Sadí de Buen impulsó un plan pionero que evitó miles de contagios en España con un pequeño pez traído de Estados Unidos.

Madrid-
Sadí de Buen Lozano fue un eminente parasitólogo que estuvo a punto de erradicar la malaria o el paludismo en España, pero su gesta se vio truncada el 3 de septiembre de 1936, cuando fue fusilado por las tropas franquistas en Córdoba. Poco se ha hablado de él, de su padre —Odón de Buen y del Cos, fundador del Instituto Español de Oceanografía— y de su familia, una saga de librepensadores, masones y republicanos que cayeron en el olvido durante la dictadura.
Nacido en Barcelona en 1893, Sadí de Buen estudió Medicina en la Universidad Central de Madrid, donde fue alumno del catedrático italiano Gustavo Pittaluga, impulsor de la parasitología moderna en España. Hace un siglo, la morbilidad palúdica se situaba entre 500.000 y 800.000 personas, mientras que la mortalidad alcanzaba las 5.000. Extremadura era una de las zonas más afectadas, hasta el punto de que 180 de los 200 municipios de Cáceres eran palúdicos. Para tratar de combatir la malaria, se instaló allí en 1921.
En Talayuela investigó los mosquitos anofeles, que se reproducían en aguas estancadas y transmitían el paludismo. Para evitar los contagios, hasta entonces se habían utilizado métodos como el drenaje de los terrenos pantanosos, el petróleo, los insecticidas o las mosquiteras, pero se demostraron ineficaces. Consciente de que en Estados Unidos no había malaria en las zonas húmedas donde habitaba un pez llamado gambusia, se propuso criarlos en nuestro país.
En Italia ya lo habían intentado, infructuosamente. Sin embargo, Sadí de Buen logró traer unos 200 ejemplares de Carolina del Norte, que llegaron al puerto de Cádiz y, tras pasar por la bañera de su madre, fueron a parar al Instituto Español de Oceanografía. Pocas gambusias sobrevivieron al período de aclimatación, aunque una docena fue liberada en la Fuente del Roble, una charca de Talayuela donde pronto se multiplicaron. De allí pasaron a otros estanques del lugar y, con el tiempo, comenzaron a ser distribuidas por todo el país. La importancia de aquellos pececillos residía en su dieta: larvas de mosquitos anófeles.
El pez mosquito que cambió la lucha contra la malaria
"Fue el primer parasitólogo del mundo que se planteó no controlar la enfermedad del paludismo, sino erradicarla. De hecho, estuvo a punto de lograrlo en España, donde su tarea se fue extendiendo por todo el territorio nacional. Después, siguiendo su método, fue replicada en muchas otras partes del mundo. Aquí pudo acabar con la malaria, pero le faltaron unos meses para conseguirlo porque fue fusilado por el franquismo", explica Manuel García, coautor junto a Pepa Corbacho del libro Sadí de Buen: el Lorca de la ciencia (Brócoli).
Tras fundar 32 dispensarios para tratar la malaria, en 1924 crea el Instituto Antipalúdico de Navalmoral de la Mata. Además de eliminar las larvas gracias a la voracidad de las gambusias, conocidas en Estados Unidos como pez mosquito, el parasitólogo se propone "controlar la enfermedad in situ". Así, en 1935 ya se han multiplicado por diez los dispensarios antipalúdicos, coordinados por 44 médicos especializados, atendidos por 285 médicos de atención primaria y dotados de consultorios y laboratorios, donde trabajaban enfermeros, practicantes, técnicos de laboratorio y demás sanitarios.
El audaz proyecto de Sadí de Buen no solo cuenta con el respaldo de la Fundación Rockefeller y la Cruz Roja Internacional, sino que atrae la atención de la Sociedad de Naciones, que se llevó unas cuantas gambusias de Talayuela, así como del fabricante de coches Henry Ford o de la Casa Real, que las reclamó para los estanques de la Real Casa de Campo y el Real Sitio de Aranjuez. Con la Segunda República, en 1931 es designado inspector general de Instituciones Sanitarias.
El franquismo truncó la lucha contra la malaria
Madrid es elegida como sede del III Congreso Internacional de Paludismo de 1938. Tres años antes, la morbilidad palúdica había descendido a 29.000 personas y la mortalidad, a solo 140. Las gambusias de Sadí de Buen —o sus descendientes, todas salidas de una charca cacereña— son introducidas en Italia, Alemania, Francia, Grecia, Portugal y un largo etcétera de países entre los que se cuentan Egipto, Rusia o Libia. El parasitólogo se ha ganado el reconocimiento de la comunidad científica internacional.
"Algunos expertos sostienen que posiblemente sea la persona que más vidas salvó en el siglo XX y que habría sido merecedor del Premio Nobel de Medicina", afirma Manuel García. "Sin embargo, el franquismo echó por tierra un proyecto muy ambicioso que habría supuesto un hito científico en España. Además, con la llegada de la dictadura, la Fundación Rockefeller, que le había permitido mejorar su formación en el extranjero, suspendió su ayuda para evitar suspicacias de los sublevados y dejó de apoyar a los científicos acusados de no ser adictos al régimen".
La guerra civil y el franquismo desmantelaron la estructura antipalúdica: los tres institutos donde se enseñaba parasitología, dirigidos por Sadí de Buen y Gustavo Pittaluga; la extensa red de dispensarios por todo el país; las investigaciones y los fondos de la biblioteca de Navalmoral, que fueron destruidos; y, claro, los propios científicos, que se exiliaron o fueron asesinados. Resultado: la mortalidad del paludismo aumentó a más de 2.000 personas en 1937 y la morbilidad, a 412.000 en 1939. "Acabada la guerra, España sufría una grave epidemia de paludismo que se convirtió en el primer motivo de muerte por causas naturales", escribe Pepa Corbacho en el libro.
