dimecres, 22 d’abril del 2026

El borrado de nombres en los papeles del franquismo del archivo del Ministerio del Interior: “Está frenando la investigación”

 https://www.eldiario.es/sociedad/borrado-nombres-papeles-franquismo-archivo-ministerio-interior-frenando-investigacion_1_13159430.html

Marta Borraz

21 de abril de 2026 21:41 h



Stella Maldonado sigue desde hace años cualquier pista que encuentra sobre su abuela, una de las miles de víctimas represaliadas por el franquismo. Como si de un puzzle se tratara, va intentando unir las piezas de aquí y de allá para intentar recomponer una historia silenciada cuyo rastro documental, como ocurre en todos los casos, está desperdigado por diferentes archivos. Uno de ellos es el Archivo General del Ministerio del Interior (AGMI), del que ha recibido el expediente penitenciario del paso por la cárcel de su abuela con muchos de los nombres propios y firmas del documento borrados.

No es un caso excepcional, sino la práctica habitual de un archivo que custodia miles de fondos sobre la represión franquista al que acuden regularmente investigadores y familiares de víctimas. Un grupo de ellos llevan unas semanas impulsando una petición al Gobierno para reclamar la “apertura” del archivo, sobre el que denuncian “censuras y malas prácticas” aplicadas sobre la documentación cuando intentan consultarla. A Stella, el expediente de su abuela le llegó más de un año después de hacer la solicitud oficial, algo que no le ha pasado en ninguno de los otros archivos a los que ha pedido información.

El expediente carcelario de su abuela, Matilde Sánchez Álvarez, que fue detenida en abril de 1939 en Madrid junto a otros familiares, detalla las entradas y salidas de la prisión de El Escorial en días puntuales, por ejemplo para asistir al Consejo de Guerra que la condenó por sus “ideas izquierdistas”. Cada una de las anotaciones aparece como un breve registro fechado y firmado por la autoridad correspondiente, pero son algunas de estas firmas (por ejemplo, la de “El oficial”), las que aparecen cubiertas con un borrón blanco, impidiendo su lectura. También el archivo ha ocultado las palabras que siguen a las expresiones “se une al expediente de”, en lo que parecen los nombres de otros represaliados.

Parte del expediente carcelario de Matilde Sánchez Álvarez recibido por su nieta.

“No tengo ningún interés en ir a conocer a los descendientes del oficial que firmó su entrada en la cárcel ni nada parecido, pero no es comprensible que hagan esto. Investigar la historia familiar es buscar una aguja en un pajar y esto dificulta tirar del hilo”, traslada Stella, cuya única finalidad es “conocer” la vida de su abuela, que falleció con 95 años sin apenas hablar sobre su historia. Es también el objetivo de José Lázaro, que está indagando en la represión sufrida por su abuelo y su tío abuelo. Ambos pasaron por la cárcel de Porlier, siendo el primero fusilado en la tapia del cementerio del Este y el segundo, depurado de su profesión como policía leal a la República.

José pidió al AGMI la documentación en junio de 2023 y la recibió casi dos años más tarde, en marzo de 2025, también con varios nombres borrados. En el caso del expediente de depuración de su tío abuelo, están ocultos otros policías represaliados y algunos afines al régimen, como los de los funcionarios del Cuerpo de Investigación y Vigilancia o el del Jefe del Negociado de Orden Público de Salamanca, del que asegura el documento que fue, junto a su grupo, el “único” que dio “sensación de trabajo” en 1936 frente a aquellos de “significación marxista comunista”. En el caso de su abuelo, el expediente carcelario ha suprimido la firma de “El director”, que autoriza su última salida de prisión el 24 de junio de 1939 para ser fusilado.

Es un modus operandi que también afecta a los historiadores, que denuncian “dificultades persistentes en el acceso” a los fondos y han iniciado una recogida de firmas para reclamar a Interior que les ponga fin. La situación con este archivo es conocida y comentada en círculos de investigadores desde hace tiempo y en las últimas semanas ha tomado fuerza tras ser hecha pública en una tribuna en este medio y en un reportaje de la Cadena Ser. Y es que la problemática trasciende la ocultación de nombres: se suma también que las solicitudes son atendidas “con grandes retrasos”, no se pueden hacer consultas presenciales y no se ponen a disposición de los investigadores los llamados instrumentos de consulta, que en la práctica son catálogos que permiten saber qué hay y qué se puede pedir en cada archivo.

