divendres, 23 d’octubre del 2026

Más allá de las cárceles: la represión franquista también pasó por el puesto de trabajo

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Más de la mitad de la plantilla de la Diputación de Valencia fue depurada por el franquismo

Valencia

Más de la mitad de los trabajadores de la Diputación de Valencia fue sometida a procesos de depuración por parte del régimen franquista tras la Guerra Civil. Es una de las principales conclusiones de la investigación realizada por la historiadora chilena Mirla Narváez, impulsada por la Delegación de Memoria Democrática de la institución provincial.

La investigadora ha explicado en La Ventana Comunitat Valenciana que la documentación consultada ya anticipaba la dureza del proceso. "La documentación te va mostrando rápidamente que no te enfrentas a casos de benevolencia", ha señalado. Aunque la magnitud de las cifras resulta impactante, Narváez asegura que los expedientes reflejan desde el inicio una estrategia sistemática de control y castigo.

La historiadora ha recordado que la depuración administrativa formó parte de un mecanismo más amplio de represión que afectó a numerosos ámbitos del Estado. "Distintas áreas pasaron por este filtro y eso demuestra que el control era absoluto", ha afirmado. Según su análisis, la pérdida del empleo no solo suponía una sanción económica, sino también una herramienta para imponer obediencia y controlar a la población.

Los castigos aplicados a los empleados públicos fueron muy diversos. Desde el despido definitivo y la pérdida de derechos laborales acumulados hasta suspensiones temporales sin sueldo o traslados forzosos a otros destinos. "Hubo trabajadores suspendidos desde un mes hasta dos años sin recibir salario", ha explicado.

El peso de los juicios sobre las mujeres

Uno de los aspectos más relevantes del estudio es la perspectiva de género. La investigación apunta a diferencias significativas entre los criterios utilizados para juzgar a hombres y mujeres.

Mientras que en el caso masculino el foco se situaba principalmente sobre la adhesión política al régimen, las mujeres eran evaluadas también por cuestiones relacionadas con su vida privada. "No era lo ideológico el principal elemento de juicio, sino cuestiones vinculadas a su comportamiento", ha indicado Narváez.

La investigadora ha destacado que aspectos como las relaciones personales, el estado civil o la reputación social podían influir en la valoración realizada por las autoridades franquistas. "Hay un peso diferente en los elementos que se utilizan para definir quién es afecta o no al régimen", ha subrayado.

Represión que alcanzó todos los ámbitos

El trabajo también ha permitido identificar el fuerte componente social de la represión. Según Narváez, muchos de los expedientes afectaron especialmente a trabajadores de servicios y empleados con menor formación académica.

"Te das cuenta de que la mayor cantidad de personas acusadas no fueron quienes desarrollaban trabajos técnicos o facultativos, sino trabajadores de estratos sociales más modestos", ha explicado.

La historiadora considera que todavía queda mucho por investigar sobre los procesos de depuración en administraciones locales, ayuntamientos e instituciones públicas. En territorios como el País Valencià, que durante la Guerra Civil actuaron como retaguardia republicana, la represión alcanzó una intensidad especialmente elevada.

Además, ha recordado que muchos expedientes estuvieron vinculados a otras formas de castigo, como los encarcelamientos. "Había personas que sufrían procesos de depuración mientras se encontraban en prisión y eran sus familiares quienes tenían que tramitarlos", ha señalado.

Narváez defiende que este tipo de investigaciones permiten comprender mejor el alcance real de la represión franquista y rescatar historias personales que durante décadas permanecieron ocultas. "La dimensión de estos procesos todavía no se ha difundido suficientemente", ha concluido.

