dissabte, 31 de gener del 2026

La guerra que algunos siguen ganando

 https://conversacionsobrehistoria.info/2026/01/31/la-guerra-que-algunos-siguen-ganando/

enero 31, 2026



Pablo Batalla Cueto*
Esther López Barceló**

 

Esta tribuna nace de la necesidad de argumentar las razones por las que acudir a las jornadas «¿La guerra que perdimos todos? [sic]» que Pérez Reverte se ha visto obligado a “retrasar” nos parecían legítimas, pero políticamente inconsistentes.

¿Ganó la guerra Cajasol?

Noventa años antes de que la Fundación Cajasol anunciara unas jornadas tituladas «1936: la guerra que todos perdimos», a nadie le cupo duda de que el falangista Federico Mántaras García-Pelayo había ganado la guerra civil española. La hemeroteca nos cuenta que el 15 de agosto de 1936 estaba ya presente en una misa de campaña que se celebró en el Jerez ya «nacional», viendo izarse la bandera rojigualda. Era, en aquel momento, teniente de complemento; un uniforme militar entre las casullas de los clérigos, las mantillas de morilleras de las aristócratas, toda la variedad de atavíos de las fuerzas coaligadas para anegar en sangre la Segunda República. Mántaras, de algún modo, las encarnaba todas a la vez: además de soldado de las tropas «nacionales», era hermano mayor de la Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias. En la República, había sido secretario y directivo de la Unión de Derechas Independientes, uno de los partidos de la CEDA. Venía de una familia de banqueros, y se convertiría en director gerente de la Caja de Ahorros de Jerez en 1939, el año en el que murieron tanto la República como su padre. La guerra, la política, la religión y la economía: cuatro arietes contra la democracia reunidos en un solo individuo, que disfrutaría de una vida próspera bajo la dictadura franquista. De la Caja de Ahorros de Jerez se nos cuenta en un artículo de periódico que, tras el nombramiento de Mántaras Jr., y «a pesar de los difíciles años de la posguerra, la entidad comenzó su fulgurante despegue». Lo que hasta entonces había sido poco más que un mero monte de piedad empezó a abrir oficinas y sucursales por toda la provincia, para llegar a su «máximo apogeo» después de otro año clave: 1959.

Jesús Mántaras García-Figueras, director general de la Caja de Ahorros de Jerez y alcalde de Jerez, junto a Álvaro Domecq y otros ex alcaldes de la ciudad (foto: ABC)

Cincuenta capas de eufemismos y dulcificaciones no impiden que oigamos entre líneas el ay terrible de los vencidos del treinta y nueve, fusilados, torturados y esclavizados por sus vencedores. Corveas de esclavos literales eran las cuadrillas de presos políticos enviados a levantar obras públicas por todo el país (incluido el Valle de los Caídos) o a fabricar muebles a destajo en las jornadas de más de once horas que se han documentado en la prisión de San Miguel de los Reyes de València. Federico Mántaras no fue de los que sintieron el látigo en la espalda, sino de los que lo tuvieron en la mano. Su Caja de Ahorros de Jerez se fundió luego con otra sevillana para formar la Caja de San Fernando. Que a su vez se coaligó con la de El Monte para crear la Fundación Cajasol.

Se dice que Laureano López-Rodó se quedaba pasmado cuando escuchaba decir que Cataluña había perdido la guerra: «Pues yo soy catalán y tengo la impresión clarísima de haberla ganado», respondía. Por más que uno se esfuerce en retorcer la realidad, la afirmación de que la guerra la perdimos todos es imposible de sostener. No en vano jamás se ha hecho en el ámbito académico o político: además de un insulto a la inteligencia, sobre todo, es una ofensa más sobre el lomo de las miles de víctimas de aquel régimen que echó a andar labrando en piedra e inoculando en nuestro imaginario que el 1 de abril de 1939 no llegó la paz, sino la Victoria. En el otro confín del lapso cronológico de aquella tiranía de cuatro décadas, Torcuato Fernández-Miranda, arquitecto de la Transición, seguía diciendo en el funeral de Carrero Blanco: «Hemos olvidado la guerra, pero no la victoria».

