dissabte, 26 de setembre del 2026

" EL DOCTOR LUIS CALANDRE IBAÑEZ DE LA JUNTA PARA AMPLIACION DE ESTUDIOS AL EXILIO INTERIOR ".(200 PAGINAS ) ACCESO LIBRE

 

PARA CONMEMORAR LOS 65 AÑOS DEL FALLECIMIENTO DE MI ABUELO( 29 DE SEPTIEMBRE 1961) , PRESENTO MI LIBRO DIGITALIZADO , DE ACCESO LIBRE. 



 " EL DOCTOR LUIS CALANDRE IBAÑEZ DE LA JUNTA PARA AMPLIACION DE ESTUDIOS AL EXILIO INTERIOR ".(200 PAGINAS ) ACCESO LIBRE 



Libre descarga: El doctor Luis Calandre Ibáñez. De la Junta para Ampliación de Estudios al exilio interior - LoQueSomos


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El Doctor Luis Calandre Ibáñez. De la Junta para Ampliación de Estudios al exilio interior. | madrimasd

(RESEÑA)

Recuperando al Refugio antiaereo del Hospital de Carabineros recuperamos a la republicana Junta para Ampliacion de Estudios



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 REQUIEM DE  LA POETISA ,  CARMEN CONDE A SU MEDICO Y AMIGO CALANDRE


ACTO CÍVICO DE MEMORIA Y HOMENAJE A LAS VÍCTIMAS DEL FRANQUISMO VALENCIA DE ALCÁNTARA

 NOTA DE PRENSA

ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA DE EXTREMADURA (ARMHEX).

ACTO CÍVICO DE MEMORIA Y HOMENAJE A LAS VÍCTIMAS DEL FRANQUISMO
VALENCIA DE ALCÁNTARA
VERDAD, JUSTICIA Y REPARACIÓN

A los asesinados por el fascismo y arrojados a la Mina Terría en Valencia de Alcántara (Cáceres), por su lealtad a la II República.

90ª ANIVERSARIO DE SUS ASESINATOS
1936-2026

SÁBADO DÍA 26 DE SEPTIEMBRE DE 2026
11 horas

Cementerio municipal

VALENCIA DE ALCÁNTARA
(Cáceres)



ORGANIZAN:

ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA DE EXTREMADURA (ARMHEX)

AYUNTAMIENTO DE VALENCIA DE ALCÁNTARA

COLABORA:

CÁTEDRA DE MEMORIA DEMOCRÁTICA DE LA UNIVERSIDAD DE EXTREMADURA

Valencia de Alcántara acoge el próximo Sábado 26 de septiembre de 2026, a las 11 horas, un acto cívico de memoria y homenaje a las víctimas de la Mina Terría en el 90º aniversario de sus asesinatos.

  • La Asociación para la recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura-ARMHEX, el Ayuntamiento Valencia de Alcántara y la Cátedra de Memoria Democrática de la UEx convocan a la ciudadanía este sábado 26 de septiembre a las 11:00 horas en el Cementerio Municipal.
  • Se rendirá tributo a las 49 personas republicanas arrojadas a la fosa de la Mina Terría tras el golpe de Estado de 1936, entre ellas el alcalde legítimo de la localidad en 1936, Amado Viera Amores.

Valencia de Alcántara volverá a ser escenario de dignidad y memoria. El próximo sábado 26 de septiembre de 2026, a las 11:00 horas, el Cementerio Municipal de la localidad cacereña acogerá el Acto Cívico de Memoria y Homenaje a las Víctimas del Franquismo, coincidiendo con el 90º aniversario de los viles asesinatos cometidos por el fascismo en la comarca en 1936.

El acto está organizado conjuntamente por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura (ARMHEX),  y el Ayuntamiento de Valencia de Alcántara, con la colaboración de la Cátedra de Memoria Democrática de la Universidad de Extremadura. Las entidades organizadoras convocan a toda la ciudadanía y simpatizantes a acompañar a las familias en este sencillo pero necesario acto de memoria, justicia y reparación.

