dissabte, 23 de maig del 2026

El General Miguel Campins y Aura

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¿Por qué Franco, que no intercedía por nadie, lo hizo por el general Miguel Campins?

Edmundo Fayanás Escuer

21 de mayo de 2026, 21:26





Nace en Alcoy, el dieciocho de marzo del año 1880. Era hijo del teniente de Infantería, Miguel Campins Cort y su madre era Juana Concepción Aura Calvo. 

A los cinco años de edad pierde a su madre y su hermano menor debido a la epidemia de cólera que se produce en el año 1885. Al año siguiente, su padre solicita prestar servicio en Cuba, donde ya había estado destinado con anterioridad.

Tras regresar a España a cargo de su tío materno, Campins ingresa en el Colegio Preparatorio Militar de Trujillo en el año 1896 con vistas a preparar su ingreso en la Academia de Infantería de Toledo a la que accede en el año 1897 con muy buenos resultados en el examen de ingreso.

El general Miguel Campins escribía muy bien. Cosa no normal entre los militares de esa época, lo hacía de una forma natural, eficaz y convincente, de alguien que piensa y que elabora sus ideas.

La guerra de Cuba modifica los planes de estudios de las Academias Militares dada la necesidad de oficiales para los conflictos de ultramar y Campins se incorpora al Regimiento de Infantería de Asia nº 55 acantonado en la ciudad de Figueras como teniente de segunda clase.

Asciende a teniente de primera en el año 1903 y es destinado a Barcelona, siendo condecorado con una Cruz de primera Clase al Mérito Militar en el año 1906. Tras dos años de servicio en Canarias, realiza las pruebas de ingreso en la Escuela Superior de Guerra. 

Para realizar sus prácticas, se le destina al Grupo de Escuadrones de Caballería de Ceuta en el año 1911, del que es reclamado primero para volver a la península Ibérica y más tarde toma el mando del primer Escuadrón del Regimiento de Caballería de Alcántara, el once de diciembre del año 1911. 

Durante la campaña del Kert [1], es citado numerosas veces en los partes como oficial destacado, recibiendo una Cruz de primera Clase al Mérito Militar con distintivo rojo y una Cruz de María Cristina.

El general Campins desfilando en Zaragoza

El general Campins

desfilando en Zaragoza

Más tarde pasa a la Capitanía General de Melilla y posteriormente a labores burocráticas en el Depósito de la Guerra a partir del año 1913

Es destinado nuevamente a África en el año 1914 formando parte de la campaña de Larache como capitán de la tercera Compañía del Batallón de Cazadores nº10 Las Navas, destino provisional que pasa a definitivo durante la campaña. 

Dados sus méritos de guerra se le propone dos veces como apto para el ascenso. En el año 1915, asciende a comandante con antigüedad desde el año anterior en el que destacó en los combates de Kessiba. 

Se incorpora como comandante del tercer Batallón del Regimiento de Infantería de Vizcaya nº 51 en Alcoy en el año 1915. Un año más tarde, ya destinado en Madrid, contrae matrimonio con María de los Dolores Roda Rovira con quien tendrá tres hijos en los años siguientes. 

Es destinado a Oviedo en el año 1918 y ascendido a Comandante Mayor del Regimiento de Infantería del Príncipe nº 3. Es en ese destino donde conoce personalmente al también comandante Franco con quien establece amistad personal.

Asciende a teniente coronel en el año 1921 y es destinado a Lérida. En agosto del mismo año se le traslada al Regimiento de Infantería de La Corona nº 71, de guarnición en Almería.

Tras el desastre de Annual dicha unidad envía un batallón expedicionario a Melilla cuyo jefe fallece en octubre y Campins se presenta voluntario para reemplazarlo.

En el año 1922 y al mando de su batallón, se incorpora a la columna del general González de Lara y toman las poblaciones de Chemorra, Naar-el-Lal y Dar-el-Quebdani. 

Bajo órdenes de González de Lara se le asignan las conquistas de Erguina y Casas de Fumini por cuya acción recibe la felicitación telegráfica del ministro de la Guerra, el alto comisario y el comandante general del Territorio. 

