dissabte, 11 de gener de 2020

72 años desde el cierre del campo de concentración franquista de Miranda de Ebro (Burgos)

https://www.eldiario.es/cyl/provincias/burgos/concentracion-franquista-Miranda-Ebro-Burgos_0_983751849.html

13 de enero de 1947. El campo de concentración franquista de Miranda de Ebro cierra sus instalaciones tras diez años desde su habilitación. Y es que después de esa fecha, y hasta 1952, fueron utilizadas como campamento para la instrucción de reclutas.
En su interior estuvieron recluidas miles de personas, llegando a tener una población media de 3.700 reclusos, que fueron de unas 60 nacionalidades diferentes. En total, unas 65.000 personas pasaron por allí.
Hoy son pocos los restos que quedan de aquellas instalaciones (que fueron destruidas por la construcción de un complejo fabril) a excepción del depósito elevado de agua, lavadero, base de torre de vigilancia, restos del muro de cierre perimetral y un pequeño edificio (caseta de guardias).
Esto es lo que se conserva del antiguo Campo de Concentración de Miranda, junto con algunos objetos, escritos, etc. que se exponen en el Centro de Interpretación del Campo de Concentración que el Ayuntamiento de Miranda de Ebro puso en marcha en memoria de los prisioneros.
El Gobierno de Franco dio la orden de construir este campo el 5 de julio de 1937 para que albergase a los numerosos prisioneros de guerra que procedían de la toma de Bilbao. Ubicado en unos terrenos junto al río Bayas y a la línea férrea Castejón-Bilbao, ocupó una superficie de unos 42.000 metros cuadrados.
Sus barracones iniciales se construyeron con los materiales pertenecientes al Circo Corzana, que estaban almacenados en Miranda de Ebro desde el inicio de la Guerra Civil Española.
Pasó por tres etapas:
  1. 1937-1944: con prisioneros republicanos y miembros de las Brigadas Internacionales.
  2. 1940-1945: extranjeros de los países aliados que entraban a España huyendo del avance alemán durante la Segunda Guerra Mundial.
  3. 1944-1947: destaca este periodo porque en él se instalaron oficiales y soldados alemanes que escapaban del hundimiento del Tercer Reich.
En la actualidad, 72 años después, son pocos los restos que se pueden observar, pero el Ayuntamiento de Miranda los conserva y están incluidos entre los bienes protegidos del Plan General de Ordenación Urbana, "para recordar a los prisioneros y tener presente que esta es una parte de la historia que nunca debería haberse producido y que no debe volver a ocurrir", señala la concejala de Memoria Histórica, Begoña González.
Asimismo, destaca en este aniversario la puesta en marcha por parte del Ayuntamiento del Centro de Interpretación del antiguo Campo de Concentración de Miranda de Ebro, ubicado en el Centro Cívico Raimundo Porres y que está a disposición de todas las personas que lo quieran visitar.
"En estos meses desde que se ha puesto en marcha ha recibido muchas visitas. Especialmente en verano han acudido hasta más de cien personas en agosto, y algunas llegadas de fuera, del territorio nacional y también extranjeros", concreta la concejala.

La fosa común de Nerva es la mayor exhumada en Andalucía en 2019 con 42 víctimas del franquismo y sin participación de la Junta.


https://www.eldiario.es/andalucia/huelva/Nerva-Andalucia-franquismo-participacion-Junta_0_980951999.html


La tierra, en unos metros, ha entregado los cuerpos de 42 personas. Las fosas comunes del cementerio de Nerva (Huelva) han cerrado el año 2019 como la excavación con más víctimas del franquismo recuperadas en suelo andaluz. Con una secuencia que puede situar al lugar como la tumba ilegal más grande abierta en suelo rural, según los expertos. Y sin participación de la Junta de Andalucía.
El trabajo arqueológico ha tenido una segunda fase –acaba de concluir– financiada por el Ministerio de Justicia del Gobierno de España. Como en los casos de Pinos Genil (Granada), Utrera (Sevilla) o Hinojos, también en la provincia onubense.
Esta última intervención en suelo nervense ha exhumado restos óseos de 19 asesinados por el fascismo español. Con anterioridad, una primera campaña pagada por la Diputación de Huelva y el Ayuntamiento de Nerva sumó otros 23 cadáveres. La Junta de Andalucía no ha participado hasta el momento en este proceso de búsqueda de desaparecidos forzados.
Las fosas del camposanto nervense ya muestran evidencias de más víctimas. De seguir la cadena de enterramientos ilegales, y dada la extensión que resta por sondear –con apenas una quinta parte hay 42 cuerpos–, cabe la posibilidad de que la tumba colectiva supere las 200 personas convirtiéndose en "la mayor fosa en zona rural" de Andalucía, según el equipo de historiadores y arqueólogos encargados del caso.
Moneda de Portugal hallada en una fosa común del cementerio de Nerva (Huelva). | JUAN MIGUEL BAQUERO
Moneda de Portugal hallada en una fosa común del cementerio de Nerva (Huelva). | JUAN MIGUEL BAQUERO

