dijous, 24 d’abril del 2014

«LA GENERACIÓN DEL SILENCIO». MANOLO FORNÉS


http://rastrosderostros.wordpress.com/2014/03/27/la-generacion-del-silencio-manolo-fornes/


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Retrato de Manolo Fornés realizado por un compañero, estando ambos en la cárcel de San Miguel de los Reyes (Valencia)
Manolo Fornés, convencido que “sin libertad no hay caminos”, quiso pasar a limpio unas páginas de reflexiones sobre sus experiencias en la lucha antifranquista, ya que “cuantos hemos compartido las ideas libertarias, tenemos la obligación de contar la verdad. No tanto porque tengamos vocación de cronistas históricos, o la pretensión de escribir, sino porque es la única manera en que la Humanidad progresa, aprendiendo de los errores cometidos”. Por tal razón, su “intención no es hacer elegía de aquellos hechos, sino de los hombres que actuaron conmigo y del espíritu que nos animaba”.
Con ese propósito nos avisará que si el lector [libertario] se examina y trata de responder a la pregunta: ¿cómo entré en contacto con el Movimiento Libertario?, sin duda encontrará una respuesta muy sencilla: me habló un buen amigo de este tema, o bien: encontré un libro que me despertó el interés y consecuentemente busqué cómo ponerme en contacto con otros libertarios. Las respuestas pueden ser muy variadas, y todas son ciertas. Sin embargo, si se pregunta: ¿por qué y cómo llegué a sentirme libertario yo también? La respuesta no será tan sencilla. Y si lo comenta con otros compañeros, estoy convencido de que habrá una gran coincidencia en cuatro o cinco razones fundamentales: amor a Ia libertad, el convencimiento de que la emancipación del obrero ha de ser obra del mismo obrero (acción directa, sin intermediarios); o bien: me rebela la injusticia social.
Y entre lo mucho que nos cuenta extraemos unos fragmentos:
“De la guerra, aparte de los bombardeos no me queda otro recuerdo que el entierro de Durruti. Jamás he visto tanta multitud congregada en las calles […] Alguien me subió en hombros y pude ver el cortejo. Por todas partes banderas rojas y negras, gorras y rostros emocionados. En mí quedó un recuerdo imperecedero”.
“Cuando terminó la guerra yo tenía 9 años, por lo que bien puedo decir que abrí los ojos sobre el plato amargo de la postguerra […] A los ojos de los vencedores, la dignidad era “rebelión”. Así los mejores hombres que tuvo España, se perdieron. Y con su pérdida, el terror se iba haciendo cada vez más patente, hasta dominar por completo la vida cotidiana […] Y mis recuerdos de aquellos días son aterradores: hambre, miseria, persecuciones, abusos de autoridad, injusticias”.
“Al exilio marcharon infinidad de compañeros, cuyo drama al llegar a Francia y verse sometidos a las condiciones de los campos de concentración, junto al posterior pacto nazi-soviético, y la ocupación alemana, les supuso una verdadera epopeya, digna de ser contada y cantada por mejor pluma que la mía. En el interior, a pesar de la tenaza franquista, el movimiento [libertario] se organizó en la clandestinidad desde el primer día. Al igual que lo hizo en la cárcel…”
