dijous, 14 de març del 2019

Los tres campos de concentración de Franco en Valladolid sirvieron para clasificar a los republicanos.

https://cadenaser.com/emisora/2019/03/14/radio_valladolid/1552555203_810149.html

Medina de Rioseco, Castromonte y Valbuena acogieron temporalmente a miles de personas que lucharon en el bando "rojo"

Imágenes de prisioneros en uno de los campos de concentración del franquismo / 
Los campos de concentración creados en la provincia de Valladolid durante el final de la Guerra Civil tuvieron una función de "clasificación". Es la precisión que realiza la Asociación de la Memoria Histórica sobre el libro que se presentará este viernes: "Los campos de concentración de Franco", de Carlos Hernández de Miguel. "Sometimiento, tortura y muerte tras las alambradas". 
Sobre la aportación histórica se han pronunciado los  hispanistas especializados en la Guerra Civil Española: "Una investigación tan heroica como necesaria", afirma Ian Gibson. Según Paul Prestón "los campos fueron parte de una compleja estrategia del terror". 
Tres ubicaciones eligieron los represores en la provincia de Valladolid, según esta obra que amplía las investigaciones precedentes sobre los lugares elegidos por los franquistas para la represión de los sospechosos y personas que combatieron contra los golpistas. 
En Medina de Rioseco estaba formado por dos recintos: el llamado campo del Canal (radicado en las Paneras de Galindo) y el de la finca de Villagodio.
En Castromonte optaron por el monasterio de la Santa Espina.
Y el tercer lugar estaba en Valvuena de Duero, en concreto en el monasterio de Santa María, en la pedanía de San Bernardo.
Escuchar / Pausar04:01Julio del Olmo (ARMH) explica en la SER la función de los campos de concentración en Valladolid
Julio del Olmo, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Valladolid, ha detallado en la SER la función que tuvieron estos espacios: la "clasificación" en la provincia. En el mejor de los casos, se les enviaba a sus pueblos natales, pero el estigma no desaparecía. Además, se les llamaba a filas para que cumplieran el servicio militar obligatorio  durante tres o cuatro años, a pesar de que algunos habían estado en el Ejército durante los tres años del conflicto bélico. 
Otros "clasificados" eran enviados a la cárcel o sometidos a juicios sumarísimos que derivaban en la condena  y el fusilamiento.
La ARMH pone el ejemplo de José María López Leyz, secretario del Ayuntamiento de La Cistérniga. Este "funcionario" creó en este municipio próximo a la capital vallisoletana el partido Unión Republicana ( un partido republicano pero conservador) y durante la Guerra Civil fue ascendido al grado de capitán.  Aunque en el juicio se aportaron testimonios de "personas de derechas" que abogaron por él, los represores le condenaron a muerte. Fue fusilado el 15 de septiembre de 1940. Tenía 43 años y su único pecado fue defender la legalidad.  
Los considerados "forajijos" iban directamente a la cárcel o al paredón.
Y próximos a la provincia de Valladolid  estaban los campos de Toro (Zamora),Valencia de Don Juan (León), Viñalta (Palencia), Arévalo (Ávila) y Aranda de Duero ( Burgos).

El misterio de los miles de huesos perdidos en el cementerio de La Almudena.

https://www.publico.es/politica/misterio-miles-huesos-perdidos-cementerio-almudena.html

Un corrimiento de tierras dejó a la luz una multitud de huesos humanos que pertenecen a un osario que, según constaba, había sido vaciado en los 90. El Ayuntamiento de Madrid ha convocado un concurso público para que un equipo de expertos examine el lugar y estudie si se trata del osario de los cerca de 3.000 republicanos fusilados en la necrópolis. 