Inversión "cero" de la Junta

Las personas exhumadas en la rojiza tierra de Nerva son una pequeña muestra de las aproximadas 1.500 víctimas que la represión franquista acumuló en la Cuenca Minera de Huelva. Andalucía suma 45.566 personas asesinadas por los golpistas y 708 fosas comunes, cifras que superan al terrorismo de Estado de Argentina y Chile juntas.
Hasta ahora "los trabajos se han realizado con la Diputación de Huelva y este último con el Ministerio de Justicia", apunta el alcalde de Nerva, José Antonio Ayala (PSOE). La Junta de Andalucía "ni está ni se le espera", dice, porque "aquí la inversión ha sido cero".
42 víctimas del franquismo, exhumadas en 2019 en Nerva (Huelva). | JUAN MIGUEL BAQUERO
42 víctimas del franquismo, exhumadas en 2019 en Nerva (Huelva). | JUAN MIGUEL BAQUERO
"De los 42 cuerpos exhumados, unos diez son mujeres", explica el arqueólogo Cristóbal Alcántara. En la primera fase fueron localizadas 23 personas y ahora otras 19. "Un número de víctimas elevadísimo", refiere, "y si sigue esa proporción apareciendo en estos sectores del cementerio podríamos alcanzar las 200 víctimas de largo", agrega.
"Los datos no hacen más que corroborar que esta va a ser la mayor fosa común en zona rural probablemente de toda España", destaca el alcalde nervense. "Los trabajos del grupo de arqueólogos demuestran que esto fue un horror, un holocausto de persona inocentes", subraya.

Queipo contra la "resistencia" minera

La pedagogía del terror se cebó con esta zona sin guerra. Con conatos de resistencia a la rebelión contra la democracia de la Segunda República. O con episodios como el de La Pañoleta, ya a las puertas de Sevilla, con la emboscada a los mineros que pretendían cambiar el curso de la historia.
Objetos de uso cotidiano aparecidos en las fosas de Nerva (Huelva). | JUAN MIGUEL BAQUERO
Objetos de uso cotidiano aparecidos en las fosas de Nerva (Huelva). | JUAN MIGUEL BAQUERO
De la zona partió la Columna Minera, "la resistencia que opusieron los trabajadores que intentaron sofocar el golpe de Estado", recuerda Ayala. Y, a raíz del envite, "el criminal Queipo dejó caer toda su saña y su rabia" sobre la comarca.
La "cifra tan alta" sumada en dos intervenciones de campo, y la tierra que queda por abrir, hacen pensar que la tarea futura "confirmaría lo que se estima de la mayor fosa común en zona rural, corroborando el trabajo de investigación y arqueológico", estima Alcántara.
Y del terror aplicado por los golpistas, con especial intensidad en Andalucía, queda como testigo "por ejemplo la disposición de los cuerpos, que ya es una muestra muerte violenta". Pero también "fracturas en huesos largos e impactos de proyectil", apunta el arqueólogo.
O "muchos objetos personales", como "peinetas que pertenecían a mujeres". Y mecheros, monedas, "incluso una de Portugal", anillos, cruces, gemelos... "una cultura material que se asocia a estas personas" y es, subraya, "bastante significativa".

