dijous, 23 de juliol del 2026

Esquiroles, chivatos y vendidos a la empresa. La construcción de la categoría de esquirol durante la dictadura franquista (1958-1977)

 https://conversacionsobrehistoria.info/2026/07/23/esquiroles-chivatos-y-vendidos-a-la-empresa-la-construccion-de-la-categoria-de-esquirol-durante-la-dictadura-franquista-1958-1977/



El texto de Diego Latorre Manglano no solo nos presenta lo que pensaban sobre los esquiroles los trabajadores de izquierda en la España tardofranquista y del inicio de la Transición. También tiene la virtud de hacernos pensar en lo que cada persona estamos dispuestos a “comprender” cuando se designa a alguien como un esquirol. De aquí que hayamos decidido poner en portada la emblemática foto Ford Strikers Riot de 1941, que refleja la enconada inquina que desata entre los huelguistas la actitud del esquirol. Es un sentimiento universal, todas las sociedades industrializadas tenemos palabras despectivas para calificar a los esquiroles: scab, crumiro o jaune.

 

Diego Latorre Manglano
Universidad Complutense de Madrid

Juan Cristóbal Marinello Bonnefoy recoge el origen del término de esquirol en una leyenda apócrifa. Según dicha leyenda este término habría surgido en 1852 cuando un grupo de trabajadores de un pueblo de la provincia de Barcelona, L’Esquirol, remplazó a los tejedores en huelga de un pueblo vecino. Más allá de la veracidad del relato, lo cierto es que el término se popularizó en Cataluña durante la segunda mitad del siglo XIX y a principios del XX ya era de uso general en toda España[1]. Aunque en la actualidad el término sigue presente en el imaginario colectivo, la flexibilización del empleo, la precarización de las condiciones laborales y la caída de la afiliación y movilización sindical han provocado que caiga en un cierto desuso y que pierda gran parte de su carga peyorativa[2].

En este artículo se atiende a la elaboración del término esquirol durante los años más conflictivos de la dictadura franquista a través de la prensa clandestina y de los testimonios de los militantes sindicales de las clandestinas Comisiones Obreras (CCOO) y del Partido Comunista de España (PCE). En este sentido, es relevante entender que la definición de dicho término se construye históricamente a través del desarrollo del conflicto laboral. Por tanto, con esta palabra no solo se pretendía establecer una división entre el trabajador digno de respeto y el esquirol, que no lo era, sino que implicaría, como se expone a continuación, la legitimación de una serie de prácticas abusivas, violentas y coercitivas contra él.

España esclavista

De este modo, si el PCE y las CCOO – como principales organizaciones obreras de oposición – se interesaron por definir qué era un esquirol es porque tenían que establecer una línea que los distinguiese de los trabajadores honrados y que legitimase una serie de actuaciones que no se permitirían contra los demás obreros. Dos documentos nos sirven para atender de manera detallada a las características que definían el término. Una octavilla dirigida a los empleados de Pegaso sobre el conflicto en torno al convenio que se estaba desarrollando en la fábrica de Barcelona en marzo de 1970 dedica toda una cara a determinar las características de los esquiroles para definir los diferentes tipos y cómo tratar con cada uno de ellos:

La palabra ESQUIROL nace con el propio nacimiento de la lucha de la clase obrera; es, por tanto, algo que viene de lejos. ESQUIROL quiere decir TRAIDOR A SU CLASE y, por lo mismo, TRAIDOR A SUS COMPAÑEROS, A SU FAMILIA, A SUS HIJOS puesto que dificulta la emancipación de éstos.

Alianza Popular / Partido Popular

Hay, en general, dos tipos de ESQUIROLES, cuyos rasgos fundamentales son:

Unos, los que no tienen conciencia de clase, y al igual que hubo esclavos que no tenían conciencia de su condición y siervos que se mataban por el señor feudal y para los que no suponía una afrenta, sino un honor, el que el señor se acostara con su mujer o su hija, hay otros obreros ESQUIROLES (tipo CAMILO) que toda su preocupación estriba en cómo servir mejor a sus amos los capitalistas: para ello no dudan en recurrir a todos los medios, por indignos que éstos sean. Así, se arrastran como sapos, delatan a otros compañeros dignos, etc., pues estas alimañas tienen un odio enfermizo a los hombres. Estos cerdos son inmorales en todos los terrenos, familiar, social etc. Son seres despreciables a los que hay que barrer de la sociedad.

