dissabte, 27 de febrer del 2016

“Los internados del miedo”. Los horrores cometidos a niños en los internados del franquismo (Video).



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“Me quemaban el culo con velas y me restregaban ortigas por mis partes por orinarme en la cama”; “lo que le hice a este señor sé que se llama felación, pero yo entonces no tenía ni idea”; “pensé en suicidarme. Que un niño con 12 años piense en eso es muy duro”. Son algunos testimonios de los centenares de miles de niños y niñas que pasaron gran parte de su infancia, cuando no toda, encerrados en internados y centros de beneficencia durante el franquismo y los primeros años de la democracia.
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‘Los internados del miedo’ recoge testimonios de abusos físicos, psíquicos, sexuales y laborales durante la dictadura y los primeros años de democracia
La Televisión de Cataluña, estrenó en abril de 2015 el documental “Los internados del miedo” que mediante los testimonios de los supervivientes, reconstruye los horrores por los que pasaron miles de niños y niñas de toda la geografía española, en colegios internos del franquismo. Más que escuelas eran auténticas cárceles donde los menores eran apaleados, abusados, violados, explotados y vendidos. También hubo un ” Dr. Mengele” español que experimentaba con ellos. Entre lo más escalofriante de todo esto es que estas aberraciones continuaron ocurriendo hasta mediados de los 80, ya entrada la democracia.
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Imagen del documental “Los internados del miedo”
Brais Benítez / LA MAREA
(bbenitez@lamarea.com)
“Me quemaban el culo con velas y me restregaban ortigas por mis partes por orinarme en la cama”; “lo que le hice a este señor sé que se llama felación, pero yo entonces no tenía ni idea”; “pensé en suicidarme. Que un niño con 12 años piense en eso es muy duro”. Son algunos testimonios de los centenares de miles de niños y niñas que pasaron gran parte de su infancia, cuando no toda, encerrados en internados y centros de beneficencia durante el franquismo y los primeros años de la democracia. Allí fueron víctimas de palizas, violaciones, trabajo esclavo y vejaciones, en unos centros que el régimen utilizaba para su propaganda. Unas dramáticas experiencias vitales que quedaron sepultadas por el silencio y que recoge el documental Los internados del miedo, realizado por dos de los periodistas que más han documentado la barbarie de la dictadura en España, Montse Armengou y Ricard Belis..
Los testimonios que han podido recabar destacan por su crueldad y evidencian la impunidad con la que órdenes eclesiásticas que cobraban por cada niño que acogían, e incluso funcionarios del Estado, actuaban contra unos menores que no tenían manera de defenderse ni denunciar. “Me llevaron a Sant Boi. A veces yo le contestaba a la monja y me castigaban con electrochoques, pero no porque estuviera loca, sino como castigo”, relata en la cinta Julia Ferrer, sobre su experiencia en la Casa de la Caridad de Barcelona. “Venía el sacerdote con la mano bajo la sotana, tocándote y tocándose él, teniendo un orgasmo. Y a este mismo señor al día siguiente lo veías dando misa a las 8 de la mañana. Mi creencia en Dios quedó trastocada”, explica Joan Sisa, que pasó varios años en las instalaciones Llars Mundet de la capital catalana, un internado inaugurado por Franco para acoger a niños procedentes de familias desestructuradas.
Algunos de los afectados dan fe de la explotación laboral a la que fueron sometidos. “Yo fui vendido. Me sacaron del colegio y me llevaron a León a cuidar ganado a los montes completamente solo, con 13 años”, cuenta José Sobrino, uno de los afectados. “Nos hacían lavar de la mañana a la noche con sosa. Me quedaron las manos llenas de agujeros, con sangre y pus. En el colegio éramos esclavas”, afirma Isabel Perales sobre sus años en el centro religioso Ángeles Custodios de Bilbao.
Otros testimonios relatan palizas cotidianas y vejaciones delante de los demás niños. “Un aspecto en el que hemos incidido bastante es en que no se trataba de castigos que se estilaban en la época, como podía ser pegar con una regla en la mano en la escuela, sino que rayan la tortura: los apaleaban de forma cruel, los humillaban en público, de manera que les han quedado secuelas terroríficas o les daban una comida infecta y si vomitaban les obligaban a comérselo, con el discurso aquél de ‘con el dinero que nos costáis y lo que hacemos por vosotros’”, expone Armengou. “Estamos hablando de mucha maldad, de mucho desprecio. Y un impacto muy fuerte para nosotros ha sido comprobar que este tipo de abusos tuvieron su auge en los 60 y 70, pero también se produjeron a principios de los 80. Con la amnistía del 77 mucha gente salió a la calle, pero en cambio estos niños continuaron encerrados en una especie de cárceles”, apunta.
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“El régimen franquista se encargaba de la beneficencia y la asistencia social, pero en la mayoría de casos era una beneficencia falsa, con ánimo de adoctrinamiento y formación ideológica. Además, había sido el régimen el que había creado esa situación: niños desvalidos porque los padres estaban en las cárceles, o porque se habían separado y la madre perdía la custodia, incluso abandonados porque la madre no podía soportar el estigma de ser madre soltera”, detalla Armengou. “Existía un organismo terrorífico, el Patronato de Protección de la Mujer, que se creó, textualmente, para ‘proteger a la mujer caída o en riesgo de caer’; pero ese centro que iba encaminado a la prevención de la prostitución acabó siendo un contenedor donde fueron a caer niñas en exclusión social, adolescentes con inquietudes políticas, o menores que habían sido violadas por algún familiar y se habían quedado embarazadas. A quienes encerraban era a las víctimas”, subraya la documentalista.
A pesar de no ser un fenómeno que sucediera en todos los internados, colegios religiosos, orfanatos, preventorios antituberculosos o centros de Auxilio Social, los casos de abusos físicos, psíquicos, sexuales, de explotación laboral y prácticas médicas dudosas ocurrieron en multitud de ellos. Tanto que después de elaborar documentales como Los niños perdidos del franquismo, Las fosas del silencio o el retrato del Valle de los Caídos Abuelo, te sacaré de aquí, es el trabajo con el que sus autores se han encontrado más casos entre conocidos y allegados. “Mucha gente nos ha dicho que su padre, su hermano, un amigo… ha pasado alguna experiencia no demasiado agradable en uno de esos internados. Es el documental en el que nos ha pasado más”, asegura Armengou.
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Los autores del documental contactaron con algunos de los presuntos responsables de esos abusos para corroborar las historias y contrastar información, pero estos no aparecen en la cinta, que se centra en dar voz a las víctimas. Algunas de ellas se encuentran adheridas a la querella argentina por los crímenes del franquismo, pues afirman no creer en la justicia española. Hubo quien recientemente acudió a la justicia eclesiástica que, “aunque parezca extraño, es mucho más dura que la civil para casos de abusos, con plazos de prescripción mucho más amplios”, señala Armengou, aunque los casos se cerraron al haber fallecido los presuntos culpables.
Al contrario de lo que sucedió en Irlanda, donde tanto el Estado como la Iglesia han condenado los casos de abusos a menores, en España el Estado ni siquiera ha escuchado a las víctimas. Es mediante trabajos como éste que, por primera vez, sienten que alguien se interesa por ellos y se atreven a desvelar sus traumas. Armengou destaca el cariño que reciben por ese trabajo: “Una vez más nos hemos encontrado unas muestras de agradecimiento brutales por parte de la gente. Con todas las dificultades continuamos haciendo una apuesta por estos temas, pero es increíble que tengamos que seguir haciendo de bomberos, de UVI y de primeros auxilios sobre la verdad y la reparación en este país. A nivel profesional es muy enriquecedor. Pero como ciudadana es una vergüenza”.
Los internados del miedo

