dissabte, 2 de setembre del 2023

Así fue la depuración en la Universidad de Sevilla tras el golpe franquista.

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La institución hace públicos los expedientes de las comisiones de depuración que entre 1936 y 1939 acordaron la destitución de decenas de catedráticos, profesores y personal, y el fusilamiento de un docente de Medicina.


01/09/2023 - Queipo de Llano
Queipo de Llano (izquierda) junto al entonces cardenal de Sevilla, Pedro Segura (centro), y el rector José Mariano Mota Salado (derecha), que dirigía la Comisión de Depuración.  FOTOTECA MUNICIPAL DE SEVILLA

"Sujeto incalificable. Izquierdista contumaz". "Alardea de darwinismo. Es un pobre hombre". Con este tipo de calificativos el franquismo depuró a decenas de catedráticos, profesores y otros trabajadores de la Universidad de Sevilla y de los centros educativos que de ella dependían, tal como muestran los expedientes registrados de 1936 a 1939 que ha hecho públicos la institución hispalense.

Los expedientes eran instruidos por las llamadas Comisiones de Depuración creadas por el régimen militar golpista contra la Segunda República, que en el caso de Sevilla dirigía el teniente general Gonzalo Queipo de Llano, responsable de la ejecución de miles de personas tras haber tomado la ciudad en el comienzo de la Guerra Civil.

Esas comisiones recababan informes de los gobernadores civiles de las provincias sobre la conducta política, moral y religiosa de todo el personal de los centros del distrito universitario y luego dictaban órdenes de suspensión de empleo y sueldo, inhabilitación para el cargo o cambio de servicio, en el mejor de los casos, si eran considerados subversivos.

La depuración alcanzó en esos tres años al menos a unas 60 personas que ejercían la docencia y otras actividades en la Universidad de Sevilla y los centros que dependían de ella, donde se impartía el bachillerato, la enseñanza de artes y oficios, idiomas o música.

Únicamente se tiene constancia del fusilamiento de uno de los depurados, el profesor auxiliar de la facultad de Medicina de Cádiz Rafael Calbo Cuadrado, militante del PSOE y de UGT con un brillante currículo académico, que fue ejecutado a los 31 años en uno de los fosos exteriores de Puerta Tierra en la capital gaditana.

Otros pudieron salvar la vida porque se encontraban en Madrid ocupados en sus tareas de diputados cuando Queipo de Llano tomó la capital andaluza.

La lectura de los expedientes de depuración aporta una idea más que meridiana de la ideología y el afán que alentaban a los golpistas sublevados contra la República.

01/09/2023 - Expedientes Franquismo
Imagen de uno de los expedientes depuradores de profesores universitarios.  Universidad de Sevilla (Cedida)

En el del catedrático de Filosofía y Letras Juan María Aguilar y Calvo, por ejemplo, se aduce como causa de suspensión de empleo y sueldo que es diputado a Cortes por Izquierda Republicana, "con intensas actividades políticas", aunque se admite que cumple con sus obligaciones docentes.

Lo mismo se alega en el expediente de otros catedráticos de Derecho o Medicina, mientras que a un profesor numerario de esta última facultad se le depura por ser "de mediana solvencia moral" y un "elemento poco útil a la enseñanza".

Al catedrático de Derecho José Quero Morales, aun reconociéndole también que cumple con las obligaciones de su cargo, se le suspende de empleo y sueldo porque perteneció al "Estat Catalá y últimamente a la Esquerra Republicana". Mientras, al profesor de esa misma facultad Francisco Javier Conde García se le reprocha que, "afiliado a partidos de extrema izquierda, se procuró un cargo en el Ministerio de Instrucción Pública, abandonando sus obligaciones docentes".

Las comisiones de depuración premiaban, por otra parte, la supuesta conversión de los docentes. Es el caso de un profesor de Derecho al que le reconocen que, aun habiendo pertenecido al Partido Socialista desde los 14 años y cotizado para el Socorro Rojo Internacional desde 1935, ha hecho méritos para seguir en su puesto.

"Es justo decir en su descargo que desde que se inició el Movimiento Nacional -se subraya en el expediente- ha hecho ante esta dirección manifestaciones de que repudia los procedimientos de socialistas y comunistas. Y que desde el primer momento se puso al servicio de las autoridades militares de Sevilla y que ahí sigue prestando servicio en la artillería antiaérea de la Base de Tablada. Su conducta ha sido correcta y entusiasta en todo momento".

"Ha blasonado de su izquierdismo con soberbia"

Los profesores considerados de derechas salían casi siempre bien parados de las purgas de estas comisiones

Los calificativos se inflaman en muchos de los expedientes depuradores, como en el del profesor encargado de curso del Instituto de Enseñanza Secundaria de Aracena (Huelva) Manuel Martín Rivero, de quien sus depuradores dicen que "ha blasonado de su izquierdismo con soberbia y altivez, ignorándose la participación que haya tomado en los imnominiosos (sic) hechos marxistas, porque a la terminación del curso se marchó a Ronda con sus familiares".

