dissabte, 24 de gener del 2026

Memoria del exilio español en Chile

 https://xn--exilioespaolenchile-43b.cl/

El proyecto Memoria del exilio español en Chile busca identificar, recuperar, preservar y difundir la memoria del exilio español republicano llegado a Chile entre 1939 y 1950, a través de este sitio web.



Sobre el proyecto



Cómo terminó la Guerra Civil Española

 https://conversacionsobrehistoria.info/2026/01/24/como-termino-la-guerra-civil-espanola/

 

Gutmaro Gómez Bravo

 

Es viernes, 31 de marzo de 1939, el teniente coronel Cheadle, agregado militar de los Estados Unidos, envía su último informe sobre España.

“Las bajas entre la población civil han sido altas debido a los ataques aéreos y los asesinatos en masa. Esta guerra, que ha durado 989 días, ha sido una de las luchas intestinas más largas, sangrientas, costosas y brutales de la historia moderna”.

El telegrama anterior es interceptado y transcrito en Burgos. La mayor parte de la documentación utilizada para esta investigación corresponde al espionaje franquista, que, a lo largo de la segunda mitad de 1937, pasó a denominarse Servicio de Información y Policía Militar (SIPM). Dicho fondo constituye el tronco central de este trabajo, desde la intervención contra una posible mediación internacional auspiciada por el Vaticano, en diciembre de 1938, a las Normas de entrega del Ejército y ocupación del territorio enemigo con las que se pone fin a la guerra.  Este organismo, cabeza jerárquica de un aparato conjunto de Seguridad, Justicia y Orden Público, abarca una gran cantidad de expedientes y fichas personales, del Ministerio del Interior a los sumarios del Archivo Histórico General de Defensa. Pero, sobre todo, canaliza la información de los otros servicios de información, tanto del republicano, que inutiliza y absorbe al completo, como de sus aliados, la Legión Cóndor y el CTV italiano. Neutralizan la acción diplomática republicana al tiempo que consiguen su “quiebra definitiva” en el interior.

El reconocimiento del gobierno de Burgos es seguido, en tiempo real, gracias a la actividad conjunta del Duque de Alba en Londres y a la de Quiñones de León en Paris. Para el primero, ha sido esencial la consulta de la documentación incorporada desde 2018 en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca. Los telegramas recibidos en la delegación franquista en Londres, así como la correspondencia con el general Jordana, se encuentran en el Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares. Allí se guardan también los acuerdos para el reconocimiento francés, incluida la cláusula verbal con el senador Bérard y el memorándum que envía el propio Jordana al ministro Halifax, a la sede del Foreign Office. La información de Quiñones, consultada en el Archivo General de la Universidad de Navarra, permite seguir la correspondencia con el ministro y el embajador francés, que, a su vez, incluye todo lo que ambos despachan con Azaña y con Negrín.

Álvarez del Vayo (2º por la izquierda) junto a Negrín, el general Rojo, Indalecio Prieto, Jesús Hernández, etc.  en el funeral del general Lukács, Valencia, junio de 1937 (foto de la exposición de “la Maleta Mexicana”)

Un tiempo que cambia por completo la imagen internacional de la guerra de España. La desigualdad de medios y el posicionamiento actúan de manera clara y definitiva a favor del gobierno de Burgos. Ante la posibilidad de un enfrentamiento a gran escala, todas las potencias quieren liquidar la guerra civil. Una problemática que se muestra a través del giro en las relaciones germano-soviéticas, a comienzos de enero de 1939, en plena ofensiva de Cataluña. Una conjunción que acelera, además, los planes de británicos y franceses para que la contienda termine cuanto antes y, que, pese a lo que comúnmente se cree, actuaría en contra de cualquier posibilidad de resistencia republicana.

De ahí que, para comprender la transformación de los servicios de seguridad franquistas, la clave sea la documentación exterior. La del embajador italiano, que se conserva en Archivio Storico Diplomático de Roma, analiza la separación entre Interior y la propia Jefatura de Información. La soviética, que reconoce y analiza las vías de infiltración de la Gestapo, está parcialmente digitalizada en el RGASPI. Y, por último, la alemana. Esta, más compleja porque interviene en la reorganización de la inteligencia franquista, puede seguirse a través del acuerdo secreto de 20 de marzo de 1937 que sirve de “guía para las futuras relaciones”, y se concreta en el Convenio de Cooperación Policial de 1938 y del Tratado de Amistad Hispano-Alemán que, no en vano, se firma el último día de la guerra civil. La clave, que muestra el giro de las relaciones germano-soviéticas y la necesidad de Francia e Inglaterra de que la guerra civil termine cuanto antes, es la inserción de España en el Eje a través de la firma del Tratado Anti-Komintern. Un proceso de difícil gestación, seguido a través de la recopilación Documents on German Foreign Policy (DGFP), serie D, Vols II-III. Aunque, solo, gracias al intercambio de despachos del embajador alemán Von Sthorer con su Secretaría de Estado, conservados en el Archivo del Ministerio de Asuntos Extranjeros de Berlín (Amt), y a la propia documentación anexa al Tratado, conservada en el BundesArchive de la misma ciudad, llegamos a comprender, cómo, para fijar la fecha del final de la guerra española se hacen coincidir la toma de Madrid y la firma del Tratado Anti-Komintern.