Ha muerto a los 96 años el cenetista Enric Casañas i Piera, íntimo de mi tío Josep Gatell Comas.


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Ha muerto Enric Casañas i Piera. No, no ha salido en los telediarios. Nació en una familia de convicciones libertarias. Era sobrino de Simó Piera, uno de los fundadores de la CNT, un pequeño constructor que era el primero en convocar huelga para defender los derechos de sus trabajadores. Era uno de los que participaron en el mitin de Las Arenas, cuando la huelga de La Canadiense que consiguió la jornada de ocho horas. Algún día se había traído a comer a casa a Salvador Seguí.

Enric se puso a trabajar a los 13 años y por las tardes se iba a la escuela racionalista de Santa Coloma, donde conoció a Gregori Jover, compañero de Durruti y García Oliver, que dieron varias charlas en la escuela. Jover, Durruti y García Oliver fueron a América del Sur y expropiaban bancos para invertir los dividendos en financiar escuelas y bibliotecas. Tiene de maestro a José Berruezo, murciano, seguidor de Ferrer i Guàrdia, que sería alcalde de Santa Coloma durante la guerra.

La huelga general de octubre del 34 lo pilla con 15 años y aprovechando el descontrol para hacerse con unas cuantas armas que esconderán en la montaña por lo que pueda pasar. Al año siguiente lo trincan por participar en la huelga de tranvias con acciones de sabotaje y acaba incomunicado en La Modelo. De allí lo mandan al asilo Duran, una especie de casa del terror regentada por psicópatas en hábito religioso de la congregación San Pedro ad Vincula. Le caen hostias a manta. Por suerte su tío Simó consigue sacarlo y lo emplea con él.

El 19 de julio de 1936, mientras las sirenas de todas las fábricas de Barcelona llaman a parar al fascismo, Enric y su madre están entre los que toman al asalto el cuartel de Sant Andreu. Una semana después se va al frente enrolado en la centuria Ascaso con su amigo Josep Gatell. Tiene 17 años y va a chuparse toda la guerra. Formará parte del grupo Petróleo, guerrilla de sabotaje con nutrida presencia de Santa Coloma. Un día van y les levantan 3.000 ovejas en sus mismas narices a los fascistas, que hay mucha hambre. Otro día casi ni lo cuentan intentando volar un puente cerca de Quinto.