“Todo ello obstaculiza y bloquea investigaciones y frena el conocimiento de víctimas y victimarios. La identificación de personas son muy importantes para avanzar en estudios históricos”, esgrime Mario Lozano, de la Universitat de Barcelona, que hace referencia a la importancia de los fondos del archivo, todos los relativos a algunos órganos importantes del aparato represivo de la dictadura. El investigador trabaja sobre política local durante el franquismo y sabe que la dirección general de política interior realizaba un seguimiento muy estrecho sobre sus alcaldes. Sin embargo desconoce qué documentación se conserva sobre esto porque “no deja acceder a los instrumentos de descripción”, denuncia. “Es un principio básico de transparencia y es necesario porque lo contrario es ir a ciegas”.

Una regulación “hiperrestrictiva”

A la recogida de firmas impulsada por los investigadores se ha adherido esta semana la Asociación de Historia Contemporánea, la más importante del sector, y el asunto ya ha llegado al Congreso a través de una proposición no de ley presentada por ERC que ha sido aprobada este martes en la Comisión de Interior con los votos en contra del PP y Vox. La iniciativa traslada algunas de las reclamaciones de los investigadores, entre ellas, que se transfiera la documentación histórica que posee el AGMI a los archivos históricos competentes “en cumplimiento de la normativa archivística vigente”.

Encabezado del documento de la Dirección General de Policía que el archivo envió a José Lozano sobre la depuración de su tío abuelo.

Según la propia instrucción del Ministerio que regula las normas de sus archivos, el AGMI no debería custodiar documentación que supere los 30 años de antigüedad, sino que esta debería estar en posesión de archivos históricos como el Archivo General de la Administración (AGA), situado en Alcalá de Henares. Archivos en los que no se aplican este tipo de restricciones, según apuntan varios investigadores. De hecho, tanto José Lozano como Stella tienen en su mano los sumarios que condenaron a sus respectivos abuelos, procedentes del Archivo General e Histórico de Defensa, con todos los nombres visibles.

Preguntado al respecto, Interior rechaza que tapar algunos nombres sea “censura”, sino que “se aplica con rigor y objetividad la normativa, que contempla restricciones de acceso en garantía de otros derechos e intereses legalmente protegidos”, apuntan fuentes del Ministerio haciendo referencia a varias legislaciones como la Ley del Patrimonio Histórico Español o su instrucción de 2006. Esta apunta a la “despersonalización de datos” en caso de que se vea afectada “la intimidad” de las personas. En todo caso, Interior asegura que las solicitudes recibidas por familiares al amparo de la Ley de Memoria Democrática “se están resolviendo con el más amplio criterio de acceso”.

Este martes, el ministro Fernando Grande Marlaska ha respondido una pregunta de EH Bildu en el Senado sobre esta situación y ha negado “opacidad” o “voluntad restrictiva” en el acceso al archivo. Además, ha anunciado que el Ministerio ha iniciado la tramitación para la digitalización de un millón de documentos de fondos penitenciarios y policiales hasta 2028.

Por regla general, el acceso a documentos que contengan datos personales debe ser libre una vez pasados 25 años del fallecimiento de la persona o 50 desde la fecha del documento, un supuesto que sí afectaría a los expedientes relativos al régimen de Franco, de cuya muerte se ha cumplido medio siglo este pasado noviembre. Además, la Ley de Memoria Democrática reforzó la prevalencia del interés científico e histórico, sobre todo en el caso de que quienes consulten sean víctimas o familiares de represaliados, para los que ni siquiera debería contar el plazo de 25 y 50 años.

“Es sangrante porque en muchos casos hablamos de documentos de los años de la guerra o inicios de la dictadura”, apunta Lozano. Sin embargo, la instrucción de 2006 detalla que algunos fondos están sujetos a un “régimen específico de acceso” más allá de la regla general, es decir, en los que Interior “despersonaliza” referencias sin importar su antigüedad, entre ellos los que contengan datos personales “de carácter policial” o “procesal”.