Pero la operación es dirigida, en todo momento, desde el interior. Entre la documentación del Cuartel General consultada, se encuentra el acta original de la creación del Partido Único en Madrid, por mandato directo de Franco. Un hecho, como la existencia del propio organismo, silenciado posteriormente. Es la pantalla ideal de la inteligencia militar franquista para que las autoridades republicanas crean que negocian con un interlocutor político de primer orden, pero también es la pieza fundamental para controlar la rivalidad interna entre católicos y falangistas. Parte de su documentación, aunque alterada y fragmentada, se conserva en la Fundación Nacional Francisco Franco. Constituye la versión oficial, épica y legendaria, del Movimiento. Creada en la inmediata posguerra, glosada hasta la muerte de Franco, se sigue reproduciendo hasta nuestros días. Sin embargo, sus sesiones, que incluyen un seguimiento diario con Burgos, también dieron lugar a una serie de informes consecutivos de alto valor para nuestro objeto de estudio, que describen de primera mano y de manera excepcional, el ambiente final de la guerra.

El coronel Jose Ungría jefe del SIPM y de la Jefatura Nacional de Seguridad (Foto BNE)

En primer lugar, permiten entender el golpe del 5 de marzo de 1939, desde una nueva perspectiva. En particular, hay que poner el foco en los nombramientos o ascensos de los propios militares del servicio de información republicanos que trabajaban para el franquista. Sus hojas de servicio, conservadas en el Archivo General Militar de Segovia, quedaron posteriormente reunificadas. La acción para derribar el gobierno tiene que ser conjunta entre Madrid y Valencia y debe agrupar a todas las formaciones políticas, sindicales y militares del Frente Popular. Su efecto es seguido a través de la documentación del Comité de Defensa de CNT y de la IV División de Cipriano Mera, conservada en la Fundación Anselmo Lorenzo y en el International Institute of Social History, de Amsterdam. La información comunista se encuentra más dispersa. En el Archivo Histórico del PC está la línea política, conocida a través de su prensa o los textos en los que reconocen la derrota (resolución del buró del 22 de febrero). En la Fundación Largo Caballero se encuentra la Nota pública emitida por el PC con la orden de cese el fuego y la resistencia contra los partidarios del Consejo de Defensa Nacional, de 12 de marzo. Datos nuevos generan también los documentos incautados, sobre todo, a los comisarios políticos y las transcripciones de sus mensajes en Radio Popular, que, una vez más, son analizados por el servicio de escuchas del Cuartel General franquista. La dureza de los últimos combates de la guerra, los internos, es seguida a través de la Cruz Roja en el fondo PS-Madrid del Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca. Queda patente también en los últimos partes del Ejercito del Centro, que se conservan en el Archivo General Militar de Ávila.

El borrador de la primera reunión para la entrega, dispuesta para el dos de marzo, con los generales Vigón y Kindelán, cambia radicalmente la visión de los sucesos de una semana trascendental para el final de la guerra. Algo muy similar ocurre con la última documentación que generó Julián Besteiro. Tras su análisis, emerge una figura muy distinta a la desdibujada y denostada por la historiografía. Toda la información de su gestión, tanto la interna como la diplomática, se conservó en Toulouse hasta los años ochenta. Hoy se encuentra dispersa entre los archivos de la Fundación Pablo Iglesias, Francisco Largo Caballero y la Biblioteca Nacional de España. Se conserva, además, el acta de sus últimas reuniones, sus gestiones con la empresa Campsa-Gentibus y con distintas embajadas, así como su plan de “actuación rápida” en Madrid. Por último, la descripción íntegra de sus discursos por radio puede seguirse gracias al servicio de escucha. Las transcripciones de los mensajes de ambas zonas, junto a las octavillas arrojadas por la aviación, se conservan en el Archivo Histórico del Ejército del Aire, en Villaviciosa de Odón (Madrid). Muestran el contraste entre la opinión censurada que transmite la prensa y el largo intercambio mantenido en secreto por ambos mundos.