“Pese a todos los pesares, al finalizar la guerra europea, los ánimos de la población se iban impacientando, dando por hecho la caída del franquismo […] Por otra parte, en el exterior, la República, una vez más, se consumía en inútiles luchas internas, sin que se pusieran de acuerdo en una acción coordinada capaz de derrotar al régimen. Y así, convencidos de que la salvación no podía venir por ahí, se tomó el acuerdo en el exilio de emprender la lucha armada contra el franquismo, esperando así precipitar las cosas. Y en consecuencia se crearon una serie de grupos que actuarían como guerrilla urbana, con golpes de efecto que alimentasen la resistencia del pueblo a las pretensiones franquistas”.
“La principal misión de aquellos grupos era la de defensa. Y así les llamábamos nosotros. Eran grupos específicos de defensa y en su composición se unían las experiencias de El maquis y la savia de la juventud en su afán de lucha antifranquista. El objetivo, hacer que se respetase a la CNT y, al pueblo en general, darle ánimos con aquellas acciones. No estaban solos. A tal efecto, se creó en 1948, una Comisión de Defensa, de la que yo formé parte en representación de las Juventudes Libertarias del interior”.
“El grupo en el que yo caí, fue detenido en 1949. Yo contaba entonces 19 años. Pero los hechos de la acusación se remontaban a mis 17 años […] Cuando caímos nosotros, quedaron en libertad cuatro grupos de acción intactos: Facerías, Quico Sabaté, Massana y Los Maños. Igualmente César Saborit, que tenía cita conmigo, logró escapar. Llegó a Francia y volvió con otro grupo”.
“No quiero pasar por alto la mención a las torturas del franquismo, puesto que este capítulo era parte integrante de su filosofía […] A mí y a todos los compañeros nos dieron sesiones más o menos continuadas. Yo recuerdo que, como consecuencia de los golpes, tuve el sistema nervioso-motor aletargado durante mucho tiempo. En las formaciones, y siempre que me había de sostener en posición firme, perdía la noción de la posición ocupada por mis manos y brazos, así como pies y piernas […] Las comisarías de Barcelona están llenas de silenciosos gritos de todos aquellos compañeros que se entregaron generosamente. Son muchos miles los que allí padecieron. Eso no se olvidará fácilmente”.
“Las condenas a los componentes del grupo fueron muy duras. De las nuevas condenas a muerte, ejecutaron cinco […] En pleno 1952, el día 14 de marzo, se fusilaba en Barcelona a cinco miembros del grupo que fueron detenidos conmigo […] Murieron en el Campo de la Bota, donde fueron fusilados desde la terminación de la Guerra Civil, muchas decenas de miles de compañeros nuestros, silenciosamente, en la complicidad de la noche, o al amanecer, cuando en invierno todavía el día no le ha ganado la batalla a la noche”.
“A los restantes condenados, nos esperaba una larga lucha contra la desesperación y muchas, muchas vejaciones”. Y a su tránsito y vivencias en el penal de San Miguel de los Reyes y en el de Burgos, al que fue trasladado tras la huelga que habían organizado en la prisión de Valencia, dedicará Manolo las últimas páginas de su texto hasta que en septiembre de 1960 le llegará la libertad. Aunque “a partir de entonces me esperaba otra dura batalla […] Pero esa es otra historia llena de lucha y dificultades que he de escribir aparte”.
El texto completo, publicado en el libro colectivo La oposición libertaria al régimen de Franco. 1936- 1975, por la Fundación Salvador  Seguí en 1993,  puede leerse clicando en La generación del silencio

