divendres, 9 d’octubre del 2026

La medicina represaliada pel franquisme: una base de dades recupera la memòria dels científics valencians

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L'Stanbrook partint d'Alacant

Laura Martínez

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La figura del rector Joan Peset Aleixandre —metge, acadèmic i intel·lectual—, afusellat el 1941 al cementeri de Paterna, és un dels símbols de la repressió franquista al País Valencià. Però al territori hi va haver molts altres Peset, metges o científics depurats o que van haver de viure a l’exili després de la Guerra Civil. Almenys, 400.

El catedràtic emèrit d’Història de la Ciència de la Universitat de València Josep Lluís Barona, una de les veus més autoritzades en la matèria, ha liderat un equip per a construir una base de dades que recupere tots els casos. Professionals de la medicina, la infermeria, la ciència o la vida acadèmica que van patir la repressió. És la primera base d’aquest tipus, segons assegura la institució acadèmica.

Després de més de tres dècades de recerca, l’equip de Barona ha documentat centenars de casos en aquest arxiu digital, que porta el nom de Ciència represaliada. Es pot consultar en medcieval.uv.es o en l’enllaç sobre aquestes línies. El projecte naix de la proposta de “documentar la cartografia de la repressió”, com també de reflexionar, des d’un punt de vista historiogràfic, sobre “l’interés de la perspectiva valenciana”, aprofundint en la investigació dels centenars de metges i personal sanitari —infermers i infermeres, comares, practicants, farmacèutics...—, de químics, naturalistes, enginyers i arquitectes que “van veure truncades la seua vida i la seua carrera —acadèmica i professional— en els anys de la guerra i, sobretot, en els posteriors a aquesta, durant la repressió franquista”, en què l’exili republicà va fer desaparéixer el seu rastre, segons relata Josep Lluís Barona en un comunicat difós per la UV.

L’objectiu, prossegueix Barona, “no és només reivindicar figures com Joan Baptista Peset, José Puche, Luis Urtubey o José Chabás, les persones més eminents i emblemàtiques de la ciència i de la medicina valencianes, sinó també totes aquelles anònimes: posar-los nom i rostre i, en la mesura que siga possible, arribar a reconstruir la seua biografia, el seu procés de penalització i el que van viure al final de la guerra”.

El metge i acadèmic Juan Peset Aleixandre.

La base de dades inclou una definició àmplia de professionals: professionals de la salut i altres sanitaris —metges, infermers, practicants, comares, farmacèutics i odontòlegs—; i científics —biòlegs, arqueòlegs, físics, químics, naturalistes, matemàtics i tecnòlegs, entre els quals hi ha enginyers i arquitectes—. El projecte compta amb fons del Ministeri de Política Territorial i Memòria Democràtica.

El catàleg s’ha presentat aquest dijous en unes jornades a l’Institut López Piñero, on diversos investigadors han oferit les seues ponències sobre l’exili i la repressió. El franquisme va suposar “un empobriment general en tots els sabers, una ruptura personal i col·lectiva i una pèrdua irreparable”, assenyala Joan Lloret Pastor en la presentació.

La investigadora Isabel Ortega, des de Mèxic, ha abordat la història de Cecilia Sanz Sanz, la seua besàvia. És una de les poques dones que formen part d’aquesta base de dades, ateses les dificultats documentals. Nascuda a Xàtiva, filla del director de l’hospital Ernesto Sanz Roselló, va ser secretària d’algunes cèl·lules del PCE valencià i metgessa en l’exèrcit republicà. El 1939 va travessar la frontera francesa i va emprendre el camí cap a Mèxic. Hui, un festival a Tampico porta el seu nom en homenatge al seu treball.

En l’equip es troben Joan Lloret, metge pediatre que va impartir classes d’Història de la Ciència a la Universitat de València; Àlvar Martínez, professor jubilat de la Universitat de València i investigador de l’Institut López Piñero; Josep Bernabeu, catedràtic d’Història de la Ciència de la Universitat d’Alacant; i Àngel Beneito, doctor en Geografia i Història i investigador de memòria històrica, repressió i exili de la Guerra Civil espanyola.