Lugar en el que se encuentra el osario con miles de restos humanos y que aparecieron tras un arrastre de tierras provocado por las lluvias.- FERNANDO SÁNCHEZ

Año 2017. Unas lluvias en Madrid provocan un movimiento de tierras en un lugar cerrado al público del cementerio de La Almudena de Madrid, donde las empresas de mantenimiento guardan su maquinaria. De repente, aflora a la superficie lo que el hombre había tratado de esconder durante decenas de años: huesos y más huesos humanos entremezclados con escombros, maleza y restos de obras. La sorpresa es monumental en el Ayuntamiento de Madrid. ¿Qué restos humanos son estos? ¿Se trata de los cerca de 3.000 republicanos fusilados en este mismo cementerio? ¿Por qué están en estas condiciones? ¿Por qué no hay ningún tipo de información?
Las preguntas están encima de la mesa. Las respuestas, en cambio, todavía están en camino. Lo primero que hizo el Ayuntamiento de Madrid fue comprobar si en este mismo lugar hubo un osario. Efectivamente, en este mismo lugar, donde allá por los 50 terminaba la necrópolis, había un osario. La información disponible hasta ese momento, facilitada por los anteriores responsables de la Empresa Mixta de Servicios Funerarios, que estuvo vigente mientras gobernó el Partido Popular en la capital, era que los osarios se habían vaciado en los noventa e incinerados en la planta crematoria del cementerio de Carabanchel. 
Pero los huesos estaban ahí. La tierra los había devuelto. La versión de los antiguos gestores era, al menos, errónea. El osario nunca había sido vaciado y, por tanto, los huesos nunca habían sido incinerados. Las indagaciones del área de Derechos Humanos y Memoria del Ayuntamiento de Madrid prosiguen. En aquel momento, prefirieron esconder la noticia. Era un tema delicado. Podía generar falsas expectativas en los familiares de los miles de fusilados por el franquismo en los primeros años de dictadura. Una nueva capa de tierra los volvió a cubrir. 
"Vimos que podía ser el osario que estuviera en activo cuando vencieron las sepulturas de caridad en las que se enterraron miles de republicanos fusilados. No podíamos generar una falsa alarma. Necesitábamos un informe detallado, exhaustivo y riguroso desde un punto de vista científico", explican a Público desde el área de Derechos Humanos y Memoria del Consistorio. 
Lugar en el que se encuentra el osario con miles de restos humanos y que aparecieron tras un arrastre de tierras provocado por las lluvias.- FERNANDO SÁNCHE
El siguiente paso fue llamar a Francisco Etxebarría, uno de los mayores expertos mundiales en antropología forense. El técnico confirma la necesidad de realizar un estudio en profundidad. "Inspeccioné el osario, que parece muy grande y del que se desconoce su profundidad. Es un osario de concepción clásica, de los que estaban pensados para que la materia orgánica se secara y se degradara al aire libre", declaró Extebarría a El País. 
Las sospechas iban creciendo. Los restos de los republicanos pueden estar ahí. Desde el Ayuntamiento, de hecho, indican que hay "un alto grado de probabilidad" de que el gigantesco osario abandonado y olvidado contenga los huesos de los madrileños fusilados. A la vez, las mismas fuentes insisten: "No es posible dar una información categórica en este momento". Y lo que es peor: el estado de deterioro del osario es tal que será prácticamente imposible identificar los restos. 
Así, el Ayuntamiento de Madrid ha convocado un concurso público para que un equipo de expertos examine el viejo osario y aporté las certezas necesarias en un caso lleno de interrogantes. ¿El problema? Que la legislatura se acaba y desde el Área de Memoria aseguran que no saben si podrán ejecutarlo antes de las elecciones municipales y autonómicas del próximo 26 de mayo. "Me gustaría poder decirte que sí, pero no lo sé. No es la situación ideal para nosotros. Nos gustaría haber podido convocar a todos los medios y ofrecer certezas y no tantas incógnitas", prosiguen estas fuentes. 

"Nos han estado engañando"

