Blog d'en Jordi Grau i Gatell d'informació sobre les atrocitats del Franquisme.....
"Las voces y las imágenes del pasado se unen con las del presente para impedir el olvido. Pero estas voces e imágenes también sirven para recordar la cobardía de los que nada hicieron cuando se cometieron crímenes atroces, los que permitieron la impunidad de los culpables y los que, ahora, continúan indiferentes ante el desamparo de las víctimas" (Baltasar Garzón).
Amicale Mathausen recopila en una web las identidades y las historias del millar largo de republicanos de Huesca, Zaragoza y Teruel que fueron deportados a los campos de concentración hitlerianos tras exiliarse en Francia
Liberación del campo de concentración de Mauthausen en 1945. DONALD R. ORNITZ
Los republicanos aragoneses sufrieron especialmente la saña represora del nazismo: más de un millar de los alrededor de 9.000 españoles que fueron deportados a Mathausen, principalmente, y a otros campos de concentración eran originarios de lo que hoy es esta comunidad; y, de los 5.000 que fallecieron en esos siniestros recintos antes de su liberación en 1945, un total de 651 tenían sus raíces en Huesca, Teruel o Zaragoza.
Amical Mathausen la asociación que desde 1962 aglutina a las víctimas españolas de los campos de concentración nazis y a sus familiares, ha recogido sus 1.015 identidades y las historias de 61 de ellos en la web Aragoneses Deportados, una base de datos que supone un “compromiso con la memoria de la deportación republicana” y que seguirá creciendo con más información.
La web es un epílogo en vivo de la investigación que Juan Calvo plasmó en “Itinerarios e identidades. Republicanos aragoneses deportados a los campos nazis”, el último de los libros que el Gobierno de Aragón publicó en 2011 dentro del programa Amarga Memoria antes de que el Gobierno PP-Par de Luisa Fernanda Rudi lo cortocircuitara y dejara sin fondos.
“La web sale de la publicación del libro, en el que quedó mucha información por plasmar, y la investigación ha seguido creciendo”, explica Calvo, natural de Ejulve (Teruel) y miembro de Amical desde 2005, que recuerda cómo entre el volumen escrito y la versión virtual se han añadido seis deportados más a la lista y se han ido completando las biografías de otros hasta superar las seis decenas.
“Creíamos que sería interesante dar a conocer los datos básicos de los deportados”, anota, por lo que el año pasado la asociación se presentó al concurso de subvenciones del Gobierno de Aragón para proyectos de memoria democrática, cuyos fondos han permitido materializar el proyecto.
Un habitante de cada 25, un deportado de cada nueve
La presencia de aragoneses entre las víctimas del nazismo estuvo cerca de triplicar el peso demográfico que sus tres provincias tenían en la España de los años 30: apenas sumaban uno de los 24 millones de habitantes del país al comienzo de la guerra civil, pero de ellas salieron uno de cada nueve deportados.
Varios factores explican la elevada presencia de aragoneses en el sur de Francia al acabar la guerra civil. “La mayor parte de ellos eran residentes del Aragón republicano –explica Calvo- que habían cruzado los Pirineos tras episodios como La Bolsa de Bielsa, y a ellos se les sumaron los que llegaron en el invierno de 1939, después de la batalla del Ebro y la retirada de Catalunya”, destino principal de la emigración local en las décadas anteriores.
Un tercer bloque, más escaso, lo componen quienes habían emigrado al país vecino en las primeras dos décadas del siglo XX por motivos económicos y que, tras la invasión alemana, serían deportados como miembros de la Resistencia francesa a la ocupación nazi y el Gobierno colaboracionista de Vichy.
Unos y otros, exiliados de la guerra y emigrantes afincados en Francia, pasarían por Mathausen y otros campos de concentración nazis por dos itinerarios.
El campo de concentración de Mauthausen.- AFP
Prisioneros de guerra, refugiados, apátridas y resistentes
Tras pasar inicialmente por campos de refugiados como Saint-Cyprien, Argelès-sur mer o Gurs, el Gobierno francés comenzó a mediados de 1939 a organizar compañías de trabajadores extranjeros que adscribía a unidades militares y que se ocupaban de trabajos de infraestructuras, como la construcción de las defensas de la Línea Maginot.
