dissabte, 22 d’agost del 2026

Ian Gibson, historiador: "No es solo Federico García Lorca. En España, hablamos de 115.000 fusilados por el franquismo que siguen en cunetas como perros, el segundo país con más fosas comunes después de Camboya"

 https://www.mundodeportivo.com/actualidad/20260822/1004218495/ian-gibson-historiador-no-federico-garcia-lorca-espana-hablamos-115-000-fusilados-franquismo-siguen-cunetas-perros-segundo-pais-mas-fosas-comunes-camboya-smd.html

El profesional cerraba su reflexión radiofónica con una crítica más amplia sobre la relación del país con su propia historia


  • Redacción

    Barcelona

El historiador Ian Gibson situaba recientemente en el centro del debate la memoria histórica y la localización de los restos de Federico García Lorca, durante una intervención en la Cadena SER. El investigador reclamaba avances para esclarecer el destino del poeta y, al mismo tiempo, ha ampliado su reflexión a las víctimas del franquismo.

"No es solo Federico García Lorca. En España, hablamos de 115.000 fusilados por el franquismo que siguen en cunetas como perros, el segundo país con más fosas comunes después de Camboya", apuntaba Gibson.

Francisco Franco y Carmen Polo, en una imagen de archivo
Francisco Franco y Carmen Polo, en una imagen de archivoGetty Images

El historiador subrayaba así que el caso del escritor granadino no puede entenderse de forma aislada, sino dentro de una cuestión todavía pendiente en España. El historiador consideraba que la búsqueda de los desaparecidos y la identificación de sus restos continúa siendo una obligación democrática que no debería aplazarse.

En relación con Lorca, el investigador también lanzaba una petición concreta a sus familiares para despejar dudas sobre el paradero del cuerpo del poeta: "Sería importante que la familia de Federico García Lorca declarase, ante notario, que ellos no han movido el cuerpo".

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Francisco Franco, en una imagen de archivoGetty Images

El historiador calificaba además de "vergonzoso" que una democracia avanzada no haya conseguido resolver esta cuestión después de tantos años y advirtió de que "no podemos dejar allí a todas esas personas". Gibson rechazaba también el argumento recurrente de que abordar las fosas y las víctimas supone volver sobre conflictos del pasado.

Frente a quienes defienden que es preferible "no reabrir heridas", el investigador respondía de manera tajante: "No se han cerrado". Para Gibson, la falta de respuestas mantiene abierto un problema histórico y humano que, a su juicio, continúa afectando a miles de familias que todavía desconocen dónde se encuentran sus familiares.

El historiador cerraba su reflexión con una crítica más amplia sobre la relación del país con su propia historia. Sus palabras insisten en la necesidad de afrontar el pasado desde las instituciones y ofrecer respuestas a quienes todavía las esperan: "España ha vivido durante siglos de espaldas a su propia realidad".

La Cruz de los Caídos de Cáceres, la construcción franquista con forma de cruz

https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/construccion-franquista-forma-cruz_129_2235306.html

Francisco Navarro López

La decisión de la Junta de Extremadura de iniciar el procedimiento para declarar Bien de Interés Cultural (BIC) la Cruz de los Caídos de Cáceres —cuatro meses después de que el Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática la incluyera en el Catálogo de símbolos contrarios a la memoria democrática y ordenara su retirada— plantea una cuestión que va mucho más allá de la conservación de un monumento. Obliga a preguntarnos qué ocurre cuando una administración pública decide proteger como patrimonio un elemento cuya propia historia lo vincula directamente con la cultura política y memorial del franquismo. El propio expediente lo reconoce: la cruz nació en plena guerra, con inscripciones de saludo a Franco, en un entorno urbano "preconcebido para ensalzar al régimen". Y acto seguido sostiene que su valoración debe entenderse "desvinculada de su sentido conmemorativo originario". Se pretende proteger la cruz a condición de amputarle su historia.

