Blog d'en Jordi Grau i Gatell d'informació sobre les atrocitats del Franquisme.....
"Las voces y las imágenes del pasado se unen con las del presente para impedir el olvido. Pero estas voces e imágenes también sirven para recordar la cobardía de los que nada hicieron cuando se cometieron crímenes atroces, los que permitieron la impunidad de los culpables y los que, ahora, continúan indiferentes ante el desamparo de las víctimas" (Baltasar Garzón).
Las memorias del guerrillero Lino Muela Romàn están acompañadas de ilustraciones hechas a mano.
Las memorias son un género literario que establece una alianza entre las dos herramientas más poderosas que tenemos los seres humanos para trascender: la memoria y la palabra escrita. Y aunque uno corre el riesgo de caer en manos de una mente manipuladora, del mismo modo, también puede acabar disfrutando del testimonio de quien no pretende otra cosa que denunciar los crímenes que se quedaron sin el merecido castigo y, todavía mucho tiempo después, sin la reprobación absoluta de la sociedad en la que fueron perpetrados. El que esto firma reconoce el segundo supuesto al leer este comienzo: “Yo, Lino Muela Román, natural de Riba de Saelices, provincia de Guadalajara, después de tanto tiempo de silencio, quiero dejar escritas, para que quede constancia de las torturas cometidas con mi cuerpo en el pueblo de Cobeta, y las vicisitudes que tuve que pasar a lo largo de mi vida”.
Material inédito
El historiador por la Universidad de Alcalá de Henares Alan Herchhoren ha dado a conocer un diario inédito que había ido pasando de mano en mano entre los vecinos de Lino Muela Román, un guerrillero que luchó en el 15º Cuerpo Guerrillero en el frente del Alto Tajo (Guadalajara), lo que le permitió ser testigo de primer orden de las barbaridades que ocurrieron en un territorio que además de ser frente de guerra, fue ocupado por las tropas franquistas desde el comienzo del conflicto.
Guerra de espías
El héroe de nuestra historia, Lino Muela, era un sindicalista al que el levantamiento armado liderado por Franco pilló en plena actividad y que no dudó en ponerse en manos del Gobierno de la República para defender la libertad que se estaba viendo amenazada. “Pretendíamos armas para defender el Gobierno de la República, a nuestro gobierno, aquel que fuera constituido por la voluntad del pueblo español y en contra de aquel otro impuesto
por las armas el crimen y el terror”, explica el soldado. Los republicanos de su pueblo cayeron todos por la afilada estrategia que ponían en práctica los fascistas: enviaban espías a recorrer los pueblos camuflados y se mezclaban entre la gente para tirar de la lengua y elaborar las listas negras que posteriormente serían utilizadas para los encarcelamientos y fusilamientos en masa. Lino Muela relataba un episodio de estas características en el que unos espías se hicieron pasar por afiladores: “Los afiladores no eran tales, sino que resultaron ser los que mandaban una de las dos compañías que asediaron el pueblo. Eran teniente uno y capitán el otro, del regimiento de Calatayud”.
Río de sangre
Y a teniente acabaría llegando el mismo Lino, que relata uno de los momentos más trágicos de la guerra: la hora de entregar las armas y rendirse a un enemigo que representaba todo
lo contrario a los ideales republicanos; llegó el momento de decirle a los soldados que estaban bajo su mando que la única opción era rendirse o intentar escapar: “Les dije que España continuaría siendo un río de sangre en el que nosotros desempeñaríamos el papel de víctimas y que solo verían cárceles y campos de concentración”. Muchos intentaron escapar y otros se rindieron para acabar en manos de los tribunales populares que en la mayoría de los casos no mostraron piedad: “El crimen más grave que pudo cometer Franco con los vencidos: Inhibirse y dejarnos en manos del pueblo; dejar la justicia al arbitrio y bajo la voluntad del pueblo era lo mismo que dictar sentencia en favor de las envidias, el odio y la venganza”, cuenta Lino Muela en sus memorias
Antes de pasar página
Herchhoren explica el contexto en el que estas memorias se crearon: “fueron escritas a máquina de escribir y con ilustraciones hechas a mano, realizadas en Francia en junio de 1968 con motivo de las protestas que sacudían el país en aquel entonces”. Y es que Lino acabaría convirtiéndose en uno de tantos exiliados que escaparon a Francia huyendo del franquismo. Gracias a unos amigos pudo cruzar la frontera y afincarse en el país vecino, después de luchar en la guerra y vagar durante meses escondido por el monte; donde sobrevivió como pudo. Gracias al espíritu de supervivencia y a la suerte, Lino muela pudo salir adelante y dejar un testimonio sobrecogedor y muy útil para entender porque antes de pasar página del capítulo más doloroso de nuestra historia reciente, todavía, hace falta leer bien y reconocer unos hechos que merecen justicia y reparación.
Mujeres rapadas caminando por el pueblo siendo insultadas por niños, hombres y, también, otras mujeres. La realidad de las represaliadas franquistas es una realidad de la que se ha hablado mucho menos que la de los hombres. Por eso, Feministas de Pueblo, asociación que reúne a colectivos que luchan por la igualdad de toda la región, ha decidido dedicarle el mes de enero al recuerdo de estas mujeres. "No sólo es que se les rapara, es que eso iba acompañado de violaciones, se les dejaba un pequeño mechón con un lazo rojo, y les colgaban un cartel que ponía peladas por puta", describe Dolores Martín-Consuegra, antropóloga natural de Herencia, autora de la 'Investigación etnográfica sobre los crímenes de género durante el franquismo y la transición democrática', trabajo basado en entrevistas a una treintena de mujeres víctimas de represalias en la posguerra en territorio castellanomanchego.