90 años de la tragedia de Mina Terría.
A partir de finales de agosto de 1936, los golpistas utilizaron la Mina Terría —una antigua mina de volframio ubicada en la finca Cuadrillas de Arriba— para ocultar sus crímenes. Allí fueron asesinadas y arrojadas al menos 49 víctimas  a 25 metros de profundidad, cuya única culpa fue su lealtad a la II República. Entre los restos recuperados se encontraban los de Amado Viera Amores, alcalde republicano de Valencia de Alcántara, asesinado el 25 de septiembre de 1936. Todas estas personas fueron directamente asesinadas sin formación de causa ni proceso judicial de clase alguna.

No habían cometido delito alguno. Pero de lo que no hay duda es que precisamente su compromiso y su lealtad a la República les costó la vida. Deseamos que la memoria de todos a quienes vamos a rendir homenaje esté siempre viva en su pueblo y sea honrada cuantas veces sea necesario.

Los restos de estas decenas de represaliados fueron localizados y exhumados en 2018,  en virtud de un convenio de colaboración de la Diputación de Cáceres y el Ayuntamiento de Valencia de Alcántara. Posteriormente, en julio de 2022, recibieron digna sepultura con un homenaje público y se inauguró el Memorial en el cementerio. Un mausoleo construido gracias a la persistencia de las familias, la asociación y al apoyo decidido del Ayuntamiento que sufragó su construcción, donde hoy descansan juntos, tal y como anhelaban sus familias. El listado de víctimas abarca personas de Valencia de Alcántara en su mayoría, junto a asesinados procedentes de otros pueblos de la comarca como Cedillo, Membrío o Herrera de Alcántara. Honor y gloria para todas ellas. Este año con motivo de cumplirse el 90 aniversario de aquellos viles asesinatos, toca reunirnos de nuevo para rendir homenaje público a todos ellos, el próximo 26 de septiembre de 2026. CONVOCAMOS A TODA LA CIUDADANÍA A ACOMPAÑAR A LAS FAMILIAS Y SECUNDAR ESTE SENCILLO PERO NECESARIO ACTO DE MEMORIA.

Un deber ético y democrático frente al olvido

Desde la ARMHEX, entidad que suma ya 24 años de riguroso y callado trabajo en pro de la memoria y la apertura de fosas en la región, se destaca la importancia de mantener viva la memoria de los olvidados para reparar moralmente a las víctimas y sus familias.

Haciéndonos eco de las palabras del historiador francés Pierre Vidal-Naquet, "el primer deber de la democracia es la memoria", los organizadores defendemos que el reconocimiento, reparación y dignificación de las víctimas representan un inexcusable deber moral en la vida política y un signo de la calidad democrática de un país, especialmente en un contexto actual donde algunos grupos políticos pretenden obstaculizar o impedir estos derechos.
Reivindicamos los principios fundamentales del derecho a la verdad, la justicia, la reparación y el obligado deber de memoria para que no se repitan hechos similares, poniendo a las víctimas y familiares en el centro del foco de este proceso. Pretendemos con ello, recordar a los olvidados durante tanto tiempo para reparar siquiera sea moralmente a las familias que durante años han venido reclamando esta investigación, fomentando con ello valores democráticos y de derechos humanos.

Noventa años después del golpe de Estado facista que provocó la Guerra Civil, este acto reivindica la verdad y la justicia frente a la impunidad y el silencio, con el firme convencimiento de que el conocimiento del pasado reciente es la única vía para cerrar heridas y asentar la convivencia sobre bases firmes en pleno siglo XXI.



ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA DE EXTREMADURA (ARMHEX).

ENLACE:

--
ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA DE EXTREMADURA (ARMHEX).
 
