dissabte, 24 de maig del 2025

La prisión franquista de 'mujeres de vida extraviada' que Santos Yubero fotografió en La Calzada de Oropesa.

https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/social/prision-franquista-mujeres-vida-extraviada-santos-yubero-fotografio-calzada-oropesa_1_12317288.html 

La Calzada de Oropesa es una de las últimas localidades castellanomanchegas en sus límites con Extremadura. Considerada como cruce de caminos desde tiempos inmemoriales, llegado el siglo XVII, la villa inició un cierto periodo de esplendor, del que se conserva hoy uno de sus inmuebles patrimoniales más conocidos: el convento del Cristo de las Misericordias, donde mora una comunidad de Agustinas Recoletas.

Uno de los capítulos más llamativos en la historia de este cenobio se escribió en los primeros años 40, cuando sus celdas y aposentos albergaron a centenares de prostitutas –'extraviadas' o 'mujeres caídas' en el argot oficial de la época– recogidas de las calles madrileñas por las autoridades franquistas. Fue una de las cárceles especiales que para ellas habilitó la Dictadura.

Con el empeño de desarrollar un ambicioso plan sanitario contra las enfermedades venéreas, en junio de 1935 el gobierno de la República aprobó un decreto que en su artículo primero suprimía la reglamentación sobre la prostitución, considerando que la misma, desde ese momento, no se reconocía en España como 'medio lícito' de vida.

Tres años antes, las autoridades republicanas habían suprimido las cuotas mensuales que los dueños y dueñas de prostíbulos aportaban a las arcas públicas para sufragar los gastos de la lucha antivenérea, considerando que dicha forma de allegar fondos para estas campañas sanitarias era un baldón para la dignidad del Estado, amén de una práctica “bochornosa y denigrante” para la República, por lo que desde ese momento los gastos de esa lucha se nutrirían de fondos recogidos en los Presupuestos Generales.

Ruinas morales del laicismo republicano

Finalizada la guerra civil, en junio de 1941, las autoridades franquistas derogaron el decreto citado antes, fijando nuevas directrices para estas prácticas profilácticas. Al no incluirse en el nuevo texto ninguna referencia a la regulación del ejercicio de la prostitución, la misma, de facto, volvía a ser 'tolerada' desde un punto de vista legal.

Esta laxitud no fue óbice para que en noviembre de 1941 se crease el Patronato de Protección a la Mujer Caída, el cual, recogiendo el sentido de organismos anteriores orientados a luchar contra la 'trata de blancas', pretendía “enfrentarse a toda clase de ruinas morales y materiales producidas por el laicismo republicano, primero, y el desenfreno y la destrucción marxista, después”.

La Presidencia de honor del mismo fue ostentada por Carmen Polo de Franco, figurando entre sus vocales natos el obispo de Madrid-Alcalá, representantes de la Sección Femenina de Falange y de Acción Católica o el capitán general de la Primera Región Militar. Se fijó la fecha del 26 de abril, día del Buen Pastor, como festividad del Patronato.

A la par que se creaba ese organismo, se aprobó la puesta en funcionamiento de prisiones especiales para la 'regeneración y reforma de mujeres extraviadas'. Entre ese año, 1941, y los 60 se habilitaron seis centros de estas características en España, uno de los primeros fue el abierto en la localidad toledana de La Calzada de Oropesa. Según datos oficiales, unas doscientas mil mujeres ejercían entonces la prostitución en nuestro país, muchas de ellas empujadas a ello por la miseria o el desamparo en que se encontraban tras finalizar la guerra.

El artífice de la creación de estas prisiones fue el ministro de Justicia, Esteban de Bilbao Eguía. Licenciado en Derecho, era uno de los más destacados carlistas de la época, tanto que tras su paso por el Ministerio fue presidente de las Cortes (1943-1965) y durante unos días, en octubre de 1949, desempeñó la Jefatura del Estado durante una visita de Franco a Portugal. En marzo de 1942, acompañó al arzobispo Pla y Deniel en su entrada como primado de España en Toledo, siendo fotografiados ambos 'brazo en alto'.