Tras ello, concluyen: "Es poco entusiasta de la enseñanza y buscó siempre su lucimiento personal por encima de todo".

De otro encargado de curso en un instituto de Carmona (Sevilla), se afirma que es un "sujeto incalificable, izquierdista contumaz" y que "está huido desde luego en colaboración con marxistas".

También se hacen inquietantes exámenes morales de la labor docente, como la de varios profesores de la Escuela de Artes y Oficios de Jerez a quienes la comisión depuradora decide suspender de empleo y sueldo por "su labor demoledora de la sociedad, formando conciencias juveniles con espíritu destructor, moderando (sic) corazones de niños con sentimientos de odio a todo lo bueno, despertando en los cerebros de esos pequeños estudiantes las ideas más perversas".

Su dictamen final fue que se trataba de "masones malos y cobardes, que huyeron sin que se tengan noticias de ellos". La religión, católica, es otro de los factores que tenían muy en cuenta las comisiones depuradoras de la universidad.

Así, en el expediente de un catedrático de Ceuta se resalta que en sus primeros años fue seminarista y que tiene un hermano escolapio. Por esa razón, a pesar de figurar como miembro del Partido de Acción Republicana, se le acaba reconociendo que "en realidad es un hombre de derechas", que únicamente hacía "esfuerzos por figurar como izquierdista".

Los profesores considerados de derechas salían casi siempre bien parados de las purgas de estas comisiones, que alababan su "buena conducta moral y religiosa", además de su condición apolítica, lo cual acababa con un reconocimiento de la labor docente con el siguiente latiguillo: "Cumplidor en exceso de sus obligaciones académicas".

Para definirlos, los depuradores utilizaban calificativos como "persona de orden", "leal al movimiento de salvación nacional" o, simplemente, católico.

01/09/2023 - Muñoz Rivero
Imagen del catedrático de Medicina Muñoz Rivero votando en las elecciones a rector de la Universidad de Sevilla, en 1934.  FOTOTECA MUNICIPAL DE SEVILLA

"Presume de extranjerizado. Da clases en Gibraltar"

Otro motivo de depuración era pertenecer a una religión distinta a la católica

La autarquía, el ensalzamiento de lo puramente español, el aislacionismo que rezumaban los golpistas del régimen franquista queda patente en expedientes como el del profesor de idiomas de la Escuela Elemental de Trabajo de La Línea (Cádiz) Luis Morales, a quien se le recrimina que "presume de extranjerizado" y que da clases en Gibraltar.

"Aunque no puede precisarse su actuación política, ha permanecido en la Escuela manejado por la masonería", dice la comisión depuradora, que concluye: "Ni por el concepto social que merece ni por sus condiciones personales de aprecio a los extranjeros debe continuar ejerciendo en un centro docente español, al que no asiste ni se ha presentado a las autoridades después del movimiento salvador de España".

Los artistas tampoco gustaban a los depuradores franquistas. Valga como muestra lo que escriben del profesor de dibujo de la Escuela de La Línea Luis Díaz del Río, de quien advierten goza de un "desprestigio social más que mediano".

La narración de los hechos que figura en su expediente es muy elocuente: "Al advenimiento de la República pintó un cuadro masónico que ha merecido ser triturado. Y con motivo del actual movimiento salvador de España ha pintado otro que es una visión de la España de 1936 que le ha llevado a la cárcel".

La comisión concluye alegando que "tan concepción de artista denota una inteligencia tan rudimentaria y un sentimiento tan soez que ello solo sería bastante para destituirlo del cargo de profesor. Pero además es fácil, acomodaticio, poco serio, y se deja manejar por la masonería y ahora pretende alagar (sic) a los católicos. Es masón".

La pertenencia a una religión distinta a la católica también era motivo de depuración, tal como refleja el expediente del catedrático y director del Conservatorio de Música de Sevilla, Ernesto Halffer Escriche, en el que se acuerda su inhabilitación.

En el informe se destaca que "es de procedencia judía", que en el principio de su carrera se amparó "en el prestigio de su maestro, el señor Falla" (uno de los compositores españoles más importantes, exiliado tras la Guerra Civil), y que después "ha explotado la protección del señor Azaña" (presidente de la República). 

La destitución de la única profesora de la universidad

La profesora Rosario Montoya era calificada como "simpatizante con las izquierdas sin manifiestas actividades políticas"

El triunfo de los militares golpistas también supuso un notorio retroceso para la incorporación de las mujeres a la docencia universitaria. La única profesora que había en 1936 en la Universidad de Sevilla, Rosario Montoya Santamaría, fue cesada por la Comisión de Depuración.

"Hubo que esperar casi medio siglo para encontrar a otra profesora en las aulas", subrayó la institución hispalense cuando abrió el pasado mes de junio una exposición virtual de los expedientes de depuración.

Rosario Montoya era profesora temporal de la Facultad de Ciencias y, según recoge el libro Enseñanza, ciencia e ideología en España (1890-1950) de Manuel Castillo Martos Juan Luis Rubio Mayoral, se le acusó de gozar de la confianza del catedrático de Mineralogía, Botánica y Zoología, Pedro Castro Barea, integrante de la Institución Libre de Enseñanza con una "notable trayectoria científica", que desempeñaba el cargo de secretario general de la Universidad de Sevilla y fue destituido tras el golpe militar.