 
Apartado de Correos nº 17
BADAJOZ. 06080.

dijous, 24 de setembre del 2026

Libre descarga: El doctor Luis Calandre Ibáñez. De la Junta para Ampliación de Estudios al exilio interior

 https://loquesomos.es/libre-descarga-el-doctor-luis-calandre-ibanez-de-la-junta-para-ampliacion-de-estudios-al-exilio-interior/


Libre descarga: El doctor Luis Calandre Ibáñez. De la Junta para Ampliación de Estudios al exilio interior

Por LQSomos

Esta obra rescata del olvido la figura del doctor Luis Calandre Ibáñez (1890–1961), un médico, científico y humanista que fue una pieza clave en la modernización científica y sanitaria de España durante el primer tercio del siglo XX.

A través de una exhaustiva investigación en archivos y del legado epistolar familiar, su nieta, Cristina Calandre Hoenigsfeld, reconstruye la trayectoria de un hombre que vivió en primera línea los grandes acontecimientos de su época: desde su formación en la Institución Libre de Enseñanza (ILE) y la Junta para Ampliación de Estudios (JAE) —de la mano de Santiago Ramón y Cajal y Nicolás Achúcarro—, hasta su papel como introductor de la cardiología moderna en España, la creación de la revista Archivos de Cardiología y Hematología y su labor al frente del Hospital de Carabineros durante la Guerra Civil.

Tras la contienda, Calandre sufrió una durísima represión: fue juzgado por tres tribunales distintos, condenado a prisión, inhabilitado para el ejercicio profesional y condenado al ostracismo. Este libro documenta con rigor el exilio interior de un republicano que, fiel a sus principios, se negó a colaborar con la dictadura, y reivindica su legado como médico humanista y como ejemplo de la España liberal y progresista que fue silenciada.

El Dr. Luis Calandre Ibáñez en la Residencia de Estudiantes de la Junta para Ampliación de Estudios

El libro recupera una figura clave de la ciencia española: Calandre fue pionero en electrocardiografía, maestro de varias generaciones de cardiólogos y un gestor incansable en la modernización de la sanidad pública. Además arroja luz sobre la represión franquista en el ámbito científico: El libro detalla cómo el régimen depuró y castigó a médicos e intelectuales por su lealtad a la República, un capítulo aún hoy poco conocido.

Es un testimonio de memoria histórica: Escrito desde la «postmemoria» por su nieta, combina el rigor documental con la emoción de rescatar la verdad de un familiar directo.
Incluye documentación inédita: Cartas, expedientes de depuración, fotografías y testimonios que permiten reconstruir la vida de Calandre y su entorno.

Luis Calandre Ibáñez (Cartagena, 1890 – Madrid, 1961) fue un médico cardiólogo, científico y humanista. Discípulo de Cajal y Achúcarro, se formó en la JAE y amplió estudios en Alemania. Fundó y dirigió la revista Archivos de Cardiología y Hematología, la primera en el mundo en utilizar el término «cardiología». Fue académico correspondiente de la Academia de Medicina, vicepresidente de la Cruz Roja y vocal del Patronato del Patrimonio de la República, entre otros cargos. Tras la Guerra Civil fue represaliado y apartado de la vida pública, dedicándose a su consulta privada y a sus aficiones hasta su muerte.

La autora, colaborados de LoQueSomos, Cristina Calandre Hoenigsfeld es nieta del doctor Calandre. Ha dedicado años a investigar la vida de su abuelo en archivos históricos y a recuperar el legado documental familiar. Es autora de diversos artículos sobre memoria histórica y la represión franquista en el ámbito científico.

Esta obra se ofrece en libre descarga en http://www.loquesomos.es con la autorización expresa de la autora, con el deseo de que su contenido contribuya a la recuperación de la memoria histórica y al reconocimiento de quienes, como el doctor Calandre, lucharon por una España más justa y culta.

