La Federación Asturiana Memoria y República (FAMYR) ha denunciado la celebración este jueves de una misa en la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús en memoria de los llamados "héroes de Simancas", un grupo de militares golpistas derrotados por los republicanos tras un mes de asedio del antiguo cuartel. El edificio quedó hecho pedazos y murieron decenas de soldados que la dictadura ensalzó como "mártires". A partir de este suceso, el régimen construyó toda una leyenda de "defensa de la patria" que cada cierto tiempo atrae a grupos ultras y nostálgicos de la dictadura hasta el lugar.
La entidad considera que el hecho de significar "con una misa o cualquier otro acto que suponga dar valor al fascismo como régimen que tanto dolor trajo al pueblo de Gijón" merece su "absoluta repulsa". Según explica su portavoz, Rafael Velasco, este tipo de actos eran habituales años atrás, pero hacía un tiempo que se organizaban de forma privada. A ellos se han sumado más recientemente concentraciones organizadas por la extrema derecha, como Núcleo Nacional, en el lugar donde se encuentra el monumento a estos "héroes".
"Yo entiendo que cada uno honre a sus muertos. Pero organizar un acto público para rememorar el legado de los golpistas del 36 en Gijón es una indecencia. ¿Qué valores son esos? ¿Haber colaborado en instaurar un régimen criminal y genocida que asesinó a miles de gijoneses?", cuestiona Velasco. El portavoz también explica que los actos de exaltación se han multiplicado desde que comenzó el proceso para retirar el monumento a estos "héroes".
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La obra escultórica está en la fachada del colegio de La Inmaculada, ubicado donde estuvo el antiguo cuartel. Durante años había pasado casi inadvertida, hasta que se abrió el debate sobre su eliminación. "Nosotros creemos que tendría que haberse retirado hace años, cuando había unas condiciones políticas mejores para hacerlo, pero bueno, lo seguimos creyendo necesario en la medida en que avanza cierta ideología reaccionaria en la sociedad", añade. El monumento, diseñado por Manuel Álvarez Laviada, fue inaugurado en 1958 por altos mandos del régimen franquista y, a pesar de su mal estado, conserva estas inscripciones: "Disparad sobre nosotros. Simancas 18 julio 1936-21 agosto 1936 caídos por dios y por la patria", un texto laudatorio, característico del régimen, tal cual afirma la resolución del Principado de Asturias que pidió su eliminación. Por el momento, en el nonagésimo aniversario del fin del asedio de Simancas, el monumento sigue en pie y la polémica sobre qué hacer con él también. La disputa entre los jesuitas, que se niegan a su retirada, y las asociaciones memorialistas se está viviendo en los tribunales. Su eliminación ha sido suspendida cautelarmente después de que la Compañía de Jesús presentara un recurso contencioso-administrativo contra la resolución del Gobierno del Principado de Asturias. Según estima FAMYR -que entiende la medida judicial, pero lamenta la pasividad de los años anteriores- no se sabrá nada hasta mediados del año que viene.
¿Qué hay detrás del mito del asedio del Simancas?
El golpe de Estado de 1936 estalló en Asturias el 19 de julio. En Oviedo triunfó, mientras que en Gijón el movimiento obrero resistió a la sublevación de dos de sus cuarteles militares: el del barrio de El Coto y el de Simancas, dirigido por el coronel Antonio Pinilla. Ambos fueron sometidos a asedio por las fuerzas leales a la República durante un mes, hasta la derrota de los sublevados el 21 de agosto.
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Una ventaja con la que se encontró la ciudad fue la lealtad al régimen democrático de la Guardia de Asalto, que hizo frente a los soldados. "La Guardia de Asalto intenta organizar a las milicias que se están formando a partir de los sindicatos, principalmente anarquistas y socialistas, para parar el golpe y contener a los militares. Lo que hacen es comenzar un asedio al cuartel, acompañado por ataques, dinamita...", explica el doctor en Historia Contemporánea David González Palomares. Las fotografías que se conservan del momento dan fe de la dureza de la batalla. "La situación dentro del cuartel era muy dura. Se iban quedando sin comida y tuvieron que crear un generador con una bicicleta para tener electricidad", añade.
Es en este momento donde memoria y leyenda se entremezclan. La inscripción que acompaña al monumento del colegio de los jesuitas, "disparad sobre nosotros", hace referencia a una supuesta frase que habrían dicho los militares al verse completamente acorralados. Con esta petición le estarían dando a entender a un buque de guerra controlado por los golpistas que podía bombardear el edificio aunque ellos estuvieran dentro, con la intención de matar al mayor número de republicanos.
