dijous, 13 d’agost del 2026

Entierran en Columbrianos los restos de Claudio Macías, 'topo' durante años para sortear la represión franquista

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Entierro en Columbrianos de los restos de Claudio Macías, 'topo' en Villalibre de la Jurisdicción para sortear la represión franquista.

Redacción EL BIERZO

Fue juzgado y condenado a 10 años de prisión por participar en la Revolución de Octubre de 1934. Liberado en marzo de 1936, defendió a la República como miliciano antifascista en Asturias hasta la caída del Frente Norte. Cuando regresó a la casa familiar en Villalibre de la Jurisdicción (Priaranza del Bierzo), la represión franquista era tan extrema que vivió durante años como un topo, escondido de los sublevados. Hasta que Claudio Macías acabó contrayendo una enfermedad pulmonar, decidió su propio destino y pidió ser enterrado en el propio domicilio para no comprometer a sus hermanas. 77 años después de aquel entierro discreto en la bodega, sus restos fueron ahora inhumados de nuevo, esta vez en Columbrianos (Ponferrada), tras la exhumación acometida por la ARMH (Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica).

Macías fue detenido el 28 de noviembre de 1934 y juzgado por los sucesos revolucionarios desatados en octubre de ese mismo año. Condenado a 10 años de prisión, en marzo de 1936 se benefició de la aplicación de la amnistía por parte del Gobierno del Frente Popular. Tras triunfar el golpe militar de julio en Ponferrada, marchó como voluntario a defender la República como miliciano antifascista, integrante del regimiento Máximo Gorki.

Caído el Frente Norte, regresó a Villalibre de la Jurisdicción dispuesto a esconderse tanto en el monte como en el domicilio familiar, donde vivió durante años como un topo hasta que enfermó. Para que sus hermanas no corrieran riesgos por sus vínculos políticos, Macías pidió que su cuerpo fuera enterrado en la bodega de casa, en el interior de una urna de madera.

Exhumación por parte de la ARMH de los restos de Claudio Macías, 'topo' en Villalibre de la Jurisdicción para sortear la represión franquista.

Ahora, 77 años después, su familia ha decidido darle sepultura en Columbrianos tras la exhumación de los restos acometida por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, que hasta la fecha los había custodiado en su laboratorio. Y ya reposan en un panteón junto a los de su hermana, que en una carta escrita al doctor Emilio Barcia hablaba de que Claudio había desparecido en Asturias para mantener la coartada de que nunca había regresado, según un documento reproducido y facilitado a la ARMH por parte de la Asociación La Peñina de Fabero.

La ARMH ha entregado a la familia una copia de la carta remitida al doctor Barcia, médico ya fallecido que durante años recabó testimonios relacionados con lo acontecido en El Bierzo durante la posguerra, así como otra reproducción de los informes arqueológico y forense de los restos de Claudio Macías.

Las mujeres que el franquismo encerró sin delito: cinco libros para descubrir el Patronato de Protección a la Mujer

 https://www.diario-red.com/articulo/memoria/mujeres-que-franquismo-encerro-delito-cinco-libros-descubrir-patronato-proteccion-mujer/20260811101319074300.html

Miles de niñas y jóvenes fueron internadas durante décadas por apartarse de la moral impuesta. El Patronato sobrevivió a Franco y no desapareció hasta 1985; en 2026, el Estado ha empezado a reconocer oficialmente a sus víctimas


Jóvenes internas del Patronato de Protección a la Mujer durante el franquismo - RTVE / Archivo histórico


Durante décadas, miles de niñas y jóvenes españolas quedaron bajo la tutela de una institución capaz de intervenir en algunos de los aspectos más íntimos de sus vidas. No era necesario haber cometido un delito ni haber recibido una condena judicial. Bastaba con que su comportamiento fuera considerado contrario a la moral dominante, que existiera un conflicto familiar, que hubieran mantenido relaciones sexuales fuera del matrimonio, que se hubieran quedado embarazadas o que fueran señaladas como jóvenes necesitadas de “protección”.

