Blog d'en Jordi Grau i Gatell d'informació sobre les atrocitats del Franquisme.....
"Las voces y las imágenes del pasado se unen con las del presente para impedir el olvido. Pero estas voces e imágenes también sirven para recordar la cobardía de los que nada hicieron cuando se cometieron crímenes atroces, los que permitieron la impunidad de los culpables y los que, ahora, continúan indiferentes ante el desamparo de las víctimas" (Baltasar Garzón).
Trabajos de exhumación de restos de represaliados por el franquismo en el cementerio de Castellón. Grup per la Recerca de la Memòria Històrica de Castelló
El pasado 20 de marzo comenzaron los trabajos de excavación y exhumación de represaliados por el franquismo en el cementerio civil de Castelló, una acción enmarcada dentro de la campaña organizada por la Generalitat Valenciana e impulsada por el Grup per la Recerca de la Memòria Històrica de Castelló. Estos trabajos está previsto que se desarrollen hasta el próximo mes de agosto con el objetivo de exhumar a más de 220 víctimas de la represión franquista y, de este modo, finalizar las excavaciones en el antiguo recinto del cementerio civil de la capital de la Plana.
Se trata de un proyecto iniciado hace seis años con diferentes campañas para dignificar los entierros e intentar identificar genéticamente a los fusilados en Castellón que fueron víctimas de la represión franquista. La empresa ATICS ya realizó un encuentro informativo con las familias y ha firmado ya con la Generalitat el acta de inicio de trabajos el pasado 11 de marzo.
Después de realizar los trabajos de excavación y exhumación le tocará el turno a los estudios antropológicos (que desarrollará la misma empresa) y genéticos (Fisabio, el laboratorio de la Generalitat, será el responsable de los análisis de ADN). En cuanto se firme el acuerdo para la cesión de los datos de los familiares, un investigador de la Generalitat-Universitat de València -que trabaja en coordinación con Fisabio- se pondrá en contacto con los familiares para gestionar las cuestiones relativas al ADN.
Según explican desde el grupo de investigación, el ayuntamiento de Castellón ha construido unos columbarios en los que se alojarán los restos cuando finalicen los estudios antropológicos y genéticos: “Todo el proceso no supone ningún gasto económico para las familias, que estarán informadas, y podrán ser avisadas si desean estar presentes durante la exhumación, o si quieren recibir información in situ en el cementerio de todo el proyecto, ubicación de la fosa, restos…”.
El Grup per la Recerca de la Memòria Històrica de Castelló dispone de un documento con los nombres de los represaliados a exhumar y de sus localidades de procedencia, de quienes se busca el contacto de algún familiar.
La autora María Jesús Orbegozo, la historiadora Verónica Sierra y la ilustradora María Rosa Aránega publican ‘El éxodo de Málaga a Almería’, una novela para releer uno de los episodios más crudos de la Guerra Civil: “Es en Málaga, pero podría ser cualquier otro lugar”
Con el avance de las tropas golpistas de Franco en 1937, el horror se abrió paso como una herida abierta por la costa de Málaga hacia Almería. Una masa de personas que nunca ha sido cuantificada con cifras oficiales huyó del terror de las bombas, que venían por cielo y por mar, en la que pronto se conoció como ‘la carretera de la muerte'. Una ‘desbandá’ cuyas víctimas prefieren que se conozca como juía, huida, éxodo, intento desesperado de escapar de la muerte. Ahora, tres mujeres han querido recuperar la memoria del trágico suceso a través de la historia de una familia, con personajes que nunca existieron, y que, sin embargo, son tan reales como lo fueron las bombas fascistas.
Escribe María Jesús Orbegozo (1945, Zumárraga, Guipúzcoa) al principio de su novela ‘El éxodo de Málaga a Almería’ (El mono libre) que todas las historias de éxodo son la misma. No hay diferencia, “todos salen huyendo de la muerte, de la enfermedad, del hambre o de la persecución a una tierra prometida. Muchos, muchísimos, no llegan”, explica la autora, en conversación con este diario.