Su investigación rápidamente se convirtió en algo prácticamente personal. "Yo pensaba que por mi pueblo igual la guerra había pasado de la forma suficientemente suave como para no tener noticias. Y de pronto descubrí que estuve viviendo entre víctimas y victimarios, y esto me hizo entender muchas cosas", recalca. Principalmente, que el silencio había sido el protagonista en la historia de estas mujeres, cuya vida se convirtió en un trauma prolongado no sólo por las violencias a las que se les sometió, sino por la imposibilidad de hablar de dicha violencia.
"Levantarse el mandil"
"A veces desfilaban tras la banda de música, los niños las insultaban y estas escenas las podían ver su madre, su hijo, su hermano o hermana, cualquier persona. Además, las obligaban a tomar aceite de ricino y se hacían de todo encima", relata Martín-Consuegra. La imagen de mujeres rapadas, defecándose encima, y que, además, eran obligadas "a levantarse el mandil" bajo cualquier excusa, incluso mientras buscaban comida de estraperlo es la realidad que vivieron quienes ni siquiera tenían relación con el bando republicano.
"La mayoría de estas mujeres no tenían un pasado republicano, incluso muchas ni siquiera tenían un familiar preso fusilado", recalca la investigadora. Pero la violencia no se quedaba ahí, sino que también perdían el respeto de su familia y su entorno, al considerar que habían "colaborado" con la pérdida de "honra" de la familia. ¿Por qué se sabe tan poco de este tema? "Nos hemos dado cuenta de que las asociaciones de memoria histórica tienen un marcado carácter andocéntrico", explica Lola Martín-Consuegra. En los resultados de la investigación se pueden ver testimonios como el del alcalde de Tembleque en 2018, Jesús Fernández, que recordaba que "en Alhambra, el pelo de las mujeres se colgaba en los árboles".
Testimonios en Ciudad Real y Toledo
El equipo que trabajó en la investigación, que ha desembocado en la producción de un cortometraje y un largomentraje,realizó una treintena de entrevistas a mujeres en distintas localidades, como Herencia, Villafranca de los Caballeros, Alcázar de San Juan, Tembleque, Lillo, La Solana, Villarrubia de los Ojos, Campo de Criptana, o Camuñas, entre otros. Martín-Consuegra recuerda que en algunos casos fueron los propios hijos las que no dejaron hablar a sus madres, y por eso existe la consecuencia de haber sufrido "duelos congelados".
"Nos hemos acostumbrado a vivir sin estos trozos de la historia, pero esto no quiere decir que no haya tenido consecuencias que trascienden a estas mujeres, y quisimos ofrecer así espacios de reconocimiento y reconstrucción para este trauma irreparable", señala la investigadora. De hecho, asegura, que las entrevistadas les siguen pidiendo volver a hablar con ellas. "Para las víctimas, se les ofrece un espacio para que se pongan en marcha recursos clave para que remita su sufrimiento", señala. Y es que aunque se haya impulsado un relato "negacionista" en relación a lo que ocurrió con estas mujeres, "ocurrió y nos ha afectado a todas y todos", recalca.
A esto es suma que estos delitos, como el de la violencia sexual no han sido reconocidos como tal. "La violencia sexual ha sido una estrategia de guerra toda la vida, porque consigue desmoralizar y desestructurar individual y socialmente al enemigo. Pero este tipo de violencia contra las mujeres no ha sido calificado como crimen de guerra o crimen en dictadura", explica la dictadura. De hecho, recalca que no fue hasta 1998, en el caso del genocidio de Ruanda, cuando se establece que estos crímenes son de lesa humanidad.
Además, la investigadora recuerda que tampoco durante la transición cesó esta violencia contra las mujeres, ya que se mantuvo la "prostitución forzada por el hambre" y también las violaciones. "Formamos parte de una sociedad que durante casi dos décadas practicó impunemente la violencia sexual y esto claro que nos afecta. El vivir con este yo atormentado de nuestras madres, en el que la violencia estuvo incorporada a su manera de vivir", reflexiona la antropóloga. Sin olvidar, el hambre y el resto de las penurias que sufrieron las mujeres durante estos años de dictadura. "Ellas vivieron en un espacio rural y lo tenían muy crudo para salir adelante. Pero además, imagina tener que ver sentado al sol a tu violador. O salir a pasear con el hijo, fruto de esas violaciones. Y además, tener que silenciar tu memoria para proteger a tu familia", lamenta.
La vertiente "masculinizada" de la memoria histórica
Finalmente, Martín-Consuegra tiene una reflexión en lo que se refiere a una reivindicación general, a la hora de trabajar para no olvidar a estas mujeres. "Normalmente nos acordamos de lo que le hicieron al abuelo. Pero, ¿qué pasó con la abuela? Es especialmente importante en esta época en la que casi establecemos una equivalencia moral entre víctimas y victimarios. Vivir con una madre que ha sufrido estas violencias no te deja indemne, ni a ti, ni a tus hermanos, ni a la sociedad. Y estos silencios se deben a que vivimos en una cultura en la que el origen del mal está en la mujer, la culpa parece ser de ella", recalca. Tampoco quiere olvidar a las mujeres de los vencedores que "tampoco lo tuvieron fácil". "Era un estado misógino y viril", concluye.
El abogado Jacinto Lara, que se ha encargado del caso por torturas de Gerardo Iglesias, reconoce que siempre que asisten al Constitucional lo hacen "sin esperanza" y como paso previo obligado a llevar la cuestión ante otras instancias internacionales
El único movimiento que se salió de lo habitual en el tribunal de garantías se produjo en 2013, cuando un fiscal pidió a los magistrados que reconsideraran una inadmisión señalando que tenían la oportunidad de pronunciarse sobre el alcance de la Ley de Amnistía
Contra los muros del Constitucional también chocaron las familias del comunista Julián Grimau y del poeta Miguel Hernández cuando trataron de anular las sentencias del franquismo por las que fueron condenados
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Gerardo Iglesias habla junto a Antonio Gutiérrez y Faustino Sánchez, también víctimas de torturas.
