dilluns, 31 de març del 2025

La lucha por crear un centro de memoria en la antigua cárcel de Cáceres

 https://ctxt.es/es/20250301/Politica/48830/guillermo-martinez-carcel-caceres-prision-provincial-memoria-guerra-civil-transicion.htm

La Asociación memorialista alerta de que el edificio se cae a pedazos y nada recuerda lo que ocurrió allí desde la Guerra Civil hasta la Transición. Los ministerios competentes no responden

Guillermo Martínez Martínez 24/03/2025



Imagen actual de la fachada de la prisión provincial de Cáceres. / AMECECA

Frederic Sánchez llegó a la prisión provincial de Cáceres en 1962, tras realizar una pintada en la ya extinta Universidad Central de Barcelona en la que reclamaba democracia y libertad. Alrededor de quince años más tarde, Pablo Mayoral corría la misma suerte tras ser condenado a muerte en uno de los últimos consejos de guerra llevados a cabo por el franquismo. Todavía faltaban más de tres décadas para que el enclave extremeño quedara totalmente deshabitado, como finalmente ocurrió en 2009. 

La Asociación Memorial en el Cementerio de Cáceres (AMECECA) reclama que el espacio, propiedad del Ministerio del Interior,  se declare como lugar de memoria y se rehabilite para crear en él un centro cívico memorial de titularidad pública, pero ni el Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática ni el de Cultura responden a sus demandas.

El vicepresidente de la entidad memorialista, Jose Hinojosa, afirma que por la cárcel cacereña, que empezó a construirse en 1934, pasaron cientos de opositores al régimen que merecen un espacio de recuerdo y dignidad. Durante la Guerra Civil funcionaron dos penales en la ciudad. Hinojosa, historiador y docente, explica que el 31 de julio de 1936 en Cáceres había 395 internos, cifra que a 1 de marzo de 1939 se había incrementado hasta los 1.097 entre los dos centros penitenciarios.

Según sus averiguaciones, los primeros años de posguerra convirtieron la prisión provincial de Cáceres en un centro de reclusión “realmente saturado”, a pesar de estar ideado para 165 personas, entre ellas 15 mujeres. A 31 de diciembre de 1940, ya eran 2.516 las personas censadas en la conocida como Prisión Nueva, aunque sin distinguir entre presos políticos y comunes. Hinojosa destaca otra cifra: desde el 1 de abril de 1939 hasta el 4 de septiembre de 1943, día en que tuvo lugar la última ejecución en Cáceres, 129 reos políticos que habían pasado por la prisión provincial fueron asesinados por un piquete militar franquista, mientras que 130 de ellos murieron en la cárcel debido a las calamitosas condiciones en las que se encontraban.

Imagen antigua de la prisión. / Archivo Histórico Municipal de Arganda del Rey

Imagen antigua de la prisión. / Archivo Histórico Municipal de Arganda del Rey

Cárcel para maquis en la posguerra

Aunque la población reclusa se redujo en los siguientes años, a mediados de la década de 1940 una nueva oleada de presos habitó el penal. En aquellos mismos años, la conocida como Cárcel Vieja se derribó. A la Nueva llegaron hasta 200 detenidos por su relación con la guerrilla antifranquista en la provincia, principalmente los conocidos como “enlaces”. “Por ahora desconocemos su número, que podría elevarse a varios centenares, pero sí sabemos que permanecieron poco tiempo entre sus muros, un mes o un mes y medio, pues eran trasladados a Madrid para ser juzgados y muchos de los condenados terminaron en otras cárceles del país”, apunta Hinojosa.

Imagen antigua de la prisión. / Archivo Histórico Municipal de Arganda del Rey

Imagen antigua de la prisión. / Archivo Histórico Municipal de Arganda del Rey

Imagen antigua de la prisión. / Archivo Histórico Municipal de Arganda del Rey

Imagen antigua de la prisión. / Archivo Histórico Municipal de Arganda del Rey

Entre los miles de nombres propios que dieron con sus huesos en esta cárcel, y los cientos de asesinados en el cementerio de la ciudad, destaca uno: Antonio Canales González. “Era el alcalde socialista de Cáceres y diputado en las Cortes cuando comenzó la construcción de la cárcel en 1934. El 25 de septiembre de 1937, tras estar interno en ella, le fusilaron”, sostiene el vicepresidente de AMECECA. Únicamente entre diciembre de ese año y enero de 1938, los sublevados segaron la vida de casi 200 personas, cifra el historiador. En 1943 se realizaron cinco fusilamientos, los últimos en Cáceres.