En un primer expediente de la comisión depuradora, se califica a Rosario Montoya como "simpatizante con las izquierdas sin manifiestas actividades políticas", con "buena conducta moral y religiosa, cumplidora de sus obligaciones docentes".

Pero el hostigamiento contra ella continuó, hasta que en diciembre de 1937 se ordenó su cese, tras un requerimiento para que informase de su domicilio.

Otras profesoras sufrieron también la persecución de los inquisidores franquistas en la época de Queipo de Llano. Es el caso de María Luisa Huertas, encargada de curso en el instituto de Aracena, quien fue despedida con la acusación de que "se enorgullecía con una república de izquierdas que ella sentía".

En su expediente se refiere que, "muy a su pesar, trata de colocarse, en contra de sus ideales, en el Ejército salvador de España". Pero los depuradores concluyen: "Es un caso de hipocresía, como cuando asistía a las festividades religiosas para luego sacar partido poco piadoso, hiriendo los sentimientos cristianos de todos los católicos. Para bien de España y de la enseñanza [...] debe prescindirse por completo de sus servicios".

01/09/2023 - Rosario Montoya Santamaría
Ficha de la Universidad de la profesora Rosario Montoya Santamaría, la única mujer que daba clases en 1936 en la Universidad de Sevilla y que fue destituida por la Comisión de Depuración.  UNIVERSIDAD DE SEVILLA (CEDIDA)

La mano del rector Mariano Mota Salado

Los enfrentamientos entre asociaciones estudiantiles de derechas e izquierdas eran habituales en los claustros y en la calle

Toda esta depuración formó parte del proceso de represión que se puso en marcha nada más comenzar la Guerra Civil, con Queipo de Llano al mando en Sevilla, según explica a Público el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla Leandro Álvarez. Fue una represión que afectó no sólo a docentes, sino a todo el personal de las administraciones públicas, a médicos, abogados y otros muchos profesionales.

La persona que se encargó en la Universidad de Sevilla de ejecutar la depuración fue el rector nombrado manu militari por Queipo de Llano, José Mariano Mota Salado. Este sustituyó en el cargo a Francisco Candil, un republicano moderado que salvó la vida al huir a su pueblo, Priego de Córdoba, tras el golpe del 18 de julio, señala Leandro Álvarez.

Lo curioso, según el catedrático, es que la depuración llegó a todo el profesorado, incluido el propio Mota Salado, aunque, eso sí, aplicada con diferentes criterios.

A él y a los otros docentes afines al régimen franquista, la comisión los calificaba como un "profesor excesivamente celoso de sus obligaciones", exonerándoles de cualquier sanción. Con ese rasero, en el expediente del rector se destaca que es una "persona de derechas, de buena conducta moral y religiosa".

El golpe militar, y su posterior victoria en la Guerra Civil, supuso una ruptura absoluta entre la universidad de antes de julio de 1936 y la posterior a la sublevación, a juicio de Leandro Álvarez.

La anterior era una universidad que no llegaba a los 200 profesores en todas las facultades dependientes del rectorado hispalense -entonces en Andalucía sólo había dos universidades, la de Sevilla y la de Granada-, donde había crecido mucho el interés por la política tras la proclamación de la República y la aprobación de leyes que facilitaban la participación de los estudiantes en los claustros.

Más del 40% del profesorado universitario de España fue depurado en aquellos años

Los enfrentamientos entre asociaciones estudiantiles de derechas e izquierdas eran habituales en los claustros y también en la calle, una división que se traslucía también entre el profesorado. Esa confrontación, a juicio del catedrático de Historia Contemporánea, pudo azuzar el espíritu de revancha en las comisiones de depuración que se pusieron en marcha tras el golpe militar.

"Lo que quedó fue una universidad con profesores afines a la derecha, al régimen franquista, absolutamente, aunque luego, a partir de los años 50 y 60, la propia universidad se convirtió en uno de los focos de protesta contra el franquismo", destaca Leandro Álvarez.

Sin embargo, a juicio de este catedrático, lo que aún no se ha conocido es el alcance de la represión que se ejerció en los primeros años del franquismo contra el alumnado universitario, contra los estudiantes que formaban parte de las organizaciones de izquierdas que se enfrentaban a las de derechas, alguna de las cuales, como el Sindicato Español Universitario (SEU), estaba estrechamente vinculada a la Falange.

Se desconoce aún, señala Leandro Álvarez, cuántos de aquellos estudiantes pudieron acabar en las fosas comunes de fusilamientos ordenados por mandos militares como Queipo de Llano.

En el caso de los docentes, más del 40% del profesorado universitario de España fue depurado en aquellos años, según se recoge en el libro Depurados, represaliados y exiliados. La pérdida universitaria durante el franquismo, de Alberto Carrillo Linares, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla.