EFE
Ni siquiera llegaba a la mayoría de edad, pero eso apenas importaba en pleno franquismo. Corría el año 1963 cuando el histórico dirigente de IU y el PCE, entonces trabajador minero en el Pozo Carbones de la Nueva, fue detenido por la Brigada Político Social de Oviedo, capitaneada por el terrorífico Claudio Ramos, por incitación a la huelga. Permaneció arrestado en comisaría tres días. Aquellas setenta y ocho horas fueron las primeras en las que vivió en sus carnes la brutalidad de unas torturas, físicas y psicológicas, que representaban una forma de actuar sistematizada de los cuerpos represores. Fue allí, con solo diecisiete años, cuando conoció por primera vez a Pascual Honrado de la Fuente, el Billy el Niño asturiano. "Estaba especializado en tumbarte al suelo dándote puñetazos en el hígado. Te daban patadas, hostias de toda clase, sufrías todo tipo de ensañamientos, aparte de humillaciones", explicó el propio Iglesias ante un juez décadas después, cuando decenas de víctimas de todos aquellos torturadores franquistas dijeron que ya bastaba de tanta impunidad en suelo español. Junto a él, otros históricos de la lucha antifranquista como Felisa Echegoyen, Chato Galante o Luis Suárez.
Fue en aquella declaración frente a un juez cuando el histórico dirigente comunista quiso dejar constancia del grado de impunidad y seguridad con el que actuaban esos policías y, en concreto, Honrado de la Fuente. "Un día me dijo que cuando muriera Franco ellos no iban a perder nada porque eran funcionarios", explicó Iglesias. El inspector no erró en sus pronósticos. Su trayectoria nunca se vio truncada por estos actos. Es más, sobre su pechera siguen colgando a día de hoy condecoraciones que incrementan sustancialmente su pensión vitalicia. Pero, además, sigue sin haberse producido en suelo español ningún tipo de reproche penal por las palizas que en su momento dio a Iglesias y otros compañeros de lucha antifranquista. Y seguirá sin suceder, a la vista del movimiento dado esta semana por el Constitucional, quien se ha negado en redondo a admitir a trámite el recurso de amparo presentado por el exdirigente de IU. De nuevo, el tribunal de garantías mantiene ese muro infranqueable alrededor de cuestiones relativas a la dictadura. Cualquier melón que entra con este cariz, es tajantemente rechazado. Da igual si es por torturas o si tiene que ver con la anulación de sentencias. No hay margen.
La decisión sobre Iglesias es importante. Es la primera respuesta en forma de auto que dan los magistrados del Constitucional a un recurso de amparo relacionado con las torturas producidas durante el franquismo. Y su inadmisión anticipa la suerte que correrán todos aquellos recursos que han ido detrás, como los de los históricos comunistas asturianos Vicente Gutiérrez o Faustino Sánchez, para los que, salvo sorpresa, también espera el cajón de la inadmisión. Para la mayoría de los magistrados de la sala, la decisión de los órganos judiciales que han rechazado investigar está perfectamente motivada. En resumen: los delitos de lesa humanidad no se incluyeron en el Código Penal hasta 2003, por lo que no cabe aplicación retroactiva; los hechos son de hace medio siglo, por lo que si se trata como delitos comunes ya estarían prescritos; y, de no estarlo, la Ley de Amnistía de 1977 impediría cualquier reproche penal. "Lo que se hace es una interpretación restrictiva. Nosotros seguimos defendiendo que hay argumentos jurídicos para investigar. Otra cosa es lo que luego pase judicialmente, pero eso no quita que se tengan que investigar estos crímenes", explica al otro lado del teléfono el abogado memorialista Miguel Ángel Muga.
Se pronuncia en la misma línea Francisco Javier Rodríguez, portavoz de La Comuna d'Asturies: "Lo que se aplica es una suerte de amnistía preventiva, sin que ni siquiera se produzca un juicio en este sentido, aunque luego se decida si los hechos se entroncan dentro de esta norma". En julio de 2014, el relator especial sobre la promoción de la verdad, la justicia y la reparación de Naciones Unidas, Pablo de Greiff, emitió un duro informe en el que, entre otras cosas, ponía el foco en la Ley de Amnistía. En concreto, decía que no había ningún impedimento "en el sistema judicial español" para "revisar o anular las disposiciones" que fueran incompatibles con las obligaciones del Estado en el marco de la Convención de Derechos Humanos. Y, en este sentido, apuntaba directamente al tribunal de garantías: "Sería la institución idónea para debatir y pronunciarse sobre la interpretación de la norma". Sin embargo, con lo que no contaba era con que el Constitucional es una pared con estos temas. "No se quiere abrir ningún resquicio", apunta Bonifacio Sánchez, portavoz de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH).
El valiente paso de un fiscal
El paso más lejano que se ha producido en el Constitucional en relación con un asunto de estas características lo dio en diciembre de 2013 un fiscal del órgano. En concreto, Manuel Miranda, quien emitió un informe pidiendo al tribunal que se replantease la decisión de inadmitir un recurso del abogado memorialista Eduardo Ranz en relación con la exhumación de los hermanos Lapeña del Valle de los Caídos. En aquel escrito, el miembro del Ministerio Público recordaba a los magistrados que el órgano judicial nunca había tenido la oportunidad de abordar los efectos de la Ley de Amnistía "sobre el deber de investigación judicial efectiva y su conexión con el derecho a la tutela judicial efectiva". "La demanda de amparo plantea una cuestión jurídica de relevante y general repercusión social, que trasciende el concreto caso denunciado. [...] La eventual nulidad de la Ley de Amnistía, las discrepancias de interpretación respecto de su alcance y su efectos [...] adquieren una singular relevancia jurídica en nuestro ordenamiento", concluía. Hoy, ocho años después de aquello, el propio Ranz recuerda al otro lado del teléfono que "en cuarenta y ocho horas, su jefa dejó sin efecto la calificación y archivó el asunto". "Es lo más lejos que se ha llegado", continúa.