⇒ Descárgate `El doctor Luis Calandre Ibáñez…´, pincha aquí ⇐

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dimecres, 23 de setembre del 2026

18 de septiembre de 1975: el consejo de guerra que anticipó los últimos fusilamientos del franquismo

 https://www.lanocion.es/espanya/20260918/18-de-septiembre-de-1975-el-consejo-de-guerra-que-d1792.html

El proceso sumarísimo celebrado en El Goloso dictó varias penas de muerte nueve días antes de las últimas ejecuciones de la dictadura y abrió una crisis política y diplomática en la agonía del régimen

ROBERTO RANDALL | España | Reportajes


El 18 de septiembre de 1975, cuando la dictadura franquista atravesaba sus últimas semanas, un consejo de guerra sumarísimo celebrado en el acuartelamiento de El Goloso, cerca de Madrid, condenó a muerte a varios militantes del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP). Aquella jornada no fue un episodio aislado: formó parte de una rápida sucesión de procesos militares que desembocó, el 27 de septiembre, en los últimos fusilamientos realizados en España.


El proceso se desarrolló en un contexto marcado por la violencia política. Según un estudio publicado en 2025 en la revista académica Historia del Presente, once sospechosos fueron detenidos y juzgados por dos atentados cometidos en Madrid: el asesinato del policía armado Lucio Rodríguez Martín, el 14 de julio, y el del teniente de la Guardia Civil Antonio Pose Rodríguez, un mes después. La investigación atribuyó los ataques a integrantes del FRAP, organización de extrema izquierda que había optado por la lucha violenta contra el régimen.


En El Goloso se celebraron dos vistas. La primera, de carácter ordinario, tuvo lugar los días 11 y 12 de septiembre. La segunda, tramitada por la vía sumarísima, culminó el 18 de septiembre. Entre ambas se dictaron once condenas, ocho de ellas a muerte, de acuerdo con la investigación de la historiadora Carmen Ladrón de Guevara Pascual. La velocidad de los procedimientos, las limitaciones impuestas a las defensas y la utilización de la jurisdicción militar situaron las garantías procesales en el centro de la controversia.


Clima de tensión que rodeó los consejos de guerra de septiembre de 1975


Pocas semanas antes, el Decreto-Ley 10/1975, de 26 de agosto, había reforzado la legislación antiterrorista y ampliado las facultades del Estado en la persecución de estos delitos. Radio Nacional de España ha documentado que la aplicación de aquella norma y la intervención de la justicia militar redujeron el tiempo disponible para preparar las defensas. Los acusados no disponían de una vía ordinaria de recurso: una vez confirmadas las sentencias, su única posibilidad era la conmutación por decisión de la jefatura del Estado.


El consejo de guerra del 18 de septiembre adquirió así una trascendencia que superaba los hechos sometidos a juicio. España se encontraba bajo una dictadura iniciada tras la Guerra Civil, Francisco Franco estaba gravemente enfermo y el terrorismo golpeaba a las fuerzas de seguridad. Frente a esa violencia, el régimen respondió con procedimientos de excepción y con la pena capital, una decisión que acentuó su distancia respecto de las democracias europeas.


El calendario avanzó con rapidez. Al día siguiente se celebró en Barcelona otro consejo de guerra contra Juan Paredes Manot, Txiki, miembro de ETA político-militar. Sumadas las distintas causas instruidas entre finales de agosto y el 19 de septiembre, los tribunales militares impusieron once penas de muerte. Las peticiones de clemencia se multiplicaron dentro y fuera de España mientras el Gobierno debía decidir si conmutaba las condenas.


El 26 de septiembre, el Consejo de Ministros comunicó que Franco había conmutado seis sentencias y permitido que se ejecutaran cinco. En la madrugada del 27 de septiembre de 1975 fueron fusilados Xosé Humberto Baena, José Luis Sánchez Bravo y Ramón García Sanz, militantes del FRAP, además de Juan Paredes Manot y Ángel Otaegui, pertenecientes a ETA político-militar. Las ejecuciones se llevaron a cabo en Hoyo de Manzanares, Barcelona y Burgos.


La reacción internacional fue inmediata. Gobiernos europeos retiraron a sus embajadores, se organizaron protestas y España volvió a enfrentarse al riesgo de aislamiento exterior. El franquismo trató de responder con una demostración de fuerza en la madrileña plaza de Oriente el 1 de octubre. Aquel acto incluyó el último discurso público de Franco, que moriría el 20 de noviembre de 1975, menos de dos meses después de los fusilamientos.


