El historiador Gutmaro Gómez Bravo revela cómo la inteligencia militar y la infiltración propiciaron la derrota republicana y la rendición en la guerra civil.

Madrid--Actualizado a
Gutmaro Gómez Bravo revisa los motivos que condujeron al fin de la Segunda República a partir de la documentación inédita del Servicio de Información y Policía Militar (SIPM), "una maquinaria de inteligencia y militar perfecta" que diseñó su estrategia desde el Cuartel General de Francisco Franco en Burgos.
"El final de la guerra civil se debió a una operación militar que logró la rendición desde dentro, un cambio estratégico a partir de 1938. Y, en paralelo a la quiebra interior del enemigo, anuló los intentos de mediación republicanos en el extranjero", explica el autor del libro Cómo terminó la guerra civil española (Crítica).
El catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense profundiza en su ensayo en la importancia del espionaje franquista en el desenlace de la guerra civil, donde "la derrota republicana no se explica solo por el fracaso militar, la asfixia económica, el apoyo internacional y la desintegración y la traición republicanas".
Aunque, sostiene Gutmaro Gómez Bravo, la documentación aportada sirve para explicar cómo la "estrategia de captación desde dentro" dinamitó la Segunda República. "Y, además, consigue el reconocimiento exterior al lograr cambiar la imagen internacional de Franco como hombre de Estado, mientras que en España era implacable".
Usted plantea que la guerra civil pudo terminar meses antes.
Sí, porque militarmente está decidida. La cuestión es cómo se entregan o se rinden 400.000 combatientes y las grandes ciudades republicanas, que todavía tienen un territorio de unos diez millones de habitantes. Esa complejidad hace que la guerra no acabe antes, aunque previamente hubo un intento de mediación del Vaticano para alcanzar un armisticio en la Navidad de 1938, así como un plan de rendición del Ejército republicano el 31 de enero. Y el propio Francisco Franco cree que la primera reunión para la entrega se puede celebrar el 2 de marzo, coincidiendo con el día de la proclamación del papa Pío XII.
¿Franco dilató la guerra para asegurar una "victoria total" y castigar a los republicanos, como sostienen algunos historiadores?
El proyecto de los franquistas es que toda la población se rinda de forma ordenada. Eso evidentemente desemboca luego en el modelo de Estado y en el castigo que plantean ya en la propia rendición. No creo que alarguen la guerra para matar a más gente. Necesitan la pata internacional y la pata de la rendición interior, sobre todo de las grandes ciudades. No tienen capacidad para absorber a tanta gente, por lo que es más una cuestión de control, sobre todo militar, que represivo.
La figura de José Ungría como jefe del espionaje franquista es determinante. ¿Cómo funcionaba el Servicio de Información y Policía Militar (SIPM)?
Además de un servicio de espionaje con una gran red internacional que contaba con las embajadas y el apoyo alemán, sobre todo es un servicio de contrainteligencia que absorbe el espionaje republicano para utilizarlo y rendirlo desde dentro. Esa es la clave, por eso fue una operación de inteligencia bastante bien planificada.
Un precedente del espionaje moderno que se verá en la Segunda Guerra Mundial.
José Ungría es un tipo muy moderno que utiliza la radio y la codificación desde el principio. La pieza clave es que absorbe a la inteligencia enemiga y crea una pantalla política en Madrid para negociar.
Y así consiguen, por ejemplo, los mapas del Ebro.
Y tras la batalla del Ebro ya disponen de la información cartográfica de los últimos 62 sectores del territorio peninsular con el que completan el mapa republicano, que consiguen no a través del espionaje, sino captando al enemigo.
¿Cuál fue el papel del Consejo Asesor?
Además de Madrid, hay consejos asesores en todas las provincias, porque hay una red de contraespionaje del SIPM incluso en la retaguardia, donde ganan realmente, evitando infiltraciones y captando al enemigo. El Consejo Asesor, controlado por los militares, tiene dos funciones principales. La primera, como procede de Acción Católica, es impedir que prospere la mediación vaticana. Y la segunda es unificar el Partido Único en territorio republicano.
Partido Único que usted define en el libro como "la pantalla ideal de la inteligencia militar franquista para que las autoridades republicanas crean que negocian con un interlocutor político de primer orden".
Una vez desmontada toda la estructura del Gobierno de Juan Negrín, el Partido Único será el interlocutor del Consejo de Defensa republicano para hacer el traspaso de poderes y gestionar toda la información logística de la ciudad (la luz, el funcionamiento del metro, etcétera) y la rendición del Ejército del Centro.
