Blog d'en Jordi Grau i Gatell d'informació sobre les atrocitats del Franquisme.....
"Las voces y las imágenes del pasado se unen con las del presente para impedir el olvido. Pero estas voces e imágenes también sirven para recordar la cobardía de los que nada hicieron cuando se cometieron crímenes atroces, los que permitieron la impunidad de los culpables y los que, ahora, continúan indiferentes ante el desamparo de las víctimas" (Baltasar Garzón).
La película San Simón, de Miguel Ángel Delgado, será estrenada en la sección Made in Spain del Festival de San Sebastián el próximo mes de septiembre. El filme narra la historia del campo de concentración que acogió la isla redondelana desde los primeros días de la sublevación militar de 1936. Casi seis mil personas de toda España pasaron por ella durante los siete años que estuvo en funcionamiento.
La película se rodó en la localización original donde tuvieron lugar los acontecimientos en la isla. Para filmar los interiores, la producción tuvo que trasladarse a localizaciones fuera de la isla, como fueron los casos de la ETEA de Vigo, el convento de Santa Clara de Pontevedra o A Cova da Moura en el Concello de Cenlle.
El elenco de San Simón reúne actores y actrices profesionales y otros sin experiencia previa. Entre ellos están Flako Estévez, Alexandro Bouzó, Guillermo Queiro, Ana Fontenla, Mª del Carmen Jorge, Manuel F. Landeiro, Lucía Amarelle, Javier Varela, Tatán, Darío Fernández y Andrés Giráldez. Entre los miembros del equipo artístico y técnico figuran hijos y nietos de algunos presos de San Simón, según explican desde la productora.
«No transcurso dun proxecto sobre illas cárcere para unha exposición en Tabacalera de Madrid, coñecín os diarios, cartas e memorias dos presos da illa de San Simón. Foi así como souben que fora un dos campos de concentración franquistas máis singulares», afirma Miguel A. Delgado, director del filme.
Tras más de cuatro años de investigación sobre la historia que rodea San Simón, el guion de este filme recoge el destino de los hombres y mujeres que fueron represaliados a lo largo de los casi siete años en los que la isla funcionó como colonia penitenciaria. La historia fue objeto de una búsqueda llevada a cabo, en gran medida, gracias a los trabajos previos de investigadores como Antonio Caeiro, Gonzalo Amoedo y el equipo del grupo de investigación Histagra de la Universidad de Santiago de Compostela, que colaboró en el conjunto del proyecto.
Una petición de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura (ARMHEX) que llega con motivo de la llegada de la fecha del 14 de agosto
La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura (ARMHEX) ha reclamado al Ayuntamiento de Badajoz que apoye la solicitud en curso para que se declaren como lugar de memoria democrática las tapias del Cementerio de San Juan, las fosas comunes y el Departamento 4 del citado cementerio, con el Memorial que allí se ubica.
Una petición que llega con motivo de la llegada de la fecha del 14 de agosto, en la que este año se cumplen 89 años del inicio de la matanza de Badajoz por la Columna de la Muerte, al mando del teniente coronel Yagüe.
Una fecha para "reivindicar memoria, verdad, justicia y reparación, para todas las víctimas de la represión franquista y sus familiares, en la ciudad de Badajoz, como parte de nuestra memoria histórica democrática y contra el olvido".
La asociación explica que el cementerio de San Juan, y otros lugares de la ciudad, pertenecen a la "historia silenciada y oculta de Badajoz", pues allí "fueron asesinadas muchas personas que pasaron luego a fosas comunes, muchos incinerados, abiertas en el interior de dicho cementerio", unos hechos de los que existe documentación gráfica, como son las imágenes captadas por el cámara periodista francés René Brut que "dieron la vuelta al mundo".
De este modo, el Cementerio de San Juan de Badajoz y sus fosas comunes "representan un firme compromiso con la memoria democrática y la defensa de los valores democráticos".
El pasado mes de octubre de 2024, ARMHEX presentó solicitud en legal forma ante la Secretaría de Estado de Memoria Democrática del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática, la declaración como "lugar de memoria democrática" de este lugar, tapias del Cementerio de San Juan, las fosas comunes y el Departamento 4 del citado cementerio, con el Memorial que allí se ubica.