Si los interrogantes abundan por el Consistorio, la situación no mejora en el caso de los familiares de los miles de fusilados en el cementerio de La Almudena. "Está todo el mundo muy nervioso. La gente mayor especialmente. Se habían hecho a la idea de que los huesos ya no existían y este descubrimiento abre la puerta a recuperarlos, aunque ya nos han dicho que seguramente sea imposible", explica a Público Tomás Montero, portavoz de la asociación Memoria y Libertad, colectivo de familiares, amigas y amigos de las víctimas del franquismo en Madrid. 
Lugar en el que se encuentra el osario con miles de restos humanos y que aparecieron tras un arrastre de tierras provocado por las lluvias.- FERNANDO SÁNCHE
El colectivo, de hecho, se enteró de la aparición de los huesos un día antes de que lo revelara un reportaje de El País. El Ayuntamiento los convocó y les trasladó la información disponible hasta el momento. "Tenemos una sensación de sentimientos encontrados. Para la gente mayor siempre ha sido una prioridad la recuperación de los huesos y nosotros llevamos media vida informando de que era imposible y ahora ya no sabemos más. Hay que esperar al informe", incide Montero.
El portavoz de Memoria y Libertad confiesa que se siente engañado por los exdirigentes del Partido Popular en el Ayuntamiento y de la Empresa Mixta de Servicios Funerarios. "Nos han estado engañando. Incluso en correos electrónicos nos decían que el osario no existía. Y ahora nos hemos enterado incluso de que hay trabajadores del cementerio municipal que conocen este lugar como 'el osario de los fusilados' y que llevaba abierto desde 1920", prosigue Montero. 
Ahora, Montero dice que esperarán a los resultados de la investigación que el Ayuntamiento pretende iniciar. Si se confirma que, efectivamente, se trata del 'osario de los fusilados' debatirán y examinarán las posibilidades. "Al menos, esperamos poder dignificar el espacio, poner algo simbólico que identifique el lugar y tal. Pero hay que esperar. De momento, nadie sabe nada seguro", concluye. 

Una investigación localiza 13 campos de concentración franquistas en Córdoba.

https://cordopolis.es/2019/03/13/una-investigacion-localiza-13-campos-de-concentracion-franquistas-en-cordoba/

Hubo al menos tres pueblos del Valle del Guadiato que se convirtieron por completo en cárceles tras ser rodeados por alambradas

Entrada del ejército franquista a Pozoblanco.
Córdoba tuvo 13 campos de concentración o de trabajo entre los años 1936 y 1954. Una reciente investigación del periodista Carlos Hernández, plasmada en su libro Los campos de concentración de Franco, ha encontrado un total de 12 recintos donde se concentraron los presos que podían haber tenido algún tipo de vinculación con la República Española en la provincia de Córdoba. En ocasiones, se trató de pueblos enteros que fueron rodeados con alambradas y que se convirtieron, literalmente, en municipios-cárceles. En otras, los presos se localizaron en todo tipo de edificios cercanos a grandes fábricas o construcciones de obras públicas para ser usados como mano de obra gratuita.
Esta investigación, que acaba de ver la luz y que este martes fue publicada por eldiario.es, expone que en toda España fueron entre 700.000 y un millón las personas que pasaron por estos campos de concentración. En Córdoba, se conocía la existencia de una decena, que ahora esta investigación ha concretado exactamente en 13.
Recientemente, el doctor en Historia Francisco Navarro presentó otro libro en la ciudad titulado Cautivos en Córdoba (1937-1942), donde localizó estos campos de concentración. Este historiador concretó que hubo, además una treintena de unidades de trabajos forzados en Córdoba, una provincia donde se llegaron a contabilizar unos 60.000 presos.
En la ciudad de Córdoba se ubicaron tres campos de concentración y trabajos forzados. Uno se localizó en el Convento de San Cayetano y otro más en la zona conocida como Córdoba La Vieja -una parte conocida como Suerte Chica o Suerte de los Prisioneros dentro de la finca Córdoba La Vieja-, donde ya empezaban a aflorar las ruinas de Medina Azahara. En la base militar de Cerro Muriano también se calcula que hubo más de 300 presos. La investigación expone que gran parte de esta mano de obra se usó para trabajar en la fábrica de cemento de Asland. Posteriormente, el mismo cemento fabricado por estos presos era usado en la construcción de la prisión provincial de Fátima, también levantada en su mayor parte por estos presidiarios que, en algunos casos, acabaron entrando años después en ella.
Pero es en la provincia de Córdoba donde más campos de concentración se localizan. El Valle del Guadiato y Los Pedroches fueron dos comarcas fuertes para el Ejército Republicano. El fin de la Guerra Civil provocó la captura masiva de soldados republicanos. Tantos fueron que tres pueblos del Guadiato se convirtieron literalmente en campos de concentración. El Ejército Franquista rodeó con alambrada Los Blázquez, Valsequillo y La Granjuela. Sus habitantes y miles de soldados se convirtieron en presos. En el Guadiato, además, consta que existieron otros dos campos de concentración en Fuente Obejuna y en Peñarroya-Pueblonuevo.
El Sur de la provincia tampoco se libró. Así, hay constancia de la existencia de otros cuatro campos de concentración franquistas más en Montilla (en los colegios femeninos Rebaño de María y La Aurora), en Aguilar de la Frontera (en otro colegio de la calle Pozuelo), en Cabra (en un edificio de la actual Plaza Vieja) y en Lucena (en las escuelas del convento de los Padres Franciscanos).
Ninguno de los presos había sido juzgado ni acusado formalmente ni siquiera por tribunales franquistas, y pasaron ahí una media de 5 años. Sobre todo eran combatientes republicanos, aunque también había “alcaldes o militantes de izquierdas” capturados tras el golpe de estado en localidades que cayeron en manos del ejército franquista, según señala la investigación del periodista Carlos Hernández.

