dimarts, 7 de juliol del 2026

Cuando el psiquiatra Vallejo-Nájera, el ‘Mengele español’, se alió con la Gestapo para experimentar con personas en Burgos

 Cuando el psiquiatra Vallejo-Nájera, el ‘Mengele español’, se alió con la Gestapo para experimentar con personas en Burgos

La dictadura franquista concedió al psiquiatra militar la Gran Cruz de la Orden Civil de Sanidad para llevar a cabo crímenes como el robo de niños de familias republicanas



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Al dorso de las fotografías de los presos de San Pedro de Cardeña (Burgos) durante la Guerra Civil, puede leerse lo siguiente: “La hoz internacional ha volcado en la España roja sus mejores ejemplares de paranoicos y degenerados para luchar contra los españoles de la España Nacional”. Eran los voluntarios de las Brigadas Internacionales.

Aquellos extranjeros, que habían llegado a España movidos por sus ideas antifascistas para apoyar militarmente a la Segunda República durante la Guerra Civil, fueron apresados y encerrados en el monasterio de San Pedro de Cardeña. Los sublevados rápidamente reconvirtieron este edificio religioso en un campo de concentración, que llegó a albergar a más de 4.000 prisioneros españoles y extranjeros.

Fue en este campo de concentración donde el psiquiatra de cabecera del franquismo desplegó todo su pensamiento pseudocientífico para ejecutar uno de los crímenes más atroces de la Guerra Civil. Antonio Vallejo-Nájera (1889-1960), el psiquiatra militar al que Franco entregaría en 1947 la Gran Cruz de la Orden Civil de Sanidad, que ahora ha sido revocada por el Gobierno, hizo de San Pedro de Cardeña su lugar de recreo para llevar a cabo experimentos con humanos.

Con la participación de la Gestapo, la policía secreta de la Alemania nazi, Vallejo-Nájera puso en práctica sus teorías psiquiátricas con miles de personas en este campo de concentración cercano a la localidad burgalesa de Castrillo del Val. Para ello, fundó y dirigió el Gabinete de Investigaciones Psicológicas, una institución que disfrazó la ciencia para justificar el franquismo y patologizar la ideología progresista.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado este viernes que el Ejecutivo tramitará en el próximo Consejo de Ministros la retirada de la Gran Cruz de la Orden Civil de Sanidad al psiquiatra Antonio Vallejo-Nájera. (Fuente: La Moncloa)

El laboratorio humano de Vallejo-Nájera

El psiquiatra adquirió el sobrenombre de ‘Mengele español’ por la similitud de sus prácticas con las del médico nazi Josef Mengele, el ‘Ángel de la Muerte’ que realizó experimentos humanos letales en el campo de concentración de Auschwitz y dirigió las selecciones de prisioneros para las cámaras de gas.

Vallejo-Nájera quería su propio Auschwitz y escogió el campo de concentración de San Pedro de Cardeña para efectuar sus teorías eugenésicas o de “higiene racial”. Las terapias eugenésicas de finales del siglo XIX y principios del XX habían sentado las bases para la política nazi de esterilización forzosa y sustentaron el asesinato de personas con discapacidad, institucionalizado como parte del programa clandestino de “eutanasia”.

Por su parte, el ‘Mengele español’ publicaría entre 1938 y 1939 una serie de estudios titulados Psiquismo del fanatismo marxista con el fin de demostrar la existencia de un “gen rojo” que promovía deficiencias mentales. Apoyándose en su Gabinete de Investigaciones Psicológicas, Antonio Vallejo-Nájera trató de establecer una estrecha relación entre las enfermedades mentales y las ideas progresistas. Él mismo describiría a las personas con ideologías contrarias al franquismo y el nazismo como sujetos que padecían una “inferioridad mental” y “psicópatas antisociales”.

