dimecres, 21 de gener del 2026

Memoria, filiativa y afiliativa, antes de los nietos. En busca de una genealogía. Isabel Alonso Dávila

 https://mientrastanto.org/252/notas/memoria-filiativa-y-afiliativa-antes-de-los-nietos-en-busca-de-una-genealogia/

El concepto de genealogía ha sido fundamental en el feminismo, tanto para su práctica como para construir su historia y su pensamiento. Nos permitió conceptualizar de forma clara la utilidad de buscar en nuestro pasado a nuestras antecesoras, sus escritos, sus prácticas y sus biografías. De esta manera, el feminismo actual se ha alimentado de lo pensado y hecho por las mujeres que vivieron antes, percibiéndonos como continuadoras de un camino ya iniciado por otras que, en revisión, nos ha hecho reconocer a las mujeres escritoras, o a las que lucharon juntas en los motines del pan, como el que dio origen a la marcha de mujeres en Versalles con la que se inició la Revolución francesa, el 5 de octubre de 1789. Esta genealogía continúa con las oleadas del feminismo, bien estudiadas, y de las que conocemos sus aspectos diferenciales y sus continuidades. Esta búsqueda de nuestra genealogía ha alejado al feminismo de un adanismo —¿quizás en este caso sería mejor hablar de «evismo»?— que, parafraseando a Lenin, podríamos decir que es una enfermedad infantil, o adolescente, de algunos de los importantes movimientos sociales que surgieron en España hace unos años.

El concepto de genealogía creo que puede ser útil, asimismo, para valorar el camino que ha llevado a la reivindicación de la memoria en España. Algo que se hace necesario cuando, a pesar de que últimamente se está corrigiendo esta visión, en ámbitos académicos está muy difundido el tópico de que «la lucha actual por la recuperación de la dignidad y la memoria de las víctimas de la Guerra Civil empieza con la exhumación de los Trece de Priaranza en octubre del 2000»[1]. También en los medios de comunicación se sigue repitiendo esta idea. Por ejemplo, la cadena SER afirmaba el 17 de noviembre pasado: «Cuando se cumplen veinticinco años de la primera apertura de una fosa común de la Guerra Civil…»[2], afirmación que, como veremos más adelante, no es cierta o, al menos, es una verdad a medias que olvida la genealogía de la apertura temprana de fosas comunes en España.

La distinción entre memoria filiativa y memoria afiliativa propuesta por Sebastiaan Faber, inspirándose en la noción de afiliación de Edward Said (como explicaba el propio Faber el mes pasado en esta revista[3]), también es pertinente para encarar esta nota sobre la genealogía de la memoria en España, puesto que mi objetivo es recordar algunas realidades memorialistas que muestran una genealogía mucho más temprana que la del año 2000 que se suele citar con tanta frecuencia, y valorar si se trataba de ejercicios de memoria filiativa o/y afiliativa.

Recordar estas acciones memorialistas, además de suponer un ejercicio de justicia y de verdad histórica con aquellas personas que mantuvieron la memoria en tiempos difíciles, puede servir para reivindicar y enorgullecernos de una lucha por la memoria que se inició ya en pleno franquismo y que tomó nuevos vuelos a la muerte del dictador.

La primera realidad que me gustaría citar es la ligada a la fosa conocida como La Barranca, en el municipio de Lardero, a ocho kilómetros de Logroño. Si consultamos la página web de la Asociación La Barranca nos encontraremos con que «este lugar nunca pudo ser borrado de la memoria de los familiares de los asesinados, se mantuvo como lugar de reunión durante toda la dictadura franquista. Gracias a la perseverancia de las viudas (las mujeres de negro) y familiares, el recuerdo se mantuvo vivo y presente»[4]. Y es que el 1 de noviembre de 1939, día de difuntos en nuestro ámbito cultural, de aquel año en que había acabado la guerra en abril —aunque es importante recordar que en La Rioja no hubo guerra, sino sólo represión, desde julio del 36—, las viudas, acompañadas por sus hijas e hijos, se dirigieron por primera vez a La Barranca, donde sabían que estaba la fosa en la que yacían sus familiares. Más de cuatrocientas personas estaban enterradas allí y por eso fue allí donde les quisieron rendir homenaje cada 1 de noviembre, preservando así de la desmemoria este lugar de memoria. Hasta 1951, en que se les reconoció el derecho de acudir al lugar, muchas veces tuvieron que enfrentarse a las fuerzas del orden para poder acceder a la fosa. En la página web se nos da otra fecha, 1979, en que el lugar «se dignificó con la construcción del Cementerio Civil de La Barranca». Tenemos aquí un claro ejemplo de lo que Sebastiaan Faber ha llamado memoria filiativa que, a partir de la constitución de la Asociación La Barranca, en 2008, da un paso más para convertirse, también, en memoria afiliativa. Porque, como seguimos leyendo en su web, «por supuesto, la Asociación está abierta a todos los riojanos y a todas las personas de cualquier parte de España y de otros países que así lo deseen». Me comenta Jesús Cámara, de la junta directiva de la Asociación La Barranca, que en la actualidad cuenta con más de cuatrocientas personas asociadas, de las que un 25% aproximadamente no serían familiares de las personas que yacen en la fosa. También, como el nombre de «mujeres de negro» claramente indica, nos encontramos aquí con una genealogía que tiene su origen en la lucha de un grupo de mujeres y que, por tanto, interesa también al feminismo.

