dimecres, 29 de juliol del 2026

Identificadas seis nuevas víctimas de las fosas del Barranco de Víznar gracias al ADN

 https://www.granadaesnoticia.com/provincia/identificadas-seis-nuevas-victimas-de-las-fosas-del-barranco-de-viznar-gracias-al-adn

Las nuevas identificaciones elevan a 17 el número de personas reconocidas entre los 194 restos recuperados por la Universidad de Granada

 Redacción  |   27 de julio de 2026
Detalle de una fosa del Barranco de Víznar. Archivo (ÁLEX CÁMARA - EUROPA PRESS)
Detalle de una fosa del Barranco de Víznar. Archivo (ÁLEX CÁMARA - EUROPA PRESS)

El Laboratorio de Genética del Departamento de Medicina Legal, Toxicología y Antropología de la Universidad de Granada ha logrado identificar los restos de seis nuevas víctimas de la represión franquista halladas en las fosas comunes del Barranco de Víznar. Con estas identificaciones, ya son 17 las personas reconocidas de entre los 194 restos humanos recuperados por el equipo Universidad y Memoria en el Barranco de Víznar desde el inicio de las exhumaciones en 2021.

Las nuevas identificaciones corresponden a Brígida Pardo López, de 32 años y trabajadora del campo; Francisco Amigo Pla, de 21 años y dependiente; Francisco José Arturo Muñoz Toral, de 23 años y mecánico de autobuses; Juan de Dios Milán Calvo, de 45 años y trabajador de la Fábrica de Pólvoras del Fargue; José Antonio Calero García, de 41 años, concejal de Hacienda por el PSOE en Fuente Vaqueros y trabajador del campo; y Victoriano Alcantud Cubillas, de 39 años y vinculado a la empresa Alsina.

Los restos serán entregados próximamente a sus familiares en un acto que se celebrará en el Ayuntamiento de Víznar, un municipio convertido en uno de los principales escenarios de recuperación de la memoria democrática en la provincia de Granada.

Estas seis víctimas se suman a las once ya identificadas anteriormente: Carmela Rodríguez Parra, Francisco Soriano López, José Raya Hurtado, José García Esteban, Juan de Dios Adarve López, Antonio Rosales Ruiz, Eloísa Martín Cantal, Fermín Roldán García, Francisco Ruiz Guiraum, Marcelino Gámiz Garzón y Francisco del Águila Rodríguez.

El Laboratorio de Genética de la Universidad de Granada continúa analizando los restos recuperados mediante la comparación con muestras de ADN aportadas por familiares, por lo que se espera que el número de identificaciones siga aumentando en los próximos meses.

Mientras tanto, el equipo Universidad y Memoria, encargado de las exhumaciones en el Barranco de Víznar, retomará los trabajos el próximo mes de septiembre con nuevas campañas de búsqueda de fosas comunes. Desde 2021, los investigadores han localizado 29 enterramientos ilegales y han recuperado los restos de 194 personas, entre ellas varios menores de edad.

Paralelamente, la Fiscalía de Derechos Humanos y Memoria Democrática de Granada, a través de su fiscal delegada, Montserrat Luque Molina, trabaja en la apertura de expedientes de jurisdicción voluntaria que podrían desembocar en procedimientos judiciales de carácter civil. El objetivo es favorecer la reparación jurídica y simbólica de las víctimas identificadas, siempre que así lo soliciten sus familiares.

46.852 víctimas en fosas comunes en Andalucía

 



De hace  4 años.

Con motivo del sexto aniversario de la fundación de nuestra asociación sin ánimo de lucro, Innovación y Derechos Humanos, el pasado 10 de diciembre, y para recordar a todas las víctimas de la Guerra Civil y el franquismo, publicamos nuestra investigación sobre las fosas comunes en Andalucía. [Lee Las víctimas de la represión en Sevilla provincia ]

Bajo los cimientos de la España actual yacen los cuerpos de miles de personas que, en una época pasada, fueron enterrados con la intención de borrar una parte de la historia. En Andalucía, bajo la Ley de Memoria Histórica y Democrática de 2017, el gobierno andaluz ha impulsado diferentes actividades para dignificar y sacar del olvido a las víctimas sepultadas en fosas comunes durante los años de represión de la Guerra Civil y la dictadura.