Más de 100.000 personas, entre catedráticos, profesores, auxiliares y ayudantes sufrieron la represión de las comisiones depuradoras en las universidades españolas, con una serie de sanciones que incluían la suspensión temporal de empleo y sueldo, la inhabilitación para cargos directivos y de confianza, el traslado y el cambio de servicio.

Esta depuración afectó expresamente al personal de las universidades y de los centros que dependían de ella, ya que el profesorado de magisterio, quienes daban clases en enseñanza primaria, sufrió otra represión con comisiones específicas que se ocuparon de perseguir a quienes no se consideraban leales al régimen franquista.

"Fue planificada, organizada y coordinada por el régimen franquista a través de un conjunto de normas e instituciones aprobadas con el fin de dar apariencia de legalidad. Este procedimiento sistemático de depuración fue realizado en todo el territorio nacional, a medida que las tropas franquistas avanzaban", señalan las investigadoras Ana Isabel Caballero Loreto Pizarro en el libro La escuela amordazada, la depuración franquista del magisterio en Sevilla, publicado por el Ayuntamiento de la capital andaluza.

Estamos hartos de esperar a que haya justicia para las víctimas del franquismo.

 https://blogs.publico.es/verdad-justicia-reparacion/2023/09/02/estamos-hartos-de-esperar-a-que-haya-justicia-para-las-victimas-del-franquismo/

VERDAD JUSTICIA REPARACIÓN

 

Entrevista con Julio Pacheco, querellante por torturas contra policías franquistas

Comité de Redacción de La Comuna

Julio Pacheco tenía 19 años cuando fue detenido y torturado por los policías franquistas de la conocida como Brigada Político Social, en agosto de 1975. Permaneció siete días en los despachos y calabozos de la Dirección General de Seguridad, actual edificio de Presidencia de la Comunidad de Madrid, aplicándosele la Ley Antiterrorista que se había aprobado después de su detención.

En febrero de este año, a través de la Coordinadora Estatal de Apoyo a la Querella Argentina (CEAQUA) interpuso una querella por torturas contra algunos de los policías que le habían torturado y que había podido identificar: Álvaro Valdemoro, José Luis Montero Muñoz, José María González Reglero y José Manuel Villarejo Pérez. Para sorpresa y alegría de todas y todos, su querella fue admitida el 12 de mayo por la jueza Ana María Iguácel Pérez, del juzgado de instrucción número 50 de Madrid, fundamentando esta decisión en los artículos 14.2 y 15 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Un hecho, hasta el momento, insólito dado que CEAQUA ya ha interpuesto ¡más de cien querellas! –personales y colectivas– en el Estado español y todas han sido inadmitidas, salvo algunas que aún ni siquiera han recibido respuesta, como la interpuesta hace varios años en Pamplona por el asesinato policial de Germán Rodríguez en los San Fermines de 1978.

En el auto de admisión se proveía la toma de declaración a Julio Pacheco como querellante y a Rosa García como testigo para el 14 de julio. No hubo tal. La Sala de Gobierno del Tribunal de Justicia de Madrid impuso a un juez de refuerzo al que se le asignó la causa unos días antes y que tomó la decisión de anular la declaración, sin previo aviso a los citados. Fue un jarro de agua fría, una falta de respeto, una revictimización brutal. Varios medios se hicieron eco de este hecho. También las páginas de este blog.

El pasado mes de julio, el Estado español presentó el informe periódico ante el Comité Contra la Tortura de la ONU. A la vez, varias organizaciones de derechos humanos y memorialistas, entre ellas La Comuna, habían elaborado un informe sombra que recogía varias reivindicaciones sobre este tema. En las "Observaciones finales sobre el séptimo informe periódico de España ante el Comité contra la Tortura" este Comité insta al Estado español a que "adopte todas las medidas legislativas y de otra índole necesarias para garantizar que los actos de tortura y las desapariciones forzadas no sean crímenes sujetos a amnistía o prescripción" –como sería la derogación de la Ley de Amnistía de 1977–, recomendación ya formulada por otros organismos internacionales y en anteriores Observaciones finales y que sigue sin ser atendida por el Estado español. ¿Hasta cuándo?

A primeros de agosto, de nuevo la jueza Ana María Iguácel, dictó una providencia para tomar declaración a querellante y testigo para el próximo 15 de septiembre. La puerta que se había cerrado de golpe, parece que se vuelve a abrir.

Las organizaciones CEAQUA, Amnistía Internacional, Iridia y Grupo Sir[a] han elaborado un comunicado conjunto sobre esta nueva declaración que se puede leer aquí.

Nos entrevistamos con Julio Pacheco antes del día señalado para que nos cuente.

Comité de Redacción: Julio, cuéntanos qué hacías en la época en la que fuiste detenido.

JULIO PACHECO: En el año 1975 yo estaba estudiando 2º de Biológicas en el Colegio Universitario de San Blas, dependiente de la Universidad Complutense. Militaba en la FUDE (Federación Universitaria Democrática de España) y en el PCE (marxista-leninista) organizaciones adheridas al FRAP.