Es la población civil, la que no tiene poder, la que experimenta todos los sufrimientos
María Jesús Orbegozo— Escritora
Con esta visión de contar la lucha por algo tan primario como sobrevivir, Orbegozo recoge las penurias de malagueños como Cirilia, Isidoro o Teresa, que hacen su camino desde su pueblo hacia Almería, con la llegada inminente del ejército golpista. La novela, marcada por los episodios violentos que se vivieron en aquel camino que siguieron miles de personas, no es solo suya. También cuenta con la visión de la historiadora Verónica Sierra (Guadalajara, 1978) y de la ilustradora María Rosa Aránega (Almería, 1995), tres generaciones diferentes que completan el relato, que se presentará este 1 de mayo en la Feria del Libro de Málaga.
La escritora María Jesús Orbegozo, en la redacción de elDiario.es Rocío Bermejo
Aunque no fue la primera vez que se atacó directamente a población civil después del golpe de Estado de Franco, la conocida como ‘desbandá’ supuso uno de los ejemplos más crueles de la represión fascista. Con las arengas del general golpista Queipo de Llano sonando en la radio, que alentaba a “cazar” a los republicanos, las tropas franquistas empujaban a miles de personas a huir de sus casas a medida que avanzaban. En el tramo de Málaga a Almería, con el mar y los acantilados a un lado y las montañas a otro, solo quedaba una opción: la carretera. Y el ejército de Franco lo sabía bien. El ataque fue total, por tierra, mar y aire. Incluso se bombardeaban las montañas para que las rocas aplastaran a los refugiados, en buques cuyos nombres todavía hoy coronan en placas algunas calles de España.
El fin principal era el de atemorizar, difundir un terror y un pánico para que todo el mundo sepa dónde tiene que ir. La propaganda más eficaz siempre es la del miedo. El miedo es lo que te detiene, el miedo es lo que te hace avanzar
Verónica Sierra— Doctora en Historia
Rafael Quirosa-Cheyrouze, catedrático y experto en Memoria, asegura que este es “el hecho más dramático de toda la guerra civil”. “Nunca se sabrá el número de víctimas porque nunca hubo interés”, explica, por supuesto no lo hubo por parte del franquismo, pero tampoco de la República. “De alguna manera tenían que reconocer una parte de la responsabilidad”, ya que aunque “los que mataban eran los que bombardeaban”, las autoridades no supieron manejar la situación, y tanto Málaga como Almería se encontraron desbordadas con la llegada de miles de personas que tenían que reubicar por toda España.
No se pudo organizar una evacuación ordenada, con lo que la gente salía en estampida, como podía, explica Orbegozo. “Los habitantes de Nerja cuentan que cuando vieron llegar las masas de Málaga tenían la sensación de que era un hormiguero negro, una masa oscura de personas”, asegura. Y en esa masa, por supuesto, había niños, personas enfermas, ancianas… “En realidad, un personaje [de la novela] son cientos de personas que participaron en el acontecimiento”, explica la historiadora Verónica Sierra. “El fin principal era obvio, el de atemorizar, difundir un terror y un pánico para que todo el mundo sepa dónde tiene que ir. La propaganda más eficaz siempre es la del miedo. El miedo es lo que te detiene, el miedo es lo que te hace avanzar”, continúa.
Los protagonistas en uno de los momentos de la novela María Rosa Aránega
“Es en Málaga, pero podría ser cualquier otro lugar”
A través de los testimonios de una familia que vive el trauma, la muerte, y la desesperación por sobrevivir, se explican relatos de personajes como el doctor Bethune, un médico canadiense que documentó la masacre y luchó incansablemente durante días para intentar evacuar a la máxima cantidad de personas posibles, teniendo que tomar la difícil decisión de a quién priorizar. También otros hechos atraviesan el texto, como el de la represión diferenciada que vivieron las mujeres, agredidas sexualmente en muchos casos. “La violación es un castigo diferencial, es decir, no se viola a los hombres, se viola a las mujeres, no solo en un ejercicio de fuerza o de dominio masculino, sino un ejercicio también de dominio ideológico”, indica Verónica Sierra.
