dissabte, 20 de novembre del 2021

Cárcel, destierro y marginación social: la persecución franquista contra personas trans que el Estado aún esconde

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La dictadura calificaba la transexualidad como una "homosexualidad extrema" y la perseguía como si se tratase de un delito. A día de hoy existen archivos oficiales sobre ese tipo de represión que se mantienen bajo llave.


Francisco Franco
El dictador Francisco Franco.  EFE

La noche ya había caído en Alacant (Alicante). Así, en plena oscuridad, empezó todo. Primero aparecieron muchos policías. Luego llegaron los gritos, las carreras... y la homofobia institucional de una dictadura franquista que creía que las personas homosexuales eran tan delincuentes como enfermas, y que las transexuales no eran más que la manifestación de una "homosexualidad extrema" a la que había que "convertir" con cárcel, marginación y "reeducación".

El 30 de abril de 1968 en Alacant tuvo lugar una de las tantísimas redadas que el régimen lanzaba contra la "gente de conducta inmoral" y de "mal vivir", tipología que valía tanto para "homosexuales, prostitutas y atracadores de menor cuantía". Según contó la agencia Logos, propiedad de Editorial Católica, aquella noche hubo, en total, 39 detenidos. 

"El régimen no tenía asumido el concepto de transexualidad, sino que considera a las mujeres trans como homosexuales extremos", señala a Público Víctor M. Ramírez, investigador de temas relacionados con la memoria LGTBI. "De ser condenadas por escándalo público o posteriormente por peligrosidad social, iban a un centro penitenciario masculino. Si tenían el pelo largo se les cortaba y se les vestía como hombres", añade este experto. 

Este sábado 20, coincidiendo con el Día Internacional de la Memoria Trans, se siguen acumulando las preguntas e incertidumbres sobre distintos aspectos de esa persecución de carácter tránsfobo por parte de la dictadura. "Estamos hablando de personas que fueron discriminadas, apartadas y durante mucho tiempo olvidadas", subraya Ramírez.

El olvido rima con el silencio. De eso sabe bastante Guillermo Portilla Contreras, catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Jaén y autor de una detallada investigación sobre "derecho penal franquista y represión de la homosexualidad como estado peligroso" que publicó el Ministerio de Justicia en 2019.

Según destaca Portilla, la imposibilidad legal de acceder a archivos oficiales hasta después de pasados 50 años contribuye, precisamente, a ese silencio. "Son muchos los límites que tenemos para poder investigar lo que pasó. Por un lado, están los límites temporales; por otro, tenemos la Ley de Secretos Oficiales de la dictadura que aún sigue vigente", explicó.

Este profesor de la Universidad de Jaén tiene en mente un caso concreto que resulta tan enigmático como aterrador: "Por ejemplo, hasta ahora no hemos podido saber lo que ocurrió con el Centro de Reeducación de Homosexuales que se creó en Huelva y que fue presentado por (el entonces ministro franquista) Manuel Fraga Iribarne".

La clave de lo que plantea Portilla está en la Ley de Peligrosidad Social que el franquismo instauró en enero de 1970 en sustitución de la Ley de Vagos y Maleantes. La nueva norma establecía concretamente la creación de centros de "reeducación" para "homosexuales, prostitutas y menores". 

Electrodos

Esa misma ley definía a las personas homosexuales como "peligrosos sociales", revistiendo así la represión homófoba de un supuesto barniz "legal". De hecho, la mecánica represiva tenía varios componentes dirigidos a castigar, aislar e incluso, "curar", como si se tratase de una enfermedad. "La curación era a través de electrodos y supuestos tratamientos psiquiátricos", detalla Portilla.

De hecho, este investigador logró demostrar que hubo jueces como Antonio Sabater Tomás que "sustituían las medidas de internamiento en una cárcel por el ingreso en institutos frenopáticos de Barcelona". En cartas escritas por los responsables de dichos institutos, "se reconocía que estaban aplicando terapias aversivas, y además se vanagloriaban de que la mayoría de los homosexuales se convertían en heterosexuales gracias a esos métodos".