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El crucero Almirante Cervera fue uno de los pocos apoyos con los que pudieron contar los sublevados. Según explica González, desde dentro del edificio les daban direcciones de tiro y demás órdenes. El día 21 de agosto, ya prácticamente sin fuerzas, tuvieron que hacer frente al último ataque de las milicias, que asaltaron el cuartel de Simancas. "El cuartel quedó destruido y parte de su medio millar de defensores, junto con un numeroso contingente de republicanos que atacaban el cuartel, murieron en los cruentos combates y en el incendio y la destrucción del edificio", explica el historiador Francisco Manuel Erice.
"El último mensaje que los defensores del Simancas mandan al Cervera, según cuenta la historiografía franquista, es 'el enemigo está dentro, disparad sobre nosotros'. Pero esto se ha puesto muy en duda y hay diferentes versiones", afirma David González. Podría haber sucedido, como parte de una tradición militar genérica a nivel mundial, la orden de bombardear un lugar cuando está perdido; sin embargo, el experto insiste en que en este caso se ha puesto bastante en duda. Algunas de las hipótesis que se han barajado son que el mensaje fuera "el enemigo está dentro, disparan contra nosotros"; o incluso que todo haya sido una mala transcripción desde el asturiano.
"Evidentemente, la derecha va a apoyar el heroísmo militar de los del interior; es decir, que dan su vida por defender la posición. Y, evidentemente, la historiografía reciente lo pone más en duda", concluye. Este suceso es, de hecho, para los grandes historiadores de la época o afines al régimen, "uno de los mayores actos de heroicidad de la guerra civil en Asturias".
La construcción del relato
El origen de este relato épico, así como del propio apodo de "héroes del Simancas", se encuentra en los primeros meses de la dictadura. Entre 1939 y 1940 el régimen encarga a una serie de dibujantes, periodistas e historiadores escribir la Historia de la Cruzada. Uno de esos tomos se dedica a esta batalla de inicios de la Guerra Civil. "Las ilustraciones son de Valverde y Sánchez de Tejada, muy buenas y épicas. Se ve a los soldados en una situación horrible y a los milicianos entrando también, en cierto modo, heroizados", describe el González.
A esta estrategia comunicativa hay que sumarle la visita que realizó Franco al lugar durante esa época. El propio dictador llegó a pedir que se dejara el espacio intacto, para que no se olvidase lo sucedido, con ese discurso, resalta Francisco Erice, se incorpora definitivamente a los "resistentes" de Simancas a la épica de la Cruzada. Finalmente el cuartel acabó reconstruyéndose, pero, antes de erigirse el monumento actual ubicado en la fachada, se colocó una maqueta inmensa de las ruinas a pocos metros. La obra estaba hecha con restos de hormigón y ladrillos del edificio original.
Hace escasos meses decenas de artistas y personajes públicos firmaron un manifiesto pidiendo la retirada del monumento erigido en recuerdo de estos militares golpistas: Rodrigo Cuevas, Nacho Vegas, Xune Elipe, Irene Montero, Antonio Maíllo… Son algunos de los nombres que secundaron un texto que defiende que "no existe resignificación posible, ni con explicaciones didácticas, ni con placas". La argumentación que utilizan es que "no se trata de un lugar histórico neutro, sino de un monolito de exaltación de una dictadura". Además, el colectivo recuerda que fue construido en pleno franquismo e inaugurado por altos gerifaltes del régimen con apoyo de los falangistas y de la Iglesia, siendo hoy en día un lugar de peregrinación de la extrema derecha.
Por su parte, González explica que el interés de los nostálgicos de la dictadura en el monumento se ha reactivado en los últimos años, ya que, antes de plantearse su retirada, apenas se le mostraba atención. "A diferencia de Oviedo, donde sí hay asociaciones de excombatientes afines al franquismo, en Gijón no había un interés previo", señala. Tampoco cree el experto que la presencia o no del monumento vaya a servir para evitar estas peregrinaciones, por lo que mantiene que la mejor solución sería resignificar el lugar con una placa o elemento que contextualice lo sucedido en el cuartel y el origen de la escultura.
Francisco Manuel Erice no pone en duda la estética y contenido "netamente apologéticas del franquismo" de la escultura de Álvarez Laviada, que consiste en una gran cruz, con dos ángeles. "Desde luego cualquier resignificación resulta difícil, por no decir imposible, salvo la incorporación de un cartel explicativo de los hechos en clave democrática y antifranquista", argumenta. Bajo su punto de vista esta opción no serviría ni para modificiar el entorno ni para impedir concentraciones neofascistas o ceremonias como la celebrada este 20 de gosto.