dissabte, 16 de maig del 2026

Así torturaba la Brigada Política Social en València: puñetazos, patadas, descargas eléctricas, garbanzos…

 https://x.com/outsidersesp/status/2055686697384280141

Puñetazos en la cara, en el pecho, en el vientre, patadas, palizas, corrientes eléctricas en los testículos, declaraciones de rodillas sobre garbanzos, personas atadas a un somier sobre las que se colocaba un colchón y se les pegaba, amenazas psicológicas,… son algunas de las torturas a las que sometía la Brigada Política Social de València, la policía política del franquismo, a sus detenidos. A la militante del Partido Comunista Carmen Riera le desplazaron, a golpes, el tendón de la pierna. Al dirigente (también) comunista Antonio Palomares le redujeron la estatura cuatro centímetros (“salió sin cuello por las corrientes que le dieron”) y le deformaron el diafragma. La llegada de la democracia se tradujo en ascensos y nuevas responsabilidades para la mayoría de los responsables de aquella brutal cacería. Lo cuenta Lucas Marco en el libro “Simplemente es profesionalidad. Historias de la Brigada Político Social de València”, editado por la Institució Alfons el Magnànim. Un documentado volumen en el que se pone nombre y apellidos (e incluso cara en algunos casos) a los principales represores de la dictadura franquista en las comisarías valencianas. Una funesta página de la historia reciente (sí, reciente, por mucho que haya quien se empeñe en lo contrario) que contó con la inspiración y algo más de la Gestapo nazi. Antonio Cano, José de Oleza, Tomás Cossías, Manuel Ballesteros o Benjamín Solsona van apareciendo por el libro, al tiempo que se señalan algunas de sus salvajes actuaciones y se descubre sus acomodadas y premiadas trayectorias profesionales una vez abandonaron el cap i casal. Lucas Marco, al que quizás el único pero que haya que ponerle sea haber antepuesto un relato más historicista que periodístico, traza una panorámica necesaria de los sucesos, apoyándose en una muy completa investigación y en entrevistas realizadas ex-profeso. Una historia en la que conviven escalofriantes testimonios como el de Crescencia Uribe, afirmando que “estábamos en manos de un morfinómano y un loco” refiriéndose a dos de los torturadores, o todo lo que tuvieron que vivir los pintores Joan Castejón y Monjalés, por agredir a un inspector (yerno de Cano, uno de los capos de la BPS) cuando les intentaba detener en una manifestación del 1 de mayo de 1976; con los perfiles de policías insólitos de esa Brigada como Pedro Caba, también escritor y asiduo de la tertulia El Gato Negro (en la que participaban María Beneyto, José Hierro o Vicente Gaos) o José Sánchez Peinado que falsificó documentos que permitieron la entrada y salida de España de perseguidos antifranquistas. En definitiva, un libro que lucha contra ese olvido que algunos quieren imponer. (Texto original de Rafa Rodríguez Gimeno)


Gerda Taro y los aviadores de la República

 https://elpais.com/espana/catalunya/2026-05-16/gerda-taro-y-los-aviadores-de-la-republica.html

Dos sensacionales retratos inéditos de la fotógrafa descubiertos por los historiadores David Iñíguez y David Gesalí, entre las novedades que reporta una visita a la sede de la asociación de los antiguos pilotos de la Gloriosa


Foto inédita de Gerda Taro, retratada en una pausa en el frente con un oficial republicano.RGVA, Fondo General Walter


Con Gerda Taro me unirá siempre haber descubierto al hombre que la mató. Fue en julio de 2009; la entonces jefa de Cultura de la redacción de Barcelona Catalina Serra, tapó con la mano el auricular del teléfono y me dijo: “un tipo asegura que tiene nueva información sobre la muerte en la Guerra Civil de la fotógrafa Gerda Taro, la compañera de Capa, no sé, ¿te quieres ocupar tú?, así haces algo de provecho”. Cata se calló que el asunto requería ir a Albacete. Al poco estaba yo en el tren bajando hacia allí, donde me esperaba un coche de alquiler para dirigirme a mi destino final, Cenizate, el pueblo en el que Fernando Cambronero me contó en la mesa del comedor de su casa, cubierta por un mantel de hule de cuadros verdes, que a Taro la atropelló el 25 de julio de 1937 en la retirada de Brunete el tanque que conducía un carrista republicano llamado Aníbal González. Se lo había contado todo a Cambronero su tío, Fernando Plaza, que iba en otro de los tanques T-26 aquel día y presenció la escena. Taro se cayó del estribo del automóvil en el que se había encaramado y el tanque de González, que circulaba marcha atrás, no la vio y le pasó por encima, destripándola con sus cadenas como zarpas de hierro.