La batalla de Manuel: “Quiero que en la partida de defunción de mi abuelo ponga que fue fusilado”


http://www.andalucesdiario.es/ciudadanxs/los-ejecutados-no-pueden-registrarse/


OLIVIA CARBALLAR / 24 Abr 2014 1
El informe del juez.El informe del juez.
Expediente sobre la justificación del fallecimiento. Este título engloba la historia de Manuel Vázquez Leal, un hombre de Paterna del Campo (Huelva) al que asesinaron en aplicación del bando de guerra en 1936 y al que la propia justicia de la época, a diferencia de tantos y tantos desaparecidos que siguen sin ser muertos oficiales, se encargó de registrar como fallecido. ¿Por qué? La comisión provincial de incautación de bienes pidió su partida de defunción. Durante el trámite, tanto la Guardia Civil, como el juez de paz y los testigos certificaron por escrito al juez de instrucción de La Palma del Condado que Manuel había sido ejecutado en aplicación del bando de guerra. Sin embargo, el juez consideró que esta causa de la muerte tan evidente no podía ponerse y volvió a pedir a la Guardia Civil, al juez de paz y a los testigos nuevos testimonios pero con una advertencia: “Omita la frase de haberles sido aplicado el bando de guerra. Simplemente emplear las palabras de que fueron muertos o que fallecieron en choque con las fuerzas del Ejército Español”. Se refería también al caso del concuñado de Manuel, al que le incautaron un burro.
El primer informe de la Guardia Civil.
El primer informe de la Guardia Civil.
Y sin ningún pudor, el juez de paz, los mismos testigos y la Guardia Civil, cambiaron su declaración y donde habían dicho bando de guerra, dijeron lo que el juez de instrucción les había indicado: “De los datos que obran en este puesto, los muertos hallaron la muerte en lucha con las fuerzas nacionales el 6 de septiembre de 1936″, señala la Guardia Civil en un escrito. De Manuel se llevaron unas tierras y un mulo.
Todos estos documentos han sido localizados por su nieto Manuel Domínguez, quien, hasta el momento, se ha dado de bruces con la Justicia y la Administración para cambiar la causa del fallecimiento en la partida de defunción y honrar así a su abuelo. “Lo hago porque no sé dónde está. Si supiera dónde está yo mismo empezaba a cavar ahora mismo”, explica todavía emocionado al leer una declaración jurada de Salud, su madre, ya fallecida, en la que contaba cómo la amenazaron a ella, su hermana y su madre si continuaban llorando. Fue el momento en el que le dijeron que no acudieran más por allí, a la cárcel habilitada en el Ayuntamiento, a llevar ropa limpia ni comida porque a Manuel ya se lo habían llevado. “Fueron ellos mismos quienes certificaron que lo habían matado por bando de guerra. Y, además, ¿en qué enfrentamiento iba a morir mi abuelo si en Paterna no hubo enfrentamiento y menos en la fecha de su fusilamiento? Como así  lo certifica el Archivo  General Militar de Ávila con informes del Comandante de Puesto de la Guardia Civil en Paterna. No quiero que ponga eso en la partida de defunción de mi abuelo”, sostiene sin dar crédito este hombre, que está dedicando su jubilación a batallar por la memoria de su abuelo.
Partida de defunción.
Partida de defunción.
Coge el coche y remueve cielo y tierra. A un archivo, al otro, al juzgado. Un día en Huelva, otro en Sevilla… Lo intentó primero aportando, además de los documentos donde se comprueba la modificación premeditada de la causa de la muerte, dos testigos, ambos con más de 90 años, a quienes les tomó declaración el juez de paz. “Ambos ratificaron que en el pueblo no hubo enfrentamientos”, asegura Manuel. Saca documentos sin parar de una carpeta azul. Pero se desestimó la petición. Luego acudió a la Dirección General de Registro y Notariado. Tampoco hubo suerte. Y ahora ha llamado a la puerta de Baltasar Garzón, aún sin éxito, para que lo represente en los tribunales. Quiere que el reconocimiento que le envió el Ministerio de Justicia por ser víctima de la guerra, ponga también que fue fusilado. Que se sepa la verdadera historia.
Según cuenta Manuel, su abuelo no pertenecía a ningún partido político ni sindicato. Su teoría es que lo asesinaron por orden del cacique, aunque insiste que no tiene pruebas de ello. “Mi abuelo le tenía arrendadas unas tierras que tenía que desbrozar y luego sembraba, pero con la reforma agraria, esas tierras tenían que pasar a mi abuelo, en justa compra como así decía la ley, y eso es lo que no querían”, cuenta. A su abuelo lo sacaron directamente de su casa, de madrugada, mientras dormían. Pero hubo otros vecinos del pueblo a los que engañaron: “Les dijeron que si volvían al pueblo y paseaban a San Bartalomé no les pasaría nada. Fue mentira. Luego los mataron”.

Un ‘vodevil’ para contar el horror de los españoles en Mauthausen


http://cultura.elpais.com/cultura/2014/04/23/actualidad/1398270692_751965.html


'El triángulo azul' narra el horror de los republicanos en los campos de concentración nazis

La pieza retoma el personaje de Francico Boix, el fotógrafo español del 'lager'

La obra de Laila Ripoll y Mariano Llorente se estrena el viernes en el Centro Dramático Nacional

Escena de 'El triángulo azul', dirigida por Laila Ripoll. / MARCOS GPUNTO
El prisionero austríaco se había escapado y tenía que pagarlo: “De Mauthausen solo se sale por la chimenea”. Era tanto el horror que habían presenciado los encarcelados en el campo de concentración, eran tantas las vejaciones, que el austríaco merecía algo especial. Fue paseado en un carrito ante 10.000 deportados al son de una banda gitana y su cuerpo permaneció colgado mientras tocaban laPolca del barril de cerveza.