Escoria que inundaba las calles madrileñas

Como ocurre en la mayoría de decretos y leyes, el preámbulo de los mismos suele recoger el sustento ideológico de la norma regulada. En el caso de la creación de estas prisiones, se decía que las mismas se organizaban ante la ineficacia que tenían los arrestos temporales de aquellas mujeres que ejercían la prostitución, problema de inmoralidad que en esos momentos (recordamos, noviembre de 1941) se padecía “como consecuencia de la época de descristianización que imperó en España en los últimos años hasta el advenimiento del Glorioso Movimiento Nacional”.

Curiosamente, y en contra de lo que ocurría con determinados presos políticos, las mujeres recluidas en estas prisiones no podían acogerse al sistema de redención de penas, “si bien el arrepentimiento y la laboriosidad” serían tenidos en cuenta para anticipar su puesta en libertad. Al dar cuenta de la aprobación de dicho decreto en la Memoria anual del Patronato para la Redención de Penas por el Trabajo, se calificaba a estas mujeres como “escoria de la sociedad, que inundaba desde las primeras horas de la tarde las calles madrileñas, con escándalo y agravio para la honestidad pública”.

La prisión especial para mujeres de Calzada de Oropesa se ubicó en el convento de las Agustinas Recoletas, fundado en el siglo XVII y que por entonces se encontraba casi deshabitado. Hasta allí fueron trasladadas quinientas mujeres 'recogidas' en las calles de Madrid, una mayoría de ellas enfermas.

La vigilancia interior correspondía a funcionarias del Cuerpo de Prisiones, bajo la dirección de Natividad Brunete, y auxiliadas por las propias religiosas agustinas, mientras que la exterior era competencia de fuerzas militares. Dicha vigilancia no impidió que, a las pocas horas de llegar allí, medio centenar de estas mujeres saltaran los muros del convento intentando huir, siendo perseguidas y capturadas en los campos cercanos.

El 4 de diciembre de 1941, el semanario Redención, órgano del Patronato Central para la Redención de Penas por el Trabajo, publicó un extenso reportaje sobre las 'extraviadas' de La Calzada de Oropesa.

El autor era José María Sánchez de Muniaín, director de la publicación y miembro destacado de la Asociación Nacional Católica de Propagandistas. Ese sesgo religioso estaba muy presente en cada uno de los paternalistas párrafos de su texto, escrito tras la visita a la prisión de una misión sacerdotal a cargo del jesuita Martínez Colón.

“Ya desde los primeros días de la misión –decía Sánchez de Muniaín en uno de sus pasajes- muchas renunciaban, por carta, a los paquetes que les enviaban sus amantes, rompiendo a la vez con ellos toda correspondencia. Esto de renunciar a los paquetes de comida y obsequios para quedar solamente ateniéndose al rancho de la prisión es uno de esos pequeños heroísmos que requieren poner en tensión todas las fibras del alma al servicio de un ideal”.

En este contexto, llama la atención el periodista sobre la actitud de una joven reclusa que, tras confesar con el sacerdote, llamó a la directora del centro diciéndole: “Lléveme a una celda de castigo durante quince días. Quiero estar sola conmigo. Necesito tiempo para pensar más despacio en toda mi vida pasada y futura. Además, la penitencia que me ha echado el confesor es demasiado pequeña y yo quiero también aumentarla”.

Entre rejas, “estando ya la casa sosegada”

Aunque la prostitución es una práctica tan antigua como la propia humanidad, el autor del reportaje no dudaba en cargar las tintas de la culpabilidad de la misma en los “rojos descreídos” faltos de toda conciencia, en “los matrimonios celebrados ante el comisario político, rotos por la fuga a Francia [alusión a quienes marcharon al exilio tras la derrota republicana]” o en la “deshonra subsiguiente a tantas uniones ocasionales de aquella triste época de desenfreno”.

De forma sorprendente, se calificaba como “bravas” a las cincuenta mujeres que intentaron escapar, si bien poco después, “sin necesidad de imponer medidas de violencia”, fue suprimida la fuerza exterior y en las “grandes naves abovedadas del viejo convento castellano ha podido resonar en los espaciosos aposentos interiores del alma la voz celestial del verdadero Amado, ”estando ya la casa sosegada“, alusión esta última a los conocidos versos de San Juan de la Cruz en su Noche oscura del alma.

