dissabte, 15 d’agost del 2026

"Badajoz, noventa años después." Artículo de Justo Vila.

  https://www.lacronicabadajoz.com/opinion/2026/08/15/badajoz-noventa-anos-despues-conclusiones-133378740.html

El 14 de agosto de 1936 tuvo lugar la toma de Badajoz por el bando sublevado

Jornaleros y yunteros habían participado en la experiencia revolucionaria de la primavera del 36.

Jornaleros y yunteros habían participado en la experiencia revolucionaria de la primavera del 36. / LA CRÓNICA

Sartre concebía la creación literaria como un compromiso con la gente y el tiempo que le tocó vivir. La Palabra es lo que hace al hombre un animal distinto, inteligente y capaz de comunicarse; un animal social y, por consiguiente, solidario, que necesita de los demás. Yo entiendo que, además de un animal social y político, el hombre es un ser histórico. Cada hombre es heredero de la Historia, por lo que debe conocer el pasado.

Las matanzas de pacenses durante el verano de 1936 fueron dadas a conocer al mundo entero por los periodistas que entraron en Badajoz desde Portugal la mañana del 15 de agosto. Algún día habrá que homenajear como se merecen, a Jacques Berthet, del ‘Temps’, Marcel Dany, de la agencia Havas, y Mario Neves, del ‘Diario de Lisboa’, que cruzaron el Guadiana por el Puente de Palmas, viniendo de la frontera de Caya, sólo horas después de la caída de la plaza fuerte pacense en manos de Yagüe. Posteriormente, el 23 de agosto, llegó a la ciudad el periodista Jay Allen, al que tampoco olvidamos.

El domingo 16 de agosto los periódicos franceses ‘Le Populaire’, ‘Le Fígaro’ y ‘Paris-Soir’ dan cuenta de las masacres de Badajoz. ‘Le Populaire’ abre en primera página con este titular: «Los fascistas asesinan a la población de Badajoz». Este periódico tenía la información del corresponsal de la agencia Havas. En este mismo sentido telegrafían los demás corresponsales, en cuyos diarios se pudo leer aquel día: «La sangre corre por las aceras». «Los legionarios y los moros siguen ejecutando en masa». «El número de víctimas, incluidos mujeres y ancianos, es innumerable». «Los cadáveres cubren el suelo»… El 30 de agosto, fue publicada la descripción de la masacre de Jay Allen en el ‘Chicago Tribuna’. Allen, que fue el primer corresponsal extranjero que consiguió entrevistar a Franco, habla de 4.000 asesinados en Badajoz, sólo en aquellos días de agosto. Luego se siguió matando durante todo el verano, todo el 36 y los años que siguieron; calculándose en no menos de 9.000 los asesinados en la provincia pacense. El proyecto de recuperación de la memoria histórica (Junta de Extremadura, Diputaciones, Asociaciones de la memoria y Uex) manejaron en su momento, con nombre y apellido más de 12.000 víctimas mortales en la región.

Yo conocí a uno de estos periodistas, el portugués Mario Neves, con el que mantuve una gran amistad hasta su muerte. Hablamos mucho sobre aquello y siempre me confirmó, horrorizado, lo sucedido en Badajoz. Me contó que entrevistó al teniente coronel Yagüe la mañana del 15 de agosto en un despacho del Ayuntamiento, cuando apenas habían transcurrido quince hora desde que los rebeldes entraran en la ciudad. Neves le preguntó a Yagüe por el número de fusilados. «Hay quien habla de 2000». «No deben de ser tantos…» –dijo el militar–, pero con un aire de suficiencia, de perfecta confirmación de que podía ser posible.

De Neves a Jhon T. Whitaker y J. Allen

Camino de Madrid, Yagüe respondió a otro periodista sobre las matanzas de Badajoz. Jhon T. Whitaker le preguntó si era verdad que habían sido asesinadas miles de personas. «Naturalmente que las hemos matado –respondió Yagüe–. ¿Suponía usted que iba a llevar 4.000 prisioneros rojos en mi columna teniendo que avanzar contra reloj? ¿O iba a dejarlos en la retaguardia para que Badajoz fuera rojo otra vez?»