De Barcelona a Cáceres por pintar contra Franco

A principios de los años sesenta llegarían nuevos presos políticos a esta prisión provincial desde diferentes partes del Estado. A sus 83 años, Frederic Sánchez recuerda con todo detalle su paso por la cárcel. Detenido en febrero de 1962 en la capital catalana, se enfrentó al Tribunal de Espionaje y Alta Traición cuando ni siquiera se había creado el Tribunal de Orden Público. Terminó condenado a tres años de reclusión tras un juicio militar sumarísimo. Tenía 20 años, militaba en el Partido Socialista Unificado de Catalunya y estudiaba el primer curso común de Ciencias. Su delito fue realizar una pintada en la Universidad barcelonesa en la que pedía democracia y libertad.

Imagen actual tomada desde el lateral de la prisión provincial de Cáceres. / AMECECA

Imagen actual tomada desde el lateral de la prisión provincial de Cáceres. / AMECECA

“Nos llevaron a Cáceres, donde destinaban a los reclusos más jóvenes con condenas bajas, de hasta seis años”, relata Sánchez. Llegó a Extremadura un mes después de la detención y salió del penal el 9 de septiembre de 1963 debido a la aplicación de redención de penas y por un indulto como consecuencia del fallecimiento del papa Juan XXIII.

“Tenía compañeros condenados por tener un ejemplar de Mundo Obrero en su casa o haber aportado algo de ayuda para, precisamente, los presos políticos”

Sánchez todavía recuerda de forma nítida lo que vio en aquellos meses. “Pude comprobar la diversidad geográfica de la oposición al franquismo. Allí nos juntamos gente de Málaga, Barcelona, Valencia, Sevilla, Córdoba, Vizcaya... Conocí cómo de profunda podía ser la represión. Tenía compañeros condenados por tener un ejemplar de Mundo Obrero en su casa o haber aportado algo de ayuda para, precisamente, los presos políticos”, ilustra.

El día a día: solidaridad y protestas

El día a día y la capacidad de autoorganización en la cárcel por parte de los presos es otro aspecto que destaca Sánchez. “Cuando fusilaron a Julián Grimau en abril de 1963, hicimos una protesta que consistió en no romper filas después del recuento y permanecer en silencio unos minutos. Al final intervinieron los jefes de servicio y los funcionarios”, rememora. 

Imagen actual de la trasera de la prisión provincial de Cáceres. / AMECECA

Imagen actual de la trasera de la prisión provincial de Cáceres. / AMECECA

También recuerda la dificultad de la mayoría de familiares para ir a ver a sus seres queridos, como era su caso, que apenas recibió un par de visitas en los 18 meses de reclusión. “Recuerdo el control de la correspondencia, cómo en el remitente escribíamos que éramos un preso político en la prisión provincial de Cáceres y cómo nos castigaron un mes sin que enviaran nuestras cartas. Recuerdo las comunas en las que nos ayudábamos entre presos. Recuerdo el trabajo en el taller, donde fabricábamos la paloma de la paz picassiana que se vendía fuera”, cuenta.

Este barcelonés asegura no arrepentirse de nada de lo que hizo. Incluso después de aquella experiencia volvió a pasar por la cárcel de 1969 a 1977, hasta la aprobación de la Ley de Amnistía. “Ojalá se pueda convertir en un espacio de memoria, porque por ahí pasaron muchas personas que no pueden caer en el olvido”, sostiene.