Desde las páginas de L’Osservatore Romano, órgano del Vaticano, se valoraba también esta forma de “recoger del arroyo a la mujer desmoralizada para reeducarla en centros de disciplina religiosa y moral” frente al “criterio anterior de abandonar a la mujer a su propia suerte”. Y en las de El Alcázar se iba un poco más allá, aplaudiendo esta obra “social y cristiana” con la que poner coto a la progresiva lacra social de la prostitución, evitando así “los excesos y las consecuencias de aquellas ciudades de la antigüedad que, malditas por sus corrupciones desenfrenadas, recibieron el castigo de Dios”; entiéndase, las disolutas Sodoma y Gomorra.

Aunque las fotografías que ilustraban ese reportaje fueron publicadas sin firma, su autoría correspondía al madrileño Martín Santos Yubero, uno de los grandes fotógrafos de prensa del siglo XX, quien durante la Dictadura de Primo de Rivera, la República, la guerra civil y el franquismo colaboró en publicaciones tan destacadas como Ahora, Estampa, Crónica, el ABC republicano o el diario YA, donde se jubiló en 1974. Su extenso archivo, entre el que se encuentran las fotos que ilustran esta entrega de la serie '2025: año de memoria y libertad', está conservado en el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, y puede consultarse en haciendo click en este enlace.

Y en Toledo, reformatorio para “jóvenes descarriadas”

Apenas transcurridos tres meses desde la publicación de este reportaje, en marzo de 1942, el Ministerio de Justicia, a la vista de que las mujeres ingresadas en La Calzada presentaban “un lamentable estado de depauperación física y contagiadas de graves enfermedades”, decretó elevar transitoriamente en cincuenta céntimos la cifra de dos pesetas asignadas hasta entonces por plaza y día para raciones alimenticias.

En esos momentos, además de esta prisión especial de mujeres, había abiertas otras en Gerona y Tarragona, a las que en breve se sumarían dos más: la Casa Prisión 'Oblatas' de Santander y el Reformatorio de Mujeres de Alcalá de Henares. Coincidiendo con este aumento en las asignaciones para el mantenimiento de las reclusas, el doctor Ángel Sopeña elevó a la Dirección General de Deportes y al Patronato para la Redención de Penas un detallado informe sobre el estado de salud de las internas en la población toledana, resaltando que habían recuperado rápidamente la salud, desaparecido las enfermedades contagiosas y que entre ellas no se había registrado ningún caso de aborto, llegando todos los embarazos a término en buenas condiciones.

La prisión especial para mujeres de La Calzada cerró sus puertas durante 1943, año en el que las prisiones españolas acogían a 1.524 mujeres de 'vida extraviada'.

Tres años después, en marzo de 1946, el entonces ministro de Justicia, Raimundo Fernández Cuesta, inauguró junto al cardenal Pla y Deniel en la ciudad de Toledo un reformatorio para “jóvenes descarriadas” que abrió sus puertas en unas estancias anejas al convento de Santo Domingo el Real

Un edificio que fue promovido por la Junta Provincial de Protección a la Mujer, invirtiéndose medio millón de pesetas en sus obras. El centro estaba a cargo de las religiosas Adoratrices del Santísimo Redentor.

Se escaparon 795 y sólo 3 lograron la libertad: la fuga en pleno franquismo que se volvió una de las más grandes de la historia

 https://www.infobae.com/sociedad/2025/05/22/se-escaparon-795-y-solo-3-lograron-la-libertad-la-fuga-en-pleno-franquismo-que-se-volvio-una-de-las-mas-grandes-de-la-historia/

Fue en Pamplona y hubo 200 asesinados en medio de los intentos del franquismo por detener la rebelión republicana

Guardar
Fuerte de San Cristóbal en
Fuerte de San Cristóbal en el Monte de San Cristóbal en Pamplona, Navarra (Ayuntamiento de Pamplona)

Fue a la hora de la cena. Era el momento del día en el que el cambio de guardia se hacía con bastante desprolijidad. Un grupo de presos de la cárcel del Fuerte de San Cristóbal, en Pamplona, España, redujo y desarmó a esos guardias que estaban terminando o empezando su horario de trabajo sin demasiado orden. Hace exactamente 87 años, el 22 de mayo de 1938, empezaba la fuga de presos más grande de la historia de España y una de las más masivas del mundo.