La efeméride también permite observar cuánto cambió después el marco jurídico español. La Constitución de 1978 abolió la pena de muerte, aunque mantuvo inicialmente una excepción para lo que pudieran disponer las leyes penales militares en tiempo de guerra. La eliminación total llegó con la Ley Orgánica 11/1995, de 27 de noviembre, que suprimió esa última posibilidad.


Medio siglo después, el 18 de septiembre de 1975 conserva una especial relevancia porque conecta tres asuntos todavía presentes en la memoria democrática: la respuesta del Estado ante el terrorismo, la necesidad de garantías judiciales incluso frente a delitos graves y el rechazo de la pena capital. Recordar la fecha exige mantener juntos todos los elementos del episodio: los asesinatos atribuidos a organizaciones violentas, los procesos militares cuestionados por sus limitaciones y la decisión política de ejecutar cinco condenas.


Lo ocurrido aquel día en El Goloso fue, por tanto, el preludio inmediato de una de las páginas más sombrías del final del franquismo. Nueve días separaron el consejo de guerra de los fusilamientos. En ese breve intervalo, la agonía de la dictadura, la violencia política y la presión internacional confluyeron en una crisis que anticipó el cierre de una época y dejó una huella duradera en el debate español sobre justicia, derechos fundamentales y memoria histórica.

Ley de nietos’: hambre, terror y represión en la posguerra española

 https://elpais.com/espana/2026-09-16/ley-de-nietos-hambre-terror-y-represion-en-la-posguerra-espanola.html

Resulta imposible separar el exilio económico del político en los años más duros del franquismo

Despacho de pan en Madrid con cartillas de racionamiento, en diciembre de 1940.

El dibujante madrileño Carlos Giménez ha retratado el hambre y el terror de la posguerra española a través de su serie de cómics autobiográficos Paracuellos (Reservoir Books), una de las obras más significativas sobre el franquismo, que empezó a publicar en 1976, poco después de la muerte del dictador, y que mantiene todavía viva, según siguen emergiendo sus recuerdos. Los niños internados en un Auxilio Social de Madrid sufrían palizas constantes por parte de los sádicos instructores de la Falange, pero, por encima de todo, tenían hambre: todos los días, a todas horas… A sus 85 años, Giménez cuenta que “ya se le ha acabado el rencor” al evocar aquellos años de violencia y fascismo, pero que “el hambre nunca se termina de quitar del todo”.

Se acaban de reeditar en un solo tomo los cuatro tebeos de Giménez sobre la Guerra Civil, Malos tiempos (Reservoir Books), basados no ya en sus recuerdos como Paracuellos, sino en historias reales que le contaron o que investigó. Uno de los personajes principales, detenido por rojo al acabar la guerra, salva la vida porque declara a su favor una empresaria a cuyo hijo protegió en los años duros de la represión republicana en Madrid. “Ya no te debo nada, estamos en paz”, le dice cuando le saca de la cárcel. Salva el pellejo, pero es echado de su trabajo, sin posibilidad alguna de ganarse la vida.

Muchas críticas a la llamada ley de nietos —que otorga la nacionalidad a los descendientes de los españoles que tuvieron que huir de este país entre el 18 de julio de 1936 y el 31 de diciembre de 1955 por motivos de persecución política— se han centrado en una instrucción del Ministerio de Justicia posterior a la norma, que dejó claro que se aplicaba sin distinción entre los que se exiliaron por razones políticas o económicas. Pero esa polémica no existe entre los historiadores del franquismo.

“La represión económica fue una forma de represión política”, explica el historiador Nicolás Sesma, profesor de la Universidad Grenoble-Alpes y autor de Ni una ni grande ni libre (Crítica), una historia del franquismo, que se ha convertido en un libro de referencia sobre el periodo. “Una de las formas de represión del régimen fue echar de las administraciones públicas a todos los que consideraba oponentes. Así, además, hicieron hueco a la gente afín: no se trata solo de privar de un medio de vida a los perseguidos, sino de dar trabajo a los afines”, prosigue.