Hablamos de vidas rotas y de personas que tienen que abandonarlo todo, incluso a quienes más quieren para poder salvar la vida. Eso lo tenemos cada día en la radio, en la televisión, en absolutamente todas partes
Verónica Sierra— Doctora en Historia
Es imposible leer 'El éxodo de Málaga a Almería', ver sus ilustraciones y no pensar en los éxodos forzados que vemos hoy, especialmente en Gaza, donde Israel ha matado ya a más de 30.000 personas. También esta es la reflexión que hacen las creadoras. “La novela no es bélica, sino que cuenta la historia de una familia normal a la que le atraviesa el golpe de Estado franquista. Es en Málaga, pero podría ser cualquier otro lugar”, explica la ilustradora María Rosa Aránega. Como sucede en el caso de Palestina y de otras guerras y en palabras de Orbegozo, “es la población civil, la que no tiene poder, la que experimenta todos los sufrimientos”.
“Hablamos de vidas rotas y de personas que tienen que abandonarlo todo, incluso a quienes más quieren para poder salvar la vida. Eso lo tenemos cada día en la radio, en la televisión, en absolutamente todas partes. Si de algo tienen que servir obras como estas es precisamente llamar la atención no solo sobre el pasado, sino para aprender del pasado en el presente”, añade Sierra.
Aránega profundiza en la necesidad de aprender de estos sucesos para poder reconocer genocidios en la actualidad. “Es una historia en la que se puede sentir identificado cualquier familia en cualquier lugar. Con el genocidio palestino conecta y da para reflexionar de qué hemos aprendido de lo que ya ha pasado, y cómo la memoria podría ayudar a reconocer otro genocidio cuando se está produciendo”.
Uno de los tramos de la 'carretera de la muerte' de Málaga a Almería María Rosa Aránega
El trabajo de la artista busca hacer una relectura y añadir veracidad al relato, especialmente porque la producción fotográfica de la época era limitada. “Es necesaria la elaboración artística para aproximarnos a esas informaciones del pasado que nos pueden parecer lejanas, el lenguaje artístico tiene un registro que puede llegar a conectar con el público, tenga la formación cultural que tenga”, incide la almeriense.
Memoria que rescata
Ante el trauma heredado por generaciones, los silencios, el miedo, los miles de muertos, los niños que perdieron a su familia, aquellos que todavía hoy buscan los huesos de sus padres, la memoria y su recuperación) se erige como clave para intentar cicatrizar las heridas abiertas. “Somos memoria, memoria que rescata”, escribía María Zambrano.
Orbegozo lo tiene claro: “¿El daño? El daño no se puede reparar. Todos los muertos, el sufrimiento, eso no se puede reparar. Lo único que podemos hacer es que no se olvide, que permanezca en la memoria de todos, de un lado y otro, porque es algo tan atroz que debe recordarse”. Y en esto, los niños son clave, como responsables de contar sus historias, lo que vivieron, e incluso de algo más importante: de no contar ese horror.
Aunque esos silencios, sin embargo, no tienen por qué responder siempre al temor. “A veces hace falta callar para poder seguir adelante, a veces hace falta callar para proteger a otros. Callar es una manera también de posicionarse, es decir, el silencio puede tener muchos significados”, afirma Sierra.
En cuanto al cuidado de esta memoria por parte de las instituciones, la historiadora destaca una mayor voluntad después de una “desidia completa” durante décadas, suplida en parte por las asociaciones memorialistas, que han tenido que cumplir ese papel que no había asumido el Estado. “La memoria se construye en muchos niveles y el institucional es uno de ellos, pero hay otros. La propia memoria familiar por ejemplo, la reparación, ¿cuántas familias hay todavía que no saben su historia?”, se pregunta Sierra.
Quirosa-Cheyrouze asegura que hay una “gran diferencia entre el conocimiento académico”, que lleva años investigando sobre este trágico suceso, y el “conocimiento socializado”. Y precisamente esa diferencia hace que “calen discursos y relatos que no se corresponden con los acontecimientos históricos” como este, resumido en pocas palabras por sus autoras. “Crimen”. “Genocidio”. “Absolutamente inhumano. Horrible suena a poco para lo que fue”.