Jacinto Lara es el abogado de Ceaqua que se ha encargado del caso de Iglesias. Responde al teléfono después de un día intenso. De momento, prefiere no entrar en el fondo del asunto hasta conocer el contenido íntegro del auto que afecta al histórico comunista. Pero reconoce que cada vez que llevan cualquier cuestión relacionada con la represión franquista ante el Constitucional lo hacen sin apenas "esperanza" y como trámite a agotar antes de trasladar el asunto fuera de las fronteras. "Es una máquina de inadmisión", resume. A lo largo de décadas, recuerda, el tribunal ha tenido la oportunidad de aclarar de una vez por todas el alcance de la amnistía. Herramientas no han faltado. Lo podía haber hecho, apunta el jurista, en "cualquier demanda de amparo". Pero hasta ahora ha sido un debate ignorado. Y Ranz no tiene muchas esperanzas en que deje de serlo en un margen corto de tiempo: "Si admite y responde a un amparo sobre los crímenes del franquismo, eso podría llevar a revisar actos y decisiones de otros órganos judiciales". Como por ejemplo los del Supremo, que hace una década cerró la puerta a la investigación penal de la represión franquista como crímenes de lesa humanidad.
El letrado de Ceaqua tampoco alberga muchas esperanzas. Al menos no con la actual composición del órgano, de mayoría conservadora. No obstante, vuelve a poner el foco en el auto de su cliente. Y apunta una diferencia importante respecto a todas las respuestas del Constitucional que había recibido previamente y que puede llevar a pensar que algo se está moviendo en el tribunal. "Antes emitían una providencia tipo de un par de párrafos en la que básicamente alegaban falta de trascendencia constitucional. Ahora, tenemos un auto. Y no hay respuesta monolítica", explica. En este caso, la decisión de tumbar el asunto se tomó por ocho votos a tres: Juan Antonio Xiol, Encarnación Roca o María Luisa Balaguer apostaban por revisar las torturas. A la espera de conocer en profundidad el contenido del auto, el abogado ya deja claro que en cuanto lo tengan entre sus manos pondrán, de nuevo, camino a otras instancias internacionales, que es a lo que las víctimas de la dictadura llevan años agarrándose: Tribunal Europeo de Derechos Humanos, Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Comité de la Tortura... Mientras, tienen un ojo puesto también en la justicia Argentina.
De Miguel Hernández a Julián Grimau
Felisa Echegoyen ya ha puesto su historia sobre la mesa del Comité de Derechos Humanos de la ONU. En concreto, las torturas de las que fue víctima a manos del expolicía de la Político Social Antonio González Pacheco, más conocido como Billy el Niño, quien a comienzos de octubre de 1974 se plantó en su casa con otros cuatro inspectores y la agredió violentamente antes de conducirla a la Dirección General de Seguridad. Tenía 26 años y formaba parte de la Liga Comunista Revolucionaria. "Tenemos que intentarlo fuera porque en España siempre nos encontramos con el mismo muro", apunta. De momento, está a la espera de que este organismo se pronuncie. Pero lo cierto es que González Pacheco ya ha fallecido sin que se haya producido reproche penal. Y, al igual que él, también algunas de las víctimas de torturas sin encontrar la justicia que tanto buscaban. Otras, a pesar de sus años, siguen resistiendo. Es el caso de Vicente Gutiérrez, de 88 años y torturado por Pascual Honrado de la Fuente. "No desistimos, luchamos. Y cuando no lo hagamos nosotros, lo harán los que vengan detrás si no lo hemos conseguido", señalan.
Como con las víctimas de torturas, el inmovilismo del Constitucional, recuerda Muga, también abarca los continuos intentos de anular las sentencias de la dictadura. "Su permanencia suponen un reconocimiento de la legalidad franquista", apuntan los juristas consultados. Se ha buscado por activa y por pasiva. Uno de los intentos más destacados fue el de la familia de Julián Grimau, el dirigente comunista asesinado por el régimen franquista en la década de los sesenta tras un consejo de guerra. En 1990, el fiscal general del Estado y la viuda del dirigente fusilado acudieron al Supremo, pero se rechazó anular la sentencia al entender el Alto Tribunal que el recurso era defectuoso. Luego, se fue al Constitucional, contra el que también se chocaron. Los magistrados argumentaron la decisión alegando que la Constitución no tiene efectos retroactivos, por lo que, decían, no cabía "enjuiciar mediante su aplicación los actos de poder pronunciados antes de su entrada en vigor".
El mismo camino a ninguna parte siguió la familia del poeta Miguel Hernández. En 2011, el Alto Tribunal dijo que no podía tumbar la sentencia al entender que la Ley de Memoria Histórica no contemplaba una anulación individualizada de estas condenas por motivos políticos e ideológicos. El recurso de amparo ante el Constitucional también terminó guardado en un cajón. En opinión de los colectivos memorialistas, estas resoluciones "permanecen" como "un monumento a la infamia" y suponen una "prueba más de los restos del franquismo que aún perviven en la democracia española". Un aroma a una España en blanco y negro que también, consideran desde las asociaciones memorialistas, resiste todavía en la judicatura. "Sigue existiendo una ligazón, lazos políticos o familiares vinculados todavía al franquismo. Una parcialidad que queda demostrada con la imposibilidad que tenemos las víctimas de acceder a la justicia", sentencian desde La Comuna d'Asturies.
