https://conversacionsobrehistoria.info/2026/01/24/como-termino-la-guerra-civil-espanola/
Gutmaro Gómez Bravo
Es viernes, 31 de marzo de 1939, el teniente coronel Cheadle, agregado militar de los Estados Unidos, envía su último informe sobre España.
“Las bajas entre la población civil han sido altas debido a los ataques aéreos y los asesinatos en masa. Esta guerra, que ha durado 989 días, ha sido una de las luchas intestinas más largas, sangrientas, costosas y brutales de la historia moderna”.
El telegrama anterior es interceptado y transcrito en Burgos. La mayor parte de la documentación utilizada para esta investigación corresponde al espionaje franquista, que, a lo largo de la segunda mitad de 1937, pasó a denominarse Servicio de Información y Policía Militar (SIPM). Dicho fondo constituye el tronco central de este trabajo, desde la intervención contra una posible mediación internacional auspiciada por el Vaticano, en diciembre de 1938, a las Normas de entrega del Ejército y ocupación del territorio enemigo con las que se pone fin a la guerra. Este organismo, cabeza jerárquica de un aparato conjunto de Seguridad, Justicia y Orden Público, abarca una gran cantidad de expedientes y fichas personales, del Ministerio del Interior a los sumarios del Archivo Histórico General de Defensa. Pero, sobre todo, canaliza la información de los otros servicios de información, tanto del republicano, que inutiliza y absorbe al completo, como de sus aliados, la Legión Cóndor y el CTV italiano. Neutralizan la acción diplomática republicana al tiempo que consiguen su “quiebra definitiva” en el interior.
El reconocimiento del gobierno de Burgos es seguido, en tiempo real, gracias a la actividad conjunta del Duque de Alba en Londres y a la de Quiñones de León en Paris. Para el primero, ha sido esencial la consulta de la documentación incorporada desde 2018 en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca. Los telegramas recibidos en la delegación franquista en Londres, así como la correspondencia con el general Jordana, se encuentran en el Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares. Allí se guardan también los acuerdos para el reconocimiento francés, incluida la cláusula verbal con el senador Bérard y el memorándum que envía el propio Jordana al ministro Halifax, a la sede del Foreign Office. La información de Quiñones, consultada en el Archivo General de la Universidad de Navarra, permite seguir la correspondencia con el ministro y el embajador francés, que, a su vez, incluye todo lo que ambos despachan con Azaña y con Negrín.

Un tiempo que cambia por completo la imagen internacional de la guerra de España. La desigualdad de medios y el posicionamiento actúan de manera clara y definitiva a favor del gobierno de Burgos. Ante la posibilidad de un enfrentamiento a gran escala, todas las potencias quieren liquidar la guerra civil. Una problemática que se muestra a través del giro en las relaciones germano-soviéticas, a comienzos de enero de 1939, en plena ofensiva de Cataluña. Una conjunción que acelera, además, los planes de británicos y franceses para que la contienda termine cuanto antes y, que, pese a lo que comúnmente se cree, actuaría en contra de cualquier posibilidad de resistencia republicana.
De ahí que, para comprender la transformación de los servicios de seguridad franquistas, la clave sea la documentación exterior. La del embajador italiano, que se conserva en Archivio Storico Diplomático de Roma, analiza la separación entre Interior y la propia Jefatura de Información. La soviética, que reconoce y analiza las vías de infiltración de la Gestapo, está parcialmente digitalizada en el RGASPI. Y, por último, la alemana. Esta, más compleja porque interviene en la reorganización de la inteligencia franquista, puede seguirse a través del acuerdo secreto de 20 de marzo de 1937 que sirve de “guía para las futuras relaciones”, y se concreta en el Convenio de Cooperación Policial de 1938 y del Tratado de Amistad Hispano-Alemán que, no en vano, se firma el último día de la guerra civil. La clave, que muestra el giro de las relaciones germano-soviéticas y la necesidad de Francia e Inglaterra de que la guerra civil termine cuanto antes, es la inserción de España en el Eje a través de la firma del Tratado Anti-Komintern. Un proceso de difícil gestación, seguido a través de la recopilación Documents on German Foreign Policy (DGFP), serie D, Vols II-III. Aunque, solo, gracias al intercambio de despachos del embajador alemán Von Sthorer con su Secretaría de Estado, conservados en el Archivo del Ministerio de Asuntos Extranjeros de Berlín (Amt), y a la propia documentación anexa al Tratado, conservada en el BundesArchive de la misma ciudad, llegamos a comprender, cómo, para fijar la fecha del final de la guerra española se hacen coincidir la toma de Madrid y la firma del Tratado Anti-Komintern.