Otra clave muy importante de la represión franquista es que el estigma de ser rojo se ampliaba a toda la familia. No solo aquel que había pasado por una cárcel iba a tener enormes dificultades para encontrar trabajo, sino que sus familiares tampoco iban a poder tener un medio de vida. Lo mismo ocurría con los descendientes de los fusilados. “No podemos entender la represión en el franquismo si no tenemos en cuenta que fue más allá de la violencia física”, explica Miguel Ángel de Arco, profesor de la Universidad de Granada y autor de La hambruna española (Crítica), una investigación de referencia que revela que 200.000 personas murieron de hambre en España entre 1939 y 1942, con un nuevo pico de hambruna en 1946. “Además de la represión moral, hubo una represión económica porque la violencia del franquismo no fue solo contra los individuos, sino que tuvo un componente familiar muy fuerte”, prosigue.

El historiador cita la labor represiva del Tribunal Nacional de Responsabilidades Políticas, creado en 1939 para destruir cualquier resto de oposición política, “que abría un expediente para apropiarse de las propiedades de los bienes de las personas represaliadas, lo que incluía las cuentas bancarias, y luego se derivaba al consejo de guerra”. “Era una represión integral no solo contra las personas, sino contra sus estirpes. La idea es que el futuro de esa familia estuviese condicionada para siempre”, agrega este historiador. El hambre en España explica que los vencidos tenían muchas menos posibilidades de conseguir comida si estaban marcados o pertenecían a familias republicanas. Cita a los 30.000 españoles que salieron hacia Francia en los años cuarenta, que llegaron muertos de hambre: hoy serían considerados exiliados porque su miseria era una consecuencia directa de la represión.

Desde la obsesión de Carpanta por la comida —el personaje de Pulgarcito de José Escobar publicado en los años 40, que incluso ha entrado en el Diccionario de la RAE como sinónimo de “hambre muy violenta e intensa”— hasta la literatura o el cine que retratan la posguerra, la miseria que padecen los vencidos es una constante. En la novela Castillos de fuego (Seix Barral), Ignacio Martínez de Pisón realiza un impresionante retrato de la posguerra en Madrid, basado en una larga investigación. Uno de los personajes es Basilio Morgado, un profesor universitario que sobrevivió al conflicto pero que, al haber sido masón, acaba por ser expulsado de la universidad y sus bienes incautados por el Tribunal de Responsabilidades Políticas. Se queda, literalmente, sin nada.

Naturalmente, la represión económica no fue una exclusiva, ni de lejos, del franquismo. En los regímenes comunistas de Europa oriental y en la antigua URSS, los disidentes no solo eran enviados a prisión o a campos en Siberia, también era condenados a perder sus trabajos o ejercer labores especialmente duras físicamente. Era, en realidad, una condena a la miseria. En la Alemania nazi, el Holocausto no empezó con los campos de exterminio y los fusilamientos masivos de los Einsatzgruppe (escuadrones de la muerte), arrancó con una persecución económica. Nada más llegar al poder, Hitler aprobó una serie de leyes discriminatorias hacia los judíos pero, sobre todo, les impidió trabajar y les robó sus bienes. Además del latrocinio en sí, el objetivo era forzarles a emigrar. En su libro sobre la Shoah, The Hitler Years: Holocaust 1933-1945, el historiador Frank McDonough dedica muchas páginas a esa despiadada persecución económica y relata por ejemplo la historia de una familia que logró llegar a Londres “teniendo que pedir en la calle”.

Negar el carácter económico de la despiadada represión de la posguerra significa no reconocer hasta qué punto el régimen quiso destruir, no solo físicamente sino también moralmente, a todos los que consideraba sus oponentes y cómo el terror fascista se metió en todos los rincones de la sociedad.