dissabte, 21 de gener del 2017

Manuel Azaña.












Televisión Española comenzó a emitir el 10 de octubre de 1990 esta serie documental de cinco capítulos sobre la vida de Manuel Azaña, presidente de la II República y jefe del Estado de 1936 a 1939, con motivo del 50 aniversario de su muerte durante su exilio en Montauban (Francia) el 4 de noviembre de 1940. En 2002 se repuso la serie a través del Canal Nostalgia basado en programas de archivo de TVE. Los documentales, bajo el título Manuel Azaña, un soñador sin ventura, están dirigidos por José Fernández Cormenzana.Ramón Mendezona, antiguo locutor de Radio España Independiente, apodada Pirenaica en tiempos de la clandestinidad, interpreta la voz de Manuel Azaña. Televisión Española ha filmado varios exteriores relacionados con el político, como la Universidad María Cristina de El Escorial, donde estudió, y las fincas de La Pobleta (Valencia) y Torre Salvans (Barcelona), donde residió durante la contienda

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Las víctimas del franquismo halladas en fosas de La Algaba no fueron fusiladas, murieron de hambre y enfermedad

http://kaosenlared.net/las-victimas-del-franquismo-halladas-en-fosas-de-la-algaba-no-fueron-fusiladas-murieron-de-hambre-y-enfermedad/



Publicado en: 17 enero, 2015


Por Kaos. Memoria Histórica
Las 144 víctimas del franquismo halladas en fosas comunes de La Algaba murieron “a causa de hambre y enfermedad y no por fusilamientos”, según ha desvelado el arqueólogo Juan Luis Castro en una rueda de prensa celebrada este viernes en la Delegación del Gobierno andaluz en Sevilla. El arqueólogo ha informado de que estas personas formaban […]
Las 144 víctimas del franquismo halladas en fosas comunes de La Algaba murieron “a causa de hambre y enfermedad y no por fusilamientos”, según ha desvelado el arqueólogo Juan Luis Castro en una rueda de prensa celebrada este viernes en la Delegación del Gobierno andaluz en Sevilla.
El arqueólogo ha informado de que estas personas formaban parte “del campo de concentración y trabajo de Las Arenas para mendigos y reincidentes”, aunque no ha descartado la aparición de presos políticos en el transcurso de las labores de identificación. La teoría de Juan Luis Castro es que estos presos, de edades comprendidas entre 15 y 75 años, fueron abandonados por la autoridades franquistas a su suerte y arrojados tras su muerte a fosas excavadas en el antiguo cementerio de La Algaba entre 1940 y 1941.
El director general de Memoria Democrática, Luis Naranjo, ha asegurado que estas 144 personas exhumadas en La Algaba constituyen “delitos contra la Humanidad, por lo que sus muertes no han prescrito”, añadiendo que ya se ha personado un juez en el lugar para la depuración de responsabilidades penales. Este trabajo arqueológico ha significado, para el director de Memoria Democrática, “un ejemplo de cooperación institucional” entre la Junta de Andalucía y el ayuntamiento, subrayando que reconocer a las víctimas “no es ni de derechas ni de izquierdas, sino de demócratas, una cuestión de derechos humanos”.
Por su parte, el alcalde de La Algaba, Diego Manuel Agüera, ha adelantado que a estas personas encontradas en su municipio “se les rendirá honores, homenajes y un descanso digno” por su condición de represaliados por el franquismo.
Los trabajos de localización, exhumación e identificación de cadáveres en La Algaba, iniciados en octubre, se prolongarán “cinco o seis meses por las complicaciones que presenta la separación de los huesos en las fosas”, ha concluido el investigador Juan Luis Castro.
 
Agencias

divendres, 20 de gener del 2017

El fusilamiento del comandante Leret.



Este es el texto de una carta remitida por Angelina Gatell a Carlota Leret O’Neill, hija de Virgilio Leret y de Carlota O’Neill, que vive en Venezuela desde que su madre huyó en barco con sus dos hijas en los años 40.