Felipe y Francisco, las primeras víctimas del franquismo identificadas en Padul (Granada), regresan a casa

 https://www.elsaltodiario.com/granada/felipe-francisco-regresan-casa-identificadas-primeras-victimas-del-franquismo-padul-granada


Los restos de Felipe Fernández Fajardo y Francisco Rodríguez López, las dos primeras víctimas del golpe franquista identificadas en Padul, han sido entregadas este lunes, 12 de octubre, a sus familiares en una emotiva ceremonia donde han recobrado su historia y dignidad

13 oct 2026 06:30 | Actualizado: 13 oct 2026 09:19
En el cementerio de Padul, la búsqueda de las víctimas de la represión franquista continúa casi nueve décadas después de la Guerra Civil. Hasta ahora, los trabajos de localización y exhumación del equipo de Memoria de la Universidad de Granada han permitido recuperar los restos de 35 personas asesinadas en la tapia del cementerio, una de ellas mujer. Las investigaciones históricas apuntan a que en este mismo espacio podrían encontrarse los restos de entre 33 y 35 víctimas más, hasta alcanzar un total estimado de entre 68 y 70 personas represaliadas.

La intervención comenzó en 2021 con una primera campaña de localización. En 2022 se encontraron las primeras víctimas y, después de una campaña de apenas un mes, el proyecto quedó sin ejecutar en 2023. Los trabajos se retomaron posteriormente en 2024 hasta 2026, con una financiación que, según el equipo responsable, ha sido limitada y ha condicionado el alcance de las actuaciones. Los trabajos se desarrollan fundamentalmente en el cementerio municipal, aunque existen testimonios que señalan otros lugares de Padul donde también pudieron producirse ejecuciones y enterramientos ilegales. La investigación se ha concentrado en el cementerio porque los indicios apuntan a que allí podría encontrarse la mayor acumulación de restos, nos cuenta Fran de Asís Carrión, sociólogo del equipo multidisciplinar de la UGR que aborda las exhumaciones y todo el proceso posterior.

El Padul, señala Fran de Asís, era un punto clave de la represión franquista en este valle granadino. Describe un ejercicio de deslocalización utilizado por los golpistas para la ocultación de los hechos y los cuerpos: “si eran de Dúrcal o Nigüelas, les detenían allí pero los llevaban a otro lugar donde los asesinaban”. El sociólogo comparte con este medio testimonios especialmente duros de personas a las que comunicaron el destino de sus familiares: «Mira, a tu padre lo han dejado tirado en Padul». También las narraciones de niños pequeños que acudían al lugar para comprobar lo ocurrido y que, efectivamente, veían los cuerpos, pero no podían intervenir. «Por razones obvias, les podrían haber asesinado también», explica.

La represión franquista ejercía la deslocalización de los cuerpos para ocultar los hechos, "les detenían en su casa pero los llevaban a otro lugar donde los asesinaban”, Fran de Asís Carrión.

El reto actual de las exhumaciones de los cuerpos en Padul, explica Fran, reside en un obstáculo inesperado: la excavación ha encontrado varios nichos construidos décadas después que ocupan parte del área donde podría encontrarse más víctimas y “sería necesario trasladar temporalmente los restos que contienen para poder continuar los trabajos y reconstruirlos posteriormente”.

La solución, nos explica, depende en buena medida de alcanzar un acuerdo con las familias titulares de esos nichos. El Ayuntamiento de Padul está mediando para facilitar ese proceso. La alcaldesa, Celia, ha mantenido reuniones tanto con el equipo técnico como con familiares de las víctimas y, según explica Fran, ha mostrado su disposición a mediar entre las distintas partes. Ahora esperan el resultado de esas conversaciones. También que continúe el compromiso de las instituciones públicas con la financiación y el apoyo a este tipo de trabajos de memoria histórica.

Hoy en el Padul, en la ceremonia de entrega de los restos de Felipe y Francisco, su alcaldesa, Celia Villena de Francisco, ha mostrado su cariño y respeto hacia las familias. En su discurso ha señalado que reivindicar la verdad, la justicia y la reparación no es mirar al pasado con rencor, “Es mirar al futuro con dignidad. Es defender una sociedad en la que nunca más se persiga, se encarcele o se asesine a nadie por sus ideas. Hoy Padul quiere ser un lugar de encuentro, de respeto y de memoria. Un pueblo que no olvida, que acompaña a las familias y que entiende que la democracia también se construye reparando las injusticias de nuestra historia”.