Información útil

El triángulo azul, de Laila Ripoll y Mariano Llorente. Dirigida por Laila Ripoll. Intérpretes: Manuel Agredano, Elisabet Altube, Marcos León, Mariano Llorente, Paco Obregón, José Luis Patiño, Jorge Varandela.
Dónde: Teatro Valle-Inclán, Sala Francisco Nieva. Plaza de Lavapiés s/n, Madrid. 
Cuándo: del 25 de abril al 25 de mayo, de martes a sábado a las 19:00, domingo a las 18:00. 
Cuánto: entre 18 y 24 euros. 
Así lo contó Francisco Boix, el único prisionero español que declaró en los Juicios de Nuremberg. Así lo atestiguaba el puñado de fotografías que logró salvar del campo para dar cuenta de la barbarie cuando el régimen nazi trataba de negarlo todo. Y así lo recuerda El triángulo azul, la obra escrita por Laila Ripoll y Mariano Llorente, dirigida por la autora que se estrena el viernes en el Teatro Valle-Inclán de Madrid. La producción del Centro Dramático Nacional es un homenaje a los más de 7.000 republicanos españoles que acabaron en Mauthausen (10.000 en todos los campos), despojados de su nacionalidad por el régimen franquista y entregados a los alemanes por el general Pétain después de haber huido a Francia. Esta la primera aproximación teatral a esta oscura ramificación de la Guerra Civil española.
“Si alguien tiene dudas de que acabaron allí por Franco, son malintencionadas. Nosotros lo contamos tal y como lo dijeron los alemanes”, explica Ripoll. El SS August Eigruber lo explicó claramente en su discurso del 27 de junio de 1941: “Ofrecimos estos [entonces solo] 6.000 españoles al jefe del Estado Franco, el caudillo español. Rehusó y declaró que nunca admitiría a esos españoles rojos que lucharon por una España soviética”. Los combatientes republicanos adquirieron entonces el estatuto de apátridas. En los campos se les distinguía por el triángulo azul de los sin tierra al que se le bordó la letra S de Spanier, español.
Eran unos prisioneros más. Obligados a cargar con piedras de 40 kilos de peso arriba y abajo por los 186 escalones de la cantera. Alimentados con sopa de nabos mañana, tarde y noche. Hacinados en los barracones. Sometidos a las 35 formas de morir en Mauthausen que recogió el preso Ernst Martin, la principal preocupación de Ripoll al llevar el tema a escena: “De campos de concentración hemos visto mil películas. Pero a ver cómo hablas [en teatro] del crematorio, de la valla electrificada, de los comidos por los perros. A ver cómo hablas del horror”.
Vídeo promocional de 'El triángulo azul', de Laila Ripoll y Mariano Llorente. 
La solución, en El triángulo azul, pasa por el humor negro. La risa de Francisco Boix como defensa ante el sonido de los disparos y los gritos. Y el logro insólito de los españoles: representar en 1942 una revista de variedades llamada El rajá de Rajaloya, mencionada en el libro de Montserrat Roig, Los catalanes en los campos nazis. En la obra de Ripoll las coplas sobre las noches de Arabia se sustituyen por laCanción de la valla electrificada, la Canción del crematorio, el pasodoble de los triangulitos de colores… El infierno al que sería imposible asomarse sin distancia. El mismo recurso utilizado, por ejemplo, en la novela gráfica Maus de Art Spiegelman, donde los nazis son gatos y los judíos, ratones.
Las fotografías tomadas por Boix y otro prisionero, Antoni García, sirven de hilo conductor, de horizonte estético y de recurso visual. Ambos trabajaron en el servicio de identificación del campo, administrado por el viejo SS Paul Ricken y dedicado a registrar el día a día de los prisioneros. Pero también a los visitantes ilustres: por allí pasaron Himmler, el gobernador de Linz, el general de las SS Erns Kaltenbrünner… Gracias a las fotos se pudo demostrar en juicio su participación consciente en las matanzas de los campos. Gracias a Francisco Boix y a Antoni García. Gracias al plan del primero para sacar las fotografías del campo y salvarlas de la destrucción de pruebas que narró Llorenç Soler en su documental Francisco Boix, un fotógrafo en el infierno (2000) y el libro de Benito Bermejo Francisco Boix: El fotógrafo de Mauthausen (2002).
El fondo fotográfico del catalán es propiedad de la Amical de Mauthausen, asociación con más de 600 miembros que agrupa a los deportados republicanos de los campos de concentración del nazismo y sus familiares. Rosa Torán, historiadora y miembro de la Amical, aprecia el esfuerzo de Ripoll y Llorente para “dar a conocer al gran público esta historia”, pero no espera nada de las autoridades. Aunque en la Ley de Memoria Histórica se reconoce a exiliados y deportados, Torán critica la falta de reconocimiento institucional. En septiembre de este año el relator especial de Naciones Unidas para la promoción de la Verdad, la Justicia y la Reparación, Pablo de Greiff,publicará un informe sobre la situación de las víctimas del franquismo. La Amical espera que el documento aclare definitivamente “el conocimiento efectivo de la situación de los prisioneros por parte de las autoridades españolas”. Poco más.
Ripoll comparte la crítica de Torán, pero no su tono resignado. La directora y dramaturga se enciende al recordar sus viajes por el sur de Francia: “Hace poco he estado en Lyon, en el Museo de la Deportación, y me daba envidia. Cómo tienen a sus héroes, ¡leche, a sus héroes! Nosotros los hemos ido dejando morir como sociedad”. Pocos verán este reconocimiento. El 5 de mayo de 1945, 2.184 supervivientes españoles saludaron a los libertadores americanos que llegaron a Mauthausen. Torán estima que en España solo quedan vivos tres exdeportados. “Siendo muy generosos, yo diría que 20 en todo el mundo”.