https://elalminardemelilla.com/2015/03/11/el-fusilamiento-del-comandante-leret/





Carlota Leret en el osario militar
        Testimonios del asesinato del Comandante Virgilio Leret Ruiz, Jefe de las Fuerzas Aéreas de la Zona Oriental de Marruecos al amanecer del día 18 de julio de 1936
Testimonio que en su oportunidad, el soldado Eduardo Sánchez Lázaro, soldado activo en la Base de Hidros del Atalayón, dio a su esposa Angelina Gatell sobre el asesinato de Virgilio Leret Ruiz. 
       Conocí al que años después sería mi marido en 1947, en casa de unos amigos que se convirtieron muy pronto en las personas, ajenas a mi familia, más importantes de mi vida. Nuestra amistad se fue estrechando y sólo acabó con su muerte. Y ni aun así, porque están siempre presentes en mí. Él, hombre cultísimo, había sido capitán del ejército republicano y, terminada la guerra, pasó algunos años en campos de concentración o de castigo. Ella, María de Gracia Ifach –seudónimo que utilizaba como escritora-, fue una de las primeras biógrafas de Miguel Hernández, al que había conocido durante la guerra en Valencia, en el círculo internacional de Intelectuales Antifascistas. A aquella casa, junto a escritores consagrados, acudíamos los jóvenes que aspirábamos a serlo. Fui acogida en ella y querida entrañablemente por sus dueños. Les debo mucho. Orientaron mis lecturas. Pusieron a mi alcance bienes que mis padres, modestos obreros maltratados por la vida y por sus tendencias izquierdistas –mi padre fue un sindicalista duramente represaliado- nunca hubieran podido darme.
Entre otras personas conocí en aquella casa a varios jóvenes melillenses que viajaban  con frecuencia a Valencia. Dos de ellos, el poeta Miguel Fernández y el director teatral y de T.V. Juan Guerrero Zamora, fallecidos ambos, figuran hoy entre los hijos ilustres de Melilla. Publicaban una revista de poesía y en ella aparecieron mis primeros versos, no sé si por merecimiento o por el interés que por mí sentía su director, poeta que andando el tiempo, ya en Madrid, también alcanzaría merecida consideración. Con él llegó un día a la casa de nuestros amigos el que andando el tiempo sería mi marido. Eran muy amigos. Ambos pertenecían al grupo intelectual melillense. Conocí a Eduardo vestido con el uniforme de aviación. Era sargento, a punto de ser ascendido a brigada. Por aquellos días acababa de pedir su traslado a Valencia por razones que más tarde conocí. Su uniforme despertó en mí un rechazo que no traté de ocultar en ningún momento. Pasó mucho tiempo antes de que supiera, por boca de nuestro anfitrión, Francisco Ribes, que Eduardo  estaba viviendo una época terrible: la tuberculosis que por aquellos días hacía estragos, se había llevado a dos de sus hermanas, otra estaba muriendo en un sanatorio de Melilla, su mujer, -se había casado en Madrid al terminar la guerra-, estaba ingresada en Valladolid en una clínica del Aire, sin esperanzas de curación y su hijo, de apenas dos años, acababa de morir en Valencia adonde él había pedido ser trasladado para que un hermano suyo que vivía allí, se hiciera cargo del pequeño.  Me impresionó, naturalmente, como todos aquellos dramas de la posguerra de difícil olvido. Nos veíamos alguna vez, en las reuniones que nuestros amigos organizaban y donde tuve la suerte de conocer a muchas personas importantes. Entre ellas, a alguien del que tal vez oíste hablar en Caracas, pues allí se refugió y allí murió años más tarde. Era un poeta muy amigo y querido por nosotros: Pascual Plà y Beltrán.
Con el tiempo, se produjo un acercamiento amistoso entre Eduardo  y yo. A los dos nos gustaba mucho el teatro –de hecho yo trabajaba en una compañía semi-profesional-, y, a instancias de nuestros amigos creamos un grupo de cámara que tuvo cierto prestigio y que, unido al Premio Valencia de Poesía que me fue concedido en 1954 hizo que mi nombre no fuera desconocido en Valencia.
Y fue precisamente en 1954 cuando Eduardo y yo nos casamos. Su esposa había fallecido unos años antes. Cuando me propuso matrimonio yo puse una condición: que dejara el ejército. Nunca me casaría con un suboficial del ejército franquista. Aceptó, no sólo porque yo así lo quise, sino también porque él nunca se sintió cómodo, pero las circunstancias familiares que te he referido lo obligaron.  Su falta de recursos económicos sólo era comparable con la mía.
El dinero obtenido con mi premio nos permitió un modesto viaje de bodas. A Melilla. Allí estaban los padres de él, viviendo de un modestísimo bar en un lugar llamado El Mantelete, en el puerto, a los pies  de Melilla la Vieja, al lado de la Ensenada de los Piratas. También tenía allí un hermano, y la única hermana que se había salvado de la tuberculosis, casada  con un oficial de aviación.
Allí, en Melilla, Eduardo me habló del capitán Leret. Comprendí inmediatamente  la impresión que su asesinato le había causado. Y supe que no lo había olvidado ni lo iba a olvidar. Se reencontró con algunos antiguos compañeros y el recuerdo de tu padre estuvo presente muchas veces en nuestras conversaciones. Me di cuenta del recuerdo que había dejado en Melilla. Del afecto y admiración que sentían por él –las personas que yo trataba, claro-, y la indignación que suscitaba aún su asesinato. Yo le pedí ir a la Base de Hidros, que por entonces había sufrido ya muchas modificaciones, pero que, aun así, quería conocer. Se negó rotundamente, pese a que estuvimos  varias veces en Nador donde tenía una prima. Me dijo que nunca más pisaría aquel lugar.