Otros documentos, inéditos o cotejados con los originales, que recoge este libro son los siguientes. En primer lugar, las Instrucciones para la rendición. Aunque son del seis de febrero de 1939, son conocidas, tradicionalmente, por la versión posterior, como las “Concesiones del Caudillo”. Las actas de las reuniones del aeródromo de Gamonal explican, cómo ese cambio de denominación se produjo, en efecto, una vez consumada ya la rendición, el 25 de marzo. Las conservadas en la Fundación Francisco Franco, sin embargo, están fechadas con posterioridad, para tratar de mostrar que no fueron un ofrecimiento sino una respuesta de Franco a la petición del Coronel Casado. Y así han sido utilizadas hasta hoy, gracias también a las memorias del militar republicano, autorizadas para su publicación en la España en los años sesenta. Ninguna de las dos, sin embargo, recoge el documento completo ya que, además de alterar fecha y denominación, eliminaron, varios puntos de las Instrucciones originales. Los republicanos las dieron a conocer, in extremis y alteradas también sustancialmente.

Julián Besteiro lee su discurso desde los micrófonos de Unión Radio de Madrid a las 23:30 del domingo 5 de marzo de 19369, en presencia de Casado (primero por la izquierda). AGA / ARCHIVO FOTOGRÁFICO ALFONSO

El Cuartel General de Burgos elaboró otros dos documentos decisivos para esta recta final del conflicto: las Normas para la rendición del Ejército enemigo y ocupación del territorio y la Instrucción General número 15, que ampliaba las normas de clasificación de los prisioneros de guerra. Cartografía precisa del final de la guerra y de la posguerra, ambas eran el resultado de una planificación milimétrica y, muy en particular, del “Programa de regeneración espiritual de los vencidos” como definió la Iglesia la Redención de Penas por el Trabajo. Conservada en el Archivo Secreto Vaticano muestra cómo se lleva a cabo la protección diplomática del secretario de Acción Católica en Madrid. El mismo escogido por Burgos para formar el núcleo de la unificación política.

Pero no dieron el paso final hasta tener asegurado todo el control de la información. Prácticamente todo lo que emite el presidente Negrín en febrero de 1939 es interceptado. La serie completa de los telegramas y la valija diplomática del gobierno republicano se conserva en la Fundación Francisco Franco. El resto, entre esos meses de enero y febrero, sigue todavía en archivos separados. Uno de los fondos se conserva en su fundación en Las Palmas de Gran Canaria, en concreto los telegramas con Miaja y con Matallana desde Valencia, que también fueron interceptados. Otra serie, más amplia, se conserva en el Archivo General del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación, que va desde la documentación preparatoria de la reunión de Los Llanos, a los despachos con su ministro Del Vayo, y los embajadores Pascua y Azcárate.

El Archivo Histórico Nacional incorporó en 2020, una serie correspondiente al presidente de la Diputación Permanente de las Cortes republicanas en el exilio, Diego Martínez Barrio. En concreto, el dossier original llamado “La dimisión de Azaña 1938-1939”. Son más de veinte documentos sobre la renuncia y la correspondencia con Azaña, Negrín y el embajador Pascua. Incluye el Diario de Sesiones de las Cortes celebradas en Francia que, durante casi treinta años, al igual que el Diario Oficial del Ministerio de Defensa republicano, estuvo desaparecido. En el Archivo Histórico Nacional se ha consultado también la documentación del Jefe del Estado Mayor Central, el General Vicente Rojo. Las dos últimas series comprenden sus notas de síntesis sobre la situación nacional e internacional. Desvelan su alejamiento progresivo, tanto de Miaja y Casado, que se niegan a abrir un segundo frente en Extremadura, como del propio presidente Negrín. Su Procedimiento para la Rendición, que presenta el 31 de enero de 1939, cobra un nuevo sentido gracias a la correspondencia que mantiene con el agregado francés, el coronel Henri Morel. Este se ofrece como mediador en su plan de entrega al enemigo que tiene enfrente; y este no es otro que su compañero de promoción, el general Muñoz Grandes. Rojo le explica las consecuencias inmediatas de su falta de comunicación con el propio Miaja y con Negrín, que no autoriza su repliegue. Y, por último, muestra cómo todo cambia cuando queda fuera de juego al cruzar la frontera. Negrín comprende entonces que la postura del alto mando republicano es, en realidad, contraria a continuar la guerra, pero, ya ha ascendido, sin saberlo, a la cúpula que trabaja para el Cuartel General de Burgos.

Los informes del agregado militar francés, como los del norteamericano, a sus respectivos jefes de misión, ofrecen una imagen del final de la guerra muy distinta a las versiones que se han prolongado hasta nuestros días: la de los vencidos, dividida y en pugna por este duro y enfrentado final, y la franquista.  El núcleo del relato nacional del final de la guerra, el del “golpe preventivo”, creado por el servicio de información, fue gestado y difundido en aquel preciso momento. Dos de sus principales agentes, Julio Palacios y Antonio Bouthelier, fijaron la versión oficial de los hechos de manera inmediata. Forjaron, junto al diario del coronel Losas o los artículos de Pemán, el canon del final de la guerra hasta nuestros días: el de una negociación ficticia que marcaría para siempre a los vencidos. Y el de la Victoria y “las concesiones de Franco”, construido previamente. Ambos han sobrevivido hasta hoy, gracias también a la resistencia historiográfica por entender el final de la guerra desde cualquier otro prisma que no sea el ideológico.