Pensaba en aquella jornada, en la que Fernando me proporcionó fotos de Aníbal González en su blindado, el otro día al dirigirme a la sede de la Asociación de Aviadores de la República (ADAR), sección catalano-balear, en la calle de Guifré, en el Raval barcelonés. Los amigos de ADAR me habían convocado para darme noticias de la asociación y enseñarme, con categoría de primicia mundial, unas fotos inéditas en las que aparecía Gerda Taro poco antes de morir y que habían descubierto en un archivo ruso los historiadores miembros de la asociación David Iñíguez y David Gesalí, expertos en la aviación militar de la Guerra Civil.

Yo cuando los de ADAR me convocan siempre voy. No solo porque explican cosas interesantes y me tienen un raro aprecio pese a que mi abuelo, aviador de la Armada, muy monárquico, difícilmente hubiera volado para la República en la Guerra Civil, incluso aunque no hubiera muerto de un disparo antes, y ni digamos mi tío abuelo, alférez en la División Azul y que fue piloto personal de Muñoz Grandes en Rusia. Lo hago, ir a Adar, porque me parece de recibo prestar atención a todo lo que hacen en aras de preservar el recuerdo y el legado de aquellos viejos aviadores en unos tiempos en que la desmemoria y el olvido están a la orden del día.

Nada más entrar en el local social y centro de historia aeronáutica, cuya abigarrada decoración no desentonaría en el barracón de los miembros de una escuadrilla de Katiuskas, me topé con un nuevo maniquí vestido con un traje de aviador de gran altitud soviético VKK-6 con sistema anti-G, pensado para pilotos de Mig-23 y Mig-25 y que parece haber pertenecido a Konstantin Mikhailovich Kabanov, que voló un IL-2 en la Segunda Guerra Mundial, destruyendo 11 tanques y un tren y luego fue piloto de pruebas en los años 50 hasta los 70. Estaba pensando en cómo me vería yo enfundado en ese traje —si conseguía meterme dentro, es muy angosto— cuando Antonio Valldeperes, presidente del ADAR catalano-balear, me empezó ya a dar noticias, secundado en plan patrulla aérea por Manel Pinar. La más importante, la de que el día 31 se celebra el 50º aniversario de la asociación (como El PAÍS, el Lliure y el Grec), con un almuerzo de miembros y amigos —“¿tú quieres carne o pescado?”—, incluida la nieta de Negrín, Carmen, en el mismo lugar en que se hizo en mayo de 1976 la primera reunión pública fuera de la clandestinidad de ADAR, entonces con veteranos de la guerra de los que ya no queda ni uno, el hotel El Castell de San Boi de Llobregat (me guardé para mis adentros que durante un tiempo el antiguo castillo fue residencia de mi familia, lo que no suena muy republicano).

Me explicó también Valldeperes que estuvo en el local de ADAR un buen amigo, Rafael Madariaga, ex piloto del difícil caza Lockheed F-104 Starfighter y al que le entregaron un diploma y unas alas de plata (¡falti!) por su labor de historiador de la aviación. Me enseñó Valldeperes las fotos del sentido homenaje el 17 de abril en el antiguo aeródromo musealizado de los Monjos a la Patrulla Campesina (“¡nervio y corazón!, honor y gloria!”), el trío de pilotos de caza terror de los Chirris italianos que formaban Esteban Corbalán, José Santander y Rafael Belda, que pasó de ser arriero a llevar un Chato y se mató en una colisión aérea. Y me recordó (“cuando quieras vamos”) que sigue hasta el 8 de junio en los locales del CAC (Centro Aeronáutico de Cataluña) en el Aeropuerto de Barcelona la exposición de 30 cuadros de tema aéreo del fondo del que fue presidente de ADAR y mecánico de la Gloriosa Antonio Vilella Vallès, la mayoría pintados por Pere Casademont a requerimiento de Vilella. En las pinturas, se reproducen sobre todo episodios de la aviación republicana y destacan imágenes como la de los dos Mosca sobrevolando Montserrat.