Ayer murió doña Pilar Neila Álvarez


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Mapy Alvarez ha compartido la foto de Perfiles E Historias.
Ayer murió doña Pilar Neila Álvarez cuya vida contamos en el 2006 junto a la de doña María García Torrecillas, también fallecida. Ambas fueron sobrevivientes del exilio español. Descansen en paz.
En memoria de la primera, reproducimos su historia extraordinaria.
*
Huyeron a Solares en vano. Habían partido de Santander rumbo a aquella campiña española buscando paz, pero hasta allá fueron a parar los bombarderos que combatían entre sí. Era 1937 en España, la Guerra Civil llevaba el año y Pilar Neila Álvarez tenía entonces 13 de edad.
"La regla era tirarnos al suelo. Mamá y mi hermano lo hicieron de inmediato, pero yo no podía controlar mi curiosidad y levantaba la vista hacia el cielo, tratando de ver", cuenta Pilar, hoy de 82 años.
"Siempre he tenido eso de mirar las cosas de frente", agrega.
Era impresionante, recuerda esta vecina de San Pedro, ver a los aviones descargando ráfagas. Muchas bombas cayeron en lugares cercanos.
Manuel, el padre, decidió que su familia debía partir a Bayona, Francia, mientras él combatía en España a las fuerzas de Franco. Ya los alcanzaría, les dijo, y les entregó los ahorros bancarios reunidos al vender toda la mercancía de su tienda de ropa.
Así, Pilar, su hermano y su madre zarparon en un barco de guerra francés. La odisea apenas comenzaba.
Después de un tiempo de haber desembarcado en Francia, se enterarían de que Manuel quedó al mando de la resistencia por parte de la policía, que no del ejército, para defender primero Santander y después el último bastión republicano: Valencia y Barcelona. Perdida Valencia, la gente huyó a la capital catalana y después a Francia. Es cuando se dan las imágenes escalofriantes de miles de españoles caminando por los Pirineos, muriendo por el frío, los fusilamientos de las tropas franquistas o los bombardeos alemanes.
"El objetivo de papá era resistir el avance del ejército de Franco en Santander, en tanto la gente huía", comenta Pilar. "Aún hoy no sé como salió de ahí a Barcelona. Primero pensé que había sido en un submarino, junto al gobernador y otros, pero al parecer fue por tierra".
Pasaron los meses, y un día, un chico avisó a Pilar, su madre y hermano que su padre había llegado, flaco y desmejorado, a Bayona. Pero vivo. La emoción por reunirse de nuevo fue enorme, pero poco el tiempo que les duró. Los franceses arrestaron a un hombre enviado por Franco para asesinar a Manuel a través de sicarios, aunque al no encontrarlos recibió la instrucción de dopar al opositor y regresarlo dormido a España.
"Al arrestarlo le encontraron la lista en la que aparecían tres o cuatro nombres de personas a las que debía eliminar. Uno era el de mi padre".
Manuel fue aprehendido el 15 de febrero de 1938 por acusaciones que le hacían aquel hombre y los espías franquistas, pero sólo le pudieron comprobar falsificación de pasaportes. Por si fuera poco, sin la presencia del padre, la familia se vio de pronto sin dinero.
"Ganada la guerra, Franco decretó que todos los billetes que no tuviesen el sello de su gobierno no tenían valor", explica, y la sombra de la miseria le hace hablar en voz baja. "De un día para otro nos quedamos sin nada. Aún conservo algunos de esos billetes".
Manuel, el hermano de Pilar, hizo trabajos temporales, mientras la chica y su madre cosían a escondidas. Los inmigrantes no podían trabajar.
Mientras tanto, Manuel estuvo preso para después pasar, igual que todos los españoles exiliados, a los campos de concentración franceses, aunque al terminar la Guerra Civil, en 1939, se enroló en la defensa francesa contra los alemanes, participando en la defensa de la Línea Maginot. Había empezado la Segunda Guerra Mundial.