Es enviado de vuelta a Almería, donde le recibe un ayudante del Rey para felicitarle y más tarde es recibido en audiencia por Alfonso XIII.

En diciembre del mismo año el Regimiento de Campins, el Tercio de Extranjeros comandado por Millán Astray y Franco y el Grupo de Fuerzas Regulares de Ceuta nº 3 bajo el mando de González Tablas y Mola reciben la Medalla Militar de manos del rey.

Es elegido para asistir al curso de aeronáutica para jefes de bases aéreas junto con el comandante Mola en Valdemoro. Poco después realiza el curso de piloto y se le envía a Melilla, donde toma parte de operaciones militares sobre Sidi Mesaud como observador. 

No llega a obtener el título de piloto, pero sí el de observador. Durante ese tiempo, fue trasladado al Batallón de Montaña acuartelado en Ronda siendo nombrado comandante militar de la ciudad.

Es nuevamente enviado a África, donde toma parte de las operaciones en la zona de Yebala en el año 1924 y Tetuán en el año 1925. En septiembre forma parte de las tropas que realizan el desembarco de Alhucemas. Todas estas acciones le proponen para el ascenso a coronel, que recibe en el año 1925.

Tras el fin de la guerra, es reclamado por el ministro de Guerra para formar parte de la Comisión Organizadora de la Academia General Militar de Zaragoza, que preside su amigo, el comandante Franco. 

A su llegada a Madrid es condecorado con la Legión de Honor por sus méritos y cooperación a las operaciones de los ejércitos de ambas naciones en Marruecos. 

Al fundarse la Academia, es nombrado director el general Franco, que en el año 1927 elige a Campins como jefe de estudios y subdirector. A sus órdenes, Campins despliega a los cadetes para detener a la columna sublevada en Jaca cuyo destino es Zaragoza. 

Si bien no tuvieron que intervenir, la maniobra consigue la felicitación colectiva junto con los otros miembros de la 5ª Región militar.

Tras la disolución por sorpresa de la Academia General Militar en el año 1931, es destinado a la 1ª Brigada de Montaña en Gerona y comienza a escribir su libro sobre la Academia de Zaragoza. 

Se ve afectado por el decreto de Azaña del año 1933, que reorganiza el escalafón militar perjudicando a los militares cuyos ascensos se debían a méritos de guerra. 

Tras la rectificación del ministro, Diego Hidalgo, Campins recupera su puesto en el escalafón y en el año 1934 se le da el mando del Regimiento de Infantería nº 5 en Zaragoza.

El triunfo del Frente Popular en las elecciones del año 1936 y la vuelta al poder de Manuel Azaña introducen un elemento de incertidumbre en la carrera del coronel Campins. 

Sin embargo, es ascendido a general de Brigada en mayo aunque sin mando efectivo, situación que se corrige en julio cuando se le concede la 3º Brigada de Infantería y es nombrado comandante militar de Granada. 

Queipo de Llano y Franco

Queipo de Llano y Franco

Durante un tiempo el general Campins dudó entre la defensa de la República y el apoyó final a los golpistas. Desde un principio conoció la existencia de las asociaciones militares que combatían al Gobierno del Frente Popular desde la clandestinidad, pero las consideraba nocivas al perturbar la vida del Ejército y se alejó de ellas.

Campins tomó posesión como comandante militar de Granada solo una semana antes del alzamiento. Llegó a ese puesto de una forma un tanto sospechosa y rodeada también de misterio. ¿Fue Campins colocado en ese cargo con el objetivo de parar en Granada la insurrección que ya se sabía que estaba organizada? 

Tras el golpe de Estado del dieciocho de julio del año 1936, ante la falta de información, Campins dudó entre mantener la lealtad al gobierno de la IIª República o sumarse a los sublevados a quienes finalmente se unió, proclamando el denominado bando de guerra hasta el día veinte de julio. 

Ordena acuartelar a las tropas en Granada con el objeto de evitar un baño de sangre que a la postre se revelaría fatal. Es detenido por los militares sublevados por negarse a firmar el bando de proclamación de estado de guerra.