Presos trabajan en el campo de concentración de Mauthausen
Tras la invasión alemana, miles de ellos fueron capturados por los nazis y recluidos en campos de prisioneros. Sin embargo, el armisticio que el Gobierno de Petàin firmó con Hitler dejó a los republicanos españoles, al no reconocerlos como soldados, en un limbo jurídico que acabaría costándole la vida a miles de ellos: la Gestapo, tras ser declarados “enemigos del régimen” por los alemanes, comenzó a detenerlos por centenares en los mismos campos de prisioneros y a trasladarlos a Mathausen, al que llegaron alrededor de 7.000 entre 1940 y 1941.
“Eran civiles, pero no había ningún Estado que se hiciera cargo de ellos”, indica Calvo. Mientras el franquismo se desentendía de ellos, Alemania los declaraba apátridas y los enviaba a los campos de exterminio, donde eran marcados con el triángulo azul.
Los resistentes, entre los que había unos 2.000 españoles, comenzaron a llegar a los campos, primero a algunos como Buchenwald o Dachau y desde allí a Mathausen, a partir de 1941 desde las cárceles francesas en las que eran inicialmente recluidos. Su marca era el triángulo rojo de los civiles considerados presos políticos.
“Es fundamental no olvidar la barbarie del nazismo"
“Es fundamental recordar a los aragoneses asesinados en los campos de concentración como Mauthausen para que no se olvide la barbarie que supuso el nazismo y el fascismo en nuestro continente”
Las duras condiciones de supervivencia en los campos y las acciones de exterminio de los nazis acabaron con la vida de más de 5.000 de esos 9.000 deportados españoles. Casi uno de cada ocho eran aragoneses, de nuevo un peso superior al demográfico por la intensidad que el exilio tuvo en lo que hoy es esta comunidad. La web, que incluye referencias actos memorialistas sobre la deportación, enlaces a webs vinculadas a la materia y referencia a otras víctimas de los campos, contiene un buscador que permite rastrear las identidades de los deportados por varios criterios.
“Miles de aragoneses como los que se presentan en la base de datos de Amical Mauthausen tuvieron que huir de nuestra región por la guerra y la dictadura franquista” ”, indicó el director general de Relaciones Institucionales y Desarrollo Estatutario del Gobierno de Aragón Embid. Que anotó que “los aragoneses no podemos por tanto olvidarnos de aquellos que huyen de otras guerras y buscar refugio en nuestra tierra.
“Es fundamental recordar a los aragoneses asesinados en los campos de concentración como Mauthausen para que no se olvide la barbarie que supuso el nazismo y el fascismo en nuestro continente”, añadió.
El historiador Vicent Gabarda en el cementerio de Paterna.MIGUEL ÁNGEL POLO
El historiador Vicent Gabarda (Paterna, 1959) es un experto sobre la represión franquista en la Comunidad Valenciana. Fundador de la Comissió de la Veritat del País Valenciano, es autor de La represión franquista en el País Valenciano, 1938-1956, La represión en la retaguardia republicana del País Valenciano, 1936-1939, y Els afusellaments al País Valencià (1938-1956). Su investigación está siendo clave para los arqueólogos que trabajan en la apertura de las fosas comunes de Paterna, en las que ya se han exhumado 250 cuerpos fusilados durante el franquismo.
El escritor publicará este otoño un nuevo trabajo prologado por el historiador británico Paul Preston, sobre la represión en ambos bandos durante la guerra y la posguerra. Gabarda descubrió en 1985, tras una investigación, que en Paterna, se habían fusilado tras la guerra a 2.238 personas ante un muro de 100 metros de longitud por 10 de alto pegado al cementerio, conocido como el paredón de España. “Las primeras veces utilizaron camiones para transportar los cadáveres a las fosas, pero la protesta de las autoridades locales por el escándalo que supuso el reguero de sangre, provocó el cambio de trayecto hasta el cementerio, creando un acceso directo a través de los campos de garroferos”, asegura.
Pregunta. ¿Cómo se explica el silencio de Paterna, teniendo en cuenta que las ejecuciones se prolongaron hasta 1956?