Un proceso que arranca con el final de la batalla del Ebro y se acelera con la ofensiva de Cataluña. Pero que, por encima de todo, es el resultado de una amplia operación de inteligencia militar, muy próxima ya a las de la Segunda Guerra Mundial. Su presencia, junto con otras cuestiones sobre la propia naturaleza de la guerra, han propiciado una importante relectura en las últimas décadas. La cuestión ya no pasa por alargar el conflicto hasta que estalle la guerra en Europa, sino, cómo, de qué forma, rendirse. La República, no en vano, desaparece del escenario exterior, liquidada, lenta y ordenadamente, por un Cuartel General, el de Burgos, transformado en el único gobierno español reconocido internacionalmente. Para comprender este proceso hay que rastrear todos esos momentos que llevaron al final. Hay que situarse en el origen, en la gestación de la entrega y la rendición incondicional, de una guerra civil que duró mil días. Entre el anuncio de la derrota y la rendición oficial, se alumbra el cierre y el comienzo de una nueva era. En esa larga e imprecisa hora, entre el crepúsculo y el amanecer, todas las decisiones impactaron de lleno sobre la población civil. Este libro reconstruye seis meses que cambiaron la historia de España, a través de todos esos finales de la guerra que fueron borrados inmediatamente. Trata de rescatar los intentos de rendición, las labores de mediación, las llamadas a la reconciliación, que nunca fueron contados, por la culpa, por la derrota, y por el propio servicio de inteligencia franquista.

El 20 de marzo de 1939, Radio Nacional de España, presenta el relato oficial del final de la guerra.

“No se puede hablar más qué de una paz victoriosa. Dios decretó la absoluta derrota de los rojos. Nuestros soldados llevarán con las armas en la mano la única paz, la paz militar y victoriosa hasta el último rincón de España. Es la única manera de que no haya más guerra en España, es la única solución”.

En el día de hoy, como encabezaba el último parte oficial de guerra, la cifra de prisioneros de guerra superaba ya el medio millón. “Cautivo y desarmado”, como estaba acordado y planificado. Sin embargo, para la inmensa mayoría de la población, aquella pesadilla podía haber terminado mucho antes y de otro modo. El uno de abril de 1939 la guerra civil llegó a muchos lugares que no la habían vivido. Las páginas que siguen tratan de explicar por qué. Narran de forma continua el final de una guerra y el nacimiento de una dictadura.

Un grupo de madrileños espera la entrada de tropas franquistas en el puente de Toledo de Madrid, el 28 de marzo de 1939 EFE

Índice de la obra

Indice
Prefacio
Introducción
Capítulo Primero. El Consejo Asesor
       1.1 Pro Eclesia et Patria
       1.2 En la sombra
Capítulo Segundo. El general en el laberinto
2.1 Fuego y Hielo
2.2 Distracción anunciada
2.3 Capitulación en dos actos
Capítulo Tercero. Despejado en Cataluña
3.1. Partido Único
3.2 El espejo del Jefe
3.3 La última frontera
Capítulo Cuarto. Ganar la guerra y asegurar la Victoria
4.1 Desde dentro
4.2 Cómo fichar una población
Capítulo Cinco. Términus
5. 1 El Servicio Exterior
5. 2 La liquidación del asunto
Capítulo Seis. Un día en la historia de Europa
6.1 Cambio de imagen
6.2 Sinfonía 1939
6.3 La República incomunicada
Capítulo Siete. Rendición rápida
7.1 El extraño viaje
7.2 El borrador
Capítulo Ocho. El golpe
8. 1. La huida de Elda
8. 2 Los nombramientos
8.3 Rojos contra blancos
Capítulo nueve. Traspasos y transferencias
9.1 Encuentros en la última fase
9.2 La Lógica de la derrota
9.3 De la ley al Movimiento
Capítulo Diez. El Día D
10. 1 Normas de entrega
10. 2. La Instrucción nº 15
10. 3. Radio K.O
Capítulo Once. Capital del Eje
11.1 Sin un solo disparo
11.2 Banderas blancas.
Capítulo Doce. Abajo el telón.
12. 1 Las condiciones del perdón
12. 2 El rio de la guerra
Epílogo

Fuente Introducción de Gutmaro Gómez Bravo, Cómo terminó la Guerra Civil Española. Barcelona, Critica, 2026

Portada: Adolfo Prada Vaquero (chaquetón de cuero), coronel del Ejército Popular de la República, acompañado por su estado mayor, rinde Madrid al coronel franquista Eduardo Losas (con chilaba) ante las ruinas del Hospital Clínico, el 28 de marzo de 1939 (foto: guerraenmadrid.net)

Ilustraciones: Conversación sobre la historia


divendres, 23 de gener del 2026

De la repressió del franquisme a les dones als refugis antiaeris: Cullera presenta les seues II Jornades de Memòria

 https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/val/repressio-franquisme-les-dones-als-refugis-antiaeris-cullera-presenta-les-seues-ii-jornades-memoria_1_12926171.amp.html


'Defensa de Cullera', monument que reivindica la Memòria Històrica a la ciutat.