Habrá más exhumaciones de fosas en Sencelles, Porreres y Manacor

https://www.mallorcadiario.com/el-plan-de-actuacion-de-la-exhumacion-de-fosas-incluye-9-intervenciones


La Comisión Técnica de Desaparecidos y Fosas de las Illes Balears, órgano técnico adscrito a la Consellería de Cultura, Participación y Deportes, y creado por la Ley para la recuperación de personas desaparecidas durante la Guerra Civil y el Franquismo, ha acordado su Plan de Actuación 2019-2020.
La Comisión Técnica, presidida por la consellera de Cultura, Participación y Deportes, Fanny Tur, y con la presencia de representantes de Memoria de Mallorca, la Federación de Entidades Locales de las Islas Baleares (FELIB), los consells insulares y el Foro para la Recuperación Histórica de Eivissa y Formentera, aprobó el Plan de Actuaciones que se tienen que impulsar durante el 2019-2020. Ésta incluye las siguientes fases.
La tercera fase de Porreres, donde se intervendrá una zona ajardinada que está situada cerca de la fosa abierta en 2016. Hay que recordar que la intervención de la fosa principal se encuentra en estos momentos parada por instancias judiciales; sin embargo, testigos orales certifican que en la zona ajardinada que se intervendrá también se enterraba gente. El historiador Tomeu Garí ha sido el responsable de la investigación.
La segunda fase del cementerio de Sencelles, donde se buscan tres cuerpos. La historiadora Antònia Mercadal ha sido la encargada de la investigación de esta fosa. Se intervino el pasado octubre sin resultados, sin embargo, se intervendrán otras zonas del cementerio que según testigos orales podría estar situada la fosa.
La segunda fase del cementerio viejo de Eivissa, Ses Figueretes, según testigos orales se sabe que hubo entierros en el pasillo central que da entrada al cementerio, así como en la zona del cementerio no católico. Se cree que existen unas 75 personas enterradas en las fosas comunes del cementerio viejo. Esta fosa ha sido investigada por los miembros del Foro por la Memoria de Eivissa y Formentera.
Cementerio de Son Coletes (Manacor), después de dar positivo el estudio de viabilidad realizado el pasado mes de octubre. Los técnicos pudieron localizar el cementerio viejo, encima del cual se construyó el actual cementerio de Son Coletes a partir del año 1946; estos indicios hicieron posible la hipótesis que todavía resten cuerpos debajo de la nueva construcción que podrían ser de represaliados de la guerra civil. Son Coletes era un pequeño cementerio abierto fuera de la ciudad de Manacor para enterrar los muertos de la peste de 1820. Después, prácticamente se abandonó, puesto que los entierros tenían lugar en el cementerio oficial situado en Son Mas. Sin embargo, se volvió a utilizar en los años de la Guerra Civil y la represión franquista. Según la investigación histórica realizada por Antoni Tugores, en Son Coletes tuvieron lugar los entierros después de numerosas ejecuciones realizadas desde finales de agosto del 1936 y el final de la posguerra, incluidas las de los fusilados después de juicio sumario en los años posteriores. El número de víctimas allá fue de 365 personas identificadas más un número indeterminado de personas sin identificar, la mayoría civiles y algunos militares republicanos. Durante los años 50 se decidió cerrar el cementerio de Son Mas y se eligió Son Coletes y terrenos próximos como nuevo cementerio que fue inaugurado en 1953 y que hoy en día sigue como cementerio municipal de Manacor. Existen testigos que afirman que al hacer las obras de transformación los terrenos fueron removidos y los restos óseos encuentros trasladados a diferentes osarios. Sin embargo el estudio de viabilidad ha dado positivo y la importancia histórica de los hechos sucedidos y el elevado número de víctimas hace que se intervenga el cementerio.
Cementerio de Bunyola, después de realizar un estudio de viabilidad que dio positivo, se exhumará la fosa situada al cementerio del municipio. Se espera encontrar 10 personas identificadas y 5 sin identificar. El historiador Xavier Margais ha sido el encargado de la investigación de la fosa de Bunyola, donde especifica que hacia la década de los años 50 se amplió el cementerio, y se construyeron unos nichos encima la fosa común.
Forn de cal del Coll de Artà-Salma, según Jaume Alzina Mestre, Doctor en Historia, la fosa se encontraría en el regazo de la montaña lateral del cuello de Artà, el Puig de sus Hitos. Los restos que quizás contiene la cavidad podrían corresponder a un vecino de Artà asesinado día 10 de septiembre de 1936 por franquistas.
Segunda fase del Pou de Son Lluís (Porreres), en la finca de Son Lluís se encuentran varios pozos, que según testigos orales allá se echaban cuerpos de las víctimas. Se hizo una primera intervención a uno de los pozos que no dio resultados y es por eso que en esta segunda fase se intervendrá otro pozo de la misma finca para buscar los cuerpos.
Cementerio de Valldemossa, se busca una víctima, según han investigado Josep Quetglas, Magdalena Jaume i Manel Suárez. La fosa estaría localizada en el cementerio del municipio, que ha experimentado numerosos cambios, en cuanto a la parte vieja durante los últimos años. Sin embargo, la ubicación de la fosa en que, como mínimo, depositaron el cuerpo de un vecino del pueblo, no ha experimentado ninguna intervención conocida. Las imágenes recientes muestran una superficie de tierra, que muy posiblemente esconde el cuerpo de este hombre asesinado durante la madrugada del día 16 de agosto de 1936 a la carretera de Palma a Valldemossa.
Cementerio de Santa Maria, se intervendrá un nicho particular, que según el testigo de un vecino asegura que al nicho familiar hay un hombre enterrado que podría ser un represaliado.