Según los datos proporcionados por la Junta de Andalucía en 2017, la Comunidad Autónoma con más habitantes de España cuenta con 615 fosas comunes abiertas entre los años de la Guerra Civil y la dictadura franquista. Se recogen como datos oficiales un total de 46.852 víctimas, con un posible desfase de cifras al alza por la forma en que se recogieron los datos.

Los datos proporcionados por la Junta de Andalucía revelan que provincias como Granada, pese a no ser la primera en número de fosas (87), los datos le asignan un gran número de víctimas (10.902). Es significante el caso de la fosa de Órgiva, localizada en el Barranco del Carrizal a 30 km de la capital granadina, y donde la Junta de Andalucía estima un total de 5.000 víctimas fusiladas y sepultadas bajo el suelo. Esta ingente suma de víctimas estimadas solo es posible compararla con la fosa de Huelva capital, en cuyo cementerio municipal también se estiman alrededor de 5.000 cuerpos. Ambas tumbas fueron abiertas en 1936, año en el que comenzó el conflicto militar armado español.

Los datos analizados recogen el caso especial de las dos fosas abiertas en Víznar, Granada, en 1936. El relato histórico descrito en la base de datos andaluza apunta que, pese a los datos oficiales , bajo tierra yacen entre 2500 y 3000 granadinos, en su gran mayoría vecinos de los pueblos de la vega granadina. “Aquellos desafortunados recibieron fosa común durante los cuatro primeros meses de guerra y su desaparición nunca fue recogida en documento alguno”, detalla la Junta de Andalucía. En 2015, el Ayuntamiento de Granada denominó una de las fosas de Víznar como aquella en la que estaría enterrado Federico García Lorca. En la fosa sigue colocada una placa de conmemoración al poeta andaluz fusilado en 1936, aunque investigaciones posteriores desvelaron que su cuerpo no se encontraba allí localizado. A día de hoy los trabajos por la recuperación de la Memoria siguen sin haberlo encontrado.

Según recoge la página web de la Junta de Andalucía, en pos del cumplimiento la Ley de Memoria Histórica y Democrática para la recuperación de la Memoria de Andalucía, la Consejería competente impulsará, a través de la financiación pública, diversas actuaciones de dignificación de las fosas y las correspondientes víctimas. Durante estos años, el trabajo de localización, apertura y exhumación de fosas ha sido llevado a cabo por Ayuntamientos, asociaciones sin ánimo de lucro, el impulso de los familiares y otras Administraciones.

4 años después, los datos disponibles para ser descargados y analizados no han vuelto a actualizarse en la página web de la Junta de Andalucía. Aunque a día de hoy, medios como eldiario.es señalan que Andalucía alcanza las 708 fosas comunes; 100 de ellas ya han sido abiertas y 4.000 víctimas recuperadas. Todavía queda camino por recorrer y suelo que levantar.

[Nota de la editora: Este artículo constituyó el trabajo final de la asignatura de Técnicas avanzadas de análisis y visualización de datos como parte del Master en Periodismo y Comunicación digital: Datos y Nuevas Narrativas de la Universitat Oberta de Catalunya, y obtuvo la máxima calificación. La información en bruto se extrajo del Portal de datos abiertos de la Junta de Andalucía. Se publicó anteriormente en Medium.com.]

Mantenemos una base de datos con 1,4 millones de registros de la Guerra Civil y el franquismo. Suscribete a nuestro boletín de noticias aquí y considera la posibilidad de hacer una donación aquí. ¡Gracias!

FOTO: Biblioteca Digital Hispánica. Biblioteca Nacional de España. Según el pie de foto original: Baena (Córdoba) Aspecto de una calle con cadáveres de personas de orden asesinadas por los rojos. De la serie Frente de Andalucia y escenas de retaguardia.. Ambos bandos / Foto Moral; Photo Club; Informaciones Gráficas Serrano…[et al.]