En nuestros largos paseos por Melilla, Eduardo me habló muchas veces de lo ocurrido en aquellos días de julio de 1936. Él estaba de permiso en casa de sus padres cuando recibió la orden de presentarse inmediatamente en la Base. Delante mismo del bar de sus padres estaba la comisaría de policía y creo que fue a través de su teléfono que se pusieron en contacto con él desde la Base. Pero él había salido con sus amigos y volvió a casa muy tarde. Sólo entonces supo que le ordenaban volver y muy vagamente la policía le habló de un asalto a la Base. Las noticias eran muy confusas y nadie sabía nada concreto. Tampoco había medios de transporte, debido a la hora. Sin saber qué hacer, se puso en camino hacia Nador, andando. No sé, no recuerdo, cómo llegó hasta allí y, desde allí, creo que con una bicicleta que le prestaron sus familiares, fue hacia la Base. Empezó a ver cadáveres por la carretera, gente que parecía huir, camiones. Estaba aterrado. No sé a qué hora llegó a su destino, a media mañana, creo. El espectáculo era sobrecogedor. No sabía qué había ocurrido en realidad ni quienes habían provocado aquel desastre, ni cómo se había resuelto el problema. Todo era un caos. Al llegar entró en uno de los hangares medio derruido. Allí, caído en un rincón, encontró a un amigo suyo completamente derrumbado, sin fuerzas para levantarse. Era un chico tan joven como él, 20 años. Eduardo le preguntó si estaba herido. El chico negó mientras balbuceaba: “Hemos fusilado al capitán Leret” –le dijo. No lo tengo muy claro, han pasado muchos años y he olvidado cosas, pero creo que el pobre muchacho había sido obligado a formar parte del pelotón de fusilamiento. Le dijo que se habían llevado su cadáver en un camión.
Es todo lo que sé. Lo oí repetir docenas de veces durante años. Puedo haber olvidado algunos detalles, pero lo que sé muy cierto –siempre por medio de mi marido-, es que era la mañana del 18 de julio, sábado, y que el asesinato se había producido al clarear el día. No sabía –o quizá lo olvidé si alguien me lo dijo, que fue a la muerte semidesnudo y con un brazo roto. Lo leí, sí, en el libro de tu madre y me hizo pensar en las muchas veces que yo soñaba con mi hijo durante los 44 días que no supe de él. Afortunadamente, los sueños que yo tenía no se cumplieron, fueron sólo producto de mi desesperación. Por desgracia, en el caso de tu madre fueron una premonición.
El resto de las cosas ocurridas en la Base las conoces mejor que yo. El desconcierto, el horror, el miedo.
El muchacho aquel y mi marido se juramentaron para huir a la zona republicana. No fue posible. Melilla era como una cárcel. Además, aquel pobre chico murió pronto, no sé cómo. Después, Eduardo fue trasladado a Salamanca. Lo único que le hizo más llevadera su situación, dramática y contradictoria, es que nunca entró en combate. Pasó la guerra en oficinas, en armamento.
Como ya te he contado, siempre recordó con cariño y dolor al capitán Leret. Habló de él a sus hijos muchas veces.  En nuestras frecuentes conversaciones evocadoras de toda aquella tragedia, obsesivamente rememorada, afloraba su nombre, como el de tantos que siempre tuvimos presentes, como el de mi hermano, del que ya te he hablado, como el de un tío mío, muerto en 1941 víctima indirecta del franquismo, como el de todos los que perdimos, entre ellos, mis amados poetas Federico, Miguel Hernández, con cuya familia estuve muy vinculada, y tantos, tantos…
Por cierto, en los documentos que me envías aparece un nombre que me ha sobresaltado, el de Lorenzo Asensio Martínez, asesinado también en la Base, poco después que tu padre. Verás: En 1959 mi marido, mi madre –mi padre había muerto ya- , mi hijo, que tenía entonces cuatro años, y yo nos trasladamos a Madrid. Nuestra vida en Valencia iba siendo cada vez más difícil. Pese a mis premios, a mi preparación, a mi buen nombre, me negaron todos los trabajos que podía desempeñar. Estaba considerada “conflictiva”. Sólo una vez. el periódico Las Provincias, me encargó una serie de reportajes sobre Melilla –otra vez Melilla-. Lo hice poniendo en ella todo mi empeño: 20 reportajes hablando de costumbres, mercados, paisajes, o sea que sin mencionar nada que impidiera su publicación. Empezaron a salir a diario. Sé que gustaban, pero, al quinto, me llamaron al despacho del director: Lo sentían mucho, pero…
No sabíamos cómo subsistir. Mis queridos amigos Ribes –con problemas similares a pesar de pertenecer a una importante familia valenciana, incluso con título nobiliario- se encontraban en la misma situación y se vinieron a Madrid, contratado él por una editorial  creo que latinoamericana. Todos nuestros amigos de Madrid nos llamaban, entre ellos nuestro querido  Buero Vallejo. Nos vinimos. Mi marido obtuvo un modesto empleo en la misma editorial que nuestro amigo. Yo conseguí una prueba en un estudio de doblaje de películas. Me contrataron. Poco a poco, empezamos a ver una luz entre tantas sombras. Publiqué libros, artículos, guiones en T.V, hice innumerables traducciones. Adquirí un pequeño, modestísimo nombre, como modesta fue siempre y sigue siendo mi vida. Pero, nada que ver con el pasado.