El Ayuntamiento de Huelva afronta en 2021 una nueva solicitud de exhumación de represaliados franquistas, fusilados y enterrados en el cementerio de La Soledad de la capital. Tras la inconclusa búsqueda y exhumación de Pedro Masera Polo y la ampliación de los trabajos para encontrar sus restos, la nervense Flor Calzada Rodríguez ha cursado la petición de búsqueda de los restos de su tío Enrique Herrada Domínguez.
Primero y de forma inminente, el Ayuntamiento retomará los trabajos de localización, delimitación y exhumación de la fosa donde se encuentran los restos de Masera Polo. Una intervención que se prolongará durante más de un mes.
Según ha informado el departamento municipal, para la nueva intervención se ha contratado al equipo dirigido por el arqueólogo Jesús Román, reconocido profesional en este tipo de intervenciones y que ya participó en la primera fase de la actuación. Fue la primera actuación de este tipo en La Soledad.
Primera búsqueda (infructuosa) de los restos de Masera Polo.
Los trabajos consistirán en la delimitación y exhumación de la fosa que contiene los restos de Pedro Masera Polo, sometido a Consejo de Guerra por las autoridades golpistas y condenado a muerte, siendo ejecutado en Huelva el 10 de Febrero de 1938 e inhumado su cadáver en el cementerio de la Soledad de Huelva en Fosa Común, Patio Segundo, Sector San Marcos.
El trabajo a desarrollar tiene varias vertientes. Se ha iniciado con la investigación documental centrada en la revisión de toda la bibliografía existente al respecto para organizar toda la información que se ha generado.
A continuación, se seguirá con el trabajo de campo consistente en la delimitación y evaluación del área susceptible de contener fosas comunes o individuales con víctimas de la represión franquista por aplicación de la pena de muerte por los Consejos de Guerra.
Posteriormente, delimitada la zona a intervenir, se procederá a la localización física de la fosa común, o fosas, con el objeto de determinar su naturaleza histórica y delimitarlas en extensión, para a posteriori pasar a una evaluación en profundidad con el objeto de establecer las características de la fosa (o fosas) y evaluar su contenido para finalizar con la exhumación y análisis de los restos óseos que contengan.
Los trabajos parten de la planificación de la investigación documental para aplicar una rigurosa metodología arqueológica y antropológica, según ha avanzado el Ayuntamiento de la capital.
Cabe recordar que los trabajos que se pretenden desarrollar en el Cementerio de La Soledad de Huelva se fundamentan en la solicitud por parte de familiares de Pedro Masera Polo al Ayuntamiento de Huelva y a la Dirección General de Memoria Democrática de la Junta de Andalucía. Dicha solicitud fue tenida en cuenta por dicha Dirección General y ratificado con el Anuncio de 21 de julio de 2017, de la Dirección General de Memoria Democrática, por el que se publican actuaciones específicas en materia de recuperación de la Memoria Histórica en diferentes municipios andaluces, entre ellos Huelva, (BOJA nº 146 de 01/08/2017).
El segundo de los casos que afrontará el Ayuntamiento onubense es la atención a la solicitud de búsqueda de los restos de Enrique Herrada Domínguez.
Su sobrina, Flor Calzada, inició los trámites para la exhumación ante la Junta de Andalucía, con el anterior Gobierno andaluz, a lo que éste le respondió que los uniría al resto de solicitudes recibidas “con el objetivo de desarrollar las acciones encaminadas a la localización de víctimas de la represión franquista”.
Han pasado ya más de dos años desde que la iniciativa de exhumación fue cursada.
Enrique Herrada Domínguez era natural de Minas de Riotinto y vecino de Nerva. Tenía 40 años. Fue sometido a consejo de guerra por la justicia franquista, en el sumario 1474/1939, y sentenciado el 7 de febrero de 1939. Condenado a pena de muerte y fusilado el 18 de abril de 1939 en las inmediaciones del cementerio onubense. Herrada estaba afiliado al sindicato anarquista CNT, y fue detenido el 9 de agosto de 1938 cuando se dirigía a Espiel camuflado.
En el Registro Cívil de Huelva, según la documentación aportada por su familia, consta que “esta persona fue pasada por las armas” y ubica sus restos en una fosa común de La Soledad, Patio 3 Sector San Marcos. Un lugar que dista de la rosca de dicho Patio por el Norte 53 metros, por el Sur 12 metros, por el Este 1 metro y por el Oeste 8,50 metros.
La petición de exhumación volvió a activarla el 6 de febrero de 2019 y solicitaba las pruebas genéticas oportunas para una futura identificación de los restos.
Ambas peticiones fueron realizadas después de que la Junta de Andalucía, mediante Orden de 17 de octubre de 2017, acordara actuaciones específicas en el cementerio de Huelva capital.
Flor Calzada ha sido querellante en la causa abierta en Argentina por los crímenes del franquismo (lesa humanidad).
Tras este tránsito de peticiones, el 20 de octubre de 2020 solicitó al Ayuntamiento de Huelva la exhumación de Enrique Herrada con el argumento de que “se ha de hacer justicia con un hombre cuyo ‘delito’ no fue el que consta en el Consejo de Guerra al que fue sometido, sino al contrario. Fue leal a la República y ayudó a la defensa de su pueblo ante el avance de las tropas franquistas”.
Ante la existencia de otra búsqueda en activo, el Consistorio de Huelva ha vinculado la continuidad de los proyectos de exhumación, el de Masera Polo y el de Herrada Domínguez.
Calzada hizo otro requerimiento el pasado 3 de noviembre al Ayuntamiento de Huelva con el objetivo de conseguir la autorización del Ayuntamiento de Huelva para realizar la exhumación.