El organismo encargado de ejercer ese control fue el Patronato de Protección a la Mujer, una institución reorganizada por la dictadura franquista en 1941, dependiente del Ministerio de Justicia y con Carmen Polo de Franco como presidenta de honor. Bajo la idea de proteger y reeducar a las mujeres consideradas en situación de “riesgo moral”, desarrolló una extensa red de centros por toda España y convirtió durante más de cuatro décadas la conducta y la sexualidad femeninas en asuntos susceptibles de vigilancia e intervención institucional.

Muchas de las jóvenes que quedaron bajo su tutela fueron internadas en reformatorios, colegios, hogares, maternidades o talleres gestionados en buena medida por congregaciones religiosas. Las investigaciones históricas y los testimonios reunidos durante los últimos años han documentado situaciones de aislamiento, disciplina estricta, adoctrinamiento religioso, trabajos no remunerados, castigos físicos y psicológicos y presiones sufridas por algunas jóvenes embarazadas en relación con el destino de sus hijos.

Sin embargo, pese a la magnitud y duración de aquella estructura, el Patronato continúa siendo para buena parte de la sociedad uno de los episodios menos conocidos de la represión ejercida específicamente sobre las mujeres durante el franquismo. Su historia ha ido emergiendo lentamente gracias al trabajo de supervivientes, historiadoras y periodistas que durante años han buscado expedientes, localizado antiguos centros y reconstruido las vidas de quienes pasaron por ellos.

En 2026, esa memoria ha adquirido además una renovada actualidad. El Gobierno reconoció el pasado marzo oficialmente a 53 víctimas del Patronato e inició el procedimiento para declarar esta institución, entendida como patrimonio inmaterial, Lugar de Memoria Democrática. Más de cuarenta años después de su desaparición, el Estado comienza así a incorporar a sus políticas públicas de memoria una historia que durante mucho tiempo permaneció fundamentalmente en los testimonios de sus supervivientes y en los trabajos de quienes decidieron investigarla.

Cinco libros permiten acercarse hoy a aquella realidad desde perspectivas diferentes y complementarias.

Una institución para vigilar la moral femenina

Para comprender el Patronato es necesario situarlo dentro de una concepción mucho más amplia de cuál debía ser el papel de las mujeres en la sociedad franquista. La dictadura no se limitó a restringir sus derechos políticos, laborales o jurídicos, sino que desarrolló un modelo femenino estrechamente relacionado con la obediencia familiar, la religión católica, el matrimonio y la maternidad.

Dentro de ese proyecto, la sexualidad femenina adquirió una especial importancia. Aquellas jóvenes que se alejaban del comportamiento considerado correcto podían ser calificadas como descarriadas, rebeldes o moralmente peligrosas y quedar sometidas a mecanismos de vigilancia y corrección.

Uno de los trabajos más completos para entender cómo se articuló aquella estructura es Redimir y adoctrinar. El Patronato de Protección a la Mujer (1941-1985), de la historiadora Carmen Guillén Lorente, publicado por Crítica en 2026.

Guillén lleva años investigando específicamente el Patronato y realizó la primera tesis doctoral dedicada de forma monográfica a esta institución. Su libro permite observarla desde dentro de la propia administración franquista y reconstruir la relación entre el Estado, la Iglesia y las numerosas órdenes religiosas que participaron en la gestión de los centros.

Su principal aportación consiste en demostrar que lo sucedido no puede explicarse únicamente como una sucesión de abusos cometidos en determinados reformatorios. Detrás existía una estructura institucional con normas, autoridades, expedientes y procedimientos administrativos que respondían a una determinada concepción de la mujer y de la moral pública.