Ejea de los Caballeros abre la mayor fosa común de Aragón: 150 fusilados bajo la tierra del cementerio

https://www.tercerainformacion.es/articulo/memoria-historica/08/10/2026/ejea-de-los-caballeros-abre-la-mayor-fosa-comun-de-aragon-150-fusilados-bajo-la-tierra-del-cementerio/?fbclid=IwY2xjawU1hspleHRuA2FlbQIxMQBwZG9mAXNydGMGYXBwX2lkEDIyMjAzOTE3ODgyMDA4OTIAAR6o4ng43ItlAmlh7qNZcuuvMHBntB10KVVOwVTtM66wrl4oQEnPnb3xbZcjCA_aem_ueEcgtFen91Yeq8zTXzFrA

  • En la comarca de las Cinco Villas, explica el historiador José Antonio Remón, se desató al día siguiente del golpe de estado fascista, una «feroz represión» que causó 800 víctimas civiles en los pueblos, no en el frente. 417 de ellas, procedentes de una treinta localidades, tienen su nombre grabado en un monolito que se alza en el cementerio de Ejea de los Caballeros, capital de esta comarca zaragozana.
Ejea de los Caballeros abre la mayor fosa común de Aragón: 150 fusilados bajo la tierra del cementerio

El cementerio municipal de Ejea de los Caballeros escondía una de las mayores fosas comunes de la represión franquista en España. Los trabajos de exhumación, reiniciados este otoño, buscan recuperar los restos de aproximadamente 150 personas asesinadas tras el golpe de Estado de 1936. Bajo capas de cal viva y tierra removida yacen jornaleros, maestros, concejales y sindicalistas que fueron sacados de sus casas y de sus trabajos para ser ejecutados junto a las tapias del camposanto.

Los arqueólogos han confirmado ya la existencia de lo que califican como la fosa más grande documentada en Aragón. Se extiende a lo largo de dos laterales del cementerio, en forma de ele, con hasta cuatro niveles de enterramiento en algunos puntos. Los estudios previos estiman que podría haber cerca de 160 cuerpos, aunque las asociaciones memorialistas advierten que nunca se sabe con certeza cuántos aparecerán hasta que se complete la excavación.

Una represión sistemática contra quienes defendieron al Gobierno democrático de la II República

Ejea de los Caballeros se convirtió, tras el 19 de julio de 1936, en un epicentro de la represión franquista en la comarca de las Cinco Villas. La localidad no fue escenario de batallas ni de enfrentamientos armados. No hubo guerra en Ejea. Lo que hubo fue una maquinaria de detención, tortura y asesinato que se cebó con quienes habían ocupado cargos públicos, militado en sindicatos o simplemente mostrado simpatías por la República.

La represión en Aragón no fue un fenómeno espontáneo ni descontrolado. Fue una estrategia sistemática y planificada para destruir las instituciones democráticas que la II República había construido desde 1931. Los ayuntamientos, las diputaciones, las escuelas públicas, los sindicatos y las agrupaciones políticas republicanas eran considerados objetivos prioritarios. En toda la región, los alcaldes, concejales, maestros y funcionarios que representaban la legalidad republicana fueron detenidos, encarcelados y, en muchos casos, fusilados sin juicio alguno.

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Los registros documentales sitúan en 501 las personas encarceladas en la prisión de Ejea durante el segundo semestre de 1936. De ellas, al menos 365 fueron sacadas para ser asesinadas. La mayoría acabaron en la fosa común del cementerio, arrojadas en capas superpuestas y cubiertas de cal viva.

La técnica represiva tenía un componente ejemplarizante. Desde Ejea se llevó a vecinos de una treintena de municipios de alrededor para ser fusilados en el mismo lugar. Los arqueólogos han identificado restos de personas procedentes no solo de las Cinco Villas, sino también de la Ribera Alta del Ebro, de Navarra e incluso de la provincia de Soria. El objetivo era sembrar el terror en toda la comarca y liquidar cualquier vestigio de organización republicana.

Aragón fue, además, una de las regiones donde la represión contra las mujeres republicanas alcanzó mayor crudeza. Un total de 410 mujeres fueron asesinadas por los sublevados en territorio aragonés, cifra mínima conocida, y muy superior a la de regiones vecinas. Muchas de ellas eran maestras, militantes de organizaciones femeninas republicanas o simplemente esposas y madres de cargos públicos. La represión contra la mujer buscaba aniquilar el modelo de ciudadanía que la II República había impulsado.