La repressió a Llíria

 La repressió a Llíria

La memòria no necessita protagonistes, necessita veritat
Cada vegada que s'inicia una nova campanya d'exhumacions al cementeri de Llíria, torna a repetir-se el mateix escenari: comunicats institucionals, fotografies oficials, declaracions polítiques i una allau de publicacions que acaben situant l'atenció sobre qui governa i no sobre qui realment importa. Les víctimes.
Des de La Repressió a Llíria hem decidit no sumar-nos a aquesta dinàmica. No perquè no siga una notícia rellevant —ho és, i molt— sinó perquè la nostra obligació no és alimentar el debat polític. La nostra responsabilitat és una altra: investigar, documentar i preservar la història de la repressió franquista que va patir Llíria.
Fa anys que recorrem arxius, consultem expedients, contrastem documentació, recuperem noms i reconstruïm vides que la dictadura va voler condemnar també a l'oblit. Ho fem sense buscar titulars, sense buscar rèdits i sense preguntar-nos quin color polític governa cada administració. La història no canvia segons qui ocupe un despatx institucional.
La memòria democràtica no hauria de convertir-se mai en un espai de confrontació partidista. Quan això ocorre, les víctimes deixen de ser el centre del relat per convertir-se, involuntàriament, en part d'una batalla política que no els pertany. I això és un error que una societat democràtica no hauria de permetre.
El cementeri de Llíria no és únicament un espai d'enterrament. Les investigacions que hem desenvolupat durant anys demostren que és una de les grans fosses comunes de la repressió franquista al nostre territori. Baix la seua terra descansen homes i dones assassinats per les seues idees, per la seua defensa de la legalitat republicana o, simplement, per haver estat al costat equivocat d'una guerra imposada per un colp d'estat.
Cada resta humana que apareix durant una excavació no és només una troballa arqueològica. És una història interrompuda. És una família que, després de dècades de silenci, pot començar a recuperar una part de la seua dignitat. És una prova documental que reforça el coneixement històric i combat l'oblit.
Per això desitgem, amb absoluta sinceritat, que esta tercera campanya d'exhumacions aconseguisca localitzar el major nombre possible de víctimes. No serà un triomf d'un govern ni d'una administració. Serà un triomf de la veritat, de la ciència, de la investigació i dels drets humans.
Cal reconéixer també la professionalitat dels equips arqueològics, antropòlegs, forenses i investigadors que treballen sobre el terreny. La seua labor és discreta, rigorosa i científica. No treballen per alimentar discursos polítics; treballen per donar nom als qui durant massa temps només han sigut un número, una absència o un record trencat.
Les administracions públiques tenen el deure de finançar estes actuacions. No és una qüestió ideològica. És una obligació democràtica. Les polítiques de memòria no haurien de dependre del govern de torn, perquè els drets de les víctimes tampoc no depenen dels calendaris electorals. Invertir en exhumacions, en investigació i en identificació de desapareguts no és un gest de generositat institucional; és el compliment d'una responsabilitat amb la història i amb la democràcia.
Des de La Repressió a Llíria continuarem fent el mateix que hem fet des del primer dia: investigar, documentar i divulgar. No som un instrument polític ni pretenem ser-ho. No escrivim per agradar a ningú ni per incomodar a ningú. Escrivim perquè les proves documentals parlen, perquè els arxius expliquen una realitat que durant massa temps va ser silenciada i perquè les víctimes mereixen ser recordades amb dignitat.
La memòria democràtica no necessita més propaganda. Necessita més investigació. Necessita més rigor. Necessita més respecte. I, sobretot, necessita menys soroll.
Perquè quan la política ocupa tot l'espai, la història deixa de ser escoltada.
I nosaltres no estem al costat del soroll.
Estem al costat de la veritat, de la justícia i de la reparació.
Sempre.

La confesión de un carabinero presente en el genocidio de Baena de 1936

 https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/provincia/confesion-carabinero-presente-genocidio-baena-1936_1_13408689.html?_gl=1*95o92n*_gcl_au*MTc0MjA3MTA5Ny4xNzc5Nzg1MTY4*_ga*MTEwODc5NzMxMC4xNzc3NjM1MTk3*_ga_4RZPWREGF3*czE3ODUzMTI3MTkkbzIwMiRnMSR0MTc4NTMxMjg4MiRqNjAkbDAkaDA.

Francisco Moreno Gómez

Historiador —
27 de julio de 2026 20:02 h

13

Al cumplirse ahora los 90 años del golpe militar de 1936, me encuentro en mi archivo un largo informe casi inédito que me envió en 1981 un carabinero integrado en la columna de Sáenz de Buruaga, que tomó Baena el 28 de julio, y fue testigo directo del genocidio que allí ocurrió.

