dimecres, 1 de febrer del 2023

La histórica estación de Canfranc: de joya del patrimonio público a hotel de 5 estrellas gran lujo

 

https://www.youtube.com/watch?v=ScGqqqo-QmE

El rey de Canfranc cuenta la historia de Albert le Lay, el jefe de la aduana francesa de Canfranc, que ejerció de espía al servicio de la Resistencia y permitió que cientos de judíos, disidentes y soldados aliados atravesasen la frontera española huyendo de la persecución de los nazis. Cuando la Gestapo se enteró de sus actividades y estaba a punto de detenerle, en septiembre de 1943, alguien le dio el soplo y logró huir fingiendo un inocente paseo.



https://www.eldiario.es/aragon/economia/historica-estacion-canfranc-joya-patrimonio-publico-hotel-5-estrellas-gran-lujo_1_9910735.html


Apertura del hotel de Canfranc

El 14 de abril de 2021 la antigua estación internacional de Canfranc recibió el último tren de su historia y al día siguiente, el 15 de abril, se inauguró la nueva estación. Finalizadas las obras, el pasado viernes 27 de enero se abrieron las puertas del edificio rehabilitado de la antigua estación en forma de hotel de lujo.

La rehabilitación de este edificio empezó en 1994, cuando las administraciones se comprometieron a ello. Sin embargo, no fue declarado Bien de Interés Cultural hasta 2002 y en 2005 comenzó el proceso para preservar este edificio. Con la llegada de la crisis económica se acabó la financiación del proyecto y esta última fase no sería llevada a cabo.

El Gobierno de Aragón compró el edificio principal de la estación en 2013 a ADIF (entidad pública adscrita al Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana) por valor de 310.602 euros. Tres años más tarde, en 2016, presentó su nuevo plan de ruta para la rehabilitación de la estación, que sería aprobado en 2017 y cuyas obras comenzarían en 2018. Con un presupuesto de 27 millones de euros, las obras consistían en la rehabilitación del edificio histórico de la estación, la construcción de una nueva estación y de una nueva playa de vías y otros trabajos de urbanización (saneamiento, red eléctrica, red de agua, etc.). Entre los objetivos del proyecto está la futura reapertura de la línea ferroviaria que conecta con el país galo.

Al final, la estación se ha convertido en un hotel de lujo de cinco estrellas propiedad del grupo Barceló, que ha intentado mantener la esencia ferroviaria inspirándose en la estética de las antiguas estaciones. El Gobierno de Aragón, propietario de la estación, ha cedido la explotación del edificio al grupo hotelero durante 69 años a cambio de 25,4 millones de euros, 370.000 euros al año. Cifra que serviría para cubrir el gasto destinado a la restauración y rehabilitación del edificio, pero no del total de las obras.

En las Cortes de Aragón la oposición ha criticado el uso del dinero público para un fin privado. “Un episodio más de la mal llamada colaboración público-privada, donde lo público aporta y lo privado obtiene los beneficios”, exponía el portavoz de Izquierda Unida, Álvaro Sanz. Por su parte, además de esto, desde el Partido Popular han puesto en duda el proceso de contratación con el grupo Barceló. 

La primera crítica resulta contradictoria por parte de los populares, ya que cuando su grupo gobernaba en las Cortés, durante el ejecutivo de Luisa Fernanda Rudi (2011-2015), ya se planteó el uso hostelero de la estación, de la misma forma que también se hizo durante las legislaturas del socialista Marcelino Iglesias (1999-2011), ambas posturas rechazadas ya desde IU en 2013.

En el caso del último, Iglesias gobernó en el momento en que se empezaron a realizar las primeras obras, mientras que los populares gobernaron cuando se compró el edificio. Por ello, cabe preguntarse si el hotel no fue siempre el fin de la rehabilitación de la estación internacional de Canfranc. 

Historia de la estación

En 1853 la sociedad aragonesa suscribía el manifiesto “Los aragoneses a la nación española”, con el que reivindicaban las razones y ventajas del trazado ferroviario que conectaría con Francia a través de Canfranc, pasando antes por Zaragoza y Jaca. Aragón se presentaba a sí mismo entonces como un punto clave en la logística nacional y como nexo de España con Europa. Las aspiraciones aragonesas se verían culminadas 75 años después -en 1928- con la inauguración de la estación internacional de Canfranc. 170 años más tarde de aquel manifiesto, este símbolo de la historia de Aragón reabre sus puertas, tras décadas de abandono, en forma de hotel de lujo del grupo Barceló, bajo el nombre Canfranc Estación, a Royal Hideaway Hotel.

El túnel ferroviario de Somport que uniría España y Francia, permitiendo así la conexión entre ambos países por el Pirineo pasando por Canfranc, comenzó sus obras el 10 de octubre de 1908 por el lado francés y el 23 de ese mismo mes por el lado español. De 7.875 metros de longitud, las obras concluyeron a finales de 1915.

Ese mismo año comenzaron los trabajos en la explanada donde se situaría la estación y siete años más tarde, en 1922, empezó la construcción de la misma, finalizando las obras en 1928. A la inauguración de la estación internacional de Canfranc acudieron el rey de España Alfonso XIII y el presidente de la República francesa Gaston Doumerge, que llegaron en tren a una cita repleta de actos. 

La línea transfronteriza funcionaría con normalidad hasta la Guerra Civil española, cuando en agosto de 1936 el bando franquista interrumpió la línea para evitar la intervención francesa. En 1940, en plena segunda guerra mundial, se reanudaría su funcionamiento, produciéndose en esos años algunos de los episodios y momentos más míticos de la estación internacional de Canfranc: tráfico de oro, wolframio y personas, espionaje… Por la estación, controlada entonces por las SS y la Gestapo, llegaron a pasar 86 toneladas de oro con destino a España y Portugal.

Acabado el conflicto, Francia interrumpió el trayecto entre 1945 y 1948 debido a desacuerdos políticos. Tras esta interrupción, la estación de Canfranc y la circulación ferroviaria entre ambos países se mantuvo activo hasta el 27 de marzo de 1970, cuando un tren descarriló en el lado francés y se hundió el puente de L'Estanguet. El tren iba sin pasajeros y no hubo víctimas, lo que generó sospechas acerca del posible accidente. 

Desde entonces, la comunicación internacional se vio interrumpida y a Canfranc llegarían solo trenes regionales, que fueron disminuyendo poco a poco su frecuencia. La estación de tren dejó de funcionar, sumiéndose poco a poco en el abandono.