Eduardo, no sé si casualmente o por indicación de algún amigo, se reencontró con un antiguo compañero de la Base. Melillense como él. Había abandonado también el ejército y tenía una tienda de fotografía y material fotográfico muy cerca del café Gijón. Iba a nacer mi tercer hijo y ese amigo se empeñó en apadrinarlo. Fue en 1965. Yo me opuse. Aquella persona no me gustaba. Era frívolo, sin preocupaciones. No hablaba de la situación que vivíamos, no daba opiniones. Sí recordaba a tu padre con respeto pero, en mi opinión, con una cierta distancia.  Lo mismo que al referirse a todo lo que habíamos vivido, que seguíamos viviendo. Y, ante mis frecuentes y vehementes comentarios,  callaba, sólo sonreía. Le dije a mi marido: “Juan es franquista o poco menos”. “No –me contestó Eduardo-, eso no, pero las cosas le han ido bien y eso hace que algunas personas cambien- y añadió como aportando un argumento absolutamente irrebatible-: Un hermano suyo murió también en el Atalayón-“. El que fue padrino de mi hijo se llamaba Juan Asensio Martínez. Entre los nombres de los fusilados en julio de 1936 hay, según me dices, un Lorenzo Asensio Martínez. ¿Sería su hermano?
En cuanto a su pensamiento político, si es que lo tenía, si no franquista, por lo menos  era tolerante con el franquismo.  No me equivoqué.
Me he extendido demasiado. Discúlpame. Quizá te he contado cosas que no te interesen ni añadan nada a lo que esperas que te diga. Sólo te servirán para tener una idea de mi charlatanería. Estoy escribiendo una especie de memorias y eso hace que las palabras se me enreden como las cerezas. He visto tantas cosas ya…  No sé si te dije que, a hombros de mi padre, vi en las Ramblas Barcelona,  la proclamación de la República. Todo un privilegio del que pocos ya  pueden presumir.
   En cuanto a las anécdotas que me piden, ahí van las que recuerdo:
El capitán Leret nunca tuteaba a los soldados. Los trataba con un respeto poco usual en el ejército.
Gracias a él, la mesas del comedor de los soldados, estaban cubiertas con manteles. No sé si serían de tela o de hule, pero su aspecto era curioso,  ocultaba la madera tosca de que estaban hechas y les daba una cierta calidez. También disponían de servilletas, cosa insólita  en el ejército.
Una vez, un muchacho protestó por la comida. El cabo que ese día estaba encargado de servir y hacer guardar el orden en la mesa, lo mandó callar, sin duda más por miedo que para quitarle la razón. Acudió, creo,  un sargento con ínfulas de jefe, bien dispuesto para el grito y posiblemente para algo más. El chico que protestaba no se arredró. Hasta la mesa de oficiales –no sé si separada sólo o situada en otro comedor contiguo- llegó la trifulca. El capitán Leret llamó al sargento y le preguntó qué pasaba. Al saber la causa de la protesta, el capitán quiso probar la comida del soldado. “Es la misma que come usted, mi capitán” –arguyó el sargento-. “No importa, quiero probar la de su plato. Tráigamelo”. Algo cortado, el sargento llamó al chico y le ordenó que trajera su plato. En efecto, la comida, aparentemente era la misma, pero, al probarla, el capitán ordenó retirar inmediatamente todos los plato servidos a la tropa y mandó servir patatas fritas y huevos. La comida podía tener los mismos ingredientes pero no hay duda de que el sabor debía ser muy otro.
Otro día, unos chicos recién llegados a la Base cometieron alguna falta y fueron castigados –era domingo- a no ir a la ciudad y a quedarse a barrer los hangares. Resignados, emprendieron la tarea. De pronto, apareció en la puerta alguien a quien creyeron un soldado más. Vestía un mono blanco, quizá como el de ellos, no sé. Uno de los chicos tiró la escoba diciendo: “Pues yo, si este no barre, tampoco pienso hacerlo”. El recién llegado, sin abrir la boca, cogió una escoba y empezó a barrer. Estaban en plena faena cuando apareció un sargento, un cabo o un veterano no sé. Se llevó las manos a la cabeza. “Pero…¿qué hace, mi capitán?” Sólo entonces los castigados supieron el rango del espontáneo barrendero: era el capitán Leret.
Otra vez pasó algo parecido. Iban varios camiones en fila, no sé adónde ni por qué. El terrero era abrupto, había llovido y el camión que iba delante se atascó. Se pararon todos los camiones y los hombres bajaron. Hubo un momento de desconcierto al no poder poner en marcha al camión causante del problema. “¿Qué hacemos?” –preguntó uno de los soldados. “Esto” contestó el capitán Leret empujando con el hombro la parte trasera del camión. Inmediatamente los demás siguieron el ejemplo y entre todos salieron del apuro. El capitán, en ningún momento abandonó su puesto detrás del camión.
     Es cuanto sé. Lo que mi marido contaba, más o menos con estas mismas palabras. Tal vez olvido algo. No sé. Han pasado casi sesenta años desde que se lo oí contar. Y tal vez olvido cosas, pero lo que te cuento es exacto. Lo oí docenas de veces. Yo no sé los demás, amiga, pero Eduardo llevó siempre a tu padre en su recuerdo y, estoy segura, en su corazón.
    PD: Resulta difícil poner una post data a un texto así, proporcionado por Carlota Leret.  Carlota ha removido cielo y tierra y no ha conseguido un solo papel sobre el juicio y causa seguida contra su padre. De la inexistencia podemos deducir dos cosas, una que fue ejecutado sin juicio, y segundo que la verdad sigue siendo ocultada. Virgilio Leret fue el primer defensor de La República, el primero que hizo frente a los sublevados. Fue asesinado en la mañana del día 18, y nadie quiso con posterioridad, rehacer por escrito, la farsa de un juicio que nunca llegó a celebrarse.

