diumenge, 27 de setembre del 2026

La carta de despedida de Pepín 'el de la Comare' antes de morir: «Padre, intenté salvar a muchos, y ahora son personas católicas las que me condenan»

 

https://www.levante-emv.com/horta/2026/09/27/carta-despedida-pepin-comare-morir-fusilado-quart-poblet-valencia-testimonio-134711933.html

José Giner tenía 28 años cuando escribió esta misiva a su familia el mismo día en que iba a ser fusilado en Paterna junto a ocho miembros más del comité de Quart de Poblet. A todos los represaliados, un total de 14, el ayuntamiento de la localidad dedicará este jueves una escultura: 'El pes de la memòria'

La carta de despedida de Pepín 'el de la Comare' antes de morir: "Padre, intenté salvar a muchos"


Isabel Olmos



Quart de Poblet

«Padres y hermanos, este es el último adiós». José Giner Navarro sabía que iba a morir cuando escribió estas palabras. Apretadas. Con urgencia. Era el 21 de julio de 1939. Tenía 28 años y aquel mismo día sería fusilado al atardecer junto a otros ocho vecinos de Quart de Poblet que, como él, habían formado parte del Comité Revolucionario de la localidad durante la guerra. Cuenta su sobrina nieta, Pilar Taberner, que en la memoria colectiva del pueblo se recuerda que este comité protegió a los dos curas del pueblo de los muchos descontrolados 'de las checas'. Los protegieron en un sitio secreto durante toda la contienda. Pero aquello no sirvió de nada. Para ninguno de ellos. Murieron fusilados juntos, los nueve, el mismo día. Un caluroso día de julio, en Paterna.

Pepín el de la Comare, como le conocían en Quart de Poblet al descender de una conocida familia de comadronas, quiso gritar su inocencia, negro sobre blanco, antes de morir. Lo hizo en la última carta que escribió a su familia, en la que recordó a su padre, precisamente, que había tratado de proteger a otras personas durante la guerra. Esas palabras son hoy el principal testimonio que conserva la familia para defender la memoria de un hombre que insistió hasta el último momento en que nunca había hecho daño a nadie.

«Padres y hermanos, este es el último adiós. Para usted, padre, que sabe que salvó a Don Vicente el vicario, con exposición de su vida. Usted sabe lo mismo que muchas personas: que me infiltré en algunos sitios, valiéndome de artimañas para salvar a muchos. Son personas católicas ahora las que me condenan. Dios lo desea así, que me condenen a esta última pena. Ya sabe que no tengo ninguna denuncia grave, pero la justicia de los hombres se equivoca y ahora en nombre de Dios le repito que podéis estar tranquilos, que nunca hice daño a ninguno. Prueba de eso es que ni en mi expediente ni en el juicio se me llegó a acusar ni de muertes, ni detenciones, ni robos. Estoy completamente convencido y sé que usted también sabe que hacen una injusticia conmigo. Perdónenme, pido si se llega a enfadar en alguna cosa sin estar en mi ánimo. Adiós a todos. Vuestro hijo, José Giner. 21 de julio de 1939. Lo doy todo»

Última carta de José Giner a su familia, el mismo día de su muerte.

Última carta de José Giner a su familia, el mismo día de su muerte. / Familia Giner Navarro.

José era el mayor de los hermanos. La más pequeña, abuela paterna de Pilar Taberner, tenía 20 años cuando lo mataron. El compromiso político y sindical de su hermano había comenzado antes de la guerra: pertenecía a UGT desde 1933 y desde 1936 formaba parte de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). Durante la contienda fue secretario del Comité Revolucionario de Quart de Poblet por delegación de UGT y posteriormente se incorporó a un batallón de fortificaciones. El 29 de marzo de 1939 se entregó al ejército franquista en Torralba y fue internado en la plaza de toros de Teruel. Una vez trasladado a València ingresó en la Torre de Torrent, donde permaneció hasta el 17 de abril, fecha en la que fue conducido a la Prisión Celular de València. Desde su ingreso allí hasta su fusilamiento transcurrieron apenas dos meses y cuatro días, y un proceso judicial que Pilar, después de conocer la documentación de la causa, resume con una expresión contundente: «Es un copia y pega, se les acusa a todos de lo mismo y sin ningún fundamento. No hay hechos que expliquen la condena a muerte de aquellos hombres».

Foto de José Giner Navarro, jornalero de Quart de Poblet.

Foto de José Giner Navarro, jornalero de Quart de Poblet. / Familia Giner Navarro.