24 cuerpos en la primera fase, más de cien por localizar

La campaña de 2025 cerró con 24 cuerpos recuperados. Los restos presentaban signos evidentes de violencia: fracturas múltiples, cuerpos amontonados sin orden, algunos con las manos aún atadas. La presencia de cal viva, aunque había destruido los tejidos, contribuyó a una mejor conservación de los huesos, lo que facilitará los análisis de ADN.

La fase actual, financiada por el Ayuntamiento de Ejea con una subvención de 100.000 euros, se prolongará hasta finales de octubre. Los trabajos se centran en dos zonas diferenciadas del camposanto: las fosas pequeñas junto a la entrada, donde fueron enterrados los primeros asesinados, y la gran fosa común propiamente dicha, que se extiende a lo largo del muro lateral.

El tiempo corre, los familiares que buscan a sus padres, madres, abuelos/as o bisabuelos/as van falleciendo

El principal obstáculo no es arqueológico, sino biológico. La mayoría de los hijos directos de las víctimas ya han fallecido o superan los noventa años. Sin su ADN, las identificaciones se vuelven exponencialmente más complejas. El arqueólogo Javier Ruiz lo resume sin rodeos: «Lo que más nos jode es sacar una fosa y luego no poder identificar a casi nadie».

Hasta el momento se han recogido muestras genéticas de decenas de familiares. En la primera fase fueron unas 55 personas, y en la actualidad se han superado las sesenta. Muchas proceden de otras provincias y algunas incluso de Francia o Brasil, descendientes de exiliados que nunca regresaron.

Pero el tiempo apremia. La asociación Batallón Cinco Villas, que impulsa el proyecto, calcula que la identificación completa de los cuerpos podría costar entre 300.000 y 400.000 euros. El precio de los análisis de ADN se ha disparado en el último año: de unos 470 euros por muestra hasta casi 1.800 euros. El coste se multiplica cuando hay que recurrir a líneas genéticas laterales, cada vez más frecuentes a medida que desaparece la generación de hijos directos.

La Diputación Provincial de Zaragoza ha aprobado una partida de 350.000 euros para análisis genéticos, un paso significativo pero que no resuelve todos los problemas. Javier Sumelzo, presidente de Batallón Cinco Villas, lamenta la lentitud burocrática y teme que el escenario político pueda frenar futuras actuaciones: «Se debería haber hecho antes».

Un proyecto con vocación pedagógica

Más allá de la exhumación, los impulsores quieren que lo que ocurre en Ejea tenga una dimensión educativa. El historiador José Antonio Remón, profesor jubilado de Secundaria, ha organizado visitas con los dos institutos de la localidad para que los estudiantes vean con sus propios ojos lo que la tierra ha guardado durante casi noventa años.

En el cementerio hay un monolito erigido en 2008 con los nombres de 417 fusilados en la zona, 388 hombres y 29 mujeres, procedentes de una treintena de localidades. La fosa, el muro de fusilamiento y el propio monumento fueron declarados Bien de Interés Cultural en 2022. Pero la declaración no basta cuando las familias siguen esperando respuestas.

Un contexto de exhumaciones en Aragón

La fosa de Ejea no es un caso aislado. Este otoño, la provincia de Zaragoza ha visto cómo se reabrían tres fosas de manera casi simultánea: además de Ejea, los trabajos se han extendido a Calatayud y La Muela. En conjunto, se buscan casi doscientos cuerpos de represaliados.

En La Muela, la Asociación de Familiares y Amigos de Asesinados y Enterrados en Magallón ha iniciado prospecciones en tres posibles fosas. Se cree que los restos corresponden a víctimas procedentes de Épila y Calatorao, asesinadas y enterradas lejos de sus localidades de origen. La Sociedad de Ciencias Aranzadi, bajo la dirección de la antropóloga Lourdes Herrasti, ejecuta los trabajos con financiación de la FEMP y el Gobierno de Aragón.

Para las familias, cada fosa que se abre es una herida que se cierra. Como resume Conchita, nieta de una de las víctimas de Ejea: «Las exhumaciones no abren heridas, las cierran».