Ese trabajo se pregunta “si la información y documentación disponible es la adecuada para llevar a cabo exhumaciones individuales en aquellos casos en los que se conserva la diligencia de enterramiento con su ubicación”.
Según el informe, la respuesta “no es satisfactoria”. Y añade, según alega el Ayuntamiento ante la petición de exhumación, que “la desaparición de las roscas dificulta conocer el punto exacto del que parten las mediciones que se conocen”. Además, subraya que “no hay garantías de que esas mediciones se hicieran con rigurosidad y se trasladaran a la diligencia judicial correctamente, pues en varias de ellas se observa que las numeraciones están alteradas en fusilamientos del mismo grupo y misma fosa. Y la orientación del propio cementerio no es precisa y puede presentar dificultades”.
El Ayuntamiento insiste en su respuesta en que en el caso de la solicitud de Flor Calzada, las medidas aportadas también presentan dudas e incertidumbres para elegir el lugar de la excavación.
Asimismo, los técnicos municipales desvelan que el Ayuntamiento ha contratado una actuación en el Patio II (la de Masera Polo) como ampliación de la realizada anteriormente en la que amplía la zona e intenta localizar la ubicación original de la rosca de ladrillo. Confía el Ayuntamiento en que está actuación puedan ayudar con más exactitud a localizar también los restos de Herrada Domínguez.
Para el Ayuntamiento de Huelva “lo más razonable sería esperar a tener la información básica acerca de la posición de la rosca del ladrillo y de las dimensiones de la parcela que se puedan obtener de la actuación en el Patio II y con dicha información plantear la localización y exhumación de Enrique Herrada”.
Centro monástico, anhelo de piratas, emplazamiento en las Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne, lazareto y leprosería, campo de concentración franquista, colonia de descanso, orfanato. Son las mil vidas del pequeño archipiélago de San Simón, en la ría de Vigo, que se ha movido en una constante dicotomía entre la absoluta fascinación de un entorno inigualable y el trágico destino que, en distintos momentos históricos, han protagonizado estas islas. Hoy, rebautizadas como Illa do Pensamento, buscan reconciliar su pasado con un futuro marcado por la cultura.
Un primer vistazo a estas dos islas –San Simón, la más grande, y San Antón– dibujan un paraje agreste con una conmovedora atmósfera que se condensa en el Paseo Os Buxos, una alameda cuya cúpula arbolada cuenta más de una centuria y media. Hace algún siglo más, a principios de la Edad Media, otros árboles observaron los paseos templarios que protagonizan los primeros registros de estas islas, cuando fue centro monástico de diversas órdenes religiosas.
Su aislada ubicación, a la vez que su cercanía al importante monasterio de Poio,convirtió a San Simón en lugar predilecto de los monjes pero también en ansiado botín de los piratas. Hasta aquí llegó el célebre Sir Francis Drake, sanguinario pirata para los españoles, valeroso héroe y audaz navegante para los ingleses. Drake asaltó y saqueó las islas no en una sino en dos ocasiones provocando el incendio y la destrucción del convento.
Tuvieron que pasar casi 20 años para que de nuevo los monjes se decidieran a volver, ocupándose de restaurar los edificios devastados. La austera capilla de San Simón es el edificio más antiguo que se mantiene en la isla, en su interior solo se conserva una imagen del santo al que le faltan ambas manos.
LA BATALLA Y EL TESORO DE RANDE
Dejando atrás la capilla de San Simón y al final del enigmático Paseo Os Buxos se encuentra el Mirador da Boca da Ría con una de las vistas más privilegiadas de la ría de Vigo, el lugar en el que se produjo, en 1702, una de las batallas más conocidas de la zona y que lleva siglos alimentando leyendas tanto dentro como fuera de Galicia: la batalla de Rande, en el marco de la guerra de Sucesión española.
Frente al archipiélago, unos 40 barcos españoles y franceses, cargados con el mayor tesoro procedente de América, fueron atacados por casi medio centenar de navíos ingleses y holandeses. En menos de diez horas, estos últimos vencieron, saqueando de paso la vecina Redondela así como la isla de San Simón. En cuanto al tesoro, algunas versiones sostienen que hubo tiempo de descargarlo pero, según las leyendas, losespañolesprefirieron hundir los barcos y mandar al fondo del mar lospreciados cargamentos antes que rendirlo.
Estos relatos llegaron al mismísimo Julio Verne, quien eligió este tesoro hundido como fuente de aprovisionamiento de oro, plata y joyas del Nautilus, el submarino de sus Veinte mil leguas de viaje submarino. Tal honor fue ensalzado con una estatua del escritor en el puerto de Vigo y otra del propio capitán Nemo que custodia la llegada a San Simón, emergiendo de las aguas acompañado por dos buzos, solo visibles cuando lo permite la marea baja.
Unas figuras que llegaron a este pequeño paraíso cuando a este archipiélago le quedaba por vivir sus momentos más oscuros, primero como lazareto o leprosería y posteriormente como campo de concentración franquista.
LA HISTORIA MÁS NEGRA DE SAN SIMÓN
La mejor forma de acercarse a estos funestos recuerdos de San Simón es visitando la avenida de Teruel y el actual Centro de Interpretación. Este último fue el antiguo lazareto, construido a principios del siglo XIX en la isla de San Antón, dedicado a los contagiados y los enfermos sin cura. Además, se levantó también el que hoy es el auditorio, en San Simón, empleado para las cuarentenas de los navegantes que querían entrar en la ría, intentando evitar así que la lepra o el cólera llegasen al puerto de Vigo. Fue entonces cuando se construyó el puente de tres arcos que actualmenteune las dos islas.