Es un escrito redactado a petición mía por el ex carabinero Juan Martínez Imbern, que consta de carta y de un relato de nueve folios, estricta “acta notarial” de su presencia aquella trágica tarde en Baena el 28 de julio de 1936, como miembro de la expedición del teniente coronel Eduardo Sáenz de Buruaga. También fue testigo Martínez Imbern de la toma y matanza de Fernán Núñez, el 25 de julio de 1936.

En estas fechas resulta especialmente pertinente mostrar testimonios de primera mano sobre los hechos oscuros y terribles del golpe militar de 1936. En este caso, además del horror de Fernán Núñez, la matanza de la plaza de Baena aquella tarde del 28 de julio. Allí estuvo presente el carabinero Juan Martínez Imbern, que relató lo que vio, según una carta y un informe que llevan fecha de 28 de septiembre de 1981, remitidos desde Perpignan (Francia), y que doy a conocer a continuación:

“Amigo Francisco Moreno: Recibí tus dos cartas. Una del mes de abril y la otra del 13 de septiembre del cte. (1981).

Para hacer lo que te mando, me he tenido que concentrar completamente, para ir escribiendo todos los detalles en manuscrito, a medida que iba viviendo de nuevo los acontecimientos de julio de 1936 a junio de 1938. He escrito casi todos los detalles, o sea mi historial. Luego hice rectificaciones, para darte lo más esencial y reducirlo a lo máximo, y como te darás cuenta, hay nueve páginas. Hay cosas que no te las comunico, porque se puede aún comprometer a algunos que están aún vivos.

El carabinero que hago mención soy yo, pero no lo puedo decir en mi exposición, pudiéndome aún perjudicar mucho. Me acogí al Decreto-Ley 6 de marzo de 1978, y el Ministro de la Defensa me ha acordado que como carabinero habría alcanzado por antigüedad el empleo de guardia civil de 2ª, pero para poder cobrar, debí hacer otra instancia al Consejo Supremo de Justicia Militar, para que me conceda el importe de la pensión de retiro… En el día de hoy aún no he recibido la decisión, y es por esto que también iba retrasando el envío de las hojas por temor a perjudicarme. Me dices que el libro no saldrá hasta la próxima primavera y por el Ayuntamiento de Córdoba. Por esas fechas creo que mi asunto estará ya resuelto. Te ruego, si tienes alguna conocencia en el Consejo Supremo, intervengas para que aceleren mi solicitud. Pienso que si nadie interviene, estará durmiendo en un rincón y no podré nunca beneficiarme de estos derechos.

Yo deserté del campo nacionalista el 11 de enero de 1938, presentándome a las fuerzas leales del Gobierno y ascendido a cabo. Refugiándome en Francia el 9 de febrero de 1939. Normalmente, de haber triunfado la lealtad, a la edad de retiro me hubiera correspondido lo menos el de capitán.

Bueno, no quiero molestarle más y creo que harás un buen uso de mi abreviado historial.

Te saluda muy cordialmente,

Juan Martínez

P.S. Iré a Port-Bou a certificar lo que te envío, a fin de evitar algunos controles fronterizos.

Continúa a escribirme en Francia y te ruego me digas qué te parece lo expuesto.“

Martínez Imbern no sólo testifica sobre lo ocurrido en Baena, sino también sobre algunos otros episodios terribles de Córdoba, como la matanza de Fernán Núñez, el 25 de julio de 1936, con lo que comenzamos:

25 de julio.- Toma de Fernán Núñez

El ataque nacionalista duró cerca de una hora. Los marxistas que defendían el pueblo lo abandonaron a su suerte. A medio kilómetro del pueblo, a la parte derecha, hay una fila de campesinos de todas las edades vigilados por un legionario. Al lado izquierdo de la carretera y frente a los detenidos mencionados, hay un grupo de unos cinco individuos con otro legionario apuntándoles con su fusil. Le dice a un señor bastante bien vestido de claro de ponerse junto a los demás. Para juntarse con los demás tenía que saltar la alcantarilla, que tenía poco más de un metro. Lo hizo, pero diciendo que era el alcalde del pueblo (Antonio Romero). Mientras saltaba, el legionario le disparó, cayendo el alcalde a los pies de los otros detenidos. Cayó desplomado sin dar señales de vida.