Cullera es prepara per a convertir-se en l'epicentre de la reflexió històrica i la reivindicació democràtica els pròxims dies 30 i 31 de gener. Sota el lema 'Una mirada a la memòria històrica des d’un poble del País Valencià: Cullera', l'Auditori Municipal obrirà les seues portes per a acollir la segona edició d'unes jornades que busquen connectar el passat de la repressió de la dictadura franquista amb els desafiaments actuals que afronten els drets humans. Aquest esdeveniment, d'accés lliure i gratuït, està organitzat per l'Ajuntament de la localitat juntament amb Cullera Laica i l'Associació de Familiars de Víctimes del Franquisme de la Fossa 146 de Paterna, comptant a més amb una àmplia xarxa de col·laboracions acadèmiques i socials.

El programa d'enguany posa un èmfasi especial en les històries de vida silenciades, començant el divendres 30 de gener amb una mirada profunda cap a la repressió patida per les dones valencianes. Durant la vesprada d'obertura, es rescatarà la figura de Maria Camilleri i Fuster i s'analitzarà la memòria oral i gràfica de la Guerra Civil, prestant especial atenció als espais de memòria dins del mateix municipi. Aquest vessant humà i de gènere servirà com a punt de partida per a un debat que s'estendrà al dissabte, on s'abordaran temes tan complexos com la denúncia del Patronat de Protecció a la Dona i els reptes legals que encara persisteixen en matèria de reparació històrica i justícia.

Més enllà del debat teòric, les jornades aposten per la divulgació a través de l'activisme i la cultura. El dissabte de vesprada, el protagonisme recaurà en els testimonis directes de la lluita contra l'oblit, analitzant la resistència antifranquista i el paper fonamental que juga el cinema com a vehicle de transmissió de la memòria col·lectiva. Paral·lelament, els assistents podran visitar al vestíbul de l'Auditori l'exposició dedicada als treballs forçats a Benaixeve, titulada 'Queda inaugurat aquest pantà', la qual complementa l'anàlisi sobre la instrumentalització de la repressió durant la dictadura.

Com a colofó a aquesta cita amb la història, el patrimoni bèl·lic de Cullera cobrarà una rellevància pràctica per a tota la ciutadania. Durant el transcurs de les jornades, el Refugi antiaeri del Mercat romandrà obert al públic de forma gratuïta, permetent als visitants conèixer de primera mà l'arquitectura de defensa civil. La programació conclourà el diumenge 1 de febrer amb una sèrie de visites guiades, també gratuïtes, que recorreran tant els refugis antiaeris com la bateria defensiva del Far de Cullera, consolidant així un cap de setmana dedicat a la pedagogia democràtica i al reconeixement dels espais que van marcar la història recent del territori.


La Asociación Salamanca por la Memoria y la Justicia busca a familiares de víctimas en San Simón y Puente del Congosto

 https://salamancartvaldia.es/noticia/2026-01-21-la-asociacion-salamanca-por-la-memoria-y-la-justicia-busca-a-familiares-de-victimas-en-san-simon-y-puente-del-congosto-384179




Actualizado21/01/2026 17:04

La entidad solicita colaboración ciudadana para localizar a los descendientes de 36 presos salmantinos que estuvieron en la isla pontevedresa y a los parientes de varias personas asesinadas en 1936 y enterradas en el cementerio de Puente del Congosto para su posible exhumación

La Asociación Salamanca por la Memoria y la Justicia (ASMJ) ha lanzado un doble llamamiento a la ciudadanía con el objetivo de localizar a los familiares de diversas víctimas de la represión franquista. Esta iniciativa busca, por un lado, organizar un acto de reparación en Galicia y, por otro, avanzar en los trabajos de identificación y posible exhumación en la provincia de Salamanca.

La organización trabaja en la actualización de sus bases de datos para contactar con los descendientes directos de los represaliados. El propósito fundamental es dignificar la memoria de estas personas y contar con la presencia de sus familias en los actos de homenaje previstos para este año 2026.

