dijous, 26 de març del 2026

El Museo Virtual de la Guerra Civil Español

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El Museo Virtual de la Guerra Civil Española (Virtual Museum of the Spanish Civil War, VMSCW) lleva años siendo una referencia singular en el panorama de la historia pública sobre el conflicto. Ya en octubre de 2022, este blog se hizo eco de su puesta en marcha, y en mayo de 2024 le dedicó un amplio reportaje El País. Ahora, sus principales impulsores, Adrian Shubert, Antonio Cazorla-Sánchez y Joan Maria Thomàs, nos ofrecen un balance del proyecto actualizado: qué lo motivó, cómo se construyó y adónde ha llegado. Para hacerlo, Shubert parte de una reflexión más amplia sobre la dificultad que tienen las sociedades —no solo la española— para asimilar sus guerras civiles, desde los Estados Unidos hasta Finlandia, y explica por qué un museo virtual independiente, sin adscripción política ni dependencia institucional, puede ser una respuesta eficaz a la ausencia de espacios físicos de memoria colectiva sobre la Guerra Civil en España.

 

El Museo Virtual de la Guerra Civil Española

 

Adrian Schubert
York University (Toronto, Canada)

En algún lugar, Gregorio Marañón dijo que las guerras civiles duran cien años. Se quedó corto. Duran mucho más.

El caso paradigmático son los Estados Unidos, cuya guerra civil se acabó hace 161 años. Sin embargo, el conflicto no terminó con la rendición de los ejércitos de la Confederación en Appomattox el 9 de abril de 1865, y siguió por otras vías: legales, políticas, culturales, y memoriales. No es exagerar decir que hoy está tan vivo, si no más, que nunca.

Historia pubica

En los últimos diez años ha habido una amplia controversia sobre los monumentos a la Confederación. El incidente más grave fue la manifestación de los nacionalistas blancos en Charlottesville, Virginia en agosto de 2017 en que una mujer participante en la contra protesta fue asesinada, arrollada por un coche. Lo que es menos conocido es que la manifestación fue una respuesta a la decisión del ayuntamiento de Charlottesville de retirar la estatua del general sureño Robert E. Lee. La bandera de la Confederación estuvo muy presente en la insurrección trumpista del 6 de enero de 2021. Y hace tres meses el gobierno de Trump mandó que se volviera a colocar dos monumentos a la Confederación en Washington, uno de ellos en el cementerio militar nacional de Arlington.

Barcelona, 19 de julio de 1936

Todo esto forma parte de un proyecto de imponer una nueva narrativa de la historia nacional en que los famosos museos Smithsonian son un blanco clave. Como reza el decreto presidencial del 27 de marzo de 2025, “Restaurar la verdad y la cordura en la historia estadounidense”.

Franquismo. Anatomia de una dictadura

“Es política de mi Administración restaurar los sitios federales dedicados a la historia, incluyendo parques y museos, para convertirlos en monumentos públicos solemnes e inspiradores que recuerden a los estadounidenses nuestra extraordinaria herencia, nuestro progreso constante hacia una Unión más perfecta y nuestra trayectoria inigualable en el fomento de la libertad, la prosperidad y el florecimiento humano. Los museos en la capital de nuestra nación deberían ser lugares donde las personas acudan a aprender, no para ser sometidas a adoctrinamiento ideológico ni a narrativas divisivas que distorsionan nuestra historia compartida”.[1]

Estas acciones no son simplemente manías del presidente actual, sino el resultado de muchos años en que “grupos opuestos de Republicanos utilizaron la memoria de la Guerra Civil para apoyar, oponerse y, en última instancia, guiar la transformación del Partido Republicano, durante la era de los derechos civiles, en un partido racialmente conservador.”[2]

Todo esto puede aparecer muy lejos de la Guerra Civil española, pero no lo es. Nos dice que España no es única cuando se trata de digerir su guerra civil. Más cerca de España – geográfica, cronológica y hasta temáticamente -, es el ejemplo de Finlandia.

