Considerado un héroe por los gobiernos británico, francés y estadounidense, coordinó desde Toulouse una red secreta que ayudó a escapar por los Pirineos a aviadores aliados, judíos y antifascistas durante la Segunda Guerra Mundial.

Madrid-
En la asombrosa vida de Francisco Ponzán Vidal hay gestas por las que merece ser recordado, pero también anécdotas que dicen mucho de un maestro anarquista forzado a pasar a la acción tras el golpe franquista. Considerado un héroe por los gobiernos británico, francés y estadounidense, durante la Segunda Guerra Mundial coordinó desde Toulouse una red de evasión que salvó a unos 3.000 perseguidos por el nazismo. Años atrás, en mayo de 1936, contraprogramó al cura de Camelle (A Coruña) con una procesión laica alternativa a la oficial del Espíritu Santo.
“Eso evidencia que se trataba de un hombre con una gran capacidad de persuasión y anticipa la capacidad de liderazgo que demostraría después”, explica el catedrático Narciso de Gabriel, quien ha estudiado su figura en el marco de los maestros represaliados por el franquismo, aunque la trayectoria de Francisco Ponzán no encaja con las de los homenajeados en su libro Os mestres mortos daquel verán (Galaxia). Él combatió a Franco, pero fue víctima del nazismo. Sin embargo, ejercía la docencia en Galicia en junio de 1936, a sueldo del Ministerio de Educación.
Ese es el principal requisito para ser uno de los diez hombres y dos mujeres homenajeados por Narciso de Gabriel, convencido de que si no hubiese abandonado Camelle, un pueblo de la Costa da Morte perteneciente al municipio de Camariñas, “habría sido un objetivo de la represión porque estaba fichado por la Policía y la Guardia Civil”. Efectivamente, en su expediente de depuración figura como una “persona peligrosísima”, un agitador obrero y un militante de la FAI que “estuvo a punto de llevarnos al sovietismo libertario local”, unos “amargos frutos” que las autoridades percibieron “en los pocos días que precedieron al movimiento salvador”.
Huelga decir que la Guardia Civil aseguraba que impartía sus clases en ruso y que el alcalde de Camariñas consideraba que era “más amigo del explosivo que de los libros de texto para la enseñanza”. Hay comentarios todavía más disparatados. No extraña, como sugiere el catedrático de la Universidade de A Coruña, que algo se oliese en julio de 1936, lo que le permitió huir a tiempo. “Se le supone ahora en Aragón, su tierra, y se dice que es ministro de Instrucción en la republiquilla de Durruti”, le dijo el cura a dos miembros de la Comisión Depuradora Provincial. Sin embargo, entonces ya se había integrado en el Servicio de Información Especial Periférico (SIEP), que operaba en territorio enemigo.
Luego volveremos a esta etapa de su vida, porque supone un precedente de su heroica labor en Francia, otro de los motivos de su inclusión en el libro sobre los maestros gallegos, pues encarna la continuidad de la lucha antifascista, primero contra Franco y después contra Hitler. “Militante de la CNT y directivo del Ateneo Cultural Libertario de Huesca, fue un revolucionario auténtico que desde joven se comprometió con las huelgas y causas obreras”, afirma Narciso de Gabriel, quien considera que “su papel no ha sido suficientemente reconocido ni su figura especialmente reivindicada”.
Sí lo ha hecho su hermana, Pilar Ponzán, autora de Lucha y muerte por la libertad, así como Antonio Téllez en La red de evasión del grupo Ponzán y Josep Calvet en Las montañas de la libertad. Además, Juanarete y David Tapia le dedicaron el cómic Frontera de Ordesa e Ismael Gutiérrez, el documental La red Ponzán.
“La más conocida de las redes británicas que actuó en los Pirineos catalanes es la llamada Pat O'Leary. Sus orígenes se encuentran en Marsella a finales de 1940, cuando varios militares británicos entran en contacto con el maestro anarquista español, residente en Toulouse, Francisco Ponzán, que disponía de un grupo de apoyo formado por guías de firmes convicciones antifascistas, conocedores de los pasos pirenaicos y con numerosos contactos a ambos lados de la frontera. El grupo de Ponzán, que también trabajó para los servicios secretos franceses y belgas, se encargó fundamentalmente de pasar a aviadores abatidos en territorio francés a través de distintas rutas”, escribe Josep Calvet, quien calcula que un centenar de los miembros del grupo Ponzán fueron detenidos por la Gestapo.
Un maestro libertario
Nació casualmente en Asturias pero pronto regresó a Huesca, donde estudió en la Escuela Normal de Maestros. Allí conoció al anarquista Ramón Acín, quien perfilaría su ideología. Dio clases en su tierra y fue destinado a Mazaricos y luego a Camelle, en la provincia de A Coruña. “Aplicando sus teorías, el maestro condenaba el caciquismo, la explotación del hombre por el hombre, la injusticia, los salarios de miseria [...]. A la par que les enseñaba las nociones elementales propias de una escuela primaria, les hacía acariciar la esperanza de un mundo mejor, más humano”, escribe su hermana. “El único que él concebía”.
Sin embargo, Mazaricos, donde se estableció en julio de 1934, estaba lejos de A Coruña y no le resultaba fácil relacionarse con sus compañeros de la CNT. Sí lo hizo, ya integrado en la agrupación de Noia, tras tomar posesión de su plaza en Camelle en febrero de 1936. En julio, “alarmado por las noticias que le llegaban”, adelantó las vacaciones y regresó a Huesca, donde lo sorprendió el golpe, que intentó frenar infructuosamente. “¡No seas loco, Ponzán, que nos pierdes!”, le dijo su amigo Ramón Acín cuando intentaba hacerse con armas. A su mentor y a su mujer los mataron poco después.
Paco Ponzán, como también era conocido, huye a la zona republicana, forma parte del Consejo Regional de Defensa de Aragón y se integra en el Servicio de Información Especial Periférico (SIEP), donde al frente de un destacamento cruza las líneas enemigas para buscar información, practicar sabotajes y rescatar a personas. El grupo Liberador fue el precedente del grupo Ponzán, aunque en este caso la tarea consistía en evacuar a los perseguidos por los alemanes desde Francia y a través de varias rutas que cruzaban los Pirineos. La mayoría eran pilotos de la aviación británica, pero también cualquier persona susceptible de estar en el punto de mira de los nazis y del Régimen de Vichy, desde judíos hasta políticos.
Antes pasó por el campo de refugiados de Vernet, donde convenció a sus hombres para seguir luchando contra Hitler. En realidad, pretendía derrocar el franquismo, aunque para ello tuviese que aliarse con los británicos, que lo proveían de suministros y dinero, esperando que los aliados ganasen la Segunda Guerra Mundial y apartasen a Franco del poder. Así, empezó a coordinar las operaciones desde Toulouse, en el marco de la red de evasión Pat O’Leary, que conducía a los huidos hasta Lisboa, Gibraltar o los consulados del Reino Unido.
Su red de guías y pasadores fue determinante. Sin embargo, los nazis toman toda Francia a finales de 1942 y comienzan a reprimir a la resistencia. Su grupo es infiltrado y comienzan los chivatazos y las traiciones. En 1943 es detenido y encarcelado. Faltan dos días para que los aliados liberen Toulouse, pero entonces se lo lleva la Gestapo y lo mata, junto a otro medio centenar de presos, en Buzet-sur-Tarn. Luego le prenden fuego a los cadáveres. “Sin duda, Francisco Ponzán Vidal era un anarquista que tuvo una trayectoria realmente novelesca”, concluye Narciso de Gabriel.