Con esta iniciativa, que se basa en Ley 20/2022 de Memoria Democrática estatal, se pretende que la declaración de Lugar de Memoria Democrática suponga, la obligación de garantizar su perdurabilidad, identificación, explicación y señalización adecuada, con un punto de reconocimiento de las víctimas indicando cuantos datos sean de interés para el conocimiento público de los hechos.
Exigimos pues que la Secretaría de Estado de Memoria Democrática publique oficialmente a la mayor brevedad posible, la incoación del procedimiento y asimismo insta al Ayuntamiento de Badajoz a que apoye formalmente esta solicitud.
Así lo espera la asociación después de que en el Pleno ordinario del Consistorio de Badajoz, del pasado 22 de julio, se ha aprobado por unanimidad en una moción presentada por el grupo socialista que fue apoyada por todos los grupos políticos de la Corporación, para pedir a la Junta de Extremadura que el citado cementerio de San Juan, sea declarado igualmente Bien de Interés Cultural (BIC), por "su valor histórico, al ser testimonio clave en la historia local y nacional, así como por su valor arquitectónico, cultural y patrimonial".
En las vitrinas del Centro Documental de la Memoria Histórica no solo se conserva papel. Allí, custodiados con la misma delicadeza que una carta manuscrita o una sentencia de muerte, reposan objetos que pertenecieron a quienes vivieron —y sufrieron— los años más convulsos del siglo XX en España. Son piezas mínimas, discretas: una chapa, un cinto, un alfiler. Pero en ellas habita algo que ninguna fotografía puede capturar del todo: el peso emocional de lo vivido, lo perdido, lo recordado.
La memoria histórica no está solo en los archivos, en los testimonios o en las leyes que buscan repararla. También vive en lo que se llevó al pecho, en lo que se escondió bajo la ropa, en lo que se sostuvo entre los dedos. En lo que se pudo salvar cuando no quedaba casi nada. Esta crónica propone un recorrido emocional e histórico por diez objetos conservados en el archivo del Estado. Cada uno de ellos encierra una historia de lucha, dignidad o pérdida. Pero todos tienen algo en común: son rastros materiales de vidas interrumpidas por la guerra, la represión y el exilio.
1. Alfiler de corbata comunista (1931–1939)
CDMH. Signatura OBJETOS,342 - PARES (Portal de Archivos Españoles)
Un objeto minúsculo, pero cargado de significado. Este alfiler, diseñado para sujetar una corbata, esconde el símbolo de una militancia prohibida. Durante la Segunda República, y con mayor peligro aún en los años de la guerra y la represión posterior, portar un distintivo comunista podía equivaler a firmar una sentencia. Pero también era una forma de reafirmar la identidad política en medio de la clandestinidad.
Suponía el compromiso con una causa que no era abstracta: la defensa de los trabajadores, la transformación radical de la sociedad, la lucha contra el fascismo. El portador de este alfiler no era un espectador de la historia, sino un protagonista. El metal oxidado que hoy se conserva en los archivos es testigo de un coraje íntimo que desafió al silencio impuesto.
2. Cenicero con forma de estrella de cinco puntas (1900)
CDMH. Signatura OBJETOS,279 - PARES (Portal de Archivos Españoles)
Aunque data de principios de siglo, este cenicero ya contiene los elementos simbólicos que décadas después serían emblema de la izquierda internacional: la hoz y el martillo, la estrella roja, el sol naciente. Está decorado con las siglas “CVRSO”, “JSR” y “VI”, que probablemente correspondan a agrupaciones socialistas o juveniles.
Más allá de su funcionalidad, este objeto revela cómo el ideal revolucionario impregnaba incluso la vida cotidiana. Imaginemos un escritorio lleno de papeles, una reunión en casa, un cigarro compartido entre camaradas. Cada ceniza que caía dentro de esta estrella era también una chispa de debate, organización y conciencia política.
3. Chapa de las Milicias Socialistas (1936–1939)
CDMH. Signatura OBJETOS,365 - PARES (Portal de Archivos Españoles)
Con el emblema del PSOE y la inscripción “Milicias Socialistas”, esta chapa de latón dorado era un símbolo de orgullo y también de exposición. Las milicias nacieron al calor del golpe militar de julio de 1936, en defensa de la República. Su existencia fue, desde el primer momento, una declaración de urgencia: el pueblo armado frente al fascismo.