Aunque su guerra civil de 1918-19 fue breve, ha sido, y sigue siendo, problemático. Como parte de una historia oficial heroica y nacionalista, se erigieron 300 monumentos a la causa Blanca entre 1918-1930. Durante muchos años, el estado prohibió que se erigieran monumentos a los vencidos y se tiraron los que se construyeron. Sin embargo, los sobrevivientes y sus familias crearon un paisaje memorial alternativo en lugares apartados de las ciudades: fosas, sitios de ejecuciones o campos de concentración. A partir de los años 1960 se integró lentamente en el paisaje memorial nacional y se construyó una memoria colectiva de la guerra civil y la represión.  Hasta el punto de que Según Timu Ylimaunu, Paul Mullins y Sirpa Aalto,

“Hoy en día, esos monumentos finlandeses vinculados a lugares concretos, que antaño conmemoraban de manera relativamente encubierta, forman parte de un paisaje conmemorativo que pone de relieve la amplitud de la violencia blanca, con memoriales situados en lugares aparentemente aleatorios y cotidianos, todavía en las afueras o en las inmediaciones de las zonas urbanas actuales, donde murieron decenas de rojos. Más que rendir testimonio a la causa roja, los monumentos dedicados a los rojos se centran en la profunda tragedia de la guerra y abogan por un cierto grado de honestidad histórica en la memoria nacional de la guerra civil. Ese movimiento hacia la honestidad y el reconocimiento de la magnitud de la tragedia que afectó a Finlandia ha alimentado una memoria nacional cada vez más reflexiva sobre la guerra civil. El paisaje memorial rojo materializa la tragedia inefable de la muerte y un duelo nacional que todos los finlandeses pueden reivindicar como parte de su patrimonio nacional”. [3]

Y la guerra ha sido despolitizada a través de una reconciliación basada en el conocimiento de lo que pasó, sobre todo de la represión de los “rojos” durante y después de la guerra. En el centenario de la guerra, el 26 de enero, 2018 los líderes de los nueve partidos políticos con representación en el parlamento dieron un discurso compartido “haciendo hincapié en la importancia de la reconciliación, la democracia, la igualdad y la unidad como fundamentos de la sociedad finlandesa actual”. [4]

Suelas de alpargatas utilizadas respectivamente por un soldado leal a la República que combatía en las montañas limítrofes entre León y Asturias en el verano de 1937 y por un soldado sublevado que combatió en la ofensiva republicana del Alto Tajuña (Guadalajara) en primavera de 1938. Ambas están fabricadas sobre retal de neumático Firestone

En cuanto a la musealización de la Guerra Civil, no hay un museo monográfico pero el Museo Militar tiene ocho galerías, muchas menos de la Guerra de Invierno o la Guerra de la Continuación. Entre 2008 y 2023, el Museo Vaprikki en Tampere tenía una exposición, “Tampere 2018” dedicada al conflicto. Luego fue sustituido por una versión digital. [5]

Aun así, no se ha superado la guerra civil todavía. Un sondeo hecho por la Televisión pública finlandesa en 2018, el año del centenario, reveló que el 68% dijeron que los finlandeses seguían divididos por el tema. Y todavía quedan cicatrices emocionales. En un reciente blog, la joven historiadora finlandesa Tiia Sahrakorpi cuenta su experiencia:

“Me acuerdo de haber estudiado la Guerra Civil Finlandesa de 1918 brevemente al tener 14 años. Durante las clases, de historia no se pensaba mucho a la gente implicada, ni se le daba voz, y no fue hasta hace poco que se hablaba de la guerra dentro de mi familia. “¿Por qué no se me ha hablado de ella?” le pregunté a mi padre cuando la mencionó. Solo se encogió los hombros. Me parece que, como una sociedad, la gente quiere olvidarse de la Guerra Civil y crear una identidad colectiva y una memoria alrededor de la Segunda Guerra Mundial. Esta narrativa parece mucho más admisible y nacionalista que la aguda división ideológica de la Guerra Civil”. [6]

Es mucho más fácil crear una memoria, “una narrativa nacionalista”, de una guerra normal, en que los malos no son los conciudadanos, o son solo un puñado de ellos. En comparación, una guerra civil causa una ruptura fundamental que es muy difícil superar, un trauma de distinta naturaleza y más duradero que sigue vivo en las familias aun cuando se ha superado a nivel político. Que se hace más difícil cuando los políticos lo convierten en un tema de las guerras culturales. Un discurso compartido a la finlandesa suena a pura ciencia ficción.