CR: Eras un joven militante antifranquista y asumías el riesgo que conllevaba enfrentarse a un régimen criminal que había dado excesivas muestras de lo que era capaz de hacer. ¿Por qué tomaste la decisión de militar contra la dictadura?

JP: Mi familia es antifranquista. Mi padre combatió en la Guerra de España en el bando republicano y fue duramente reprimido, primero en varios campos de concentración y luego en distintos penales. Estuvo con pena de muerte varios años y en batallones de trabajo en la sierra de Madrid. En total, pasó once años prisionero.

La vida en el franquismo era insoportable. No había ningún tipo de libertades ni se respetaban los derechos humanos. Repartir una octavilla, hacer una pintada te podía costar la vida, ya que la policía o la guardia civil disparaban sin ninguna cortapisa porque se sabían impunes. Todo tipo de información estaba censurada, y los libros, el teatro, la televisión o el cine tenían que pasar una censura previa. Esta situación tan asfixiante era la que animaba a tomar la decisión de organizarte y militar, a sabiendas de los riesgos que asumías.

CR: ¿Cómo era la vida de un militante antifranquista? ¿De qué forma se hacía frente a una dictadura como la franquista?

JP: La actividad antifranquista fundamentalmente consistía en lo que llamábamos "agitación y propaganda": Repartir octavillas, vender nuestro periódico, colocar murales (carteles grandes de papel estraza, escritos a mano, en los que reflejábamos la actualidad, a la vez que difundíamos nuestras propuestas de lucha contra la dictadura), contactar con la gente que mostrara interés,... esa era nuestra actividad cotidiana. A la vez que los mítines, los saltos y las pintadas. Se trataba de denunciar al franquismo con todos los medios posibles a nuestro alcance.

Militar en una organización clandestina te obligaba a adoptar unos hábitos de vida concretos, todos encaminados a evitar las detenciones, que se conocían como "caídas". Era imprescindible mantener la puntualidad en las citas con los demás compañeros y compañeras, el hábito de observar para detectar posibles seguimientos, cambiar en lo posible las rutas en los desplazamientos habituales, anotaciones en clave, etc. Teníamos toda una serie de normas que debíamos seguir por nuestra seguridad y la de quienes nos rodeaban.

CR: A finales del franquismo hay quien dice que la dictadura se "reblandeció", que la represión brutal dejó de existir y se podía disfrutar de algunas libertades, ¿qué opinas?

JP: Franco se hizo con el poder matando y murió matando.  Y se mantuvo en base a represión y terror. En el año 1963 se creo el Tribunal de Orden Público que junto con la Brigada Político Social fueron los encargados de reprimir la disidencia política de esos años. El TOP desde su creación hasta 1977, fecha se su disolución, juzgó a más de 50.000 personas, procesando a 9.146 y sentenciando a 3.890. Paralelamente, la justicia militar condenó durante esos años a 5.600 civiles por delitos "políticos".

Durante los últimos años de la dictadura se incrementaron las condenas del TOP de forma exponencial, coincidiendo con el mayor número de movilizaciones y protestas populares.

En el año 1974 asesinaron a Puig Antich y en 1975, el 27 de septiembre, fusilaron a cinco antifascistas, tres del FRAP (Baena, Sánchez-Bravo y García Sanz) y a dos de ETA (Txiqui y Otaegui). El 12 de agosto de ese mismo año, en el Ferrol, la policía mató a Montxo Reboiras. Estos datos confirman que la cacareada dictablanda no existió en ningún momento. Franco murió matando.

CR: ¿Cuándo saliste de la cárcel? ¿Qué representó en tu vida el hecho de haber sido detenido y encarcelado? ¿Seguiste militando?

JP: Salí de Carabanchel el 3 de diciembre de 1975, en libertad provisional, previo pago de una fianza de 30. 000 ptas. Seguí militando en el PCE (marxista-leninista) hasta su disolución en 1992.

La detención y el encarcelamiento suponen un cambio radical en tu vida. Al perder la beca de estudios tuve que dejar la carrera y los planes de futuro que tenía se vinieron abajo.

Al seguir militando sigues vinculado a tus ideas y sigues luchando por lo mismo que antes de la detención y eso es como una continuación de tu vida anterior. Tienes que cambiar tus objetivos materiales, pero los ideológicos siguen siendo los mismos.

CR: Entonces, seguías siendo un activista durante la transición a pesar del peligro que representaba hacer frente al poder heredero del franquismo que se sentía vulnerable y atacaba con toda su virulencia ¿Puedes describirnos esa época?

JP: La Monarquía impuesta y la llamada transición democrática subsiguiente fue una época sangrienta. Las reivindicaciones populares de amnistía y libertad de expresión, reunión y demás derechos humanos negados fueron respondidos –en un intento de acallarlos– con represión de las fuerzas armadas y las bandas parapoliciales. Aunque faltan todavía los datos reales, se calcula que el número de muertos provocados por la policía fueron 361 y por las bandas parapoliciales, 95.