Redimir y adoctrinar resulta por ello una buena puerta de entrada para cualquier lector que quiera descubrir el Patronato. Antes de conocer las historias particulares de quienes fueron internadas, el libro permite comprender cómo fue posible construir un sistema capaz de intervenir durante décadas en la vida de miles de jóvenes.

Las mujeres que comenzaron a romper el silencio

La recuperación de esta historia, sin embargo, no nació únicamente de las investigaciones académicas. Mucho antes de que el Patronato comenzara a recibir una mayor atención institucional, algunas de las mujeres que habían pasado por sus centros empezaron a contar lo que habían vivido.

Entre ellas se encuentra Consuelo García del Cid Guerra, internada durante su adolescencia y posteriormente convertida en una de las principales voces en la recuperación de la memoria de las antiguas internas. En 2012 publicó Las desterradas hijas de Eva, uno de los primeros libros que acercaron esta realidad a un público más amplio.

La obra reconstruye el funcionamiento de distintos establecimientos vinculados al Patronato y recupera las experiencias de mujeres que habían permanecido durante décadas prácticamente ausentes del relato público sobre el franquismo. A través de testimonios y documentación, García del Cid dirige la atención hacia la vida cotidiana dentro de los centros y hacia las consecuencias que aquellos internamientos tuvieron sobre quienes los sufrieron.

Su aportación resulta especialmente importante porque añade algo que los documentos administrativos difícilmente pueden reflejar: la experiencia personal de sentirse vigilada, castigada o privada de libertad sin comprender por qué una conducta que no constituía ningún delito había provocado semejante respuesta.

La trayectoria de García del Cid permite además observar cuánto ha cambiado el reconocimiento público de estas mujeres. Después de años dedicados a denunciar y documentar lo sucedido, el pasado mes de marzo fue una de las representantes de las víctimas que tomó la palabra en el acto de reconocimiento celebrado por el Gobierno en Madrid.

El recorrido entre ambos momentos resume en buena medida la evolución de esta memoria: primero estuvieron las supervivientes que decidieron hablar; décadas después comenzó a llegar el reconocimiento institucional.

Seguir el rastro del Patronato por las ciudades españolas

Otra de las dificultades para conocer el verdadero alcance de la institución reside en la dispersión de sus archivos y en el carácter territorial de su funcionamiento. El Patronato no era únicamente un organismo ubicado en Madrid, sino una extensa red de juntas provinciales y establecimientos repartidos por diferentes puntos del país.

Las periodistas Marta García Carbonell y María Palau Galdón investigaron precisamente ese despliegue en Indignas hijas de su Patria. Crónicas del Patronato de Protección a la Mujer en el País Valencià, publicado en 2023 por la Institució Alfons el Magnànim.

Su trabajo combina periodismo de investigación, documentación histórica y testimonios para reconstruir el funcionamiento del Patronato en territorio valenciano. Al reducir la escala y seguir su huella sobre lugares concretos, la institución deja de presentarse como una estructura abstracta y adquiere una dimensión mucho más cercana.

Aparecen entonces los edificios en los que permanecieron las internas, las congregaciones responsables de determinados centros, los expedientes que decidían el destino de las jóvenes y las familias que, en algunos casos, participaron también en el proceso que terminaba conduciéndolas hasta ellos.

El libro muestra asimismo las dificultades que todavía existen para investigar esta historia. La documentación del Patronato quedó dispersa entre diferentes archivos y administraciones, mientras que determinadas fuentes siguen siendo complicadas de localizar o consultar. Reconstruir lo sucedido implica, por tanto, unir fragmentos documentales y testimonios que durante décadas permanecieron separados.

Ese trabajo permite devolver nombres, lugares y biografías a una historia que durante demasiado tiempo fue explicada únicamente mediante categorías administrativas como “protegidas”, “descarriadas” o “mujeres en riesgo moral”.