Respuesta. Hay varias razones. Paterna ya tuvo durante la Guerra Civil la leyenda negra de ser el punto de ejecución de muchos valencianos acusados de fachas. A los paterneros les tocaba coger su carro, cargar los cadáveres y llevarlos al cementerio de Valencia a través de la huerta. Después de la guerra les tocó hacer las fosas comunes franquistas. Era gente que trabajaba como albañil. Además, lo que hoy es puede ser un orgullo, en esa etapa era una vergüenza para toda la familia, que era hostigada y perseguida. Por eso, olvidar fue el objetivo. Los padres querían librar a sus hijos del sufrimiento que habían padecido. Por otra parte, los cuarteles le han dado mucha vida a Paterna. Mucha gente comía de ellos. A hora del paseo, el pueblo se teñía de verde porque los soldados hacían su gasto. Supongo que tenían su carga de dolor, pero lo obviaban. Todo era cosa de los militares, algo que pasaba molt lluny [muy lejos].
"Franco creo la causa general, una investigación exhaustiva sobre las víctimas del bando franquista para convertirlos en héroes"
P. Usted conoció lo ocurrido cuando hizo su tesis.
R. Así es. La investigación fue un accidente. Iba a hacer la tesis sobre la historia económica de Paterna. Partí de una fecha, 1940. Fui al Ayuntamiento a ver quién eran los tres o cuatro vecinos que decían que habían muerto durante la guerra. Mi asombro fue en aumento cuando vi la realidad, que hubo 2.238 ejecutados.
P. ¿Qué es lo primero que descubre?
R. Las listas de los fusilados en el registro civil. En esas fechas un compañero me comentó que personas de su pueblo, Liria, habían sido fusilados en Paterna. Nunca había oído hablar de fusilados en el pueblo y menos en ese aspecto. En el registro de Paterna se puede ver que la sección de defunciones tiene más de 30 volúmenes mientras que la sección de nacimientos y matrimonios de ese mismo periodo de tiempo, del 39 al 56 tiene tres volúmenes. Y ves que los libros, casi el 90% están dedicados a la inscripción de los ejecutados. Que constan así, ejecutados por sentencia de pena de muerte. Agrupados por sacas, cada día el secretario de los juzgados anotaba todos los datos.
P. Todo registrado.
R. Sí. En el cuartel de Paterna me dijeron que había estadillos con el número de balas utilizadas cada día en las ejecuciones, con el nombre de los ejecutados, con el de los ejecutores y el del oficial que mandaba el pelotón. La inscripción era el último proceso en un procedimiento militar. Por eso sabemos que los ejecutados son todos. Más difícil es saber dónde fueron enterrados.
P. ¿Por qué en Valencia hubo tantas ejecuciones después de la guerra?
"Constan así, ejecutados por sentencia de pena de muerte"
R. Casi las mismas que en Cataluña. Porque la gente no pudo salir de aquí hacia el extranjero. Muchos refugiados que fueron fusilados aquí. También es importante el hecho de que había sido capital de la República y que a muchos cargos públicos los juzgaron aquí. Es el caso del cenetista catalán Joan Peiró, ministro de Industria durante el mandato de Largo Caballero, detenido por los nazis en Francia, junto a Companys [Lluis], y ejecutado en el paredón de Paterna el 24 de julio de 1942, a pesar de las numerosas peticiones de falangistas para liberarlo. Peiró rechazó y criticó los incendios contra la iglesia y los fusilamientos de religiosos en los primeros días de la guerra. Salvó muchas vidas, objetos y edificios.
P. ¿Qué otros ejecutados hubo en Paterna tras la guerra?
R. El 24 de mayo de 1941 fue fusilado el rector de la Universidad de Valencia, el catedrático de medicina, Joan Peset Aleixandre. Un gran investigador que padeció dos consejos de guerra. Como presidente de Izquierda Republicana [partido fundado por Manuel Azaña] de Valencia, fue diputado en el Congreso. Toribio Martínez Cabrera, Jefe del Estado Mayor, fue ejecutado en junio de 1939 en el paredón.
P. ¿Qué opina sobre la propuesta de anular los juicios franquistas?
R. Legalmente, fueron ilegales. Pero es muy difícil dignificar a todas las víctimas, la de uno y otro bando, porque en los dos se cometieron actos injustificables. Por eso es muy complicado que se apruebe la anulación de los juicios. Porque no todas las víctimas fueron inocentes.
P. La derecha suele decir que la memoria histórica no es patrimonio de la izquierda.
R. Es cierto, pero tienen poca memoria. El franquismo ya recuperó su memoria histórica tras la Guerra Civil. Franco creo la causa general, una investigación exhaustiva sobre las víctimas del bando franquista para convertirlos en héroes. Los caídos por el terror rojo se convirtieron en los caídos por Dios y por España. Se dignificó a los muertos y se ayudó económicamente a sus familias. En todos los Ayuntamientos se buscaron las fosas comunes que se hicieron durante la guerra, se exhumaron los cuerpos y se entregaron a los familiares para que los enterraran.