Homenaje a los presos de la Isla de San Simón

En colaboración con la entidad Memoria Democratica de Redondela la asociación salmantina intenta localizar a los familiares de 36 personas naturales de la provincia de Salamanca que sufrieron prisión en la Isla de San Simón (Pontevedra). El objetivo es confirmar los datos tanto de los presos como de sus parientes para hacerles partícipes de un acto de reparación que tendrá lugar a lo largo de este año.

Este evento cobrará una especial relevancia, ya que coincidirá con la señalización oficial de las islas de San Simón y Santo Antón, pertenecientes al municipio de Redondela, como Lugares de Memoria Democrática. Los nombres de estos 36 presos pueden consultarse directamente en la sección "Base de datos de víctimas" de la página web oficial de la asociación (asociacion.salamancamemoriayjusticia.org).

Posibles exhumaciones en Puente del Congosto

De forma paralela, la ASMJ ha solicitado ayuda para encontrar a los familiares de las víctimas que se encuentran enterradas en el cementerio de Puente del Congosto. El fin de esta búsqueda es facilitar una posible exhumación de los restos. Las personas que yacen en este lugar fueron asesinadas en el verano de 1936.

La asociación ha facilitado un listado detallado con las fechas de los asesinatos y las identidades conocidas hasta el momento, aunque muchas víctimas permanecen sin identificar:

Día 9 de agosto de 1936:

  • 7 hombres sin identificar de 21, 22, 26, 28, 30, 35 y 50 años.

Día 19 de agosto de 1936:

  • 3 hombres sin identificar de 20, 22 y 25 años.
  • Mateo Nieto Montero, de 52 años, natural de Gallegos de Solmirón.
  • Pablo Hernández Neila, de 30 años, natural de Hervás.

Día 31 de agosto de 1936:

  • Un hombre sin identificar de 24 años.
  • Dos posibles víctimas (datos por confirmar): Emilio Escobar Moreno (24 años) y Miguel Escobar Moreno (25 años), ambos naturales de Baños de Montemayor.

Día 2 de septiembre de 1936:

  • Enrique Jiménez Calavia, de 33 años, natural de Béjar.
  • German Gassanet Rubio, de 50 años, vecino de Béjar.

Desde la asociación confirman que ya han logrado localizar a los familiares de Enrique Jiménez Calavia y Pablo Hernández Neila, pero necesitan contactar con el resto de los descendientes para proceder con los trámites necesarios.

Vías de contacto

Para facilitar la gestión, se han habilitado diferentes canales de comunicación según el caso:

  • Para los presos de la Isla de San Simón: contactar a través del correo memoria@redondela.gal.
  • Para el caso de Puente del Congosto o para aportar cualquier otra información relevante: escribir al correo contacto@salamancamemoriayjusticia.org.

Celda, oración y castigo: la oscura máquina de represión sexual y moral de la mujer en el franquismo

https://www.elmundo.es/la-lectura/2026/01/21/695ff1b2fc6c830c7e8b457f.html 



La historia es un relato de silencios: casi tanto importa lo contado como aquello que permanece en la sombra. El recién terminado 2025 marcó 40 años -que no son tantos- desde el cierre de una de las instituciones más oscuras y desconocidas del franquismo, tan arraigada que sobrevivió incluso al régimen: el Patronato de Protección a la Mujer. Sin embargo, el desaparecido organismo no está en el imaginario colectivo de la mayoría de los españoles.

El Patronato fue concebido como un organismo de control moral femenino, basado en un sistema carcelario, trabajos forzados, oración, disciplina y castigo, legitimado por el nacionalcatolicismo, con esa alianza entre Iglesia y Estado. A pesar de que la institución existía desde tiempos previos -durante la II República operaba con fines más laicos-, fue el régimen franquista el que le dio esta finalidad en 1941 y hasta 1985, cuando experimentó un final paulatino ya bien entrada la democracia, regulado por una legislación entonces obsoleta, de 1952.

La historiadora Carmen Guillén (Mazarrón, 1988) realiza un brillante trabajo en Redimir y adoctrinar (Crítica), un libro que nace a partir de su tesis doctoral y que, por primera vez, arroja luz a una institución durante décadas casi desconocida a diferencia de otras similares como la Sección Femenina (activa de 1934 a 1977) o Auxilio Social (1936 a 1976). Estas fueron disueltas al poco tiempo de llegar la democracia y no tuvieron un papel tan relevante como el Patronato en la represión sexual de la mujer de la época.

La institución, presidida de manera honorífica por Carmen Polo, esposa de Franco, se convirtió rápidamente en un elemento clave del sistema represivo del régimen. En un inicio, se concibió con el objetivo específico de "redimir" a la prostituta, por considerarse la antítesis de la "mujer ideal" que promovía el franquismo. Sin embargo, la moral imperante pronto decidió extender estos castigos, disfrazados de asistencia social, a toda aquella que no encajase en el paradigma establecido, pasando a marcar a todas ellas con la etiqueta de "mujeres caídas" y con el peligro adicional de que su principal objetivo eran las menores de edad, llegando a causar daños irreversibles en su desarrollo ya no solo como mujeres sino como personas.