Hay otro tipo de ESQUIROLES, los que tienen conciencia de que obran mal y sienten la necesidad de justificarse ante sus compañeros: éstos son unos cobardes; cobardía que les viene dada por su carencia de horizontes y su falta de confianza en la clase obrera -su clase-, pues saben que forman parte de ella. Pero, su miedo cerval es superior a su conciencia y terminan haciendo de ESQUIROLES aún sabiendo de que obran mal. Estos son, en principio, menos peligrosos que los primeros; más cuando la lucha se define claramente, hacen el papel de ESQUIROLES como los otros y, por tanto, no puede haber contemplaciones con ellos.

La lucha contra los ESQUIROLES en España tiene una gran tradición. La mayor bajeza que puede cometer un obrero es JUGAR EL INFAME PAPEL DE ESQUIROL y esto hay que hacérselo sentir a todos ellos. Hay algunos que aún están a tiempo de corregirse; pero, de todas formas, si no lo hacen, LA LUCHA DE LA CLASE OBRERA PASARÁ POR ENCIMA DE ELLOS.[3]

Huelga de trabajadores de Pegaso

El artículo de un boletín clandestino de la construcción madrileña titulado “Los esquiroles no dan la cara pero ponen el cazo” permite completar esta definición:

Es importante que tengamos una idea clara del esquirol para despreciarlo y machacarlo si es preciso, porque el esquirol es una peste que hay que arrancar de entre los trabajadores.

Nuestra última huelga de la construcción ha sido una gran huelga, lo cual no quita que algunas obras no hayan parado. Mejor hubiera sido que se hubieran sumado a la huelga, pero su actitud no era repulsa a la huelga. Muchas tenían pena de no haberse unido a la huelga. Estaban al lado de la huelga, la apoyaban aunque les faltó el arranque necesario. Fue indecisión, falta de claridad, y en definitiva la fuerza de la represión paralizó a éstos compañeros que no pueden ser llamados esquiroles.

¿Quién es el esquirol? El solitario que se opone al grupo en pie. Cuando en una obra, una empresa o un trabajo se decide hacer huelga y solo uno o dos, o un grupo insignificante, no lo hacen, ésos son esquiroles.

El esquirol es el lameculos egoísta que sólo piensa en su beneficio particular, que no da la cara cuando hay que luchar pero pone el cazo cuando hay que recibir.

El esquirol es traidor a su clase, esclavo sin honor, que se vende a la empresa por cinco duros.

El esquirol es un ignorante. No comprende que solamente con la lucha conseguiremos nuestros derechos y que él mismo se perjudica porque si los trabajadores estamos divididos, nos explotan más fácilmente.

El esquirol es un ciego que no vé más allá de sus narices. Tiene miedo de perder el jornal de una semana y no se dá cuenta de que está perdiendo semanas y meses porque lo pagan una miseria y le despiden siempre que quiere la empresa[4]

Por tanto, los esquiroles, eran aquellos trabajadores que no paraban de trabajar cuando se había decidido parar la producción de manera colectiva. Fuesen cuáles fuesen sus motivos, eran considerados traidores a sus compañeros porque manteniendo la actividad dificultaban que sus reivindicaciones llegasen a buen puerto. Los esquiroles eran, según la prensa clandestina de las Comisiones Obreras, “traidores”, “lameculos”, “vendidos” e “ignorantes” que no entendían la importancia de la lucha sindical y que ponían por delante sus intereses inmediatos a los de sus compañeros, llegando a perjudicarse a si mismos a largo plazo como miembros de la clase trabajadora. Es decir, los esquiroles eran caracterizados normalmente como ignorantes y casi siempre como traidores, vendidos y seres despreciables.