Siempre con Gatell, y ya militarizados, combaten en Belchite y Teruel. Cuando la zona republicana queda partida en dos se acercan a Valencia para formar parte de la expedición que parte por mar a defender Barcelona. Los fascistas llegan primero y el barco no para hasta Palamós. Deben ponerse contentos de volver a pisar tierra firme, porque se van a patita hasta Ripoll para contactar con los soldados en retirada. Casañas y Gatell serán parte de esos soldados que se interponen entre las tropas fascistas y la población civil en huida bajo las bombas y la metralla.

Entrará en Francia sin noticias de la fraternité y con un extraño concepto de hospitalité que lo lleva a los campos de concentración de Barcarès, Argelès y una compañía de trabajo. Ocupada Francia por aquellos contra los que luchaban aquellos españoles confinados a los piojos y la humillación, Enric no dudará en colaborar con la Resistencia.

Acabada la II Guerra Mundial y con documentación falsa volverá a Catalunya para ayudar a reconstruir la CNT y ver cómo respira la cosa. La cosa está de derrame pleural de campeonato y en 1951 hace las maletas y se marcha a Brasil con su amigo del alma, Josep Gatell. El Centro de Estudios Sociales de Sao Paulo será el lugar de encuentro de muchos exiliados, como el maestro y pedagogo Joan Puig i Elias, el que fuera presidente del Consell de l'Escola Nova Unificada.

Enric Casañas regresó a Barcelona tras la muerte del dictador, a seguir trabajando en la reconstrucción de la CNT, superando divisiones internas haciendo ejercicios de comprensión. Malos tiempos. Los buhoneros de la transición precisaban liquidar todo movimiento social y de disidencia. Casañas no se rindió y siguió viviendo. Consideraba el anarquismo un acto de vida. Más allá de una idea hermosa es algo que pervive en gestos, actitudes... Así que cuando usted ayude a alguien sin cargar el favor en cuenta, cuando entre en un abrazo o comparta una carcajada, sepa que está rindiendo un sentido homenaje a Enric Casañas y otros como él, aunque no los conozca porque no salen en los telediarios.



http://www.cnt.es/noticias/en-recuerdo-de-enric-casa%C3%B1as-i-piera-militante-anarcosindicalista

En recuerdo de Enric Casañas i Piera, militante anarcosindicalista


Hace unos días falleció el compañero Enric Casañas i Piera a la edad de 96 años. Una de esas personas que por derecho propio forman parte de la historia épica del anarcosindicalismo. Dentro y fuera del país, dentro y fuera de las guerras, dentro y fuera de la cárcel, en la cultura… en la vida, un ejemplo de la búsqueda de ese mundo nuevo que nos impulsa.
Se le recordará especialmente por su condición de combatiente contra el fascismo en tierras de Aragón durante la Guerra Civil española (1936-1939) en el entorno de los grupos guerrilleros anarcosindicalistas dentro de la mítica Columna Ortíz. También había participado en los combates en las calles de Barcelona en la histórica jornada del 19 de Julio de 1936 y sufrido las amarguras del exilio.
Con él se pierden algunos párrafos de un capítulo del libro de nuestra historia en el que toda una generación de mujeres y hombres dibujaron las páginas más brillantes de la historia de la clase obrera.
Buen viento en las velas, compañero.
Apunte biográfico:


http://www.sinpermiso.info/textos/enric-casaas-la-dignidad-de-los-perdedores-que-iluminaron-el-mundo-entrevista