Esta insignia no solo identifica a su dueño como combatiente: lo identifica como miembro de un grupo político, ideológico, emocionalmente comprometido con la causa republicana. El hecho de que se haya conservado intacta sugiere que no se perdió en combate, sino que fue retirada, quizá con dolor, cuando el exilio o la prisión se impusieron. La chapa es también una huella de derrota, pero no de rendición.
4. Chapa de Solidaridad Internacional Antifascista (1936–1939)
CDMH. Signatura OBJETOS,393 - PARES (Portal de Archivos Españoles)
Sobre un globo terráqueo se cruza una espiga. Las iniciales SIA evocan la red de apoyo internacional a la República española. La Solidaridad Internacional Antifascista, activa durante toda la contienda, canalizó ayuda humanitaria y política a través de brigadas, asociaciones, organizaciones obreras y partidos de izquierda.
La insignia que alguien llevó prendida en su ropa fue testigo de la esperanza en una fraternidad global. En ella resuena la idea de que el antifascismo era una lucha compartida más allá de las fronteras. Hoy, cuando el internacionalismo parece olvidado, esta chapa recuerda que miles de personas cruzaron el mundo para defender una causa que no era solo de los españoles.
5. Cinto con el escudo de Madrid (1931–1939)
CDMH. Signatura OBJETOS,959 - PARES (Portal de Archivos Españoles)
Un cinto de seda morada y piel blanca. En el centro, bordado con precisión, el escudo republicano de la ciudad de Madrid. No es un objeto militar, pero sí profundamente simbólico. Entre 1936 y 1939, Madrid se convirtió en la capital del antifascismo europeo. Sitiada, bombardeada, aguantó más de dos años de cerco franquista sin rendirse.
Este cinturón pudo pertenecer a un funcionario del Ayuntamiento, a una miliciana del 5º Regimiento, o a un maestro comprometido con la enseñanza laica. No sabemos su historia concreta, pero su sola existencia remite a una ciudad heroica, convertida en símbolo de resistencia y dignidad frente al totalitarismo.
6. Gemelo o botón masónico (1920–1939)
CDMH. Signatura OBJETOS,345 - PARES (Portal de Archivos Españoles)
Los masones fueron uno de los colectivos más perseguidos por el franquismo. Este pequeño botón metálico, con grabados simbólicos reconocibles por los iniciados, es uno de los escasísimos objetos personales que se han conservado de esa red secreta de pensamiento ilustrado.
El régimen los acusaba de conspirar contra “la unidad de España” y los señalaba como responsables de la decadencia moral del país. Quien llevaba este gemelo no solo se exponía a la delación, sino que afirmaba una fe en la razón, en el progreso, en la fraternidad. Su tamaño no supera el de una moneda, pero su historia pesa como una enciclopedia.
7. Insignia de alfiler con el barco Komsomol (1937)
CDMH. Signatura OBJETOS,437 - PARES (Portal de Archivos Españoles)
El Komsomol era una organización juvenil soviética. Esta insignia, con forma de buque y detalles en rojo, representa probablemente al navío homónimo que transportaba ayuda a la España republicana. Con la estrella roja y una inscripción en cirílico, condensa el vínculo ideológico entre la URSS y la República.
Este objeto refleja no solo la dimensión internacional del conflicto, sino también el modo en que la ayuda soviética fue vivida como salvación, pero también como sometimiento. El barco Komsomol trajo alimentos, medicinas, armamento… y también una forma de entender el mundo. La insignia guarda esa doble lectura: solidaridad, pero también dependencia.
8. Pulsera de identificación número 9298 (1900–1939)
CDMH. Signatura OBJETOS,338 - PARES (Portal de Archivos Españoles)
Una correa de cuero, una chapa metálica, un número. El 9298. No hay más información. No hay nombre, ni procedencia, ni fecha exacta. Pero todo está contenido ahí: la despersonalización, la violencia burocrática, la transformación del ser humano en dato.
Esta pulsera pudo haber sido usada en un campo de concentración, en una prisión militar, en un hospital psiquiátrico. En cualquier espacio donde la persona desaparece y solo queda el cuerpo numerado. Conservada casi intacta, hoy nos interroga con una fuerza sorda: ¿quién fue el 9298?, ¿qué historia desapareció tras ese número?