Aquesta xifra de persones que omplien de gom a gom el vaixell i que l’escoraren perillosament a babord al llarg de tota la travessia, encara és ampliada a més de tres mil viatgers segons diverses fonts
El29 de març del 1939, després de vint-i-dos hores de travessia, l’Stanbrook va arribar al port de Mers-el-Kébir (Al-Marsā al-Kabīr, en àrab), a prop d’Orà, a Algèria, amb més de 2.600 republicans a bord.
Després de la batalla de Terol (desembre del 1937 – febrer del 1938), les tropes franquistes també s’imposaren en l’ofensiva de l’Ebre (juliol-novembre del 1938), per la seua superioritat material, davant d’un exèrcit republicà mal proveït a causa del tancament de la frontera francesa, que els va impedir d’abastir-se, i del canvi polític internacional sorgit del pacte de Munic, que deixava la República en mans dels enemics.
Malgrat l’èxit dels plans de retirada esgraonada de Negrín i Rojo cap als ports mediterranis, determinats factors (colp de Casado, deserció de la flota de Cartagena, rendició de Menorca, caiguda de Madrid) desferen les expectatives republicanes i els fronts s’enfonsaren. L’única esperança de fugida es trobava als ports de la Meditarrània.
Tres dies després de la deserció de la flota republicana, el 5 de març del 1939, l’armada franquista bloquejà tota la zona mediterrània i l’accés de vaixells als ports quedà pràcticament paralitzat. Tot i això, quaranta embarcacions de diversos tipus aconseguiren esquivar el bloqueig i fer arribar més de 10.000 persones a les costes nord-africanes.
En aquesta gesta fou sens dubte l’Stanbrook, un vaixell mercant d’escàs tonatge, el que va aconseguir una proesa major, tant per la seua envergadura en el pla humà com per les dificultats superades durant la perillosa travessia, una autèntica odissea plena de riscos en la qual va estar a punt de sotsobrar diverses vegades a causa de l’enorme sobrecàrrega humana. S’hi afegia la dificultat d’evitar la flota i els bombardejos franquistes. Si la nau arribà a destí va ser gràcies a l’habilitat del seu capità, el gal·lès Archibald Dickson.
L’Stanbrook, un buc de la naviliera France Navegation, que pertanyia a una de les companyies pantalla que tenia la república per abastir la zona republicana, havia de carregar tabac, taronges i safrà al port d’Alacant, però el seu capità, esbalaït davant el drama de milers de republicans amuntegats al port desesperats per eixir de l’Estat espanyol fugint de les represàlies, optà per embarcar el major nombre possible de persones. Així, salpà rumb a Orà el 28 de març del 1939, a les onze de la nit i sense cap llum per tal de no ser detectats pels vaixells franquistes. Portava a bord 2.638 persones en un espai previst per a una vintena de tripulants.
Archibald Dickson, un mariner gal·lès a qui la humanitat i el coratge van convertir en l’única persona que va superar el bloqueig de l’armada franquista. Segons han relatat els testimonis, des del vaixell es van sentir les detonacions. Va ser l’últim bombardeig sobre la ciutat d’Alacant; això, però, ja no va quedar enregistrat.
D’aquell viatge, d’aquells últims dies de la Guerra Civil viscuts al port d’Alacant, ens han arribat pocs testimonis. Un d’ells va ser el d’Helia González, als 82 anys. Vivia a Elx, on va nàixer i on vivia amb la seua família fins que es van veure forçats a marxar. El seu pare, republicà, tenia una mort segura si es quedava. La mare, el pare, ella, que tenia 4 anys, i la seua germana xicoteta, de 2 anys, van fer cua durant hores per pujar al vaixell. Helia tenia gravats a la retina tots els detalls d’aquell viatge:
«Al capità Dickson el recorde com si l’estiguera veient ara. Saludava cada persona que hi pujava i li indicava on havia d’anar. A mi em va agafar al braç, em va fer un bes a la galta, i em va dipositar a dins del vaixell».