El sistema de castigo tenía varias patas. Por un lado, la consideración de "peligrosos sociales" permitía que las personas homosexuales –y también las transexuales– recibiesen condenas "con una sanción privativa de libertad de uno a cinco años que se cumplía en campos de concentración como los de Miranda de Ebro y Nanclares de Oca, en colonias agrícolas como la que existía en Fuerteventura y en prisiones comunes".

En estos casos, recuperar la libertad no significaba, ni de cerca, ser auténticamente libres. "Una vez que cumplían la privación de libertad se les desterraba durante unos dos años de la ciudad en la que vivían", relata Portilla, quien destaca que el final del destierro tampoco implicaría el cese del castigo y la humillación. 

Cuando volvían a sus respectivas localidades se les aplicaba la libertad vigilada, de tal forma que la persona era perseguida por dos delegados de la dictadura "allá donde iba", sobre todo cuando trataba de conseguir un empleo. "Por ejemplo, si buscaba trabajo en un comercio, los delegados se encargaban de decirle al comerciante que se trataba de un pederasta, término que utilizaban para denominar a los homosexuales", señala el investigador.

La condena se volvía entonces eterna y abarcaba todos los aspectos posibles. "Había una confluencia de la medicina, la psiquiatría, el derecho penal y la Iglesia franquista", continúa Portilla, quien a continuación establece cada uno de esos nexos. "La medicina –subraya– les veía como enfermos, la psiquiatría como una perversión, el derecho penal como un estado peligroso y la Iglesia como un pecado". 

Los jueces del odio

A nivel de los tribunales, la persecución recaía en unos jueces franquistas que luego, con Franco muerto y España en transición democrática, continuaron impartiendo justicia. "Hasta que no murieron, esos jueces siguieron dictando sentencias", resume Portilla.

Uno de los magistrados del Tribunal Supremo que persiguió a personas homosexuales y transexuales fue Federico Castejón, quien mostraba en sus sentencias una rabia incontenida. Tal como pudo recopilar el profesor de la Universidad de Jaén durante su investigación, ese mismo juez escribió de puño y letra un anteproyecto falangista de Código Penal "donde se prohibía el matrimonio entre un español y una persona de raza inferior".

El juez Luis Vivas Marzal fue otro de los jueces homófobos con los que contó el régimen, y también la incipiente democracia. Según determinó Portilla, "este señor decía que la homosexualidad era un delito y un pecado contra el espíritu santo. Siguió condenando a homosexuales hasta 1980, incluso cuando la Ley de Peligrosidad ya había desaparecido". El odio, en cambio, continuaba.

Una Ley de Amnistía atípica. JOSÉ ANTONIO MARTÍN PALLÍN.

 

https://blogs.publico.es/dominiopublico/41332/una-ley-de-amnistia-atipica/


JOSÉ ANTONIO MARTÍN PALLÍN

Abogado. Comisionado español de la Comisión Internacional de Juristas (Ginebra). Ha sido Fiscal y Magistrado del Tribunal Supremo


Miembros del Gobierno aplauden, de pie, el 14 de octubre de 1977, tras haber sido aprobada la proposición de Ley sobre Amnistía, con 296 votos a favor, 2 en contra, 18 abstenciones y 1 voto nulo. EFE
Miembros del Gobierno aplauden, de pie, el 14 de octubre de 1977, tras haber sido aprobada la proposición de Ley sobre Amnistía, con 296 votos a favor, 2 en contra, 18 abstenciones y 1 voto nulo. EFE

La forma en que se llevó a cabo la transición de la Dictadura  a un sistema democrático, no tiene parangón en la historia contemporánea. En España ya se había  vivido el cambio de una dictadura a una democracia con el advenimiento de la Segunda República. No fue necesaria ninguna Ley de Amnistía. Bastó con la puesta en marcha de los mecanismos normales que pasaban por poner en libertad, sin necesidad de cobertura jurídica,  a todos los que en ese momento, estaban presos por sus ideas republicanas y  antimonárquicas.

