dimarts, 24 de març del 2026

Las mujeres de negro: memoria, dignidad y resistencia desde La Barranca

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Jacqueline con una foto de ella de pequeña y su madre Marina Argentina, asesinada en La Barranca - Robert Astorgano

El documental reconstruye, desde una historia familiar, la lucha de las mujeres que mantuvieron viva la memoria de las víctimas del franquismo en La Rioja, denunciando décadas de silencio, represión e invisibilización y reivindicando su papel clave en la memoria democrática

En un descampado de La Rioja, junto a un barranco que durante décadas guardó silencio, un grupo de mujeres vestidas de negro convirtió el duelo en resistencia. Cada año, durante más de cuarenta años, acudieron al mismo lugar para recordar a sus maridos, padres, hijos y hermanos asesinados en 1936. Hoy, su historia, durante mucho tiempo invisibilizada, emerge con fuerza a través del documental Las mujeres de negro, dirigido por Rober Astorgano.

La película no es solo una reconstrucción histórica: es, ante todo, un ejercicio íntimo de memoria. Su origen no está en archivos ni en libros, sino en una fotografía familiar. “El proyecto surgió con una fotografía que tenía mi abuela”, explica el director. “Me la enseñaba y se echaba a llorar, pero nunca me había contado nada. Yo no sabía nada de la historia familiar”.

Esa imagen —la única que su abuela conservaba de su padre, asesinado cuando ella tenía apenas catorce años— fue el punto de partida de una investigación que acabaría convirtiéndose en un proyecto audiovisual, un libro y una exposición.

La Barranca: un lugar de memoria

Entre septiembre y diciembre de 1936, más de cuatrocientas personas fueron asesinadas en La Barranca, en el término de Lardero. Sus cuerpos fueron enterrados en fosas comunes, muchas veces sin identificación.

En ese mismo lugar comenzaron a reunirse, desde entonces, mujeres vestidas de negro. Eran viudas, madres, hijas, hermanas. Su presencia, repetida año tras año, constituyó una forma silenciosa de resistencia frente a la represión franquista.

“Aquí nunca hubo un frente de guerra”, subraya Astorgano en su testimonio. “Se mataron a muchas personas… eso no es una guerra, es un genocidio”.

Durante décadas, estas mujeres custodiaron el terreno, evitaron su desaparición y mantuvieron viva la memoria de los asesinados. Gracias a su perseverancia, en 1979 el lugar fue reconocido como cementerio civil y hoy es el Memorial de La Barranca, uno de los espacios de memoria más importantes del país.

El silencio heredado

Uno de los elementos centrales del documental es el silencio. No solo el impuesto por la dictadura, sino el que se prolongó en muchas familias durante generaciones.

“Era una de esas historias silenciadas… pero no solo en casa. Ni en el colegio, ni en el instituto, ni en la universidad me habían contado nada de lo que pasó”, afirma el director.

Ese silencio no es casual. Forma parte de una herencia traumática compartida por miles de familias en España, donde la memoria de la represión quedó relegada al ámbito privado durante décadas. El proyecto de Astorgano busca precisamente romper ese silencio desde lo personal.

“Yo quería contarlo por la rabia que me daba que nunca me lo hubieran dicho”, reconoce.

Mujeres invisibilizadas

El documental pone el foco en un aspecto históricamente relegado: el papel de las mujeres en la posguerra. No como protagonistas visibles del conflicto armado, sino como sostenedoras de la vida cotidiana en condiciones extremas.

“El papel de las mujeres ha sido invisibilizado, y más aún el de las viudas, madres e hijas de los perdedores”, explica Astorgano. “Se ha hablado más de los hombres asesinados, pero no de lo que hicieron ellas durante más de cuarenta años”.

Estas mujeres no solo soportaron la pérdida de sus familiares, sino también la represión, la estigmatización y las humillaciones públicas. Muchas fueron señaladas, rapadas o marginadas socialmente. A pesar de ello, mantuvieron una presencia constante en lugares como La Barranca, reivindicando memoria y dignidad.

Su lucha, lejos de ser anecdótica, fue clave para la posterior recuperación de la memoria histórica en España. De hecho, el propio dossier del proyecto las define como “pioneras en la recuperación de la memoria histórica”.

Un proyecto íntimo y colectivo

Aunque parte de una historia familiar —la de su bisabuela Joaquina, una de estas mujeres—, el documental amplía su mirada hacia una memoria colectiva.

“El objetivo ha sido mostrar un retrato íntimo que permita empatizar con las historias”, señala el director.

La película recoge 35 testimonios de descendientes, además de material de archivo, fotografías y recreaciones. La estructura narrativa combina lo personal y lo histórico, construyendo un relato coral que pone rostro a las víctimas.

“Quiero personalizar las historias, verles las caras, conocer a las familias… que el espectador pueda sentirlas como propias”, explica Astorgano.

El poder del audiovisual

Uno de los elementos más destacados del proyecto es su apuesta por el lenguaje audiovisual como herramienta de memoria.

“El cine es fundamental porque recoge testimonios en primera persona que quedan para siempre”, afirma el director. “De las 35 personas entrevistadas, cinco ya han fallecido desde el rodaje”.

Esta dimensión adquiere especial relevancia en el contexto actual, donde los últimos testigos directos de la Guerra Civil están desapareciendo. La grabación de sus testimonios no solo preserva su memoria, sino que la hace accesible a nuevas generaciones.

Además, el director destaca el impacto del documental en entornos educativos: “Cuando los jóvenes escuchan a alguien hablar de su padre o de su madre en primera persona, les emociona. Y eso es lo que buscaba”.

Memoria para el presente

Más allá del relato histórico, Las mujeres de negro plantea preguntas de fondo sobre la memoria, el legado y la responsabilidad colectiva.

“Es una forma de mirar hacia atrás para que no se borre lo que tantas veces se ha querido silenciar”, señala Astorgano.

El proyecto no solo pretende recuperar el pasado, sino también contribuir a la construcción de una memoria democrática que evite la repetición de la violencia. En este sentido, la historia de estas mujeres trasciende el ámbito local y se convierte en un símbolo universal de resistencia.

Como recoge el dossier, no se trata solo de una historia riojana, sino de “un relato universal sobre el dolor, la resistencia y la búsqueda de justicia”.

Un legado que perdura

Hoy, el Memorial de La Barranca es un espacio de recuerdo, pero también el resultado tangible de la lucha de aquellas mujeres. Sin recursos, sin reconocimiento y en un contexto de represión, lograron preservar un lugar que el tiempo y el olvido amenazaban con borrar.

Su legado no está solo en el terreno que custodiaron, sino en la memoria que mantuvieron viva. Una memoria que ahora, gracias al trabajo de Astorgano, encuentra nuevas formas de transmisión.

“Es un lugar donde se respira historia”, recuerda el director. “La gente se siente más libre de contar lo que pasó”.

En ese gesto —el de contar, escuchar y recordar— reside la verdadera fuerza de Las mujeres de negro: devolver la voz a quienes durante demasiado tiempo fueron condenadas al silencio.