diumenge, 3 de maig del 2026

Francisco Etxeberria: «En el Sáhara hay muchas fosas con víctimas españolas de las que nadie quiere hablar»

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«Lo de Bretón fue un error de campeonato, un error pericial forense: los niños estaban ahí», explica el prestigioso antropólogo forense

Francisco Etxeberria, antropólogo forense.

Francisco Etxeberria, antropólogo forense. / LP

Las Palmas de Gran Canaria

Nacido en Gipuzkoa en 1957, Francisco Etxeberria es uno de los antropólogos forenses más reconocidos a nivel internacional. Ha trabajado en investigaciones históricas en distintos países, entre ellas el examen de los restos de Víctor Jara, Salvador Allende y Pablo Neruda en Chile, y ha sido clave para descubrir la verdad en casos como el de José Bretón. En la actualidad dirige los trabajos de exhumación en el Valle de Cuelgamuros, un proceso clave para la identificación de víctimas y la reparación de las familias.

-El Ministerio de Memoria Democrática ha anunciado recientemente el envío de kits de ADN a los domicilios para recoger muestras de familiares de represaliados del franquismo que irán a un banco genético, aún por crear. ¿Podría explicar la importancia de este proceso?

-Esta es una reclamación antigua que ahora contempla la Ley de Memoria Democrática. Hasta ahora, los análisis en España se repartían en hasta 13 laboratorios diferentes, tanto públicos como privados. El problema es que necesitábamos una herramienta informática que coordinara todos esos perfiles genéticos. No es un banco de muestras físicas, sino de perfiles, con una herramienta informática muy poderosa adquirida en el extranjero, de última generación.

Muestras de ADN a domicilio

-¿Y cuál es la importancia?

-Este sistema permite que, automáticamente, se cotejen los perfiles de los restos hallados con los de los familiares. Es vital porque permite cruzar datos entre provincias. Por ejemplo, una familia en Madrid podría identificar a un desaparecido enterrado en Aragón gracias a este match que se va a hacer cada 24 horas de forma automática.

-¿Cómo funcionará el kit que se enviará a las casas y a quién va dirigido prioritariamente?

-El kit se enviará a las familias que no saben dónde está su desaparecido para tomar una muestra de saliva, que es una técnica nada cruenta. Es un proceso muy serio, que garantiza que los perfiles no se manipulen ni usen para otros fines que no sea la identificación. En la Península es vital porque hubo muchos traslados de presos: gente de Asturias que murió en prisiones de Valladolid sin que sus familias supieran dónde estaban enterrados.

Hallazgos en la Sima de Jinámar, en Telde

-¿Y en Canarias?

-En Canarias el problema será más fácil de abordar en algunos casos, porque los que están enterrados en Canarias probablemente sean de Canarias.

-Usted bajó a la Sima de Jinámar, en Telde. ¿Qué recuerda?

-Yo estuve hace años. Lo que más me llamó la atención fue la cantidad de basura y porquería que había allí abajo y, al fondo de la galería, vi unos restos humanos. Yo hice un informe y no toqué nada. Y ahora sé que se han encontrado restos.

Investigaciones en Cuelgamuros

-Hablemos de Cuelgamuros (Valle de los Caídos). ¿Cómo están siendo los trabajos?

-Aunque se calcula que hay más de 33.000 personas, nosotros solo intervenimos en los casos de las familias que han hecho una solicitud formal, que son unas 200. El escenario es complejo. Hay habitaciones grandes repletas de cajas hasta el techo afectadas por la humedad y las filtraciones de agua de la montaña. Hay cajas de dos metros de largo con restos mezclados de hasta 15 personas y otras más pequeñas. Muchas están arruinadas y nos guiamos por inscripciones hechas con tiza de pizarra de la época. Nosotros pensábamos que igual no íbamos a poder identificar a casi ninguno. Sin embargo, ya vamos por el individuo veinticinco identificado. Por eso son tan importantes los perfiles de ADN.