Pero la operación es dirigida, en todo momento, desde el interior. Entre la documentación del Cuartel General consultada, se encuentra el acta original de la creación del Partido Único en Madrid, por mandato directo de Franco. Un hecho, como la existencia del propio organismo, silenciado posteriormente. Es la pantalla ideal de la inteligencia militar franquista para que las autoridades republicanas crean que negocian con un interlocutor político de primer orden, pero también es la pieza fundamental para controlar la rivalidad interna entre católicos y falangistas. Parte de su documentación, aunque alterada y fragmentada, se conserva en la Fundación Nacional Francisco Franco. Constituye la versión oficial, épica y legendaria, del Movimiento. Creada en la inmediata posguerra, glosada hasta la muerte de Franco, se sigue reproduciendo hasta nuestros días. Sin embargo, sus sesiones, que incluyen un seguimiento diario con Burgos, también dieron lugar a una serie de informes consecutivos de alto valor para nuestro objeto de estudio, que describen de primera mano y de manera excepcional, el ambiente final de la guerra.

En primer lugar, permiten entender el golpe del 5 de marzo de 1939, desde una nueva perspectiva. En particular, hay que poner el foco en los nombramientos o ascensos de los propios militares del servicio de información republicanos que trabajaban para el franquista. Sus hojas de servicio, conservadas en el Archivo General Militar de Segovia, quedaron posteriormente reunificadas. La acción para derribar el gobierno tiene que ser conjunta entre Madrid y Valencia y debe agrupar a todas las formaciones políticas, sindicales y militares del Frente Popular. Su efecto es seguido a través de la documentación del Comité de Defensa de CNT y de la IV División de Cipriano Mera, conservada en la Fundación Anselmo Lorenzo y en el International Institute of Social History, de Amsterdam. La información comunista se encuentra más dispersa. En el Archivo Histórico del PC está la línea política, conocida a través de su prensa o los textos en los que reconocen la derrota (resolución del buró del 22 de febrero). En la Fundación Largo Caballero se encuentra la Nota pública emitida por el PC con la orden de cese el fuego y la resistencia contra los partidarios del Consejo de Defensa Nacional, de 12 de marzo. Datos nuevos generan también los documentos incautados, sobre todo, a los comisarios políticos y las transcripciones de sus mensajes en Radio Popular, que, una vez más, son analizados por el servicio de escuchas del Cuartel General franquista. La dureza de los últimos combates de la guerra, los internos, es seguida a través de la Cruz Roja en el fondo PS-Madrid del Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca. Queda patente también en los últimos partes del Ejercito del Centro, que se conservan en el Archivo General Militar de Ávila.
El borrador de la primera reunión para la entrega, dispuesta para el dos de marzo, con los generales Vigón y Kindelán, cambia radicalmente la visión de los sucesos de una semana trascendental para el final de la guerra. Algo muy similar ocurre con la última documentación que generó Julián Besteiro. Tras su análisis, emerge una figura muy distinta a la desdibujada y denostada por la historiografía. Toda la información de su gestión, tanto la interna como la diplomática, se conservó en Toulouse hasta los años ochenta. Hoy se encuentra dispersa entre los archivos de la Fundación Pablo Iglesias, Francisco Largo Caballero y la Biblioteca Nacional de España. Se conserva, además, el acta de sus últimas reuniones, sus gestiones con la empresa Campsa-Gentibus y con distintas embajadas, así como su plan de “actuación rápida” en Madrid. Por último, la descripción íntegra de sus discursos por radio puede seguirse gracias al servicio de escucha. Las transcripciones de los mensajes de ambas zonas, junto a las octavillas arrojadas por la aviación, se conservan en el Archivo Histórico del Ejército del Aire, en Villaviciosa de Odón (Madrid). Muestran el contraste entre la opinión censurada que transmite la prensa y el largo intercambio mantenido en secreto por ambos mundos.