Embarcar a l’Stanbroock fou al principi ordenat, però al final es va convertir en un caos. El buc es va omplir des de les bodegues fins a la coberta. Viatjava enfonsat per sota de la línia de flotació. Era difícil trobar lloc:
«On ens posàvem? Sort que van trobar que hi havia un bagul gran on vam seure la meua mare i jo, la meua germaneta al braç de la mare i el meu pare fent voltes. Recorde que tot estava ple i recorde un grup de joves que cantaven: “ya se va el vapor, el vapor, el vapor ya se va”».
El març del 2015, Helia Gonzàlez va escriure unes paraules per a Diari la Veu:
«El 28 de març de 1939 al voltant de 3.000 persones eixírem del port d’Alacant amb un vaixell carboner, l’Stanbrook […] El Capità Dickson i la seua vintena de tripulants ens portaren al port de Mers-el-Kebir, a Orà […] Les condicions d’amuntegament, de fred, de fam, de por, d’inseguretat per un futur incert configuraven la nostra situació. Però així mateix era l’única esperança que ens quedava […] El patiment dels homes als camps de concentració fou indescriptible, la vida de les famílies a l’Algèria que ja es preparava a patir la fellonia del Mariscal Petain i la segona guerra mundial, fou de misèria i de dolor. Molts espanyols emigrants i molts francesos ajudaren els exiliats que arribaren finalment, a portar una vida digna.
Ens havíem alliberat de la repressió franquista… segur que havia valgut la pena.
Gracies pel vostre record.
Helia»
Cal dir que no hi ha un llistat «oficial» d’embarcament a Alacant que, si bé en un principi es va fer amb una certa documentació facilitada per les autoritats republicanes, al final, el capità Dickson es va veure totalment desbordat per la situació i donà pas lliure per a l’embarcament general amb la intenció de sortir al més aviat possible del port per evitar un desastre major donades les circumstàncies.
Aquesta xifra de persones que omplien de gom a gom el vaixell –com queda immortalitzat a la foto d’arribada– i que l’escoraren perillosament a babord al llarg de tota la travessia, encara és ampliada a més de tres mil viatgers segons diverses fonts. En realitat, aquest llistat fet per les autoritats franceses i arxivat als «Arxius nacionals francesos d’Ultramar» està confeccionada al llarg dels 40 dies que l’Stanbrook va estar ancorat al port i les setmanes següents, a partir de la documentació acumulada pels diversos desembarcaments més o menys controlats fets al llarg dels dies i per diversos motius. Se sap que l’endemà de l’arribada hi va haver un primer desembarcament de dones i xiquets, i als dies següents van continuar els desembarcaments de persones mitjançant l’aval de familiars residents a Orà, influències polítiques… Els sis primers dies va desembarcar pràcticament la meitat dels refugiats republicans.
El capità Dickson va escriure en una carta adreçada al director del diari Sunday Dispatch, datada el 4 d’abril, sis dies després de l’embarcament:
«En aquest moment els refugiats porten a bord sis dies, ara deu haver-hi uns mil cinc-cents. S’han fet gestions perquè les autoritats locals els subministren pa. Abans que desembarcaren les dones i els xiquets, els oficials de la nau i jo mateix els vam donar algun subministrament ‘extra’ com xocolate, llet, caramels… Els homes continuen a bord. El seu aspecte és veritablement patètic, sobretot perquè no es poden llavar ni afaitar. Cap d’ells ha pogut ni tan sols canviar-se de roba».
A partir d’ací, el desembarcament es feu molt lentament, prèvia identificació, atesa la «perillositat» atribuïda per les autoritats franceses als 1.500 homes que quedaven a bord, molts d’ells encara amb armes curtes. Els darrers desembarcaments es van fer a finals d’abril. Després es «va desinfectar» el vaixell, que finalment va salpar del port d’Orà el 10 de maig, 40 dies després de la seua arribada, amb destí a Casablanca.