Enric Casañas es un anarcosindicalista de 92 años. La entrevista la hicimos en su casa del barrio de Gràcia. Ha regresado al mismo barrio en que nació después de recorrer medio mundo. Es de los últimos que puede darnos su testimonio de la revolución colectiva de 1936 y de cómo la prepararon. Testimonio del Frente de Aragón, en la 25ª División, la de Ortiz. Testimonio de los bombardeos civiles de los franquistas mientras se retiraban hacia Francia. Enric, junto con 30.000 milicianos, estuvo conteniendo al ejército franquista hasta el final, hasta la frontera, dando apoyo a los de 250.000 a 350.000 civiles que huían.
                 Enric Casañas es uno de los perdedores de la guerra, representante de los cientos de miles de olvidados que no salen en la prensa, menospreciados y calumniados por los medios corporativos. Los perdedores son el pueblo, como suele pasar en las guerras. Y los ganadores, los militares golpistas que se alzaron para mantener los privilegios de una minoría. Los ganadores son los privilegiados de siempre, los militares, los borbones, las multinacionales, los ricos, quienes nos gobiernan y nos explican la guerra a su manera.
                 Enric, con su amigo Josep Gatell, de Santa Coloma, participó en el asalto al cuartel de Sant Andreu, y marcharon juntos al frente de Aragón. Allí también hubieron de exiliarse juntos y sufrir los campos de concentración de Barcarès y Argelers. Y volvieron clandestinamente a España, donde mantuvieron contacto con la CNT y las fuerzas antifascistas. Al comprobar la dificultad de la lucha en el interior, en 1951 legalizaron su situación con la amnistía para prófugos y desertores y se exiliaron en Brasil. Allí siguieron militando en organizaciones libertarias brasileñas y en la CNT. Enric volvió definitivamente a Barcelona tras la muerte de Franco, después de 23 años en el exilio en Brasil.
                 La entrevista la realizó Txema Bofill, investigador social, colaborador de Catalunya-CGT.
…¿Para qué revista es la entrevista? 
Para el Catalunya, ¿la conoce? 
Ya lo creo. Si es para el Catalunya, somos compañeros y podemos hablar en confianza. 
Entonces ¿la conoces? 
Sí. Es la revista de Peiró, la única de la CNT que se hacía en catalán. Ha estado mucho tiempo sin salir. ¿Qué finalidad tiene la entrevista? 
Nos interesa que nos expliques tu participación en las luchas de antes y durante la Revolución de 1936, que está muy olvidada y son pocos los que están vivos para recordárnosla. ¿Has escrito memorias, artículos...? 
No he escrito nada. Más bien he hecho escribir. Me preguntan, quieren saber cosas sobre la guerra, la CNT, y yo contesto. 
¿Cómo te hiciste anarquista? 
En mi casa eran de la CNT. Tenía un abuelo federalista. Y un tío, Simó Piera (1), que fue uno de los fundadores de la CNT. Mis padres vivían separados y yo vivía con mi madre, que era de la CNT. Yo he sido siempre de la CNT, pero no fanático, todo lo contrario. El tío Simó era amigo de Salvador Seguí, el Noi del sucre.
¿Lo conociste? 
No, yo era pequeño. Seguí había estado en casa y se hablaba mucho. 
¿Qué te atraía de la CNT? 
La CNT siempre había luchado por la clase trabajadora, para transformar la sociedad. La CNT ha hecho huelgas, las colectivizaciones y animado a formar el pueblo. El tío Simó Piera aprobó las exigencias (bases) de la huelga de la construcción y las puso en práctica). Él, como pequeño constructor, desde el inicio cumplió todo lo que los trabajadores pedían y daba apoyo a la huelga, que duró mucho. 
¿A qué escuela fuiste? 
A la pública de Santa Coloma, donde vivía. Pero la dejé a los trece años para ir a trabajar en un taller. Iba a la escuela racionalista por las tardes. Era la escuela del sindicato. Se llamaba la Casa del Pueblo, que era nuestro ateneo libertario. Era el edificio más grande de Santa Coloma. Habían ido Durruti y García Oliver a dar charlas. Allí conocí a Gregorio Jover (2), que vivía en Santa Coloma. 
¿Qué maestros tuviste en la escuela racionalista? 
José Berruezo (3), un hombre instruido, un compañero, que era el alma de la Casa del Pueblo. Màxim Llorca. 
¿Cuál es tu primera acción que recuerdes? 
El 6 de octubre de 1934 participé en la huelga general. Tenía quince años. Fui con mis amigos a la Plaça Sant Jaume, antes Plaça de la República, donde el president Lluis Companys proclamó l'Estat Català. Por cierto, hay una foto en un diario donde salgo con un compañero que tenía dos años más que yo. Él era más alto, y yo con el cabello rizado, y ahora estoy calvo... Como no había transporte público, tuvimos que ir a pie hasta Santa Coloma de Gramenet. Allí los Mossos nos dieron el alto y hubo disturbios y disparos. Unos días después entramos en el Ayuntamiento y tomamos las armas que los “escamots” de Estat Català y ERC habían dejado el día anterior. Sabíamos dónde las tenían guardadas. Había rifles y otras armas y las llevamos a la montaña y estas armas salieron el julio del 36 contra el golpe de los fascistas y los militares. 
Te detienen al año siguiente y te encarcelan. ¿De qué te acusaban? 