Extremadura dignifica la figura de los 1.500 presos republicanos que construyeron el Canal de Montijo.

http://www.eldiario.es/eldiarioex/sociedad/Extremadura-republicanos-construyeron-Canal-Montijo_0_602990725.html



El Asamblea aprueba una propuesta del PSOE que insta al Gobierno y a la Confederación del Guadiana a que señalicen y coloquen una placa en recuerdo a las víctimas
La propuesta ha contado con el respaldo de Podemos, mientras que PP se ha abstenido y C’s no acudió a la comisión parlamentaria
Los barracones del canal de los presos siguen a la espera de ser declarados Bien de Interés Cultural
Canal de Montijo / CHG
Canal de Montijo / CHG
Las ‘colonias penitenciarias’ son el eufemismo usado para ocultar al campo de concentración de trabajos forzosos que mantuvo en Montijo y otras dos localidades a a 1.500 presos republicanos cautivos. Obligados a construir parte del actual canal de Montijo y la presa que lleva el mismo nombre.
Hoy día una placa sigue recordado la inauguración de esta obra hidráulica a manos del dictador Francisco Franco. Una obra de gran magnitud que sometió a los presos a un régimen de semi-esclavitud, con duras condiciones de vida en unos barracones que hoy apenas siguen en pie.
Ahora la Asamblea de Extremadura dignifica la figura de las víctimas que la dictadura sometió en uno de los seis campos de trabajo que montó a lo largo del estado español. Se trata de una propuesta del PSOE aprobada en comisión parlamentaria con el respaldo de Podemos (PP se abstuvo y Ciudadanos no acudió a la comisión).
La propuesta de los socialistas insta al Gobierno de España, y en particular a la Confederación Hidrográfica del Guadiana y al Ministerio de Agricultura, a que  señalicen y coloquen en el canal de Montijo una placa o monolito que dignifique la memoria de los casi 1.500 ciudadanos que trabajaron en la colonia penitenciaria. Los socialistas han cogido el guante a la petición de la asociación de memoria histórica, que desde 2010 reclamaba medidas en defensa de las colonias.