¿Qué tipo de información estratégica proporcionó el Consejo Asesor durante el asedio de la capital?
Está formado por miembros destacados que se han quedado en Madrid. Proceden de la banca, del mundo católico, de los colegios de abogados y de notarios; y controlan las empresas colectivizadas, la justicia, los archivos o el combustible. Es decir, tienen un control logístico y jurídico, llevan la negociación política y, cuando unifican el partido, controlan también los sindicatos. Tanto UGT como CNT pactan con ellos el control de la ciudad, algo fundamental que hacen a través de su red sindical.
¿Hasta qué punto el impacto de la quinta columna ha sido mitificado por la propaganda franquista?
Eso es fundamental. Una vez acabada la guerra, no revelan que fue una operación de inteligencia y la entierran. Por un lado, lo presentan como una victoria militar aplastante y, por otro lado, de quintacolumnistas heroicos que arriesgaron su vida. En realidad, fue una operación de tapadillo de manual.
En la estrategia del espionaje, ¿cuánto pesó el hambre en la derrota republicana?
El Consejo Asesor fomenta la rendición a través del hambre. Controlan la entrada de alimentos de manera increíble: el asedio de Madrid, el bloqueo de los puertos, la incomunicación entre la meseta y Levante… Más allá de la pantalla política, sobre todo es una obra militar de asedio convencional. El hambre es determinante porque desde la batalla del Ebro y la separación de Catalunya no llega prácticamente nada: ni armamento ni alimentos. Los casi mil días de guerra afectan a las familias, provocan el aumento de la mortalidad infantil, crece la deserción…
También fueron fundamentales las relaciones de Franco con las potencias del Eje.
Son fundamentales. No solo ayudan a ganar la guerra, sino que en esos seis meses finales lo que está en juego es que la República deje de existir y que el único gobierno legítimo sea el de Burgos. En el contexto de los años treinta es una operación complicada: por un lado, Franco tiene que entrar en el Pacto Antikomintern con Alemania, Italia y Japón; y por otro, necesita el reconocimiento de Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos. Lo consigue en febrero de 1939 a través de la diplomacia con pactos secretos y, a partir de ahí, encara la negociación como único Gobierno legítimo. La República ha dejado de existir y se hace el acto de entrega del Ejército republicano con dos oficiales que ya trabajan para el SIPM franquista.
Negrín aboga por resistir ante la inminente Segunda Guerra Mundial y luego plantea una rendición con condiciones, aunque usted sostiene que el golpe de Casado no acelera el fin de la República.
Negrín cree que hay que negociar antes de rendirse y piensa que le beneficiará que las democracias europeas acaben entrando en guerra. Sin embargo, Alemania y la Unión Soviética ya se han desentendido de la cuestión española y están negociando su propio pacto de no agresión. Eso cambia la interpretación. Ni la resistencia de Negrín ni el golpe de Casado precipitan el final de la guerra, porque ya estaba bastante encaminada. Además, sin saberlo, antes de salir de España nombra a cuatro generales que ya trabajaban para Burgos.
¿Cuándo perdió la guerra la República?
Según Vicente Rojo, jefe del Ejército republicano, cuando británicos y franceses mantienen la no intervención en Checoslovaquia, que coincide con la batalla del Ebro. Y, definitivamente, cuando cae Barcelona. A partir de ahí plantea la suspensión de hostilidades y la rendición para evitar la represión.
¿Y cuándo terminó realmente la guerra?
Formalmente, en abril de 1939, pero para la población civil la guerra termina mucho más tarde, porque los juicios contra los combatientes republicanos se prolongan durante los años cuarenta y parte de los cincuenta.
¿Qué esperaban los políticos republicanos con la rendición y qué se encontraron?
Creían que negociaban con el Consejo Asesor como interlocutor válido, pero no era así porque desconocían que estaba controlado por el Ejército. Intentaron hasta el final conseguir una amnistía y un acuerdo de paz en el que Franco firme que no iba a reprimir al vencido. Y no lo logran, claro.
¿Cómo utilizó el SIPM la información obtenida para depurar, clasificar y perseguir a la población vencida en 1939?
La documentación interior del servicio de información franquista, que incluye prácticamente a toda la población, pasa a la Dirección General de Seguridad —la policía política— y la exterior, al Alto Estado Mayor —encargado del espionaje exterior—. Una parte de esa documentación sigue clasificada, por lo que no tenemos acceso. Ahora bien, con cada desclasificación cambia la interpretación histórica. Por eso es importante que se abran los archivos, porque ya no afecta a la seguridad del país.



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