Presos republicanos, durante la construcción del Canal del Guadalquivir. ARCHIVO RHHSA (CGT. A)
Los ricos de Franco

Los herederos ideológicos de aquellos vencidos incidimos siempre, en nuestras denuncias de la dictadura, en la brutal represión política, la violencia física extrema que el franquismo abatió sobre sus enemigos. Se incide poco en la represión económica, en los botines de guerra repartidos tras la victoria, expoliados a republicanos represaliados. Antonio Maestre indaga en ellos en Franquismo, SA; Mariano Sánchez Soler escribió Los ricos de Franco; una de las mejores novelas del siglo XX español, Jugadores de billar, de José Avello (que tuvo poco éxito tras su publicación y ahora empieza a reivindicarse, pero sigue sin ser muy conocida), se adentra también, con las herramientas de la ficción, en esa vertiente de la victoria franquista, pero esta sigue muy a la sombra, desatendida a pesar de —o justamente por— ser la más vigente de todas a estas alturas del siglo XXI. El penal de Burgos, las plazas del Generalísimo y el Fuero de los Españoles desaparecieron, pero los botines siguen ahí, guardados en las mismas cajas fuertes, heredados por los hijos, nietos y bisnietos de los premiados compinches del Caudillo.

El caso de Unión Fenosa —ahora Naturgy— es especialmente ilustrativo del modelo de enriquecimiento criminal del franquismo: Fenosa fue creada en 1943 por Pedro Barrié de la Maza, un empresario gallego próximo al régimen, que se hizo con la empresa del republicano José Miñones, fusilado después de la guerra. Franco lo nombró «conde de Fenosa», un caso insólito en el mundo de nombre de empresa convertido en título nobiliario. Hasta eso ganaron los ganadores del treinta y nueve, y hubo dos condes de Fenosa más hasta 2022, cuando se suprimió el título con arreglo a la Ley de Memoria Democrática. Solo se suprimió el título, no la fortuna, y las casi ya centenarias heridas de aquellos crímenes siguen abiertas, visibles también en nuestras raquíticas cuentas bancarias y nuestro humilde patrimonio. Los ricos de entonces siguen siendo ricos hoy y mirando con suficiencia desde las azoteas del IBEX-35 a las nietas y nietos de los vencidos y las vencidas, que seguimos siendo quienes engrosamos mayoritariamente las filas de la clase trabajadora.

Pedro Barrié de la Maza, primero a la izquierda, con Franco en la inauguración del Salto de Belesar en el Miño (Lugo) en 1963
Los contornos del relato

Las jornadas de Cajasol han levantado una comprensible polémica, de la que han resultado algunas bajas en el plantel de voces invitadas, como la del escritor David Uclés o la del coordinador general de Izquierda Unida, Antonio Maíllo. El segundo ha explicado que aceptó la invitación a unas jornadas cuyo título iba a ir entre interrogantes: «¿La guerra que todos perdimos?». Signos de interrogación cuyo extravío atribuye ahora el organizador, Arturo Pérez-Reverte, a un inverosímil «error de maquetación».

Sea como fuere, lo que no es un error es el programa del acontecimiento o su cartel. Se comienza con una lectura de tres textos: el Manifiesto de Canarias de Franco, un extracto de A sangre y fuego de Manuel Chaves Nogales —icono de la presunta «tercera España»— y otro de La velada de Benicarló del abatido Manuel Azaña de 1939. Con ello estas jornadas presuntamente neutrales trazan ya unos determinados contornos, una suerte de ventana Overton de lo admisible bajo el paraguas revertiano, que si por la derecha es Francisco Franco en toda su gloria, por la izquierda son, no Federica Montseny o el Quinto Regimiento, sino poco más que los liberales compungidos del «no es esto, no es esto» y la «paz, piedad y perdón» del Azaña moribundo. El presidente falleció en la Francia a la que luego liberarían aquellos soldados, jamás titubeantes, de dos y hasta tres guerras (alguno había sido carne en la picadora del Rif). Ellos siempre tuvieron claro —como lo tuvo el país, tan admirado por Reverte, que al otro lado del Pirineo alzó monolitos en su honor y les colgó medallas— que la guerra de España no había sido una tragedia peculiar de un país dado a la barbarie cainita, sino la primera batalla de la Segunda Guerra Mundial. Cuesta imaginarse al padre del capitán Alatriste organizando unas jornadas sobre esta otra guerra que empezaran leyendo una diatriba de Hitler, la nota de suicidio de Stefan Zweig y solo al más desganado de los Aliados.