De sabotaje. Nos acusaban de quemar diversos tranvías. Había una huelga de tranvías. Era un conflicto que duró años. La compañía no cedía. Finalmente se resolvió a favor de los trabajadores. 
En los diarios de la época hablan de vuestra detención, un grupo de jóvenes, y la policía a ti te puso el apodo de “el cardenal” 
(Risas) Me pusieron el apodo de “cardenal” a causa del cardenal Casañas. Los Casañas somos pocos, pero no hay parentesco con el cardenal, que yo sepa. Tuve suerte, solían poner apodos peores. 
¿A qué prisión te llevaron? 
A la Modelo. Estuve 17 días incomunicado. Y como me faltaban unas semanas para cumplir los dieciséis, me llevaron al asilo Duran. Hice el viaje al revés. Allí sufrí mucho. Era un reformatorio duro y nefasto de curas malparidos.
El asilo Duran, ¿era tan horroroso como lo pintan? 
Era muy duro. Saliendo del trabajo, te hacían ir a jugar o hacer cosas, y yo dije educadamente que no. Y me dieron una colleja tan violenta que me caí al suelo, donde un grupo de chavales mayores me dio una paliza a golpe de patadas. Tenías que hacer lo que te decían y no pensar. Maltrataban mucho a los menores. 
¿Cuando saliste? 
Mi tío Simó Piera vino a verme y me sacó. Y se hizo cargo de mí. A partir de entonces trabajé para él. 
En un documental hablas de Miquel Badia, el jefe de la policía de la Generalitat conocido por torturar a anarquistas y por detenciones injustificadas. 
Sí, Badia se destacó por perseguir a los anarquistas. Pegaba él mismo palizas a los detenidos. Era boxeador. Lo mataron junto a su hermano el abril de 1936 en la calle Muntaner unos compañeros de la FAI. 
¿Los detuvieron?
A Justo Bueno lo detuvieron en Marsella y lo llevaron de vuelta a España. Franco lo liberó y, cuando sospecharon que había matado a Badia, lo fusilaron en el Campo de la Bota, en 1944.
¿Se preveía un golpe de estado de los militares?
Sí, ya sabíamos que podía haber un golpe de estado contra la República, y nos íbamos preparando. El 18 de julio, la noche antes, fuimos a requisar armas al somatén y a los requetés. Entonces tenía 17 años y estaba en un grupo de afinidad del sindicato de la construcción de la CNT. Había que conseguir cuantas más armas mejor para poder hacer frente al golpe de los militares y para la revolución.
¿Fue fácil desarmar a los miembros del somatén?
Bastante. Sólo hubo un problema, un accidente, el de un industrial de derechas y alcalde, que al desarmarlo y cogerle el camión, se puso nervioso y huyó corriendo. Murió en el tiroteo.
¿El día 19 de julio qué hiciste?
El día 19 de buena mañana sonaban todas las sirenas de todas las fábricas de Barcelona y alrededores. Era impresionante. Participé en el asalto al cuartel de Sant Andreu. Fuimos con camiones. Los soldados que quedaban quedaron desbordados. El pueblo entró en el cuartel. Mi madre también estaba. Yo no la vi. Ella se llevó dos astra. Yo cogí una parabellum cojonuda con cuatro cargadores. Tenía que ser de algún fascista o carlista, de aquellos que entraban en los cuarteles para participar en el golpe de estado.
¿Y qué hicisteis con tantas armas?
Las empleamos para combatir a los fascistas y asegurar la revolución. Nosotros estábamos a disposición de los Comités revolucionarios de cada pueblo, que era el nuevo nombre de los ayuntamientos. En los Comités revolucionarios estaban los diferentes grupos políticos, y nosotros, de la CNT y la FAI.
¿Cuándo decides marchar al frente como miliciano?
Al cabo de diez días me enrolé en la Centuria Ascaso.
¿Qué recuerdas del frente?
Del frente recuerdo muchas cosas. Tenía 17 años e hice toda la guerra. Hubo situaciones muy dramáticas, bombardeos, gente destrozada, traslado de heridos. Estas cosas afectan mucho. Y nos jugábamos la vida en operaciones arriesgadas. Por ejemplo, una noche fuimos a buscar ganado en zona enemiga. Éramos tres grupos y nos acompañaban dos pastores de Belchite. Era ganado requisado por los nacionales. Fuimos hasta Azaila y después a pie toda la noche y conseguimos capturar el ganado de tres corrales, unas 3.000 cabezas, y las llevamos a nuestras filas. Los corderos hacían mucho ruido y a un miliciano se le disparó un arma, y con todo, no pasó nada. Tuvimos mucha suerte. Yo pensaba que no saldríamos de esa.
¿Cómo explicas que los nacionales no se movieran?
Creo que debieron pensar que era un traslado de ellos mismos. No se debieron imaginar de ningún modo que pudieran ser milicianos que les estuvieran robando el ganado. Lo celebramos con Ortiz, el jefe de la división, y otros.
Ésta fue una acción del grupo petróleo. ¿Cuál era vuestra misión?
El grupo petróleo era un grupo guerrillero dirigido por Ernest Herrero, de Santa Coloma, un grupo amplio de inteligencia de unos 37 milicianos, y 12 éramos de Santa Coloma. Participamos en la operación “Comuna Libre”: la conquista de Zaragoza, una operación secreta de la que sólo nos faltaba la autorización. Lo dirigía Saturnino Carod y Manuel Ortiz. Y ni siquiera nosotros sabíamos de qué se trataba, pero lo intuíamos. Se fue retrasando y finalmente no se hizo. En el grupo petróleo había una chica que se llamaba Carme Crespo, la francesa, ya que vino desde Francia para participar en las Olimpiadas Populares de Barcelona y se enroló de miliciana. Estaba con nosotros y la mataron. También al capitán Jubert.