P. ¿Quiere decir que la dictadura ya lo hizo?
R. Correcto. Le voy a decir una cosa, la ley de Zapatero no impedía a los fascistas recuperar su memoria. Lo que pasó es que no hubo ninguna petición para abrir ninguna fosa porque ya lo habían hecho tras la guerra. Esa es la diferencia.
P. ¿Está de acuerdo con la exhumación del dictador?
R. Por supuesto. Hace tiempo que se tenía que haber hecho. Ni Franco ni José Antonio. No son faraones. Y si su familia no se quiere hacer cargo pues es su problema. Sí que haría un lugar para la memoria real, que cuente lo que pasó en España y al que pueda acceder todo el mundo.
P. Tiene ya listo un nuevo libro sobre la represión en los dos bandos durante la guerra y la posguerra en el País Valenciano
R. Durante la guerra, en Valencia, la represión fue republicana, y en la posguerra, franquista. Muertes que se produjeron a partes iguales en los dos bandos. Más de 14.000 víctimas. El libro cuenta la similitud que hubo entre unos y otros al margen de su ideología. El dolor y el sufrimiento de las familias fue el mismo. Con una única diferencia, unos fueron tratados de héroes caídos, y otros, sepultados y olvidados.
COMIENZAN LOS TRABAJOS EN LAS FOSAS "EL MONUMENTO y ANTIGUA” DEL CEMENTERIO DE SEVILLA.
La oficina de atención a la víctimas del franquismo informa de que el pasado jueves, por la mañana, se firmó el contrato con la empresa TCA GEOMATICA al objeto de ejecutar los trabajos de "Búsqueda, indagación, localización y delimitación de dos fosas: Monumento y Antigua".
Los trabajos se iniciarán la próxima semana y tienen como duración máxima dos meses.
En breve se os comunicará, al igual que a los familiares, la fecha y hora para la explicación de los trabajos que vamos acometer. Así mismo, se os facilitará el enlace a la página web de la Oficina de la Memoria Histórica del Ayuntamiento de Sevilla en el que se publicarán:
1) Horarios y calendarios de las Jornadas de Puertas Abiertas Semanales en el que se dará cuenta de los avances realizados.
2) Nota informativa semanal de la marcha de los trabajos.
OFICINA DE LA MEMORIA HISTÓRICA DEL AYUNTAMIENTO DE SEVILLA
Projecto sobre resistência às ditaduras ibéricas e solidariedade na fronteira escavou casa bombardeada na aldeia de Cambedo, em Chaves, em 1946. Essas ruínas e pelo menos dois esconderijos de guerrilheiros farão parte de um novo percurso pedestre
Licínio Inocentes vai à frente. Salta como um cabrito, apesar dos seus 68 anos. Abre caminho entre arbustos – giesta, carqueja, tojo, urze. Subindo a encosta, filões de quartzo entre maciços de granito. Lá em cima, numa sobreposição de pedras, escondiam-se guerrilheiros antifranquistas.
Os arqueólogos que o seguem marcam as coordenadas do esconderijo, que há-de fazer parte de uma rota pedestre com pontos relacionados com a guerrilha. Pelo menos um outro esconderijo terá igual destino, garantirá um dirigente da Associação Cultural de Vilarelho da Raia, Carlos Silva, sempre animado com a ideia de valorizar o passado recente. "Já tem financiamento aprovado", dirá.
O ponto que estão a marcar corresponde ao Lugar das Chóias, na Serra do Mourico, na freguesia de Vilarelho da Raia, no concelho de Chaves, nos confins de Trás-os-Montes. Para um lado, fica a aldeia de Cambedo, Portugal. Para outro, a aldeia d’As Casas dos Montes, Espanha.
“Vir com o senhor Licínio é ter outra forma de olhar para a paisagem”, elogia Rui Gomes Coelho, um dos directores do projecto de arqueologia sobre a resistência às ditaduras ibéricas e a solidariedade na fronteira entre a Galiza e Trás-os-Montes. “Ele reconhece os lugares, sabe o que estava aqui, o que estava ali, reconhece a fronteira.”