Montserrat Luque Molina, fiscal delegada de Derechos Humanos y Memoria Democrática en Granada, ha trasladado a las familias el respeto y la cercanía de la Fiscalía. Ha señalado en Padul que una democracia madura no puede mostrarse indiferente ante quienes fueron privados de su vida, de su identidad y, durante décadas, incluso de la posibilidad de ser recordados y honrados por sus seres queridos. Para Montserrat, la identificación y entrega de estos restos supone la culminación de un largo proceso de búsqueda de la verdad. Un proceso que permite devolver un nombre a quienes fueron reducidos al anonimato, restituir una identidad que les fue arrebatada y reconocer una dignidad que nunca debió ser negada. “Detrás de cada una de estas identificaciones existen historias personales y familiares marcadas por el sufrimiento de la pérdida y por la incertidumbre prolongada durante décadas”, ha lamentado.

Por su parte, el arqueólogo y profesor de la Universidad de Granada Francisco Carrión, que lidera el equipo multidisciplinar de la UGR 'Universidad y Memoria', ha defendido la necesidad de aprender y mantener un compromiso con la convivencia a través de los recuerdos que, lejos de alentar el odio, “reconocen el dolor”. Para Carrión, este trabajo rescata a todas las víctimas sin excepción del olvido, “ese que el franquismo impuso echando toneladas de tierra sobre las fosas”. 

Felipe Manuel Fernández Fajardo

La biografía del equipo Universidad y Memoria de la Universidad de Granada nos cuenta que Felipe Manuel Fernández Fajardo residía en el pueblo granadino de Dúrcal en 1936. Padre de familia y albañil de profesión, señalan que no se había destacado especialmente en la política de los años republicanos. Eso no fue óbice, continúa la biografía, “para que los señoritos del pueblo lo incluyeran entre los objetivos a eliminar tras el golpe de estado”. Conducido a Padul, fue fusilado en las tapias del cementerio, algo que la familia no conocería hasta años después. A pesar del silencio imperante y las miserias vividas tras el asesinato de Felipe su memoria fue conservada y reivindicada por la familia, “permitiendo hoy la recuperación de sus restos de la fosa a la que fue arrojado por la barbarie fascista”..

Su nieto, Francisco Manuel Fernández, ha comentado hoy en el Centro Cultural Federico García Lorca de la localidad la alegría que le produce a él y a su familia, la entrega de los restos de su abuelo, “arrebatado por un sinsentido que dejó a su esposa y sus dos hijos de 6 y 3 años de la forma más cruel en una época muy difícil sin recursos”. En una ceremonia que “cierra parte de la herida abierta tras 90 años de angustia, dolor e incertidumbre”.

“Si me llevas al cementerio de Padul, voy”: 89 años después, Francisco seguía buscando a su padre.

Francisco comenta que la familia de su abuelo, Felipe, quedó en una pobreza extrema, “su mujer vivió en una habitación con sus hijos y los animales". Francisco Manuel, nacido en 1965, recuerda haber crecido en el silencio respecto a la historia. Él y su hermano Felipe vivieron su infancia durante el franquismo y comenzaron a tomar conciencia cuando ya eran adolescentes. Pero en casa apenas se hablaba de lo sucedido. “Han vivido la época de la posguerra que era que o te callas o te callas”, resume Francisco Manuel. El silencio se prolongó durante décadas.

Francisco Manuel reconoce que siempre tuvo “una espinilla” con la historia de su abuelo. Pensaba que podía estar enterrado en cualquier cuneta. Ahora, con la investigación de las fosas de Padul, esa historia ha adquirido una dimensión diferente. Su padre, Francisco Fernández Fajardo tenía tres años cuando mataron a su padre. Hoy tiene 92. Durante toda una vida ha cargado con aquella ausencia y con una historia que conoció a retazos, entre los silencios de su familia y los relatos de los mayores del pueblo. Sabía que a Felipe Fernández, albañil como el resto de los hombres de su familia, se lo llevaron junto a otros cuatro vecinos y lo asesinaron en Padul. Se lo contaron cuando apenas tenía seis años. Desde entonces, esa certeza ha convivido con una pregunta: su paradero. “Si hubiera sabido dónde estaba, hubiera ido y lo hubiera sacado. Y lo hubiera traído aquí”, explica Francisco Fernández.