En tiempos más recientes en Portugal se produce una revolución, encabezada por los militares, que derroca la dictadura. Se abren las cárceles salen los presos políticos, dejando un lugar a los que y van a ser juzgados por sus crímenes el largo período dictatorial. En Alemania en circunstancias completamente distintas, la derrota del Hitler, da paso a un sistema democrático que como es lógico anula todas las Sentencias condenatorias del régimen nazi e incluso, en tiempos recientes, la caída de la dictadura comunista de la República Democrática Alemana por la simple descomposición del régimen, se anulan las condenas y se pone en libertad a los presos políticos.

Aquí las cosas sucedieron de un modo distinto.  El 20 de noviembre de 1975 muere el dictador Francisco Franco y el régimen permanece intacto hasta el momento en que personas procedentes del aparato de la dictadura, deciden poner en marcha los mecanismos políticos y jurídicos para  transformar el sistema y caminar hacia un régimen democrático.

Entre la fecha de la muerte de Franco y el 4 de Enero en 1977 se promulgan dos medidas de gracia. La primera es el Decreto de Indulto general  de 25 de noviembre de 1975, con motivo de la proclamación de Juan Carlos de Borbón como rey de España según las leyes franquistas. El indulto se fundamenta en la Ley Orgánica del Estado y se justifica como un homenaje a la memoria de la egregia figura del Generalísimo Franco.  Afectaba a todas las penas y correctivos de privación de libertad, las multas e incluso a la privación del permiso de conducir (sic).

Posteriormente y también bajo las leyes franquistas se dicta un Real Decreto-Ley el 30 de julio de 1976 en el que se concede una amnistía  para todas las responsabilidades derivadas de acontecimientos de intencionalidad política o de opinión, excluyendo los atentados  contra la vida e integridad física de las personas. En otras palabras se dejaban fuera los crímenes de las organizaciones terroristas. De manera sangrante se excluía a los militares de la Unión Militar Democrática UMD, con el inaceptable argumento de que podía minar la mejor organización y la moral militar de las instituciones armadas.

El rumbo definitivo hacia un sistema democrático comienza el 4 de enero de 1977 con la Ley para la reforma política en la que se restablece la soberanía que otorga al pueblo español. A partir de este momento y en un proceso electoral acelerado, se va poniendo los hitos para convocar las primeras elecciones democráticas, después de la dictadura, para el 17 de junio de 1977. Su resultado configura  las primeras Cortes Generales democráticas.

El Gobierno, todavía franquista, decide integrarse en el sistema internacional de los derechos y libertades fundamentales pero, al mismo tiempo, se niega a condenar el golpe militar y los crímenes cometidos durante la guerra civil y la dictadura. Siguiendo con este espíritu renovador, España firma y ratifica, el 30 de Abril de 1977,  el Pacto Internacional de derechos civiles y políticos. En el  preámbulo de su publicación oficial  promete cumplirlo,  y hacer que se cumpla y observe puntualmente en todas sus partes.

Por pura coherencia y por el compromiso contraído con la comunidad internacional los políticos que aprobaron la amnistía del 15 de octubre de 1977,  debían ser conscientes de que el Pacto imponía obligaciones que era necesario respetar.  La ley de Amnistía no contiene  una Exposición de Motivos que justifique las razones por las que se  ignoraban las limitaciones que imponía la vigencia, desde el 27 de junio de 1977, del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.

Si lo que se pretendía era sacar de las cárceles a los que estaban presos por sus actividades políticas, disponían de una vía directa y plenamente ajustada a la legalidad. Bastaba con la aplicación del art. 14 del Pacto para declarar la nulidad de todas las Sentencias dictadas en Consejos de Guerra y por el Tribunal de Orden Público por vulneración del derecho al debido proceso según las exigencias de una sociedad democrática. Su aplicación producía efectos similares a los de una amnistía y evitaba la paradoja de que un Parlamento democrático, amnistiase a personas presas por su lucha contra la dictadura,  equiparándolos a los torturadores y represores de la dictadura franquista.