Esto nos devuelve al Museo Virtual. No hay en España, ni en ningún otro sitio, un museo dedicado a la Guerra Civil. Se lleva años construyendo uno en Teruel que, en principio, abrirá en 2028, pero esto puede cambiar según los vaivenes de la política. Y la manera de tratar el conflicto en otros museos españoles, como el Museo Nacional del Ejército en Toledo, que tiene objetos, pero no tiene narrativa, deja mucho que desear.

La única red significativa de museos españoles dedicados a la Guerra Civil son un par de instituciones muy pequeñas y algunos espacios musealizados a lo largo del río Ebro, que hacen referencia a la principal batalla de la Guerra Civil española que tuvo lugar allí: el COMEBE (Consorcio de Espacios de Memoria de la Batalla del Ebro). Son muy modestos (uno de ellos recibió apenas 1.000 visitantes al año) y han evitado la controversia centrando su discurso en los sufrimientos de los soldados y eludiendo la política. También hay un Museo del Exilio en La Junquera, en Cataluña, junto a la frontera francesa, pero, al ser una creación del gobierno regional catalán, ofrece una historia particular y, en muchos sentidos, exclusiva del exilio posbélico de aproximadamente 450.000 españoles de todo el país. Otros lugares famosos como Belchite, donde tuvo lugar una terrible batalla en 1937 que resultó en la destrucción del pueblo, se pueden visitar, pero carece no solo de un centro de interpretación, sino incluso de un estacionamiento pavimentado. [7]

“Kion vi faras por eviti tion? Geesperantistoj el la tuta mondo agu energie kontraŭ la internacia faŝismo!” (“¿Qué haces para evitar esto? ¡Esperantistas de todo el mundo actuad enérgicamente contra el fascismo internacional!”). Cartel editado por el Comisariado de Propaganda de la Generalitat de Catalunya

Todo esto ayuda a explicar por qué empezamos a construir el Museo Virtual de la Guerra Civil Española hace diez años. [8] Pero hay tres razones más. La primera es que queríamos hacer un museo que pudiera acoger tantas historias íntimas como fuera posible, narrativas complejas que fueran más allá de las ideologías, que tienden a aplanar las más sutiles y humanas. La segunda es que queríamos contar una historia mucho más completa del impacto global de la Guerra Civil Española de lo habitual. Tercero, la búsqueda de la independencia financiera y, sobre todo, intelectual. El VMSCW (Virtual Museum of the Spanish Civil War) no depende de ninguna autoridad pública, ni está alineado con ninguna facción política. Es un museo construido por académicos cuyo único compromiso es promover la educación del público en general a través de la difusión de conocimientos históricos fiables.

Irónicamente quizás, tal independencia no es costosa. El presupuesto para el proyecto hasta ahora es de 128.000 dólares, de los cuales la mitad provino de dos subvenciones del Consejo de Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades de Canadá (CRSHC) y el resto de la Universidad de York, la Universidad de Trent, la Universidad de Warwick, el Fondo Conmemorativo del Batallón Mackenzie-Papineau, el Memorial Democrático del Gobierno de Cataluña, la Embajada de España en Canadá, la Fundación Internacional Baltasar Garzón y el Archivo General de la Administración de España. Con esta modesta financiación, hemos construido un museo virtual con 650 objetos y etiquetas en seis idiomas que está abierto las 24 horas del día, los 7 días de la semana, con entrada gratuita para cualquier persona con acceso a internet o un plan de datos para teléfono móvil.