9. Trofeo de fútbol de la 112.ª Brigada (1938)
CDMH. Signatura OBJETOS,281 - PARES (Portal de Archivos Españoles)
Grabado con precisión: “112 BRIGADA / EL COMISARIO / AL CAMPEÓN DE / FOOT-BALL / 1938”. Es una copa de latón, con tapa. Un trofeo en plena guerra.
A veces olvidamos que los soldados también eran personas: jóvenes que jugaban al fútbol en las horas muertas, que organizaban campeonatos en los descansos del frente. Esta copa demuestra que hubo lugar para la alegría incluso en el abismo. Que resistir no era solo empuñar un fusil: también era pasar el balón, celebrar un gol, reír. Aunque fuera la última vez.
10. Insignia con el retrato de Alcalá Zamora (1931–1939)
CDMH. Signatura OBJETOS,444 - PARES (Portal de Archivos Españoles)
Redonda, esmaltada, con el rostro de Niceto Alcalá Zamora y la fecha del 14 de abril de 1931: el día en que se proclamó la Segunda República. La insignia es un relicario político. Quien la llevó participó de aquella esperanza, de aquel sueño de modernización, justicia social y secularización del Estado.
Tras el golpe, estas insignias fueron prohibidas. Muchas se enterraron, otras se rompieron, algunas —como esta— sobrevivieron escondidas en cajones, cosidas en forros, guardadas como último recuerdo de un país que pudo haber sido y no fue.
Una historia escrita en lo que cabe en un bolsillo
Estos objetos no tienen voz. Pero si los escuchamos con atención, nos susurran la historia que el franquismo quiso hacer desaparecer. No son grandes documentos, ni obras de arte. Son huellas. Rastros. Y por eso mismo, fundamentales. Porque sin ellos, la memoria sería apenas una narración sin cuerpo.
Contar la historia a través de estas pequeñas cosas es también una forma de justicia. De devolver nombre, vida y dignidad a quienes la historia quiso borrar. De hacer que el pasado no se quede quieto, sino que nos acompañe, como un alfiler sujeto a la solapa.
Amb presència de membres del GRMHC a l'acte, i la participació en el col·loqui i debat del company Raül González Devis i d'Elena Solanas, familiar de Florencio Pla Meseguer, es va projectar a Benassal el passat 10 d'agost de 2025 el documental "La Veu de les muntanyes" d'Ester Fayos i Paula Lorenzino, en el marc del festival de documentals Vila …
La Jana ha acollit la presentació de la 4a ed. ampliada del llibre "Un país en gris i negre: memòria històrica i repressió franquista a Castelló"
La Jana va acollir el passat 8 d’agost a la planta baixa del Centre dels Jubilats la presentació del llibre “Un país en gris i negre. Memòria històrica i repressió franquista a Castelló”, editat per Publicacions de la Universitat Jaume I. Una 4a ed. molt ampliada, per part de l’autor Juan Luis Porcar Orihuela i amb presentació de l’acte a …
El próximo 17 de agosto de 2025, coincidiendo con el 62º aniversario de su ejecución por la dictadura franquista mediante garrote vil, se celebrará en Valencia del Ventoso (Badajoz), un acto cívico de homenaje a Francisco Granado Gata, organizado por la ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA DE EXTREMADURA (ARMHEX), los sindicatos CNT Extremadura y CGT, con la colaboración del Ayuntamiento de Valencia del Ventoso.
Francisco Granado Gata nació en Valencia del Ventoso en 1935, de donde emigró primero a Madrid, en 1953, en busca de trabajo, y después a Francia, en 1960. Allí entró en contacto con el movimiento de resistencia antifranquista de carácter anarquista, llegando a ser militante de las Juventudes Libertarias, que junto a CNT y FAI integraban el MLE, Movimiento Libertario Español. Como miembro del grupo creado Defensa Interior (DI), volvió de forma clandestina a España en 1963, con intención de participar en acciones de resistencia contra el régimen franquista. El 31 de julio de 1963 fue detenido junto a otro miembro de las Juventudes Libertarias, Joaquín Delgado Martínez.
