dijous, 9 d’abril del 2026

"Es como ver a Federico en zapatillas escribiendo a sus padres": la familia García Lorca a través de sus cartas

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'No te olvides de escribir. La familia García Lorca en sus cartas

"Llegué muy bien a este Madrid tan bonito y tan bello como siempre y encontré perfectamente mi cuarto y mis amigos de la Residencia (...) Os ruego que me mandéis el importe de la matrícula, 180 pesetas, para comprar los libros, que son caros, y yo os mandaré las cuentas como ahora con lo que he comprado pues quiero y estoy dispuesto a que sepáis todo cuanto hago, compro y pienso". 

Este que escribe es el Federico hijo, el más íntimo cotidiano, en una carta dirigida a sus padres desde la Residencia de Estudiantes en el otoño de 1920. Una de las muchas que el poeta y dramaturgo, futuro mito de nuestras letras, intercambió con sus progenitores, don Federico García Rodríguez y doña Vicenta Lorca Romero, desde 1910 hasta su asesinato a manos de los fascistas en 1936.

Una de las más de doscientas misivas reunidas en No te olvides de escribir. La familia Lorca en sus cartas (Akal, 2026), un volumen que nos permite conocer al autor desde una perspectiva distinta, pues consigue hacernos sentir como "invitados en la casa de la familia García Lorca". "Así podemos asistir a las conversaciones que hay ahí, especialmente entre Federico, sus padres y también sus hermanos", resume a infoLibre el editor, Víctor Fernández.

Un intercambio de pareceres mantenido a lo largo de los años, mientras Federico se va convirtiendo en Lorca casi diríase que carta a carta, correo postal mediante, y que en el caso de este título se extiende todavía más allá de su muerte, hasta 1947, haciéndonos así partícipes del dolor de una familia empujada al exilio forzoso para salvar su propia vida y tratar de lidiar con el imposible duelo de la terrible pérdida a manos del fascismo.

Con material en algunos casos inédito obtenido de fuentes diversas, se crea así una especie de chat de WhatsApp familiar de esos que tenemos ahora todos, con la fortuna de que, este sí, quedó escrito negro sobre blanco en papel y no fue a parar a la papelera para liberar espacio —ya hablaremos en otro momento del problema documental que ya provoca que todo sea digital—, por lo que pudo ser convenientemente archivado para la posteridad. 

"Hablamos de una generación que escribía mucho", apunta Fernández, quien también destaca la suerte de que la familia fuera "muy cuidadosa al conservar documentos". "Esto es único, tal vez con la excepción de Jorge Guillén, del que se acaban de publicar las cartas de él a su hija, pero no las de su hija hacia él. No conozco otros casos de escritores, por ejemplo de la misma generación del 27, con este volumen de correspondencia entre familiares, con tantas cartas enviadas y recibidas", remarca.

Además de esta excepcionalidad, señala el editor que otra de las "virtudes" que tiene este epistolario es que nos permite "asistir al nacimiento de un escritor" desde sus inicios más modestos, desde la niñez prácticamente, pues la primera misiva la escribe con apenas once años. Al mismo tiempo, esta lectura "humaniza mucho" a Lorca, pues antes de ser "una estatua de mármol en una plaza fue una persona con los problemas de los chicos de su edad y que no lo tuvo fácil para dar a conocer su obra". 

"Las cartas reflejan eso y nos permiten ver a Lorca en zapatillas, escribiendo a sus padres desde la Residencia de Estudiantes diciendo que pasa frío, que la estufa no va bien, que por favor le envíen dinero, que necesita comprarse ropa... lo normal de un chico que se va a estudiar fuera. Y, por otro lado, están también las cartas de la madre preocupada que le pregunta si está todo bien y que le pide que le cuente a quién le da sus manuscritos", relata el editor.

No falta en este intercambio postal el padre que quiere que su hijo estudie una carrera respetable, Derecho en este caso —su hermano Francisco tuvo una trayectoria muy importante como diplomático—, a pesar de que este, aún con el lógico miedo a defraudar a los suyos, está más interesado en "construir su propia carrera literaria". Un padre que "no termina de ver con buenos ojos que su hijo sea escritor", por lo que quiere que se saque la carrera y luego "escriba y se dedique a lo que quiera", a pesar de lo cual es quien paga las primeras ediciones de sus primeros libros.