Aunque, como se dice, el Patronato se justificó oficialmente como una respuesta a la prostitución, su radio de acción fue, en la práctica, mucho más amplio. Por la falta de documentación clara, se desconoce el número exacto de víctimas -Guillén estima que serían varias decenas de miles-, pero la autora subraya que el porcentaje de mujeres internadas por ejercer la prostitución fue mínimo.

El objetivo fundamental que se perseguía era redimir a la "mujer caída" y ayudar a la que está en peligro de caer, siempre bajo criterios arbitrarios

La mera sospecha de que una mujer no se ajustase al modelo femenino dominante -ser joven, pobre, rebelde, soltera, miembro del colectivo LGTBI o simplemente vulnerable- podía bastar para activar los mecanismos de control. La institución funcionó así como una red de vigilancia moral desplegada sobre el conjunto de la población femenina por todo el territorio. El discurso oficial fue que el objetivo fundamental que se perseguía era redimir a la "mujer caída" y ayudar a la que está en peligro de caer, siempre bajo criterios arbitrarios.

El proceso de ingreso no requería una intervención judicial. Las denuncias procedían con frecuencia del entorno más cercano: familiares, vecinos... "La sociedad española se convirtió de alguna forma en el mejor aliado del Patronato", afirma Guillén. El régimen logró que todos interiorizasen de tal manera el discurso sobre los roles de género que el control dejó de ser exclusivamente institucional para convertirse en una práctica social compartida. La vergüenza, el miedo y el estigma actuaban como mecanismos disciplinarios tan eficaces como el resto de castigos formales.

Una vez dentro, la vida cotidiana en los centros del Patronato -a menudo propiedades de congregaciones religiosas, a modo de reformatorios encubiertos- estaba marcada por la disciplina, el trabajo forzado y el adoctrinamiento religioso. Lejos de cualquier finalidad asistencial, la institución funcionaba como un sistema de reeducación moral. "Fundamentalmente lo que se quería era adoctrinar a la población femenina, anestesiar su capacidad de pensamiento crítico", explica Guillén. La mujer era concebida como una pieza clave en la transmisión de los valores del régimen: responsable del hogar, de la familia y de la educación de los hijos, su desviación suponía una amenaza para el orden franquista y su adecuación al régimen era de un valor incalculable, puesto que crearía hijos igualmente adeptos.

En Redimir y adoctrinar, Carmen Guillén describe con detalle un sistema de castigos que no respondía a faltas concretas, sino a una lógica disciplinaria permanente. Las sanciones incluían el aislamiento en celdas, la retirada de correspondencia, la prohibición de visitas, la humillación pública o los traslados forzosos entre centros de provincias lejanas, una de las prácticas más temidas. El castigo no tenía tanto una función correctiva como ejemplarizante: generar miedo, obediencia y, sobre todo, sumisión.

El control se extendía también al cuerpo y a la maternidad. Aunque buena parte de estos episodios siguen siendo difíciles de documentar por el cierre de archivos, el libro recoge testimonios que apuntan a separaciones forzosas de madres e hijos, embarazos vividos bajo una vigilancia extrema y una gestión de la maternidad atravesada por la culpa y el castigo. En junio del año pasado tuvo lugar un acto simbólico por parte de la Iglesia para con las supervivientes -como prefieren ser llamadas-, en el que "no se les permitió hablar de bebés robados, de daños físicos o de suicidios", denuncia Guillén, subrayando que incluso hoy sigue existiendo resistencia a nombrar todas las violencias ejercidas dentro de estas instituciones.

El control se ejercía a través de una estructura jerárquica perfectamente organizada, con una junta central en Madrid, juntas provinciales y locales, y una amplia red de personal femenino. Las congregaciones religiosas asumieron un papel central en el funcionamiento diario de los centros. "Sin ellas el Patronato no sería nada", afirma la historiadora. Eran las encargadas del adoctrinamiento cotidiano -oración, los llamados ejercicios espirituales, asistencia a misa-, de la evaluación de las internas y de decidir cuándo podían abandonar la institución.

Durante décadas, el Patronato de Protección a la Mujer ha permanecido fuera del relato dominante sobre la represión franquista. A diferencia de otras formas de violencia más visibles -fusilamientos, cárcel, exilio o depuración administrativa-, la represión moral y sexual ejercida sobre las mujeres no encontró un lugar claro en la memoria colectiva ni en la historiografía: "Dentro de la narrativa creada no está esta represión, porque se ejerció principalmente hacia el colectivo femenino", explica la autora, pues además el franquismo jamás contó con ningún tipo de institución que controlase la moral de los hombres.