El debate suele presentarse en términos aparentemente sencillos: derribo o conservación; memoria democrática o patrimonio histórico; símbolo franquista o símbolo religioso. Pero esta simplificación oculta una cuestión fundamental. Para saber qué hacer con una Cruz de los Caídos no basta con observar cómo se presenta hoy. Es necesario conocer por qué, para qué y en qué contexto fue construida.

Y ahí reside el principal problema del caso cacereño.

La discusión parte con frecuencia de una confusión histórica: considerar que estamos ante una cruz religiosa a la que, durante el franquismo, se añadieron unas inscripciones, unos nombres o unos emblemas que podían retirarse sin afectar a la naturaleza esencial del monumento. La documentación histórica conservada conduce a una conclusión diferente. Las Cruces de los Caídos constituyeron una tipología monumental propia de la cultura política y memorial del franquismo. Aunque su forma cruciforme coincidiera con una iconografía religiosa tradicional, su incorporación a estos conjuntos no fue accidental ni secundaria: la cruz fue concebida como el elemento central sobre el que se articulaba la composición conmemorativa. Los expedientes de construcción conservados en el Archivo General de la Administración permiten comprobar que, en numerosos proyectos, la cruz aparecía como la idea rectora del monumento —"el tema central", "la idea eje de la composición", escriben los propios arquitectos— y no como un simple soporte destinado a albergar unas placas posteriormente separables. La forma del monumento y su función política formaban parte de un mismo lenguaje memorial.

La finalidad última no es borrar el pasado, sino impedir que la dictadura continúe determinando silenciosamente la jerarquía de las memorias presentes

La construcción franquista adoptaba deliberadamente una forma religiosa porque el nacionalcatolicismo había convertido la unión entre política y religión en uno de sus principales instrumentos de legitimación. La cruz permitía sacralizar la victoria de los vencedores, presentar la Guerra Civil como una empresa providencial y transformar la muerte de los combatientes del bando franquista en sacrificio, martirio y redención. Por eso resulta históricamente incorrecto invertir el proceso y afirmar que el franquismo se limitó a añadir política a una cruz religiosa previamente neutral. Ocurrió justamente lo contrario: el régimen construyó monumentos políticos cuya forma principal era una cruz.

Esta distinción es decisiva. Cuando, décadas después, se eliminan unas placas o unos emblemas, puede modificarse una parte visible del monumento; pero no desaparece la historia de su construcción. Si bastara con eliminar unas placas para transformar la naturaleza histórica de un monumento, cualquier construcción franquista podría desvincularse de su origen mediante una simple operación estética. Pero la historia no desaparece cuando se borra una inscripción ni se modifica por el mero hecho de sustituir unas placas por otras que incluyan a todas las víctimas, como se ha hecho en múltiples lugares. Eso no es resignificar, es blanquear: porque equipara bajo un mismo mármol a víctimas y verdugos.

Precisamente por ello, la naturalización de estos elementos no debe confundirse con su neutralidad. Que los cacereños hayan incorporado durante décadas la cruz a su paisaje cotidiano no significa que el objeto haya perdido su historia política, ni mucho menos la función por la que fue erigida: la de exaltar, legitimar, conmemorar al franquismo y humillar a los vencidos. Significa que esa historia ha dejado de ser visible o, sencillamente, conocida. El problema no es únicamente la supervivencia física del monumento, sino la pérdida progresiva de conocimiento sobre las circunstancias que explican su existencia: la ciudadanía termina viendo únicamente una cruz, y se olvida de que aquella cruz fue concebida como la pieza central de un programa político de memoria construido por una dictadura. Esa pérdida no convierte el monumento en inocente; simplemente hace más difícil comprenderlo. Y desactiva de paso el argumento estrella del Ayuntamiento —que la cruz es hoy "un sitio de reencuentro y concordia"—, porque esa percepción no es la refutación de su origen: es la prueba del éxito de la operación. El propio expediente ofrece, sin advertirlo, el contraargumento: recoge que en los años setenta se propuso trasladar la cruz porque los bloques de viviendas la habían dejado "rebasada" y la prensa del régimen le daba perdido su "bagaje emocional". El "hito urbano" que hoy se blinda era un estorbo para la Cáceres de 1970. Lo que ha cambiado desde entonces no es el monumento: es su utilidad política.