dilluns, 6 de gener de 2020

8 INTERVENCIONES, 9 FOSAS COMUNES Y 42 VÍCTIMAS DEL FRANQUISMO ENCONTRADAS.


8 INTERVENCIONES, 9 FOSAS COMUNES Y 42 VÍCTIMAS DEL FRANQUISMO ENCONTRADAS

por MEMORIA ARAGONESA

EL EQUIPO MULTIDISCIPLINAR ENCABEZADO POR JAVIER RUIZ, NACHO PIEDRAFITA Y CRISTINA SÁNCHEZ ACABA EL AÑO SIN ENCONTRAR LOS CUERPOS DE LA FOSA COMÚN DE MALPICA DE ARBA. DURANTE EL AÑO HA CONSEGUIDO RECUPERAR LA MEMORIA DE POMER, LAS MÁRTIRES DE UESCA Y EL CEMENTERIO MUNICIPAL DE ALCANYIZ.
ARAINFO REDACCIÓN | 30 DICIEMBRE, 2019
El día 14 de diciembre un equipo multidisciplinar, encabezado por los arqueólogos Javier Ruiz y Nacho Piedrafita y la historiadora Cristina Sánchez, con la ayuda de un numeroso voluntariado inició los trabajos arqueológicos de localización de una fosa común en el cementerio de Malpica de Arba, antiguo municipio de las Cinco Villas que desde 1970 forma parte de la localidad de Biota (Zaragoza).
Esta intervención ha corrido a cargo de la Asociación por la Recuperación e Investigación Contra el Olvido (ARICO) y del Colectivo de Historia y Arqueología Memorialista Aragonesa (CHAMA), contando con la colaboración de la Asociación Batallón Cinco Villas y la Asociación Charata de Uncastillo. Y ha sido financiada gracias a una subvención concedida a ARICO por la Comarca de Cinco Villas, contando en todo momento con la total colaboración del Ayuntamiento de Biota.
La fosa común del cementerio de Malpica de Arba
En 1936 Malpica de Arba, ubicada sobre un cerro que domina la margen izquierda del río Arba de Luesia, era una pequeña localidad de casi 300 habitantes dedicada fundamentalmente a trabajos agrícolas y ganaderos. Las duras condiciones de vida de sus habitantes y sus ansias de mejora, debieron condicionar la fuerte implantación del sindicato UGT., constituido en mayo de 1928 y que contó con un máximo de 28 afiliados, y del partido Izquierda Republicana (IR). Tras el golpe de Estado, cuatro vecinos del pueblo fueron asesinados por los sublevados en Uncastillo y en Ejea de los Caballeros, tres de ellos por su pertenencia a la UGT.
El 4 de agosto de 1936 fueron arrestados los vecinos de Luesia, Martín Aragüés Sabalza (52 años) y Ángel Otal Caudevilla (32 años), por parte de una partida compuesta por falangistas, que hacían una batida por los montes en la zona limítrofe entre Uncastillo, Luesia y Malpica de Arba. A continuación fueron conducidos hasta Malpica de Arba, donde fueron fusilados en las tapias del cementerio municipal. Inmediatamente después fueron inscritas las dos muertes en el Registro Civil de Malpica de Arba, donde se indica que los cadáveres recibieron sepultura en el cementerio de la localidad.
Martín Aragüés Sabalza, viudo, de 52 años, con 5 hijos y afiliado a la UGT, vivía con tres de sus hijos en el corral Blanco, situado en el camino entre las localidades de Luesia y Malpica de Arba.
Por su parte, Ángel Otal Caudevilla “El Ajero”, soltero, de 32 años y afiliado a la CNT en Sádaba, donde había sido detenido en diciembre de 1933 con otros compañeros por tenencia de armas y de propaganda anarcosindicalista. Nuevamente fue detenido el 3 de mayo de 1936 en Sádaba por incidentes con la Guardia Civil y otros vecinos derechistas, siendo puesto en libertad el 20 de mayo al ser sobreseida la causa. Ángel era buscado desde el 29 de julio de 1936 por su participación en la muerte Nemesio Marco Sanz, falangista de Malpica de Arba y hermano del jefe local de Falange.
Resultados de la intervención arqueológica
En primer lugar, se trabajó en la investigación histórica y la documentación de estas muertes violentas mediante la consulta documental en diversos archivos y Registros Civiles, así como con la recogida de testimonios orales. En este caso resultaba más necesaria esta investigación previa, pues el Mapa de Fosas de Aragón, elaborado por la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Aragón entre los años 2007-2010, no recoge esta fosa común.
Merced a testimonios orales recogidos se establecieron dos posibles puntos para la localización de la fosa común. En primer lugar, los familiares la situaban al interior del cementerio de Malpica de Arba, junto a la caseta ubicada en la esquina suroeste del mismo. Por otra parte, gracias al testimonio oral de un testigo directo de los fusilamientos, éste lo situaba al exterior del camposanto, cerca de su esquina nordeste.
Los trabajos de campo se han llevado a cabo de manera ininterrumpida entre los días 14 a 21 de diciembre de 2019, hasta que las condiciones meteorológicas adversas impidieron continuar. En este tiempo se han realizado cuatro sondeos manuales y con metodología arqueológica dentro del recinto del cementerio, tanto en la zona señalada por los testimonios familiares, como en otros puntos del pequeño camposanto. Desgraciadamente todos los sondeos han dado resultado negativo, en todos ellos sólo se han detectado enterramientos ordinarios en ataúd y sin evidencias óseas de muerte violenta.
Debido al testimonio que situaba el enterramiento clandestino en las tapias del cementerio, cerca de la esquina nordeste del mismo, en esta zona se realizó una excavación en extensión de una superficie de aproximadamente 300 m2, dando también resultado negativo. Aquí se realizó una excavación mecánica con una excavadora mixta con cazo de limpieza bajo supervisión arqueológica, documentándose únicamente estratos geológicos no alterados por la acción humana.
Ahora toca analizar todos los datos arqueológicos y la documentación histórica obtenida con la intención continuar con fuerzas renovadas el año próximo.
Resultados de la campaña de exhumaciones del año 2019
Este mismo equipo ha dado por finalizada en Malpica de Arba la campaña de exhumaciones de fosas comunes del presente año. Desde el verano han trabajado para diferentes asociaciones memorialistas (ARICO, Asociación Batallón Cinco Villas, Asociación Charata de Uncastillo, Colectivo de Historia y Arqueología Memorialista Aragonesa, Círculo Republicano de Huesca y Pozos de Caudé) en 8 intervenciones en diferentes puntos de la geografía aragonesa como el cementerio de Pomer, el cementerio de Las Mártires de Uesca, el cementerio municipal de Alcanyiz, el cementerio viejo de Orés y el cementerio de Malpica de Arba en las Cinco Villas. Aunque algunas de estas intervenciones han resultado por el momento fallidas, como los casos de Orés y Malpica de Arba, en este último año han podido excavar 9 fosas comunes y exhumar a un total de 42 víctimas de la represión franquista.
Todas estas intervenciones han sido posibles gracias a las diversas subvenciones concedidas a estas asociaciones memorialistas por parte de la Diputación de Zaragoza, la Diputación de Uesca o la Comarca de Cinco Villas; además de por la colaboración de los diferentes ayuntamientos implicados. Y por la adjudicación por parte del Ministerio de Justicia de un contrato menor directamente a un miembro de este equipo para la localización de fosas en el cementerio municipal de Alcanyiz.
Foto: Miguel Ángel Capapé.
Foto: Miguel Ángel Capapé.
MEMORIA ARAGONESA | 31/12/2019 de 7:41 | Categorías: General | URL: https://wp.me/ptgCn-5hY