No conozco otros casos de escritores, por ejemplo de la misma generación del 27, con este volumen de correspondencia entre familiares, con tantas cartas enviadas y recibidas

Víctor Fernández

Mucho más volcada en el apoyo a la vocación literaria de Federico —que llegó después de la musical— se muestra en todo momento su madre Vicenta, "la primera lectora de todos sus manuscritos". Algo no tan extraño si conocemos el contexto: "Ella había sido maestra de escuela en Fuente Vaqueros y leía Víctor Hugo en voz alta a los vecinos. Con el tiempo, ella es su primera lectora y la primera en preocuparse por saber dónde va a entregar los manuscritos, a qué editorial, a qué revista. Yo diría que tiene incluso un papel parecido al de una agente literaria moderna".

A medida que Federico va ganando fama y conociendo el mundo, se convierte también este epistolario en una especie de crónica de viajes de Nueva York, Cuba o Buenos Aires, ciudad esta última donde disfruta de un éxito teatral monumental que le supera y que con indisimulado orgullo trata de transmitir a sus padres. "A nivel editorial, Romancero gitano iba ya en 1936 por cinco ediciones, que es todo un récord para un libro de poemas. Pero es en Argentina donde empieza a tener gran éxito teatral", explica Fernández.

"Es a partir de ese momento cuando el padre se da cuenta de que igual no lo está haciendo tan mal el hijo", comenta divertido el editor, recordando que Lorca entonces "llenaba teatros como conferenciante". "Es como si Antonio Banderas hiciera una gira solo llenando teatros. Un fenómeno de masas, no puede salir a la calle porque tiene gente por todas partes que le pide charlas, firmas de libros, etcétera. Y, claro, eso se traduce en que económicamente, por fin, la cosa funciona", señala.

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Fruto de años de trabajo de arqueología documental, lleva esta obra a preguntarnos si queda algo más por aparecer de Federico García Lorca. "Lo cierto es que todos los años aparece algo y es como un acontecimiento, aunque sea una anotación en una servilleta", indica Fernández, quien se atreve a vaticinar que "vamos a tener todavía más sorpresas". "No estoy diciendo que mañana se vaya a publicar un epistolario inédito o algo así, pero por ejemplo hay cartas que se han perdido y soy optimista con que algún día aparezcan", resalta.

Y todavía continúa: "El año pasado publiqué en mi periódico —La Razón— cuatro o cinco cartas de Lorca a un chico que habían aparecido por casualidad después de la muerte de este señor, que no había dicho nada a su familia. O sea, que puede ser que aparezca algo, que haya alguna carpeta debajo de la cama todavía o que haya algún manuscrito en un fajón. Es muy fácil que ocurra eso. Lo que no va a aparecer son materiales literarios de peso, aunque ojalá haya una sorpresa, porque hay mucho perdido".

Por ejemplo, recuerda para casi terminar que el manuscrito de Bodas de sangre está "perdido", por lo que podría aparecer. "Y hay un archivo inexpugnable que señalo en el libro, el de Rafael Martínez Nadal, que está en Londres. Él era el amigo y confidente de Lorca y nadie sabe qué hay allí. Martínez Nadal publicó un libro que se llama Mi penúltimo libro sobre Federico García Lorca y decía que tenía material para un último", concluye.

'La invasión de los bárbaros', la película definitiva sobre memoria histórica que triunfa en el boca a boca

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Fotograma de la película 'La invasión de los bárbaros'.

Es una anomalía en los tiempos que corren, pero todavía hay películas que, ajenas a las grandes campañas de marketing, encuentran su forma de supervivencia en el boca a boca. Pequeños milagros que se instalan en la conversación pública a pesar de no contar con una potente distribución comercial y que encuentran su hueco entre los espectadores porque rebosan verdad, generan debate y nos ponen como sociedad ante el espejo. Cintas que marcan sus propios tiempos con cada valiosa conquista y que se mantienen en los cines en una carrera de fondo a la que no le importan tanto las cifras de taquilla como las conciencias removidas.

