La familia del joven torrentino fusilado por gritar Viva Negrín tras un día de fiesta recuerdan: "Les dijeron que no era grave, que sería una amonestación leve"
Los sobrinos de José recuperaron sus restos en 2016 y los trasladaron al cementerio de la localidad: "Fue muy impresionante ver el tiro de gracia en el cráneo"

Redacción Levante-EMV

Hay historias que rompen, así, en general, aunque hayan pasado 90 años. Rompen todo. Y distancias que ahora se realizan en pocos minutos pero que son eternas si de ellas depende poder ver a tu hijo respirando por última vez. Once kilómetros separan Torrent del cementerio de Paterna con los mapas de hoy. En el caluroso agosto de 1939, este camino entre huertas se podía convertir, y se convertía para muchas familias, en un auténtico calvario. En un infierno.
Como les pasó a los padres de José Comes Benavent, el joven de 25 años con rostro dicharachero y divertido que fue fusilado aquel 17 de agosto de 1939en un bar junto a la Torre de Torrent. Su impactante historia la sacó a la luz Levante-EMV justo cuando se cumplían 87 años de su fusilamiento. Fue ejecutado junto a otra torrentina, , de 35 años, condenada a muerte después de devolver el golpe a un guardia que la había agredido. Juntos, horrorizados, compartieron el último viaje hasta el paredón.

El torrentino José Comes Benavent. / Familia Comes Benavent
Como contó este periódico, José Comes, un joven agricultor de familia conservadora, volvía de una comida con los amigos en el campo el día de los Santos Patronos de Torrent cuando, al entrar en un bar situado junto a la Torre, convertida entonces en prisión, donde se agolpaban decenas de mujeres para llevar comida a sus familiares presos, gritó la famosa proclama. Según contó él mismo en el sumario, su siguiente recuerdo era despertarse, dolorido por los golpes, ya dentro de la prisión. Era 30 de julio de 1939.
«Su madre siempre contó que ese día era fiesta». Quien lo narra es Justo García, yerno de Dolores Comes Benavent, hermana de José. José era uno de los seis hijos de Eugenio Comes Silla y Encarnación Benavent Calixto. Por orden de nacimiento, los hermanos eran Encarnación, Andreu, Vicente, José, Eugenio y María Dolores. Justo está casado con la hija de Dolores y vive con ella en la misma casa familiar en la que vivieron los padres de José.

Los padres de José, con Dolores de bebé, la hermana. / Levante-EMV
El relato que ha pasado de generación en generación en la familia difiere en algunos detalles de lo que consta en el sumario judicial de José. La familia, por ejemplo, situaba los hechos el 15 de agosto, no el 30 de julio. «Se fueron a comer al 'secà', cerca de Ca la Curra, y estuvieron todo el día de fiesta. Su madre, preocupada, salió al camino y vio el carro venir, pero ellos, en vez de regresar a casa, fueron a Ca Lluiset, junto al mercado. Estando allí fue cuando unos dicen que dijo 'Viva Negrín' y otros que blasfemó contra la Virgen o algo así, el dueño le denunció y lo llevaron a la Torre».
Al enterarse, los padres de José, Eugenio y Encarnación, acudieron de inmediato a preguntar por él «y les dijeron que no se preocupasen, que sería una sanción mínima, una amonestación y punto».

El anillo y la medalla que llevaba José antes de ser fusilado. / Levante-EMV
Pero de la sanción a lo que le ocurrió de verdad a José hay un mundo. Tras su estancia en Torrent, José fue trasladado a la Prisión Celular de València. Estaba allí cuando, el 17 de agosto, lo subieron al camión. Durante el traslado vio a un conocido y «él se quitó la medalla que llevaba y le dijo: “Tin, dona-li esta medalla als meus pares i dis-los que se m'emporten cap a Paterna”», explica Justo. Y no hacía falta añadir nada más: todo el mundo sabía lo que significaba que te llevaran a Paterna.
Por eso, Eugenio y Encarnación no perdieron ni un segundo. «Se fueron en carro hasta allí y cuando llegaron ya estaba fusilado», cuenta Justo. «Le preguntaron al enterrador sobre los fusilados de Torrent y él les respondió que solo había uno, pero el nombre no correspondía con el de José. Entonces les trajo un mechón de pelo y un trozo de la camisa y vieron que era de José», explica. En ese momento, cuenta Justo, Eugenio y Encarnación pidieron al enterrador «que lo apartara, que no lo pusiera en la fosa común, se fueron al ayuntamiento a comprar un nicho y allí lo enterraron». Y allí permaneció durante décadas.

Justo García y su hijo Francisco muestran la foto de José Comes Benavent, tío del segundo. / Levante-EMV

Justo y Francisco en la casa familiar que fue, también, la de los padres de José. / Levante-EMV
No obstante, en la familia siempre quedó la sospecha de que a José lo habían fusilado en lugar de la persona cuyo nombre constaba en la lista. De hecho, Justo recuerda que su mujer le dijo un día, ya casados: «Mira, hoy ha fallecido el hombre que se suponía que tenían que haber fusilado y se libró porque fusilaron a mi tío».
José Comes Benavent permaneció enterrado en Paterna desde 1939 hasta 2016, cuando la familia, cumpliendo el deseo de su hermana Dolores, suegra de Justo, exhumó sus restos y los trasladó al cementerio de Torrent. Justo recuerda con nitidez aquel momento. «De la ropa solo quedaban dos suelas de 'espardenyes' de esparto, la cinturita del pantalón y el cráneo con el tiro de gracia. Fue muy impresionante ver todo eso y la cabeza, con la marca del tiro».

Eugenio Comes Silla y Encarnación Benavent Calixto. / Familia Comes Benavent
Tras salir la primera parte de la historia de José publicada en Levante-EMV, la familia contactó con el periódico para completar el relato y contar el final que faltaba. «Es un tema de justicia, porque fue una injusticia», afirma Justo. «Hay que recordar su nombre y que no se olvide lo que pasó».
Setenta y siete años después de que sus padres recorrieran desesperados el camino hasta Paterna intentando salvarlo, José hizo el trayecto contrario. Sus restos regresaron a Torrent y fueron enterrados junto a sus padres, bajo la misma lápida y cumpliendo el deseo de su hermana Dolores. Esta vez, para siempre.

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