Y luego está el cartel. Tanto Maíllo como Uclés han hecho alusión en sus renuncias al «desafortunado» —en palabras del historiador Gutmaro Gómez Bravo— póster del evento. Porque un cartel no es solo un trozo de papel o un conjunto de píxeles fatuos. Como bien saben las personalidades académicas que participarán en las jornadas, la semiótica no es neutral. Toda construcción humana está impregnada de subjetividad, pero este cartel en concreto —con interrogaciones o sin ellas— no es solo el anuncio de unas jornadas: es un marco de interpretación en sí mismo, en el que la iconografía equipara simbólicamente a demócratas y golpistas, perpetuando así el relato oficial de la dictadura.

Pero es que, además, hay otro elemento que algunos asistentes han pasado por encima y es el de la perdurabilidad del cartel frente a la fugacidad del discurso. Porque las jornadas se desarrollarán en un lugar acotado, con un público concreto en absoluto proporcional al número de personas que ya ha visto el cartel. En nuestra era, un cartel tiene una vida infinita: se comparte en redes, descontextualizado, se archiva, se recuerda y reaparece. Es decir, sigue produciendo significado independientemente de los discursos que se puedan dar en las mesas de debate. Además, no solo está compuesto de símbolos, sino también de nombres y apellidos que legitiman y dotan de autoridad intelectual la equiparación entre victimarios y víctimas.

Cartel de las jornadas sobre la Guerra Civil organizadas por Arturo Pérez Reverte y la Fundación Cajasol.

La guerra interminable

El planteamiento de estas jornadas se vuelve más indignante aún al inscribirse en un periodo histórico tremendamente peligroso. El mismo día que se anunciaron en redes habían pasado horas desde que se supo que un escuadrista del ICE estadounidense había asesinado a un enfermero de 37 años a sangre fría, de diez tiros a bocajarro y en riguroso directo. El partido político que se siente más identificado con el modelo trumpista sigue aumentando adeptos, según los estudios demoscópicos de las elecciones autonómicas más próximas. Uno de sus fundadores, Iván Espinosa de los Monteros, descendiente de rancio linaje franquista, es otro de los participantes en las jornadas. Aceptar sumarse a ellas contribuye, por tanto, a seguir naturalizando a la extrema derecha en el paisaje democrático de un país en el que ningún asesino, torturador, violador o ladrón que actuara bajo el parapeto del régimen ha rozado siquiera el banquillo de los acusados. Hemos normalizado tantísimas veces que nuestra democracia victimice una y otra vez a quienes sufrieron la dictadura que nos hemos vuelto inmunes a este tipo de agravios.

Perdimos aquella guerra y la seguimos perdiendo. Aquella fue y sigue siendo, como decía Almudena Grandes, «una guerra interminable». Pero que nadie se lleve a equívoco, porque estas palabras no van acompañadas de antorchas humeantes. Errarán quienes se detengan a escudriñar nuestro dedo mientras señalamos la Luna. Nosotros no somos el enemigo, solo somos —antes que cualquier otra cosa— un par de antifascistas.


*Pablo Batalla Cueto (Gijón, 1987) es licenciado en Historia por la Universidad de Salamanca. Ha sido colaborador en medios como La Voz de Asturias o Atlántica XXII y en la actualidad coordina la revista digital El Cuaderno y dirige A Quemarropa, el periódico de la Semana Negra de Gijón. Sus últimos libros son La bandera en la cumbre. Una historia política del montañismo (Capitán Swing, 2025), La ira azul. El sueño milenario de la Revolución (Trea, 2023) y Neorrancios. Sobre los peligros de la nostalgia (Península, 2022).