El asesoramiento jurídico de los que contribuyeron a la redacción de la ley de amnistía no fue muy afortunado. En primer lugar deberían ser conscientes de la imposibilidad de amnistiar los delitos de lesa humanidad, genocidio y tortura por imperativo del artículo 15.2 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Nadie discute la irretroactividad de las leyes penales sancionadoras pero también son de común reconocimiento en la cultura jurídica internacional, las excepciones que se recogen al final del art. 15.2 cuando después de reconocer la irretroactividad dice que nada se opone al juicio o la condena de personas por actos u omisiones que en el momento de cometerse fueran delictivos según los Principios Generales del Derecho reconocidos por la Comunidad Internacional. Por tanto la enmienda a la Ley de memoria democrática propuesta conjuntamente por el PSOE y UP, encaja perfectamente con las exigencias y compromisos contraídos por España.

Seguramente todo hubiera sido más sencillo sí  se hubieran seguido las recomendaciones  de los Relatores especiales encargados de velar por el cumplimiento del Pacto Internacional. En dos ocasiones 2014 y  2020 recomendaron, con el aval de Naciones Unidas, la derogación de la Ley de  Amnistía. Una vez más, sacamos a relucir nuestros ancestros patrioteros, considerando que semejante propuesta constituía un ataque a nuestra dignidad, independencia y buen hacer democrático.

Volviendo a la Ley de Amnistía de 1977 las contradicciones e incongruencias se acentúan hasta el punto de que pudiera dar lugar a reacciones y protestas por parte de las víctimas del terrorismo. Se amnistían todos los actos de intencionalidad política cualquiera que fuese su resultado (es decir los asesinatos terroristas) que habían quedado fuera de la amnistía de 1976, poniendo solamente un tope temporal.

La creación de una Fiscalía especial para el desarrollo de la Ley de la Memoria Histórica obliga al Ministerio Fiscal, sometido al principio de legalidad, a la apertura de una investigación cuando se trate de delitos de lesa humanidad, genocidio o tortura. Determinar si el acto o el hecho denunciado es un delito de lesa humanidad nos obliga a confrontarlo con el contenido del estatuto de la Corte Penal Internacional en el que se definen estos delitos. Es posible o casi seguro que sus autores hayan fallecido. Sin embargo si lo denunciado es un delito de torturas caben muy pocas matizaciones y si se constatara la supervivencias de sus autores debe imponerse la condena.

A la vista de los precedentes que se derivaran de aplicación de la de la Ley de Memoria Histórica de 26 de diciembre de 2007  parece que va a haber una resistencia  a tramitar estos procedimientos si tenemos en cuenta los antecedentes de numerosos juzgados, de la Audiencia Nacional, del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional. Una vez más tendrá que ser el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo el que restaura la legalidad.

En el 20-N. ÁNGEL VIÑAS

 https://blogs.publico.es/dominiopublico/41266/en-el-20-n/

20 de noviembre de 2020, España, Mingorrubio: un franquista frente a la tumba de Franco en su aniversario de muerte.- Indira / DAX vía ZUMA Wire / dpa

Como todos los años precedentes, 2021 tiene su 20 de noviembre. Como todos los años, en este se recordará igualmente el de 1975. Claro que los que lo recordamos por haberlo vivido seremos cada vez menos. En paralelo, aumentarán los que no lo hicieron. Para estos, que al menos tendrán ya más de la cuarentena y verosímilmente se preocuparán por la educación de sus hijos, conviene señalar que se trata de una fecha inscrita con alegría en el corazón de muchos. Ciertamente, en el de quien esto escribe.