Ambos fueron acusados de unos atentados que no habían cometido, y en solo 17 días, mediante proceso sumarísimo en Consejo de Guerra, fueron torturados, obligados a confesar la autoría de unos actos que no habían realizado, juzgados sin garantías procesales, sentenciados y condenados a la pena de muerte, cumpliéndose la sentencia el 17 de agosto en la cárcel de Carabanchel, Madrid, a mano de dos de los verdugos oficiales del Régimen franquista. El consejo de guerra sumarísimo obviamente estuvo, como corresponde a un juicio político en una dictadura, plagado de irregularidades.
Francisco Granado y Joaquín Delgado fueron sometidos a torturas y malos tratos en dependencias policiales durante al menos seis días, y en todo momento afirmaron su inocencia respecto de la colocación de los artefactos explosivos por la que fueron condenados; no existiendo ninguna prueba que justificara su condena por tales hechos y ésta se produjo exclusivamente por su antifranquismo y pertenencia al movimiento libertario.
Igualmente hemos de resaltar que los verdaderos autores de la colocación de aquellos artefactos explosivos fueron Sergio Hernández y Antonio Martín, quienes reconocieron ante Notario ser ellos quienes instalaron los explosivos, habiéndolo declarado igualmente en un programa de la televisión franco-alemana «ARTE» emitido el 4 de diciembre de 1996 y ante un periodista del diario «El Mundo», que publicó un reportaje el día 1 de diciembre de 1996. Apareciendo igualmente esas declaraciones en un programa emitido por «Televisión Española» (La 2) el día 9 de noviembre de 1997. Así mismo ratificaron sus declaraciones ante la Sala V del Tribunal Supremo a finales de los años 90.
Es evidente que Francisco Granado y Joaquín Delgado, no tuvieron un juicio justo. Primero porque fueron juzgados por un consejo de guerra militar dependiente y parcial de una dictadura. Y en segundo lugar porque el proceso seguido fue la negación de toda garantía procesal.
Hoy el artículo 5 de la vigente Ley 20/2022, de 19 de octubre, de Memoria Democrática, tiene declarada legalmente de forma taxativa la ilegalidad e ilegitimidad de aquellos Consejos de Guerra y la nulidad de pleno derecho de sus resoluciones y sentencias, por ser contrarios a Derecho y vulnerar las más elementales exigencias del derecho a un juicio justo, así como la concurrencia en estos procesos de intimidación e indefensión.
En suma, es obligación de todos recordar que esos dos hombres murieron por algo tan importante como sus ideas, su oposición a la dictadura y lucha por la libertad; y por ello, debemos exigir que la verdad histórica de estos crímenes franquistas sea reconocida oficialmente, pasados ya 62 años desde aquel 17 de agosto de 1963, así como reconocer la constancia y tenacidad de familiares y amigos, contra aquella injusta condena de dos inocentes.
Desde entonces, y precedido por la campaña internacional en su apoyo, se ha venido reivindicando su inocencia por parte de organizaciones defensoras de los derechos humanos y su reconocimiento como combatientes antifranquistas. En 2003 la CNT de Extremadura ya rindió homenaje en su pueblo a Francisco Granado y en 2015 el pleno del Ayuntamiento de Valencia del Ventoso aprobó por mayoría una moción y declaración de reparación y reconocimiento de su persona, precisamente a instancias de una solicitud elevada al pleno por la ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA DE EXTREMADURA (ARMHEX). En dicha propuesta también se contemplaba hacer público en forma simbólica el carácter radicalmente ilegítimo e injusto de la condena, del que fuera natural y vecino de ese pueblo Francisco Granado Gata, como víctima de la represión franquista, y como reconocimiento público de la ignominia del juicio militar sin garantías a que fue sometido junto con su compañero Joaquín Delgado Martínez, en aquellos oscuros años de la dictadura franquista.
Del mismo modo la Corporación, tal y como se le había solicitado por la ARMHEX, acordó expresar en 2015, la solidaridad para con las familias de las víctimas en su lucha ante las diversas instancias judiciales nacionales e internacionales para hacer efectiva la nulidad radical de la sentencia que injusta e ilegítimamente les condenó, a fin de que sean repuestos en su dignidad, y para restituir los derechos que como tal les corresponden y de los cuales se les privó injustamente.