Sadí de Buen había comenzado a militar en el PSOE en Navalmoral de la Mata y luego en la UGT y en la Agrupación Socialista de Madrid. El 22 de julio de 1936, durante una visita oficial en Córdoba, es detenido por Luis Zurdo Martín, un comandante de la Guardia Civil "tristemente conocido por arrestar a mucha gente del mundo de la cultura, la intelectualidad y la farándula", según Manuel García. Lo fusilaron a comienzos de septiembre de 1936 en la tapia del cementerio de San Rafael: por progresista, por sindicalista y por ocupar un cargo gubernamental.
"Lo acusaron de ejercer de enlace entre las milicias marxistas, un hecho que no se ha demostrado nunca. Era una figura, como su familia, de tradición librepensadora, anticlerical y con un pensamiento muy moderno para la época. Además, como hacía en su trabajo, trasladó su progresismo a la realidad", añade el autor de la biografía. Es decir, Sadí de Buen se propuso luchar contra la malaria "no sólo a través de la investigación básica, sino a través de la acción práctica". Y su plan para hacer frente al paludismo "parte de una concepción de la salud pública que después fue utilizada por la Segunda República".
Manuel García describe su proyecto como "uno de los más fascinantes de la historia de la sanidad del siglo XX en Europa" y recuerda que en Navalmoral de la Mata recalaron científicos de todo el continente para formarse en epidemiología y en parasitología. "Es una realidad que ha sido ignorada durante mucho tiempo porque, después de la ejecución de Sadí de Buen, no solo se echó por tierra todo su trabajo, sino que se le condenó al olvido".
Un ambicioso plan para erradicar la malaria en España
"La odisea de la gambusia fue tremenda y consiguió que llegase a buen fin gracias a su empeño, seriedad y constancia, porque él fue el único que pudo demostrar que el pez mosquito era una herramienta útil contra la malaria", añade el escritor, consciente del impacto ecológico de esta peligrosa especie invasora cuya presencia afectó a una treintena de tipos de peces, como ya había advertido su hermano, el ictiólogo Fernando de Buen.
Manuel García quiere recordar una anécdota que dice mucho del científico. Cuando se enteró de que iba a ser fusilado, sin que mediase juicio alguno, entregó al responsable de la cárcel su dinero para que pagara los gastos del hotel en el que se había alojado antes de ser detenido en Córdoba. Como había escrito su padre en su testamento: "Nuestra religión se cifraba en una gran rectitud de conciencia, en el culto del bien, de la familia, de la ciencia, de la libertad, de la justicia y del trabajo".
Como recogen los Anales de la Real Academia de Medicina, Carlos Zurita, testigo del fusilamiento y entonces estudiante de Medicina que ayudaba a los forenses, recordó así las circunstancias de su muerte:
En aquella noche lóbrega, el doctor Sadí de Buen se había destacado por sus palabras de aliento y consuelo que les dirigía a los que les había tocado la misma suerte y acompañaban en aquel camión [...].
Antes de ejecutarse aquel acto, el padre Juan intentó confesar a los prisioneros; al llegar al doctor Sadí de Buen, sin encrespamiento alguno y con la máxima educación le agradeció el gesto, pero lo desvió "hacia estos hombres que quizá lo necesiten, puesto que yo nunca he tenido esas creencias o si las tuviera hubieran acabado ahora".
Aquello terminó por impresionar más a los del pelotón y efectivamente, cuando salió la orden de "fuego", al derrumbarse la masa, algunos todavía atados entre sí, en el silencio trágico que sucede a todos los actos sublimes nos quedamos aterrorizados como al ver que de aquella masa se levantaba un hombre con otro atado al lado y dirigiéndose al pelotón les dice serenamente: "Apuntadme con menos nervios y más directamente, porque no me habéis dado ni uno".
¿Por qué el título del libro? "Si con Lorca, junto a su vida, perdimos la continuación de una obra literaria soberbia, con el asesinato de Sadí de Buen y el desmantelamiento del programa antipalúdico en España el paludismo volvió a convertirse en una de las primeras causas de muerte en el país, con más de 2.000 muertos en 1937", escribe el historiador José María Lama en el prólogo de Sadí de Buen: el Lorca de la ciencia, donde se recuerda además que el III Congreso Internacional de Paludismo se celebró finalmente en Ámsterdam y que hasta 1964 la Organización Mundial de la Salud no concedió a nuestro país la certificación de la erradicación del paludismo.
Una referencia previa al poeta granadino corresponde al doctor José Estelles Salarich: "Sadí de Buen es para la Sanidad algo equivalente a lo que García Lorca fue para la literatura, y no es justo que todavía no se haya dedicado el homenaje que merece el recuerdo de tan ilustre investigador, tan prematura e injustamente sacrificado". Casado con Berta López de Heredia, el reputado parasitólogo tuvo cuatro hijos, que se criaron en el exilio mexicano, donde también se refugió su padre tras una breve estancia en Francia.
Odón de Buen había sido detenido y encarcelado en Palma, pero fue liberado tras ser canjeado por las dos hijas y la nuera de Miguel Primo de Rivera. Curiosamente, el fundador del Instituto Español de Oceanografía había dado clases particulares al dictador para preparar su ingreso en la Academia General Militar de Zaragoza. Por su parte, el catedrático Gustavo Pittaluga, profesor y luego estrecho colaborador de Sadí, huyó a Francia y luego se exilió en Cuba. Después de permanecer 88 años en el cementerio de San Rafael de Córdoba, en 2024 los restos de Sadí de Buen fueron depositados en el mausoleo familiar de Zuera (Zaragoza), donde nació y ahora también reposa su padre.