**Esther López Barceló (Alicante, 1983) es licenciada en Historia por la universidad de Alicante y fue impulsora de las leyes valenciana (2017) y estatal (2022) de memoria democrática. Entre sus obras están El arte de invocar la memoria. Anatomía de una herida abierta (Barlin Paisaje, 2024), la novela Cuando ya no quede nadie (Grijalbo, 2023) y Testimonio de la memoria (Asociación Guerra, Exilio y Memoria Histórica del País Valenciano, 2011)

Fuente: Público 28 de enero de 2026

Portada: cacería celebrada en Santa Cruz de Mudela (Ciudad Real) en octubre de 1959 (foto: Eduardo Matos). Además de Franco, participaron José Utrera Molina; Aurelio Segovia Mora-Figueroa; José Ramón Mora Figueroa; José María Sanchiz Sancho; Fernando Finat, marqués de las Almenas; Dolores Sainz Aguirre, señora de Aznar; Cristóbal Martínez Bordiú y Carmen Franco, marqueses de Villaverde; Carmen Polo; Franco; Mateo Sánchez; conde de Caralt; Fernando Terry; Cirilo Cánovas, ministro de Agricultura, y señora de Cánovas; conde de Teba; Fernando Fuertes de Villavicencio, y Vicente Gil, médico de Franco.

Ilustraciones: Conversación sobre la historia

Suspendida sin base legal la declaración de Martín Villa y Daniel Aroca por crímenes del franquismo en el Tribunal de Elda

 https://www.tercerainformacion.es/articulo/memoria-historica/30/01/2026/suspendida-sin-base-legal-la-declaracion-de-martin-villa-y-daniel-aroca-por-crimenes-del-franquismo-en-el-tribunal-de-elda/


  • Ha sido suspendida (sin base legal) las declaraciones de Martín Villa y Daniel Aroca por crímenes del franquismo en el Tribunal de Elda (Alicante). Estas declaraciones tenían que llevarse a cabo el próximo 4 de febrero, en el marco de la causa penal abierta por el asesinato de Teófilo del Valle en 1976. 
Suspendida sin base legal la declaración de Martín Villa y Daniel Aroca por crímenes del franquismo en el Tribunal de Elda

Comunicado CEAQUA / Acció Ciutadana contra la Impunitat del Franquisme

Elda, 30 de enero de 2026.

El próximo 4 de febrero del presente año estaban citados a declarar, en calidad de investigados, ante el Tribunal de Instancia de EldaRodolfo Martín Villa y Daniel Aroca, en el marco de la causa penal abierta por el asesinato del joven Teófilo del Valle, ocurrido el 24 de febrero de 1976, en un contexto de crímenes contra la humanidad.

Aunque las declaraciones estaban previstas para la fecha indicada anteriormente por la jueza Dña. Yolanda Julia Candela Quesada, la reciente incorporación al Juzgado del juez D. Francisco José Cabrera Montesinos ha motivado la suspensión de dichas declaraciones. A instancias de la representación procesal de Martín Villa, y mediante Providencia, el magistrado ha acordado la suspensión de dichas declaraciones mientras se tramita el recurso de apelación interpuesto por el propio Martín Villa contra el auto de admisión a trámite de la querella criminal presentada por José Antonio del Valle, hermano de Teófilo del Valle.

La Providencia dictada por el juez D. Francisco José Cabrera Montesinos con fecha 28 de enero del presente año resulta manifiestamente contraria a derecho, al atribuir efecto suspensivo a un recurso de apelación que, conforme a la normativa vigente, no lo tiene. En aplicación de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, la interposición de dicho recurso no puede ni debe suspender la tramitación de la causa y, en consecuencia, tampoco justificar la suspensión de las declaraciones que ya habían sido previamente señaladas por el Tribunal de Instancia.

