El tesón de su sobrina Encarna Andrés y el libro de Jesús Espinós han sacado a la luz la historia de esta vecina de Camporrobles, a quien le arrebataron el bebé, y que fue fusilada injustamente en 1939

Fosa 96 del cementerio de Paterna, con los cuerpos de los represaliados / L-EMV
Jesús Espinós
En septiembre de 2024, la Associació Científica ArqueoAntro, encargada de la exhumación de l, devolvió a la luz los restos de una menuda. Durante ochenta y cinco años su historia había estado. Su nombre era Mercedes Martínez Ruiz, había nacido en 1900 en Camporrobles, y era apodada como «la Mudeta». Si hoy se conocen algunos detalles de su vida, es gracias al tesón de mi madre, la periodista Encarna Andrés.
. A mi madre siempre le había hecho ilusión cultivar la única tierra que su abuelo, Otilio Martínez Ruiz, no había vendido antes de emigrar en los años cuarenta desde el municipio valenciano de Camporrobles —en los confines de la Tierra Bobal— a Quart de Poblet. Fue precisamente al intentar poner esa parcela a su nombre cuando tropezó, sin esperarlo, con un nombre desconocido. Uno de los trámites le obligó a rescatar documentación del ayuntamiento de Mira (Cuenca), término en el que estaba ubicado ese campo. En un sobre recibió varios papeles; en cada página aparecía el nombre de los hermanos de su abuelo Otilio. A todos ellos los tenía más o menos controlados, pese a ser siete, excepto a una: Mercedes Martínez Ruiz. Ese nombre nunca había salido de la boca de su abuelo. Esto le extrañó profundamente; ella había tenido una relación casi paternofilial con él y, en ese momento, ya no podía preguntarle por qué jamás había mencionado a aquella mujer.

Vista del molón con la balsa. / J. Espinós
Su vocación periodística la llevó a iniciar una investigación. Habló con familiares de Camporrobles y muchos de ellos —incluida su madre, Carmen— desconocían la existencia de esta persona. Por suerte, una prima, la tía María Berlanga, le explicó que aquella hermana de su abuelo era conocida en el pueblo como «la Mudeta». Esto despertó en mi madre el recuerdo de su abuela Encarnación hablando de ella como alguien a quien violaron con 14 años y a quien sus padres le arrebataron el bebé para llevarlo a un hospicio.
La tía María Berlanga le contó también que «a la Mercedes la fusilaron cuando la guerra por el asesinato del tío Jaime Rosas, pero ella no tuvo nada que ver». El impacto fue tal que mi madre escribió al . Al cabo de unos días recibió el expediente 3783-V: en él se hablaba de Mercedes y de dos personas más, Santiago Olmo Ruiz y Manuel Cañada Ibáñez. Indagando en el registro de Camporrobles y elaborando un complejo árbol genealógico, descubrió que Santiago Olmo era el marido de Mercedes y, a la vez, su primo hermano. Habían tenido dos hijos: Merceditas, nacida en abril de 1933, y Santiago, nacido en septiembre de 1936, que falleció a los tres meses de nacer.
Al recibir el expediente judicial, la tragedia cobró forma: Mercedes y Santiago habían sido fusilados en el paredón de Paterna el 8 de noviembre de 1939, tras ser juzgados mediante juicio sumarísimo en la plaza de Utiel. También descubrió que Merceditas había fallecido con seis años, en junio de 1939 —tres meses antes del fusilamiento de sus padres, cuando estos ya llevaban varios meses detenidos—. Gracias a la tía María Berlanga, mi madre supo que la niña había dejado de comer de pena, y había muerto estando sus padres presos.

Jesús Espinós y Encarna Andrés, con el historiador Vicent Gavarda, a la derecha. / J. Espinós
Todos estos detalles me los explicó mi madre en 2012, cuando yo apenas contaba veintiún años. Se sentó conmigo, y me hizo saber que aquella historia debía ser contada algún día, como homenaje a su tía, víctima de la barbarie del fascismo, la injusticia y la sinrazón.
Los años transcurrieron y la historia permaneció guardada en un cajón, esperando el momento de ser escrita. Por desgracia, a finales de 2016 a mi madre le diagnosticaron párkinson y, a partir de ese instante, tuvo que aparcar todo lo que estaba haciendo —como profesora de FP de Imagen y Sonido— para dedicarse a cuidar su salud e intentar mantener la mejor calidad de vida posible.
La historia siguió esperando hasta que en 2024, tras escuchar un pódcast de un crimen real, se me encendió la bombilla y creí que había llegado el momento de hacerle un homenaje tanto a mi madre como a mi tía bisabuela Mercedes. Recabé toda la información que había investigado mi madre, la estudié con detenimiento, intenté reconstruir al máximo los hechos y las vidas de los protagonistas e indagué sobre ciertos aspectos que todavía desconocíamos, sobre todo lo relativo al crimen de Jaime Rosas. Unos sucesos dignos de una tragedia griega que acabaron tomando forma como la novela 'Muerte en Albata', publicada en julio de 2025 por la editorial requenense Creaciones Alalimón.
En ella se rinde tributo a Mercedes y a todo lo ocurrido en Camporrobles durante la guerra civil, destacando el papel heroico y humano del alcalde José Calatayud Viana, de quien esperamos que reciba pronto una calle con su nombre.
Inicio de los trabajos de exhumación de la fosa 96 de Paterna.jpg / J. Espinós
La publicación ha tenido una acogida maravillosa, pero, sin duda, la mayor recompensa después de todo el trabajo llevado a cabo fue estar allí, a pie de fosa, aquel septiembre de 2024. Ver cómo los profesionales de la Associació Científica ArqueoAntro confirmaban la existencia de ese único cuerpo femenino y devolvían a la luz a aquella mujer de Camporrobles fue un acto de justicia poética. Su historia fue finalmente exhumada para no quedar nunca más en el olvido, cumpliendo así el propósito que mi madre inició hace más de una década.

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