EL BARRANCO DE LA BARTOLINA, PRIMER LUGAR DE MEMORIA DEMOCRÁTICA DECLARADO EN ARAGÓN




EL BARRANCO DE LA BARTOLINA, PRIMER LUGAR DE MEMORIA DEMOCRÁTICA DECLARADO EN ARAGÓN

por MEMORIA ARAGONESA
EL BARRANCO DE LA BARTOLINA, PRIMER LUGAR DE MEMORIA DEMOCRÁTICA DECLARADO EN ARAGÓN
EN ESTE ESPACIO, SITUADO EN CALATAYUD, PERDIERON LA VIDA MÁS DE 400 PERSONAS, AHORA CONVERTIDO EN UN VERTEDERO NO PERMITE LA EXHUMACIÓN E IDENTIFICACIÓN DE VÍCTIMAS. CON ESTA DECLARACIÓN, EN EL LUGAR SE EXPLICARÁ LO OCURRIDO EN LA ZONA DURANTE LA GUERRA CIVIL Y LOS PRIMEROS AÑOS DE LA DICTADURA.
ARAINFO REDACCIÓN | 2 ENERO, 2020
Un año después de la aprobación de la Ley de Memoria Democrática de Aragón, el Departamento de Educación, Cultura y Deporte ha comenzado la declaración de lugares de memoria democrática, que se integran dentro del patrimonio cultural aragonés. Esta declaración obligará a la titularidad de estos lugares a trabajar con el departamento competente en su promoción y en materia de patrimonio cultural, además de a difundir su localización e interpretar lo sucedido en estos espacios, en colaboración con las entidades locales del entorno y, en su caso, con las universidades y entidades memorialistas de Aragón. El primero de estos lugares que se va a declarar es el Barranco de la Bartolina de Calatayud, lugar donde se estima que entre 400 y 500 personas fueron fusiladas durante la Guerra Civil y la posterior dictadura.
Esta declaración se hace ahora como un medio de dignificación de las víctimas para que la ciudadanía conozca qué sucedió en la zona. Como las Fosas de Caudé, en el sur de Teruel, o el Pozo de Ventafarinas, en los confines orientales de La Litera oscense, el Barranco de la Bartolina se ha convertido en un símbolo de la represión que acompañó a la Guerra Civil.
La legislación aragonesa define este tipo de lugares como “aquel espacio, construcción o elemento inmueble cuyo significado histórico sea relevante para la explicación del pasado de Aragón en términos de participación, defensa y lucha a favor de la democracia frente a la intolerancia y la dictadura en el marco histórico de la Segunda República española, la Guerra Civil y la dictadura franquista”. Y, así, el barranco de la Bartolina inaugura estas declaraciones como lugar que fue de fusilamiento masivo en la comarca de Calatayud durante la Guerra Civil.
Con esta concepción del barranco como lugar de memoria democrática se atiende asimismo una petición de la Asociación ARICO (Asociación por la Recuperación e Investigación Contra el Olvido), que había mostrado su interés en que este punto de la geografía aragonesa tuviera esta protección especial. Esta asociación se encargó de hacer una prospección para tratar de encontrar restos humanos allí, sin éxito, después de que una obra municipal en 1999 utilizara esta tierra en la construcción de un vertedero, imposibilitando la exhumación de los que allí perdieron la vida. Por este motivo, los familiares de las personas fusiladas en el Barranco de la Bartolina tuvieron que asumir que sus parientes quedarían sepultados para siempre.
El pasado noviembre tras un año sin contestación ARICO Memoria Aragonesa junto con las familias de las y los fusilados en el Barranco de la Bartolina, presentaron en el Registro del Gobierno de Aragón, una carta a la atención de Marisancho Menjón Ruiz, Directora General de Patrimonio Cultural, solicitando una respuesta urgente a la solicitud que presentaron en abril de 2019.
El Barranco de la Bartolina fue un lugar de fusilamiento masivo en la comarca de Calatayud durante la Guerra Civil. El emplazamiento de la fosa común figura en el mapa de fosas del Ministerio de Justicia, así como en la página del Sistema de Información del Patrimonio Cultural Aragonés. Según un estudio realizado por el historiador Nacho Moreno Medina en el marco del proyecto ‘Amarga Memoria’, y tal y como recoge de testimonios orales, este lugar, en el que se pudo asesinar a entre 400 y 500 personas, era el lugar de fusilamiento de gente de toda la Comarca de Calatayud, que en el año 1936 englobaba muchos de los pueblos de los antiguos partidos judiciales de Calatayud, Ateca, Daroca y L’Almunia.
Familiares recordando a las víctimas en el Barranco de la Bartolina. Foto: Miguel Ángel Capapé (ARICO).