La monarquía fue impuesta por Franco como continuidad de su régimen, en contra de la voluntad popular. Nos escamotearon un Referéndum entre Monarquía o República, que según declaraciones de Adolfo Suárez, ocultadas durante años y conocidas hace poco, ganaba la República ampliamente.

"Espero que la instrucción del proceso siga adelante, que podamos ver en el banquillo de los acusados a los torturadores y que, por fin, quienes sufrimos represión durante el franquismo y la transición, podamos obtener justicia en el Estado español."

CR: Cuéntanos qué te ha hecho poner querella contra estos policías y qué esperas que puede pasar

JP: Poner la querella por torturas contra varios torturadores de la BPS lo considero un deber con nuestra historia y para el futuro.

Tenemos que dar a conocer lo que significó la dictadura y el atraso que supuso en todos los aspectos: económico, político, social y cultural. También es importante denunciar el papel de la Iglesia, el apoyo que brindó al golpe de Estado y la cobertura moral que le dio. El franquismo se mantuvo durante 40 años en base a la represión y el terror que impuso a los "desafectos", es decir a las clases populares.

Con la nueva convocatoria para declarar ante la jueza Ana María Iguácel se abre una brecha importante en el muro que han construido para preservar la impunidad del franquismo y los torturadores que les ayudaron a mantenerlo.

Es la primera vez que un represaliado del franquismo va a declarar ante un juez en el Estado español, después de más de 100 querellas presentadas. Este es un paso importante.

Espero que la instrucción del proceso siga adelante, que podamos ver en el banquillo de los acusados a los torturadores y que, por fin, quienes sufrimos represión durante el franquismo y la transición podamos obtener justicia en el Estado español.

Esto es lo que debería suceder porque ya estamos hartos de esperar que el Estado cumpla con sus obligaciones respecto a las víctimas del franquismo de asegurar los derechos internacionales de verdad, justicia y reparación. Ya es hora.

divendres, 1 de setembre del 2023

Nueve cuerpos y muchas preguntas sin respuesta en la excavación de la segunda fosa de Parasimón.

 https://www.eldiario.es/asturias/nueve-cuerpos-preguntas-respuesta-excavacion-segunda-fosa-parasimon_1_10477148.html

Los nueve cuerpos de la Fosa de Parasimón, en Pajares, Asturias

Hay una certeza triste y muchas preguntas sin respuesta en torno a la segunda fosa común de Parasimón. El arqueólogo, Antxoca Martínez, y la antropóloga, Lourdes Herrasti, han encabezado esta semana su excavación en el concejo asturiano de Lena. En una ladera muy empinada, apenas a cien metros de la carretera N-630 y cerca de la cima del puerto de Pajares, el equipo ha recuperado nueve cadáveres de víctimas de la despiadada represión franquista que siguió al final de la guerra civil en Asturias.


Hace cinco años, en otra fosa localizada en este mismo paraje, aparecieron los restos de doce personas más. Y ésa es la única certeza sobre Parasimón: el trabajo de familias y asociaciones en pro de la memoria democrática ha permitido recuperar esos 21 cuerpos de personas asesinadas y abandonadas de cualquier manera, y tratarlos con dignidad y respeto, pero no les devuelve su identidad ni su biografía. Ninguno de ellos –todos son hombres– ha podido ser identificado hasta ahora.

Por eso, los expertos de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, que han llevado a cabo los trabajos, han efectuado un llamamiento a todas las personas con raíces en los concejos de Lena y Aller y con desaparecidos en la familia a aportar muestras de ADN para poder cotejarlas con las de los cadáveres hallados. El pasado martes, durante una visita guiada al lugar del enterramiento clandestino, se debatió también la utilidad de crear una amplia base de datos genética para ponerla a disposición de los investigadores que por todo el país intentan localizar a las víctimas sin nombre de las atrocidades que la dictadura franquista disimuló durante décadas.

Búsqueda desde 2010

Porque no todas las excavaciones acaban de la manera agridulce que imaginó Pedro Almodóvar para la búsqueda que recrea en Madres paralelas. En algunos casos, no hay familias al borde de las fosas ni personas que localizan a un ser querido tras muchas décadas de espera. Tal vez porque en ellas yacen personas sin descendencia o cuyo rastro se borró tan a conciencia que nadie sabe dónde buscarlas. Y eso ocurrió en Parasimón hasta que, en 2010, una familia empezó a interesarse por este emplazamiento ante la sospecha de que en él pudiera encontrarse Luis Cienfuegos Suárez.

A oídos de sus nietos llegó entonces el testimonio de Celestino García, Celesto, un vecino del pueblo de Pajares que, ya muy anciano, explicó lo que había visto una noche de noviembre de 1937, al salir de su casa para ir a buscar leña a una cuadra cercana. Una partida armada había obligado a descender de un camión a más de una veintena de hombres, los había dividido en dos grupos y los había matado a todos.

«A partir de ahí, tiramos del hilo. No estábamos seguros del lugar exacto que teníamos que buscar y tenemos que agradecer mucho la ayuda de unos arqueólogos amigos. Con las administraciones, todo es complicado», explica José Antonio Naves Cienfuegos, quien, junto con sus hermanos y primos, se embarcó en una investigación para saber si una de aquellas víctimas podría ser su abuelo.