La declaración BIC debe analizarse desde esta perspectiva. Declarar Bien de Interés Cultural un elemento no supone únicamente reconocer sus características materiales: implica seleccionar aquello que una sociedad considera digno de protección, conservación y transmisión a las generaciones futuras. Por eso la cuestión no es si la cruz tiene valor histórico —lo tiene, como testimonio de una determinada política memorial—, sino qué se pretende proteger exactamente y bajo qué relato. No es lo mismo conservar un elemento para explicar críticamente cómo funcionó la cultura política de una dictadura que protegerlo como un objeto descontextualizado, separado de las razones que explican su construcción. El patrimonio no debería convertirse en una forma de amnesia. Y los detalles del expediente apuntan en esa dirección: la resolución estatal constató en abril que el monumento "no presenta ningún elemento artístico singular"; en julio y agosto la Junta encargó dos informes y sobre ellos incoó el BIC; y el bien incoado ni siquiera se denomina "Cruz de los Caídos", sino, literalmente, "la Cruz" de la plaza de América. Hasta el nombre ha tenido que maquillarse.

Existe aquí una contradicción difícil de ignorar. Si un monumento construido para la exaltación de una dictadura puede ser protegido jurídicamente después de eliminar algunos de sus elementos más explícitos, se abre una vía extraordinariamente eficaz para garantizar la supervivencia de la propia estructura monumental. La patrimonialización se convierte así en una nueva forma de pervivencia. No hace falta defender abiertamente el franquismo: basta con desplazar el debate desde la historia política hacia la estética, la antigüedad o la forma religiosa. Es exactamente lo que ensaya la derecha española, en Cáceres y en la campaña de mociones BIC que promueve por todo el país: no defiende que la cruz se quede; defiende que no se explique. Lleva medio siglo administrando el capital político de la naturalización —primero blanqueó las placas, luego naturalizó los monumentos— y ahora pretende blindar jurídicamente el resultado. Pero una democracia no debería construir su relación con el pasado sobre la ocultación de la historia de los objetos.

¿Qué hacer, entonces? La cuestión no es patrimonio o memoria, sino qué tipo de política patrimonial y memorial se adopta. Una política de tratamiento será tanto más eficaz cuanto mayor sea su capacidad para explicar el origen del elemento, modificar la jerarquía simbólica heredada, reconocer a quienes fueron excluidos de la conmemoración y proporcionar instrumentos para interpretar críticamente el pasado. Una Cruz de los Caídos puede conservarse como documento histórico, trasladarse a un espacio museístico, integrarse en un recorrido pedagógico sobre la dictadura. Pero allí donde el monumento conserva intacta su estructura de exaltación, donde no se prevé contextualización alguna y donde la protección se utiliza precisamente para impedir el cumplimiento de la ley, la retirada constituye la respuesta coherente: una medida de higiene democrática del espacio público. Es lo que ordena la resolución estatal, y lo que el expediente extremeño pretende bloquear. Retirar no es borrar la historia —la historia está en los archivos, en la prensa de 1937, en el propio expediente de la Junta—; es dejar de exhibirla como exaltación en el lugar que la dictadura eligió para ello.

Y aun así no basta. Si las generaciones posteriores desconocen por qué fueron construidos estos monumentos, qué función desempeñaron y a quiénes conmemoraban, la desaparición física del objeto no garantiza la desaparición de las interpretaciones que permitieron su naturalización. La retirada debe acompañarse de aquello que la naturalización destruyó: conocimiento. Contextualización, educación histórica, explicación pública de lo que ese monumento fue y de lo que todavía significa. La finalidad última no es borrar el pasado, sino impedir que la dictadura continúe determinando silenciosamente la jerarquía de las memorias presentes.

Porque retirar una inscripción puede modificar un monumento. Pero no puede modificar el pasado.

Y porque proteger la piedra mientras se oculta por qué fue levantada no es conservar la historia.

Es perderla.