Una muerte ocurrida cuando España ya era una democracia

La investigación de Marta García Carbonell y María Palau Galdón encontró posteriormente una historia que obliga a mirar el Patronato desde una perspectiva todavía más incómoda. Junto con Esther López Barceló, ambas periodistas publicaron en abril de 2026 Inmaculada. La muerte que precipitó el final del Patronato, editado por Libros del K.O.

El libro reconstruye la vida y la muerte de Inmaculada Valderrama Morato, una adolescente de 14 años que falleció en septiembre de 1983 después de precipitarse desde un tercer piso del reformatorio Nuestra Señora del Pilar, en San Fernando de Henares, donde se encontraba internada.

La fecha convierte su caso en algo especialmente significativo. Inmaculada no murió en los primeros años de la dictadura ni durante la posguerra, sino en 1983, cuando España llevaba casi cinco años bajo la Constitución de 1978 y había celebrado ya varias elecciones democráticas.

Su historia permite cuestionar una división demasiado sencilla entre dictadura y democracia. Las instituciones políticas habían cambiado, pero determinadas estructuras heredadas del franquismo continuaban funcionando. El Patronato seguía existiendo y todavía pasarían dos años hasta su desaparición formal.

Las autoras reconstruyen la identidad de Inmaculada, investigan las circunstancias de su muerte y recuperan una historia que durante décadas apenas había tenido presencia pública. Al hacerlo, el libro amplía también el debate sobre el Patronato: ya no se trata únicamente de analizar cómo pudo funcionar durante la dictadura, sino de preguntarse por qué una institución creada para controlar la moral femenina sobrevivió tantos años después de la muerte de Franco.

Esa continuidad constituye uno de los elementos más sorprendentes de toda su historia. El dictador murió en 1975, las primeras elecciones democráticas se celebraron en 1977 y la Constitución fue aprobada en 1978, pero el Patronato no desapareció definitivamente hasta 1985.

Comprender la sociedad que hizo posible el Patronato

Las historias de las internas explican qué ocurrió dentro de los centros, pero para comprender por qué una institución semejante pudo existir durante más de cuatro décadas resulta necesario observar también la sociedad que la sostuvo.

Eso es precisamente lo que permite hacer Mujer, moral y franquismo. Del velo al bikini, de la historiadora Lucía Prieto Borrego, publicado en 2018 por la Universidad de Málaga.

A través del estudio de las políticas de control social desarrolladas durante la dictadura y, particularmente, del funcionamiento del Patronato en Málaga entre 1941 y 1971, Prieto Borrego muestra cómo la intervención sobre las mujeres trascendió la finalidad oficialmente relacionada con la prostitución.

La institución actuó también sobre comportamientos que simplemente se alejaban de la moral sexual y familiar defendida por el nacionalcatolicismo. Esa ampliación resulta fundamental para comprender el Patronato, porque demuestra que su función no consistía exclusivamente en intervenir ante determinadas situaciones de marginalidad, sino también en establecer cuáles eran los límites de una conducta femenina considerada aceptable.

El libro sitúa así al Patronato dentro de un sistema mucho más amplio de control social. El modelo de mujer promovido por el franquismo no era únicamente un ideal difundido desde la educación, la Iglesia o los discursos oficiales. Existían también estructuras capaces de intervenir sobre aquellas que se apartaban de él.

Leído junto a los testimonios y las investigaciones sobre los reformatorios, el trabajo de Prieto Borrego permite comprender que detrás de cada expediente existía una determinada concepción política de la familia, la sexualidad y el lugar que debían ocupar las mujeres en la sociedad.

Una historia que España empieza ahora a reconocer

La publicación de estos libros ha contribuido a reconstruir una historia que durante décadas permaneció fragmentada entre archivos, recuerdos familiares y testimonios de antiguas internas. Cada uno aborda el Patronato desde un lugar diferente, pero juntos permiten comprender la dimensión de un sistema que combinó control administrativo, moral religiosa y disciplina social.