600 olvidados en Neuengamme: españoles deportados al campo nazi de Hamburgo.

https://www.lavozdelarepublica.es/2020/01/600-olvidados-en-neuengamme-espanoles.html?fbclid=IwAR3fvkvJP7o0RXNw4lYpji4IJzeL7DdZ28ifRhxU1laKYZiOHTvU3S-Kyig




 

600 olvidados en Neuengamme: españoles deportados al campo nazi de Hamburgo: Muchos de los presos estaban considerados como “extranjeros indeseables” y no aparecían entre las víctimas del Tercer Reich que publicó España en el BOE

MARTÍN IBARROLA. EL CONFIDENCIAL.- Bautista Muñoz durmió con una lámpara encendida hasta el día de su muerte, como si aquella luz ahuyentara los recuerdos del campo de concentración de Neuengamme. Tenía 23 años cuando lo detuvieron en la Francia ocupada. Mucho después le contaría a su hija que los Kapos de las SS entraban en el barracón por la noche, señalaban a alguien y se lo llevaban. A veces despertaba sobresaltado, imaginando que cogían a su hermano mientras él dormía. Bautista es uno de los miles de españoles deportados a campos de concentración del Tercer Reich. Tras décadas de olvido y silencio, poco a poco sus nombres empiezan a ser recuperados. El Gobierno español publicó recientemente una lista con más de 4.000 españoles que pasaron por campos de concentración. El nombre de Bautista no estaba entre ellos. Él es uno de los olvidados de Neuengamme.

La antigua fábrica de ladrillos de Neuengamme, construida a 30 kilómetros de Hamburgo, ostenta el dudoso récord de ser el campo de concentración más grande del noroeste de Alemania. Sorprendentemente, a día de hoy no existe una lista oficial de los españoles que pasaron por allí. “Nos pusimos en contacto con el museo del campo y nos enviaron un documento con 600 entradas. Algunos eran nombres y otros números de chapa. Había muchos fallos, pero al menos teníamos la información”, explica el historiador de la Universidad Rovira i Virgili (URV) de Tarragona, Antonio Muñoz, quien también colabora con The Arolsen Archives (ITS).

Como ya adelantó El Confidencial hace un año, Alemania pidió ayuda a varios historiadores locales para encontrar a los familiares de las víctimas españolas y devolverles los objetos robados por los nazis. La mayoría de estas posesiones pertenecían a presos de Neuengamme. La URV publicará la lista actualizada y corregida de los deportados el próximo enero. De momento llevan unos 500 nombres verificados.Mauthausen, un drama español: vecinos de las 50 provincias murieron en campos nazisA. A.Exactamente 4.427 españoles que murieron en campos de concentración nazis, según una exhaustiva lista publicada por el Ministerio de Justicia

Según el historiador de la URV, 10.000 españoles fueron deportados a campos de concentración del Tercer Reich. Hubo también otros 40.000 trabajadores forzados, que Alemania reconoce desde los años 60 como víctimas del nazismo.

El Gobierno español quiso recordar el pasado agosto a las personas fallecidas en Mauthausen y otros campos de concentración nazis y publicó 4.427 nombres en el Boletín Oficial del Estado. Se trataba de una transcripción literal de las actas de deceso que el Ministerio de Excombatientes francés entregó a las autoridades españolas en los años 50. Lamentablemente, la lista incluía los errores de los documentos originales y excluía las investigaciones académicas más recientes, obviando víctimas como, precisamente, las de Neuengamme. Tampoco consultaron el Memorial que los historiadores Benito Bermejo y Sandra Checa publicaron en 2006 con apoyo del Ministerio de Cultura, donde enumeraban alrededor de 9.000 nombres de españoles deportados a campos nazis. Según la historiadora Ana Garcia-Santamaría, parece que ni siquiera tuvieron en cuenta el Journal Officiel Republique Français (el BOE francés). «Hasta el pasado octubre, Francia había reconocido como muertos en deportación a 4.882 republicanos, mientras que el BOE solo reconocía a 4.427. ¿Por qué no cruzaron las bases?», explica a El Confidencial.

El Ministerio de Justicia indica a este periódico que recibieron alrededor de 300 alegaciones particulares sobre la lista publicada. El boletín en cuestión ha sido retirado de internet para verificar las alegaciones, confirmar la identidad de los fallecidos e inscribirlos definitivamente en el Registro Central.

Las historias que contamos a continuación fueron descubiertas a raíz de diferentes investigaciones particulares y aún no han recibido un reconocimiento oficial.

El cocinero nazi y la leche del gato

Cuando Bautista Muñoz y Evaristo Rebollar fueron detenidos en Francia, los nazis daban sus últimos coletazos, el rumor de un desembarco aliado alimentaba la esperanza de los maquis y las fuerzas de la resistencia plantaban cara en las calles de París. Bautista había nacido en Talavera de la Reina, luchó en el bando republicano y cruzó la frontera junto a su hermano Francisco para evitar ser fusilado. Evaristo se crió en un pueblito pesquero de Asturias, pertenecía a la CNT y se infiltró en el bando nacional para pasarse después a las líneas enemigas. Huyó al país galo con una pena por deserción. El 21 de mayo de 1944, los tres subieron al convoy 1.214, rumbo a Neuengamme.