El mapa del terror franquista de los campos de concentración

https://www.infolibre.es/noticias/politica/2019/03/12/campos_concentracion_franquismo_92751_1012.html

  • Carlos Hernández de Miguel publica Los campos de concentración de Franco, una investigación que concluye que en España hubo alrededor de 300 campos con entre 700.000 y un millón de víctimas
  • Andalucía, con 52, fue la comunidad con más campos de concentración, seguida de la Comunitat Valenciana, las dos Castillas y Aragón
  • El autor explica a infoLibre que este es uno de los capítulos de la represión franquista menos atendidos, quizá por el deseo de la dictadura de separarse del régimen nazi

Publicada el 12/03/2019 a las 06:00Actualizada el 12/03/2019 a las 11:17
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Los prisioneros abarrotan el campo de concentración habilitado en la plaza de toros de Santander.
Los prisioneros abarrotan el campo de concentración habilitado en la plaza de toros de Santander. 
Biblioteca Nacional de España
Campo de concentración. Tres palabras que, inevitablemente, evocan a la Alemania nazi. A Auschwitz, a Mauthausen, a Dachau. Pero no hace falta ir tan lejos. Campos de concentración también hubo en Rota, en Jaca, en Oviedo, en Reus. Son menos conocidos porque han sido menos pronunciados. Y menos estudiados. Fueron campos de concentración franquistas y, como los nazis, eran centros de castigo al enemigo de la dictadura. "Para coger aquella mala comida había que hacer largas colas de hombres hambrientos, bajo una nevada, y cuando llegabas a la perola te echaban un cazo de agua con espinas de pescado que tenías que tirar, porque no te lo podías comer". Es lo que recuerda Antonio Torres Morales del campo de concentración de Miranda de Ebro —situado en Burgos y recordado como el más longevo—, cuyo terror y crueldad sufrió en primera persona. Su relato, no obstante, es colectivo. "Comidas escasas, con bichos y piedras hervidas junto a las legumbres", relata Emilio Fernández Seisdedos, prisionero en isla Saltés, en Huelva. Los testimonios podrían ser inacabables.