L’Stanbrook simbolitza aquesta tragèdia per ser el darrer vaixell «obert» que va evacuar republicans de tota mena i condició: civils, militars, polítics, sindicalistes, funcionaris, famílies senceres, etc., gràcies a l’humanisme i heroisme del capità Dickson qui, fortament impressionat per la desesperació de la gentada immensa que al llarg del dia 28 de març s’amuntonava ja al port d’Alacant, va decidir personalment acollir-los al seu vaixell, tot contravenint les ordres de l’armador, i partir cap a Orà.
Després de tan penosa i llarga experiència, no imaginaven que la seua destinació immediata seria l’internament en camps de refugiats, autèntics camps de concentració batejats de manera eufemística per les autoritats franceses com a centres d’accueil; en realitat, camps de treballs forçats on els exiliats patiren condicions infrahumanes, maltractament i vexacions de tota classe, en ser considerats pels conservadors francesos com una xusma de perillosos revolucionaris, quan no elements molt perillosos —comunistes i anarquistes— que van anar a parar directament a presidis com ara el de Kasserine o Fort Lyautey (hui Kenitra).
Però amb tot, la situació encara va anar a pitjor amb la capitulació i la posterior col·laboració de la França de Pétain, i no començà a millorar fins a l’alliberament del territori per part dels aliats.
El darrer episodi d’aquesta gesta de l’Stanbrook tingué lloc el dia 18 de novembre del 1939 quan fou torpedinat des de molt curta distància pel submarí alemany U-572 , sota el comandament del Korvettenkapitàn Claus Korth en la bocana del port d’Anvers, a la Mar del Nord, al començament de la Segona Guerra Mundial. L’Stanbrook, partit en dos per l’impacte, s’enfonsà en pocs minuts i arrossegà els 20 tripulants, incloent-hi el capità Dickson. No hi hagué cap supervivent.
El capità Dickson i la tripulació de l’Stanbrook reposen a la bocana del port d’Anvers, a les coordenades 51’21 N – 2’25 E, a escassament 20 m. de profunditat.
En arribar la notícia del tràgic final de l’Stanbrook i la seua tripulació als camps de concentració i de treball d’Algèria on estaven reclosos la majoria del refugiats republicans, aquests perllongaren les formacions en silenci, als tocs de retreta, com a homenatge al vaixell i a la seua tripulació.
"No conocer el pasado, por lo menos a grandes rasgos, te hace presa de salteadores de caminos de la política", señala el historiador, que acaba de publicar sus memorias
"La derecha española ha mantenido la versión de los vencedores y no quiere aprender de lo que los historiadores hemos ido descubriendo", asevera en entrevista con 'infoLibre'
El historiador Ángel Viñas. EP
Ángel Viñas (Madrid, 1941) ya tenía claro a finales de los sesenta que quería ver mundo. Y las oposiciones para el cuerpo de Técnicos Comerciales del Estado eran una buena opción para colmar sus ansias de salir al extranjero. Tras unos meses de intenso estudio, aprobó como número uno de su promoción. Pero al poco tiempo surgió en él una nueva vocación: la de historiador. Los archivos se han convertido, desde entonces, en su segunda casa. Y los documentos –o los "papeles", como él los llama–, en el pilar de todas sus investigaciones. Un trabajo de hormiga que pretende continuar hasta que el cuerpo aguante. De ahí que no conciba La forja de un historiador (Crítica, 2024), unas memorias que ha tardado tres años en parir, como el final del camino.
Viñas espera lanzar el año que viene un nuevo libro en el que lleva trabajando tiempo con otro colega. Y tiene intención de sacar próximamente a uno de los grandes diplomáticos británicos del "olvido intencionado" al que fue condenado. Lo cuenta en una entrevista con infoLibre, en la que habla largo y tendido sobre la supervivencia de los mitos franquistas casi medio siglo después de la caída de la dictadura, de la imposibilidad de avanzar como país con miles de muertos en cunetas, del bajo nivel de enseñanza a nivel histórico, de la deriva de la derecha –que ya ha comenzado a desmontar la legislación regional memorialista– o de la necesidad de abrir los archivos. "El pasado no mata, lo que mata son las falsas interpretaciones del mismo", sostiene.
¿Con estas memorias usted pone punto y final a una etapa?