La historiadora Ana García-Santamaría, que lleva cinco años investigando la deportación y ya ha localizado una docena de familiares por su cuenta, explica que aquel tren transportaba a más de 200 presos españoles. “La mayoría eran excombatientes de la Guerra Civil, estaban curtidos en la resistencia y militaban en movimientos comunistas, anarquistas y antifascistas”. Muchos habían sido etiquetados como ‘extranjeros indeseables’ por la policía de la Francia ocupada y usaban identidades falsas. El convoy en cuestión estaba formado por 20 vagones de dimensiones claustrofóbicas: 9,60 metros por 4 metros, y 3,60 metros de alto. Menos de cuarenta metros cuadrados donde se hacinaban hasta un centenar de personas. En total, 2.004 prisioneros de 17 nacionalidades diferentes. Casi la mitad moriría a lo largo de los siguientes meses.

«El viaje hasta Neuengamme duraba tres días y no les dieron agua en todo el camino. Rotaban alrededor del vagón para que todos pudieran acceder a la ventana y chupar los barrotes. Los que se caían al suelo morían, así que se sujetaban unos a otros para dormir pequeñas siestas de pie”, explica Balbina Rebollar, hija de Evaristo.

Su padre era bajito, por lo que tenía todavía más dificultades para respirar. «Me contó que en el tren había un joven alto que hablaba en otro idioma y se caía constantemente sobre él”. Cada vez más asfixiado, Evaristo lo empujaba y le daba codazos, hasta que el otro exclamó «¡me cago en la madre que te parió!». Al parecer, el joven era vasco y las únicas palabras que conocía en castellano eran insultos. Como cada nacionalidad cuidaba de los suyos, los españoles se turnaron para sujetarlo y dejarle descansar. “Mi padre solo lamentaba que no le hubiera insultado antes. Quizá así habría sobrevivido. Murió antes de llegar al campo”.

Durante una parada, los presos suplicaron a los alemanes que les dieran algo de beber y estos señalaron a un bidón de orín. Cuando su padre le contó esta historia, Mayu Muñoz aún era joven y no pudo evitar una expresión de repugnancia. “¡Qué asco! ¿No se os ocurriría beber de ahí?”. La hija de Bautista tiene aquel momento grabado en la memoria, pues su padre bajó la mirada y solo dijo, “la gente se volvía loca”.

Una vez en Neuengamme, Bautista y Francisco no se separaron en ningún momento. Ambos eran ebanistas, un oficio muy cotizado en el campo, por lo que tenían acceso a áreas reservadas. Los hermanos aprovechaban las horas de trabajo para robar peladuras, restos de comida y la leche que dejaba el cocinero a su gato. Luego repartían el botín entre los presos más debilitados, como un chico que estuvo a punto de morir en la cama del barracón.

“Cuando me lo contó por teléfono no podía creerlo. Le dije, ay Mayu, ese chico va a ser mi padre”, rememora emocionada Balbina. Hasta entones ambas desconocían que sus historias estaban entrelazadas. Evaristo había sido destinado a uno de los 85 subcampos exteriores que Neuengamme. Le tocó una antigua mina de sal a la que llegaban en camión y donde arrastraban pesadas carretillas. El padre de Balbina estaba tan famélico que su muslo tenía el mismo grosor que el tobillo. Él siempre contaba que sobrevivió gracias a dos hermanos ebanistas que le llevaron la leche del gato del cocinero. “Mayu y yo no podíamos parar de llorar. Increíble, ¿verdad? Era la primera vez que hablábamos. Una vez le pregunté a mi padre si querría volver a ver a alguien de aquella época. Me dijo que solamente a aquel hombre que le salvó la vida”.

El contrabandista de café y las monedas de oro

El padre de Antonio Amigo era el mayor de cinco hermanos y el ojito derecho de su madre. Vivía en Cortegana (Huelva), un pueblo de casas blancas situado a pocos kilómetros de la frontera con Portugal. Antonio aprovechaba los senderos ocultos para pasar café de contrabando. “Un solo hombre cargaba hasta 40 kilos. Él era listo, así que llevaba a las bestias y traía hasta 200 kilos. Cuando el padre de Antonio murió, él se convirtió en el cabeza de familia. Vivían una situación complicada y necesitaban ese dinero”, explica su sobrino Félix Gómez. “Una noche le avisaron de que iban a ir a por él y se escapó. Debieron de denunciarlo por celos, porque no estaba metido en temas políticos”.

Antonio cruzó la frontera y acabó en Burdeos, desde donde enviaba cartas a través de la Cruz Roja. Atrás dejó a una mujer embarazada y una familia rota. Su otro hermano había sido requerido por el bando nacional y murió a causa de las heridas de guerra. Félix asegura que, de haber podido volver, lo habría hecho. “Quería muchísimo a su madre”. Francesca soportó con estoica firmeza la estigmatización y las constantes redadas en su casa. Había quedado sola, a cargo de tres hijas, con un hijo muerto y otro huido.