¿Qué aprendiste en el frente?
Aprendimos a caminar en silencio, a orientarnos por la noche, a no hablar, no fumar, a dispersarnos en caso de peligro, a observar, a tomar decisiones, a seguir las órdenes. Nos hicieron oficiales a unos jóvenes, ya que preparábamos la operación de tomar Zaragoza. Antes no cobraba y luchábamos con ilusión. Ahora cobro como oficial republicano. ¡Cosas de la vida!
¿Os afectó la muerte de Durruti?
La muerte de Durruti nos afectó bastante. Hasta unos compañeros, como venganza, fueron a liquidar a unos oficiales franquistas. Fueron reacciones de rabia. Todo el mundo quería mucho a Durruti.
¿Te hirieron o enfermaste?
Herido, nunca. Y enfermo, no lo recuerdo... Desde que estoy vivo he conseguido salir airoso de todas.
La retirada, ¿cómo fue? ¿Cuándo decides marcharte?
En Valencia, con el amigo Josep Gatell, nos sacamos los papeles para ir a defender Barcelona. Por tierra ya no se podía ir. Nos embarcamos y no pudimos desembarcar en Barcelona. Ya estaba en manos de los nacionales y fuimos hasta Palamós. Y de allí, caminando, hacia Ripoll. Nos reenganchamos con los combatientes en retirada que contenían como podían el avance fascista y nos permitieron una retirada menos caótica de lo que ya fue.
Las armas las tuvisteis que librar en la frontera. Fue el signo de la derrota, ¿verdad?
Si, las librábamos, pero muchos conseguimos pasar alguna. Yo pude pasar una pistola que después vendí en el campo de concentración de Argelers por 40 francos. Era muy poco. Se la vendí a un soldado francés entre las rejas. Pude comprar pan y longanizas.
Entraste por Prats de Molló. ¿En cuántos campos de concentración estuviste?
Primero en el campo de Arles. Era un campo de paso. No había nada.
¿Y si llovía o nevaba?
Tenías que aguantarte. Después estuve en el campo de concentración de Barcarès y Argelers. Ya había barracas, hechas por los mismos españoles. También fui al Chateau de la Reynarde, en Marsella, de la embajada de México. Pensábamos embarcarnos para México, pero vino la Segunda Guerra Mundial.
Dentro del campo de concentración, ¿con qué grupo ibas?
Cada uno tiraba hacia el suyo, pero nos juntábamos por afinidad, con los amigos. Entre comunistas y CNT no había demasiada simpatías.
En Brasil, ¿dónde os reuníais los de la CNT? ¿Quién había?
En el Centro de Estudios Sociales (CES) de Sao Paulo, que aún existe, nos reuníamos Puig Elies, que vivía en Porto Alegre y era maestro y pedagogo racionalista, el médico Pujol, mi amigo Josep Gatell, Manuel Pérez, un destacado dirigente de la CNT, y otros que ahora no recuerdo. 
¿Cómo ves el anarquismo en el momento actual?
El anarquismo es comprensión e ir hacia adelante. Hay gente que lo practica y que ni se da cuenta. Son anarquistas y no lo saben. Su manera de actuar es anarquista. De hecho, lo que cuenta son los hechos. Muchos practican el anarquismo sin saberlo. La misma vida hace que una pareja practique el anarquismo a lo largo de la vida. La base es entenderse. La comprensión es muy importante. Y tranquiliza mucho ser coherente y comprenderse. Puedo cambiar de manera de pensar, pero de momento es así.
¿Cómo ves a los trabajadores de hoy en día?
No lo veo muy bien. Lo veo flojo. La parte antifascista la veo despreocupada. La gente no se interesa por las condiciones laborales y los problemas sociales. Nosotros éramos más serios, nos preocupábamos por cambiar la situación, por aprender, por saber, por luchar. No hay conciencia. Los trabajadores quieren las cosas hechas, que el burgués pague y no les molesten, y el burgués, pagando, puede exigir. Las cosas van cambiando. Los trabajadores se mueven poco.
¿Qué se puede hacer?
Ir hacia adelante. Siempre se pueden hacer cosas, diariamente. Si quieres hacer cosas, está en tus manos. A mi estas conversaciones me dan vida. Me gusta responder a las preguntas, explicar que las cosas van cambiando. Lo tenemos que saber.
Notas
(1) Simó Piere i Pagès. Participó en 1919 en el mitin de las Arenas con Salvador Seguí, Miranda, Josep Díaz, Rafel Gironès, donde se reunieron 20.000 trabajadores y acordaron las jornadas de 8 horas y la liberación de los presos por la huelga general de La Canadenca. El gobierno accedió el 3 de abril a la jornada laboral de 8 horas.
(2) Gregorio Jover. Formó parte del grupo Los Solidarios, amigo personal de Durruti, García Oliver y Ascaso. Con ellos participó en las expropiaciones de bancos en Latinoamérica, que sirvieron para montar escuelas racionalistas y bibliotecas. En Santa Coloma fue uno de los animadores de la Casa del Pueblo, centro de formación del proletariado de Santa Coloma.
(3) José Berruezo. Sindicalista y maestro desde 1913 en Marrazón (Murcia) de la escuela raiconalista. Detenido en 1914 por pintadas a favor de Ferrer i Guàrdia. En 1919 emigró a Santa Coloma. Fue el impulsor del sindicato de clase de la CNT. Presidente de la Casa del Pueblo durante la II República, organizó la respuesta al golpe militar del 36.