Esta resolución judicial carece de una motivación jurídica suficiente, es infundada y contraria a derecho, y provoca, una vez más, una situación de absoluto desamparo para José Antonio, así como para el conjunto de las víctimas de graves violaciones de derechos humanos cometidas por quienes integraron los aparatos represivos de la dictadura franquista y que permanecieron inalterados durante la Transición. Nos encontramos ante una decisión que incumple los estándares internacionales en materia de derechos humanos y que contribuye a apuntalar el modelo de impunidad que el Estado español ha venido sosteniendo frente a estos crímenes, en abierta contradicción con sus obligaciones internacionales en materia de verdad, justicia y reparación.

Ante esta grave situación, la Providencia que suspende las declaraciones será recurrida en reforma por José Antonio del Valle, hermano de Teófilo y querellante en esta causa.

Recordamos que Teófilo del Valle fue asesinado por la policía armada cuando participaba en una movilización del sector del calzado el 24 de febrero de 1976. Estas movilizaciones eran muy frecuentes, por lo que se reprimían con toda la fuerza del aparato policial del régimen que aún seguía vivo en perfecta coordinación con el Ministerio de Relaciones Sindicales, cuyo titular por aquél entonces era el investigado Rodolfo Martín Villa. Teófilo del Valle es considerado la primera víctima de la Transición española.

Por último, interpelamos:

  • Al Tribunal de Instancia de Elda para que anule la Providencia dictada y señale una nueva fecha para la toma de declaración de Martín Villa y Daniel Aroca.
  • A la Audiencia Provincial de Alicante para que ratifique la admisión a trámite de la querella y, en consecuencia, desestime el recurso de apelación interpuesto por Martín Villa.
  • Al Gobierno y a los diferentes grupos parlamentarios de las Cortes Generales para que adopten todas las medidas legislativas precisas para revertir, de una vez por todas, el modelo de impunidad que impera en el Estado español y que sistemáticamente ha sido censurado por el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
Martín Villa

La diputación de València destina más de 55.000 € a la identificación de las víctimas del franquismo en Alzira

 https://www.levante-emv.com/ribera/2026/01/30/diputacion-destina-55-000-identificacion-euros-victimas-franquismo-alzira-126261436.html


El proyecto contempla la recuperación e individualización de los restos óseos y la identificación genética mediante pruebas de ADN


El exalcalde de Alzira Diego Gómez y representantes de la asociación de memoria histórica en el panteón dedicado en Alzira a las víctimas de la represión franquista.

El exalcalde de Alzira Diego Gómez y representantes de la asociación de memoria histórica en el panteón dedicado en Alzira a las víctimas de la represión franquista. / Levante-EMV

Alzira

La Diputació de València, a través del área de Memoria Democrática, ha consignado en el presupuesto de 2026 un total de 55.870,90 euros para culminar el proyecto de intervención forense e identificación genética de los restos de las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura franquista exhumados del mausoleo del cementerio de Alzira, desarrollado junto a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica Fossar d’Alzira.

Trabajos de identificación de restos realizados en la Universidad Autónoma de Madrid.

Trabajos de identificación de restos realizados en la Universidad Autónoma de Madrid. / J. Bermúdez

La vicepresidenta primera de la Diputación y diputada de Memoria Democrática, Natàlia Enguix, ha subrayado que esta nueva aportación económica “permitirá completar una actuación iniciada en 2025 y que es esencial para garantizar la dignidad de las víctimas, avanzar en su identificación y ofrecer respuestas a las familias después de décadas de silencio”. Asimismo, la diputada ha añadido que “la memoria democrática no es una cuestión del pasado, es una responsabilidad del presente. Por eso, desde la diputación mantenemos nuestra implicación con proyectos rigurosos, con base científica y orientados a la reparación moral y democrática”, afirmaba.