Imagen de archivo del psiquiatra franquista Antonio Vallejo-Nájera, el 'Mengele español' (Wikimmedia Commons)
Imagen de archivo del psiquiatra franquista Antonio Vallejo-Nájera, el 'Mengele español'. (Wikimmedia Commons)

Los métodos del ‘Mengele español’: frío, hambre, humillación y castigo

Como en la mayoría de los campos de concentración que erigió el franquismo, las condiciones de vida en San Pedro estaban marcadas por “piojos, frío, hambre, sed, humillación, aculturación y castigo", según describiría uno de sus supervivientes en el libro Prisoners of the good fight: the Spanish Civil War.

El hacinamiento y la insalubridad hicieron del campo de concentración un foco de enfermedades, todas ellas aglutinadas bajo el nombre de “sanpedronitis”. Es el concepto que utilizó el historiador Javier Rodrigo en su libro Cautivos para describir “la dolencia más generalizada: la caída de los dientes, las encías sangrantes, derivadas de la mala alimentación y la escasez de vitaminas”.

El psiquiatra de confianza de Franco

La obra de Vallejo-Nájera fue, sin duda, central para el aparato represivo del franquismo, convirtiendo el estudio psiquiátrico de los prisioneros políticos en herramienta para deshumanizarlos y consolidar la construcción de una “nueva España” basada en jerarquías morales y raciales. Tras la guerra, Vallejo se consolidó como figura central en la psiquiatría española de los años 40 y 50, demostrando la capacidad de la psicología para adaptarse y ser instrumentalizada por regímenes totalitarios y agendas políticas.

Los planteamientos del psiquiatra franquista también promovieron algunos de los crímenes más atroces de la dictadura, como el robo de miles de niños y niñas de familias republicanas para su reeducación política y moral. El ‘Mengele español’ también sostenía que las mujeres tenían “la inteligencia atrofiada”, cuya única misión era la de procrear y dar hijos a la patria.

El Censo Estatal de Memoria Democrática supera el medio millón de víctimas registradas

 https://gndiario.com/memoria-democratica-censo-estatal



04/07/2026 - 19:00

Varias imágenes en blanco y negro de rostros de personas desaparecidas durante el franquismo. En primer plano un texto que dice: una ley para acabar con la impunidad del franquismo


El Censo Estatal de Víctimas es una herramienta viva, mandatada por la Ley de Memoria Democrática. Su objetivo no es solo contable, sino jurídico y social. En 2026, alcanzar los 510.857 registros supone un avance gigantesco en la transparencia histórica. Cada ficha incluye, siempre que es posible, datos sobre la filiación, el lugar de nacimiento, la vecindad, la fecha y lugar de la muerte o desaparición, y el tipo de represión sufrida.

Este esfuerzo de documentación es fundamental porque, durante décadas, la información estuvo fragmentada en archivos militares, parroquiales, registros civiles y memorias familiares. La centralización de estos datos permite que los descendientes puedan reconstruir su árbol genealógico traumático, algo vital para el proceso de duelo colectivo. Sabemos que el 90 por ciento de los ciudadanos respalda el uso de la tecnología avanzada para la gestión pública, y no hay gestión más sensible que la que devuelve la identidad a quienes el régimen anterior intentó borrar del mapa.

El impacto psicológico y social de la Memoria Democrática: cerrar heridas para reducir el estrés colectivo

La resolución de traumas históricos tiene una correlación directa con el bienestar social presente. Aunque parezca un tema lejano, el "silencio de los abuelos" ha permeado en las generaciones posteriores en forma de tabúes y duelos no resueltos. En un contexto donde el estrés vital afecta de forma severa al 26 por ciento de la población activa en 2026, la paz social que otorga la justicia transicional es un factor terapéutico.

El reconocimiento oficial de una víctima permite que las familias pasen de la búsqueda angustiosa a la memoria honrada. El Censo Estatal de Víctimas de Memoria Democrática no solo identifica a los fallecidos en combate o ejecutados, sino que abarca un espectro de victimización mucho más amplio, reconociendo que la dictadura golpeó de formas muy diversas.