Artículo criticando la acción de los esquiroles (Madrid, 1966) (imagen: AHPCE. Fondo Movimiento Obrero)

Sin embargo, como se desarrolla en “Los esquiroles no dan la cara pero ponen el cazo”, al menos en la teoría, los esquiroles solo podían ser considerados como tal cuando de manera individual decidían no respetar una huelga que se había organizado colectivamente. Aunque era un problema para la movilización que en muchos puestos de trabajo no se iniciasen paros laborales, eso no implicaba que todos esos trabajadores fuesen esquiroles. Se consideraba que si no había acciones de protesta era porque diferentes motivos habían impedido el arranque de estos trabajadores. Pero no por ello tenían que ser tratados como esquiroles, sino que había que impulsar la protesta en esos puestos de trabajo. No obstante, en la práctica es recurrente que los trabajadores de fábricas que no se sumaban a huelgas sectoriales o provinciales también fuesen presionados y señalados para que se uniesen a la huelga. Es decir, en la práctica, la definición de esquirol era mucho más amplia que la que recogía la prensa clandestina. Los límites de la descripción variaban dependiendo de la oportunidad de movilización y la correlación de fuerzas de cada conflicto. Francisco Serrano Caballero, trabajador de la fábrica de Barreiros, cuenta cómo en una ocasión los trabajadores de Marconi, que estaban en huelga, les mandaron un cartón de huevos “para las gallinas de Barreiros” en clara alusión a su falta de masculinidad por no apoyar la huelga[5]. Por tanto, que la huelga no hubiese sido apoyada colectivamente por los trabajadores de la fábrica no fue motivo suficiente para no ser acusados de cobardes. Otro ejemplo de presión lo podemos ver en el caso de unos trabajadores de la construcción que no se organizaron para responder solidariamente a dos despidos disciplinarios en su obra. Desde el boletín “Construcción. Boletín informativo de la Comisión Obrera Provincial de la Construcción, Vidrio y Cerámica” de Madrid acusaban a estos trabajadores desde la sección “Los trabajadores denunciamos” porque:

El que Benito sea un ladrón y un sirvenguenza no nos causa ninguna sorpresa. Lo que nos ha causado sorpresa es que los compañeros que trabajan para este bandido no hayan dejado las herramientas cuando ha despedido a los que defendían los intereses de todos ellos. Compañeros: todavía estáis a tiempo. DEFENDER A LOS COMPAÑEROS HONRADOS ES DEFENDERNOS A NOSOTROS MISMOS y es una obligación de todos nosotros[6]

Octavilla de las Comisiones Obreras llamando a la huelga de la construcción (Madrid, noviembre de 1974) (imagen: AHPCE. Fondo Movimiento Obrero)

Además, la lucha contra el esquirolaje pasaba concretamente por la lucha contra los esquiroles como seres despreciables y traidores. Esto justificaba todo tipo de acciones contra ellos que iban desde el señalamiento público a las agresiones directas. Una octavilla de la Comisión Obrera de SEAT señalaba a “5 TRAIDORES” a los que se acusaba de “lacayos de sus amos”. Estos cinco traidores incluían a un jefe y un maestro por el papel disciplinario que tenían en la producción, pero también incluían a un secretario que no representaba los verdaderos intereses de los trabajadores, a un confidente de la policía y a un oficial de primera acusado de esquirol. La octavilla incluía, a modo de escarnio público, el nombre de todos ellos acompañado de las direcciones de sus viviendas y sus teléfonos personales. Además, terminaba animando a su difusión con un “Compañero: TOMA NOTA Y PASALA a otro” para que llegase a todos los trabajadores de la fábrica[7].

Octavillas señalando a trabajadores por esquiroles, traidores y chivatos (imágenes: AHPCE. Fondo Movimiento Obrero)

Con el mismo objetivo, los trabajadores de Costa Font en febrero de 1973 metían notas en el buzón de los vecinos de cuatro de sus compañeros a los que consideraban chivatos y traidores. De la siguiente manera pedían la solidaridad de los vecinos intentando trasladar el escarnio de la fábrica a sus hogares:

Como uno de ellos es vecino de ustedes, vamos a explicarles algunos hechos para que sepan con quien se han de tratar.

Después de ir escalando puestos chivatando a los compañeros, a veces incluso con acusaciones falsas, y arrastrándose delante de su amo, ahora han aceptado la sugerencia de este de formar en la fábrica un Comité Vendeobreros, para oprimir a todos los trabajadores, imponer el terror en toda la fábrica y reducirnos a todos a la condición de esclavos.