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Francisco Navarro López es doctor en Patrimonio y Profesor de la UC3M y URJC.


Los valencianos que liberaron París de los nazis: decenas de personas homenajean a los combatientes de ‘La Nueve’ y a las víctimas del franquismo en Sueca

 https://www.levante-emv.com/comunitat-valenciana/2026/08/22/valencianos-liberaron-paris-sueca-homenajea-133565688.html

El cementerio municipal acoge un acto por el 82 aniversario de la liberación de la capital francesa, con un recuerdo especial a Amado Granell y a otros represaliados valencianos


Sueca rinde homenaje a La Nueve

Sueca rinde homenaje a La Nueve / Redacción Levante-EMV

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Marta Rojo

Marta Rojo

Sueca

Sueca se ha convertido este sábado en un lugar de recuerdo y homenaje. También de orgullo. Asociaciones memorialistas han rendido homenaje este sábado a los valencianos que participaron en la liberación de París de manos del ejército nazi, coincidiendo con el 82 aniversario de ese momento histórico. El acto, celebrado en el cementerio municipal, ha tenido un recuerdo para La Nueve, la compañía formada mayoritariamente por republicanos españoles que entró en la capital francesa en agosto de 1944. Para Amado Granell Mesado, uno de los integrantes más conocidos de la compañía y enterrado en Sueca, pero también para los otros 21 soldados valencianos, víctimas y supervivientes.

En concreto, el homenaje ha servido también para recordar a los 22 soldados valencianos de ‘La Nueve’, además de otras figuras vinculadas a la lucha antifascista y a la represión franquista, como Virtudes Cuevas Escrivà, distinguida con la Legión de Honor francesa, o Joaquín Tarín Martínez, superviviente del campo de concentración de Mauthausen. La convocatoria incluía asimismo un recuerdo para los 54 asesinados de la fosa común del cementerio de Sueca y para el conjunto de víctimas del franquismo enterradas en el camposanto.

Recorrido por nichos y fosas

Ha sido un acto con una gran carga simbólica que ha empezado con una marcha desde la entrada del cementerio hasta la explanada de la Mare de Déu de Sales. Allí, el grupo Va de Cant ha interpretado el Himno de Riego. Aunque ha habido autoridades, como una representación del Ayuntamiento de Sueca, finalmente, la vicepresidenta de la Diputación de Valencia y diputada de Memoria Democrática, Natalia Enguix, cuya participación estaba inicialmente prevista, no ha podido asistir.

Acto en Sueca en homenaje a La Nueve y Amado Granell

Acto en Sueca en homenaje a La Nueve y Amado Granell / Redacción Levante-EMV

De ahí, se ha iniciado un recorrido por el camposanto, entre otros lugares, por los nichos de Virtudes Cuevas y Alberto Codina, Manuel Sieres, Antonio Francés, Amado Granell, Eduardo Ribera, Joaquín Tarín y Albert Redondo, además de la fosa común en la que se recuerda a 54 personas asesinadas y del nicho de Joan Fuster. En cada parada, agradecimientos y recuerdos de familiares, investigadores o representantes de las asociaciones participantes.

El homenaje ha sido organizado por la Coordinadora d’Associacions per la Memòria Democràtica del País Valencià (CAMDE-PV), la Associació per la Recuperació de la Memòria Històrica de la Ribera Baixa y otras entidades memorialistas, con la colaboración del Ayuntamiento de Sueca y la participación del área de Memoria Democrática de la Diputación de Valencia.

El recuerdo de Granell vuelve así a conectar Sueca con uno de los capítulos más simbólicos de la participación de los republicanos españoles en la Segunda Guerra Mundial: la entrada en París de los hombres de La Nueve, muchos de ellos exiliados después de la Guerra Civil, que combatieron contra la ocupación nazi y participaron en la liberación de la ciudad.