La segunda realidad de la que quiero hacer memoria, siguiendo un orden cronológico, está relacionada con la deportación de republicanos españoles a los campos nazis. Me refiero a la constitución de la Amical de Mauthausen y otros campos. Si consultamos su página web, veremos que «fue fundada en 1962 por exdeportados y familiares para agrupar a viudas y huérfanos y apoyar a todos los deportados que habían vuelto del exilio, ya que en España no disponían de una asociación de este tipo, que, sin embargo, sí habían encontrado en Francia, donde muchos españoles exiliados se habían integrado en la Amicale des Déportés, Familles et Amis de Mauthausen o en la Federación Española de Deportados e Internados Políticos, fundada en Toulouse en 1947». También nos dicen en la web cuál es el objetivo de la Amical: «trabajar en favor de la memoria de todas aquellas personas que vivieron y lucharon durante la guerra civil antes de cruzar la frontera francesa camino del exilio y que más tarde sufrieron deportación en los campos nazis». Las informaciones de su web también nos dicen que existieron dos intentos frustrados de legalización de la Amical, uno en 1963 y otro en 1967, así que «la Amical se vio obligada a trabajar en la clandestinidad hasta el final de la dictadura franquista, por lo que sus actividades se vieron muy limitadas». La legalización se consiguió, por fin, en 1978, y a partir de ese momento «se inició una nueva etapa de fuerte actividad divulgativa». Esta etapa coincidió con la publicación de Els catalans als camps nazis (1977) de Montserrat Roig, que ayudó enormemente a la divulgación de una historia hasta ese momento poco difundida: la de los aproximadamente 10.000 republicanos españoles que estuvieron en campos de concentración nazis. Me comenta Juan Calvo, presidente de la Amical, que, en la actualidad, de las ochocientas personas asociadas, unas trescientas cincuenta son familiares de deportados, mayoritariamente hijos y nietos, si bien hay también sobrinos y otros familiares. Pero también que más de cuatrocientas se han sumado de forma afiliativa, sin ninguna relación familiar con la deportación. En su junta directiva, de veinticinco miembros, trece son familiares de deportados y ocho no lo son. Así que aquí también vemos cómo la memoria filiativa se está combinando con la afiliativa.

La tercera realidad que me gustaría recordar, y sigo con el orden cronológico, nos lleva a la segunda mitad de los años setenta. Me refiero a las exhumaciones tempranas que se llevaron a cabo en España, a partir de 1977, para trasladar a los asesinados desde las fosas a los cementerios de sus pueblos. TVE nos lo ha recordado recientemente en el documental «A flor de tierra», que se puede rescatar en su aplicación[5], que se centra en exhumaciones tempranas en Navarra. Tiraña, en Asturias, fue el primer cementerio que visité, hace ya algunos años, impelida por el interés que me despertaban estas exhumaciones tempranas. En aquel lugar, diez hombres y tres mujeres fueron asesinados y enterrados en una fosa común. Sus familiares los sacaron de allí y los enterraron dignamente. Desde el año 1977 se realiza en el monumento erigido en el cementerio un acto anual de memoria. También en este caso se dio el paso de la memoria filiativa a la memoria afiliativa, a partir de la creación de la Asociación de Familiares y Amigos de la Fosa Común de Tiraña.

Daniel Palacios, en su libro De fosas comunes a lugares de memoria. La práctica monumental como escritura de la historia (2022), nos dice que al menos un centenar de fosas comunes en España se han monumentalizado. Casi todas por la acción «autogestionada», nos recuerda Palacios, de familiares, amigos, y allegados de las personas allí asesinadas y también de militantes de los partidos políticos que reivindican la memoria. De nuevo, aquí, memoria filiativa y afiliativa. Nos confirma Palacios que muchas de estas fosas eran ya visitadas durante el franquismo, pero que lo fueron especialmente a partir de la Transición.

No quiero acabar sin citar la Associació Catalana de Persones Expreses Polítiques del Franquisme, a la que pertenezco. Fundada en 1976 (este 2026 celebraremos los cincuenta años), no obtuvo su legalización hasta 1980. En la página web se pueden consultar los antecedentes y la historia de la asociación y se puede comprobar que su primer acto público, ya como asociación legal (desde el 23 de enero de 1980 en que el Ministerio del Interior la legalizó), «fue un homenaje a los muertos en la lucha por la libertad, que se celebró en el Saló del Tinell de Barcelona el día 11 de mayo de 1980»[6]. Es decir, un acto para reivindicar la memoria.

El conocimiento de esta genealogía nos permite situar la primera exhumación científica, la de la fosa de la cuneta de Priaranza del Bierzo del año 2000, y la importancia que ha revestido en la movilización por la memoria de nuevas generaciones, en una línea cronológica que el propio Emilio Silva nos recordaba en su intervención en Roma el pasado 7 de noviembre[7].

Notas

  1. https://www.icip.cat/perlapau/es/articulo/la-lucha-por-la-memoria-historica-en-espana-mas-alla-de-la-genealogia-y-las-generaciones/. Consultado el 28 de diciembre de 2025. 
  2. https://cadenaser.com/nacional/2025/11/17/emilio-silva-es-una-novela-contra-aquellos-que-han-intentado-imponer-una-reconciliacion-falsa-tras-la-guerra-civil-cadena-ser/. Consultado el 29/12/2025 
  3. «Más allá de la historia patriótica. Hacia una memoria afiliativa de las Brigadas Internacionales», https://mientrastanto.org/251/ensayo/mas-alla-de-la-historia-patriotica/
  4. https://labarranca.org/unidad-didactica/la-barranca/
  5. https://www.rtve.es/play/videos/a-flor-de-tierra/
  6. https://expresospoliticsdelfranquisme.com/wp-content/uploads/2024/01/Historia-Associacio.-16.1.24.pdf
  7. https://www.rossounfiore.it/wp1/wp-content/uploads/2025/11/Legami-flyer-doppio-convegno.pdf