Fosas de españoles en el Sáhara

-Su labor internacional es muy extensa. Empecemos por el Sáhara. ¿Qué hallaron allí?

-En el Sáhara, la situación es muy particular porque España descolonizó el territorio definitivamente en febrero de 1976, y se cometieron abusos por parte del ejército marroquí. Hemos estado tres veces allí realizando análisis genéticos e identificaciones. Lo que encontramos son fosas comunes, tanto en el territorio que llaman ‘ocupado’ como en el ‘liberado’, con víctimas que eran españoles saharauis. Fue impactante ver que muchas de estas víctimas conservaban en sus bolsillos el carné de identidad español, con su foto y donde constaba la provincia de:‘Sáhara’. En nuestra última intervención, localizamos una fosa de mujeres saharauis asesinadas. Este es un tema del que nadie quiere hablar, pero que afectó a ciudadanos españoles tratados injustamente. Tengo claro que todavía hay más casos en el Sáhara por investigar y más fosas por localizar.

Los cuerpos en las Malvinas

-¿Y en las Malvinas, qué recuerda de esa investigación?

-En las Malvinas encontramos a soldados argentinos que la dictadura de su país nunca retornó tras el conflicto. Trabajamos allí durante tres meses con temperaturas por debajo de los cero grados, formando parte de un equipo junto al ejército británico y el Comité Internacional de la Cruz Roja. Fue una misión exitosa porque, debido al frío, el ADN estaba muy bien conservado e incluso algunos cuerpos estaban todavía congelados y con su ropa puesta. Lo que más nos impactaba no era el cadáver en sí, sino descubrir quiénes eran a través de sus objetos personales. Eran chicos jóvenes engañados que estaban haciendo el servicio militar: uno con un carné de jugador de baloncesto del equipo del colegio, otro con la foto de su novia... Esas pequeñas pertenencias nos conmovían mucho.

Restos de Salvador Allende, Víctor Jara o Pablo Neruda

-También ha participado en las investigaciones de figuras icónicas como Salvador Allende, Víctor Jara y Pablo Neruda. ¿Qué representó trabajar con sus restos?

-Fue un proceso muy emocionante por la enorme carga histórica que conlleva. En el caso de Salvador Allende, aunque él se suicidó en el Palacio de la Moneda tras ver frustrada su planificación política, ese evento marcó el inicio de una represión donde fueron asesinadas más de 3.000 personas, entre ellas el cantautor Víctor Jara. Estar cerca de los restos de Jara mientras recordaba sus canciones fue una oportunidad profesional y personal única. Y Pablo Neruda estaba enterrado en el jardín de su casa en Isla Negra. La planificación forense en Chile para estos casos ha sido muy rigurosa y de gran experiencia. Hemos aprendido mucho de sus procedimientos.

El caso de José Bretón

-Hablando de procedimientos, en el caso de José Bretón, ¿qué pasó exactamente en esa investigación?

-Lo de Bretón fue un error de campeonato, un error pericial forense. Errores hay en todas las disciplinas y normalmente se suelen analizar para aprender y evitarlos en el futuro. En el mundo forense esto ya no es tan habitual, no es frecuente que se puedan medir los errores forenses y los errores policiales. En lo de Bretón se produce un error y cuando me invitaron a opinar y a verlo dije: «Esto está mal, esto hay que repetirlo todo». Se había dicho que los restos eran de animales y eso no era así, esos restos eran los de los niños, no había que seguir buscando a los niños.

Derechos humanos

-Después de tantos años de trabajo, ¿qué es lo más importante?

-A la familia le entregamos una caja con huesos, con los restos, y además un informe. Los restos se pueden volver a enterrar o se pueden incinerar, pero la clave está en el informe que entregas. Porque de ese informe la familia hace muchas fotocopias, las entrega al archivo del ayuntamiento, a los primos, a los sobrinos. Ese es el asunto: el reconocimiento institucional de los hechos injustos que ocurrieron. Esto sirve para hablar de derechos humanos y para darnos cuenta de lo que pasa en las guerras. Esa es la importancia de la medicina forense.