Ante ello, los investigadores hacen referencia a una “regulación interna obsoleta” que aplica un enfoque “extremadamente restrictivo” y que “choca con el marco legal actual que ha reforzado el derecho de acceso a la información pública”, señalaba un grupo de historiadores capitaneado por Ángel Viñas en la tribuna publicada en elDiario.es. Henar Alonso, archivera del Archivo General Militar de Ávila, apunta también a una “interpretación hiperrestrictiva” de una ya de por sí “compleja legislación sobre acceso a la información pública” que, a su juicio, el archivo de Interior podría aplicar de forma “más aperturista y flexible”, como hacen otros archivos.

Al igual que Stella y José Lozano, Carlos Mañés también recibió del Archivo de Defensa las cinco causas que los franquistas abrieron a su abuelo Santos, que fue ejecutado en octubre de 1940, sin ningún tachón. Pero los documentos que le envió Interior tienen muchos nombres tachados: desde los de otros represaliados a los de secretarios judiciales, jueces o funcionarios que firman los oficios. “Me parece una vergüenza, estamos hablando de hechos que ocurrieron hace casi 90 años”, señala Carlos, que también denuncia el “retraso” con el que recibió el expediente, más de un año después de pedirlo.

Parte del expediente recibido por Carlos Mañés sobre su abuelo Santos Mañés, fusilado en octubre de 1940.

Lozano describe cómo la suma de “obstáculos” provoca que, en muchos casos, haya investigadores que “están meses y meses esperando” a que les respondan para que después “les digan que no tienen lo que han pedido”, dice en referencia a la falta de un catálogo. Eso a pesar de que el Real Decreto de 2011 que regula los archivos establece el plazo de un mes para resolver y adoptar la consulta. A este respecto, fuentes del Ministerio del Interior apuntan al “elevado número de solicitudes y su complejidad” como circunstancias que “pueden demorar en ocasiones las resoluciones”.

El traslado de cajas

La recogida de firmas que están impulsando los historiadores reclama al AGMI que “simplifique el procedimiento de solicitud” de los fondos y “vele” porque se resuelvan en plazo. Además, solicita que se “normalice” la consulta presencial en el archivo, algo que no ocurre a pesar de que es una práctica habitual para los investigadores. La petición principal es, sin embargo, que se produzca la transferencia de la documentación al Archivo General de la Administración (AGA), dependiente del Ministerio de Cultura, que en los últimos 25 años solo ha recibido dos traslados de fondos –529 cajas en 2001 y 1.300 en 2011–.

Según explican fuentes de Interior, su archivo traspasa documentos “a medida que son requeridos y de acuerdo a la reserva de espacio que se le comunica” y señalan que en 2025 se acordó con el AGA una transferencia de 6.300 nuevas cajas que aún está pendiente “a la espera de la fecha definitiva que le comunicaría” el archivo dependiente de Cultura. Estas mismas fuentes recalcan que no fue hasta el pasado 27 de marzo cuando el AGA “informó” de que se podía proceder a la transferencia a partir de este 20 de abril.

Fuentes de Cultura dan otra versión diferente y afirman que todos los ministerios “están informados de que pueden enviar fondos” y de que “hay espacio para ello”. En el caso de Interior, aseguran que en 2024 “se le comunicó oficialmente” que podían mandar las cajas, pero “no contestaron, a diferencia de otros ministerios”. En 2026, prosiguen, “se les ha recordado y ahora sí han dicho que van a mandar”. Las mismas fuentes remarcan que “hay un acuerdo firmado en 2021” con el ministerio para que envíe los documentos relativos a la cárcel de Carabanchel, símbolo de la dictadura. “Hay un kilómetro lineal disponible para esto, pero no lo han hecho”, añaden. A esto también responde Interior con un planteamiento opuesto y señala que fue “el AGA el que estableció la transferencia de estos fondos para 2031”.

De momento, las cajas ya trasladadas o que lo van a ser próximamente no llegan a ser ni el 10% del total de los fondos pendientes de traspasar.



Aficionados del Rayo Vallecano reconstruyen la historia perdida del estadio como campo de concentración

 https://www.eldiario.es/madrid/somos/aficionados-rayo-vallecano-reconstruyen-historia-perdida-estadio-campo-concentracion_1_13155002.html

Luis de la Cruz

21 de abril de 2026 21:41 h

Antiguo campo de Vallecas donde estuvo uno de los campos de concentración de la posguerra

El pasado 16 de abril el Rayo Vallecano certificaba en Atenas su paso a semifinales de la Conference League ante 1500 aficionados del equipo, que se desplazaron a la capital griega para presenciar uno de los partidos más importantes de la historia del club. Solo dos días antes, alguno de los hinchas de La Franja que ese día animaban a su Rayo estaba en un emotivo acto de recuperación de la memoria histórica de su campo. No cabe duda de que, el de Vallecas, es uno de los equipos cuya impronta trasciende más lo puramente deportivo.