Los dos David llegaron más tarde con Gerda Taro, mientras Valldeperes y Pinar me estaban pidiendo que hiciera de jurado del concurso de relatos sobre aviación convocado por ADAR y que les han llegado hasta en ruso. Los retratos de la que fue la primera fotorreportera muerta en el frente las localizaron en un archivo en Moscú, el estatal militar de la federación rusa (RGVA), en el fondo del general Walter, y pensaban exhibirlas, junto a todo un conjunto de fotos aparentemente hechas por ella en sus últimos días y que muestran su itinerario por el frente (Villanueva de la Cañada, El Escorial, Brunete), en una exposición que al final no se hizo. A Valldeperes le parece muy significativo sacarlas a la luz ahora, con el aniversario, para mostrar otra de las líneas de actividad de ADAR, la investigación histórica. “Era un fondo que no tenían documentado en Moscú”, apuntó Gesalí. Y ahí estaban los dos retratos de Taro. Los proyectaron en la pantalla de la sede.

Me quedé sin palabras, impactado y conmovido. SE la veía llena de vida: la pequeña rubia o el pequeño zorro rojo, como la llamaban, sin malicia, por su vitalidad y su astucia al fotografiar. Con el pelo corto, como un garçon manqué que dicen los franceses. Tan distinta a la exuberante Lee Miller pero tan bonita... En una de las fotos aparece sola, esplendorosa (tenía 26 años) y sonriente, sentada en la hierba, y en la otra, en una estampa también bucólica, en un picnic con un oficial republicano tan joven como ella. Me contagió su sonrisa y su joie de vivre, pese a todo lo que yo sabía que le iba a pasar. Aparecía contenta, obviamente ajena a la circunstancia de que pronto la arrollaría el tanque de Aníbal González y la trasladarían agonizando, con las tripas fuera, sufriendo lo indecible, a un hospital de campaña donde moriría en la madrugada del día siguiente, el 26 de julio de 1937. Existe una foto controvertida que al parecer es ella: la muestra moribunda, sangrando por la nariz y la boca, atendida por un médico polaco en un camastro. Contrasta dramáticamente con otra foto de los tiempos bohemios en París en la que se la ve dormida plácidamente en pijama y que era de las preferidas de Robert Capa.

Gerda Taro, que eligió el nombre por su sonoridad a lo Greta Garbo, se llamaba de verdad Gerta Pohorylle y había nacido en Stuttgart (Alemania) en el seno de una familia de judíos burgueses originarios de Polonia. En París a donde escapó en 1933 al perseguirla los nazis por su credo izquierdista y antifascista manifestado siempre con coraje, conoció a Robert Capa, en realidad el judío húngaro Endre Ernö Friedman (de hecho el nombre Robert Capa, que se quedaría e inmortalizaría él, lo inventó ella como el de un ficticio fotógrafo estadounidense para vender mejor el trabajo de ambos). Juntos, como pareja profesional y amantes —la muerte de Gerda, tres años mayor, devastaría a Capa—, marcharon a España para cubrir la Guerra Civil, a menudo en confuso formato trío (laboral) con el judío polaco David Szymine (Chim). Con el tiempo se ha sabido que fotos de la guerra firmadas por Capa eran de Taro. Ella decidió audazmente quedarse en el frente durante la caótica retirada republicana de Brunete, pese a que era una situación de enorme peligro.

Los Davids continuaban pasando fotos de los legajos rusos mientras la maqueta de un Chato suspendida del techo parecía realizar una pasada de ametrallamiento. “Blindados de Líster”, “cráter abierto por bomba de aviación en Brunete”, “visita del general Walter al frente”, “prisioneros”, “línea de la 11ª Brigada”, “grupo móvil de la sanidad militar”, la 32ª Brigada a la hora del aseo”. Los historiadores sugieren que pueden ser fotos que hizo Taro antes de morir, de los carretes que quizá quedaron en el coche, que puede que fuera el del citado general Walter. “La composición muestra que son de alguien que sabía de fotografía”. Pero yo solo tenía en la cabeza los dos maravillosos retratos de Gerda Taro, y mira que de repente, salidos no sé dónde, en la mesa de la sede de ADAR alguien había puesto, envueltos en plástico, los zapatos del general Osipenko.