Después de casi tres años de guerra y cuarenta de posguerra, de los cuales la mitad se pasaron en el autoaislamiento económico (autarquía se decía entonces) y en una represión inmisericorde y con suma frecuencia cruenta para republicanos, liberales, socialistas, anarquistas, comunistas, masones, librepensadores, ateos -todos globalmente incluidos en el concepto de la "Anti-España-, una modesta prosperidad alentada por la emigración, el turismo y la inversión extranjera en medio de una continuada violencia estructural (algo más sofisticada), el 20 de noviembre de 1975 entreabrió las puertas a la esperanza. No sin temores. La Transición también tuvo sus víctimas, de muy diverso tipo. De violencia etarra y de violencia policial, pero alumbró un rayito de luz.

Hoy, como en ocasiones anteriores, representantes escasamente reciclados de los pilares ideológicos de la dictadura, volverán a invadir las redes -e incluso quizá algunas plazuelas- para reclamar una vuelta a aquellos tiempos en los que, sin rastro de vergüenza aparente, afirman que "con Franco vivíamos mejor". Sin duda hay gente que se lo cree. Algunos porque se lo han dicho en casa. Otros porque lo oyen y leen en las redes. No faltarán los ignorantes.

¡Ay!, el sistema educativo español, en buena parte en manos privadas, no ha hecho su deber y, en general, tampoco se le ha obligado a ello. No es lo que pasa en países de nuestro entorno en los que hay un pasado del que tampoco pueden sentirse demasiado orgullosos, sea porque en ellos afloraron dictaduras (no tan largas como la española) o bien porque, invadidos, tuvieron que sobrevivir bajo la bota de la ocupación.

¿Por qué, sin embargo, España es un caso un tanto particular en la Europa occidental? Con el paso del tiempo va aclarándose el pasado. Se toma distancia de él y, bien o mal, los historiadores hacemos nuestra labor. Es modesta, porque hagamos lo que hagamos no es posible cambiar el pasado. Lo que los historiadores sí podemos es contribuir a modificar las representaciones de ese pasado. Esto es lo que fastidia a mucha gente que, en general, se encuentra del lado de aquéllos que todavía tienen una visión positiva de Franco, hoy fallecido hace 46 años, e incluso de su dictadura.

Naturalmente a nadie le gusta que le digan que está equivocado. Sin embargo, desde 1975 a esta fecha los historiadores españoles hemos cumplido con nuestro deber. Hemos explorado archivos, hemos leído libremente a los colegas extranjeros ya no censurados, nos hemos puesto al día con los progresos de la disciplina y otras afines, hemos contribuido a interpretar las fosas del olvido, hemos sido un fermento social incansable. Y hemos mostrado algunas cosas que deberían haber sido evidentes sin necesidad de realizar los grandes esfuerzos que hemos realizado individual y colectivamente.

- La guerra civil no fue irremediable. Fue producto de circunstancias concretas y preparada por actores concretos: monárquicos alfonsinos, carlistas, un sector de las fuerzas armadas debidamente manipulado y siempre contando con el apoyo, que llegó, de la Italia fascista.

- Se preparó y se hizo con argumentaciones espurias. En modo alguno se trató de evitar que la PATRIA cayera en las garras de masones, judíos, comunistas y demás ralea (en este sentido recomiendo la lectura del último libro de sir Paul Preston, Arquitectos del terror, que acaba de publicarse).

- No la quisieron los republicanos liberales, ni los socialistas, ni los anarquistas, ni los comunistas ni, en general, la "Anti-Patria", que aspiraban a una España modernizada en lo político, en lo económico y en lo social.

¿Y Franco?

Franco se "coló" porque la sublevación del 17/18 de julio quedó descabezada tras el asesinato de José Calvo Sotelo (cabecilla civil del golpe) y la muerte en accidente del teniente general José Sanjurjo, rencoroso. No tuvo rivales. Se aprovechó de la prevista ayuda mussoliniana y se encontró con el "chollo" de una ayuda nazi que consiguió en circunstancias que servidor desveló, más o menos, un año antes de su óbito. Como hacemos los historiadores: con evidencias documentales, debidamente analizadas y contextualizadas. Franco traicionó no solo al juramento de lealtad que había hecho a la República, también incluso a la Corona después de haber camelado durante tantos años a Alfonso XIII. Por eso hubo monárquicos que jamás se lo perdonaron, aunque como buenos monárquicos se acomodaron de una dictadura que jamás tomó medidas contra ellos. Las que se tomaron lo fueron contra la "Anti-España".