"De todo esto nos enteramos mucho después", explica Pilar. "Él regresa al campo de concentración a los meses, y de allí nos alcanza en Burdeos, a donde habíamos ido a parar para salir de Francia con la ayuda del gobierno español en el exilio luego de aquellos meses de miseria".
La familia volvió a reunirse de nueva cuenta. Tras días de convivir y platicar sus aventuras, se alistaron para embarcar hacia Santo Domingo, huyendo de la única zona francesa aún lejos de la toma alemana.
Pero el destino les haría una mala jugada más: a todos los documentos, excepto los del padre, les faltaba un sello. Un descuido burocrático impedía de nueva cuenta estar juntos.
"Mamá, tan nerviosa como era, estalló en llanto. Mi hermano y yo no sabíamos qué hacer. Ya en la escalera nos decían que no podíamos subir. Papá bajó a tierra. Dijo que si nosotros no íbamos, él no zarparía".
Le pidieron que subiera de nuevo, que los alemanes llegarían en cualquier momento y a él, por republicano, lo enviarían a los campos de concentración. Pero él estaba decidido.
"Mamá lo convenció de una manera que todavía hoy no olvido", cuenta Pilar con los ojos enrojecidos. "Se le hincó: le suplicó entre lágrimas que se fuera y que desde Santo Domingo nos reclamara. Con todo el dolor papá aceptó y lo vimos partir".
Tras conseguir al fin los sellos, Pilar y su familia lograron zarpar de Burdeos entre bombardeos y con noticias de barcos hundidos con familias judías y españolas a bordo.
"Los bombardeos... Así inició nuestra desventura y así terminaría la primera parte", afirma Pilar, sobrecogida aún por los estruendos de los bombardeos nazis en el puerto y las imágenes dantescas: miles de exiliados en busca de la serena América.
Después de muchos días, llegaron a Santo Domingo, donde debían quedarse y encontrarían a Manuel, pero el gobierno del dictador Trujillo no aceptó que el barco se acercara a la bahía ni que nadie lo abordara.
"Papá consiguió un bote y se acercó al barco. Le permitieron subir por una escalera, pero no abordar. Allí estábamos tomados de los brazos, llorando, sin saber qué hacer".
La familia, que junto con los pasajeros del barco tuvo que partir a México, le prometió a Manuel reclamarlo desde ahí. Al llegar a Coatzacoalcos, en julio de 1940, los exiliados fueron repartidos a diversas ciudades. A Pilar y los suyos les tocó Oaxaca.
"Ya imaginarás el impacto que fue llegar y ver en la estación del tren la pobreza espantosa de los indígenas. Después vimos que no todo era así y que la ciudad era muy bonita".
La familia fue acogida por otros españoles, pero el tortuoso camino burocrático para traer a Manuel no había empezado. Pasó un año sin resultados. Un día, la madre de Pilar estalló en llanto en Gobernación, en el DF. Los burócratas, a quienes Pilar no había podido dar una "gratificación", habían "perdido" el expediente y le exigían salir del País y reunirse con Manuel en Dominicana.
Esa vez, un hombre se le acercó a su mamá y le preguntó qué le pasaba. Entre lágrimas, ella le explicó el problema. "No se preocupe", le dijo el hombre. "Yo arreglaré su problema". Era Miguel Alemán Valdés, Secretario de Gobernación.
En media hora, el que después sería Presidente arregló el arribo de Manuel, quien pasó todo ese tiempo sembrando y tendiendo líneas eléctricas en las selvas dominicanas.
Semanas después, la familia se reunió al fin. Su exilio, ahora sí, ya podía comenzar como Dios manda.
Pocas veces a lo largo de los años Manuel y su esposa hablarían sobre los horrores de la guerra. Todos vivieron felices en México. Sus padres y su hermano murieron tranquilos.
Vendrían los nietos y bisnietos. Serían ellos los que, a manera de cuentos y fábulas edulcoradas, recibirían de Pilar las historias de aquellos días insólitos de encuentros y desencuentros. (...)
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Hablan los torturados por el franquismo