Un día apareció en el pueblo un tal Gómez que traía consigo la maleta de Antonio. Entre las posesiones había una carta de despedida en la que recalcaba la importancia de sus zapatos. Debajo de la suela encontraron tres monedas de oro. Su sobrino cree que fue el último intento de ayudar a la familia antes de que lo apresaran. Francisca asumió con profunda tristeza que aquella maleta era el certificado de defunción de su hijo. “Vivía vestida de negro, siempre de luto. Antes de morir pidió que la enterraran en tierra, sin nichos ni cruces. Si no sabía dónde estaba su hijo tampoco quería que nadie supiera donde estaba ella”, explica Félix. Su hijo Jorge Gómez aclara que solamente descubrieron el trágico final de Antonio cuando el profesor Ángel del Río investigó su historia. Además, este año se enteraron de que el ITS guardaba las pertenencias que los nazis robaron a su tío abuelo en Neuengamme: un reloj y una pluma. “Nos lo enviaron por correo y no tuvimos que pagar nada. ¿Cómo puede ser que Alemania costee los gastos de envío de los objetos y nuestro propio gobierno no nos ayude a buscar a nuestros familiares?”.

El falangista que bailaba tangos en París

Cuanta más información acumula Pilar, menos cree conocer a su padre. Se llamaba Blas Antón y era de Burgos. “Luchó con el bando nacional y lo hirieron en la batalla del Ebro. Todos creíamos que al terminar la guerra se fue a Francia con la División Azul, pero el Archivo Militar de Ávila no tiene constancia de ello, lo cual es extraño, pues la Falange sí que extendió un pasaporte a su nombre”. Las peripecias de Blas en el país galo resultan desconcertantes. Él contó a su familia que ganó un concurso de tangos en París y que pasó una temporada internado en un campo, aunque no dio más detalles.

“El historiador Antonio Muñoz encontró a mi hermana a través de la esquela de mi madre y nos dijo que en Alemania tenían los objetos de mi padre. ¡Que había estado en un campo de concentración! Ya no sé ni qué pensar. Si se cambió de bando a mitad de partida, si era un espía, si le cogieron por casualidad…” Su nombre y dos apellidos figuran también en un archivo de republicanos que fueron represaliados.

¿Cómo puede ser que Alemania costee los gastos de envío de sus antiguas pertenencias y nuestro propio gobierno no nos ayude a buscar a nuestros familiares?

“Nosotras sabemos que cuando volvió a España la Falange fue a buscarlo para ofrecerle un cargo. Le hubiera venido bien, pero él no aceptó porque, según sus palabras, no había luchado por eso”. Conoció a su mujer en Barcelona, se casaron y tuvieron dos hijas. El viernes 13 de marzo de 1964, cuando Pilar tenía 10 años y él 45, murió por una angina de pecho. “Yo le recuerdo muy alegre. Tenía carácter, eso sí. Le gustaba cenar fuera y bailar con mi madre, quedaba con amigos, fue presidente de una peña taurina de Barcelona… Apuraba la vida, como si supiera que iba a morir joven. Y así fue”. La semana pasada Pilar recibió emocionada un paquete de Alemania que contenía el reloj y el anillo de Blas. “Normalmente la gente sabe más o menos la historia de sus padres. Yo solo quiero conocer la del mío”.

La carta misteriosa y las burlas de la comandancia

Miquel Obradors era de Navás (Barcelona), estaba casado con Neus Argemí y tenía una única hija, Margarida. Las nietas investigan ahora la vida del abuelo al que nunca conocieron. Lo único que sabían era que un día dejó de escribir correspondencia desde Francia. Asumieron que había muerto en la guerra o que había iniciado una nueva vida en América, como tantos otros exiliados españoles. Para su sorpresa, en mayo de 2018 el Ayuntamiento de Navás les comunicó que la investigadora francesa Irma Bousquet se había puesto en contacto con ellos y quería saber si Miquel Obradors tenía descendientes en el pueblo, pues el ITS guardaba sus últimas posesiones: una cartera y varias fotos.

“Irma Bousquet hizo un trabajo de detective para encontrarnos y siempre le estaremos muy agradecidas. Nunca hubiéramos imaginado que después de tantos años, volveríamos a saber algo de nuestro abuelo y, sobre todo … ¡que su cartera hubiera estado guardada en un campo nazi!”, reconoce una de las nietas. Al parecer, después de la Guerra Civil, Obradors escapó a Francia, fue detenido y deportado al campo de tránsito de Compiègne. Desde allí lo enviaron al subcampo de Neuengamme en Bremen-Farge y trabajó en el Búnker Valentín, la mayor base de submarinos de Alemania.

Investigando la historia de su abuelo, las nietas encontraron una carta misteriosa en la casa de una prima lejana. Obradors parecía disgustado. Alguien se había hecho pasar por un familiar y había escrito falsedades sobre su mujer, asegurando que se dedicaba a la mala vida. La comandancia de su grupo leyó la carta y, en lugar de apoyarle, se mofaron de él. “El abuelo pedía que no le escribieran por las vías oficiales para evitar las burlas. Me sorprendió, porque yo siempre había pensado que entre los exiliados había empatía y camaradería. No esperaba este tipo de actitudes. Tampoco supimos quién escribió aquellas falsedades. Lo más probable es que fuera la venganza de un viejo conocido que quería hundirlo moralmente”.

Su abuela Neus tenía 35 años cuando enviaron la “maliciosa” carta. Su madre, 13. Ambas sufrieron una política conocida popularmente como «pacto del hambre», por la cual se privaba de trabajo a los familiares de los exiliados. “Mi abuela y mi madre vivieron en la miseria durante años, trabajando en las viñas y recibiendo la ayuda puntual de otros familiares. Ojalá esto sirva para comprender mejor el contexto histórico y las dificultades por las que pasaron”.

