cuando la oscuridad aún les protegía de los cazas, pero sus objetivos empezaban a distinguirse mejor. Sin embargo, la serenidad estaba lejos de reinar. Durante estas primeras incursiones, grupos de milicianos subían a las azoteas para disparar con sus armas a los aviones: una estrategia completamente ineficaz y que sembraba el pánico entre la población al unir al estruendo de los motores enemigos y la explosión de las bombas el eco de múltiples disparos al aire. Las sirenas, que en estos primeros momentos recorrían las calles desde los camiones de bomberos y motocicletas de las fuerzas de seguridad, empezaron a interrumpir el descanso de unos ciudadanos que, presas del pánico, corrían a refugiarse en sótanos de edificios o en las propias estaciones de metro.

Y es que, precisamente, sembrar el miedo y hacer decaer la moral eran el principal objetivo del enemigo. El día 25 de agosto, los aviones sublevados lanzaron sobre Madrid unas amenazadoras proclamas:

“Se ha dado principio ya a las operaciones aéreas precursoras de la ocupación de Madrid, que se hará en fecha muy próxima. Si se persiste en una suicida terquedad, si los madrileños no obligan al Gobierno y a los jefes marxistas a rendir la capital sin condiciones, declinamos toda responsabilidad por los graves daños que nos veremos obligados a hacer para dominar por la fuerza esa resistencia suicida. Saber madrileños que cuanto mayor sea el obstáculo más duro será, por nuestra parte, el castigo".

'Operación Fuego Mágico': aviones nazis para Franco

Operación "Fuego Mágico": aviones nazis para Franco

Dicho y hecho. La noche del 27 al 28 de agosto un Junker 52, un avión que podía lanzar bombas de hasta 500 kilos y que había sido entregado al ejército rebelde por los alemanes, atacó la ciudad entre el Palacio de Buenavista y la estación de tren de Príncipe Pío, dejando un reguero de muerte y destrucción a su paso.

Mientras el ejército de Franco se acercaba a Talavera de la Reina, estos bombardeos nocturnos se repitieron. Los aviones ya no aparecían en solitario, y las bombas que lanzaban eran cada vez más pesadas. Las víctimas empezaron a multiplicarse. Muy pronto, con la llegada del otoño, Madrid iba a convertirse en la primera gran ciudad europea bombardeada sistemáticamente, un banco de pruebas en el que ensayar una nueva forma de guerra que aterrorizaría a sus habitantes, destruiría sus edificios y se convertiría en una amenaza de lo que estaba por venir en la Segunda Guerra Mundial.

*Ainhoa Campos Posada es graduada y máster en Historia Contemporánea por la Universidad Complutense de Madrid.

"Badajoz, noventa años después." Artículo de Justo Vila.

  https://www.lacronicabadajoz.com/opinion/2026/08/15/badajoz-noventa-anos-despues-conclusiones-133378740.html

El 14 de agosto de 1936 tuvo lugar la toma de Badajoz por el bando sublevado

Jornaleros y yunteros habían participado en la experiencia revolucionaria de la primavera del 36.

Jornaleros y yunteros habían participado en la experiencia revolucionaria de la primavera del 36. / LA CRÓNICA

Sartre concebía la creación literaria como un compromiso con la gente y el tiempo que le tocó vivir. La Palabra es lo que hace al hombre un animal distinto, inteligente y capaz de comunicarse; un animal social y, por consiguiente, solidario, que necesita de los demás. Yo entiendo que, además de un animal social y político, el hombre es un ser histórico. Cada hombre es heredero de la Historia, por lo que debe conocer el pasado.

Las matanzas de pacenses durante el verano de 1936 fueron dadas a conocer al mundo entero por los periodistas que entraron en Badajoz desde Portugal la mañana del 15 de agosto. Algún día habrá que homenajear como se merecen, a Jacques Berthet, del ‘Temps’, Marcel Dany, de la agencia Havas, y Mario Neves, del ‘Diario de Lisboa’, que cruzaron el Guadiana por el Puente de Palmas, viniendo de la frontera de Caya, sólo horas después de la caída de la plaza fuerte pacense en manos de Yagüe. Posteriormente, el 23 de agosto, llegó a la ciudad el periodista Jay Allen, al que tampoco olvidamos.

El domingo 16 de agosto los periódicos franceses ‘Le Populaire’, ‘Le Fígaro’ y ‘Paris-Soir’ dan cuenta de las masacres de Badajoz. ‘Le Populaire’ abre en primera página con este titular: «Los fascistas asesinan a la población de Badajoz». Este periódico tenía la información del corresponsal de la agencia Havas. En este mismo sentido telegrafían los demás corresponsales, en cuyos diarios se pudo leer aquel día: «La sangre corre por las aceras». «Los legionarios y los moros siguen ejecutando en masa». «El número de víctimas, incluidos mujeres y ancianos, es innumerable». «Los cadáveres cubren el suelo»… El 30 de agosto, fue publicada la descripción de la masacre de Jay Allen en el ‘Chicago Tribuna’. Allen, que fue el primer corresponsal extranjero que consiguió entrevistar a Franco, habla de 4.000 asesinados en Badajoz, sólo en aquellos días de agosto. Luego se siguió matando durante todo el verano, todo el 36 y los años que siguieron; calculándose en no menos de 9.000 los asesinados en la provincia pacense. El proyecto de recuperación de la memoria histórica (Junta de Extremadura, Diputaciones, Asociaciones de la memoria y Uex) manejaron en su momento, con nombre y apellido más de 12.000 víctimas mortales en la región.