Todo eso lo lleva dentro La invasión de los bárbaros, producción valenciana que aborda la memoria histórica con una mirada directa, realista y cruda, sin concesiones, ni artificios, pero sí con honestidad y compromiso. Así, haciendo ruido pase a pase, acaba de llegar a la cartelera madrileña después de su estreno (en versión original) el pasado noviembre en salas del País Valenciano y Cataluña, donde acumula más de 40.000 espectadores (a los que hay que sumar los que la han visto en centros culturales, institutos o auditorios públicos).

"Esta película motiva a la gente a hablar y contar sus experiencias, por eso las salas, a las que agradezco que hagan el esfuerzo de intentar colocarla una vez que han visto que funciona, la están manteniendo", apunta a infoLibre su director, Vicent Monsonís. Aunque añade: "Todavía hay mucha gente que no se ha enterado de su existencia porque nos falta promoción. Como siempre digo, la película es un estreno para la persona que la ve por primera vez, así que hay todavía muchos estrenos pendientes por hacer de La invasión de los bárbaros".

Monsonís explica: "Todas las distribuidoras nos dijeron que no iba a gustar al público por ser una temática que se había tocado mucho, que la gente estaba cansada de ver películas sobre memoria histórica, sobre la guerra. Nos dijeron que las películas polémicas no gustan. Cuando conseguimos estrenarla nos dimos cuenta de que ocurría exactamente lo contrario. Es cierto que hay muchas películas que han tocado el tema, pero de una manera tangencial. La nuestra trata la memoria histórica de manera directa, cruda, descarnada, absolutamente abierta, sin complejos. Por eso, se ha convertido en un fenómeno, porque todo el mundo se siente interpelado por ella. Y lo curioso es que no solamente los que están a favor de la memoria, sino también los que están en contra, notan que esta película les habla. Además, está de plena vigencia porque trata el tema desde un punto de vista actual".

La trama de este film —adaptación de la obra teatral del mismo título estrenada en 2020 por Chema Cardeña— nos sitúa en Valencia en 1939. Allí conocemos a Esperanza, conservadora de arte y responsable (además de miliciana republicana) de las obras del Museo del Prado trasladadas a la ciudad durante la guerra para protegerlas de los bombardeos fascistas. Acabada la guerra, es detenida e interrogada por un teniente franquista sobre un cuadro de la colección de la pinacoteca que no aparece: La invasión de los bárbaros. Ochenta años después, Aurora intenta obtener permiso para abrir una fosa del franquismo, pero tropieza con la oposición de un alcalde conservador que no quiere abrir viejas heridas.

Es por eso que la historia que vemos en la pantalla indigna y conmueve a la vez. Porque "las heridas abiertas entonces siguen abiertas hoy en día", destaca Monsonís, que ha contado con la ayuda de integrantes de colectivos memorialistas durante todo el proceso: "Ellos se sienten muy identificados con lo que cuenta la película porque estas entrevistas con alcaldes que les niegan la posibilidad de recuperar los restos son reales. Lo alucinante es que mucha de esta gente podría reclamar no solamente la reparación por sus familiares asesinados impunemente, sino también una reparación económica y patrimonial, porque a muchos de ellos no solamente les mataron al abuelo, sino que les robaron la casa, las tierras, los negocios. Pero no están en eso. Ellos ya hicieron el esfuerzo de reconciliarse y, al menos, aspiran a recuperar la memoria y la dignidad, para que su familiar asesinado no sea visto como un delincuente solo por haber defendido a la República".  

"¿Cómo puede ser que hoy en día haya gobiernos que todavía estén negando a las víctimas de la represión y de la guerra esa reparación?", se pregunta el director, antes de responderse a sí mismo recalcando que es debido a que "el fascismo sigue vivo, no murió con Franco, sino que se adaptó y tuteló el cambio de estructura del Estado, y ha estado tutelándolo desde la sombra hasta que ha empezado a escaparse por las costuras". Precisamente por eso, la película es un "acto de resistencia antifascista".