Categoría de VíctimaDescripción en el Censo 2026Objetivo de la Medida
Fallecidos en combatePersonas muertas en el frente durante la Guerra Civil.Registro histórico y filiación.
Represaliados y ejecutadosVíctimas de la violencia política y consejos de guerra.Reparación moral y anulación de sentencias.
ExiliadosCiudadanos que huyeron por motivos políticos o de seguridad.Reconocimiento del abandono forzado del país.
Prisioneros y trabajos forzadosPersonas confinadas en campos de concentración o batallones.Documentación de la explotación laboral.
Bebés robadosCasos de sustracción de menores bajo el paraguas ideológico.Localización e identificación genética.

Tecnología y talento al servicio de la Historia

La gestión de más de medio millón de registros requiere una infraestructura técnica y humana formidable. Historiadores, archiveros, especialistas en big data y expertos en genética trabajan de la mano para que el Censo Estatal de Víctimas de Memoria Democrática sea preciso y útil.

La utilización de algoritmos de búsqueda cruzada ha permitido identificar duplicidades y conectar expedientes que estaban separados por miles de kilómetros. Por ejemplo, la ficha de un prisionero en un campo de concentración en el sur puede ahora conectarse automáticamente con su partida de defunción en un hospital del norte, ofreciendo a la familia una cronología completa de sus últimos días.

La memoria democrática no es mirar atrás por nostalgia, es mirar al suelo que pisamos para saber que no hay fosas bajo nuestros pies que nos impidan caminar rectos.

Un compromiso con el futuro de la democracia

Así las cosas, los 510.857 registros del Gobierno son una victoria de la transparencia sobre el olvido. España demuestra que es una democracia lo suficientemente madura como para mirar sus sombras sin miedo. Al proporcionar este Censo Estatal de Víctimas de Memoria Democrática, el Estado no solo cumple con una ley, sino con una obligación moral hacia los ciudadanos que fueron castigados por defender la legalidad o, simplemente, por pensar diferente.

El reto para los próximos años será seguir ampliando este censo, integrando los nuevos hallazgos de las exhumaciones que aún continúan en todo el territorio nacional. Porque mientras falte un solo nombre por registrar, el mapa de nuestra historia seguirá teniendo zonas en blanco. La digitalización de la memoria es, en definitiva, el mejor cortafuegos contra la repetición de los errores del pasado.


El día en que el franquismo asesinó la risa

 https://www.levante-emv.com/comunitat-valenciana/2026/07/06/franquismo-asesino-risa-dibujante-bluff-traca-fusilado-paterna-131182559.html?utm_source=facebook&fbclid=IwY2xjawS5lGVleHRuA2FlbQIxMQBzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEeAH3F6s1M88wB55uXx_-d35Db9hYHy8vaN7FYH9dYCefrtAWjNE1JxwnlnJc_aem_11xhDuVjrCehRnoIuLB6vQ

Carlos Gómez Carrera, Bluff, convirtió a Franco en objeto de burla desde las páginas de La Traca. El régimen nunca se lo perdonó y acabó llevándolo ante un pelotón de ejecución.


Franco, en una de las viñetas más conocidas de Bluff.

Franco, en una de las viñetas más conocidas de Bluff. / La Traca

Vicent Domingo

Vicent Domingo

València

Francisco Franco, apodado Paco el rana en sus tiempos dorados de dictador inaugurador de pantanos y Cerillita en sus años mozos por lo poquita cosa que era, siempre supo del poder demoledor de la risa. Asesino de rojos, comunistas, sindicalistas y masones, Paca la Culona- como le bautizó el dipsómano Queipo de Llano - tuvo la precaución y la amable deferencia de guardar unos cuantos puestos en las listas de la muerte para quienes, utilizando su ingenio y solo con lápiz y papel, causaron más destrozos en sus filas que los obuses de Vicente Rojo.