Cáceres, la última prisión para Mayoral

Sánchez subraya que apenas unos meses después de su excarcelación, la prisión cacereña dejó de recibir presos políticos con tanta frecuencia. Eso sucedió hasta 1970, cuando llegó el Proceso de Burgos contra 16 miembros de ETA. Pablo Mayoral fue condenado a los 24 años de edad, en septiembre de 1975, debido a su militancia en el Frente Antifascista y Patriótico y el Partido Comunista de España marxista-leninista. En su proceso, los último consejos de guerra durante la dictadura, pedían la pena de muerte. Finalmente fue condenado a 30 años de prisión. 

Imagen antigua de la prisión. / Archivo Histórico Municipal de Arganda del Rey

Imagen antigua de la prisión. / Archivo Histórico Municipal de Arganda del Rey

Su periplo carcelario comenzó en Carabanchel, en Madrid. En agosto de 1977 le trasladaron al penal de Cartagena. “Allí solo estaba yo como preso político, pero me relacioné mucho con los comunes, la gente de la Coordinadora de Presos en Lucha que por aquel entonces organizaron varios motines”, relata. En septiembre llegó a Cáceres, donde pasó algo más de dos meses, hasta su salida en libertad el 9 de noviembre por la Ley de Amnistía.

En esta prisión coincidió con Manuel Cañaveras de Gracia, el último condenado a muerte en los consejos de guerra de El Goloso, en 1975, y último también de sus compañeros en salir en libertad, un hecho que resalta Mayoral. “No tengo muchos recuerdos de la cárcel. Cuando entras lo haces en un furgón, y cuando sales tampoco vuelves mucho la cabeza para mirar hacia atrás”, admite.

Un centro de memoria para evitar el derrumbamiento

Cerrado definitivamente en 2009, el edificio que ocupó la prisión provincial durante el franquismo y la Transición ahora “se cae a pedazos”

Mayoral, ahora activista por la memoria, recalca que Extremadura y Andalucía son dos regiones en las que la Guerra Civil duró muy poco, “por lo que posteriormente se dio una represión bestial y feroz, con matanzas brutales por parte de falangistas, el propio ejército y la Guardia Civil en muchos pueblos”. Por eso, él también defiende la creación de un espacio de memoria que recoja este pasado, porque “poder reconstruir todavía lo que no sabemos es imprescindible”. Él fue torturado y pasó dos años y medio en la cárcel, pero a sus 73 años ha logrado que no le tiemble la voz si mira al pasado. “Lo que me duele es que se olviden las historias de aquellos que ya no están aquí, que se evapore su lucha con el tiempo”, sentencia.

Hinojosa, el historiador y vicepresidente de AMECECA, apunta que en Cáceres apenas se ha tratado el pasado franquista de la ciudad. Cerrado definitivamente en 2009, el edificio que ocupó la prisión provincial durante el franquismo y la Transición ahora “se cae a pedazos”, denuncia. Para evitarlo, y para sacar a flote este pasado incómodo y silenciado, llevan años luchando por la creación de un centro de memoria en este mismo enclave, aunque sin respuesta por parte de la Administración.

“Sabemos que en total hay unos 18.000 metros útiles. Se pueden aprovechar de muchas formas. El Ayuntamiento de la ciudad valoró en 10 millones de euros su puesta a punto, y no nos parece una inversión tan alta para el Gobierno central, de quien depende la infraestructura”, expresa Hinojosa. El Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática no ha respondido a las preguntas formuladas por parte de CTXT al cierre de la edición de este artículo.

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España rindió homenaje en Francia a Manuel Azaña, último Presidente de la Segunda República.

 https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/francia-espana-rindio-homenaje-manuel-azana-ultimo-presidente-segunda-republica_129_1967770.html


Jean-Pierre Amalric, Geneviève Dreyfus-Armand y Bruno Vargas

La conmemoración hispano-francesa del 15 de marzo, en presencia del secretario de Estado de Memoria Democrática Fernando Martínez, del cónsul general de Toulouse Manuel Larrotcha y de las autoridades francesas, se enmarcó en la defensa de nuestras democracias a la luz de una historia y una memoria compartidas.