El Fuerte de San Cristóbal, a casi 900 metros de altura y sobre el monte Ezkaba, en el País Vasco, estaba allí desde el siglo XIX. Lo habían construido en plenas Guerras Carlistas por la posición privilegiada que implicaba tener un fuerte en altura, lo que permitía ver al enemigo a lo lejos y, sobre todo, proteger Pamplona, la ciudad que está a sus pies.

En 1934, lo que había sido un fuerte se convirtió en un centro penitenciario: le agregaron muros que separaban los espacios carcelarios de los barracones en los que se hacía guardia, e instalaron allí lo que hiciera falta para albergar a alrededor de 2.500 presos.

Antes de la llamada “Fuga de San Cristóbal”, incluso antes de que ese monte fortificado se convirtiera en un centro de detención del franquismo, ya había denuncias sobre las condiciones en las que vivían allí los presos: pasaban hambre extrema, se contagiaban enfermedades tales como tuberculosis y sufrían el frío. Varios ayuntamientos de la zona pidieron que se cerrara la cárcel y se reubicara a los detenidos. Pero nadie escuchó.

El fuerte se construyó en
El fuerte se construyó en el siglo XIX y se convirtió en una cárcel del franquismo en plena Guerra Civil

Cuando estalló la Guerra Civil Española, el bando liderado por Francisco Franco tomó para sí ese fuerte decimonónico y no dudó en convertirlo en un centro en el que retener a dirigentes políticos y sindicales, militantes de republicanos y también nacionalistas vascos.

No hubo nada de las precarias condiciones del lugar que convenciera al franquismo de abandonar el fuerte: no les importaba cómo atravesaban sus días quienes eran retenidos allí, incluso en cuanto a las condiciones más primarias de supervivencia.

El hambre extrema, la violencia física de parte de los guardias y el contagio de tuberculosis eran parte del paisaje cotidiano allí. Todos los días, los guardias franquistas les hacían un recordatorio a los detenidos: que estaban allí no como prisioneros de guerra sino como rebeldes militares. Que les esperaba el pelotón de fusilamiento o, con mucha suerte, la reclusión perpetua. El encierro hasta el final.

Entonces alguien empezó a pensar en una fuga. Un escape que los pusiera a salvo de ese destino, de ese régimen y, más urgente aún, del hambre y el frío. Las condiciones de supervivencia eran tan crudas que huir de eso se hacía aún más imperioso que defender los ideales de la República.

Fue un núcleo de treinta presos el que ideó cómo sería el escape. No se comunicaban en español ni en vasco: lo hacían en esperanto para evitar que sus conversaciones fueran descifradas.

La cárcel estaba bajo el
La cárcel estaba bajo el mando del franquismo, encabezado por Francisco Franco. Había estallado la Guerra Civil

Hicieron correr el mensaje por entre los prisioneros y alrededor de un tercio de todos los hombres que estaban allí decidieron sumarse al intento de libertad. Entonces, llegó la hora señalada. Aprovecharon el desorden propio de cada cena, desarmaron a los guardias actuando en grupos que se habían definido de antemano, y los tomaron prisioneros.

Empezaron a salir lo más ordenadamente posible del penal, aunque con la euforia y el miedo del escape y en medio de la oscuridad. El monte no se los haría fácil: muchos se lastimaron gravemente en su intento de bajara el Ezkaba por tropezar con algún obstáculo o por estar tan débiles.

Todos tenían el mismo objetivo: alcanzar la frontera con Francia, a unos 50 kilómetros de allí. No era una distancia imposible, pero sus cuerpos, debilitados al extremo, pondrían el asunto difícil.

La noticia de la fuga no tardó en llegar a Pamplona, donde las autoridades franquistas decidieron que saldrían “de cacería”. Los 795 prófugos habían salido del fuerte desnutridos y, en muchos casos, incluso descalzos. Tenían pocos fusiles y pocas balas. En cambio, el franquismo estaba preparado para aleccionar a esos que habían intentado desafiar al régimen y, de paso, enviar un contundente mensaje a quienes pensaran en imitarlos.

Las balas de los refuerzos franquistas que llegaban desde Pamplona eran la banda sonora de los intentos por avanzar que hacían los prófugos. Para resistir la fuga, apostaron camiones del Ejército en distintas zonas del monte para, con reflectores, iluminar el espacio y encontrar a quien estuviera intentando recuperar su libertad.

