dissabte, 14 de febrer del 2026

Los 186 escalones del horror: el destino de los 45 canarios que terminaron en el infierno nazi de Mauthausen

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De los deportados de las Islas, 28 fueron asesinados y 17 sobrevivieron a un exilio 'eterno'
Los 186 escalones del horror: el destino de los 45 canarios que terminaron en el infierno nazi de Mauthausen
Los 186 escalones del horror: el destino de los 45 canarios que terminaron en el infierno nazi de Mauthausen. DA

El viaje fue abrupto y, para muchos, definitivo. De Canarias a Austria, del Atlántico al interior de Europa. Así terminó el periplo vital de 45 canarios que, durante la Segunda Guerra Mundial, fueron deportados al campo de concentración y exterminio de Mauthausen. No llegaron allí por azar. La documentación oficial del Gobierno de Canarias y del Parlamento autonómico subraya que eran demócratas y republicanos, perseguidos tras la Guerra Civil española y empujados al exilio.

Esa historia, durante décadas relegada al silencio, volvió en 2024 al espacio público canario a través de la exposición 186 escalones, en memoria de los canarios de Mauthausen. 1945-2021, instalada en la Cámara regional como un ejercicio de memoria, justicia y consuelo. El objetivo es claro: que la sociedad canaria conozca el sufrimiento de quienes padecieron el horror de los campos de concentración nazis y mantener viva su memoria.

De Canarias a Mauthausen: una herida repartida por cinco Islas

Las fuentes documentales consultadas por las instituciones canarias fijan una cifra cerrada y contrastada: 45 canarios estuvieron prisioneros en Mauthausen. 28 fueron asesinados y 17 lograron sobrevivir, aunque los supervivientes no pudieron regresar a España a causa de la dictadura franquista. Todas las víctimas documentadas son hombres, y procedían de cinco de las ocho Islas.

La exposición evita la abstracción de los números. A lo largo de seis paneles, reconstruye el itinerario de los prisioneros desde su llegada al pueblo de Mauthausen, a orillas del Danubio, hasta el interior del campo y la cantera donde se realizaban los trabajos forzosos. El recorrido culmina en la “Habitación de los nombres”, un espacio de recogimiento en el que se muestran los nombres y apellidos de las víctimas —fallecidas y supervivientes— junto a sus lugares de procedencia, con la voluntad simbólica de “traerlos de vuelta a casa”.

Entre los casos recordados figura el de Sebastián Perera, concejal socialista en San Cristóbal de La Laguna durante la II República, que tras pasar por las prisiones de Fyffes y Barcelona huyó a Francia y terminó muriendo en un campo nazi. Su historia resume un patrón compartido por muchos canarios: persecución política en España, exilio forzado, captura tras la invasión de Francia y deportación al sistema concentracionario.

El trabajo forzoso y la deshumanización

El eje simbólico de la muestra son los 186 escalones de la cantera de Mauthausen. Allí, los prisioneros realizaban trabajos forzosos en condiciones extremas, convertidos en mano de obra esclava dentro de un engranaje diseñado para anular la dignidad humana. La exposición relata ese proceso sin artificios, apoyándose en datos y documentación que permiten comprender la dimensión del sufrimiento sin recurrir a exageraciones.

Durante el acto institucional de homenaje, la lectura pública de los nombres de los canarios de Mauthausen, acompañada por música en directo, reforzó el carácter humano del recuerdo. Pronunciar cada nombre, indicar su procedencia y devolverlos al espacio público canario fue parte esencial del gesto de reparación simbólica.

Un legado que casi se pierde en el olvido

Las autoridades canarias han insistido en que la historia de los canarios en los campos de concentración nazis es profundamente desconocida. Durante años no formó parte del relato colectivo ni de la memoria institucional. La exposición y los homenajes públicos buscan corregir ese vacío y recordar que estas personas no acabaron en Mauthausen de forma aleatoria, sino por su compromiso con la libertad, la democracia y un proyecto político derrotado por la fuerza.

El trabajo de investigación del autor de la muestra, Eduardo Cabrera, se apoya en archivos oficiales —entre ellos el Memorial de Mauthausen— y en investigaciones realizadas en campos de concentración de Austria, Polonia y Alemania. Su planteamiento es directo: contar la historia tal y como sucedió, con sus luces y sus sombras, para advertir a las generaciones futuras de lo que ocurre cuando el odio y la deshumanización se convierten en discurso dominante.

Recordar a los canarios de Mauthausen no es un ejercicio de rencor, sino un acto de memoria histórica que interpela al presente. La democracia —han subrayado los responsables institucionales— es frágil y necesita ser defendida cada día. Por eso, Canarias vuelve a mirar hacia Austria para no olvidar a los suyos. Un recuerdo incómodo, pero necesario, para que el pasado no vuelva a repetirse.