No, cuando se es historiador uno deja de trabajar cuando se muere. Todavía quedan algunas cosas por venir. Ahora mismo, estoy preparando con otro amigo un libro que saldrá, espero, el año que viene. Prefiero no decir el tema, pero será algo prácticamente inédito en la historiografía de la Guerra Civil y mucha gente se va a llevar sorpresas importantes. No digo que nadie lo haya tocado, pero cuando se ha hecho ha sido de una manera superficial y no desde la perspectiva española.
¿No se ha escrito todo ya de ese periodo?
No, quedan muchísimos temas por abordar. La averiguación del pasado es una tarea nunca acabada. Nunca se escribe todo sobre un determinado periodo histórico. Lo que pasa es que las modas en historiografía cambian con el paso del tiempo. Ahora, por ejemplo, se estudia mucho, y con razón, la historia del pueblo llano, de los ciudadanos de a pie, de las víctimas, de los perpetradores o de las mujeres. Y eso es bueno. Todo lo que contribuya a conocer el pasado es fundamental.
¿Y cuáles son, desde su punto de vista, las grandes lagunas históricas de ese periodo?
La economía de la Guerra Civil no está bien estudiada, aún quedan muchas cosas por descubrir. Y la parte institucional se ha estudiado pero de manera superficial. Sobre las batallas, no se ha indagado en lo que hay detrás de las mismas, en el proceso informal de toma de decisiones. No obstante, hay que reconocer que se ha avanzado notablemente en el conocimiento de los orígenes y las consecuencias de la guerra en comparación con hace varias décadas.
La averiguación del pasado es una tarea nunca acabada
Ángel Viñas
En su libro sobre Léon Degrelle, Martin Conway señala que muchos historiadores acaban siéndolo por accidente o casualidad. Usted iba para técnico comercial. ¿Cuál fue su accidente para acabar encerrándose en archivos?
Me hice historiador un poco por azar. Aprendí los rudimentos del oficio de una manera pragmática y por incitación, en parte, de [Enrique] Fuentes Quintana y, en parte, mía. Cuando entré por primera vez en los archivos alemanes me dí cuenta de que lo que allí había era un mundo y de que lo que me gustaba era descubrir cosas que nadie había descubierto o rectificar aquellas sobre las que ya se había escrito. De ahí salió mi primer libro y quedé prendido por la historia. Luego, Fuentes Quintana me desafió a que investigara qué era lo que había habido detrás del oro de Moscú. Y desde entonces ahí he seguido, metido en el pasado.
Señala en su obra que los mitos franquistas siguen perdurando y que son insensibles a la demostración. ¿Por qué?
Porque la derecha española se ha encargado de mantener la versión típica de los vencedores y no quiere aprender de lo que los historiadores hemos ido descubriendo. Tanto los españoles como los extranjeros, que fueron los primeros en escribir la historia no franquista: Southworth, Jackson, Thomas, Preston... Se hacía fuera porque lo que se escribía dentro, donde reinaba la censura, era intolerable. Desde 1961 hasta ahora, los temas de la bibliografía o de la concepción franquista de la historia no han cambiado, son esencialmente los mismos.
¿Cuánto queda de franquismo en la España actual?
Aún queda mucho. Ahí están las chorradas históricas de Vox, que han sido asumidas por una parte del PP y sus historiadores de cabecera. ¿Y por qué queda? Porque la democracia española no ha hecho lo que debería haber hecho. Otros países pasaron por procesos de desnazificación o desfasticización importantes. Ahí tenemos la Constitución italiana o la alemana, que tienen una raíz antifascista.
Las fosas de las víctimas de la violencia republicana ya están prácticamente exhumadas
Ángel Viñas
Pero eso no pasó en España, donde la Constitución no es beligerante contra el fascismo. Además, nuestros gobiernos nunca se propusieron llevar a cabo una revisión de la historia heredada del franquismo. Eso ha empezado a cambiar ahora con la Ley de Memoria Democrática.
Una norma contra la que carga con furia la derecha
Dicen que con ella se pretende adoctrinar a los niños... ¡Ostras, como si a los niños no los hubiera adoctrinado la derecha toda la eternidad y, sobre todo, en el franquismo y posfranquismo!