El proyecto por la recuperación del campo de concentración de Vallecas sale de Bukaneros e implica de manera más directa a un grupo de personas reunidas para la ocasión, que está trabajando en la elaboración de un libro (saldrá principios de 2027) como punta de lanza de un intento más amplio por conocer y divulgar el campo.

Poco antes de terminar la guerra, Franco autorizó a sus generales a abrir campos de concentración “en los sitios que estimen más conveniente, por razones de higiene, vías de comunicación y emplazamiento”. El periodista e investigador Carlos Hernández de Miguel contabilizó 298 campos de concentración en España, por los que pasaron entre 700.000 y un millón de españoles.

Uno de los lugares que se habilitaron a tal efecto fue el campo de Vallecas. Allí recabaron gran número de vallecanos y madrileños procedentes de toda la ciudad. Empezó a funcionar el 1 de abril de 1939 y el día 4 ya tenía más de 9.500 prisioneros. Su vida fue efímera, por lo que se conoce poco del mismo.

El campo del Stadium Metropolitano

Durante el acto del día 14, hablaron seis o siete descendientes de personas internadas en el campo de concentración y se logró el contacto de varios familiares más. Este es uno de los objetivos de estas presentaciones: localizar más testimonios y seguir recabando retazos de memoria sobre una experiencia carcelaria muy desconocida. También se puede contactar con ellos a través de internet.

Hablamos con Juan Jiménez Mancha, bibliotecario-archivero e historiador de lo vallecano, que coordina el proyecto. Alrededor de la mesita de una cafetería del barrio de Vicálvaro, fue desgranando la intrahistoria y la marcha de este proyecto, inusual en un equipo de fútbol. “Era frecuente entre la gente que hablamos o escribimos sobre la historia del Rayo que saliera el tema del campo de concentración del Estado de Vallecas. Siempre contábamos lo mismo: que había durado un mes, que había llegado a albergar a cerca de 10.000 prisioneros… y poco más. Pero paralelamente ha ido creciendo el interés de la afición por la historia del equipo”, explica.

El origen del proyecto hay que buscarlo en unas jornadas de memoria histórica sobre el campo de concentración celebradas en el Ateneo Republicano de Vallecas en 2025, de cuya organización se hizo cargo Bukaneros. La experiencia tendrá lugar de nuevo el próximo 26 de abril en el mismo lugar, durante las segundas jornadas organizadas por Bukaneros y la agrupación de peñas ADRV.

Juan insiste, una y otra vez, en que hablamos de un proyecto coral. Su trayectoria como historiador del Rayo le hace un perfecto coordinador y, para esta entrevista, portavoz de este proyecto, que se está desarrollando con una perspectiva horizontal. Ha escrito un libro sobre la historia del Rayo, otro del Cerro del Tío Pío (antes de ser el parque de las Tetas) y una biografía de Felines, la leyenda rayista.

En Madrid hubo al menos 16 campos de concentración y está muy poco contado. Salvo el del Grupo Escolar Miguel de Unamuno, en Delicias, duraron poco tiempo. Hoy decimos que eran campos de clasificación, temporales, pero cuando lo estudias te das cuenta de que no se puede estar seguro de que nacieran con esa intención

En aquellas primeras jornadas los acompañó Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. Jiménez Mancha solo tiene buenas palabras para él y para el difunto Carlos Hernández de Miguel, autor de Los campos de concentración de Franco. Ambos siguieron de cerca el crecimiento del proyecto sobre el campo de Vallecas.

“Hablamos de proyecto porque no es solo el libro, también vamos a difundir la historia del campo de concentración que estamos rescatando, lo vamos a llevar, por ejemplo, a centros educativos y todo tipo de colectivos de Vallecas y otros barrios de Madrid”, advierte.