Me marché de ADAR con la alegre Gerda Taro campestre de las dos fotos en la cabeza, pensando absurdamente en cómo mantenerla así, a salvo de la guerra, lejos del tanque de González. Identificaron su cadáver Rafael Alberti y María Teresa León, que la conocían bien, lo que evitó que fuera a parar a una fosa común y condujo a que finalmente repose en el cementerio de Père-Lachaise en París. Pero yo quiero creer que ha encontrado un nuevo hogar en ADAR y que se siente muy feliz entre la multitud de jóvenes pilotos en blanco y negro que cubren las paredes de la sede de la asociación, y que parecen sonreír a la pequeña y valiente fotógrafa, posando eternamente para su cámara. Camaradas del aire, cuidad de ella.

El Ayuntamiento de Cella (PP) rechaza ceder un nicho para cadáveres exhumados de una fosa común de 1936

 https://www.heraldo.es/noticias/aragon/teruel/2026/03/06/el-ayuntamiento-de-cella-rechaza-ceder-un-nicho-para-6-cadaveres-exhumados-de-una-fosa-comun-de-1936-1899916.html

La Asociación Pozos de Caudé localizó los cuerpos de 13 vecinas del pueblo ejecutadas en la Guerra Civil en un enterramiento colectivo de Albarracín.

NOTICIA
06 mar 2026 - 17:13
Trabajos de exhumación de la fosa en la que aparecieron los cuerpos de las vecinas de Cella.
Trabajos de exhumación de la fosa en la que aparecieron los cuerpos de las vecinas de Cella.Heraldo.es
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El Ayuntamiento de Cella, gobernado por el PP, rechaza ceder un nicho para el enterramiento conjunto de los cadáveres de seis vecinas de la localidad que fueron ejecutadas en 1936 por el ejército sublevado en la Guerra Civil y cuyos restos, con los de otras siete mueres del mismo pueblo, han sido exhumados, parcialmente, en una fosa común del cementerio de Albarracín.


Vicentet, Pura de Barxeta, Juan el rector: las víctimas del franquismo que el Gobierno ha declarado inocentes

https://www.levante-emv.com/comunitat-valenciana/2026/05/14/vicente-pura-juan-nombres-gobierno-franquismo-fusilados-reparacion-carta-130159100.html 


El Gobierno deja sin validez las sentencias contra 168 valencianos condenados por la dictadura al considerar 'ilegales' los consejos de guerra

"Cuando supo que lo iban a matar, le pidió a su hermana el traje 'de mudar' y un abrigo. Como los pantalones eran buenos, alguien del pelotón se los llevó una vez muerto", cuenta el sobrino del alaquasero Vicent Martí

Vicent Martí, de 26 años y de Alaquàs, fue fusilado en Paterna y lanzado a una fosa.

Vicent Martí, de 26 años y de Alaquàs, fue fusilado en Paterna y lanzado a una fosa. / L-EMV

Isabel Olmos

Isabel Olmos

València

"Se declara ilegal e ilegítimo el tribunal que juzgó a Don Vicent Martí Ruiz, así como los jurados y cualesquiera otros órganos penales o administrativos que, a partir del Golpe de Estado de 1936, se hubieran constituido para imponerle, por motivos políticos, ideológicos, de conciencia o creencia religiosa, condenas o sanciones de carácter personal, así como la ilegitimidad y nulidad de sus resoluciones. Se declara igualmente ilegítima y nula la condena, sanción o resolución, dictada contra él tanto judicial, como administrativa, producidas por razones políticas, ideológicas, de conciencia o creencia religiosa durante la Guerra de España o durante la dictadura posterior'.