Enric Casañas es un anarcosindicalista catalán que actualmente tiene 92 años

Traducción para www.sinpermiso.info: Àngel Ferrero


Fuente:
http://blocs.mesvilaweb.cat/node/view/id/193534, 30 de marzo de 2011

"Un cesto de mazás": la historia de la represión, en 17 vidas mutiladas.


http://www.farodevigo.es/portada-ourense/2016/02/27/cesto-mazas-historia-represion-17/1412428.html


El libro de Montse Fajardo recopila relatos, en algún caso en primera persona, de víctimas del 36 en varios puntos de Galicia

27.02.2016 | 02:55
Cáccamo con Sueiro, Fajardo y Huete ayer en el Liceo. // Jesús Regal
Cáccamo con Sueiro, Fajardo y Huete ayer en el Liceo. // Jesús Regal
El Liceo de Ourense acogió en la noche de ayer la presentación de "Un cesto de mazás: Memoria das vitimas do 36 e do tempo que veu", de la periodista y escritora de Vilagarcia Montse Fajardo, un trabajo en el que la autora recrea en la voz de familiares y amigos de los protagonistas y en algún caso de perseguidos que sobrevivieron, dieciséis años de aquella etapa crítica de la historia de España.
Después del éxito de su obra "Matriarcas", que agoto sus tres ediciones en apenas tres meses, Fajardo presentó ayer un trabajo que hablan de "paseos, paredones, cárcel. exilio, depuración". Historias como la de Manuel García Amoedo, de Vilaboa, que estuvo escondido tres años bajo tierra en una cuadra. La de Josefina Arruti, que tuvo que vivir el exilio de su marido, Bibiano Fernández. Del ribadaviense Ramón Barreiro, periodista de La Hora, asesinado en 1936 y enterrado en una fosa.
Historias como la que titula "21 días", en la que aparecen las cartas que escribió, antes de morir fusilado, el profesor socialista de A Cañiza Antonio Mojón.
La autora estuvo acompañada ayer por Carmen Sueiro, en representación de Amigos da República, que organizaba este acto, el poeta Xosé Álvarez Cáccamo y Ánxel Huete, nieto de Ángel Huete y Herminia, protagonistas de uno de los capítulos del libro, el que narra la vivencia de la la familia de Ángel Huete, capitán del ejército republicano, que trabajó muy cerca de Largo Caballero durante la guerra civil. Para la autora este trabajo pretende una vez más "recuperar la voz de la víctimas directas", es decir de aquellas que perecieron en esa guerra fratricida y "de las víctimas colaterales" que siguieron viviendo a veces escondidas bajo tierra.

"Memoria Histórica en el Distrito Retiro".



El Jueves 3 de marzo, organizado por el Observatorio del Barrio "Conocer para actuar", tendrá lugar la charla-coloquio "Memoria histórica en el distrito de Retiro", a la que me han invitado a participar. 


miércoles, 24 de febrero de 2016



El PP de Alfaro (Rioja) rechaza los cambios de nombres de las calles propuestas por IU, entre ellas la de José Antonio.


http://www.larioja.com/comarcas/alfaro/201602/26/memoria-distintas-lecturas-20160226005002-v.html


Memoria con distintas lecturas

Calle de José Antonio, en la capital alfareña. :: E.P.
Calle de José Antonio, en la capital alfareña. :: E.P.
  • El Partido Popular de Alfaro considera «insuficientes» las disculpas de IU sobre las palabras que utilizó su concejal en el Ayuntamiento, Javier López, en el pleno del martes para defender una moción que pedía el cumplimiento de la ley de memoria histórica. Desde esta consideración, el PP alfareño reiteró ayer en su cuenta en la red Facebook la exigencia de la dimisión inmediata del edil y de disculpas públicas «por dignidad e higiene democrática». En un diálogo cruzado en la red social, la asamblea local de IU reiteró su apoyo al concejal y sus disculpas a los populares.
    Las palabras de López que IU reconoce que pueden ofender a los concejales del PP surgieron en el debate de la moción. El enfado de los populares se inició tras la expresión 'Os cargasteis', dirigida a sus ediles y referida a los muertos de la Guerra Civil. De inmediato López repuso: «No he querido decir que se los cargaron ustedes, sino los franquistas».
    La moción de IU reclama cumplir la ley de memoria histórica en varias zonas de la ciudad: retirar en el barrio de La Estación una placa conmemorativa de su construcción que hace referencia al militar sublevado Julio Ruiz de Alda; cambiar la avenida de José Antonio en la zona de las Casas Baratas, en alusión al fundador de la Falange; en el barrio de La Paz, la calle Capitán Cortés, y placas conmemorativas de su construcción, con mención a Casilda Sáenz de Heredia, madre de José Antonio Primo de Rivera, y placas en varias puertas del Instituto de la Vivienda franquista.
    «Creemos que la moción carece de fundamento en cuanto a que el cambio de nomenclatura de calles ya se dio en otro tiempo, en 1981, y bajo el paraguas democrático», explica el concejal de Cultura, Jesús Pérez Ligero. Entrando al detalle, recuerda que la avenida José Antonio se dejó «no en alusión a su condición de fundador de la Falange sino a los lazos que lo unen a nuestra tierra y como personaje histórico, queramos o no, de una etapa del siglo XX».
    Del mismo modo se refiere a su madre, Casilda Sáenz de Heredia, nacida y enterrada en Alfaro, hija de Gregorio Sáenz de Heredia, constructor del palacio que lleva su nombre. «¿También tenemos que retirar el del palacio por llevar su nombre?», cuestiona haciendo referencia al apartado 2 del artículo 15 de la citada ley que refiere que «no será de aplicación cuando las menciones sean de estricto recuerdo privado y, sin exaltación de los enfrentados».
    Lamentando que el foco se ha desviado de la esencia del debate, la portavoz socialista, Sara Orradre, reclamó ayer que «el Ayuntamiento tiene que ceñirse a lo que contempla la ley». «Nos resulta inverosímil que, escudándose en argumentos extemporáneos, anacrónicos y alejados en fondo y forma del debate, reconozcan que no se cumple la ley y que no piensan cumplirla», dijo.

Una biblioteca de la memoria histórica


http://www.lamarea.com/2016/02/26/82532/


Sociedad


Más de 400 tomos componen la recién creada Biblioteca de la Memoria Histórica de Andalucía, un compendio de libros, informes y documentos ubicados en la primera planta de la sede sevillana del sindicato CGT. Investigaciones, novelas y trabajos anónimos llenan las primeras estanterías.
26 febrero 2016
00:59
Una biblioteca de la memoria histórica
“¿Tenéis el libro Memoria de un libertario?”, pregunta una chica al coordinador del grupo de trabajo de CGT de Andalucía, Cecilio Gordillo, quien responde afirmativamente delante de dos estanterías. “Ah, pues era por si lo queríais”, continúa la chica con generosidad. “Yo puedo traer algunos que tengo repetidos”, le sugiere un periodista. “El último que nos ha llegado es de Nicolás Sánchez Albornoz, y otro autor, Juan José del Águila Torres, nos ha mandado El TOP, la represión de la libertad, del que sólo tenía tres ejemplares. Este libro estaba agotado desde que se publicó, en 2001″, continúa Gordillo. Hasta el momento, más de 400 tomos componen la recién creada Biblioteca de la Memoria Histórica de Andalucía, un compendio de libros, informes y documentos ubicados en la primera planta de la sede sevillana del sindicato CGT.
“Teníamos la necesidad de reunir todo lo que se está haciendo sobre memoria histórica y, como la Administración no terminaba de hacerlo, a pesar de que ha editado multitud de trabajos, pues lo hemos iniciado nosotros”, afirma Gordillo. Sobre las estanterías, perfectamente ordenados, se pueden consultarlibros imprescindibles como El canal de los presos, que aborda el trabajo esclavo; libros sobre la represión local, como Días de Barbarie, en Bornos (Cádiz) o ¡A vida o muerte!, un ensayo sobre las guerrillas antifranquistas presentado este mismo jueves; libros que rescatan del olvido personajes como Melchor Rodríguez, conocido como El Ángel Rojo, o la vida desde el exilio de Pedro Vallina, cuyas memorias fueron editadas a partir de unas fotocopias. “Aquí, en esta misma habitación, en 1998, nos pusimos a picar como locos los textos para editarlos”, cuenta Gordillo.
Sobre los estantes, también destacan documentos encuadernados en espiral que, de no ser expuestos, probablemente nadie tendría oportunidad de leerlos. Entre ellos, el trabajo de una estudiante catalana de segundo de Bachillerato, Memòries del meu anarquista, una recopilación de historias narradas por alumnas de un centro de adultos de Sevilla y el expediente por el que se declara Bien Cultural el centro de concentración de Castuera (Badajoz). El vano ayer, de Isaac Rosa, y Memorias de las cenizas, de Eva Díaz Pérez, son algunas de las novelas que incluye también el catálogo, que será actualizado periódicamente y que recoge trabajos de toda España.
“Hemos puesto mucha ilusión y mucho trabajo porque nosotros no somos bibliotecarios ni archiveros“, destaca el responsable de la biblioteca, Antonio Casado. De momento, los libros sólo podrán ser consultados en la sede -aunque muchos de ellos han sido digitalizados- a la espera de encontrar una fórmula que no termine con la biblioteca vacía. “Como somos anarquistas, muchos venían a la biblioteca general y nunca devolvían los libros”, añade Casado entre risas.
Tras esta primera catalogación, los impulsores esperan ir aumentando el fondo poco a poco, incluso con documentales y películas: “Sólo habiendo salvado la documentación que se entregó en la Audiencia Nacional cuando Garzón inició la investigación sobre el franquismo, hoy tendríamos un centro de documentación increíble. Ahora mucha de esa documentación está en manos privadas”, lamenta Gordillo. La biblioteca se podrá visitar por las mañanas, aunque, según Casado, ampliarán el horario a alguna tarde.

Libro sobre la guerrilla

Tras la inauguración, José Antonio Jiménez Cubero presentó su investigación sobre la dureza con la que el régimen franquista combatió a la guerrilla. “Es mi cuarto libro, pero el primero en el que comencé a trabajar, cuando en una biblioteca de Moguer, donde me fui a vivir en 1988, encontré un libro sobre la lucha armada contra el franquismo y el secuentro de mi abuelo materno”, destacó el autor en una sala abarratoda de público. biblioteca memoria histórica andalucía
La obra se adentra en un capítulo de la historia difícil de investigar, según afirmó en la introducción el historiador José Luis Gutiérrez: “Un capítulo sujeto en muchas ocasiones a dogmas de fe y que ha echado para atrás a muchos autores que se han intentado acercar“, aseguró. “Alguien me dijo una vez que no preguntara mucho sobre ese tema”, explicó Jiménez Cubero, que cerró el acto con la lectura de un romance a los guerrilleros muertos.