El proyecto comenzó en 2016 como un esfuerzo para aprovechar la gran cantidad de recursos disponibles en línea y crear nuevas tareas para nuestros cursos sobre la Guerra Civil Española. De ser una mera herramienta de enseñanza en el aula, pronto se convirtió en un serio esfuerzo intelectual dirigido al público en general. El problema era que entonces no sabíamos cómo encajaría este proyecto en el panorama de la Historia Pública española e incluso europea. Tampoco conocíamos las implicaciones teóricas, técnicas y económicas del proyecto. Ni siquiera teníamos una idea clara del costo involucrado. El equipo inicial del proyecto se reunió por primera vez en la Universidad de Warwick en Inglaterra y luego en el Memorial Democrático de Barcelona para discutir estos aspectos. El CRSHC pagó gran parte del costo de las reuniones, pero universidades como York y Warwick también ayudaron. Ya sabíamos lo que queríamos, pero nos faltaba el dinero para empezar a construir el museo. Después de dos intentos fallidos con SSHRC, obtuvimos los fondos necesarios para comenzar. De nuevo, la Universidad de York aportó dinero, y ahora la Universidad de Trent proporcionó su sistema informático y un bibliotecario experto en Humanidades Digitales. También se comprometió a mantener el Museo Virtual durante diez años, asegurando así que el proyecto no fuera otro sitio web efímero. Recibimos noticias de SSHRC de que nuestra solicitud de subvención había sido exitosa en febrero de 2020, un par de semanas antes de que se declarara la pandemia de COVID-19.

Cuando íbamos a comenzar la construcción del museo, la estructura y el contenido de sus galerías, decidimos que todo el proyecto se regiría por dos principios básicos. Uno es el humanismo; el otro, la búsqueda de una narrativa íntima de la guerra y sus consecuencias. ¿Qué queremos decir con esto? Primero, cuando hablamos de humanismo, nos referimos al hecho de que las víctimas de la violencia tengan prioridad en la historia y la exposición. Esto no significa que las referencias ideológicas desaparezcan, ni mucho menos que pongamos a los dos bandos al mismo nivel moral, lo que en España se conoce como equidistancia, que no es lo mismo, sino lo contrario, del deseo de objetividad. Nuestra posición es que todos los defensores de la democracia estaban del lado republicano, incluso si no todos los del lado republicano defendían la democracia, y que todos los del lado franquista eran enemigos de la democracia. Al mismo tiempo, no creemos que la muerte de nadie estuviera justificada, ya sea por asesinato en la retaguardia o en el frente. Esto último nos lleva a explicar nuestro interés en lo personal. Las narrativas de la Guerra Civil a menudo se centran en lo político o lo militar, o incluso en lo social, pero siempre visto desde la distancia. Tales aproximaciones son válidas, pero incompletas. Necesitamos una narrativa que describa, en todos sus matices muy variados, la experiencia de la gente común, su ansiedad al estallar la guerra, su sufrimiento durante ella, sus miedos y esperanzas, y lo que la dictadura que surgió del conflicto significó para ellos; es decir, la historia íntima y personal del conflicto, más allá de los clichés ideológicos.

Folleto turístico franquista publicado en abril de 1938 por el recién creado Servicio Nacional de Turismo

El equipo inicial incluía a tres historiadores (Antonio Cazorla Sánchez, Adrian Shubert y Joan Maria Thomàs), una historiadora experta en Humanidades Digitales (Andrea Davis), una estudiosa de Estudios Culturales (Alison Ribeiro de Menezes), un arqueólogo (Alfredo González Ruibal) y un bibliotecario de Humanidades Digitales (Dwayne Collins). Comenzar en las circunstancias de una pandemia y un confinamiento no fue fácil, pero una de las ventajas de hacer un proyecto digital es que se puede trabajar en línea. Tampoco fue sencillo conseguir imágenes para acompañar nuestros textos, y mucho menos películas. Sí obtuvimos la colaboración del Ministerio de Cultura español para obtener permiso para reproducir imágenes de forma gratuita, pero las películas han sido un problema. Con la excepción de la Filmoteca de Catalunya, hemos descubierto que los titulares de derechos de autor pueden ser difíciles de identificar, los repositorios a menudo no responden y cobran tarifas exorbitantes, y que muchas de las películas disponibles gratuitamente en internet corren el riesgo de ser un peligro, ya que los enlaces pueden cortarse en cualquier momento sin previo aviso. Un convenio recién firmado con la Filmoteca Española debería facilitar mucho la situación.