¿Cómo puede ser que hoy en día haya gobiernos que todavía estén negando a las víctimas de la represión y de la guerra esa reparación?

Vicent Monsonís

De hecho, cuando en algún coloquio alguien comenta que esta es una película "de buenos y malos", Monsonís responde que en realidad es no ya de progresistas y conservadores, sino "de demócratas y fascistas". "Porque dentro de la democracia cabemos las derechas y las izquierdas, cabe el debate y votar para ver qué quiere la mayoría, pero lo que no cabe es el fascismo. Por eso, esta es una película que habla de democracia y de fascismo, que se posiciona abiertamente en contra de esa deriva autoritaria e intenta que la gente se dé cuenta de que no es una opción ni ahora ni nunca", destaca.

Su llegada a los cines después de cinco años de trabajo no puede ser más oportuna, pues se ha estrenado en un momento de auge de la ultraderecha, otorgándole a su mensaje aún más fuerza si cabe. Así lo ve Monsonís al conceder que las circunstancias han hecho que la película se vea como un "símbolo de resistencia y lucha antifascista". "Estoy súper orgulloso de que sea así, ya que la cultura no puede ser neutral", remarca, y añade que ese boca a boca que está llevando tan lejos a esta cinta ha llegado también al sistema educativo, donde sin duda puede tener un recorrido kilométrico.

"Muchos profesores de secundaria veían la película y nos decían 'esto lo tienen que ver mis alumnos' porque, según ellos, en dos horas les estábamos ahorrando dos semanas de clases. Por eso, a través de las salas de cine comercial en Valencia, en Castellón, en Alicante y en más sitios hemos organizado matinales porque nos interesa que los estudiantes vean nuestra película como lo que es, una obra grande y profesional, no llevarla para pasarla en un proyector con un DVD. Queremos también que se den cuenta de que nosotros podemos y debemos hacer cine al mismo nivel que se hace en Europa, en América y en todas partes, y demostrar que nuestra cultura y que nuestra historia tiene la suficiente entidad para verse en pantalla grande", explica. Desde su estreno, más de 5.000 los estudiantes han podido ver La invasión de los bárbaros solo en la Comunidad Valenciana.

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Esta es otra vía que el equipo de la película quiere transitar en el resto del Estado, para lo cual incluso ha elaborado un cuaderno didáctico con los contenidos de la cinta, gracias también a la financiación conseguida del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática dentro de los actos y proyectos por los cincuenta años de democracia en España tras la muerte de Franco. "Pensamos que la película ayuda a mostrar el tema de la memoria, tanto en el presente como en el pasado, así como el de la represión franquista desde un punto de vista distinto a lo que se ha visto hasta ahora", apunta.

La película tiene otro objetivo importante que el director destaca: "Ser un homenaje a la generación de mis abuelos, la que luchó por la República y luego tuvo que sobrevivir durante la dictadura". Porque, mientras la obra teatral se centra en el expolio del patrimonio histórico, Monsonís vio la oportunidad de llevar a la gran pantalla un "fresco sobre la represión" que siguió al fin oficial de la guerra. 

"Me recordó a todas aquellas historias que me habían contado mis abuelos cuando era pequeño sobre el hambre y el miedo que pasaron, cómo su dinero de la noche a la mañana dejó de valer, cómo no podían confiar en los vecinos porque igual eran denunciantes, cómo hablar en valenciano en público les podía llevar a la cárcel", subraya. "Pensando sobre todo en mi abuela, quería homenajear con la película a esa generación de la que ella formaba parte, la que luchó por la democracia y creyó en la República. Creo que eso es lo que más valora la gente cuando la ve, ese intento de explicar las circunstancias que tuvo que vivir aquella generación en la inmediata posguerra, en qué se convirtió su vida a partir de los hechos cotidianos marcados por el miedo, la represión sanguinaria y la impunidad con que los vencedores hicieron y deshicieron", remata.

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Seguimos al montijano Paco, 10.- DE ÁFRICA A NORMANDÍA

Recordaros la cita de Valdenoceda 2026, 18 de abril en Valdenoceda.

Y finalmente os adjuntamos el cartel de las jornadas de Aranda.



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