Otros documentos, inéditos o cotejados con los originales, que recoge este libro son los siguientes. En primer lugar, las Instrucciones para la rendición. Aunque son del seis de febrero de 1939, son conocidas, tradicionalmente, por la versión posterior, como las “Concesiones del Caudillo”. Las actas de las reuniones del aeródromo de Gamonal explican, cómo ese cambio de denominación se produjo, en efecto, una vez consumada ya la rendición, el 25 de marzo. Las conservadas en la Fundación Francisco Franco, sin embargo, están fechadas con posterioridad, para tratar de mostrar que no fueron un ofrecimiento sino una respuesta de Franco a la petición del Coronel Casado. Y así han sido utilizadas hasta hoy, gracias también a las memorias del militar republicano, autorizadas para su publicación en la España en los años sesenta. Ninguna de las dos, sin embargo, recoge el documento completo ya que, además de alterar fecha y denominación, eliminaron, varios puntos de las Instrucciones originales. Los republicanos las dieron a conocer, in extremis y alteradas también sustancialmente.

El Cuartel General de Burgos elaboró otros dos documentos decisivos para esta recta final del conflicto: las Normas para la rendición del Ejército enemigo y ocupación del territorio y la Instrucción General número 15, que ampliaba las normas de clasificación de los prisioneros de guerra. Cartografía precisa del final de la guerra y de la posguerra, ambas eran el resultado de una planificación milimétrica y, muy en particular, del “Programa de regeneración espiritual de los vencidos” como definió la Iglesia la Redención de Penas por el Trabajo. Conservada en el Archivo Secreto Vaticano muestra cómo se lleva a cabo la protección diplomática del secretario de Acción Católica en Madrid. El mismo escogido por Burgos para formar el núcleo de la unificación política.
Pero no dieron el paso final hasta tener asegurado todo el control de la información. Prácticamente todo lo que emite el presidente Negrín en febrero de 1939 es interceptado. La serie completa de los telegramas y la valija diplomática del gobierno republicano se conserva en la Fundación Francisco Franco. El resto, entre esos meses de enero y febrero, sigue todavía en archivos separados. Uno de los fondos se conserva en su fundación en Las Palmas de Gran Canaria, en concreto los telegramas con Miaja y con Matallana desde Valencia, que también fueron interceptados. Otra serie, más amplia, se conserva en el Archivo General del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación, que va desde la documentación preparatoria de la reunión de Los Llanos, a los despachos con su ministro Del Vayo, y los embajadores Pascua y Azcárate.
El Archivo Histórico Nacional incorporó en 2020, una serie correspondiente al presidente de la Diputación Permanente de las Cortes republicanas en el exilio, Diego Martínez Barrio. En concreto, el dossier original llamado “La dimisión de Azaña 1938-1939”. Son más de veinte documentos sobre la renuncia y la correspondencia con Azaña, Negrín y el embajador Pascua. Incluye el Diario de Sesiones de las Cortes celebradas en Francia que, durante casi treinta años, al igual que el Diario Oficial del Ministerio de Defensa republicano, estuvo desaparecido. En el Archivo Histórico Nacional se ha consultado también la documentación del Jefe del Estado Mayor Central, el General Vicente Rojo. Las dos últimas series comprenden sus notas de síntesis sobre la situación nacional e internacional. Desvelan su alejamiento progresivo, tanto de Miaja y Casado, que se niegan a abrir un segundo frente en Extremadura, como del propio presidente Negrín. Su Procedimiento para la Rendición, que presenta el 31 de enero de 1939, cobra un nuevo sentido gracias a la correspondencia que mantiene con el agregado francés, el coronel Henri Morel. Este se ofrece como mediador en su plan de entrega al enemigo que tiene enfrente; y este no es otro que su compañero de promoción, el general Muñoz Grandes. Rojo le explica las consecuencias inmediatas de su falta de comunicación con el propio Miaja y con Negrín, que no autoriza su repliegue. Y, por último, muestra cómo todo cambia cuando queda fuera de juego al cruzar la frontera. Negrín comprende entonces que la postura del alto mando republicano es, en realidad, contraria a continuar la guerra, pero, ya ha ascendido, sin saberlo, a la cúpula que trabaja para el Cuartel General de Burgos.