La Memoria Histórica de Extremadura exige que se retire la “Cruz de los caídos” de Cáceres

https://www.elsaltodiario.com/ley-memoria-historica/memoria-historica-extremadura-exige-se-cumpla-ley-se-retire-cruz-caidos-caceres

Las asociaciones memorialistas inician una campaña de recogida de firmas con el fin de denunciar la treta del Gobierno de Extremadura para proteger y ensalzar un monumento franquista.
21 ago 2026 07:01 | Actualizado: 21 ago 2026 11:53

Con agosticidad y alevosía. Así califican miembros de las asociaciones memorialistas de Extremadura el anuncio por parte de la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte de la Junta de Extremadura el inicio de expediente para declarar Bien de Interés Cultural la “Cruz de los caídos” de Cáceres, mediante la publicación en el DOE, el pasado martes 18 de agosto, de la resolución firmada por el titular de esta consejería, Laureano León Rodríguez, una maniobra, a juicio de estas asociaciones, para eludir el cumplimiento de la Ley 20/2022 de Memoria Democrática y perpetuar símbolos franquistas en el espacio urbano de Cáceres, en sintonía con una agenda marcada al Gobierno extremeño por organizaciones adscritas a la ultraderecha, como Hazte Oír y el partido político Vox.

En respuesta a este anuncio, que pretende utilizar la figura jurídica del Bien de Interés Cultural con fines ideológicos y partidistas, varias decenas de asociaciones memorialistas extremeñas iniciaron el pasado jueves 20 de agosto una recogida de firmas en la plataforma Change.org, bajo el lema “Firma por la retirada de la Cruz de los caídos de Cáceres. ¡Cumplimiento de la Ley ya!”, que solo en 12 horas llevaba ya recogidas más de 1000 firmas, dirigidas a la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte de la Junta de Extremadura y al Ayuntamiento de Cáceres.

Según comunicado de prensa emitido por las asociaciones, la acción del Gobierno extremeño intenta bloquear la resolución del Gobierno de España que ya ordenó la eliminación de la Cruz e inclusión en el Catálogo de símbolos contrarios a la memoria democrática. Del mismo modo, ya figuraba dentro del Catálogo de vestigios franquistas de la Diputación de Cáceres desde 2018. Además, existe un acuerdo de pleno del Ayuntamiento de Cáceres de fecha 16 de diciembre de 2004, aprobado por unanimidad, para la retirada de dicha cruz y su traslado al cementerio municipal.

Entre las peticiones de la campaña iniciada en change.org, están las de la anulación del expediente BIC, el cumplimiento de la Ley 20/2022 en su artículo 35, junto a la resolución de la Secretaría de Estado para proceder a la retirada de la Cruz y el ejercicio de la transparencia informativa, dado que la Consejería de Cultura no ha publicado de modo íntegro los informes técnicos en los que se fundamenta para la incoación de expediente, ni la procedencia o autoría de los mismos.

Las asociaciones, que se personarán en el proceso del expediente incoado, inician con esta recogida de firmas una campaña que incluye la presentación de alegaciones y la información a la ciudadanía de los métodos de la Junta de Extremadura para eludir el cumplimiento de la Ley.  

Las asociaciones extremeñas de Memoria Histórica de Extremadura ya han demostrado en anteriores ocasiones su fuerza y alto nivel de implantación en Extremadura, como durante el proceso de derogación de la anterior Ley de Memoria por parte del Gobierno extremeño y PP y la aprobación de la llamada Ley de Concordia, una ley recurrida por el Gobierno de España ante el Tribunal Constitucional, porque reduce la protección y los derechos fundamentales de las víctimas de la dictadura, cuya dignidad vulnera.

Miembros de estas asociaciones han transmitido su preocupación no solo por la acción del Gobierno de Extremadura en cuanto a la protección de símbolos franquistas, sino por el uso arbitrario que dicho Gobierno hace, en su propio interés ideológico, de las instituciones y figuras jurídicas, como es la de intentar de modo torticero declarar Bien de Interés Cultural una construcción que no tiene ni valor artístico ni patrimonial, y que fue edificada como símbolo de la represión franquista en Cáceres, donde fueron asesinadas, después de la toma de la ciudad más de 600 personas, muchas de ellas aún desaparecidas.