Para él, recordar es precisamente la forma de impedir que vuelva a ocurrir. Le preocupa que parte de la juventud desconozca lo sucedido y qué discursos políticos que apelan a la exclusión, al autoritarismo o al rechazo de los inmigrantes puedan volver a ganar espacio. “No sé qué camino va a tomar, pero no pinta bien”, advierte.

Ahora, Felipe descansará en la misma tumba que su mujer. Su familia ha estado preparando esta ceremonia en Dúrcal con mucho cariño, recopilando fotos y memorias para que no vaya solo, para que la historia de su familia descanse con él. 

Francisco Rodríguez López

Francisco Rodríguez López fue asesinado con su mujer Enriqueta Guerrero Martín. Francisco nació en Ízbor aunque residía junto a su familia en el pueblo de Pinos del Valle, dedicándose a la elaboración de carbón vegetal junto a otras labores del campo, con las que ganar el jornal y sacar adelante a su familia. La biografía elaborada por el equipo ‘Universidad y Memoria’ de la Universidad de Granada, explica que su detención y asesinato, junto al de su mujer, “parece atender a la necesidad de imponer un castigo ejemplarizante a la familia al haber fracasado los golpistas en detener a Ramón Montoro, yerno de Francisco y Enriqueta, y a la sazón secretario de las Juventudes Socialistas de Pinos del Valle”.

Para ocultar el crimen, apuntan, el matrimonio fue conducido hasta Padul, en las tapias de cuyo cementerio fueron fusilados. A pesar de que los fascistas pretendían ocultar para siempre bajo la tierra de la fosa excavada en el cementerio civil el destino de Francisco y Enriqueta, la familia nunca se dio por vencida, pudiendo hoy restituir abiertamente la memoria de dos inocentes cuyas vidas quisieron ser silenciadas por las balas.

“Si me dieran un certificado diciendo dónde están mis abuelos, compraría una carpeta de plata para guardarlo”, Enrique Moreno Rodríguez

Enrique ha sabido toda su vida que a sus abuelos los asesinaron durante la Guerra Civil. Lo que nunca ha sabido es dónde están. Tampoco conoció apenas su historia. Ese silencio no era casual. Durante décadas, recordar lo ocurrido fue un tabú. La historia familiar comenzó a reconstruirse de manera más precisa gracias a Silvia González, documentalista que empezó a investigar después de que José Luis le contara que su compañero tenía unos abuelos asesinados y procedentes de Pinos del Valle.

Por su parte, Silvia González explica que la historia de Francisco Rodríguez llegó a sus oídos en 2024, de la mano de José Luis Villegas, investigador de Churriana de la Vega. “Tras conversar largamente con Enrique, le manifesté mi intuición, basada en mi trabajo como documentalista de la fosa y en las noticias que tenía sobre las últimas víctimas recuperadas, de que sus familiares podían estar en la fosa del Padul”. Su compañero Pepe Peña consiguió la documentación relativa al matrimonio, que permitió a la familia conocer los datos exactos de edad que necesitaba para avanzar en la identificación. La investigación continuó en el Archivo Militar de Almería, donde obtuvieron información complementaria. También gestionaron la extracción de ADN y trasladaron las muestras al laboratorio de la Universidad de Granada (UGR).

El caso de Enriqueta Guerrero formará parte, además, de una investigación más amplia que Silvia González y su equipo están desarrollando sobre las mujeres asesinadas en la provincia de Granada. Los primeros resultados se darán a conocer el próximo 29 de octubre, en unas jornadas organizadas en la Subdelegación del Gobierno en Granada. González reivindica el papel fundamental del movimiento memorialista en este proceso. “Este caso es una muestra del necesario trabajo de los memorialistas, del trabajo familia a familia, casa a casa, estando al pie del cañón en todo momento, sea cual sea la circunstancia política de nuestro país. Pase lo que pase, después de las próximas elecciones estaremos apoyando a las familias”.

“Os deseo toda la suerte del mundo porque la suerte de ustedes es la mía”, Enrique Moreno al equipo 'Memoria y Universidad' de la UGR.