Por aqui, em meados do século XIX ainda não estava claro onde começava (ou acabava) Portugal ou Espanha. A linha invisível atravessava terrenos, ruas e casas nas aldeias de Soutelinho da Raia, Cambedo e Lamadarcos, os chamados “pobos promíscuos”. Diz-se que se podia entrar numa casa por uma porta que ficava em Espanha e sair por outra que ficava em Portugal.
Só no dia 29 de Setembro de 1864 se fixaram as fronteiras vigentes. E isso não pôs fim ao vaivém. Persistiram as trocas, as romarias, os amores. “A maior parte das pessoas fazia a mesma vida”, encolhe-se Licínio Inocentes. Era quase como agora que não há fronteira e ele vai ao outro lado comprar presunto, só que isso seria contrabando. “Aquilo só apareceu no papel. A maior parte das pessoas nem sabia ler!”
Manteve-se uma rede social pronta para ser activada em caso de necessidade. E isso viu-se quando eclodiu a guerra civil espanhola, em 1936.
Perseguições e torturas
A aldeia, que se avista desta serra, tornou-se num ponto de apoio ou de passagem de um número indeterminado de “fuxidos”. Muitos só queriam embarcar para a América do Sul. Os que tinham menos meios, sobretudo os oriundos das aldeias fronteiriças, tendiam a abrigar-se perto.
O fim da guerra civil – que opunha os republicanos, progressistas, aliados aos anarquistas e aos comunistas, e os nacionalistas, apoiados por grupos conservadores, incluindo os falangistas, liderados pelo general Francisco Franco – não foi o fim das perseguições, das torturas, dos fuzilamentos. E nos montes multiplicaram-se as “partidas”, isto é, os grupos que procuravam resistir.
A explorar um dos seus velhos esconderijos encontra-se agora Rui Gomes Coelho, que está a fazer pós-doutoramento na Rutgers University, nos Estados Unidos. E Márcia Hattoori, que tem estudado a ditadura militar no Brasil. E Carlos Otero, especialista em métodos de detecção geofísica. Lá em baixo, na aldeia, ficou Xurxo Ayán Vila, arqueólogo galego que dirige o projecto de arqueologia comunitária do Castro de San Lorenzo, em Monforte de Lemos, em Lugo, Espanha. E o luso-espanhol Rodrigo Paulos, ainda a dar os primeiros passos no estudo das culturas e dos modos de vida de outrora. Chegaram no dia 12 de Agosto decididos a ficar até ao dia 19.
“Está ali um murozito”, aponta Licínio Inocentes. “Era onde um homem do Cambedo lhes vinha fazer a barba.” Conheceu-o bem. “Ele faleceu há dois anos. Dizia que lhe mandavam recado e que vinha por aí acima.”
Quando Licínio Inocentes nasceu já nem um guerrilheiro se via por aqui, mas toda a vida ouviu contar histórias. Encheu-se de curiosidade quando viu o grupo de arqueólogos a escavar uma das casas bombardeadas – a que nunca foi recuperada. Presidente da junta de freguesia duas vezes, sempre se interessou pela vida da comunidade. Meteu conversa. E voluntariou-se para lhes mostrar esconderijos. “São pessoas que têm capacidade para analisar a situação e capacidade para divulgar”, diz.
Fala com entusiasmo dos mais célebres guerrilheiros que por aqui andaram: Demétrio Garcia Álvarez e Juan Salgado Ribero (ou Rivera). É como se fossem personagens de um filme de acção. Demétrio nasceu na aldeia de Chãs, a menos de meia dúzia de quilómetros daqui. E tinha uma irmã, Manuela, casada aqui (com Manuel Bárcea, conhecido como “Mestre”). Era agricultor e correu à pedrada um falangista que atacou homens que andavam com ele na poda. Na prisão, ganhou consciência política. Juan nasceu d’As Casas dos Montes. Tocador de cornetim, tantas vezes animou as festas do Cambedo e das povoações vizinhas. Reza a lenda que fazia suspirar muitas mulheres. Já a imprensa da época atribui-lhe especial crueldade e pontaria.
Eram discretos, os guerrilheiros. Contavam com a solidariedade própria das sociedades tradicionais. Camponeses, mineiros, operários, pescadores, trabalhavam na agricultura, no contrabando e, nos anos da Segunda Guerra, na extracção de volfrâmio. De quando em quando, protagonizavam incursões em Espanha. Em 1946 cometeram o erro de actuar em território português.
