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Julian Grimau. 1911-1963
¿Quién se acuerda ya de aquel policía republicano que fusilaron una madrugada del día 20 de abril de 1963 en los descampados del cuartel de Wad Ras, hacia el barrio madrileño de Campamento? Se llamaba Julián Grimau.
Le dijeron que fuera a España para cubrir las bajas de la represión (un trabajo para suicidas sin pretensiones) y aceptó. Era un militante. Llegó a España en 1957, primero Barcelona, y luego en Madrid, a donde le ordenan que se desplace en 1959, tiene que hacer de todo, no es como en las novelas: transcribía mensajes, los leía tras pasarlos por la plancha, iba al libro convenido de claves, se arriesgaba por las mañanas en las fábricas de Méndez Álvaro para entregar los paquetes de panfletos, y se recogía por las tardes, algunas reuniones, y como todo clandestino que se precie se metía después de comer en un cine de barrio para ver las sesiones dobles, mientras amagaba una siesta. Vida clandestina, topos urbanos hasta su detención el 7 de noviembre de 1962. Se hizo como un verso de Vallejo: Un cadáver lleno de vida.
El consejo de guerra. Una parodia que alcanzó la mascarada. El juez togado, entre aquellos pistoleros uniformados desde la guerra, era un falsario. Se llamaba Manuel Fernández Martín y había hecho un par de cursos de Derecho en Sevilla y ganado la guerra; un estafador que había encontrado su oportunidad para rehabilitarse ante aquellos caballeros.
Gregorio Morán
La Vanguardia, 27 de abril de 2013
“Ya les he dicho que he sido comunista, que soy comunista y que moriré siendo comunista. Creo sinceramente que mi ideología es la que conviene a mi patria. Creo que mi partido es el más fiel interprete de los intereses del pueblo” Julián Grimau.
La noche del 20 de abril de 1963 a las cinco y media, Julián Grimau, miembro del Comité Central del PCE, era fusilado por el régimen franquista.


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