En cuanto a la avenida de Teruel es la forma más serena de profundizar en el pasado de San Simón como uno de los campos de concentración y exterminio más terribles del franquismo. Este paseo alrededor de la isla fue construido por los presos republicanos encarcelados aquí. Con el comienzo de la guerra, a San Simón se trasladó a los presos de la zona pero, tras finalizar la contienda, fueron llegando reos de otras cárceles de España, que se hacinaban en su mayoría en la construcción principal, el actual Edificio de Cursos. Si lo permite el ánimo, una visita al cementerio, donde aún se conserva alguna bala en el muro recuerdo de los fusilamientos, permite hacerse una idea del horror vivido aquí.
Cuando el campo se cerró, en 1943, se dedicó por breves periodos a centro de descanso de la guardia de Franco –quienes sufrieron un accidente marino con 43 fallecidos y a quienes recuerda un cruceiro situado en uno de los islotes cercanos– y a orfanato para hijos de marineros. Después, San Simón cayó en desuso y en casi total abandono durante décadas.
ILLA DO PENSAMENTO
En la actualidad, tras la rehabilitación realizada por César Portela en 2003 orientada al uso cultural, el archipiélago de San Simón ha sido rebautizado en varias ocasiones, la más reciente como Illa do Pensamento buscando “la reflexión, el diálogo y la cultura”. La isla se encuentra salpicada de estatuas realizadas por diversos artistas, cuidadosamente integradas en el paisaje, entre las que destaca la dedicada a los trovadores Meendinho, Martín Codax y Johán de Cangas.
También, en aquel momento en el que la palabra coronavirus solo era pronunciada por virólogos, este archipiélago era el entorno privilegiado que acogía el Sinsal, un festival con una clara vocación diversa, sostenible y de género. No en vano, este espacio natural está ahora protegido; por una parte, al ser considerado Bien de interés cultural, y por otra al pertenecer a una Zona de especial protección de la Red Natura 2000.
Visitar hoy San Simón tiene un punto sobrecogedor en el que se entremezclan, a través de cada uno sus rincones, su espléndido y hermoso carácter salvaje con una irremediable huella histórica.
Ningún enclave tan pequeño de Galicia acumula tanta historia, tanta belleza y tanto horror. San Simón es una isla diminuta en medio del Atlántico. Mira a la ría de Vigo y como extendiendo la mano, con un puente, se acerca a la pequeña isla de San Antón.
A lo largo de su historia, la isla de San Simón, fue empleada como monasterio, lazareto y hogar para niños huérfanos. Fue habitada y abandonada en numerosas ocasiones. Saqueada e invadida y desde octubre de1936 a marzo de 1943 convertida en el uno de los mayores mataderos franquistas.San Simón fue un campo de concentración temido, oscuro y siniestro donde la muerte era la salvación para dejar de padecer.
Piensen en los barracones de los campos de concentración de Auschwitz o Mauthausen, magen repetida de judíos escuálidos hacinados en lo que fue su corredor de la muerte, pues eso era San Simón, un lugar de exterminio de presos republicanos procedentes de todo el territorio español.La isla de San Simón va a significar para el franquismo represión, tortura y muerte. Un lugar para deshacerse de una parte de los miles de presos que no caben en las cárceles.
Cercados por las grandes olas de la represión y la guerra, miles de prisioneros se enfrentaron a las más duras condiciones de vida. Dormían amontonados, en filas prietas que les impedían el movimiento. Comían lo que podían: la mayor parte de las veces un rancho pobre cocinado a base de mondas de patatas. El agua era escasa, la comida inexistente, la ropa se fue rompiendo convirtiéndose en girones, los zapatos, se rompieron o se perdieron de manera que iban descalzos. Los presos de San Simón, deambulaban por la isla como fantasmas. Los que ya no podían arrastrar su cuerpo, se acurrucaban entre los piojos, la lluvia, y la humedad esperando morir para que terminara aquel calvario.
Cientos, miles de hombres de todo el Estado español, acusados de delitos que nunca habían cometido, de hombres inocentes que verán sus vidas truncadas y que nunca podrán olvidar, los que quedaron vivos, esa isla, en la que pasaron los años más terribles de sus vidas.
Pero el frío y el hambre y la sarna no eran lo peor de San Simón. Quienes por allí pasaron sufrieron la peor de las torturas: un permanente estado de miedo. Miedo a que su nombre resonase alguna noche, envuelto en la oscuridad del paseo y la muerte. Un miedo alimentado por las falsas esperanzas de libertad comprada al que durante un tiempo fue el director de la prisión, Fernando Lago Búa, "El carnicero de San Simón", un miedo acrecentado por las voces, los insultos y los malos tratos propinados por un hombre de Dios: el padre Nieto, un jesuita vigués que oficiaba la misa con su pistolón al cinto, era el encargado de dar el tiro de gracia. Según recogen los comentarios de algunos presos que quedaron vivos, este jesuita, llegó a machacar la cabeza con un enorme crucifijo a un preso que estaba a punto de ser fusilado El motivo, no quiso confesarse.
En las primeras semanas de la guerra San Simón fue una especie de cárcel provisional para presos gubernativos que aún no habían sido encausados por la jurisdicción militar, con el propósito en muchos casos de sacarlos, bien entrada la noche, y conducirlos a juicios militares o directamente asesinarlos. En esa época, muchos de los detenidos de San Simón fueron víctimas de sacas organizadas por elementos de Falange y por los llamados "cívicos", y ejecutados en las cunetas de las carreteras y ante los muros de los cementerios.