El general Queipo de Llano

El general Queipo de Llano

El general Campins se siguió manteniendo dubitativo al golpe de Estado a pesar del triunfo de Queipo de Llano en Sevilla y continuó siendo presionado por mandos inferiores.

A pesar de esta fidelidad inicial a la República, lo cierto es que Campins era también un enemigo del caos, del anticlericalismo y de la violencia que según él, estaba ejerciendo desde hace tiempo el Frente Popular. Por eso, al final acabó cediendo, sumándose a la sublevación y proclamando el estado de guerra. 

Queipo Llano se encuentra rodeados de africanistas irredentos, exigiendo que el general Miguel Campins sea fusilado, porque detecta que no le respeta. 

Miguel Campins ante las ordenes que recibe de Queipo dice “yo no soy un cabo”. Miguel Campins lo engaña, finge sumarse a la rebelión cuando en realidad está tomando decisiones que van a favor del gobierno de Madrid.

Tras destituir al gobernador civil de la provincia y poner al frente de dicho gobierno al comandante Valdés, las diferencias de criterio entre ambos llevaron a Valdés a enviar un mensaje personal al general Queipo de Llano por medio de un teniente de aviación. 

La acusación proporciona a Queipo de Llano la excusa que necesita para castigar al general, que se opuso a sus órdenes telefónicas. Queipo de Llano ordena radiofónicamente la destitución y arresto del general Campins sin escucharle, arresto que realiza el propio el coronel Basilio León Maestre y toma el mando de Granada. 

Queipo de Llano es el jefe del alzamiento en Andalucía. El general Campins se ve envuelto en una maraña de traiciones y mentiras en el levantamiento del dieciocho de julio.

Campins es trasladado a Sevilla en avión el cuatro de agosto y se enfrenta a un Consejo de Guerra sumarísimo en la Causa nº 122/36. Es juzgado y sentenciado a muerte el catorce de agosto. 

El general Queipo de Llano, en aquellos días un verdadero virrey en Andalucía, no atendió la petición de clemencia que le dirigió el general Franco, para que le fuera conmutada la pena, pues Queipo de Llano buscaba desairar al general Franco.

Queipo de Llano se empeñó en fusilarlo. Debemos saber que nadie habla bien de él, no existen testimonios a su favor y lo definen como un ser colérico, oportunista y de mal carácter. Campins era su némesis y Campins sabía que Queipo no era alguien de fiar.

Queipo de Llano no quería a Franco, pues Queipo de Llano tenía el convencimiento de que Franco lo había delatado ante Primo de Rivera. Como vemos, la historia de los generales sublevados no era una comunión de intereses comunes sino su único interés era el propio, como se puede comprobar en las fobias e intereses distintos que tenían entre ellos.

¿Por qué Franco, que no intercedía por nadie, lo hizo por el general Miguel Campins?

Habían trabajado juntos, pero él sabía quiénes eran los suyos. Al general Miguel Campins lo sondea lejanamente sobre el golpe. Campins le dejo claro a Franco que era leal a la República y que se oponía a la intervención militar en los asuntos de Estado.

Franco no lo ve por la labor, lo aparta de su proyecto. Franco no es el militar que más le gusta a Campins y decía que ha hecho sus méritos, pero es una persona muy atenta a su propio medro.

La mujer del general Miguel Campins, María de los Dolores Roda dijo “Franco llegó hasta donde pudo, pero evitando el tener que humillarse”.

Unos meses después, Queipo de Llano intercedió en favor del general Domingo Batet y Franco se vengó negando el indulto solicitado. Franco y Campins eran amigos de cuando Franco fue director de la Academia General de Zaragoza y Campins subdirector de la misma.

¿Por qué Franco se negó a perdonar la vida del general Domingo Batet?