Carlos Gómez Carrera, Bluff, fue uno de aquellos dibujantes que con sus caricaturas en el semanario satírico La Traca formó parte de la nómina de artistas que pusieron su creatividad al servicio de la causa republicana. Huido en noviembre de 1936 del Madrid bombardeado por la aviación fascista, Bluff recaló en Valencia donde fue contratado por Vicente Miguel Carceller, editor de La Traca, como dibujante y caricaturista. Dueño de un estilo desenfadado y directo, con unos pocos trazos Bluff conseguía un retrato psicológico devastador del personaje caricaturizado. Así, dibujó a un Franco de rasgos afeminados – larguísimas pestañas y boquita roja de piñón – protegiéndose a la sombra de un racimo de plátanos, recuerdo evocador de unos supuestos escarceos homosexuales en África. Una imagen que iba mucho más de lo que el dictador y sus conmilitones, aguerridos machos todos ellos, podían tolerar. Y por supuesto que no se quedaron de brazos cruzados.

Bluff, dibujando una de sus famosas tiras.

Bluff, dibujando una de sus famosas tiras. / L-EMV

Tras la entrada en Valencia de las tropas del General Aranda el 30 de marzo de 1939, Bluff intentó en vano escapar al extranjero siendo apresado cuando se encontraba en el puerto de Alicante, como otros muchos miles de republicanos que intentaban huir de la represión franquista. Gran parte de ellos acabaron en el campo de concentración de Albatera. Otros, como Bluff, en la Prisión Celular de Valencia.

Bluff fue juzgado en la causa sumarísima 7470-V junto a sus compañeros de redacción. En el sumario y con su habitual verborrea, la justicia franquista calificó a La Traca como un semanario que se dedicaba "de la manera más baja y grosera a insultar a las más altas personalidades de la España Nacional, de la dignidad de la Iglesia y los principios informantes del Glorioso Movimiento Salvador de nuestra Patria". A Bluff lo acusaron de publicar "dibujos de la más baja moral en los que se ridiculizaba al Generalísimo Franco y a los Generales de nuestra Santa Cruzada".

Imagen de Franco observando un racimo de plátanos.

Imagen de Franco observando un racimo de plátanos. / La Traca

Las tiras más polémicas

Pero la guinda que acabó ya por inclinar el fiel de la balanza hacia la sentencia de muerte fueron dos tiras cómicas de Las cosas de Don Canuto, ciudadano peso bruto publicadas los días 20 y 27 de abril de 1940 por Bluff en Redención, la revista del Patronato Central para la redención de las penas por el trabajo. Fue acusado de que las historietas tenían un doble sentido contrario a la España Nacional Sindicalista. En una de ellas dos pescadores reñían por el mismo pez, interpretando las autoridades franquistas que representaban a un requeté y un falangista que se peleaban por el poder. La paranoia del director del Reformatorio de Adultos de Alicante Manuel Guerrero llegó a tal punto que con fecha 8 de mayo de 1940 elevó un informe reservado a Máximo Cuervo – sí, no has leído mal – director general de Prisiones, en donde le informaba que en la última viñeta donde ambos pescadores se pelean "aparecen disimulados puños cerrados, estrellas comunistas de cinco puntas, un gorro frigio y una mano abierta como en el saludo nacional, abatida".

Una de las famosas tiras de Bluff que se usaron para condenarle a muerte.

Una de las famosas tiras de Bluff que se usaron para condenarle a muerte. / Bluff

Máximo Cuervo, diligente funcionario y eficaz aprendiz de verdugo, remitió a su vez con fecha 11 de mayo al Auditor de Guerra escrito en el que calificó tales historietas como una "persistencia en la adhesión a la rebelión y una excitación constante valiéndose del mismo periódico de los reclusos para hacer propaganda roja". En la misma carta refleja su ferviente petición al Auditor de que "este nuevo delito sea juzgado con la severidad inexcusable que es necesaria para el mantenimiento de la disciplina".