La podredumbre moral que envolvió la isla en aquellos años: los fusilamientos masivos, las condiciones inhóspitas de los presos, las enfermedades y el hambre que convirtieron San Simón en el centro penitenciario más terrible del franquismo, ya que se decía que de San Simón no se regresaba vivo. Al finalizar la guerra a los franquistas se les planteó el problema de qué hacer con los no aptos --bien por desnutrición o bien por su avanzada edad para trabajar. Desde 1936 hasta 1944, 6000 enfermos crónicos, viejos, inútiles y discapacitados que se habían convertido en un estorbo fueron concentrados en un único centro penitenciario, en el que pagaran muchos, con su propia vida por su doble condición de parásitos sociales y de enemigos de la Patria. La Isla de San Simón fue el lugar escogido para encerrar a este colectivo.
Hambrientos, enfermos y tristes, aquellos nuevos inquilinos del infierno fueron prisión y azuzo el hambre de todos los que allí se encontraban. La gran hambruna que se vivió a principios de los cuarenta causo estragos entre la población de reclusos. En San Simón murieron 450 presos de hambre. El 12 de febrero de 1943, coincidiendo con el principio del fin del régimen nazi, se evacua la isla de "despojos humanos", mediante decreto de Franco en el que se posibilitaba que los reos pudieran escoger destino penitenciario. Por decreto de 17 de Diciembre de 1943, 274 septuagenarios, pueden ir libremente a morir a sus casas. Algunos no llegaron fallecieron por el camino.
El campo de concentración de San Simón fue un antro donde se practicó la tortura física y moral con tanta saña como lo hiciera la pasada Inquisición. Acostumbrada aquella soldadesca a un comportamiento cruel e inhumano en todos los conceptos, se habían formado un complejo de superioridad y los prisioneros para ellos eran cosas tan insignificantes que los mataban con tanta facilidad y desenfado como si se tratara de simples muñecos de entrenamiento. Eran los vencidos, los derrotados, los que a nada tenían derecho. Fueron tratados como animales atacados por una enfermedad contagiosa, todo rodeado de alambradas y unos guardianes ebrios de venganza y odio.
El sufrimiento y la muerte de aquellos que han quedado por el camino en aquella maldita isla,arrimados a los camposantos, con los huesos entreverados de suicidas, represaliados o marineros devueltos por el mar, se ha cementado con cal viva, para que se pierda su rastro. La de San Simón es una de las historias de la guerra que ha sido silenciada. Pero, poco a poco, la capa de olvido comienza a desaparecer. Y las olas que cercaron una parte de la verdad histórica ya no son tan altas. Es un deber moral no arrinconar tanto sufrimiento, aunque muchos no quieran oírlo y otros prefieran olvidarlo.
El campo de concentración y exterminio de la isla gallega de San Simón
En la ría de Vigo junto a la isla de San Antón y otros islotes, se encuentra la isla de San Simón, cuya historia ha pasado inadvertida pese a los horrores que allí acontecieron entre los años 1936 y 1943. Esta isla fue un campo de concentración y exterminio para presos republicanos, comunistas, socialistas y anarquistas. Llegaron a pasar por él hasta 6.000 personas, llegando a coincidir 600 al mismo tiempo.
Anteriormente en su ubicación había habido un monasterio, un lazareto, un orfanato y finalmente una leprosería. Cuando en 1936 estalló la Guerra Civil, San Simón fue convertida por los golpistas en una cárcel y campo de concentración donde los franquistas llevaban los presos políticos para asesinarlos.
Al principio de la guerra, muchos presos eran llevados allí para ser sacados durante la noche y dirigidos a juicios militares o asesinados en cunetas o entradas de cementerios. Principalmente iban presos de Vigo, Pontevedra, Orense y Villagarcía de Arosa.
Más tarde, una vez los franquistas ganaron la guerra, también de Asturias, León, Cantabria y País Vasco y finalmente ya en plena dictadura presos de todos los rincones del país. Éstos últimos eran presos políticos que ya no servían al régimen como mano de obra por su edad o condición física y eran llevados allí para morir después de sufrir todo tipo de penurias.
San Simón fue la cárcel más terrible del franquismo. En ella los presos pasaban hambre, frío, enfermedades varias, sufrían torturas de todo tipo y tenían la certeza de que no saldrían de allí con vida. Fue definida como la peor cárcel de la dictadura y se decía que “de San Simón no se regresaba vivo”.
Cabe destacar dos figuras que formaron parte de ese terror. En primer lugar el que durante un tiempo fue director de la prisión Fernando Lago Búa, “el carnicero de San Simón” y en segundo lugar el padre Nieto. Este fue un jesuita vigués que como en tantas otras prisiones franquistas era el encargado de dar el “tiro de gracia” a los condenados a muerte. El cura daba misa y torturaba sin ningún tipo de piedad a los reos que por allí pasaban.
Los presos vivían en un estado permanente de miedo y angustia esperando a que los llamaran para darles el “paseo”. La isla era famosa por los fusilamientos masivos que en ella se llevaban a cabo.
La isla de San Simón fue un verdadero matadero franquista, un campo de exterminio como los que hemos visto cientos de veces en películas que retratan el nazismo desde la persperctiva de Hollywood, como si los horrores del fascismo fueran exclusivos de los nazis.
El fascismo en España se cobró muchas víctimas, tantas que es el segundo país después de Camboya en número de desaparecidos de todo el mundo. La falta de información acerca de los horrores vividos por los presos de los franquistas solo se solucionará aplicando una Ley de Memoria Histórica que haga justicia con las víctimas y sus familiares.
En el año 1.999 las islas de San Simón y de San Antón fueron declaradas Bien de interés cultural y San Simón en concreto “centro de recuperación de la memoria histórica”. Actualmente se está trabajando para que la isla sea un centro de actividades culturales y artísticas y ha sido rebautizada con el nombre de “la Illa do Pensamento”. En su página web oficial se puede encontrar toda la información relacionada.