A los que no les va bien hacer todas las horas extras que a ellos se les ocurre, incluso los domingos, se les quita la prima y se les amenaza con el despido.

Han montado una red de chivatos y de espías por toda la fábrica que nos lleva a que los compañeros tengamos que desconfiar unos de otros y vigilarnos mutuamente. El tiempo que estamos en la empresa se está convirtiendo en un infierno.

Han expedientado para despedirnos a nuestros representantes sindicales para dejarnos sin voz ni voto en los problemas que tenemos.

Despiden a todo el que se atreve a abrir la boca con motivo de cualquiera de las muchas injusticias que continuamente nos comente.

¿Y todo para qué? Para ganar un sobresueldo que les permita aparentar una grandeza y un señorío que no corresponde a individuos tan ruines y tan canallas.

Para satisfacer su ambición no les importan ni los sufrimientos que nos causan ni el tener a todas nuestras familias pendientes de que cualquier día, por su capricho, nos echen a la calle.

Les llamamos a todos Udes., sus vecinos, a ayudarnos a eliminar la opresión y las injusticias a que ellos nos tienen sometidos, retirándoles la palabra y mostrando de todas las maneras su desprecio por gente con un comportamiento tan bajo y criminal[8]

 

Asamblea de trabajadores de Roca de Gavà durante la huelga celebrada entre 1976 y 1977 (foto: archivo El Periódico de Catalunya)

Una octavilla editada y difundida en la fábrica por la Comisión Obrera de Roca en marzo de 1971 acusaba a los miembros del Jurado de Empresa de “fieles servidores de la empresa” y de “estómagos agradecidos”. Además, les señalaba por haber recibido sobornos en forma de “banquetes periódicos” porque “hace unos días, en la Hostería del Estudiante, han celebrado una comida que nos suponemos será de agradecimiento por los servicios prestados [a la empresa] (algunos jurados han dicho sin rodeos que se la habían prometido por firmar la desigual y miserable subida de enero [en el nuevo convenio]”[9]

Aunque es cierto que tampoco he encontrado demasiados casos en los que se desarrollasen formas de escarnio público tan avanzadas más allá de los reveladores ejemplos expuestos, cuando se desarrollaban podían ser considerablemente efectivos si tenemos en cuenta casos como el de un vocal de SEAT que presentaba su dimisión frente al Jurado de Empresa porque “moralmente no puedo superar las críticas e ironías de los trabajadores y aunque estoy convencido de que todos laboramos para aportar a nuestros compañeros lo mejor, la verdad es que soportamos una presión constante que no podemos eludir”[10].

Las agresiones directas sí que fueron más habituales si atendemos a los testimonios de los trabajadores y militantes sindicales. Dulce Caballero González, trabajadora de Cortefiel, comenta que en su fábrica era habitual que se forzase a levantarse de la silla de trabajo a aquellas que no querían hacerlo mediante una práctica conocida como “la culebra”. Juan Antonio Diosdado Galán, trabajador del metal que entraría a trabajar en la construcción por su presencia en las listas negras del metal, reconoce que los enfrentamientos con los esquiroles eran muy habituales tanto en el metal como en la construcción. Cristóbal García, metalúrgico de Barcelona, comenta una anécdota sobre un encargado que se puso a trabajar en una máquina durante un paro para intentar romper la protesta. Este encargado “se llevó la hostia de un compañero” y ya nunca más volvió a hacerlo. Además, considera que los esquiroles “eran pobres gentes que no tenían argumentos ni tenían nada sino lo que tenían era miedo”. Un panfleto emitido por la “Asamblea de trabajadores de ROK HD LEE” durante la huelga de solidaridad desarrollada en ambas fábricas entre noviembre y diciembre de 1976 muestra cómo los piquetes y los enfrentamientos entre trabajadores generaban situaciones de gran tensión. El panfleto denunciaba que la dirección estaba utilizando a los trabajadores que no estaban en huelga, a los que acusaba de esquiroles, para convencer a las compañeras que sí lo estaban para que abandonasen la protesta. Esto generaba situaciones de tensión y enfrentamientos que desembocaron el miércoles día 1 de diciembre en el “atropello a una compañera por parte del novio de una esquirola” que quería entrar a trabajar[11].