Carmen Guillén Lorente explica su estructura institucional; Consuelo García del Cid introduce la experiencia de quienes pasaron por sus centros; Marta García Carbonell y María Palau Galdón reconstruyen su funcionamiento sobre el territorio; junto a Esther López Barceló recuperan una muerte ocurrida en plena democracia; y Lucía Prieto Borrego permite entender el modelo social y moral que hizo posible aquella institución.

La recuperación de esta memoria ha adquirido en 2026 una importancia especial. El Estado ha reconocido oficialmente a 53 víctimas, ha abierto una investigación específica sobre las vulneraciones de derechos sufridas en aquellos centros y mantiene en marcha el procedimiento para declarar al Patronato de Protección a la Mujer Lugar de Memoria Democrática.

El reconocimiento llega más de cuatro décadas después de que el organismo fuera suprimido. Entre 1985, año de su desaparición, y 2026, año en el que el Estado ha comenzado a reconocer públicamente a algunas de sus víctimas, han transcurrido 41 años.

Durante buena parte de ese tiempo fueron las propias mujeres, las investigadoras y las periodistas quienes conservaron y reconstruyeron esta historia. Los cinco libros que hoy permiten acercarse al Patronato son también el resultado de esa batalla contra el olvido y una forma de entender hasta qué punto la represión sobre las mujeres durante el franquismo penetró mucho más allá de las cárceles políticas.

Porque conocer el Patronato de Protección a la Mujer no significa únicamente descubrir qué ocurrió detrás de los muros de unos reformatorios. Significa comprender cómo durante décadas el Estado asumió la capacidad de decidir qué comportamientos convertían a una mujer en alguien que debía ser vigilada, apartada de su entorno y corregida, y por qué una historia de semejante dimensión ha necesitado tanto tiempo para ocupar un lugar en la memoria democrática española.

90 años de la toma de Mérida: "Todavía seguimos buscando a mi abuelo"

 https://www.elperiodicoextremadura.com/merida/2026/08/11/republicanos-fusilados-merida-franquismo-desaprecidos-133266587.html

Colectivos memorialistas y familiares recuerdan a las víctimas de la represión franquista en la ciudad en el mausoleo del cementerio municipal

Mausoleo en memoria a los fusilados en Mérida.

Mausoleo en memoria a los fusilados en Mérida. / Laura Morales Montero

Laura Morales Montero

Mérida

"Están en algún sitio". Han pasado 90 años, pero Toña sigue esperando poder exhumar los restos de sus abuelos y poner fin a una búsqueda que todavía no ha terminado. Uno de ellos fue fusilado en Mérida, en la Puerta de la Villa durante la represión posterior al golpe de Estado de 1936.

Toña a sido una de las invitadas al homenaje organizado este martes 11 de agosto de 2026 en el Cementerio Municipal de Mérida, cuando se cumplen 90 años de la toma de la ciudad por parte de las tropas franquistas. Toña ha sido invitada a intervenir y recordar como uno de sus abuelos fue detenido cuando iba de camino a una reunión de trabajo de la UGT. Lo llevaron junto a otras personas a la Puerta de la Villa, donde le quitaron a sus hijos.

Encuentro en memoria de las víctimas del régimen franquista en Mérida.

Encuentro en memoria de las víctimas del régimen franquista en Mérida. / Laura Morales Montero

El padre de Toña, que en el momento tenía seis años, y su tía, que tenía meses, fueron arrebatados de los brazos de su padre, de quien todavía no han encontrado los restos. "Lo fusilaron junto a un mogollón de personas, dicen que la calle era como un baño de sangre", ha relatado Toña emocionada.

Después de varios años sin acudir a este encuentro, Toña ha vuelto recuperando la tradición de la lectura del poema de Mario Benedetti 'Desaparecidos', dedicado a las víctimas en paradero desconocido.