Cuando Giner estaba encarcelado y su familia trataba desesperadamente de evitar la condena, buscó avales que pudieran favorecer su situación. El respaldo de un sacerdote o de una persona vinculada a Falange podía resultar decisivo en aquellos primeros meses de la posguerra para salvar la vida. Acudieron entonces, según relata Pilar, a personas de la Iglesia a las que habían protegido durante la guerra, pero la ayuda que esperaban no llegó. «Les dieron la espalda», recuerda. Una negativa que explica también la amargura de aquella frase que Pepín había dejado escrita en su última carta: «Son personas católicas ahora las que me condenan».

Pero Pepín no estaba solo. Con él habían sido condenados otros ocho integrantes del Comité Revolucionario de Quart de Poblet: Sandalio López Giménez, Antonio Monzó Fita, Pascual Monzó Real, Ramón Pla Sanz, Onofre Sanmartín Valldecabres, Ángel Sanmartín Vento, Manuel Soler Gómez y Francisco Soriano Martínez. Nueve hombres del mismo comité que acabarían compartiendo también la fecha de su muerte.

Foto de carnet de José.

Foto de carnet de José. / Familia Giner Navarro.

El día del fusilamiento no lo olvidaron aquellas familias nunca. Iban aquella tarde a llevarles la cena a los presos a València cuando descubrieron que se los estaban llevando a Paterna. Cuenta Pilar que Pepín consiguió asomarse desde el camión en el que los trasladaban y avisar de lo que estaba ocurriendo. Eso permitió a los familiares reaccionar y dirigirse hasta Paterna, aunque cuando llegaron ya habían sido fusilados. Allí, no obstante, todavía pudieron hacer algo por ellos: pagaron para que sus cuerpos fueran enterrados separadamente. José Giner quedó junto a Pascual Monzó Real, con quien, según recuerda Pilar, mantenía una estrecha amistad pese a los muchos años que los separaban. Pepín, con 28 años, era el más joven del grupo y Pascual, con 58, el mayor. Juntos acabaron también compartiendo la tierra.

Aquella sepultura, sin embargo, no fue definitiva. En 1963, los restos de seis de los nueve hombres fusilados aquel 21 de julio fueron trasladados al cementerio de Quart de Poblet, mientras que los de los otros tres permanecieron en Paterna. Estos últimos no serían recuperados hasta décadas después, cuando fueron exhumados en 2024, cerrando otra parte de una historia que sus familias habían arrastrado durante generaciones.

Una familia rota por el dolor

Durante décadas, Pilar conoció mucho mejor el dolor que había dejado aquella muerte que la historia de lo que realmente había ocurrido y de la de su propio tío. Su abuela tenía solo 20 años cuando perdió a su hermano mayor y la familia quedó, recuerda, completamente desolada. «En la casa de mi bisabuelo nunca volvió la alegría», explica sobre un duelo que se transmitió de generación en generación con una ausencia que lo englobaba todo pero de la que nadie hablaba. «Hasta 2008 yo sabía muy poco. De Pepín se hablaba poco». Ese año, las jornadas «13 Homes Bons» organizadas en Quart de Poblet cambiaron las cosas para siempre. «Ahí lo supe todo. Ese día tomé conciencia de toda la barbarie», asegura. A partir de entonces comenzó a buscar, preguntar y contactar con los descendientes de los demás fusilados para reconstruir, familia a familia, lo que les había ocurrido.

Foto de la familia. José el mayor, la abuela de Pilar, el bebé.

Foto de la familia. José el mayor, la abuela de Pilar, el bebé. / Familia Giner Navarro.

El peso de la memoria

Ochenta y siete años después de aquellos fusilamientos, Quart de Poblet volverá a reunir sus nombres este jueves, 1 de octubre, con la presentación de la escultura «El pes de la memòria», a las 19 horas en la plaza Valldecabres. El acto culmina un largo trabajo de recuperación de unas historias que durante décadas quedaron fundamentalmente dentro de las familias y que en el municipio comenzaron a conocerse conjuntamente bajo el nombre de «13 Homes Bons». Nueve de ellos son los integrantes del Comité Revolucionario, fusilados juntos el 21 de julio de 1939, a los que se suman José Conesa Ortega, Ángel Torres Tolosa, Onofre Soler Juan y Miguel Zahonero Sánchez.

Pero este jueves serán catorce. El nombre que se incorpora es el de Emilio Valldecabres Malrás, natural de Quart de Poblet, abogado y auditor de guerra, que fue fusilado en Madrid el 17 de enero de 1940, a los 33 años. Aunque residía en Madrid, la recuperación de su expediente permitió incorporar su historia a la de los represaliados de Quart y completar con él los catorce nombres que recordará «El pes de la memòria».