dimecres, 10 d’octubre de 2018

Los niños robados y vendidos que España heredó de la dictadura

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En la foto, Inés Madrigal, quie fue arrebatada de su familia siendo una bebé y entregada a la que fue su madre, Inés Pérez. FOTO AFP

POR JUAN MANUEL FLÓREZ ARIAS | PUBLICADO HACE 18 HORAS
EN DEFINITIVA
La primera sentencia por robo de bebés en España prueba que esta práctica se llevó a cabo y, al mismo tiempo, deja libre al médico que la llevó a cabo al haber prescrito los cargos.
Al cumplir los 18 años Inés Madrigal supo que había sido un “regalo” que un doctor, Eduardo Vela, le había dado a su madre, Inés Pérez. Ella, una mujer estéril, la recibió de manos del médico como una bebé prematura, supuestamente, no deseada.
Al saber esto, Madrigal trató de recomponer su pasado: entendió la razón por la que no se parecía a su familia, asumió –no sin frustración– que no era capaz de ubicar su verdadera fecha de cumpleaños ni su signo en el horóscopo, y siguió con su vida. Pero en 2010 vio en el periódico El País de España un artículo sobre un hombre que había sido arrebatado a su familia en el hospital y vendido a otros padres. Entonces Madrigal dudó; no solo de su madre, sino del propio relato de su vida.
Ayer una parte de esa historia perdida se aclaró con la primera sentencia judicial por bebés robados en España. La Audiencia Provincial de Madrid concluyó que en 1969 Eduardo Vela falsificó el acta de nacimiento de Inés Madrigal, se la arrebató ilegalmente a su familia y la entregó a Inés Pérez. Sin embargo, los cargos contra Vela, de 85 años e implicado en otros casos similares en su clínica San Rafael, prescribieron debido al tiempo que ha pasado desde que los cometió. Es ese mismo factor, el tiempo, el que ha permitido que sean las víctimas, hoy adultas, las que busquen la verdad.
De crimen político a negocio
El rapto de niños en España inició en 1936, como parte de la doctrina franquista. El siquiatra Juan Antonio Vallejo Nájera sostenía que los “rojos” tenían un gen que transmitían a sus hijos. Por eso su propuesta , semejante a la que se dio años después en la Argentina de Videla, fue separar a los bebés de sus madres. Hacia mediados de la dictadura, sin embargo, ese motivo ideológico tornó hacia un lucrativo negocio en el que estaban involucrados funcionarios, médicos, religiosas y registradores.
Flor Díaz, portavoz de la plataforma SOS Bebés Robados, dedicada a registrar denuncias al respecto, explica que, entre las décadas de los 40 y los 90, “en España era muy fácil robar un bebé. Las madres entraban solas a las salas de maternidad y, al concebir, llevaban a los niños a otra sección. Luego salía la monja y el médico y decía que el niño había muerto. Los padres no se atrevían a comprobar y en los cementerios enterraban cajones vacíos.
El negocio, explica, consistía en cobrar a padres que buscaban adoptar el equivalente a lo que costaba una vivienda. Los criminales justificaban estos pagos como el costo del hospital donde había gestado la madre biológica, entre otras mentiras. Muchos de los bebés fueron vendidos fuera del país, como explica María Bueno, presidenta de la plataforma internacional de víctimas por desapariciones forzadas Te estamos buscando.
Un eslabón perdido
Inés Pérez creyó hasta su muerte en 2016 en la versión que le dio el médico: que había recibido la bebé de una mujer casada que tuvo una aventura. Pero al ver la inquietud de Madrigal por conocer su pasado, decidió ayudarla. Aceptó, incluso, ser demandada por su hija en 2013.
“Si mi madre estuviera viva, habría sido condenada por ser una persona necesaria en la comisión del delito. Ella lo sabía, era muy valiente”, dice Madrigal a EL COLOMBIANO. Su caso es especial, a pesar de ser solo uno de las cerca de 200.000 niños que, según calculan las organizaciones de víctimas, fueron robados en los hospitales de España desde el inicio de la dictadura. El de Madrigal es el único que contó con el testimonio detallado de la falsa madre. Según su relato, el 6 de junio de 2016 Vela le entregó una bebé prematura. “Ahora es tu hija”, le dijo, y firmó su partida de nacimiento como si él mismo hubiera atendido el parto dos días antes. También le advirtió que si la niña se enfermaba, no debía llevarla a ningún otro médico, solo podía tratar con él.
“El cordón umbilical tarda de 7 a 15 días en caerse, así que no pude haber nacido ese día. Me hubiera gustado saber de dónde vengo”, dice Madrigal. Pero Vela, quien quemó los registros de la clínica San Rafael, se ha esforzado por ocultar ese origen a ella y a las demás víctimas. Aun así, Madrigal no se rinde. Ha realizado, sin éxito, pruebas de ADN con tres familias hasta ahora “Esa búsqueda siempre es dolorosa. Uno se ilusiona cada que tiene un cotejo, se imagina cómo sería ser la hija, la hermana, la sobrina de esas personas. Es como si fueras el eslabón de una cadena perdida, que no pertenece a otra a la que intentas unirlo”. Inés es una de esas piezas, como otros cientos de miles en España, retiradas de su cadena por fanatismo político o por codicia. Al juntarse, estos eslabones componen una historia que recién comienza a aclararse

CONTEXTO DE LA NOTICIA

El médico Eduardo Vela, exdirector de la clínica San Ramón, en Madrid, fue encontrado responsable por haber entregado a una niña, Inés Madrigal, “fuera de los cauces legales” a quien fue su madre, Inés Pérez. Sin embargo, según la Audiencia de Madrid, los delitos prescribieron en 1987, cuando Madrigal cumplió los 18 años.
La mujer y su abogado, Guillermo Peña, quien también fue robado en su infancia, anunciaron que recurrirán al Tribunal Supremo de ese país. De la decisión de esta alta corte dependerá lo que pase en adelante con las 2.000 denuncias por casos similares que registran asociaciones de víctimas como SOS Bebés Robados.