El otro legionario del lado derecho de la carretera empezó a gritar: “¡Izquierda!”. Al oír el grito, mi mirada se dirigió hacia él y a los detenidos, unos cincuenta. Algunos de ellos comprendieron la orden, pero muchos de ellos se quedaron mirando, sin moverse. El legionario les volvió a repetir: “¡Os he dicho izquierda!”. Entonces todos obedecieron. El legionario volvió a gritar: “¡Paso ligero!” Y todos aquellos individuos empezaron a correr campo abajo, unos cien metros, y se volvió a oír la voz del legionario decir: “¡Media vuelta!”, y así hasta que los más viejos se iban parando para poder respirar. No puedo decir cómo terminó lo de los cinco detenidos ni tampoco los que hacían correr (Todos fueron fusilados).

Decidí subir al pueblo y, encontrando un coche descubierto que iba en dirección del mismo, subí en él en marcha, de pie, cogiéndome en una de las puertas delanteras. El coche se paró y un soldado me dijo que eran de la Cruz Roja y que no podían admitir militares armados y que me bajara. Lo hice pidiéndoles perdón, que no me habían fijado en el banderín. El coche se alejó en el pueblo y, cuando yo llegué vi a varias mujeres, que no supe si eran curiosas o aterrorizadas.

Uno de los guardias de Asalto que salía del pueblo, con el rostro pálido, me dijo que en la escuela había muchos hombres muertos a golpes de hacha. Para ir a la escuela se tenía que pasar por toda la calle que creo era la principal. A la puerta de la escuela salió un individuo diciendo “¡Es un horror!”. Entré y me encontré con un religioso que presentaba a la boca una cruz diciendo: “Bésala”. El otro era otro religioso y decían que era el cura, que estaba agonizando, y se oía un gargoteo que salía de su garganta, pero sin hacer caso de lo que el otro le decía. De pronto el religioso dijo: “Ya está muerto”. Miré hacia dentro de la sala, que se encontraba bastante oscura, y se veían unas siluetas de cuerpos de personas tendidas en el suelo. El suelo estaba sembrado de banderitas anarquistas de la FAI. Al salir, me encontré con un individuo vestido de paisano que me dijo que los marxistas, antes de huir, habían dado muerte a hachazos a todos los detenidos que tenían y que consideraban fascistas. “¿Y por qué a hachazos?”, le pregunté. “Decían no tener municiones.”

El relato central es la toma de Baena, el 28 de julio, un cuadro dantesco, de lo peor que ocurrió tras el golpe militar.

28 de julio.- Toma de Baena

La columna estaba compuesta de guardias de Asalto de Huelva y Córdoba, Ejército, Tercio, Regulares y Falangistas. Las primeras casas estaban vacías y se comunicaban interiormente por un boquete que en cada casa habían hecho para retirarse sin salir a la calle. En una de ellas encontré una radio bastante grande, y un guardia de Asalto me dijo: “Llévatela. Si no lo haces tú, lo hará otro”. Tuve escrúpulos y allí la dejé. Continuamos por la calle y, al llegar a una placeta, vi a un legionario que llevaba en sus hombros una escalera, y me quedé para ver lo que quería hacer con la escalera, cuando vi que la apoyaba en la esquina de una casa, y subió con un martillo y una escarpia y arrancó la placa que decía Plaza de Galán y García Hernández.

Subí calle arriba hasta llegar a la plaza, por donde se encontraba el cuartel de la Guardia Civil. En la plaza vi tendidos a muchos individuos en hileras y separadas unas de otras unos 20 centímetros. Un teniente de la Guardia Civil (Pascual Sánchez Ramírez) estaba inspeccionando a los tendidos en el suelo boca abajo. También había un guardia de Asalto de Córdoba que hacía lo mismo, y que de pronto me pasó delante, y con la pistola en la mano dio un golpe a una máquina de fotografiar que tenía un periodista y la echó rodando por el suelo, diciéndole que estaba prohibido hacer fotos.

Se oyó un disparo, y fue el teniente de la Guardia Civil que disparó sobre la cabeza de uno de los tendidos. Apuntó a otro y volvió a disparar. El guardia de Asalto imitaba al teniente. El periodista me dijo que era el teniente de Baena, y que había estado varios días sitiado en el cuartel, y que se estaba vengando de los marxistas (eran anarquistas). Disimuladamente, mientras el teniente y aquel guardia de Asalto cometían sus crímenes, eché el pañuelo blanco a uno de los tendidos, diciéndole que se lo pusiera en el antebrazo izquierdo y se levantara, lo que hizo; y le mandé caminar delante de mí, en dirección de su casa.