Según figura en la entrevista del sociólogo Fran Carrión a Enrique Moreno Rodríguez, las hijas del matrimonio de Francisco y Enriqueta tuvieron que abandonar el pueblo y marcharse a Granada, donde se pusieron a servir junto a una hermana mayor. La familia aprendió a convivir con la ausencia y con el miedo. Enrique recuerda que, cuando decidió entrar en política, su madre le dijo que le había dado “el disgusto más grande” que podía darle en la vida.

“Eso no se podía hablar”, explica José Luis Villegas, amigo de Enrique desde hace décadas. Un miedo que, en los pueblos, adquiere una dimensión todavía mayor porque “todo el mundo se conocía”. La propia familia de Enrique tardó generaciones en poder hablar abiertamente de lo sucedido. Para Enrique, esa búsqueda tiene algo de reparación íntima. Ha vivido siempre con el recuerdo de una madre que murió sin saber dónde estaba su padre.

Él siempre ha pensado que si recibiera un documento que certificara que sus abuelos fueron asesinados y que sus restos habían sido localizados, compraría “una carpeta de plata” y guardarla para la historia. El paso del tiempo es precisamente una de sus mayores preocupaciones. “Los años pasan y se va deteriorando la memoria”, señala. Y con ella desaparecen también quienes pueden contar lo ocurrido de primera mano. Su hermano mayor ha muerto, como otros familiares que conocían la historia. Por eso considera fundamental que quede constancia de lo sucedido. “Hay que saber de dónde venimos para saber adónde queremos ir”, afirma.

Enrique no habla desde el rencor. Su colega José Luis considera que las administraciones deben dotar a estos procesos de medios económicos, humanos y legales. Pone como ejemplo otros casos que conoce de posibles víctimas cuyos restos podrían estar localizados, pero cuya recuperación se encuentra con obstáculos administrativos o legales. “Me duele que la ley no sea más contundente”, sostiene. Enrique ha expresado su gratitud al equipo de la Universidad de Granada al que siempre ha deseado toda la suerte del mundo porque “la de ustedes es la mía” y la satisfacción de recuperar a su abuelo. Frente a quienes sostienen que recuperar las fosas supone “reabrir heridas”, rechazan de plano esa interpretación. Enrique insiste en que ese no es el objetivo. “Una cosa es informar y otra es adoctrinar. Informar, sí. La verdad, sí”, defiende.

Los trabajos en el Cementerio Municipal de Padul forman parte de las actuaciones de investigación, localización, exhumación e identificación de víctimas que desarrolla la Universidad de Granada, que próximamente retomará las labores de localización y excavación de fosas comunes en el Barranco de Víznar y Güéjar Sierra en Granada.

"Mi familia pagó muy caro defender la República": la historia del exconcejal de Xàtiva con tres parientes fusilados y uno encarcelado

 https://www.levante-emv.com/costera/2026/10/23/familia-pago-caro-defender-republica-135580319.html


Fabián Fenollar, regidor del ayuntamiento durante los años 1979 a 1987, narra los episodios de represión registrados a manos del régimen franquista tras la Guerra Civil en una ponencia que será editada por Ulleye


A a la izquierda, el ponente Fabián Fenollar Blanquer durante la charla de ayer. A la derecha, su padre, con el que comparte nombre,

A a la izquierda, el ponente Fabián Fenollar Blanquer durante la charla de ayer. A la derecha, su padre, con el que comparte nombre, / José Luis G. Llagües / / Levante-EMV

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Xàtiva

El pasado mes de febrero, la Casa de la Cultura acogió el XVIII Memorial Víctimas de la estación de Xàtiva, una cita que no falla y que cada año trae al municipio charlas sobre memoria histórica. Fabián Fenollar, concejal del PSOE durante los años 1979 a 1987 en el Ayuntamiento de Xàtiva, participó en la edición de este 2026 con una ponencia en la que narró la represión sufrida por su familia tras la Guerra Civil por defender en la Costera los ideales republicanos.