El museo se abrió el 15 de setiembre de 2022. Había cinco galerías, cada una dirigida por un miembro del equipo: el Comienzo de la Guerra Civil y desarrollo del conflicto (Cazorla Sánchez) las Retaguardias (Shubert), el Contexto internacional (Thomàs), la Vida diaria en el frente (González Ruibal), y la Memoria (Ribeiro de Menezes). Estas galerías tenían 150 objetos, cada uno acompañado de un texto de 400 a 500 palabras en español e inglés.

Desde entonces no ha dejado de crecer. Primero se añadió una versión en francés hecha por Antoine Nieto Sandoval, ingeniero jubilado e hijo de exiliados republicanos, que ofreció traducir todos los contenidos para que se satisficiera el interés en el gran tema entre los franceses. Luego, se firmó un convenio con Memorial Democràtic para que sufragase una traducción al catalán. Mientras tanto, se iban añadiendo nuevos objetos a las galerías originales y, a partir de marzo de 2024, se iban abriendo una serie galerías nuevas que se habían encargado a nuevos colaboradores: los Orígenes de la guerra, la Guerra Civil en Cataluña, la Guerra Civil en el País Vasco, la Guerra Civil en Galicia, las Artes Plásticas, la Guerra Civil Española Global, el Exilio, la Posguerra, el Cine y la Guerra Civil, y la Galería Abierta. Las galerías sobre la Guerra Civil en Euzkadi y Galicia incluían versiones en euskera y gallego, con lo cual todos los idiomas co-oficiales del Estado están representados en el Museo Virtual. Ahora mismo, el museo tiene unos 650 objetos en 15 galerías y cuenta con 118 colaboradores de 17 países.

Entre estas nuevas galerías, destacan dos. El objeto de la Galería Abierta es permitir que hablen los españoles, y otros, recogiendo la diversidad de objetos y las historias que hay detrás del conflicto. Es, con mucho, la sección más personal y humana de todo el museo, la más sutil y la que mejor conecta nuestra realidad actual con el pasado, pues muestra cómo la memoria de la Guerra Civil se ha transmitido, casi siempre de manera callada pero constante, a través de vivencias innumerables. Todos los objetos y sus historias allí recogidos han sido ofrecidos al museo por los particulares. Nosotros hemos curado de forma profesional su contenido, pero siempre respetando la voluntad e intención de los donantes, y sus sentimientos. Creemos que de este modo el visitante de la galería podrá entender mejor que fue y qué representa todavía la Guerra, sus complejidades e implicaciones de todo tipo.

Foto de la galería abierta, cedida por Me llamo Jorge Boleas Gutiérrez. Extracto del texto: “En enero de 1979, cuando yo sólo tenía 8 meses, mi abuelo y otros vecinos de Andosilla (Navarra) viajaron a Sengáriz, cerca de Pamplona. Estaban allí para recuperar los restos de mi bisabuelo, Ceferino Azcona Medrano, y de otras siete personas de nuestro pueblo. Esta foto, en que se ve a mi abuelo, Amado Boleas, fue tomada durante ese tiempo”