Los informes del agregado militar francés, como los del norteamericano, a sus respectivos jefes de misión, ofrecen una imagen del final de la guerra muy distinta a las versiones que se han prolongado hasta nuestros días: la de los vencidos, dividida y en pugna por este duro y enfrentado final, y la franquista. El núcleo del relato nacional del final de la guerra, el del “golpe preventivo”, creado por el servicio de información, fue gestado y difundido en aquel preciso momento. Dos de sus principales agentes, Julio Palacios y Antonio Bouthelier, fijaron la versión oficial de los hechos de manera inmediata. Forjaron, junto al diario del coronel Losas o los artículos de Pemán, el canon del final de la guerra hasta nuestros días: el de una negociación ficticia que marcaría para siempre a los vencidos. Y el de la Victoria y “las concesiones de Franco”, construido previamente. Ambos han sobrevivido hasta hoy, gracias también a la resistencia historiográfica por entender el final de la guerra desde cualquier otro prisma que no sea el ideológico.
Un proceso que arranca con el final de la batalla del Ebro y se acelera con la ofensiva de Cataluña. Pero que, por encima de todo, es el resultado de una amplia operación de inteligencia militar, muy próxima ya a las de la Segunda Guerra Mundial. Su presencia, junto con otras cuestiones sobre la propia naturaleza de la guerra, han propiciado una importante relectura en las últimas décadas. La cuestión ya no pasa por alargar el conflicto hasta que estalle la guerra en Europa, sino, cómo, de qué forma, rendirse. La República, no en vano, desaparece del escenario exterior, liquidada, lenta y ordenadamente, por un Cuartel General, el de Burgos, transformado en el único gobierno español reconocido internacionalmente. Para comprender este proceso hay que rastrear todos esos momentos que llevaron al final. Hay que situarse en el origen, en la gestación de la entrega y la rendición incondicional, de una guerra civil que duró mil días. Entre el anuncio de la derrota y la rendición oficial, se alumbra el cierre y el comienzo de una nueva era. En esa larga e imprecisa hora, entre el crepúsculo y el amanecer, todas las decisiones impactaron de lleno sobre la población civil. Este libro reconstruye seis meses que cambiaron la historia de España, a través de todos esos finales de la guerra que fueron borrados inmediatamente. Trata de rescatar los intentos de rendición, las labores de mediación, las llamadas a la reconciliación, que nunca fueron contados, por la culpa, por la derrota, y por el propio servicio de inteligencia franquista.
El 20 de marzo de 1939, Radio Nacional de España, presenta el relato oficial del final de la guerra.
“No se puede hablar más qué de una paz victoriosa. Dios decretó la absoluta derrota de los rojos. Nuestros soldados llevarán con las armas en la mano la única paz, la paz militar y victoriosa hasta el último rincón de España. Es la única manera de que no haya más guerra en España, es la única solución”.
En el día de hoy, como encabezaba el último parte oficial de guerra, la cifra de prisioneros de guerra superaba ya el medio millón. “Cautivo y desarmado”, como estaba acordado y planificado. Sin embargo, para la inmensa mayoría de la población, aquella pesadilla podía haber terminado mucho antes y de otro modo. El uno de abril de 1939 la guerra civil llegó a muchos lugares que no la habían vivido. Las páginas que siguen tratan de explicar por qué. Narran de forma continua el final de una guerra y el nacimiento de una dictadura.

Índice de la obra
Fuente Introducción de Gutmaro Gómez Bravo, Cómo terminó la Guerra Civil Española. Barcelona, Critica, 2026
Portada: Adolfo Prada Vaquero (chaquetón de cuero), coronel del Ejército Popular de la República, acompañado por su estado mayor, rinde Madrid al coronel franquista Eduardo Losas (con chilaba) ante las ruinas del Hospital Clínico, el 28 de marzo de 1939 (foto: guerraenmadrid.net)
Ilustraciones: Conversación sobre la historia



Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada