dissabte, 14 de febrer del 2026

El Patronato: la cárcel moral del franquismo que persiguió a la "mujer caída" hasta 1985

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¿Por qué es importante? No eran centros de acogida, eran prisiones morales. laSexta Columna accede a los archivos oficiales para reconstruir el sistema de vejaciones sistemáticas que sufrieron miles de mujeres bajo el control del Patronato. A través de expedientes silenciados y testimonios de supervivientes, el programa saca a la luz un relato de represión y castigo oculto durante décadas.

No eran centros de acogida, eran prisiones morales. laSexta Columna accede a los archivos oficiales para reconstruir el sistema de vejaciones sistemáticas que sufrieron miles de mujeres bajo el control del Patronato. A través de expedientes silenciados y testimonios de supervivientes, el programa saca a la luz un relato de represión y castigo oculto durante décadas.

Fumar, bailar o llevar una falda corta no eran solo gestos de rebeldía; para el régimen, eran motivos suficientes para el encierro. A través del Patronato de Protección a la Mujer, el franquismo castigó cualquier conducta que se alejara de su ideal de "ángel del hogar", ya saben: el hogar es el templo, la mujer, su "ángel custodio".

Nota mental: es fascinante (y un poco inquietante) ver cómo la estética de los años 40 y 50 ha vuelto con tanta fuerza a través de las tradwives de las redes sociales, se rescata una estética de sumisión sin el contexto de la coerción que la sostenía. Se consume el envoltorio (el vestido de flores, el pastel recién hecho) pero se olvida que, para nuestras abuelas, ese envoltorio era a menudo una celda.

El control social durante la dictadura española tuvo un brazo ejecutor implacable para las mujeres: el Patronato de Protección a la Mujer. Lo que bajo el nombre de "protección" se escondía era, en realidad, un sistema de internamiento destinado a corregir a aquellas que osaban transgredir las normas morales y religiosas de la época.

El "pecado" de ser libre

La lista de motivos para ser enviada a uno de sus centros era tan difusa como arbitraria. No hacía falta cometer un delito; bastaba con ser señalada por "mala conducta". Entre las paredes de sus conventos y reformatorios terminaron:

  • Mujeres rebeldes: Aquellas que no obedecían a sus padres, salían de noche o llegaban tarde a casa.
  • Víctimas de la exclusión: Madres solteras, mujeres pobres o trabajadoras sexuales.
  • Disidentes sexuales: Lesbianas o mujeres con una sexualidad fuera del matrimonio.
  • Simplemente jóvenes: Chicas que vestían minifaldas o iban solas a un bar, gestos vistos como provocaciones intolerables.

Celdas de castigo y el miedo como herramienta

El caso de Paca Díaz ilustra la crueldad de los métodos de "corrección". Su pecado no fue un crimen, sino su carácter: iba a manifestaciones y bailaba rock and roll en minifalda. En una familia marcada por un padre que ya había pisado la cárcel "por rojo", el miedo al régimen hizo que sus propios parientes la entregaran al Patronato.

"Me metieron en una celda de castigo donde no podías ponerte estirada ni de pie", recuerda Paca. "No sabía si era de día o de noche. Pasaban los días sobre ti y salías ciega porque no te había dado la luz. Te pasaban la comida y una lata para tus necesidades hasta que les daba la gana sacarte".

Para Consuelo García del Cid, otra de las supervivientes, el castigo comenzó con el engaño. Fue internada a los 17 años tras una supuesta visita médica para vacunarse contra la gripe. Se despertó 24 horas después, lejos de su Barcelona natal, sin entender dónde estaba.

"Me asomé a la ventana, muerta de miedo, vi que todas las matrículas eran 'M'. En ese momento me di cuenta de que me habían llevado a Madrid", relata Consuelo sobre su llegada a las Adoratrices, uno de los centros más severos de la capital. Su activismo y su espíritu rebelde habían sido suficientes para que su familia, asfixiada por la presión social, decidiera su internamiento.

Una herencia que sobrevivió a la dictadura

Lo más estremecedor de este sistema es que la libertad arrebatada, las humillaciones y el trabajo esclavo no murieron con Franco. El Patronato sobrevivió a la muerte del dictador y extendió su sombra durante diez años más en plena democracia.

Hasta su disolución definitiva en 1985, el paternalismo machista imperante las tildó de "histéricas", "deficientes mentales" o "ignorantes". Fueron, a ojos de sus captores y de una sociedad que prefería mirar hacia otro lado, las "locas del coño" de un sistema que nunca ha sido reconocido.

Aquella labor de "limpieza" social dejó una herida profunda. Lo que comenzó en la miseria de 1941 terminó siendo una condena de décadas para miles de españolas cuyo único delito fue querer ser libres. Amén.

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*Puedes ver el programa completo de laSexta Columna 'El Patronato: las miles de esclavas de Carmen Polo' en atresplayer.