El proyecto cuenta con una financiación total de 184.416,10 euros, aprobada por la Junta de Gobierno en septiembre de 2025 como subvención directa. De esa cantidad, 128.545,20 euros se abonaron en el ejercicio anterior, mientras que la dotación incluida ahora en el presupuesto de 2026 permitirá avanzar en la fase final de los trabajos.

La actuación se centra en el panteón de fusilados del cementerio de Alzira, donde se conservan los restos de unas doscientas personas ejecutadas durante la contienda. El proyecto contempla la identificación genética mediante pruebas de ADN con el objetivo de devolver nombre y dignidad al mayor número posible de víctimas.

El mausoleo fue levantado a principios de la Transición por decisión de Francisco Blasco, primer alcalde democrático de Alzira, y se convirtió en el primer memorial valenciano dedicado a los represaliados por el franquismo. Sin embargo, el deterioro progresivo de la estructura y las deficiencias en impermeabilización han puesto en riesgo la conservación de los restos, trasladados en su día desde fosas comunes en condiciones inadecuadas.

Enguix ha señalado que “los restos de más de doscientas personas se encuentran disgregados en más de 25.000 fragmentos óseos, lo que obliga a un trabajo minucioso de reconstrucción e identificación”, y ha añadido que la aportación incluida en el presupuesto de 2026 “es clave para poder avanzar en esta fase del proyecto”. El equipo de especialistas está dirigido por el antropólogo Javier Iglesias, desde la Universidad Autónoma de Madrid, donde se desarrollan los trabajos de reconstrucción ósea previos a la fase de identificación genética.

En este sentido, Enguix ha destacado que “esta intervención combina rigor científico, sensibilidad institucional y un profundo respeto por quienes defendieron los valores democráticos”, y ha insistido en que la Diputación “seguirá impulsando políticas públicas que garanticen verdad, justicia y reparación en todo el territorio valenciano”.

Además de esta actuación en Alzira, la Diputació de València ha abierto las convocatorias de ayudas en materia de Memoria Democrática para 2026, con un incremento de 250.000 euros respecto al ejercicio anterior y una dotación inicial de 825.000 euros ampliable hasta 1.075.000 euros, estructurada en dos líneas para ayuntamientos y asociaciones memorialistas e incorporando por primera vez, a petición municipal, el financiamiento de proyectos de difusión y formación en memoria histórica y democrática valenciana; una línea estratégica impulsada desde el área de Memoria Democrática por la vicepresidenta primera de la Diputación, Natàlia Enguix, quien ha subrayado que “reforzar las políticas públicas de memoria es una obligación institucional para consolidar los valores democráticos y acompañar a los municipios y entidades en este trabajo”.

El área desarrolla además proyectos propios dirigidos a la juventud y al conjunto de la ciudadanía como los programas ‘Memòria a l’escola’ y Memoria en las Bibliotecas, exposiciones como la dedicada al fotoperiodista Luis Vidal o proyectos editoriales y audiovisuales como el libro sobre Isidro Escandell y el webdoc ‘Les fosses de la vergonya’. Unos proyectos sobre los que la vicepresidenta ha destacado que “son fundamentales para que la memoria democrática llegue a la juventud y al conjunto de la ciudadanía a través de formatos accesibles y actuales”.

La Magdalena, el campo de concentración que el franquismo quería que viéramos

 https://www.elfaradio.com/2026/01/29/la-magdalena-el-campo-de-concentracion-que-el-franquismo-queria-que-vieramos/



La Magdalena fue el campo de concentración más fotografiado del primer franquismo, convertido en escaparate de orden y control mientras se ocultaban el hambre, la enfermedad y la muerte
Tiempo de lectura: 4 min

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El campo de concentración franquista instalado en el Palacio de La Magdalena, en Santander, no solo destacó por el número de prisioneros que llegó a albergar, sino por el modo en que fue exhibido públicamente como símbolo de victoria y control.

Según el expediente administrativo tramitado para su declaración como Lugar de Memoria Democrática, consultado por EL FARADIO, La Magdalena fue el campo más fotografiado de los primeros años del franquismo, utilizado como instrumento de propaganda por el nuevo régimen.