Las vías de salida eran, oficialmente, solo dos: el matrimonio o la vida religiosa, pero la mayoría se fugaba o incluso se quitaba la vida

Esta invisibilidad no fue casual, sino que tuvo varias causas. Por un lado, estuvo condicionada por la naturaleza misma de la violencia ejercida: cotidiana, íntima, silenciosa, más lejos del espacio público. Por otro, por la enorme dificultad para acceder a las fuentes. Buena parte de la documentación del Patronato desapareció o quedó fragmentada. "Hace una década, cuando empecé a trabajar sobre el tema, me dijeron que se habían conservado 1.133 cajas de documentación, pero que tras una inundación en los años 90 solo quedaban 31", explica la historiadora. A ello se suma la dificultad de acceder a archivos por la legislación vigente: la Ley de Protección de Datos y los plazos de acceso establecidos por la Ley de Memoria Histórica impiden todavía consultar una parte sustancial del material, especialmente la correspondiente a los últimos años en que la institución estuvo en activo.

Las vías de salida del Patronato eran tan restrictivas como el propio sistema. Oficialmente, solo existían dos: el matrimonio o la vida religiosa. Algunas mujeres eran colocadas como trabajadoras domésticas en hogares considerados "adecuados", de familias "de bien". En la práctica, la fuga fue una de las formas más habituales de abandonar los centros, e incluso muchas internas llegaron a quitarse la vida ante la desesperación. Los criterios para decidir quién estaba preparada para salir eran, como reconoce Guillén, "tremendamente ambiguos", al depender de nuevo de juicios morales subjetivos.

Es evidente que el dolor no terminaba al cruzar la puerta. El paso por el Patronato dejaba una marca imborrable. "No es solo un daño puntual, sino que es transversal a toda una vida", explica la historiadora. Muchas supervivientes relatan haber sufrido durante décadas ansiedad, miedo, estrés postraumático y un profundo sentimiento de estigmatización. A ello se sumaba el silencio: durante años, muchas no contaron su experiencia ni siquiera a sus familias. La vergüenza y el tabú sellaron ese mutismo colectivo y una autocensura femenina que sobrevive, aunque diferente, décadas después.

la herencia incómoda

Uno de los aspectos más perturbadores que revela Redimir y adoctrinar es la continuidad del Patronato más allá de la muerte de Franco. Lejos de desaparecer con el fin del régimen, la institución siguió funcionando durante años en un contexto ya democrático, amparada por una legislación heredada y por la inercia administrativa. "No hubo una ruptura clara", explica Guillén, sino un desmantelamiento lento y silencioso que permitió que muchas de estas prácticas se prolongaran bien entrada la Transición, hasta 1985.

La ausencia de una depuración institucional y la falta de reconocimiento de las víctimas contribuyeron a reforzar el silencio. Durante décadas, el Patronato quedó fuera del debate público y de las políticas de memoria, lo que explica en parte por qué se prolongó tanto y por qué su historia sigue siendo hoy tan desconocida. No fue solo una cuestión de olvido, sino también de incomodidad: asumir lo ocurrido implica reconocer que la violencia moral contra las mujeres no terminó con la muerte del dictador.

En 2025 el Gobierno reconoció a la primera víctima, Eva García de la Torre, y con ella muchas otras mujeres han comenzado a contar públicamente su experiencia

En tiempos polarizados en que, frente a los avances en igualdad, algunas mujeres jóvenes llegan a romantizar modelos de feminidad conservadora como el de las tradwives, Guillén concibe su libro como una advertencia y una herramienta para pensar el presente y recordar hasta qué punto estos ideales de mujer "correcta", obediente y sacrificada no son naturales o biológicos, sino construcciones históricas que, cuando se institucionalizan, generan pequeñas violencias en el día a día actual.

El pasado año el Gobierno de España reconoció a la primera víctima del Patronato, Eva García de la Torre, y con ella muchas otras mujeres han comenzado a contar públicamente su experiencia en los últimos años. Tras más de una década de trabajo, la historiadora habla de un "momento dulce": un tiempo en el que, por primera vez, existe investigación y, sobre todo, una atención social creciente hacia una historia que permaneció enterrada.

Actualmente hay un movimiento colaborativo en el proceso de recuperación de la memoria del Patronato. "Ahora somos más de 30 o 40 investigadoras trabajando sobre la institución", señala Guillén. Todas ellas, mujeres.

Ese impulso no responde solo a una deuda con el pasado, sino a una necesidad contemporánea. "Conocer de dónde vienen estos discursos es el primer paso para poder eliminarlos y garantizar que no se repitan", afirma Guillén. Mirar de frente al Patronato es un ejercicio de memoria histórica, pero también una forma de entender cómo ciertas ideas sobre la culpa, la maternidad o el lugar de la mujer siguen pesando, todavía hoy, sobre los hombros de varias generaciones.