Tres son las causas:

1º El general Domingo Batet había participado en el famoso “Informe Picasso” y donde Batet hace este comentario de Francisco Franco. “El comandante Franco, del Tercio, tan traído y llevado por su valor, tiene poco de militar, no siente satisfacción de estar con sus soldados, pues se pasó cuatro meses en la plaza para curarse de enfermedad voluntaria, que muy bien pudiera haberlo hecho en el campo, explotando vergonzosa y descaradamente una enfermedad que no le impedía estar todo el día en bares y círculos. Oficial como éste que pide la laureada y no se le concede, cuando con tanta facilidad se ha dado, porque sólo realizó el cumplimiento de su deber, ya esta militarmente calificado”.

2º En la sublevación de octubre de 1934, el general Domingo Batet era Capitán General de Cataluña. Se había sublevado la Generalitat de Cataluña y los mineros de Asturias. El gobierno derechista del bienio conservador nombra a Franco para reprimir estas dos sublevaciones.

Domingo Batet recibe la orden de bombardear y reprimir con dureza esta sublevación. La orden era del general Franco. El general Batet acaba en poco más de 24 horas dicha sublevación con apenas unos pocos muertos.

Mientras que la represión que lleva a cabo Franco en Asturias provoca miles de muertos. Esa divergencia de actuación le lleva a odiar a Batet y procurara vengarse. Además, le conceden al general Batet la medalla más deseada por Franco, la Cruz Laureada de San Fernando.

3º El odio mutuo que se tenían entre Queipo de Llano y Franco hace que no se conmute la pena de muerte del general Domingo Batet

La sentencia fue ejecutada el dieciséis de agosto a las seis y media de la mañana en las murallas del barrio sevillano de la Macarena, frente al actual Parlamento andaluz. 

A las cuatro y media de la madrugada del día dieciséis de agosto, se presentaron en la prisión el juez, el secretario y el abogado defensor para leerle la sentencia e, inmediatamente, le llevaron a la capilla, para que se confesara y comulgara, además de entregarle sus efectos personales a su cuñado.

Se despidió de él emocionado: “Antonio, tú márchate ya a preparar el entierro. Que sea regular”. En el lugar destinado a la ejecución se congregó bastante público. Campins llegó en un coche de la Guardia Civil vestido de paisano y esposado. Su aspecto era sereno. Uno de los jefes presentes, antiguo alumno suyo, se acercó para despedirse de él.

El mismo día en el que el general Miguel Campins era ejecutado en Sevilla, ese mismo dieciséis de agosto, en Granada, su Granada, Ramón Ruiz Alonso detenía a Federico García Lorca para entregarlo a sus asesinos.

Ningún periódico español, con la excepción de La Unión, se ocupó de la muerte del general Campins. Este diario sevillano tan solo le dedico un breve comentario en la página nueve de su edición del diecisiete de agosto. La noticia anunciaba que “la sentencia se había cumplido a primeras horas del día de ayer, en los momentos iniciales del movimiento militar salvador de España”.

Los asistentes a la ejecución en su mayoría trabajadores que se dirigían a sus faenas en los tranvías, que se pararon obligatoriamente para contemplar la ejecución, ignoraban la identidad del sentenciado, pues vestía de paisano y mostró un valor y sangre fría extraordinarios.

Resulta extraño que el general Campins fuese ejecutado por los sublevados a pesar de haberse sumado a la insurrección y de ser uno de los mejores amigos de Franco desde que se conocieron en la Academia General Militar de Zaragoza, a finales de la década de los años 1920.

Miguel Campins era un militar muy respetado desde los tiempos de la Guerra de Marruecos. El Gobierno del Frente Popular no puso ninguna objeción para que fuera ascendido a general de Brigada en mayo del año 1936. 

Contó con el apoyo de no pocos mandos del Ejército, desde el subsecretario republicano del Ministerio de la Guerra, Manuel de la Cruz Boullosa, hasta algunos de los generales que poco después apoyarían el golpe de Estado, como Manuel Goded, Miguel Cabanellas, Joaquín Fanjul o el mismo Franco.


[1] La Campaña del Kert fue un conflicto armado en los alrededores de Melilla entre España y jarkas rifeñas insurgentes lideradas por Mohamed Ameziane, El Mizzian, que había iniciado una Yihad contra la ocupación española en el Rif oriental. Tuvo lugar entre los años 1911 y 1912.