A principios de mayo, la familia de Vicent, un joven de Alaquàs que fue ejecutado con tan solo 26 años, recibió una carta firmada por el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres. Se trataba de la conocida Declaración de Reconocimiento y Reparación Personal del Gobierno de España mediante la cual se borra cualquier atisbo de culpabilidad en la sentencia que le condenó a muerte el 22 de agosto del 39. De acuerdo con el artículo 3.1 de la Ley 20/2022 de Memoria Democrática, Vicent, fusilado en Paterna y arrojado a una fosa común, "tiene derecho al reconocimiento y a obtener la reparación moral y la recuperación de su memoria personal, familiar y colectiva, al estimarse que su circunstancia le hace ser considerado como “víctima"'.

Este joven alaquasero, conocido como 'Vicentet de ca la Mil' fue secretario de Juventudes Socialistas, presidente de la Sección de Oficios Varios de la UGT y sargento del Arma de Aviación del Ejército Republicano. El 22 de abril de 1939 ingresó en la prisión de la Torre de Torrent y el 9 de mayo fue trasladado a la Cárcel Celular de València acusado de adhesión a la rebelión militar. Por ello, se le hizo un consejo de guerra el 22 de agosto en València, presidido por el teniente coronel Manuel Batlle e integrado por los capitanes Andrés, Álvaro Cortés, Ramón Farré y en el que Vicent no tuvo defensa, tras el cual fue condenado a muerte. Tres meses y medio después, el 9 de diciembre fue fusilado y el 8 de enero de 1942, dos años después, el juez instructor provincial número 1 de Responsabilidades Políticas de 'Valencia del Cid' (sic) anunciaba la instrucción de un expediente contra él.

'Recibió avales, pero no fue suficiente'

"Le acusaron, sin ningún tipo de prueba, por una supuesta implicación en la muerte de un cura. Algo que nunca nadie puedo demostrar porque fue gente de fuera del pueblo. Y como no pudieron demostrarlo le encasquetaron adhesión a la rebelión y pena de muerte", explica su sobrino Benjamín Ruiz Martí. "Él había estado destinado durante la guerra a Barcelona y Alicante. De hecho, tras la condena recibe numerosos avales de gente derechas a quienes él había ayudado antes, hasta de gente de Falange". El tiempo de prisión fue una pesadilla para la familia ya que, además del hijo, el régimen franquista había detenido también a la madre, María, que pasó seis meses en la cárcel por ser la madre de Vicent. "La hermana mayor es la que iba a la prisión a llevarle cosas. Como mi tío se barruntaba de que lo iban a fusilar pidió que le llevara un abrigo y ropa 'de mudar'. Un día, cuando mi tía fue a llevarle comida le dijeron que ya no estaba ahí, que se lo habían llevado el día anterior a fusilar. Con toda la familia consternada fueron a Paterna y ahí Leoncio Badia, el enterrador, cuando ellos le dijeron como era, lo del traje y el abrigo, les respondió que sabia quien era, que estaba ya en la fosa pero que solo llevaba el abrigo lleno de agujeros cuando se lo llevaron, porque el pantalón alguien del pelotón se lo había quitado".

Última carta de Vicent 'de ca la mil' a su familia, un día antes de ser fusilado.

Última carta de Vicent 'de ca la mil' a su familia, un día antes de ser fusilado. / Familia Martí Ruiz

Como la familia de Vicent, que siempre tuvo un retrato suyo en casa, pero del que se habló poco "para protegernos a todos", otros 168 valencianos o personas vinculadas a la C. Valenciana han recibido la Carta de Reparación desde 2021, pocos si se tiene en cuenta que la represión franquista llegó a más de 8.000 familias. La Declaración de Reconocimiento y Reparación Personal se puede solicitar a través de la Sede Electrónica del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática. Este documento oficial reconoce el derecho a la reparación moral de las víctimas de la Guerra Civil y la Dictadura hasta 1978, pudiendo solicitarlo la propia víctima o sus familiares. Y también lo puede hacer, de oficio, el propio Gobierno, como ya ha hecho en varias ocasiones, la úlima en junio de 2024. La Universitat de València también hizo lo propio en 2025 reparando a numerosas personas vinculadas a la institución que habían sido represaliadas, desde porteros y secretarios a decanos y rectores.