Era un hombre que hacía unos seis días que no se había afeitado, de unos 50 años de edad, y tenía estrabismo. Iba vestido de trabajador de campo. Me condujo calle abajo y, a la primera calle a la derecha, continuamos hasta llegar cerca de su casa, donde había algunas mujeres en la calle que nos miraban sorprendidas. El individuo me dijo: “Esta es mi casa”. Le pedí el pañuelo que le había puesto en el antebrazo y le dije que iba a ver si podía salvar a otros.

Al volver a la plaza, la mayor parte de los tendidos estaban sin vida, y el teniente y el guardia de Asalto continuaban tirando sobre las cabezas. Estaban tan ocupados en sus crímenes que no se daban cuenta de lo que pasaba a su alrededor, y en un momento dado, el teniente y el guardia de Asalto se tropezaron el uno contra el otro, y el teniente le dijo: “Le prohíbo que dispare un tiro más. Soy yo quien tiene que disparar”. Y continuó con su obra disparando. El guardia se fue de la parte izquierda y se quedó mirando al teniente. Con mucha rabia volvió a sacar la pistola, volvió a llenar el cargador y de nuevo continuó imitando al teniente.

Me di cuenta de que muchos estaban cadáveres y que no podía hacer nada más, aparte de ir al lado de aquellos asesinos y liberar ante sus narices a alguno de los vivos, pero con peligro de que me pegaran un tiro. Decidí alejarme y tratar de encontrar algún sitio para que me sirvieran algo de tomar. Mi cuerpo necesitaba algo, pues me encontraba en un estado como de estar durmiendo y tener una pesadilla. Había visto lo ocurrido y no podía creer que hubiese tanta maldad de matar por matar, y que aquellas dos personas disfrutaran matando.

Entré en un bar, que estaba lleno de soldados, moros y algún falangista, que tomaban bebidas. Yo no tomé nada. Sabía de antemano que no me pasaría por la garganta, y decidí volver a la plaza, para convencerme de que había soñado lo anteriormente visto. A medida que subía la calle me daba cuenta de que no era una pesadilla, que era verdad lo ocurrido, pues al lado del bordillo de la acera bajaba un líquido rojo que parecía agua con sangre mezclada.

Al llegar a la plaza vi dos montones de cadáveres, unos encima de los otros, como si fueran montones de sacos. En algunos sitios de la plaza echaban agua para lavar la sangre, pero en otros hacían estirar a los detenidos que iban llegando y los colocaban encima mismo de la sangre de los que habían matado antes. Y continuaban disparando sus pistolas los mismos dos individuos antes mencionados.

El horror y el terror que antes se había apoderado de mí empezaron a desaparecer dándome fuerzas suficientes para continuar mirando el espectáculo. Decidí volver al bar para tomar o comer algo. En una mesa en el centro había tres soldados que tomaban un refresco. Se levantaron y salieron, ocupando yo una de las sillas, dando la espalda a la puerta y viendo todo lo que pasaba allí dentro, donde había individuos de todos los cuerpos que formaban la columna. Me sirvieron un vaso de leche y un poco de pan. El patrón me dijo que casi no les quedaba nada para poder servir.

Mientras hacía esfuerzos para hacerlo pasar por mi garganta, se sentaron a mi lado una chica de unos 16 a 17 años, y a su lado un joven de 18 ó 19 años. Yo supuse que eran hermanos. No decían nada: estaban muy tristes y angustiados. Yo los miraba a los dos y me preguntaba a mí mismo que algún pariente cercano debía de estar entre la vida y la muerte, o a lo mejor estaban junto a aquellos de la plaza.

Estaba casi terminando con pena mi pan con leche, cuando se sentó frente a mí, y junto al joven, un soldado. Estaba ya oscureciendo, y el patrón encendió algunas velas, y nos trajo una a nuestra mesa. El soldado me miró y me dijo que tenía algo para mí. Parecía estar muy contento. Y le pregunté qué era, y sacando de su bolsillo un puñado de cadenas, medallas, sortijas, pendientes y otras joyas, me dijo: “Es para usted”. “-No, hombre. No puedo permitir que te quedes sin nada, a lo que me contestó que en otros bolsillos tenía más. ”-¿Y de dónde has sacado tú esto?“, le pregunté. ”-Pues de varios sitios“, me contestó. ”Toma, no puedo aceptarlos, no me gustan las joyas“. Él insistió en que me quedara al menos con una cadena y una medalla. Entonces vi mi error en haberlo rechazado, y acepté la cadena y la medalla, y acto seguido el soldado salió. Cogí la cadena y la medalla, que parecían de oro, y se la entregué a la chica diciendo: ”Si encuentra a su patrón o propietario, se lo devuelve“. La chica me prometió hacerlo, si tenía ocasión.