Yo conocí a uno de estos periodistas, el portugués Mario Neves, con el que mantuve una gran amistad hasta su muerte. Hablamos mucho sobre aquello y siempre me confirmó, horrorizado, lo sucedido en Badajoz. Me contó que entrevistó al teniente coronel Yagüe la mañana del 15 de agosto en un despacho del Ayuntamiento, cuando apenas habían transcurrido quince hora desde que los rebeldes entraran en la ciudad. Neves le preguntó a Yagüe por el número de fusilados. «Hay quien habla de 2000». «No deben de ser tantos…» –dijo el militar–, pero con un aire de suficiencia, de perfecta confirmación de que podía ser posible.

De Neves a Jhon T. Whitaker y J. Allen

Camino de Madrid, Yagüe respondió a otro periodista sobre las matanzas de Badajoz. Jhon T. Whitaker le preguntó si era verdad que habían sido asesinadas miles de personas. «Naturalmente que las hemos matado –respondió Yagüe–. ¿Suponía usted que iba a llevar 4.000 prisioneros rojos en mi columna teniendo que avanzar contra reloj? ¿O iba a dejarlos en la retaguardia para que Badajoz fuera rojo otra vez?»

Pero el artículo que más veces dio la vuelta al mundo fue el de Jay Allen. Su descripción de la masacre fue publicada el 30 de agosto por el ‘Chicago Tribune:

«Hubo fuego. Hay cuerpos quemados. Cuatro mil hombres y mujeres han muerto en Badajoz desde que los legionarios extranjeros del general Francisco Franco y los moros llegaron a la ciudad… Miles de milicianos y milicianas, republicanos, socialistas anarquistas y comunistas fueron asesinados sanguinariamente después de la caída de Badajoz, por el crimen de defender la República contra el ataque furioso de los generales y terratenientes».

Conclusiones

Cuando apenas faltan 9 años para que se cumpla un siglo del inicio de la guerra civil, estamos en condiciones de mantener algunas conclusiones. En primer lugar, el punto de partida estriba en quién desencadenó la guerra. No valen sofismas dialécticos. Pretender a estas alturas que la guerra la originaron, precisamente, aquellos que se opusieron al inicio de la misma, sobrepasa toda posibilidad de análisis lógico.

En segundo lugar, los rebeldes (que se llamaban ‘nacionales’ a si mismos) empezaron por situarse al margen de la ley. Los gubernamentales, defensores del gobierno legitimo, tuvieron que empezar por defenderse de una violentísima agresión. A este respecto, es imposible seguir sosteniendo la aberración jurídica en que se basaron los consejos de guerra en el bando franquista, que fallaban condenas, por el supuesto delito de adhesión a la rebelión militar, precisamente contra aquellos que habían defendido la legalidad vigente.

En tercer lugar, una vez desencadenado el conflicto, no se puede ignorar la distinta actitud de las autoridades de cada uno de los bandos en que quedó dividida España. En uno de ellos se practicó el terror a priori y con el beneplácito de las autoridades. En el otro se respondió a posteriori y ante la impotencia de las autoridades.

Está claro que los sublevados disponían de órdenes estrictas para imponerse sin contemplaciones. Ante una población mayoritariamente hostil, la práctica indiscriminada del terror podía contribuir a debilitar la resistencia que se esperaba. Pero es que las autoridades golpistas hicieron algo más que inhibirse ante los asesinatos: con sus declaraciones contribuyeron a fomentarlos; los ampararon cuando no los propiciaron. Son conocidas las declaraciones de Mola, Queipo y Yagüe en este sentido.

En fin, una cuarta cuestión sería porqué la represión se cebó precisamente en Badajoz. La capital extremeña era la capital de la provincia española donde se había avanzado más en la reforma agraria en vísperas de la guerra civil. Muchos jornaleros y yunteros habían participado en singulares experiencias revolucionarias, como las de marzo y abril de 1936, en que fueron ocupadas miles de hectáreas, sin esperar los resultados de una reforma agraria oficial a todas luces demasiado lenta.

El caso es que había que quitarles las ganas a los revolucionarios y a sus descendientes, de volver a las andadas. Había que restaurar las estructuras sociales características de la España oligárquica que, en la provincia de Badajoz, había recibido serios golpes. Durante unos meses (marzo-julio de 1936) el poder de la oligarquía agraria, basado en la posesión de la tierra desde los tiempos de las Órdenes Militares, había desaparecido prácticamente y con ello habían sido tocadas duramente toda una serie de comportamientos políticos, tradiciones culturales, conductas morales y religiosas y una particular manera de interpretar la historia de España...

En fin, frente a quienes se desgañitan gritando que ya es hora de superar con el olvido las heridas de la guerra y los traumas de la posguerra, frente a quienes prefieren una España desmemoriada, yo les digo que sí, que es necesario superar de una vez por todas las viejas heridas, pero a continuación seguiré defendiendo que el medicamento no se llama olvido, sino memoria, conocimiento histórico, porque, para olvidar, antes es necesario conocer la verdad, toda la verdad.

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"A mi abuelo lo mataron en la plaza de toros de Badajoz. Mi madre tenía ocho años cuando vio como se lo llevaban en dirección a la Ronda del Pilar. Esa fue la última vez que lo vio. Mi abuela se fue detrás de la columna de presos, pero no la dejaron acercarse a él. Un cabo de la Guardia Civil, que la conocía, le dijo que no perdiera el tiempo llorando ante la puerta de la plaza y corriera en busca del aval que sacara de allí a su marido, antes de que fuera demasiado tarde."