Esperando al tío Cinto

Ma Dolors Fossas tiene 74 años y aún recuerda la maleta marrón que guardaban en su casa de Gerb, un pequeño pueblo catalán de Os de Balaguer. Su madre siempre decía lo mismo. “Si algún día viene un señor en busca de la maleta, acogedlo, porque es mi hermano. Marchó durante la guerra y no sabemos nada”. Jacinto Justribó era el pequeño de la familia. “Le llamaban Cinto y tenía el porte de una estrella de cine. No superaba los treinta años, tenía novia y trabajaba como taxista. Pensamos que marchó para no ir a la guerra, porque no era soldado ni estaba metido en cosas políticas”, relata ahora su sobrina. Los padres de Ma Dolors tenían un bar y una tienda en la casa del pueblo. “Estábamos abiertos todos los días del año, salvo un domingo, la fiesta mayor del Cristo de Baladier. Mis padres trabajaban desde las seis de la mañana hasta altas horas de la madrugada. Siempre había gente en casa, por lo que la relación familiar era mínima. Además, solían venir los guardias civiles a tomar algo, por lo que tampoco hablábamos de mi tío”.

Cuando crecieron descubrieron que además de la maleta había una carta dirigida a su familia. Nada de eso ha sobrevivido al paso del tiempo, pero Ma Dolors recuerda de memoria el mensaje de su tío: “Nos han subido a un tren hacia Alemania. No sabemos dónde vamos exactamente. Cuando llegue, os escribiré. Si esta carta llega a buenas manos, mandadla a la siguiente dirección”. La sobrina cree que Jacints lanzó la maleta por la ventana del tren. También asumió que su tío estaba muerto, pues el día que salió de Francia una explosión sepultó un convoy de presos. Este año, la historiadora Ana García-Santamaría contactó con su hija y les comunicó que el archivo de Arolsen guardaba un anillo de su tío. Su sobrina cree que se trata del mismo anillo con el que planeaba casarse con su novia. Ochenta años después, la familia ha recibido con emoción las noticias de su tío desaparecido, aunque todavía quedan muchas incógnitas por resolver. Antes de marchar, Cinto dejó algo de dinero en casa, “para cuando vuelva”. La hermana de Ma Dolors aún guarda los billetes de la república, esperando quizá que un señor vuelva de Francia en busca de la maleta.

Los familiares, unidos en WhassApp

El historiador Antonio Muñoz ha descubierto la carta que mandó un español desde Neuengamme a su familia. En el sobre pueden verse los sellos del Deutsches Reich con la cara de Hitler. Es la única correspondencia conocida en ese campo. El preso se llamaba Pedro Picazo y mandaba saludos a su familia. Su nombre no aparece en la lista oficial del museo, pues es una de las cien personas que solamente tienen número de chapa y la fecha de nacimiento. También ha encontrado el registro de fallecidos de Neuengamme del 1 de enero de 1945, con 22 fallecidos metódicamente apuntados desde las tres y media de la madrugada hasta las 8 de la mañana. A las 5.00 horas escribieron el nombre José Masanell Torrabadella, un catalán de Suria que murió por “debilidad cardiaca”, es decir, por agotamiento. A falta de ayuda institucional, los investigadores como Muñoz han desarrollado el ingenio detectivesco para encontrar nuevas pistas.

Este verano una docena de familias crearon un grupo de WhatsApp y decidieron fundar la nueva Amical de Neuengamme, con miembros de diferentes origen y sesgo ideológico. La asociación, que saldrá a la luz este mes, pretende visibilizar las penurias por las que pasaron. También desearía localizar a más familiares y organizar un homenaje a los deportados el próximo mayo, aprovechando los 75 años de la liberación del campo. En el grupo se preguntan ahora si algún museo o institución estará interesado en exponer los objetos que conservan, como el traje de rayas del padre de Mayu.

Precisamente, el actual cónsul de Hamburgo, Pedro Villena Pérez, asegura a El Confidencial que estará encantado de recibirlos en el campo y confiesa que no tenía constancia de deportados españoles.

La historiadora Ana García logró entrevistar hace pocos meses al nieto de Ernesto Baulo, el fundador de la antigua y extinta Amical de Neuengamme. Igual que tantos españoles exiliados, murió asentado en Francia, donde trabajó como redactor jefe de la revista Hispania. “La inmensa mayoría de nosotros creímos (…) que una vez aplastadas las potencias del Eje podríamos volver al país de origen. Lógicamente debía ser así, pero como en política la lógica no existe, los exiliados españoles continúan veintitrés años después del triunfo de los Aliados errando por los cuatro puntos cardinales del planeta”, escribía en un artículo de los años 60. “Si queremos conocer la historia de esta gente hace falta cruzar datos de archivos internacionales y hacer un seguimiento de cada caso. Ese trabajo no puede depender de personas que trabajan en su tiempo libre, sino de un equipo grande y bien financiado”, reivindica Ana García-Santamaría.

Poco a poco, nombre a nombre, conocemos las vidas de aquellos que, muy a su pesar, escribieron uno de los capítulos más cruentos de nuestra Historia.


Fuente → informeraxen.es