Aunque la internacionalización de la Guerra Civil es bien conocida, y no faltan trabajos históricos sobre los aspectos internacionales del conflicto, estos estudios tienen un alcance limitado. En términos generales, se dividen en tres categorías. La primera aborda las políticas y acciones (o inacciones) de las principales potencias de la época: Francia, Alemania, Italia, la Unión Soviética, el Reino Unido y, en menor medida, Estados Unidos. La segunda se dedica a las personas que se ofrecieron como voluntarias para luchar o servir de alguna otra manera en España, sobre todo en las Brigadas Internacionales. La tercera son estudios sobre el impacto de la Guerra Civil en países individuales. Se trata esencialmente de obras de historia nacional y a menudo se pasan por alto en los estudios generales sobre la Guerra Civil, especialmente cuando no están escritas en un idioma importante o traducidas al español. El resultado es una paradoja. Por un lado, se da por sentado que la Guerra Civil Española fue un conflicto internacional y se acepta ampliamente que la naturaleza de la intervención internacional moldeó, si no determinó, el resultado. Por otro lado, el verdadero impacto global del conflicto permanece oculto.

La Guerra Civil Española Global pretende resolver esta paradoja, ofreciendo la primera visión de ese impacto. Ahora mismo consiste en 24 secciones, cada una dedicado a un país. Y se están preparando más. En cada se tratan las políticas del gobierno, las reacciones de la sociedad civil, los voluntarios que fueron a España como combatientes o en otros papeles, el impacto en la cultura, y las maneras en que se ha recordado la Guerra Civil.

Desde su inauguración a finales de febrero de 2026, el Museo Virtual recibió 310.482 usuarios únicos de más de 150 países.  Como es lógico, el grupo más numeroso viene de España (47.5% del total). Siguen China (11.3%), EEUU (10.11%), Francia (5.69%), Reino Unido (5,71%), Canadá (2.35%), Alemania (2.34%), Singapur (1.61%), Australia (1.13%), e Irlanda (0.83%).

Gráfica 1 

Gráfica 2

Como los gráficos enseñan, el museo se ha hecho más popular con el tiempo. A partir de abril de 2024, el número de visitantes por mes ha seguido una tendencia a lo alto, llegando a un récord un febrero de 2026. Aunque no tenemos estadísticas, sabemos que se está usando el Museo Virtual en las aulas en Australia, Canadá, España, Estados Unidos, y Reino Unido.

Creemos que el Museo Virtual de la Guerra Civil Española ha sido un éxito, pero el trabajo no ha terminado. Echamos de menos más testimonios e historias para la Galería Abierta de personas cuyos antepasados lucharos en las filas del ejército de Franco o sufrieron a la represión republicana. Ahí nuestro museo no ha conseguido llegar al equilibrio de narrativas que ha buscado siempre. Dentro de poco se añadirá una cronología con 60 fechas y se está trabajando en una galería dedicada a biografías de personas claves. Y, como siempre, nos interesa recibir las sugerencias y las ofertas de colaboración.

Foto de la galería abierta, compartida por Jorge García Carrique. Extracto del texto: “Me gustaría compartir la historia de mi tío abuelo Guillermo Morey Frau, que luchó en la Guerra Civil en el bando nacionalista. Sirvan estas líneas para contar la historia de un hombre normal, como tantos otros que combatieron en la Guerra Civil Española (que no fue la primera guerra civil en España). Una guerra en la que hermanos, padres e hijos se enfrentaron unos a otros en el campo de batalla luchando por la que era su idea de España”.
Notas

[1] https://www.whitehouse.gov/presidential-actions/2025/03/restoring-truth-and-sanity-to-american-history/

[2] Tim Galsworthy, The Republican House Divided. Civil War Memory, Civil Rights, and the Tranformation of the GOP, (University of South Carolina Press, 2025)

[3] Timu Ylimaunu, Paul Mullins y Sirpa Aalto (2024), https://link.springer.com/article/10.1007/s41636-024-00503-w#Fig4

[4] Teemu Laulainen, “One hundred years of reconciliation”, in Rachel Kerr, Henry Redwood and James Gow, eds, Reconciliation after War, (London: Routledge, 2021)