¿Lo es? Lo único seguro es que Luis Cienfuegos no era una de las doce víctimas exhumadas en junio de 2018, antes de que la pandemia interfiriera en los trabajos e impusiera esta pausa de cinco años entre las dos excavaciones. A la familia le gustaría hallar sus restos y depositarlos con el resto de sus seres queridos en el cementerio de Santibáñez de Murias, la pequeña localidad del concejo de Aller en la que están sus raíces.

"Era un hombre de izquierdas. Había sido minero y agricultor y, cuando lo detuvieron, era consumero en el fielato del pueblo. Durante algunos meses, fue miliciano en el batallón Manuel Llaneza. Pero por poco tiempo. Tenía ya 40 años"

José Antonio Naves Cienfuegos  Nieto de Luis Cienfuegos, uno de los desaparecidos

Los nietos viven hoy dispersos por Madrid y Asturias. «No tenemos ninguna certeza. Sabemos que, tras caer el Frente del Norte, lo detuvieron. Estuvo en la cárcel de Moreda, en Aller. Y de allí salió el camión que trajo aquí a las víctimas. Dijeron que iban a trasladarlas a León, pero no era cierto. En cuanto llegaron al puerto, las asesinaron. Se ensañaron con ellos. Les desfiguraron las caras para hacer más difícil su identificación», cuenta José Antonio Naves.

Pero Celestino García, el testigo, sí conocía a Luis Cienfuegos, que antes de casarse e instalarse en Aller había crecido y vivido en Parana, al pie de la ascensión a Pajares. Celesto, casi tres cuarto de siglo después, estaba seguro de haberlo visto entre los hombres que fueron asesinados.

Las víctimas

«Era un hombre de izquierdas, claro. Había sido minero y agricultor y, cuando lo detuvieron, era consumero en el fielato del pueblo. Allí pesaba las cargas. Porque era un paisano corriente, nadie destacado. Militó en Izquierda Republicana y fue presidente local y también estuvo afiliado a la Federación de Trabajadores de la Tierra. Durante algunos meses, fue miliciano en el batallón Manuel Llaneza. Pero por poco tiempo. Tenía ya 40 años, una edad trabajada para la época», explica su nieto. «Se casó con Amadora, mi abuela, y tuvieron cinco hijos, tres chicas y dos chicos. Mi madre era la mayor. Tenía diez años cuando se llevaron a su padre. La más pequeña era mi tía Ángeles, que por entonces tenía dos o tres años y aún vive. Especialmente por ella queremos encontrar a mi abuelo».

Cerca de José Antonio, asiste a la conversación Luis Alberto Mamés, que se ha enterado de la exhumación y se ha acercado movido por el interés. Busca a su abuelo, Manolo Delgado, desaparecido también en el tornado de venganzas, asesinatos y represión organizado por los sublevados en las semanas posteriores a la caída de Asturias y el desmoronamiento final del Frente de Norte en la segunda mitad de octubre de 1937.

Manolo era policía en Moreda. Un grupo de falangistas allanó su casa un día a la hora de la siesta, encontró su arma reglamentaria en la cómoda del dormitorio y se lo llevó de allí, aún en zapatillas, con el pretexto de tomarle declaración. Alcanzó a tranquilizar a su familia asegurando que volvería pronto, pero esa fue la última vez que su esposa y sus hijas lo vieron.

Su final es un misterio, aunque una de sus cuñadas contó a los allegados que lo había visto en el pueblo de Villamanín, ya en la provincia de León, durante un traslado de ida o de vuelta a la capital leonesa. «No sé si podría estar aquí pero, como lo mandaron a la cárcel de Moreda y quienes están aquí también pasaron por ella, pensé que podría acercarme a ver qué sucede aquí. Mi madre, que tiene 95 años y todavía vive en Bruselas, se quedaría muy tranquila si lo encontráramos», explica su nieto. Se llama Isabel Delgado. Era la más pequeña de tres hermanas y tenía nueve años aquella tarde.

Si estuvieran entre los cuerpos recuperados, sería posible identificar con trabajo de laboratorio a Luis Cienfuegos y Manolo Delgado, puesto que aún tienen descendientes vivos que podrían aportar su ADN. Pero esa reparación que supone poder adjudicar un nombre a cada víctima desenterrada es imposible con demasiada frecuencia.

Lo expone el arqueólogo Antxoka Martínez, responsable técnico de las dos exhumaciones de Parasimón en nombre de la Sociedad Aranzadi, en una charla con la que resume todos los pasos del proceso para un grupo de unas cincuenta personas que han subido hasta Pajares y han hecho el camino hasta la fosa en respuesta a su convocatoria.