La historia será publicada por la editorial Ulleye, que cada año pone sobre papel los contenidos compartidos en el Memorial. Fenollar atendió a Levante-EMV y comentó cómo se gestó su participación en la iniciativa: "Yo la política la llevo dentro, desde siempre. Tengo amistad con el profesor Rafael Buforn desde hace años y ya me había comentado muchas veces de participar. Le contestaba que como mi historia hay muchas parecidas, pero al final este año me decidí a contar las vivencias familiares de represión". "En el título queda bien claro, 'Una història familiar de lluita democràtica i social'. Cuento lo que le pasó a mis familiares por defender los ideales de la República", apuntó.

"Fracasado el golpe de estado militar e iniciada la Guerra Civil, mi familia se dedicó en cuerpo y alma a la defensa de la República por la que esta había representado de mejora para el pueblo. Los hermanos de mi padre se alistaron voluntarios en ejército. José Fenollar Moral (CNT) fue a parar a Pozo Blanco, donde murió, y Rafael Fenollar Moral (Partido Comunista) se alistó en Ejército del Centro (Toledo), con la brigada mixta Pablo Iglesias, de donde volvió acabada la guerra y murió ya de mayor. Mi padre, el más joven de todos los hermanos, Fabián Fenollar (anarquista y después secretario de masas del Partido Comunista local) participó en la requisa de armas en el cuartel de Xàtiva. Desconozco por qué no fue al frente. Aquí, en Xàtiva, en la retaguardia se dedicaba a llevar el Canguro, nombre popular con el cual se designaba el vehículo encargado de transportar y perseguir a los prófugos de las quintas llamadas a armas. También hacía mítines y participaba en zarzuelas, recogiendo fondos para el Socorro Rojo y las colonias escolares".

"Mi familia sufrió una fuerte represión, pero como muchas otras, en Xàtiva hay muchas historias así", destacó Fenollar. "El precio que pagó mi familia por defender la República fue muy caro: un hermano de mi padre murió en Pozo Blanco; mi padre fue encarcelado; un hermano de mi madre acabó desaparecido en combate y tres primos hermanos de mi padre -Eusebio, Rafael y José- fueron fusilados", comentó.

Y aún ahondó en las penurias sufridas por su padre: "Ingresó, por primera vez, en la prisión de Xàtiva el 5-4-1939, casado y sin hijos. Estuvo 17 meses y por las gestiones de Diego Zamorano -falangista, conocido de la familia- salió con libertad vigilada a finales de 1941. Volvió a casarse, esta vez por la Iglesia, y en la mitad de 1942 ingresó de nuevo en la prisión -esta vez a la Celular de València y a Portaceli- por la denuncia del alcalde de Llanera (pueblo donde no se había matado a nadie) y del ama del rector, Víctor Planelles Navarro, a la que le sonaba 'un tal Fenollar' y acusó a mi padre de participar en la muerte del sacerdote en el 'Pont dels gossos', hecho que niega el conductor del coche al declarar que no iba en el vehículo y lo salvó. El 15 de mayo de 1943 fue sentenciado por Rebelión Militar a ocho años de prisión mayor, ya había cumplido dos. El 30-4-1943 es desterrado en Rafelguaraf. Y en 31-10-1945 obtendrá la libertad condicional definitiva; el 13-1-1950 el licenciamiento definitivo; y el 6-2-1960 se archiva el expediente", expone el ponente.

"Las mujeres de los presos"

"Las mujeres de los presos son las verdaderas heroínas de la Guerra Civil. Tenían que trabajar -a menudo mal pagadas y explotadas- donde podían para poder dar a comer a sus hijos pequeños y llevar ropa de abrigo y víveres a la prisión. No escondían el rechazo que les producían los registros en la entrada de las prisiones. Estas mujeres nunca han sido reconocidas y se merecen un monumento. A algunas, las pelaban al rape bajo la excusa de que tenían piojos, caso de mi madre y mi tía Consuelo", expone Fenollar.

Por último, preguntado por el posible resurgimiento de ideas franquistas y de extrema derecha entre la juventud, Fenollar fue claro: "Yo creo que deben de leer y estudiar más para saber lo que ocurrió. Espero que mi ponencia también sirva para que la gente sepa. La República ganó unas elecciones democráticas. Y se la cargaron. Yo les aconsejarían que se interesen y lean y analicen lo que ocurrió entonces", apostilló.