Algunas de las familias que han recibido esta reparación han sido, entre otros, las de:

  • Juan Bautista Peset Aleixandre. Rector de la Universitat de València. Diputado de Izquierda Republicana. Condenado a muerte por consejo de guerra y fusilado en Paterna el 24 de mayo de 1941.
  • Vicente Miguel Carceller. El editor y periodista de la revista satírica la 'Traca'. Asesinado en Paterna el 28 de junio de 1940. También sufrió sanción económica del Tribunal de Responsabilidades Políticas
  • Eduardo Ramos Tormo. De Albaida. Afiliado CNT-FAI, fusilado en Paterna el 14 de junio de 1940.
  • Julio Chornet López. Médico y concejal socialista en València; condenado a prisión. Libertad condicional en 1945. Falleció en València en 1946.
  • José Usach Latorre. Presidente del Comité y del Consejo Municipal de València. Condenado a cadena perpetua y sanción económica.
  • Purificación Ballester Gómez. Afiliada a UGT. Natural de Barxeta. Condenada a 30 años de prisión. Pena rebajada posteriormente a 20 años.
  • Vicente Ventura Fortea. De Borriana. Marido de Purificación Ballester. Capitán de milicias CNT, ejecutado a garrote vil en Burgos en 1938.
  • Julio Giménez Jordán. Abogado y periodista. Redactor jefe de El Pueblo. Presidente de la Asociación de la Prensa Valenciana. Murió el 4 de abril de 1939 antes de ser detenido. Su familia fue desahuciada y desterrada a l'Olleria.
  • Pablo Lacruz Muñoz. Natural de Chera. Miembro del Partido Socialista. Fusilado en Paterna el 9 de noviembre de 1939
  • Francisco Martínez Peris. Afiliado a CNT y natural de Benimàmet. Fusilado en Paterna el 25 de noviembre de 1939
  • José Silvestre Ferrero. Condenado a muerte por adhesión a la rebelión. Fusilado en Paterna el 25 de noviembre de 1939. De Bocairent.
  • Jesús Mata López. Natural de Utiel. Condenado a 30 años de prisión. Libertad definitiva en 1951
  • Vicente Murgui Muñoz. Afiliado al PSOE y CNT. Delegado de Abastos y consejero municipal. Condenado a 12 años y 1 día de prisión
  • Carlos Gómez Cabrera, dibujante de "La Traca".
  • Consuelo Galvis Perucho (dos de sus tres hijos fueron fusilados mientras estaba encarcelada).
  • Juan Álvarez Madrid, jornalero afiliado a la CNT.
  • Juan Manuel Contreras García, concejal de Godella.
  • Ramón Darijo Castillo, trabajador afiliado a la CNT.
  • José Celda Beneyto, labrador.
  • Gonzalo Tejero Langarita, policía municipal de Valencia.
  • Pascual Blasco Marco, fundador de la UGT en su pueblo.
  • Doroteo Coronado Serrano, familiar del guerrillero Basiliso Serrano.
  • Dámaso Cabanillas Roso, ferroviario.
Acto del ministro de Memoria Democrática con varias familias de represaliados en 2024.

Acto del ministro de Memoria Democrática con varias familias de represaliados en 2024. / L-EMV

También aparecen numerosos docentes y trabajadores represaliados de la Universitat de València como:

  • Adolfo Miaja de la Muela — catedrático de Derecho Internacional Público y Privado
  • Mariano Gómez González — catedrático de la Facultad de Derecho
  • José Puche Álvarez — rector y catedrático de Fisiología
  • Ramón Velasco Pajares — rector y profesor de Geografía Política y Descriptiva
  • Luis Gonzalvo París — vicerrector y catedrático de Arqueología, Numismática y Epigrafía
  • Francisco Sierra Jiménez — catedrático de Química Orgánica
  • José María Ots Capdequí — decano y catedrático de Historia del Derecho Español
  • Luis Urtubey Rebollo — catedrático de Histología, Técnica Micrográfica y Anatomía Patológica
  • José Deleito Piñuela — catedrático de Historia Universal Antigua y Media
  • Roberto Araujo García — catedrático de Análisis Matemático
  • Salvador Velayos Hermida — catedrático de Física Teórica y Experimental
  • Niceto Alcalá-Zamora y Castillo — catedrático de Derecho Procesal
  • Manuel Beltrán Báguena — catedrático de Patología Genera