¿Y el terror?

En lo que se refiere al que se desató en la zona leal al Gobierno no se hubiera producido si el golpe hubiese tenido éxito o, mejor aún, si no hubiera ocurrido. En el que se desató en la zona sublevada fue consustancial con el golpe. Estaba previsto. Estaba articulado. Irrumpió con una violencia feroz, porque de lo que se trataba era precisamente de aniquilar a la "Anti-España", es decir, a quienes representaban un desafío para el orden económico, político y social de la parte feliz de la España, no menos "feliz", que apoyaba a la monarquía: la Iglesia, las Fuerzas Armadas, la Judicatura, más todos los que vivían contentos en aquellos tiempos de modernización controlada.

Es penoso que todavía hoy una parte de la sociedad española siga creyendo las mentiras, camelos y mitos que propagó la dictadura para justificar su nacimiento y su existencia. Pero es comprensible, porque las representaciones del pasado afectan al presente y quienes controlan ambos pueden pensar que también controlarán el futuro. Manipular la historia no es nunca una ocupación inocente.

LOS MERINALES SUMA Y ¿SEGUIMOS? Cecilio Gordillo.

 

LOS MERINALES SUMA Y ¿SEGUIMOS?
Desde el 2002 hemos venido haciendo gestiones ante la delegación del Gobierno con la clara intención de que se interviniera en el solar donde estuvo situado el campo de concentración con el mismo nombre “Los Merinales”, en el término municipal de Dos Hermanas junto a los de La Corchuela y El Arenoso en el límite con Los Palacio-Villafranca . Todo ello a petición de los expresos o libertos reunidos en la Pablo de Olavide el 22/02/2002.
En los años que siguieron se consiguió aclarar todo lo relativo a la propiedad e incluso su inscripción en el catastro lo que nos posibilitó conocer que dicha parcela de más de 59.000m2 fue adquirida por el gobierno civil a principio de los años sesenta para acoger los refugiados de las riadas de Sevilla, junto al campo de la Corchuela. También tramitamos todo lo relativo a la cesión para construir allí lo que sería un “Memorial como homenaje a los presos esclavos del Franquismo” algo que inició Juan Ignacio Zoido y al que siguieron otros con los cuales se mantuvieron encuentros puntuales, hasta que el acuerdo de constituir una Fundación (23 entidades, instituciones, organizaciones políticas y sindicales) se fue al traste por órdenes directas del presidente Chávez al Comisario de la Memoria Histórica del momento Fernando Soto.
El último con quien hablamos de los Merinales y su futuro fue con Gómez de Celis en su corto periodo de “mandato” (2018-2019, menos de un año) y del que conseguimos que mandara, la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, unos cuantos obreros para limpiar superficialmente, de escombros y basura la parte más cercana a la carretera NIV. Aquello sigue siendo un basurero y esta próxima semana la cadena de TV ARTE volverá a tomar imágenes de lo que fue un campo de concentración por donde pasaron varios miles de presos esclavos del franquismo. Así se verá como cuida un ayuntamiento socialista la “memoria histórica”.
Mucha más información sobre Los Merinales en: https://www.todoslosnombres.org/.../files/documento440_0.pdf

De los 91 años de Agustina a los cinco días de Vega: cuatro generaciones para asistir a la exhumación de siete fusilados.

 https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/91-anos-agustina-cinco-dias-vega-cuatro-generaciones-asistir-exhumacion-florentino-recio_1_8497493.html



Vega y otros familiares de Jerónimo, fusilado en Recas


Florentino Recio Fernández, Jerónimo Cedillo Zurita, Gabriel Zurita Martín, Juan Zurita Martin, Domingo Díaz (o Domingo Martínez), José María Barahona (o Seseña) y Pedro Díaz. Son los nombres de las siete personas fusiladas por el franquismo el 19 de noviembre de 1936 en el municipio de Recas y cuyos restos mortales han sido localizados casi 85 años después en el denominado paraje de Los Tintos.