El acto cívico de homenaje, coincidiendo con el 62 aniversario del asesinato de Francisco Granado, se celebrará en el Patio del Centro Socio-Cultural “Los Solares” de Valencia del Ventoso, dando comienzo el Domingo 17 de agosto a las 10.30 h de la mañana.
Este año acudirá desde Francia, su hijo, Richard Granado, que fue el autor del busto que se colocó hace ahora 10 años en el patio de la Casa de Cultura en Valencia del Ventoso. Un acto de Verdad, Justicia y Reparación para con las víctimas del franquismo.
La memoria de las víctimas de la dictadura franquista, su reconocimiento, reparación y dignificación, representan, legalmente un inexcusable deber moral en la vida política y es signo de la calidad de una sociedad.
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ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA DE EXTREMADURA (ARMHEX).
En 1963, Defensa Interior, la organización anarquista de acción directa contra la dictadura franquista, cometió varios atentados en Madrid. Dos jóvenes libertarios fueron acusados y ejecutados a garrote vil tras ser detenidos por piropear a unas jóvenes.
Aunque desde 1939, con el final de la guerra, se terminaron los combates, la resistencia de izquierdas continuó luchando contra la dictadura de Franco a través del maquis o de acciones de guerrilla urbana realizadas por comandos anarquistas como los de Josep Lluis Faceríaso Quico Sabaté, asesinados por la policía franquista en 1957 y 1960 respectivamente.
El lunes 29 de julio de 1963, uno de los comandos guerrilleros pertenecientes a Defensa Interior, organización anarquista de acción directa, colocó un artefacto explosivo en la Oficina de Pasaportes de la Dirección General de Seguridad de la Puerta del Sol de Madrid. La explosión, que tuvo lugar a las seis menos dieciocho minutos de la tarde, provocó daños materiales en diferentes zonas del edificio y heridas a una treintena de personas. Esa misma noche, a las doce y media, estalló otra bomba en la puerta principal de la Delegación Nacional de Sindicatos.
Interior de la Oficina de Pasaportes de la Dirección General de Seguridad de la Puerta del Sol de Madrid. (Fotografía: Santos Yubero. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid).
Según publicaba el diario ABC, «la indignación de la gente parada en las cercanías de la Dirección General de Seguridad era unánime: todos condenaban enérgicamente el vandálico hecho. Algunos policías manifestaban su opinión acerca de los autores del crimen. Y decían que este tiene todas las características de ser de concepción y ejecución anarquistas y de origen acaso transpirenaico. Se habló concretamente de la F.A.I.».
Interior de la Oficina de Pasaportes de la Dirección General de Seguridad de la Puerta del Sol de Madrid. (Fotografía: Santos Yubero. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid).
No pasó mucho tiempo hasta que la policía confirmó su teoría. El día 31 de julio dos personas fueron detenidas en relación a los hechos, aunque no fue hasta el 2 de agosto cuando se informó a los medios. Se trataba de dos jóvenes, hijos de anarquistas españoles exiliados, que residían en Francia y militaban en las Juventudes Libertarias. De uno de ellos, Francisco Granado de veinticinco años, casado y con tres hijos, se decía que había cruzado la frontera procedente de Francia, alrededor del día 15 de mayo en automóvil. Del otro detenido, Joaquín Delgado, se afirmaba que llegó en tren el 28 del mismo mes. «El primero introdujo en España 21 kilos de dinamita plastificada, armas y municiones, en el interior de su automóvil. Arropado precisamente por una de las primeras oleadas de turistas, pasó el mortífero cargamento», relataba ABC.
Portada de ABC informando de la detención de Delgado y Granado.
El diario madrileño y La Vanguardia, entre otros medios, también publicaron los detalles de la peculiar detención de Granado y Delgado. Los jóvenes, lejos de mantener un perfil bajo, como hubiera correspondido a dos personas supuestamente implicadas en una acción guerrillera, se mostraron despreocupados y, en ocasiones, se comportaron como dos tarambanas, lo que levantó las sospechas de la policía.