Tiros e bombas
No dia 16 de Setembro, Demétrio, Juan e outros deslocaram-se à aldeia de Negrões, no concelho de Montalegre, e executaram um homem que teria entregado um médico “fuxido” à Guarda Civil espanhola. Nesta operação, foram também mortos um “criado” de um “aldeão”. Na sequência de tal vendetta, diversas pessoas foram presas. Apertou-se a vigilância nas fronteiras. Multiplicaram-se as notícias “plantadas” contra os guerrilheiros, retratados como “bandoleiros”, “malfeitores”. No dia 29 de Outubro, encenou-se até um assalto à carreira Braga-Chaves.
A poucos dias do Natal, as autoridades portuguesas, consertadas com as espanholas, montaram uma mega operação de busca aos “rojos”. Na madrugada do dia 20 de Dezembro, 200 guardas avançaram para as aldeias de Nantes, Mosteiró de Cima, Sanfins de Castanheira, Sanjurge, Couto e Cambedo.
Ainda hoje, o Cambedo é quase só uma rua ladeada por casas de granito. Naquela altura, era menos e albergava mais gente (umas 300 pessoas – sem água corrente, sem electricidade, a deslocar-se a pé, de burro ou a cavalo).
Na alvorada, os guardas cercaram a aldeia. Tudo apontava para a casa do cunhado de Demétrio, o “Mestre”, para outras duas ligadas a essa, a da irmã dele, Adelaide Teixeira, e a de uma prima, Albertina Tiago. E para uma situada mesmo em frente, a da prima Clementina, casada com Silvino Espírito Santo.
Os primeiros tiros ouviram-se um pouco abaixo, nas imediações da casa de dona Engrácia Gonçalves. Era Juan. Manuel Guerra tinha 12 anos e, numa conversa na rua, resumiu assim o que aconteceu: “De manhã, quando foi para sair, viu a GNR encostada às paredes. E então foi-se preparar. Pegou na arma, abriu a porta. Conforme a GNR estava encosta às paredes, mandou uma rajada. Atirou só para abrir caminho, para fugir. Saltou para um carreiro que havia ali. Meteu pelo carreiro até ao ribeiro. Meteu pelo ribeiro até fronteira. Quando se aproximou, estavam lá os guardas espanhóis, a Guardia Civil. Começaram a fazer fogo contra ele. Ele regressa. Conforme [a guarda] o viu vir, matou-o.”
Silvina Feijó, então com dez anos, estava a atirar migalhas de pão às galinhas e apanhou uma bala perdida. O marido, Elói, nem quer falar nisso. “Há 74 anos que isso foi! Já vieram 50 equipas!”, resmungou ao ser interpelado à porta de casa. “Porque não vieram mais cedo? Isso já é velho”, insurge-se, acusando cansaço. Há uma dúzia de anos, a mulher teve dois acidentes vasculares cerebrais.
Por volta das 11h, os guardas desataram a revistar as casas. Os registos policiais indicam que dois foram mortos no pátio de dona Albertina Tiago, cuja casa, nunca reconstruída, está agora a ser escavada pelos arqueólogos. Terá sido Demétrio ou Bernardino Garcia, que haviam de resistir ainda mais um dia e meio.
Começaram a chegar reforços. Primeiro, guardas que tinham ido para outras aldeias. Mais tarde, um destacamento da PSP do Porto. E uma secção de morteiros do Exército vinda de Chaves.
“Eu tinha dois anos e meio e é uma coisa que me ficou gravada”, contou Aurinda Feijó. “Estava lá no cimo da aldeia. Havia uma casa de comércio. Eu estava amouchadinha e via chegar os guardas aos grupos com as armas às costas. As pessoas diziam: ‘Ai que vem mais pelo Lagar Velho abaixo e vão matar aqui a todos.’ Nunca me esqueceu isso. Com dois anos e meio!”
Queriam incendiar um palheiro situado atrás das três casas comunicantes. De lá zuniam tiros. Lá estariam escondidos os guerrilheiros. Ainda incendiaram algumas medas. Durante toda a noite, trocam-se tiros por ali. Já no dia 21, ordem para evacuar as casas perto do alvo. E disparos de morteiro.
“A gente estava atemorizada”, admitiu Manuel Guerra, naquela conversa de fim de dia. “A gente estava com medo que queimassem as casas.” Trataram muitos de salvar os animais. “Eu tinha uma égua e agarrei nela e fui lá para a última casa da aldeia.”