Ha sido el periodista y escritor Carlos Hernández de Miguel quien los ha recogido en el libro Los campos de concentración de Franco. Sometimiento, torturas y muerte tras las alambradas (Penguin Random House España), que sale a la venta este jueves. Es el resultado de tres años de investigaciones y de acceso a los archivos que contenían este capítulo olvidado de la historia de España. Y es que muy poco se ha publicado sobre los campos de concentración franquista. Y no fueron pocos como para justificar este silencio. Hubo, oficialmente, 296. Repartidos por toda España. Con la misma crueldad. Y por allí pasaron, según Hernández de Miguel, entre 700.000 y un millón de españoles y españolas.

Son cifras difíciles de olvidar. Pero aun así, este capítulo no ha sido demasiado atendido. ¿Por qué? "Yo creo que hay varias razones para explicarlo. La primera de ellas es que la magnitud de la represión franquista tuvo muchas ramificaciones. Hubo muchas vías para reprimir a la gente y esta, en concreto, quedó un poco apartada, olvidada e, incluso, minimizada", explica Hernández de Miguel en conversación con infoLibre. "Pero también hay un segundo elemento en este olvido", añade. Uno de los objetivos del régimen franquista fue borrar "toda la huella de sus crímenes y de la colaboración con el régimen nazi". Y "el término 'campo de concentración' se asocia al nazismo".

Pero el problema es que la España democrática tampoco ha hecho bien su trabajo. El franquismo tuvo "40 años para reescribir la historia y la democracia no hizo los deberes de volver a escribirla para que no se mantuviera el relato de los herederos de la dictadura", lamenta.

El terror repartido por la geografía española

Los hubo durante la Guerra Civil y durante la dictadura. Y fueron muchos. Según la investigación llevada a cabo por Hernández de Miguel, se cuentan por centenares. Hasta los casi 300. Y la mayoría estaban en Andalucía. Allí, concretamente, hubo 52 campos de concentración: dos en Almería, cinco en Cádiz, 12 en Córdoba, ocho en Granada, cuatro en Huelva, nueve en Jaén, cinco en Málaga y siete en Sevilla. Ninguna de sus ocho provincias se libró de estos centros.



A Andalucía la siguió la Comunitat Valenciana, donde llegó a haber 41 campos; Castilla-La Mancha, con 38; y Castilla y León, con 24. En todas las comunidades, sin ningún tipo de excepción, hubo alguno. En Aragón fueron 18 —siete en Huesca, cinco en Teruel y seis en Zaragoza—; en Asturias, 12; en Baleares, siete; en Canarias, cinco —contando con dos centros tardíos, es decir, construidos después de la Guerra Civil—; en Cantabria, 10; en Cataluña, 14 —cuatro en Barcelona, dos en Girona, seis en Lleida y dos en Tarragona; en Euskadi, nueve —cuatro en Álava, tres en Gipuzkoa y dos en Bizkaia—; en Extremadura, 17 —13 en Badajoz y cuatro en Cáceres—; en Galicia, 11 —ocho en A Coruña, uno en Ourense y dos en Pontevedra—; en La Rioja, dos; en Madrid, 16; en Murcia, 11; y en Navarra, cuatro.

Y no solo ahí: en Ceuta, en Melilla, en el Protectorado de Marruecos y en el Sáhara español hubo, al menos, otros cinco.

La mayoría eran recintos al aire libre, aunque también se usaron instalaciones y edificios ya existentes. Pero además, se trata de espacios hoy reconvertidos a los que asisten multitud de personas sin conocer que hace décadas fueron el escenario de unas de las formas de represión más duras practicadas por la dictadura franquista. El estadio del Viejo Chamartín donde jugaba el Real Madrid, el campo del Puente de Vallecas, el Hostal de San Marcos en León o el Palacio Ducal de Lerma fueron, en su momento, lugares utilizados como campos de concentración donde se hacinaban centenares de prisioneros y prisioneras republicanos.