“En Madrid hubo al menos 16 campos de concentración y está muy poco contado. Salvo el del Grupo Escolar Miguel de Unamuno, en Delicias, duraron poco tiempo. Hoy decimos que eran campos de clasificación, temporales, pero cuando lo estudias en profundidad te das cuenta de que no se puede estar seguro de que nacieran con esa intención, no hay documentos que así lo certifiquen. Lo que si es verdad es que había tanto rojo en Madrid que se vieron sobrepasados”, explica.

El ochenta por ciento del colectivo que está llevando a cabo la investigación son gente del Rayo Vallecano, un grupo de aficionados al fútbol que son, a la vez, profesionales con diversos perfiles perfectos para llevar a cabo la empresa. “Cuando vamos a los sitios decimos: somos los del Rayo. Llama mucho la atención a la gente”, cuenta con gracia Juan. A continuación, resalta el carácter solidario que tiene una gran parte de la afición del equipo vallecano, y encuentra ecos de este carácter en las historias que están rescatando. La de las mujeres vallecanas llevando comida y mantas clandestinamente a los presos durante aquellos días lluviosos de abril, por ejemplo.

En el viejo Estadio de Vallecas, inaugurado en 1930, jugaba como local el Racing de Madrid, un equipo histórico de Chamberí cuya camiseta lucía rayas rojas y negras. La extensión de la Línea 1 de metro hasta Puente de Vallecas había acercado aún más Vallecas a Madrid de lo que ya estaba, lo que hizo que el equipo chamberilano se decantase por esta ubicación para hacerse con un moderno estadio. El esfuerzo económico le costó la ruina y lo llevó a la desaparición en 1931. Su fantástica historia está muy bien contada en En El último gol apache, de José Manuel Ruiz Blas, por cierto. El Athletic de Madrid también hizo uso del campo antes y después de la guerra, mientras se reconstruía el Stadium Metropolitano, muy dañado durante la contienda.

Pero en el ínterin, antes de que el fútbol regresara a Madrid con un Aviación Nacional-Deportivo Alavés celebrado el 2 de mayo de 1939 en Vallecas, el estadio fue campo de concentración, como hemos explicado. También lo fueron otros espacios grandes como Las Ventas, la plaza de toros Carabanchel, el viejo Chamartín o el Metropolitano

En 1972 se emprendió la demolición del campo y su sustitución por el actual campo de Vallecas en el mismo lugar. Durante los años en los que se prolongaron las obras, el Rayo jugó en el estadio de Vallehermoso y en 1976 se inauguró el nuevo coso.

“Ha habido gente que ha tenido una relación muy importante con el campo. En la elaboración del libro participan familias que pertenecen a varias generaciones de rayistas y vallecanos. Contamos con el caso de una persona cuyos padre y abuelo estuvieron en el campo. Su padre era del Rayo y empezó a llevarle al campo de Vallecas. Es gente que ha tenido una relación muy especial con el lugar porque aunque el campo original se tirara el nuevo está en el mismo sitio y sus sentimientos atraviesan el cemento”, relata Jiménez Mancha.

Han peinado archivos y hemerotecas en busca de la poca información disponible sobre el campo, pero los testimonios de familiares serán una de las piedras angulares del libro. “Es un trabajo que se está haciendo colocando ladrillo a ladrillo. Hay muy poca información y estamos reconstruyendo una historia diseminada por toda España porque hubo gente de todos lados. Por eso, aunque ya hemos recogido muchos testimonios, estamos abiertos a que nos lleguen los más posibles. Hay gente que piensa que no merece la pena porque saben poco pero no es así, esa anécdota que contaba puede ser importante. No hay ninguna relación de la gente que estuvo en el campo de concentración así que son muy significativos todos los nombres y también todos los silencios”, explica.

Desde el grupo parecen mirar con cierta envidia los pocos casos de recuperación de la memoria histórica paralelos al suyo que han ido apareciendo en los últimos años con apoyos oficiales. Se han puesto en contacto con ellos desde el Centro de Memoria Histórica de Miranda del Ebro, montado a partir del campo de concentración que hubo allí, que fue el que más longevo de la posguerra. Pronto irán a visitarlo. Pero a pesar de la falta de apoyos institucionales –desde administraciones o el propio club– están acostumbrados a montárselo por su cuenta, demostrando la potencia de la afición de un equipo de barrio cuya afición ha sabido hacer universal desde el orgullo local.