http://periodismohumano.com/sociedad/memoria/torturados-por-el-franquismo.html
Posted: 23 Apr 2014 04:22 AM PDT

De forma similar a la violación, la tortura constituye un crimen estigmatizador que pesa sobre las víctimas, creando una situación de doble injusticia en la que a las vejaciones sufridas se añade el carácter vergonzante que puede llegar a tener para quienes la sufrieron. Cuando hechos tales suceden en el marco de una dictadura, la acción legal en busca de justicia para las víctimas y castigo para los torturadores resulta inviable. Pero incluso más allá de la pervivencia de un régimen dictatorial, del trauma que representa una experiencia de este tipo y del silencio a que frecuentemente da lugar se deriva la impunidad de los perpetradores, no ya en el plano judicial sino también en el social. De este modo, quienes han violado reiteradamente los derechos humanos pueden aparecer como probos servidores del Estado y eficientes funcionarios sin tacha, en tanto que sus víctimas arrastran, a menudo para el resto de sus vidas, la merma de autoestima y la ausencia de reconocimiento y de reparación.
Contrarrestar estos fenómenos requiere una labor de restitución de la verdad, documentando históricamente los hechos con el debido rigor, afirmando socialmente una memoria reparadora de la injusticia, reivindicando el sufrimiento de las víctimas y otorgándoles la palabra para que puedan hacer oír su voz. Si son portadores de un trauma acrecentado por el silencio y el olvido, cabe apelar al poder terapéutico de la palabra como medio de superación. Y, al mismo tiempo, realizar socialmente un ejercicio de higiene democrática.



Hablan los torturados por el franquismo

Varios torturados durante el franquismo narran las torturas a las que fueron sometidos por la policía española en Asturias.

La Justicia española ha devuelto recientemente el pasaporte a "Billy, El Niño", policía español acusado por torturas por la Justicia argentina, que pide su extradición para ser juzgado allí por sus crímenes ante la falta de procesos judiciales en España.

https://www.youtube.com/watch?v=UaC_QvogwhYDe forma similar a la violación, la tortura constituye un crimen estigmatizador que pesa sobre las víctimas, creando una situación de doble injusticia en la que a las vejaciones sufridas se añade el carácter vergonzante que puede llegar a tener para quienes la sufrieron. Cuando hechos tales suceden en el marco de una dictadura, la acción legal en busca de justicia para las víctimas y castigo para los torturadores resulta inviable. Pero incluso más allá de la pervivencia de un régimen dictatorial, del trauma que representa una experiencia de este tipo y del silencio a que frecuentemente da lugar se deriva la impunidad de los perpetradores, no ya en el plano judicial sino también en el social. De este modo, quienes han violado reiteradamente los derechos humanos pueden aparecer como probos servidores del Estado y eficientes funcionarios sin tacha, en tanto que sus víctimas arrastran, a menudo para el resto de sus vidas, la merma de autoestima y la ausencia de reconocimiento y de reparación.
Contrarrestar estos fenómenos requiere una labor de restitución de la verdad, documentando históricamente los hechos con el debido rigor, afirmando socialmente una memoria reparadora de la injusticia, reivindicando el sufrimiento de las víctimas y otorgándoles la palabra para que puedan hacer oír su voz. Si son portadores de un trauma acrecentado por el silencio y el olvido, cabe apelar al poder terapéutico de la palabra como medio de superación. Y, al mismo tiempo, realizar socialmente un ejercicio de higiene democrática.