"Yo no celebro los 90 años"

Otro de los testimonios más emotivos en el acto ha sido el de Isabel, quién recordó a su abuelo Agustín Domínguez Galán.

Agustín era un trabajador del Psiquiátrico de Mérida, militante del PSOE y afiliado a la UGT, que fue detenido y asesinado en el campo de concentración de Sagrajas en Badajoz. Él si tuvo "la suerte" de ser trasladado y enterrado en un panteón, según cuenta Isabel. También recordó a su hermana, Isabel Domínguez, quién dejó a cinco hijos y definió como "una gran luchadora".

"A mí llamarlo celebración me da vergüenza", admitió Isabel mientras lamentaba que sus familiares no puedan conocer la justicia, ni la reparación. Asimismo, criticó los símbolos de represión y reclamó un reconocimiento de responsabilidad. "Quiero que esto acabe, quiero llegar y poner flores a los míos".

Encuentro en memoria a las víctimas franquistas en Mérida.

Encuentro en memoria a las víctimas franquistas en Mérida. / Laura Morales Montero

Contra el olvido

El encuentro convocado en el Cementerio Municipal de Mérida por el PSOE, Podemos, Izquierda Unida, Partido Comunista de España y la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Mérida y Comarca (ARHMEX), contó con la lectura de un manifiesto conjunto, intervenciones de testimonios de familiares y representantes políticos.

El mausoleo donde se celebró el homenaje guarda los restos depositados en cuatro ataúdes tras las excavaciones de las fosas situadas junto a las tapias del cementerio en 2008.

Ángel Olmedo, historiador y memorialista extremeño, explicó que en Mérida se han identificado 11 víctimas de derechas y más de 600 víctimas de la represión franquista, aunque mencionó que esa investigación continúa y las cifras son mínimas.

Memoria frente al odio

El acto dio comienzo con una lectura de un manifiesto conjunto de las organizaciones convocantes, en el que se recordó a las víctimas y a las familias que durante años sufrieron el miedo, la ausencia y el silencio, y se defendió la recuperación de los desaparecidos y la transmisión de la historia a las nuevas generaciones.

Durante el acto también se advirtió sobre el auge del odio a través de las redes sociales y la deshumanización a la que una persona tiene que llegar para odiar tanto, según Libertad Sánchez.

Enuentro en memoria de las víctimas del régimen franquista en Mérida.

Enuentro en memoria de las víctimas del régimen franquista en Mérida. / Laura Morales Montero

El 11 de agosto es una fecha señala en el calendario para la historia de Mérida, pero quienes participaron en el homenaje reivindican que no debería ser la única. La represión no debe ser reducida a una ceremonia anual, debe estar en las calles, en los lugares donde ocurrieron los hechos y en el conocimiento de la historia en las nuevas generaciones, afirman.

La placa de Franco

Con la retirada de la placa dedicada a Franco en 2009, por el alcalde Jose Ángel Calle, y el impulso del memorial del cementerio, Julio César Fuster recuerda alguna de las medidas que ha tomado la ciudad en materia de memoria, aun así admite que en todos estos años "no se hicieron bien los deberes".

También se reclamó la recuperación de espacios vinculados a la represión como el campo de concentración de San Andrés ubicado en la plazoleta Santo Domingo, para que el recuerdo de los desaparecidos permanezca en la memoria a diario. Un pasado que debe conocerse es importante para el presente, pero más para un futuro que está aún por suceder.

"No pasarán"

El encuentro terminó con la ofrenda de flores en recuerdo de las víctimas mientras sonaba de fondo una versión a piano de 'Al Alba' de Luis Eduardo Aute. A continuación, los presentes al unísono y con los puños en alto entonaron juntos un himno que finalizaron al grito de "No pasarán".

Con claveles en la mano, los asistentes se dirigieron al entorno de las tapias del cementerio, convertido en uno de los principales símbolos de la represión franquista, para dejar ahí el recuerdo de los homenajeados.