La violencia se legitimaba también contra otro tipo de traidores como los chivatos y los confidentes. Categorías que normalmente encajaban dentro del término esquirol. Francisco García Salve cuentan que en una ocasión identificaron a un trabajador que iba a declarar contra él en un juicio que tenía por su participación en la huelga de la promotora inmobiliaria madrileña de Saconia. Para evitar que declarase, unos compañeros de Comisiones Obreras le dieron una paliza y gracias a eso él pudo salir absuelto del juicio. Ángel Díaz Cardiel, trabajador de Bosch y militante comunista de las Comisiones Obreras, cuenta que en un piquete les pilló la policía porque tenían un chivato dentro del grupo. La forma de destaparlo fue ir haciendo reuniones cada vez más pequeñas hasta conseguir aislarle y una vez identificado le dieron una paliza. Doroteo Peinado comenta cómo era algo habitual que de vez en cuando se introdujesen confidentes de la Brigada Político-Social en la fábrica de ENASA de Madrid. Cuando les identificaban les agredían tirándoles tornillos y piezas metálicas hasta que se acababan marchando. En la colonia de Ciudad Pegaso también tuvieron que echarle azúcar en el depósito de gasolina a un sereno que era confidente de la empresa para extorsionarle rompiéndole el motor del coche[12].

Pancarta contra los esquiroles a las afueras de la factoría de la empresa Roldán en Santo Tomás de las Ollas (León) durante la huelga de 1989 (foto: Nuestra Historia, Bierzo y Laciana)

Si estos castigos violentos contra esquiroles y chivatos eran tan habituales era, en parte, porque tenían la aprobación de la dirección del Partido Comunista y de las Comisiones Obreras. Las publicaciones clandestinas de estas organizaciones animaban a ello. Por tanto, igual que subraya Juan Cristóbal Marinello Bonnefoy en el estudio de la construcción del término de esquirolaje en la provincia de Barcelona entre 1904 y 1914, también durante el desarrollismo franquista la violencia contra los esquiroles era considerada como legítima y necesaria. Un informe de una reunión de delegados de las Comisiones Obreras que se habían reunido para valorar la huelga de abril de 1970 hacía la siguiente consideración:

Actitud ante los esquiroles. – Hasta ahora, salvo en casos aislados, no se había tomado una actitud tan masiva y decidida contra los rompehuelgas. Principalmente en la Construcción – aunque también en Panadería y Siderurgia, los que intentaban seguir trabajando cuando la gran mayoría iban a la huelga, cuando las explicaciones no daban resultado eran abucheados y en algunos casos hasta apaleados como traidores a la clase obrera. En el caso de Siderúrgica aún se continua dando este fenómeno. Estas experiencias al ser conocidas por el resto de la clase obrera y por la opinión pública han sido acogidas con simpatías. La nueva agresividad, en el mejor sentido de la palabra, del movimiento obrero tenemos que saludarla como un salto cualitativo a tener muy en cuenta en este próximo futuro[13]

Un artículo de un boletín editado por la Comisión Obrera de la Construcción de Madrid sobre la huelga de la construcción de abril de 1976 celebraba que “en el Gran San Blas la huelga se mantuvo toda la semana con mucha fuerza y aún siguió en una obra todo el día porque a un esquirol le abrieron la cabeza con un ladrillo. Sigue en la PAZ [Hospital General la Paz] y dicen que está grave ¡Ya se murieran todos los esquiroles!”. Desde el número de marzo-abril de 1966 del boletín “Construcción. Boletín de la Oposición Sindical de los Trabajadores de la Construcción” también se animaba a la violencia contra los esquiroles en un artículo titulado “El chivateo es poco rentable”:

En un taller de carpintería situado en el barrio Parque de las Avenidas en el que trabajan unos doce operarios, existía el consiguiente malestar, como consecuencia de los bajos salarios y los métodos de explotación a que estos obreros se veían sometidos. Este malestar se acrecentaba, pues cada vez que intentaban ponerse de acuerdo de como hacer frente a la situación, antes de conseguirlo ya lo sabía el jefe. Los dos chivatos que iban con el soplo al jefe fueron descubiertos y dos obreros se decidieron a darles un correctivo. El día 15 de Marzo estos dos chivatos recibieron una buena paliza en la que solo participaron dos obreros uno contra otro. Pero el día 16 estos dos cobardes en compañía del encargado empezaron a pegarle a un obrero; la reacción del resto de los obreros no se hizo esperar. Cogieron a los tres y los echaron por una ventana a un patio desde la altura de un segundo piso. Como consecuencia de la caída los tres están en el hospital: uno con una pierna y un brazo escayolado; otro con una pierna escayolada y el encargado con la espina dorsal resentida. El día 17 los llamó el contratista Sr. Angel y les dijo que no daría parte y lo harían pasar por accidente pero que a cada obrero le descontarían 200 pesetas a la semana para los heridos. Los trabajadores le dijeron que ellos no daban ni una gorda y que diese parte si quería que a ellos les daba igual; y todos se despidieron el día 18 diciéndole que para otra vez tuviera cuidado al contratar chivatos.

Estos obreros nos dan con su comportamiento un ejemplo de como tratar a esos individuos que han hecho profesión de una cosa tan vil como es el chivateo. Estos que están en el hospital, si no son tontos se darán cuenta de lo poco rentable que es esta profesión[14]

Por último, aunque no se puede desarrollar un análisis sistemático sobre quienes eran estos esquiroles, sí que se pueden lanzar algunas ideas sobre el perfil sociológico de estas personas. Respecto a la posición en la producción, hemos podido ver cómo la mayoría de los trabajadores acusados de chivatos y esquiroles eran aquellos con cierto grado de responsabilidad como los encargados, mandos intermedios, capataces y enlaces sindicales. Esto no es de extrañar teniendo en cuenta el papel que tenían en la producción como trabajadores disciplinarios. Josep Maria Folch i Torres, barcelonés de nacimiento y fundador de las Comisiones Obreras en Cataluña, comenta que él no podía recomendar a los trabajadores que hiciesen huelga porque era jefe de sección. Además, cuenta que en una ocasión un compañero comunista le acusó de esquirol porque no podía hacer huelga porque él era el jefe[15].

Fábrica de Standard Eléctrica en el distrito de Villaverde, en 1965 (foto: Cuéntame cómo era Madrid)

Respecto a la condición de género de los trabajadores, la situación no es tan homogénea y parece variar dependiendo de los sectores de actividad. En el metal las mujeres no se implicarían en las acciones de protesta colectiva mientras que en el textil los esquiroles serían los hombres. Adolfo Piñedo Simbal, de Standard Eléctrica, comenta que la empresa tenía varios centros de trabajo. Uno de ellos estaba en Villaverde. Una fábrica que en 1972 tenía una plantilla de unos 5.000 trabajadores, de los que 4.000 eran mujeres. De esas 4.000 mujeres, una cuarta parte eran viudas de trabajadores fallecidos. Según él, la empresa seguía una política paternalista en cuanto a la contratación de viudas. Si un trabajador moría se contrataba a su viuda para trabajar en los peores talleres y en las peores condiciones, pero como les daban la oportunidad de trabajar estas mujeres eran “estómagos agradecidos” y nunca protestaban ni se quejaban de nada. Además, otro problema para movilizar a las mujeres del metal era que sus expectativas de futuro pasaban por casarse y abandonar la fábrica, por lo que no estaban interesadas en implicarse organizativamente para mejorar las condiciones de trabajo. En cambio, en huelgas del textil como las de ROK-HD LEE o la de Induyco, fábricas donde el 90% de la plantilla estaba formada por mujeres jóvenes, la gran mayoría de los esquiroles eran hombres porque eran ellos quienes ocupaban los puestos de responsabilidad y los trabajos con mejores condiciones como encargados, mecánicos o administrativos[16].