Ahora que menciona a los jóvenes, usted muestra su preocupación por las generaciones venideras y el bajo nivel de enseñanza en Historia Contemporánea. ¿Qué riesgos tiene que los niños y niñas no tengan una base sólida de lo que fue la dictadura?
El gran peligro es que sigan manteniendo concepciones fascistas, profascistas o protofascistas, así de simple.
Hablando de lo que se ha heredado de la dictadura, también se muestra preocupado por el tema de las fosas. ¿Puede una democracia ser sólida y avanzar en la dirección correcta con miles de personas abandonadas en cunetas?
No, y la apertura de las fosas es una tarea que corresponde al Estado. Mira, una de las cosas que hicieron los alemanes desde el primer momento fue recuperar los restos tanto de los soldados nazis como también de sus víctimas. Aquí, sin embargo, Franco rescató desde el final de la guerra a las víctimas de la represión republicana. Pero hubo que esperar hasta el nuevo siglo para que se empezasen a exhumar a las de la represión franquista. Y la derecha se puso, entonces, en pie de guerra, mintiendo sin escrúpulos, impidiendo las excavaciones o retirándoles el dinero. Una vergüenza nacional.
En la derecha, a pesar de lo que se desprende de la distinta legislación memorialista, dicen que solo se quiere rescatar a aquellos que fueron víctimas de la represión franquista pero no de la republicana.
Las fosas de las víctimas de la violencia republicana ya están prácticamente exhumadas. ¿Quedan cosas? Por supuesto, pero nada impide que se excaven.
A día de hoy seguimos teniendo una Ley de Secretos Oficiales que proviene de la dictadura. ¿Debe reformarse?
Vengo diciendo desde hace años, en público y en privado, que con dos o tres excepciones todos los archivos del franquismo deberían abrirse. Es más, lo he refrendado con mis actos. Cuando yo era asesor del Ministerio de Asuntos Exteriores, primero con Fernando Morán y luego con Francisco Fernández Ordóñez, conseguí que se abrieran los archivos con un plazo de carencia de 25 años y dos o tres excepciones para las que había que pedir una autorización previa. ¿Y se cayeron los pilares de la política exterior o de la democracia española? ¿Se ha hundido el Estado? Claro que no.
El pasado no mata, lo que matan son las falsas interpretaciones del mismo
Ángel Viñas
En Alemania, a lo largo de los últimos años, se ha publicado una colección de doce volúmenes sobre la historia del Servicio de Inteligencia Exterior, lo que viene a ser el CNI alemán. Su Ministerio de Asuntos Exteriores ha patrocinado una investigación sobre los diplomáticos nazis, o que sirvieron a la dictadura nazi, de la que brotó mucha podredumbre. Su Ministerio de Justicia ha hecho una historia de sí mismo y de la desnazificación. Y no se ha hundido ni la República Federal de Alemania ni su justicia. El pasado no mata, lo que matan son las falsas interpretaciones del mismo.
¿Va a ser España capaz, en algún momento, de reconciliarse con su pasado? ¿Qué hace falta para ello?
Todos los países terminan reconciliándose con su pasado. Pero para ello hay que abrir los archivos y, en el caso de la Guerra Civil, seguir fomentando el descubrimiento del pasado oculto. En este caso, abrir fosas. No es muy complicado, no hay que innovar, solo hay que coger las mejores referencias del pasado.
Ahora bien, también hay que decir que el conocimiento de la historia no impide problemas políticos del presente. Ahí tienes el caso de Estados Unidos, donde se está ahora mismo discutiendo sobre la guerra de la independencia y donde ha sido objeto de mucho estudio el problema de la esclavitud, la conquista del Oeste o la guerra de secesión. Y, sin embargo, fíjate cómo están, a merced de una auténtica aberración como es el señor Trump. Es decir, la historia no es el antídoto. Pero, desde luego, no conocer el pasado, por lo menos a grandes rasgos, te hace presa de salteadores de caminos de la política. Si eso ocurre en Estados Unidos, ¿por qué no va a ocurrir en España? Ahí tienes a Vox.
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