A medida que la hora avanzaba me di cuenta de que la chica cogía más miedo y miraba muy a menudo a su hermano, como pidiéndole protección. Disimuladamente miré a la chica, para ver cuál era la razón de su intranquilidad, y vi que sus ojos se dirigían a una mesa donde estaban los Regulares (moros), y uno que estaba de pie la estaba mirando con ojos de deseo, y sus ojos relucientes y el blanco de ellos aún daba más impresión, con la poca luz que en la sala había.

Para dar fin a esta situación, hice ver que el sueño se apoderaba de mí y empecé a dar cabezazos, sin dejar de ver al moro. Éste vino y se sentó en la silla que antes ocupaba el soldado, y alargó su brazo para tocar un seno de la chica, y ésta exclamó un “ay”. Entonces yo le pegué un golpe con mi puño en su brazo y rápidamente me levanté apuntándole el fusil y diciéndole que se lo diría a su capitán y que, si continuaba, le pegaría un tiro. El regular salió corriendo. Los demás ni se dieron cuenta de lo ocurrido y continuaban charlando. La chica me dio las gracias y su hermano me sonrió como muestra de agradecimiento. Miren: ahora pueden estar tranquilos y procuren ir a dormir. Yo no me moveré de aquí en toda la noche.

Se pasó la noche en silencio, y a veces pegábamos cabezazos, pero esta vez de verdad, hasta el amanecer, en que el patrón nos trajo otro vaso de leche con algunas galletas, diciéndonos que eran las últimas que le quedaban. A los dos jóvenes les dije que tuvieran suerte y me fui hacia la puerta para encontrar a los guardias de Asalto de Huelva, a ver qué órdenes había, ya que yo estaba incorporado a ellos. Uno de ellos me dijo: “Quería darte una sorpresa con la radio que vimos ayer y esta mañana he ido a buscarla, para ofrecértela, pero estaba hecha añicos y por el suelo. ¿Ves?: tenías que haberla cogido. Ahora no es para nadie”. Le di las gracias y le dije que estaba muy agradecido por su interés por mí. Nos dieron la orden de subir a los camiones para regresar a Córdoba.

El día siguiente

En nota aparte, Martínez Imbern recalca que el día siguiente, 29 de julio, siguieron matando en la plaza de Baena.

Lo expuesto por Martínez Imbern revela que, además de la barbarie de las matanzas golpistas de 1936, que al pillaje se entregaban, no sólo los regulares, sino las demás unidades, incluidos los falangistas.

En cuanto a la matanza de Fernán Núñez el 25 de julio, por una columna mandada por el comandante Aguilar Galindo, de Artillería, queda de manifiesto que los expertos en fusilamientos eran los legionarios, que ese día actuaron por primera vez en Córdoba (llegaron 200 legionarios el día 25). Además, la Legión actuaba con saña y burla, como en este caso, en que pusieron antes a las víctimas a correr “a paso ligero”, hasta que quedaban agotados. Por último, los fusilaban, como se hacía en el Rif. De África llegaron los métodos, y de ahí aprendieron los autóctonos provincianos.

Por último, cuando Queipo de Llano visitó Córdoba a primeros de agosto de 1936, Martínez Imbern estaba cerca de la comitiva, y oyó hablar así al jefe de Orden Público: “Mi general, los presos piden clemencia”. Y el general contestó: “Ya es demasiado tarde. Esto lo tenían que haber pedido antes. Hay que liquidarlos”.

Jamás las autoridades de la República hablaron en estos términos, por la sencilla razón de que ambas represiones fueron muy diferentes: en cantidad, en cualidad, en intensidad, en exhaustividad, en extensión geográfica y temporal. La represión franquista fue un programa, un plan. En la República fue una improvisación, como respuesta a la provocación del golpe. En el franquismo, la matanza era un “a priori”. En algunas zonas republicanas (no en todas), la violencia fue un “a posteriori”.

La equidistancia es anticientífica, porque las cosas no ocurrieron así.