Otra característica que era habitual entre los esquiroles era su condición de migrantes nacionales provenientes de zonas rurales del país. Esto está muy presente en testimonios de sindicalistas como los de José Luis Villalta Fernández o Francisco Serrano Caballero. El primero comenta que los migrantes tendían a trabajar más duro y con más esfuerzo porque estaban acostumbrados a unas condiciones de trabajo muy duras. Reconoce que esto era un problema para sus reivindicaciones y que en varias ocasiones hubo que darles un toque para que trabajasen más despacio. El segundo, trabajador de Barreiros, relata que en su fábrica la gran presencia de migrantes dificultaba desarrollar acciones de protesta colectiva porque había muchos trabajadores provenientes de Galicia y Extremadura que necesitaban las horas extra para pagar las casas que habían comprado, por lo que no podían arriesgarse a sufrir sanciones. Vicente Llamazares, de ENASA, califica directamente a estos trabajadores de “rémora bastante fuerte con la que hubo que trabajar”, aunque reconoce que sus motivos eran comprensibles por las dificultades que tenían. Por tanto, esta problemática muestra que en muchas ocasiones las Comisiones Obreras y el Partido Comunista de España no supieron cómo movilizar a aquellos trabajadores con peores condiciones laborales.

Por último, el cambio generacional también fue importante en el impulso de las movilizaciones. Juan Moreno Preciado, enlace sindical de FIAT, considera que la mayoría de los trabajadores mayores de la empresa eran muy sumisos y que “el mayor obstáculo que nos encontramos la generación joven que se empezó a organizar en los años sesenta eran los viejos de izquierdas de la FIAT porque ellos eran siempre los que frenaban”[17].

En conclusión, se ha podido desarrollar cómo el concepto de esquirol es un término construido históricamente y relativamente flexible. En teoría, según la prensa clandestina, cualquier trabajador que no participase de la protesta obrera no sería un esquirol. Solo lo serían aquellos que seguían trabajando cuando se había decidido colectivamente parar la producción en su entorno de trabajo. Sin embargo, en la práctica, estas acusaciones eran más amplias. Los chivatos y delatores eran metidos en el mismo saco y en muchas ocasiones se llegaba a señalar a fábricas enteras por no organizar un conflicto cuando desde la organización se consideraba que se debía haber hecho. Pero más allá de los límites del término, lo que quedaría claro es que la acción del esquirolaje merecía todo tipo de represalias. El escarnio público y las agresiones físicas contra estos trabajadores eran habituales y servían para castigar a aquellos que se atrevían a romper la disciplina sindical. También servían para avisar a todos los trabajadores de las consecuencias que podía tener este comportamiento si alguna vez se veían tentados a recurrir a él. Además, se pueden apreciar continuidades con el movimiento obrero anterior. En este caso, las características asociadas a los esquiroles y los castigos que merecían eran muy similares a los estudiados por Juan Cristóbal Marinello Bonnefoy para el anarquismo barcelonés de principios del siglo XX o por Jordi Ibarz Gelabert en el puerto de Barcelona de los años treinta. Lo que seguramente variase en mayor medida, teniendo en cuenta los grandes cambios sociales y económicos de la segunda mitad del siglo XX, era el perfil sociológico de los esquiroles: mandos intermedios, de edad avanzada, migrantes del campo y trabajadores del género minoritario en el sector (mujeres en el metal y hombres en el textil)[18].

Huelga de Induyco (talleres de El Corte Inglés) en febrero de 1977 (foto: Fundación Anselmo Lorenzo)
Notas

[1] Juan Cristóbal Marinello Bonnefoy, “Traidores. Una aproximación al esquirolaje en la provincia de Barcelona, 1904-1914”, Ayer 88 (2012): 174; Juan Cristóbal Marinello Bonnefoy, “Sindicalismo y violencia en Cataluña, 1907-1919”, en VV.AA., Socializar conocimientos. Primer Encuentro de Investigad@s Chilen@s en Barcelona (Barcelona: Icaria Editorial, 2011): 69-74; Francisco Moreno Sáez, “Conflictos sociales en Banyeres en la segunda década del siglo XX”, Bigneres 3 (2008): 3-9; Federico Verdet Gómez, “Las huelgas de los obreros de Valenciana de Cementos, en el ocaso de la dictadura primorriverista”, Revista de Estudios Comarcales 9 (2010): 100-101; y Marta del Moral Vargas, “La conflictividad laboral entre las trabajadoras de Madrid (1918-1931)”, en Marta del Moral Vargas, Acción colectiva femenina en Madrid, 1909-1931 (Santiago de Compostela: Universidad de Santiago de Compostela, 2012): 343-349.