Manuel Azaña ha sido homenajeado el 15 de marzo en Montauban (Francia), ciudad en la que el último Presidente de la Segunda República española murió en el exilio el 3 de noviembre de 1940. Símbolo de esta República «errante», vencido por la enfermedad y el dolor, consiguió librarse de los esbirros de Franco que, con la complicidad de la policía de Vichy, intentaban secuestrarlo para llevarlo de vuelta a Madrid. La placa colocada en su tumba en nombre del Gobierno español constituirá un lugar de memoria democrática, en virtud de la ley promulgada el 19 de octubre de 2022.

El hombre que durante tanto tiempo había sido vilipendiado, acusado de todos los males del país, por la larga dictadura franquista, fue el artífice de las reformas republicanas más emblemáticas durante los dos años que dirigió un gobierno de coalición al inicio de la Segunda República, de octubre de 1931 a septiembre de 1933: instauración de un régimen parlamentario, laicización de un país sometido a la Iglesia católica, fuerte impulso de la enseñanza pública, reestructuración de un ejército intervencionista, aprobación del primer estatuto de autonomía para Cataluña e inicio de la reforma agraria. Su «obsesión por la modernización democrática» -elogiada por Jorge Semprún- de un país atrasado y con grandes desigualdades sociales chocó con los intereses de los grandes terratenientes, la jerarquía eclesiástica y los altos mandos del ejército. El golpe de Estado de julio de 1936, rápidamente apoyado por Hitler y Mussolini, desencadenó una efímera revolución social y abrió una guerra civil e internacional. En 1939, la derrota del gobierno legítimo y legal condujo al establecimiento de una de las dictaduras más largas y sangrientas de Europa Occidental.

Azaña, que en mayo de 1936 se convirtió en Presidente de una República pronto atacada, encarnó la legitimidad del régimen que los golpistas odiaban

Azaña, que en mayo de 1936 se convirtió en Presidente de una República pronto atacada, encarnó la legitimidad del régimen que los golpistas odiaban. Durante la prolongada guerra, al tiempo que rechazaba la violencia y, desde principios de 1937, intensificaba los esfuerzos en favor de un proceso de paz, denunció constantemente la política de no intervención de las democracias, un «crimen político» en su opinión. 

Tras la derrota republicana, como casi medio millón de sus compatriotas, Manuel Azaña se refugió en Francia, en la República hermana que admiraba pero que no había ayudado a su vecina del otro lado de los Pirineos. Aquel éxodo masivo, el primero de Europa occidental en el siglo XX, marcó el inicio de una historia franco-española compartida. Aunque considerados «extranjeros indeseables» y hacinados en campos de triste memoria, muchos de aquellos refugiados emprendieron la lucha contra el nazismo y el fascismo en su tierra de exilio: voluntarios en los regimientos de marcha, organizadores de redes para el cruce clandestino de los Pirineos, soldados de la Francia Libre o iniciadores, instructores y combatientes en el maquis de la Resistencia. Olvidada durante mucho tiempo, esta participación en la guerra junto a los Aliados y la Resistencia en Francia empieza a ser más conocida y honrada. La entrada en el Panteón de Celestino Alfonso en febrero de 2024, junto con sus compañeros del grupo Manouchian, simboliza este reconocimiento tardío. Del mismo modo, cada 24 de agosto, París rinde homenaje a los republicanos españoles de la Nueve, una compañía de la 2ª División Blindada del general Leclerc, la primera en entrar en París en 1944. Tras la Segunda Guerra Mundial, la lucha contra la dictadura franquista no cesó. Sacrificados en el altar de la Realpolitik, los hombres y las mujeres de los partidos y sindicatos reconstituidos en el exilio y dentro de España continuaron esta lucha desigual por la libertad y la democracia en España.

Hoy en día, la primera generación de refugiados republicanos prácticamente ha desaparecido, pero sus descendientes son muy numerosos en Francia, en todas las regiones y no sólo en el gran Suroeste, de la región parisina a Brest, de la Borgoña a la Normandía y, por supuesto, en Burdeos, Toulouse o Perpiñán y sus alrededores. Estas nuevas generaciones forman parte integrante de todos los sectores de la sociedad francesa, especialmente en los círculos culturales y educativos, y a menudo participan en las numerosas asociaciones memorialistas creadas desde el cambio de siglo. Este trabajo asociativo, basado en los valores de democracia y libertad que defendieron sus padres y abuelos, está motivado por la preocupación de reconocer y rehabilitar a aquellos refugiados tan mal acogidos en Francia y, sin embargo, tan valientes a la hora de ayudar a su nuevo país.