“O meu marido é mais velho e sentiu tudo na pele”, afirmou Aurinda Feijó, sentada nas escadas que dão para a Rua Central, de olhos postos nos arqueólogos que continuavam a trabalhar na ruína situada mesmo em frente. O marido, Arlindo Espírito Santo, mantém-se dentro de casa, sentado numa poltrona.
História enterrada
Durante a guerra civil, o pai de Arlindo comandava a Guarda Fiscal e bem via passar por ali muita gente, mas fazia de conta que não. No dia do bombardeamento, estava ele já reformado, a sua casa foi uma das mais atingidas. Arlindo tinha 16 anos. Lembra-se de fugir pela aldeia abaixo. Primeiro, refugiou-se numa casa. Depois, nos lameiros. Por fim, na ponte de madeira.
O pai foi preso, bem como a tia Albertina e um irmão. Mais tarde, a mãe, sob suspeita de auxiliarem os guerrilheiros. Já pouco fala nestas coisas, Arlindo. “Já estou cansado”, disse o homem de 89 anos, estirado na poltrona. Sempre quis esquecer aqueles dias. E nunca esqueceu.
Muita gente quis esquecer. Naqueles dias, foram detidas 63 pessoas. Só ali, na aldeia, foram 18 sob suspeita de cumplicidade. Ninguém expiou pena maior do que Demétrio: 19 anos de reclusão, alguns dos quais no Tarrafal. Bernardo Garcia, que estava com ele, e mais quis suicidar-se do que entregar-se.
A mesma lógica repressiva foi aplicada noutros pontos. E a guerrilha extinguiu-se. “A partir do momento em que não há uma base de apoio que a sustenta, ela deixa de existir”, resume Rui Gomes Coelho.
As consequências perduraram. Sobre isso Licínio Inocentes pode falar na primeira pessoa. “Procuraram pôr estas pessoas dentro de um recipiente em que só cabiam comunistas. Eram vistos como gente esquisita, que convivia com assaltantes, com malfeitores, com isto, com aquilo. Então, houve um afastamento deste povo em relação aos portugueses. Convivíamos mais com os galegos.”
A esse propósito, ocorre-lhe uma história dos seus 19 anos. “Arranjei uma namorada em Feiões, uma aldeia que há do outro lado do rio, em frente a Chaves. Namorávamos para aí há um mês, ela fazia anos, eu fui buscá-la para lanchar. Uma senhora viu. Mais tarde vim a saber que lhe disse: ‘Com quem andas metida, rapariga, com esses vermelhos do Cambedo, essa gente é do diabo!’ Meteu-se de tal forma com a rapariga que ela nunca mais me apareceu!”
Durante a ditadura salazarista, a história foi enterrada na memória da aldeia. Só no final dos anos 1980 tornou a emergir, com um artigo publicado pelo Jornal de Notícias. Num primeiro trabalho que desenvolveu, entre 1986 e 1987, a antropóloga Paula Godinho ouviu falar na história. Manuela, a irmã de Demétrio, perdeu um filho de um ano enquanto aguardava julgamento na prisão.
Já em 1993, o Centro Cultural de Vilarelho da Raia, com a colaboração de universidades espanholas e portuguesas, organizou um congresso sobre a guerrilha antifranquista. Paula Godinho regressou ao terreno, vasculhou arquivos e produziu diversos trabalhos científicos, que atraíram cientistas, jornalistas e documentaristas. O Silêncio é o título do documentário realizado por António Loja Neves e por José Alves Pereira.
“A nossa vinda tem que ver com essa tradição académica, mas também com o contexto actual”, explica Rui Gomes Coelho. “A arqueologia contemporânea é uma disciplina da arqueologia que procura ser um campo de intervenção política e social. Serve-se das ferramentas e das metodologias da arqueologia para revelar histórias que muitas vezes são incómodas, mas que enriquecem o ponto de vista social e político”, salienta. “Nós estamos convencidos de que este pode ser um exemplo fenomenal de ética da solidariedade e da hospitalidade.”
A casa de Ernestina Tiago colapsou e ali ficou, a servir de reservatório de lixo. Tiradas as diferentes camadas, arqueólogos encontraram, desde logo, alguma continuidade temporal. “Isto é como escavar uma cabana castreja, porque é uma arquitectura em granito, o solo está feito directamente na rocha”, diz Xurxo Ayán Vila. “Esta gente, em 1946, vivia igual ao que vivia numa cabana há dois mil anos.”