Desde el inicio de la guerra hasta finales de los años 40

Fue una forma de represión que se practicó en toda España. Pero los tiempos no fueron los mismos en todas las autonomías. Los primeros campos de concentración comenzaron a construirse en el año 1936, después del golpe militar con el que comenzó la Guerra Civil. Y lo hicieron con un objetivo muy claro: sembrar el terror en el enemigo republicano. Así lo dijo, de hecho, el propio Franco en una orden enviada a sus generales el 20 de julio de 1936, tan solo dos días después del golpe: "Organizarán campos de concentración con los elementos perturbadores, que emplearán en trabajos públicos, separados de la población".

Así lo dijeron y así lo hicieron. La noche del 17 al 18 de julio los militares golpistas asesinaron, como recuerda Hernández de Miguel, a 189 personas en Ceuta y Melilla. Dos días después, El Telegrama del Rif avisaba de la creación del primer campo de concentración, tal y como ordenó y avisó Franco: "Ayer fueron detenidos varios paisanos a los cuales se trasladó a la Alcazaba de Zeluán, donde ha quedado establecido un campamento de concentración de detenidos".


"El grueso del sistema de los campos de concentración se extendió desde 1936 hasta noviembre de 1939. Es decir, duró toda la Guerra Civil y los primeros meses de la posguerra", cuenta Hernández de Miguel. En ese momento se cierra la mayoría. La mayoría, pero no todos. "Algunos quedaron abiertos, pero sobre todo hay que destacar que siguieron funcionando por toda España decenas de batallones de trabajadores que hacían trabajos forzados", añade. Lo hacían como todos los recluídos en los campos: sin haber sido juzgados ni, por tanto, condenados.

Fue en 1948 cuando, definitivamente, cesaron. Un año antes se cerró el campo más longevo: el de Miranda de Ebro. En aquella época, la represión franquista ya se había trasladado a las cárceles españolas.

"Huir de la sombra de Auschwitz"

Fueron doce años de represión en campos de concentración. Pero hasta ahora se desconocía el número y la ubicación de todos ellos. Hernández de Miguel tiene claro que una posible explicación de este hecho es la influencia del nazismo. Una influencia que, no obstante, no debería existir. "Yo creo que no es bueno que hagamos una comparación entre los campos españoles y los nazis. Hay que evitarlo porque, al lado de campos como Auschwitz, las víctimas españolas parecen menos víctimas", explica. "Es necesario alejar esa comparación para no caer en estereotipos y poder estudiar la naturaleza propia de los campos franquistas, que ya tuvieron la crueldad suficiente", remata.

Y es que entre un sistema y otro hay similitudes, pero también diferencias. "Los españoles eran mucho más caóticos. En los campos nazis había más homogeneidad. Eran más parecidos entre sí porque las normas de funcionamiento se establecían desde Berlín", explica Hernández de Miguel. Aquí, continúa, eran los distintos generales los que marcaban cómo funcionaba cada centro.

Pero, no obstante, ambos respondían a un mismo objetivo. "Por un lado, servían para exterminar a los más significados enemigos, aquellos que habían ocupado cargos en la administración republicana o en sindicatos o partidos. Estos, normalmente, eran condenados a muerte con o sin consejo de guerra, que también podía condenarlos a prisión", explica.

Por otro lado, también servían como lugar de adoctrinamiento. "Franco tenía sus necesidades de guerra y sabía que no podía exterminar a toda la población", asegura. Por ello, los campos también sirvieron para "deshumanizar" a aquellos republicanos que no se consideraban tan radicales. Los "recuperables", en palabras de Hernández de Miguel. "Con el miedo, el castigo y el hambre acababan domesticados", afirma.

¿Y cómo se establecía esta distinción? Se investigaba a cada prisionero pidiendo información a alcaldes, curas y guardias civiles de la zona en la que vivían. Estos, a continuación, emitían un informe que enviaban al campo de concentración. Un informe que "determinaba el futuro de los prisioneros". "Ir a misa, por ejemplo, determinaba la frontera entre la vida y la muerte de una persona".

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