El fuerte de San Cristóbal
El fuerte de San Cristóbal fue adaptado para convertirse en una cárcel: se construyeron murallas

En las primeras horas del 23 de mayo, 259 de los 795 presos habían sido recapturados, y unas horas después la cifra se elevaba a 445. En total, 585 prófugos fueron encontrados y devueltos a la prisión tras ese intento de fuga. El último en ser hallado por las autoridades franquistas apareció el 14 de agosto de 1938, casi tres meses después del escape. Se alimentaba con ranas y cangrejos.

Además de los recapturados, alrededor de 200 prófugos fueron asesinados en medio de la persecución o en fusilamientos posteriores. Sólo tres consiguieron lo que casi ochocientos prisioneros se habían propuesto: cruzar la frontera francesa y ser libres en medio de un régimen dictatorial al que aún le quedaban varias décadas en el poder.

Aunque la enorme mayoría fracasó en ese objetivo, e incluso muchos perdieron la vida intentándolo, fueron los protagonistas de una fuga que pasó a la historia. Por su masividad y por la necesidad de intentar condiciones de vida dignas por sobre todas las cosas. Aunque eso implicara jugarse la piel.

Avanza la judicialización de una fosa común clandestina en Soria

 https://cadenaser.com/castillayleon/2025/05/22/avanza-la-judicializacion-de-una-fosa-comun-clandestina-en-soria-ser-soria/

El Juzgado de Almazán solicita el estudio antropológico-forense para continuar con la identificación genética de la fosa de Adradas


Fosa común de Adradas

Soria

Desde el año 2013 en la fosa de Barcones, la asociación Recuerdo y Dignidad ha conseguido judicializar la exhumación de las fosas comunes de las desapariciones forzadas y fusilamientos derivados del golpe de Estado contra el gobierno democrático de la II República, la guerra civil y el franquismo en la provincia de Soria.

Además, todas las exhumaciones que se han realizado desde entonces han tenido presencia judicial; en ocasiones, como en el cementerio de Las Casas, el protocolo policial ha sido el mismo que en un crimen que se cometiera en la actualidad; con protección de la zona, secreto de sumario, etc. Esto, además, hace que los desaparecidos sean considerados como víctimas de pleno derecho y no como meros restos arqueológicos. Las desapariciones forzadas del franquismo no pueden permanecer ajenas a los ojos de la Justicia. Desde Recuerdo y Dignidad consideramos que la Justicia es la parte del Estado que debería acoger a las víctimas y familiares y debería ser la institución encargada de poner las cosas en su sitio cuando suceden crímenes de la magnitud de los recibidos entonces.

El oficio del 14 de mayo de 2025 del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción nº 1 de Almazán ordena diligencias para que el Instituto de Medicina Legal (IML) de Soria, que es quien custodia los restos aparecidos en la prospección, haga entrega de los restos óseos a la Sociedad de Ciencias Aranzadi, al no haber Sección de Antropología y Odontología Forense en el IML de Soria, para que realice el estudio antropológico-forense. Además, se solicita que dé cuenta del mismo al juzgado a los efectos de proceder a la reapertura de las actuaciones para la identificación genética de los restos en caso de ser posible, como suele ser habitual en estos casos, por el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses.

Recuerdo y Dignidad lleva años investigando la fosa de Adradas; ha buscado en archivos y publicaciones, ha recogido testimonios de las familias y de personas que viven o vivían en el pueblo o en su cercanía, y ha conseguido encontrar y recuperar los restos de cuatro personas con el trabajo imprescindible y comprometido de su equipo voluntario, y la labor de prospección y exhumación, de arqueología y antropología forense, de excavaciones Enrique Crespo, Areco Arqueología y Sociedad de Ciencias Aranzadi.

Todo este trabajo ha recibido financiación de la Junta de Castilla y León a través de fondos procedentes de la Dirección General de Memoria Democrática.

La asociación sigue buscando la identidad de las dos personas desconocidas enterradas con Juan Gutiérrez García, concejal de Iruecha por Izquierda Republicana y Estanislao Gil Guerrero, maestro de Aguaviva de la Vega y firme defensor de la educación pública, si bien las últimas informaciones aportadas por vecinos de Aguaviva de la Vega apuntan a que uno de ellos podría ser el propio hijo de Estanislao, maestro a su vez de la localidad de Arenillas. La otra víctima podría ser el hijo del sillero o el médico de Arcos de Jalón.