Está espantado. “Uma família morava nesta casa e a sua casa converteu-se de um dia para o outro num campo e batalha militar”, realça. “Militares colocam os morteiros e bombardeiam o centro de uma aldeia. Tens de ter muita pontaria para atingir um alvo concreto. Não lhes importava que houvesse pessoas inocentes. Isto é impressionante. É uma maneira de extermínio puro e duro!”
Encontraram vestígios do incêndio no chão, estilhaços de granadas, um berlinde e uma tigela com decoração infantil. “É um testemunho pungente da brutalidade que ali aconteceu em 1946”, corrobora Rui Gomes Coelho. “Tocar estes objectos é uma forma muito perturbadora de testemunhar os eventos.”
Arqueologia contemporânea
As escavações abrem também uma brecha para a vida dos anos 1940: a família morava em cima e os animais em baixo. Resistem ossadas, ferraduras, parte de uma antiga balança romana usada para pesar porcos, malgas tradicionais (semelhantes às que se usavam há dois mil anos). E restos de uma cerâmica mais fina. Num desses pedaços ainda se percebe a imagem da Torre de Belém, “um dos símbolos da pátria”. E isso leva Rui Gomes Coelho a falar num “sentimento de autonomia que se mantém, sempre se transformando, e que não é construída com a criação do Estado Nação – isso só vai acontecer a partir dos anos 1940 e isto é a materialidade deste processo”.
Têm escavado uma casa em Repil, em Monforte de Lemos, no sul da província de Lugo, que foi bombardeada pela Guarda Civil espanhola. Começaram em 2016, como parte do projecto de arqueologia contemporânea que Xurxo desenvolve na sua terra natal. E agora várias escolas levam alunos a ver essa casa.
Um descendente da família que vivia nessa casa colocou uma placa de homenagem aos guerrilheiros e uma bandeira republicana. Conta Rui Gomes Coelho que a placa já foi vandalizada várias vezes e que a bandeira republicava foi roubada. “É um lugar de memórias muito contestadas, mas o projecto assume a educação cívica como uma das suas premissas e é nesse sentido que se acolhem visitantes. As actividades passam por recriar o trajecto da fuga do único guerrilheiro sobrevivente, que é uma caminhada até à aldeia em que se fala da guerrilha e da resistência ao franquismo.”
Que acontecerá, agora, na aldeia de Cambedo? Os 50 anos dos bombardeamentos foram assinalados, por iniciativa de galegos, com uma placa: "Em lembranza do voso sufrimento. 1946-1996". Quem for à procura de vestígios, encontrá-los-á assinalados. E, em breve, um percurso pedestre com vários pontos de interesse, incluindo a casa bombardeada e pelo menos dois abrigos (os arqueólogos identificaram quatro, três dos quais com a ajuda de Licínio Inocentes, mas três são de difícil acesso).
No sábado à noite, dia 18 de Agosto, no Cambedo, e no domingo de manhã, 19, no centro de Vilarelho da Raia, a equipa apresentou os resultados dos trabalhos e perguntou aos presentes o que desejavam que fosse feito no futuro. Alguns manifestaram o desejo de ver mais trabalhos arqueológicos, de trabalhar os recursos culturais para atrair visitantes e gerar recursos.
“Nós entendemos que a arqueologia só faz sentido se for feita com e para a comunidade”, comenta Rui Gomes Coelho. “No Cambedo, tal como em Repil, há valores na comunidade que se relacionam com a nossa maneira de estar na vida e de ver o mundo. É por isso que temos insistido na ideia de Cambedo e da atitude da comunidade em 1946 como um exemplo a seguir na sociedade contemporânea, e é nesse sentido que decidimos propor o nosso contributo.”
Vão voltar? “Ainda não sabemos”, responde. A intervenção está enquadrada num Projecto de Investigação Plurianual de Arqueologia aprovado pelo Ministério da Cultura. “Temos previsto voltar no próximo Verão, mas isso depende do financiamento. Gostaríamos de trazer uma equipa mais alargada, que incluísse estudantes de arqueologia, antropologia e artistas, para trabalhar com a comunidade. Neste momento, não há apoio garantido”, remata. Uma coisa é certa: vão “incluir o trabalho num volume especial da revista académica Historical Archeology sobre as guerrilhas na Europa no século XX”.