El informe de viabilidad ligado a esta declaración impulsada por Héroes de la República y Delegación de Gobierno, y tramitada por el Gobierno central, incluido en el procedimiento destaca que las autoridades militares encargadas de la represión en el norte peninsular organizaron y difundieron imágenes del campo con un propósito específico: mostrar la capacidad del Estado franquista para someter y disciplinar a los vencidos.

Las fotografías mostraban filas de presos en formación, actos religiosos colectivos y escenas de vigilancia, sin rastro de sufrimiento ni hacinamiento. Las primeras investigaciones del campo las realizó hace apenas una década el profesor universitario Alberto Santamaría.

Estas imágenes circularon en medios de la época y en informes oficiales internos. En ellas, los prisioneros aparecían uniformados, alineados, en actitud pasiva. El mensaje era claro: la “nueva España” imponía orden frente al “caos republicano”. Este relato visual buscaba legitimar el golpe de Estado y el modelo de autoridad militarizado que lo sucedió.

Sin embargo, el expediente deja constancia del profundo contraste entre lo que se mostraba y lo que realmente sucedía dentro del campo. El internamiento se realizaba en las caballerizas del Palacio de La Magdalena, con una capacidad teórica para unas 600 personas, que llegó a triplicarse en algunos momentos, alcanzando más de 1.600 internos simultáneamente. Esta situación fue descrita como “hacinamiento estructural”, es decir, no accidental ni temporal, sino sostenida y asumida como parte del funcionamiento del recinto.

Las consecuencias fueron graves. El informe recoge condiciones sanitarias extremas, con presencia documentada de tifus, sarna, tuberculosis, además de hambre, frío y desnutrición generalizada. También se citan testimonios que apuntan a la existencia de ejecuciones extrajudiciales y al abandono de cadáveres en la orilla del mar, para que fueran arrastrados por las corrientes.

En ese contexto, la propaganda cumplía una función doble: hacia el interior, advertía a la población del destino de quienes se resistieran al nuevo régimen; hacia el exterior, proyectaba una imagen de estabilidad y control en los territorios “pacificados”. La represión no se ocultaba, se organizaba para ser vista bajo un encuadre favorable al poder.

El expediente destaca que esta estrategia visual no fue improvisada. La ubicación del palacio, en una península cerrada y visible desde la costa, facilitaba el aislamiento físico de los prisioneros, pero también su exposición pública controlada. El espacio funcionó como un teatro disciplinario, donde el castigo era real y el relato visual lo convertía en símbolo de “orden”.

Las fotografías del campo se conservan hoy, en parte, en el Archivo General Militar de Ávila y en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca, donde continúan las investigaciones sobre el uso de estos materiales. Su análisis permite entender cómo el franquismo utilizó el poder de las imágenes para normalizar la represión, no como excepción, sino como fundamento visual del nuevo orden político.

El informe oficial propone que el lugar sea debidamente señalizado e incluido en itinerarios de memoria democrática, y que cuente con recursos audiovisuales explicativos, como parte de su función didáctica y reparadora. Esta documentación gráfica, hasta ahora poco conocida, puede contribuir a una lectura crítica de las imágenes, desactivando su propósito original y poniéndolas al servicio de una memoria pública informada.

Cómo apoyar esta declaración en positivo

Durante el trámite de información pública, cualquier persona puede presentar alegaciones favorables a la declaración de La Magdalena como Lugar de Memoria Democrática. Las propuestas pueden incluir:

  • Solicitar que se recopilen, digitalicen y contextualicen las fotografías históricas del campo.
  • Proponer la creación de un archivo interpretado, accesible desde el Portal de Memoria Democrática.
  • Reclamar una exposición permanente, con enfoque crítico sobre el uso propagandístico de la represión.
  • Sugerir que el espacio se integre en programas educativos sobre memoria, imagen y autoritarismo.
  • Añadir argumentos para su declaración

Las alegaciones se presentan en registros administrativos o por vía electrónica. Puede hacerse desde este enlace.