Pero el artículo que más veces dio la vuelta al mundo fue el de Jay Allen. Su descripción de la masacre fue publicada el 30 de agosto por el ‘Chicago Tribune:

«Hubo fuego. Hay cuerpos quemados. Cuatro mil hombres y mujeres han muerto en Badajoz desde que los legionarios extranjeros del general Francisco Franco y los moros llegaron a la ciudad… Miles de milicianos y milicianas, republicanos, socialistas anarquistas y comunistas fueron asesinados sanguinariamente después de la caída de Badajoz, por el crimen de defender la República contra el ataque furioso de los generales y terratenientes».

Conclusiones

Cuando apenas faltan 9 años para que se cumpla un siglo del inicio de la guerra civil, estamos en condiciones de mantener algunas conclusiones. En primer lugar, el punto de partida estriba en quién desencadenó la guerra. No valen sofismas dialécticos. Pretender a estas alturas que la guerra la originaron, precisamente, aquellos que se opusieron al inicio de la misma, sobrepasa toda posibilidad de análisis lógico.

En segundo lugar, los rebeldes (que se llamaban ‘nacionales’ a si mismos) empezaron por situarse al margen de la ley. Los gubernamentales, defensores del gobierno legitimo, tuvieron que empezar por defenderse de una violentísima agresión. A este respecto, es imposible seguir sosteniendo la aberración jurídica en que se basaron los consejos de guerra en el bando franquista, que fallaban condenas, por el supuesto delito de adhesión a la rebelión militar, precisamente contra aquellos que habían defendido la legalidad vigente.

En tercer lugar, una vez desencadenado el conflicto, no se puede ignorar la distinta actitud de las autoridades de cada uno de los bandos en que quedó dividida España. En uno de ellos se practicó el terror a priori y con el beneplácito de las autoridades. En el otro se respondió a posteriori y ante la impotencia de las autoridades.

Está claro que los sublevados disponían de órdenes estrictas para imponerse sin contemplaciones. Ante una población mayoritariamente hostil, la práctica indiscriminada del terror podía contribuir a debilitar la resistencia que se esperaba. Pero es que las autoridades golpistas hicieron algo más que inhibirse ante los asesinatos: con sus declaraciones contribuyeron a fomentarlos; los ampararon cuando no los propiciaron. Son conocidas las declaraciones de Mola, Queipo y Yagüe en este sentido.

En fin, una cuarta cuestión sería porqué la represión se cebó precisamente en Badajoz. La capital extremeña era la capital de la provincia española donde se había avanzado más en la reforma agraria en vísperas de la guerra civil. Muchos jornaleros y yunteros habían participado en singulares experiencias revolucionarias, como las de marzo y abril de 1936, en que fueron ocupadas miles de hectáreas, sin esperar los resultados de una reforma agraria oficial a todas luces demasiado lenta.

El caso es que había que quitarles las ganas a los revolucionarios y a sus descendientes, de volver a las andadas. Había que restaurar las estructuras sociales características de la España oligárquica que, en la provincia de Badajoz, había recibido serios golpes. Durante unos meses (marzo-julio de 1936) el poder de la oligarquía agraria, basado en la posesión de la tierra desde los tiempos de las Órdenes Militares, había desaparecido prácticamente y con ello habían sido tocadas duramente toda una serie de comportamientos políticos, tradiciones culturales, conductas morales y religiosas y una particular manera de interpretar la historia de España...

En fin, frente a quienes se desgañitan gritando que ya es hora de superar con el olvido las heridas de la guerra y los traumas de la posguerra, frente a quienes prefieren una España desmemoriada, yo les digo que sí, que es necesario superar de una vez por todas las viejas heridas, pero a continuación seguiré defendiendo que el medicamento no se llama olvido, sino memoria, conocimiento histórico, porque, para olvidar, antes es necesario conocer la verdad, toda la verdad.

_____________________________________


"A mi abuelo lo mataron en la plaza de toros de Badajoz. Mi madre tenía ocho años cuando vio como se lo llevaban en dirección a la Ronda del Pilar. Esa fue la última vez que lo vio. Mi abuela se fue detrás de la columna de presos, pero no la dejaron acercarse a él. Un cabo de la Guardia Civil, que la conocía, le dijo que no perdiera el tiempo llorando ante la puerta de la plaza y corriera en busca del aval que sacara de allí a su marido, antes de que fuera demasiado tarde."