En este variado panorama asociativo, ha surgido en Montauban una Asociación con vocación propia, en torno a la figura de Azaña, símbolo de una República asesinada. Desde hace veinte años, dirigida por historiadores, la Asociación no sólo trabaja para conmemorar la persona del último presidente español –la tumba de Manuel Azaña se pone en valor y cada año se le rinde un homenaje público–, sino también para desarrollar y difundir el conocimiento de la Segunda República, la Guerra Civil y el enorme éxodo que huyó de la dictadura. Un numeroso público, cada vez más formado por estudiantes universitarios y de secundaria, acude en busca de respuestas a sus infinitas preguntas: ¿cómo y por qué un experimento democrático que pretendía traer más libertad y justicia social fue destruido a sangre y fuego bajo la mirada expectante de las democracias vecinas?

Estas preguntas tienen mucho sentido hoy en este mundo multipolar, en el que se abren paso peligrosamente ideas simplistas y primarias, marcadas por la exclusión de los más débiles, la estigmatización del otro y un deseo desenfrenado de poder sin reparos por la humanidad, la justicia y aún menos por la solidaridad. El hecho de que España y Francia se congregaran el 15 de marzo en torno a la figura de Manuel Azaña para recordar tanto la fragilidad de las democracias como las batallas que hay que librar para defenderlas, no deja de tener gran resonancia en 2025.

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Jean-Pierre Amalric, Historiador, cofundador de la asociación de historia Présence de Manuel Azaña y su presidente de 2005 à 2024.

Geneviève Dreyfus-Armand, Historiadora, especialista de la historia del exilio republicano en Francia.

Bruno Vargas. Historiador, presidente de la asociación de historia Présence de Manuel Azaña, INU Champollion-Université de Toulouse. FRAMESPA-CNRS

diumenge, 30 de març del 2025

Ocupes en la vil·la d’Antonio Machado: el reflex de l’abandó de la Memòria Democràtica de Mazón

 https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/val/ocupes-vil-d-antonio-machado-reflex-l-abando-memoria-democratica-mazon_1_12174224.html


Villa Amparo, la residència d'Antonio Machado durant la Guerra Civil.

Toni Cuquerella

València —

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Villa Amparo, a Rocafort –localitat pròxima a València–, és coneguda per haver sigut la residència d’Antonio Machado en plena Guerra Civil, més concretament entre novembre del 1936 i la primavera del 1938, quan la capital del Túria era la seu del Govern de la II República. Però aquesta setmana ha saltat a les portades de la premsa per haver sigut ocupada per persones sense habitatge, que simplement van entrar a viure en una casa que van veure abandonada i de la qual reconeixen que no coneixien la història.

Aquesta història encarna així un dels principals fracassos de les polítiques del Consell de Mazón: l’abandó de la política sobre la memòria democràtica. Aquest ha sigut un dels peatges que el PP ha pagat a Vox quan governaven junts en la Generalitat, i que s’empitjora amb el pacte dels pressupostos per al 2025.

Aquest xalet d’estil modernista del començament del segle XX i declarat bé de rellevància local (BRL), té una superfície construïda total de 426,85 metres quadrats i està situat en una parcel·la de 3.303 metres quadrats. Va ser la residència de Machado durant la guerra juntament amb sa mare, alguns germans i nebots.

A més per aquesta vil·la també van passar intel·lectuals com Rafael Alberti, Max Aub, María Zambrano, Pablo Neruda o Octavio Paz. Aquesta circumstància d’haver-se convertit en un centre neuràlgic de la literatura durant la Guerra Civil va fer que l’anterior govern progressista de la Generalitat del Botànic comprara l’immoble per 1,4 milions d’euros el 2019, per a impulsar el projecte de la Casa dels Poetes, convertint-se així en un espai cultural.