Los pabellones de presos

Las colonias albergan el único testigo inmueble de un campo de prisioneros de la posguerra con alguna edificación aún en pie, y uno de los pocos recintos de este tipo conservados en todo el estado español.
Estado actual de uno de los edificios de la colonia / ARMHEx
Estado actual de uno de los edificios de la colonia penitenciaria / ARMHEx
El pleno de la Asamblea de Extremadura ya aprobó meses atrás una propuesta de impulso de Podemos que insta a la Junta a declarar como Bien de Interés Cultural, en la categoría de Sitio Histórico, los restos y el paraje natural donde se ubicaban las colonias penitenciarias franquistas de Montijo. La propuesta salió adelante con el apoyo de socialistas y la abstención de PP y C’s.
Tanto PSOE como Podemos coinciden en la necesidad de que el recinto sea protegido cuanto antes a causa de su avanzado estado de deterioro. Algunos de los barracones ya no se conservan, por lo que se hace urgente la protección del paraje y de las construcciones.

Verdad, justicia y memoria

El diputado del PSOE Fernando Ayala defendió en la comisión parlamentaria que la memoria necesita para expresarse de unos soportes externos, de unas marcas tangibles. De unos lugares de memoria. “Es en estos lugares donde la memoria se fija, lugares llenos de contenido cuya misión es bloquear la acción del olvido”.
En este caso, en una obra faraónica que como en otros casos esconde la presencia de “mano de obra esclava, con trabajadores forzados, con presos políticos”. “Detenidos en contra de si voluntad, vivían una existencia desarraigada, lejos de sus habituales lugares de residencia y en condiciones infrahumanas”.
Ante esto recuerda que la Ley de Memoria Histórica recoge medidas para que la democracia española honre y recuerde las injusticias y agravios sufridos por unos u otros motivos políticos o ideológicos. Es decir que lo que se hace es hacer cumplir la ley.
A su juicio es una obligación el reconocimiento público de las personas que fueron objeto de la represión y obligadas a realizar trabajos civiles en duras condiciones de "precariedad y de sufrimiento".

Una ley extremeña de memoria democrática

El diputado socialista también apuntó al deseo de su partido de aprobar una ley regional de memoria democrática que lleve a la práctica los principios que promueve la Ley de Memoria Histórica. Una medida que resulta necesaria si se analizan casos como el de Conchita Viera, que ejemplifica el vacío al que se enfrentan algunos familiares a la hora de aplicar la Ley de Memoria Histórica.
Esta mujer octogenaria nunca ha logrado que la propietaria de una finca de secano sin cultivar le diera permiso para desenterrar la fosa en la que yacen los cuerpos de su padre y otras 11 personas. Su padre, alcalde republicano socialista de Valencia de Alcántara, fue asesinado por los franquistas y arrojado a una mina.
Su caso ya ha sonado en varias ocasiones en la Parlamento regional porque Conchita llegó a conseguir una subvención de 40.000 euros por parte del Gobierno Zapatero para exhumar los restos de la mina. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura reclamó a la Junta que iniciara el expediente de ocupación forzosa temporal, como marca la ley. Pero el  Ejecutivo de Monago nunca respondió a la reclamación de expropiación. Esta mujer se vio obligada a devolver la subvención.

¿Qué dice el PP?

El Partido Popular se abstuvo de la propuesta de la señalización y homenaje a las víctimas y familiares de las colonias de Montijo bajo el argumento de que la propuesta también reclama un cambio de denominación de la infraestructura hidráulica.
Es decir, que pase a llamarse la obra ‘Canal de los presos’, en sustitución de ‘Canal de Montijo’. Una medida que según la diputada popular Trinidad Nogales acarrea “otros elementos que no son tan sencillos”, como cambios en la cartografía.
Presa de Montijo
Presa de Montijo
Argumentó que sí están a favor de la señalización del lugar y recordó que su partido ha mostrado en el pleno de la Cámara autonómica su “respeto absoluto” a la Ley de Memoria Histórica, del reconocimiento de las víctimas.
Precisamente el Partido Popular apoyó las proposiciones de PSOE y Podemos en condenan a la exaltación del franquismo por cargos públicos, como la que hizo el diputado regional del PP Juan Antonio Morales, que acudió a una cena de la fundación Francisco Franco para recoger su reconocimiento como 'caballero de honor', en compañía del alcalde de Guadiana del Caudillo y diputado provincial Antonio Pozo.

Podemos, con las víctimas 

La propuesta sí contó con el apoyo de Podemos, que coincidió con los socialistas en la necesidad de dignificar la figura de las víctimas de la dictadura militar. Sobre todo en un momento en el que “en las instituciones se encuentran personas que no aceptan que el franquismo fue una etapa horrorosa”, en alusión al diputado del PP Juan Antonio Morales.
El diputado de la formación morada Daniel Hierro aplaudió la medida, aunque advirtió que llega tarde si se tiene en cuenta que la propuesta de las colonias penitenciarias es una reclamación que viene haciendo la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica en Extremadura desde 2010.
Insistió al mismo tiempo en la urgencia de la proteger los barracones que aún siguen en pie en Montijo. Para Podemos deben ser un espacio de la memoria democrática, al igual que en Alemania se lleva a los escolares a visitar los campos de concentración.
En este sentido el diputado socialista aclaró que la naturaleza de la propuesta de este miércoles es la de rehabilitar la memoria de las víctimas como un monolito. En cuanto a la protección de los restos, informó de que el Grupo Parlamentario Socialista ha hecho una consulta a la Dirección General de Patrimonio “y la respuesta es que de momento no hay nada, a la espera de tener una respuesta afirmativa cuanto antes porque se están deteriorando a pasos agigantados”.

Historia de la represión franquista

Las colonias de Montijo fueron uno de los escenarios donde se obligó a los republicanos a construir canales y presas, en este caso en el Guadiana. Aunque también hubo campos en las cuencas del Tajo, Guadalquivir, Alberche y Jarama. Casi un 20% fueron presos extremeños, un 29,5% andaluces y un 12,4% catalanes, entre otras procedencias, los cuales participaron en la construcción de una parte del Canal de Montijo y de una parte de la presa del mismo nombre.
Para la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura es una obligación legal y democrática el reconocimiento de este espacio, que hacinó a miles de personas bajo las órdenes de la dictadura militar. “Un lugar donde las personas que fueron objeto de la represión y obligadas a realizar trabajos civiles en condiciones de precariedad y sufrimiento".
“Los testimonios directos recogidos por las investigaciones historiográficas, hablan de cientos de personas que malvivían amontonadas en barracones. A las duras condiciones de las instalaciones y a la falta de higiene en general hay que sumar los problemas de suministro de alimentos derivados de las estrategias corruptas de los dirigentes de este tipo de centros, de manera que los reclusos terminaban recibiendo una alimentación muy deficitaria en cuanto a cantidad y calidad. Esta situación conllevó la proliferación de enfermedades relacionadas con el aparato digestivo”.
La colonia contaba con varios centros de trabajo repartidos a lo largo de todo el canal: por un lado, el campamento principal con sede en Montijo y, por otro, varios pabellones como el de Lácara (frente a Torremayor) o el de la Garrovilla. El campamento principal se construyó a las afueras de Montijo.

Homenaje a Marcos Ana en Aravaca.



ACTO HOMENAJE A MARCOS ANA  

ACROLA
CC Rosa Luxemburgo
calle Rosa Luxwmburso s/n
Aravaca - Madrid

Domingo 22 de enero, 18,30h



¿Por qué Carrero Blanco es víctima y un represaliado del franquismo no?

https://radiorecuperandomemoria.com/2017/01/19/por-que-carrero-blanco-es-victima-y-un-represaliado-del-franquismo-no/



carrero-y-franco
Ya todos sabéis que a Cassandra, estudiante de Historia de 21 años, la Fiscalía le pide dos años y medio de cárcel, tres de libertad vigilada y ocho y medio de inhabilitación absoluta por hacer chistes sobre Carrero Blanco, tras una denuncia de la Guardia Civil en abril 2016. La hemos entrevistado en el último programa de Recuperando Memoria (que puedes escuchar abajo de este post).
Hoy salió una carta en EL PAÍS de la nieta de Carrero Blanco, titulada “Enaltecimiento del mal gusto” en el que aunque le repugna “tratar de hacer humor con el asesinato de nadie” , le preocupa que los tweets de Cassandra puedan ser considerados “un crimen” y le parece “un absoluto disparate” que se le acuse.
Luis Carrero Blanco es considerado víctima del terrorismo por parte de las instituciones. Incluso el ayuntamiento de Madrid con Ana Botella al frente le quiso poner una placa al presidente del Gobierno franquista.
¿Pero quién es Luis Carrero Blanco?
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Luis Carrero Blanco  (Santoña, 4 de marzo de 1904-Madrid, 20 de diciembre de 1973) fue un militar y político español. Desarrolló su carrera militar en la Marina, en la que llegó al rango de almirante.
Al iniciarse la Guerra Civil Española era profesor de táctica submarina en la Escuela de Guerra Naval de Madrid. Se refugió en las embajadas de México y Francia, hasta que consiguió pasar a Francia, para, posteriormente entrar en julio de 1937 en la zona sublevada. Con el grado de Capitán de Corbeta fue situado al mando del destructor Huesca y,  posteriormente, del submarino General Sanjurjo. En octubre de 1938 dejó el mando del submarino y embarcó en el Canarias como Jefe de Estado Mayor de la división de cruceros, función que desempeñó hasta el final de la guerra.
En agosto de 1939 pasó a ser jefe de Operaciones del Estado Mayor de la Armada. Carrero, que había conocido a Pedro Gamero del Castillo en 1938, fue nombrado gracias al apoyo de este consejero nacional de FET de las JONS en septiembre de 1939.
Durante la II Guerra Mundial y tras la retirada de Serrano Suñer de la primera línea política, Carrero Blanco se convirtió en el principal aliado de Franco.Fue nombrado subsecretario (1941), ministro de la Presidencia (1951) y vicepresidente (1967). En junio de 1973 fue nombrado Presidente del Gobierno.
Carrero era un fiel seguidor del franquismo. Consideraba enemigos a los mismos que consideraba Franco: los masones, los liberales y como no, “los rojos”. Carrero no quería cambios en la estructura política franquista tras la muerte de Franco.  Durante su época como vicepresidente fundó el SECED, los servicios secretos del franquismo (lo que hoy es el CNI).
El 20 de diciembre de 1973 una bomba de ETA acabó con la vida de Carrero. Y ya sólo por eso es considerado víctima del franquismo, sin ningún contexto histórico, sin  reflexión sobre su papel en el franquismo.
Carrero Blanco, como buen fiel al franquismo, era partidario de la represión contra el movimiento obrero y estudiantil, contra cualquier lucha antifranquista, a los que consideraba todos unos “subversivos”. Carrero Blanco no es una víctima de ETA más, fue el presidente del Gobierno de una dictadura que durante cuarenta años asesinó, torturó, encarceló a la oposición política, etc.  A Carrero Blanco le amapara una ley de protección de víctimas del terrorismo (9 Ley 29/2011, de 22 de septiembre, de Reconocimiento y Protección Integral a las Víctimas del Terrorismo.) mientras que a las víctimas del franquismo no tienen ninguna protección legal  (la Ley de Memoria Histórica se quedo muy corta en las pretensiones de las asociaciones y ahora mismo está derogada de facto porque no tiene financiación)
Carrero Blanco no merece homenaje de ningún tipo en una democracia que se quiera llamar así. Y mucho menos cuando hay cientos de miles de fusilados republicanos en las cunetas sin  tener justicia, sin que se investiguen sus muertes, sin siquiera se reconoce lo que allí pasó. Y mucho menos cuando los torturados por el franquismo se tiene que ir al extranjero para que se juzguen los crímenes del franquismo.
No, un dictador como Carrero Blanco no puede ser considerado víctimas del terrorismo mientras las víctimas del franquismo sufren la impunidad por parte del Gobierno. Y también muchos insultos. Como los de Rafael Hernando, portavoz del PP que llegó a decir que las víctimas del franquismo sólo se movían cuando había subvenciones ¿Donde está ahí denunciando la Guardia Civil? ¿Donde está ahí la Fiscalía actuando? Porque eso no fue un chiste, no fue humor, fue una aberrante humillación.
Por Pablo Alcántara @pablodevilla17

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