Tales “delitos” llevaron a Bluff ante un pelotón de ejecución. Firmaron la sentencia en Consejo de Guerra el 10 de junio de 1940 el comandante Claudio Merino Napal, como presidente del Tribunal, los vocales capitanes Fernando Oses, Francisco Gómez y José Coma y el vocal ponente alférez Úbeda Floran. La guerra había acabado hacía más de un año. No obstante, la maquinaria del terror de los vencedores seguía perfectamente engrasada.

Pero la muerte física de los vencidos nunca fue suficiente para los matarifes franquistas. Era necesaria además su aniquilación moral y económica. En el Archivo Histórico del Reino de València se custodia el expediente de responsabilidades políticas número 314 de 1944 que el Juzgado número 4 de Valencia incoó contra Bluff, Vicente Miguel Carceller y José María Carnicero, otro ilustrador republicano que, aunque sufrió tres años de prisión en el Monasterio de San Miguel de los Reyes, tuvo la suerte de conservar al menos la vida.

Los tres, condenados por el delito de Adhesión a la rebelión militar del artículo 238 del Código de Justicia Militar en la causa 7470-V, sufrieron asimismo la persecución de sus bienes en aplicación del no menos abyecto artículo 219 del mismo Código. A Bluff no le pudieron encontrar propiedades a su nombre e investigaron a su esposa Corito y su hija Maruja de las cuales se determinó en oficio de la Jefatura Superior de Policía de Valencia unido al expediente y fechado el 29 de mayo de 1944 que "al parecer se hallan en Estados Unidos de América". El expediente de responsabilidades políticas de Bluff fue sobreseído el 30 de enero de 1945 en auto del magistrado-presidente Luis Zapater Rodríguez ante la falta de bienes confiscables.

Cuento dedicado a su hija Marujita, mientras él estaba en prisión.

Cuento dedicado a su hija Marujita, mientras él estaba en prisión. / Bluff

Bluff fue fusilado junto a su amigo Carceller el 28 de junio de 1940 en las tapias del Cementerio de Paterna y su muerte inscrita en el Registro Civil de la localidad el 29 de junio de 1940 por Vicente Benlloch Senent, Juez suplente y encargado del Registro.

A diferencia de Carceller, cuyo cuerpo fue recuperado por sus familiares y enterrado en un nicho en el cementerio de Paterna, el cuerpo de Bluff fue arrojado a una fosa común, la fosa 114 conocida como la fosa de la Cultura. Tras un largo proceso, sus restos fueron localizados, identificados genéticamente y finalmente entregados el 2 de febrero de 2025 a Lamberto Ortiz quien representaba a su hija Olivia, a la que Bluff se refería cariñosamente como Marujita, residente en Hawái. Actualmente sus restos reposan en un columbario del cementerio de Paterna. En el proceso de localización de la familia y recuperación de la memoria de Bluff tuvo un papel destacado el cineasta valenciano Ricardo Macián.

Cierto es que la barbarie que resultó de la aplicación de una falsa justicia ejercida por militares disfrazados de jueces se cebó fundamentalmente en sindicalistas, jornaleros, agricultores, maestros y políticos. Al fin y al cabo, fueron ellos, mujeres y hombres, quienes construyeron la República con sus propias manos y los rebeldes se dieron buena cuenta de que siempre lo recordaran.

Pero no menos cierto es constatar que los verdugos no se olvidaron de asesinar a la cultura, a la ciencia, a cualquier atisbo de inteligencia que tuviera la osadía de oponerse a su fuerza bruta. Peset Aleixandre, Carceller, Bluff nos interpelan constantemente con su ejemplo. No olvidarles es nuestro deber y también nuestro derecho.