La intenció era la rehabilitació i la utilització de Villa Amparo juntament amb l’Ajuntament de Rocafort, mentrestant l’habitatge es va museïtzar i obrir al públic, oferint visites guiades per a posar en valor “la cultura, la memòria, el patrimoni i la concòrdia”. Entre les visites que va rebre va estar la del poeta, catedràtic de literatura i director de l’Institut Cervantes, Luis García Montero, el 2022.

Govern del PP-Vox, tancament i ocupació

Però, amb el canvi de Govern i l’entrada del PP i Vox en la Generalitat, la vil·la es va tancar i va començar a entrar en desús. Això, unit a la falta de manteniment, va abocar a un abandó que hi hagué qui sí que va percebre. Davant un aspecte de jardí descurat, elements de la façana esgavellats i una porta tancada, tres persones van veure en Villa Amparo una solució d’ocupació davant la seua falta d’habitatge.

Aquesta entrada dels nous inquilins no va ser la primera, i tampoc va passar desapercebuda. El diari Levante-EMV va publicar el cas i Villa Amparo tornava a centrar els focus. Entre els quals van reaccionar el mateix Ajuntament de Rocafort i, no cal dir-ho, la Generalitat Valenciana, que immediatament es van mobilitzar per a traure els inesperats inquilins... i per a explicar l’abandó.

Sobre la primera cosa la Conselleria de Cultura, a través de la Policia Local de Rocafort, va notificar el requeriment als ocupants perquè desallotjaran l’immoble, donant-los de marge aquest divendres 28 de març. Aquestes persones no van oposar cap resistència i van abandonar Villa Amparo abans d’expirar la data assenyalada.

D’altra banda, pel que fa a la seua responsabilitat de conservació, la Conselleria que dirigeix José Antonio Rovira ha afirmat que el 18 d’octubre de 2023 es van contractar els serveis per a la redacció del projecte de rehabilitació. Pel que fa a la tramitació per a l’inici de les obres, encara haurà d’esperar i s’ha assegurat que “passarà a licitació pròximament i es preveu l’adjudicació després de l’estiu”.

Conservació del patrimoni franquista

Tenint en compte l’exemple de la casa d’Antonio Machado, republicà significat durant la Guerra Civil, contrasta el tracte que li ha donat el Govern de Carlos Mazón i Vox si se’l compara amb el que s’ha donat a una altra mena de patrimoni vinculat al franquisme.

Així doncs, destaca la lluita que s’ha tingut tant per part del PP com de l’extrema dreta de Vox de protegir creus dels caiguts, construïdes durant la dictadura franquista. Són els casos d’Elx, on s’ha aconseguit mantindre la creu afirmant que s’ha “resignificat” i que s’ha contextualitzat; també la de Castelló de la Plana, on els partits de dretes del govern municipal requereixen als progressistes que paguen la restitució de la creu; i també Callosa de Segura, on la reposició de l’emblema franquista s’impulsa des de la Diputació d’Alacant.

D’altra banda, també cal recordar que aquest tracte a la figura de Machado no ha sigut únic per part de la dreta valenciana, ja que el també republicà Miguel Hernández no ha rebut millor consideració per part del PP i Vox. Així doncs, la falta de tacte s’ha notat des de la simbologia vinculada al poeta d’Oriola fins al fet que el govern de dretes de la seua pròpia localitat natural va rebutjar demanar l’anul·lació del procés judicial franquista que el va portar a la presó, encara que la pressió política i cultural va obligar el Govern de Mazón a rectificar, però sense cap crítica a la dictadura de Franco.

"LOS NIÑOS REPUBLICANOS EN LA GUERRA DE ESPAÑA". Eduardo Pons Prades.

 

"LOS NIÑOS REPUBLICANOS EN LA GUERRA DE ESPAÑA" (Formato PDF).
Autor: Eduardo Pons Prades.
En la España de los años 40 y 50 los mayores derrotados no fueron los que empuñaron las armas sino los que se denominaron "niños de la guerra", los más debiles, los más asustados, los más humillados, los últimos en padecer la tragedia en la que se habían visto envueltos durante 3 años. Miles de niños y jóvenes fueron víctimas de una guerra más larga que dominó su infancia y juventud y para muchos toda la vida.
En formato PDF (662 páginas):
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