[2] Beltrán Roca Martínez, “Movilizando a los precarios. El anarcosindicalismo español contemporánea ante el «capitalismo flexible»”, Nómadas. Critical Journal of Social and Juridical Studies 13(1) (2006); Beltrán Roca Martínez, “Acción directa y sindicalismo. Una etnografía de combate”, Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas 17 (2008); y José Enrique Ruiz Saura, “La vulneración del derecho fundamental de huelga: el esquirolaje”, Revista Jurídica 53 (2022): 140-184

[3] Archivo Histórico del PCE (AHPCE). Fondo del Movimiento Obrero. Caja 84, carpeta 3-3.4.

[4] AHPCE. Fondo del Movimiento Obrero. Caja 84, carpeta 1-2.

[5] Este tipo de provocaciones para ir a la huelga debían ser muy habituales como recoge Xavier Domènech Sampere en: Xavier Domènech Sampere, Lucha de clases, franquismo y democracia. Obreros y empresarios (1939-1979) (Madrid: Akal, 2022): 15-16

[6] Archivo de Historia del Trabajo (AHT). BIO 74. CD 2; y AHPCE. Fondo Publicaciones Periódicas. Carpeta 1/8.

[7] AHPCE. Fondo del Movimiento Obrero. Caja 85, carpeta 1-4.3

[8] AHPCE. Fondo del Movimiento Obrero. Caja 88, carpeta 51

[9] Archivo Histórico de la Fundación Pablo Iglesias (AHFPI). Archivo de la Organización Revolucionaria de Trabajadores. Carpeta 2-10

[10] Arxiu Històric de CCOO de Catalunya (AHCO). Secció Sindical CCOO SEAT. T2006.

[11] AHT. BIO 13. CD 4; AHT. BIO 103. CD 3; AHCO. Colección Biografías Obreras. Cristóbal García; y AHT ROK.: legado documental de la Sección Sindical de Comisiones Obreras. 01-17.

[12] AHT. BIO 4. CD 2; AHT. BIO 85. CD 2; y AHT. BIO 43. CD 3 y 6.

[13] AHFPI. Archivo de la Organización Revolucionaria de Trabajadores. Carpeta 2-11

[14] AHPCE. Fondo del Movimiento Obrero. Caja 84, carpeta 3.1.1; AHPCE. Fondo Publicaciones Periódicas. Carpeta 1/5; y Juan Cristóbal Marinello Bonnefoy, “Traidores. Una aproximación al esquirolaje en la provincia de Barcelona, 1904-1914”, Ayer 88 (2012): 188.

[15] AHCO. Colección Biografías Obreras. Josep Maria Folch i Torres.

[16] AHT. BIO 22. CD 3; AHT ROK.: legado documental de la Sección Sindical de Comisiones Obreras. 01-19; y AHT. Historia de CC.OO. en INDUYCO. 1975/2007.

[17] AHT. BIO 17. CD 2; AHT. BIO 74. CD 2; AHT. BIO 92. CD 2; y AHT. BIO 24. CD 1.

[18] Juan Cristóbal Marinello Bonnefoy, “Traidores. Una aproximación al esquirolaje en la provincia de Barcelona, 1904-1914”, Ayer 88 (2012): 173-194; y Jordi Ibarz Gelabert, “Culturas del trabajo de los estibadores. Obreros, capataces y patronos en el puerto de Barcelona en los años 30”, en Santiago Castillo (coord.), El trabajo a través de la historia (Madrid, Centro de Estudios Históricos, 1996): 492-494.

Fuente: Conversación sobre la historia

Portada: Ford Strikers Riot es una fotografía de 1941 que muestra a un esquirol siendo golpeado por huelguistas del United Auto Workers (UAW). El fotógrafo Milton Brooks capturó la imagen y ganó el primer Premio Pulitzer de Fotografía Destacada en 1942.

Ilustraciones: Conversación sobre la historia