Aparte de unas escasas monedas sueltas de poco valor, en los cadáveres no había nada, ningún objeto que dé alguna pista que quiénes pudieron ser o a qué se dedicaban en vida. No llevaban insignias, ni hebillas. Por su aspecto, algunas botas parecen de uso militar pero, en el contexto bélico de la época, ese detalle aporta poca luz. De Parasimón solo ha salido un nombre hasta ahora: el de Jesús Oca Pardo. Pero de poco ha servido. Nadie lo busca ni lo reclama.

Separados en dos grupos

A partir de la fosa y de las posiciones que los restos óseos ocupan en ella, el equipo de Aranzadi sí ha confirmado varios pormenores del relato de Celestino García. Los 21 ejecutados fueron separados en dos grupos. A los doce de ellos encontrados en 2018, los hicieron formar en una línea de fusilamiento y los ejecutaron al mismo tiempo, con una profusión de balas que apunta o a un ensañamiento deliberado o al nerviosismo de tiradores inexpertos. Los nueve recién hallados, por el contrario, fueron asesinados de uno en uno, de rodillas y con disparos de fusil a la cabeza. Alguno presenta indicios de haber sido rematado en el suelo.

Los cuerpos fueron abandonados, los matarifes nunca pensaron en sepultarlos. Fue un grupo de adolescentes del pueblo, bajo la dirección del maestro de la escuela, quienes dieron a los muertos la dignidad de los enterramientos

Las características de las fosas corroboran la memoria de los habitantes de Pajares. Los cuerpos fueron abandonados al aire libre y los matarifes nunca pensaron en sepultarlos, sino que los dejaron a merced de los animales del monte. Fue un grupo de adolescentes del pueblo, bajo la dirección del maestro de la escuela, quienes dieron a los muertos la dignidad de los enterramientos, aunque fueran precarios y provisionales.

Debieron excavarlos con apresuramiento, quizá con miedo a represalias o a correr un destino similar si los descubrían, aprovechando la inclinación del terreno. Son fosas poco profundas y demasiado pequeñas para albergar tantos cuerpos, lo que les obligó, en algunos casos, a poner unos encima de otros. Pero trataron a todos aquellos hombres con el respeto que les negaron sus asesinos. Ningún cuerpo fue arrojado sin miramiento. Todos fueron depositados con cuidado en las zanjas.

Han pasado cerca de 86 años y el paisaje ha cambiado en este tiempo. Celesto recordaba los disparos en una pradería, una zona de pastos abierta y despejada. Pero desde entonces se ha generado nuevo suelo y aquel claro ha dejado de serlo. Sobre las fosas crece ahora un bosque de coníferas y el terreno ácido deteriora los restos con rapidez. Es un símbolo palpable del olvido en que las administraciones tienen a la familia y a las víctimas y del plazo que se agota para muchas personas que buscan a los suyos.

José Antonio Naves reconoce que la aprobación de las leyes estatal y autonómica de Memoria Democrática ha supuesto alguna diferencia. En 2018, su familia tuvo que recurrir a un crowdfunding para recaudar los 7.000 euros que costó la exhumación. La campaña de este año está financiada por el Gobierno del Principado de Asturias y cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de Lena.

Lugar de ejecuciones

Pero Antxoka Martínez, con toda la experiencia acumulada por la Sociedad Aranzadi en la localización de miles de desaparecidos, no es demasiado optimista. Todo el puerto de Pajares, por no alejarse de esta misma zona, está repleto de fosas que no se han localizado con mayor precisión.

Hablamos de crímenes de lesa humanidad. Cogieron a unas personas, se las llevaron y las mataron sin juicio. Ha pasado ya mucho tiempo, demasiado, y les debemos reparaciones a todas

Antxoka Martínez  Arqueólogo de la Sociedad Aranzadi, responsable de las excavaciones

Era un lugar apartado, pero con buenos accesos, y los verdugos acudían a él con frecuencia. Es un dato extraño para conocerlo durante la conversación previa a la visita. Porque la cita es en el mesón El Ruchu, un establecimiento muy popular por sus bocadillos y sus cafés especialmente en invierno, cuando está abierta la cercana estación de esquí de Pajares que atrae a miles de personas.

Las curvas y las pendientes de la N-630 conforman también un recorrido muy apreciado por grupos de moteros. La carretera ya no es la principal vía de comunicación entre Asturias y la meseta, como lo fue hasta la apertura de la autopista de peaje que atraviesa el valle del Huerna desde los años 80, pero aún tiene un tráfico continuo junto al que siguen ignorados tantos cuerpos y tantas historias por desvelar.

Asturias es la tercera comunidad autónoma con más fosas en el mapa oficial. El Ayuntamiento de Lena, que envió a un representante de su equipo de gobierno, tiene noticia de 33 enterramientos y su intención es recuperar a todas las víctimas. Desde Candamo, en el curso medio del río Nalón, llegó otro representante para pedir consejo sobre cómo proceder a la apertura de las seis fosas de las que existe constancia en su concejo.

«Hablamos de crímenes de lesa humanidad. Cogieron a unas personas, se las llevaron y las mataron sin juicio. Ha pasado ya mucho tiempo, demasiado, y les debemos reparaciones a todas», zanja el arqueólogo. Un sentido aplauso cierra su intervención.