Mientras estaban en las inmediaciones del Palacio Real, los jóvenes preguntaron cómo se entraba en el edificio pero, finalmente, decidieron ir hacia la plaza de la Armería. Allí y, apoyados en la balaustrada que da al Campo del Moro, «comenzaron a piropear descaradamente a las jóvenes que por allí pasaban, en especial a las turistas que hablaban en francés».
Portada de La Vanguardia, informando de la detención.
De hecho, fue el uso del francés y la mala suerte la que hizo que la Guardia Civil se decidiera a identificarles. «Un cabo de la Benemérita que estaba cerca de ellos y que, al parecer, había sido profesor de francés en una academia, se dio cuenta de que no hablaban con corrección el idioma y, ante las impertinencias que decían, se acercó para identificarles», relataba ABC, que también detallaba su posterior detención y las pertenencias que se les incautaron.
Entre ellas había un mapa de Madrid en el que estaban marcados algunos lugares como la Puerta del Sol y la fuente de Neptuno, dos puntos de la ciudad que eran de interés para cualquier turista, que es lo que dijeron ser Granado y Delgado. A pesar de todo, la policía no les creyó y en los siguiente días, las investigaciones aportaron numerosas pruebas en su contra. Por ejemplo, la aparición de una bala de Colt-45 en el coche de Granado y un telegrama enviado a Francia media hora después de la explosión en la Dirección General de Seguridad, en el que decían que «estaban bien de salud». La cosa empeoró aún más cuando, durante un registro en el garaje donde Garrido tenía el automóvil, se descubrió un «pequeño arsenal terrorista» que, según fuentes policiales, podía haber servido para cometer «unos dos mil atentados como los de la Sección de Pasaportes de la Dirección General de Seguridad». No es de descartar que los medios y la policía exagerasen.
Noticia de La Vanguardia informando de la ejecución de Granado y Delgado.
Las cosas pintaban cada vez peor para Garrido y Delgado. Además de esas pruebas, reales o preparadas por la policía, los muchachos fueron interrogados duramente por el policíaSaturnino Yagüe González, el inspector de la Brigada Político Social Enrique González Herrera e incluso por Carlos Arias Navarro, Director General de Seguridad. Tras varios días de torturas, Francisco Granado y Joaquín Delgado declararon ser miembros de la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias y se atribuyeron los dos atentados. Posteriormente, también se les imputaría un tercero contra un avión de Iberia cometido el 6 de junio de 1963.
Una vez que la policía tuvo armado todo el proceso, los detenidos fueron sometidos a un Consejo de Guerra que, según informaron varios medios de comunicación extranjeros, no fue convocado en tiempo y forma y ni siquiera fue público. Algo que el diario ABC, afecto a Régimen, se encargó de desmentir diciendo que asistió «el señor Navarro, de la agencia norteamericana United Press Internacional».
Aunque los atentados no habían causado víctimas mortales y cuando se celebró el Consejo de Guerra muchos de los heridos ya se estaban recuperando, Francisco Granado y Joaquín Delgado fueron declarados culpables y condenados a muerte por garrote vil. Tras ser confirmada la pena por el Consejo de ministros en el que se sentaba Manuel Fraga Iribarne, la ejecución se llevó a cabo en la prisión de Carabanchel el 17 de agosto de 1963, apenas dos semanas después de su detención. Los cuerpos, que no fueron entregados a las familias, se enterraron en secreto en el cementerio de Carabanchel.
Titula de ABC informando de la ejecución.
La historia de Granados y Delgado se tornó aún más cruel cuando, en 1996, se estrenó Un crimen legal dirigido por Lala Gomà y Xavier Muntanyà. En este documental, militantes libertarios declaraban que si bien era cierto que los dos jóvenes eran anarquistas, no habían sido los autores del atentado.
Por esa razón, en 1999 las familias de Granado y Delgado presentaron un Recurso de Revisión ante la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo contra la sentencia de 1963. Aunque fue denegado, en 2004 el Tribunal Constitucional dio amparo a los demandantes, por entender que había habido una «vulneración del derecho a la prueba» y, por tanto de defensa, por lo que anuló la decisión del Supremo. Sin embargo, en 2006la Sala Militar volvió a desestimar el recurso. A día de hoy, y a pesar de las declaraciones de los miembros de Defensa Interior que exculpaban a Delgado y Granados, la justicia española continúa considerándolos culpables y avala su ejecución.