Las labores de búsqueda y exhumación que realizan la decena de voluntarios de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) desde este pasado lunes han dado sus frutos en apenas 48 horas con la localización de los cuerpos de las siete víctimas. Cinco de ellas en una fosa común y otros dos en otra a parte -que serían los de un padre y su hijo, Gabriel y Juan Zurita-, todas ellas bajo una especie de panteón instalado por sus familiares para preservar, señalizar y mostrar los nombres de las personas asesinadas.

"Ha sido tal y como nos decía la hija de Florentino con su descripción que nos íbamos a encontrar las dos fosas", apunta a este medio Marco González, el coordinador de la exhumación. Ya han podido incluso exhumar el primer cuerpo de la fosa en la que hay dos personas y este miércoles continúan con el resto de exhumaciones de los restos para llevarlos después a analizar en el laboratorio que tiene la asociación en Ponferrada.

Allí, confían en certificar en que los restos localizados se corresponden con los de las víctimas del franquismo que los propios familiares o incluso historiadores locales llevan denunciando su desaparición desde hace décadas. La ARMH cuenta con muestras genéticas de tres familiares y consiguieron ponerse en contacto con allegados de cinco de las víctimas, apunta González.

Cuatro generaciones

Entre los familiares que están presenciando estos días las labores de exhumación se encuentra Agustina Recio (91 años), hija de Florentino Recío, a quien fusilaron cuando ella tenía solo 5 años. El cuerpo de su padre será enterrado junto al de su mujer en el cementerio municipal de Recas, mientras que otros familiares de las víctimas plantean la posibilidad de levantar un nuevo panteón también en el cementerio para rendir homenaje a los asesinados.

En el paraje también se han dado cita familiares de hasta cuatro distintas generaciones de Jerónimo Cedillo Zurita. La más pequeña Vega, un bebe de cinco días que ha sido un "símbolo emocionante" visitando la fosa de su tatarabuelo, uno de los siete vecinos que fueron arrestados en esta localidad para ser trasladados a declarar a Toledo, donde nunca llegaron.

Labores de la exhumación

Respecto a las labores propias de la exhumación, el coordinador del equipo de voluntarios de la ARMH, en el que participa también una voluntaria de Estados Unidos, señala que ya el primer día encontraron evidencias balísticas en toda la fosa, donde se ubica "el lugar del asesinato". Además, en las dos fosas han encontrado "un montón de objetos personales como carteras de cuero para tabaco, mecheros o calzado -alpargatas de goma-".

Ante este escenario de violencia, la asociación ha interpuesto la pertinente denuncia en el cuartel de la Guardia Civil de Villaluenga de la Sagra. Y al paraje acudió también la policía judicial para documentar todo el proceso y los restos encontrados. También han pasado por allí los alcaldes de Recas, Villaluenga y Yuncler, quienes han colaborado con la asociación para hacer posible este proceso de exhumación.

"Se han acercado vecinos, gente interesada por el tema, historiadores locales. Es algo que tienen que respirar, tiene que haber un diálogo para conocer la historia de estos hombres. Hay familiares que se conocían pero que no habían tenido contacto. Aquí cuentan sus vivencias, algunas tuvieron que marcharse del pueblo por motivo politos o económicos y se han reencontrado", subraya González sobre las vivencias que están teniendo estos días en Recas,.

Allí también se ha acercado la televisión pública de Alemania, universitarias de Holanda que hacen un estudio de antropología social o incluso una televisión palestina para documentar un pasado que no se nos debe borrar de la memoria.


Ha sido muy emocionante. La familia de Jerónimo Cedillo, uno de los hombres que buscamos en la fosa de Recas (Toledo), ha querido que su tataranieta, Vega, de cinco días, estuviera en la fosa como un símbolo de que sus descendientes siguen honrando su memoria.
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