[5] https://tampere1918.fi/e

[6] https://doinghistoryinpublic.org/2025/08/12/cultural-memory-and-the-finnish-civil-war/. Sobre la influencia de las familias en la memoria histórica, véase Sandrine Lefranc y Sarah Gensburger, Tejer el pasado: ¿para qué sirven las políticas de memoria?, (El Puig: Barlin, 2024)

[7] https://belchite.es/cultura/80-anos-de-la-batalla/

[8] We summarized our initial research and the possibilities of Digital History in Antonio Cazorla-Sánchez, Alison Ribeiro de Menezes and Adrian Shubert, eds., Public Humanities and the Spanish Civil War: Memory and the Digital in Contested Histories (London: Palgrave Macmillan, 2018)

[9] https://www.vscw.ca/

Fuente: Conversación sobre la historia

Portada: “Una oficial del Ejército Popular”. Extracto del texto: “Encarnación Hernández Luna (…). Nacida en Benejama (Alicante), posiblemente en 1912, vivía en Madrid cuando estalló la guerra. Afiliada al Partido Comunista, entró en la sección de ametralladoras del Quinto Regimiento de las Milicias Populares de Madrid. Ingresó en el Ejército Popular y ascendió a capitán. Sirvió hasta el 1 de marzo de 1939 cuando escapó a Francia. De allí, Hernández Luna se fue a la Unión Soviética donde trabajó para la Comintern. Más tarde, emigró a Canadá, donde murió en 2004.

Ilustraciones: todas las ilustraciones proceden del Museo Virtual de la Guerra Civil.

El Museo Virtual de la Guerra Civil Español

Las Merindades en octubre de 1937

 Os enviamos la entrada de este mes, un poco coja que subsanaremos  en unos días.

 Las Merindades en octubre de 1937

Por otro lado, hemos escrito sobre el menés Juan López Alvarado, del que buscamos información.

JURADOS MIXTOS DE LA PROPIEDAD y LÓPEZ ALVARADO

Como ya os hemos señalado en otras ocasiones, intentamos recoger historia de las gentes de Las Merindades. https://lasmerindadesenlamemoria.wordpress.com/gentes-de-las-merindades/

Recordaros la cita de Valdenoceda el 18 de abril.

Sobre la charla en ateneo Presentación del libro sobre Ernestina González de Medina, Radio Valdivielso hizo una interesante y edificante entrevista a la autora: https://go.ivoox.com/rf/170389479 

II Jornadas Memorialistas en Aranda de Duero con la Asociación En Medio de Abril os adjuntamos el borrador del programa.


Borrador, programa de actividades para las II jornadas memorialistas en Aranda de Duero, días 15-16-17 de mayo

Viernes a las diez horas apertura de las jornadas por autoridades, en el local de san juan

A las 10,30, conferencia a cargo de José Ignacio Casado, la represión en la ribera, coloquio

A las 12 conferencia a cargo de Mirta Núñez, la mujer en la represión del primer franquismo, coloquio

Comida

A las 4,30 Mesa redonda con alumnos de los institutos, coloquio

A las 6 visionado del documental flores bajo el hielo, coloquio

Cena

Sábado

En el local de caja burgos (necesaria invitación)

A las 11 horas conferencia de Nieves Concostrina, coloquio

Conferencia presentación del libro” el expolio de sus nombres, mujeres mirandesas represaliadas por el franquismo”, coloquio

A las 7,30 obra de teatro, la escuela perdida

Cena

Domingo

A las diez horas visita al memorial del cementerio y al campo de concentración

A las doce visita lúdica por Aranda, visitando una bodega

Comida y despedida

Precio de los tres días 65 euros, se dormirá en el albergue municipal y hay comida, cena y desayuno

Autobús para el traslado al cementerio y regreso



Formulario de las II Jornadas Memorialistas en Aranda de Duero con la Asociación En Medio de Abril

https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSeYjnTzRcaA01azykPouwkEyIj1RT9WVaQXooT36bUN9U0c2g/viewform?usp=header