El chalet valenciano de principios del siglo XX ha pasado por todo tipo de vidas e inquilinos. Ahora, el inmueble se enfrenta a un nuevo capítulo con una extensa rehabilitación de la que apenas se conocen detalles
Imagen de los jardines de Villa Amparo en los años cincuenta. Archivo de la familia Báguena.
Solo unos pocos lo recordarán, pero en 1992 David Lynch realizó una visita exprés a Valencia. La Sala Parpalló de la ciudad iba a exponer las pinturas y dibujos del cineasta por primera vez en Europa y hasta allí acudió el autor de Twin Peaks, en pleno verano, con su uniforme de siempre. Un blazer con camisa blanca abotonada hasta el cuello y pantalones de doble pinza. Lo recordaba hace ya unos años el periodista Rafa Cervera en el diario Valencia Plaza, porque él no solo estuvo allí. Cervera consiguió que Lynch le concediera una entrevista improvisada durante la cena de gala que le organizaron a escasos kilómetros de la ciudad, en el salón de banquetes Villa Amparo de la localidad de Rocafort donde el periodista se encontró al cineasta fumando, tal y como el mundo hoy lo recuerda.

Lo que probablemente Lynch desconocía es que el escenario elegido para la velada, mucho antes de convertirse en finca de bodas, tuvo un papel clave durante la Guerra Civil. “Rocafort era más tranquilo que Valencia ciudad, por eso muchos refugiados de Madrid se desplazaron hasta el municipio. Aquí estaba la embajada de Estados Unidos, la rusa e incluso Francisco Largo Caballero, presidente del Consejo de Ministros de la Segunda República, solía pernoctar por la zona”. Quien lo explica es Tomás Gorria, diseñador editorial, editor de la página web Machado en Rocafort y vecino de esta localidad de l’Horta Nord desde el año 2000. Vive, de hecho, a escasos metros de Villa Amparo. “Al mudarme me sorprendió el silencio, que nadie hablara de lo que ocurrió en la casa”, recuerda: “Todavía se podía sentir la losa de la guerra”.

Un cobijo en el Mediterráneo
Fue en noviembre de 1936, ante el avance de las tropas sublevadas sobre Madrid, cuando Rafael Alberti y León Felipe aconsejaron a Antonio Machado subirse a una caravana de intelectuales con dirección al Levante. Les costó convencerle: el sevillano, ya de edad avanzada, padecía una grave enfermedad pulmonar, aunque al final se hizo a la idea. No le quedaba otra si quería proteger a su familia. Primero pasaron varias semanas en la Casa de la Cultura en el centro de Valencia, para luego trasladarse definitivamente a la finca de Rocafort, el chalet de 350 metros cuadrados con dos plantas y un extenso jardín que levantó una familia dedicada a la industria como residencia de veraneo, aprovechando que años atrás se había inaugurado el tranvía que conectaba la zona con el norte de Valencia capital.

Del autor de Villa Amparo no hay rastro, y eso que Gorria ha investigado en los archivos hasta la saciedad. “Arquitectónicamente hablando, la casa no es que sea muy especial, pero sí habla del estilo neoclásico e historicista con el que se construían las viviendas de las familias burguesas”, apunta. En el interior, los suelos aparecen revestidos con el clásico pavimento de mosaicos Nolla y las paredes, con cerámicas de Manises. Allí Machado, más que poemas, se dedicó a publicar artículos de actualidad sobre la urgente situación del país mientras recibía en casa a figuras como Alberti, María Teresa León, María Zambrano o Max Aub.
“Por lo que nos contó en 2009 Leonor Machado, una de sus sobrinas que también vivió en el inmueble, al poeta le gustaba la villa. Paseaba entre los naranjos y limoneros del jardín, la acequia le recordaba a Sevilla y tenía una torre en lo alto desde donde podía ver el mar”, detalla Gorria, señalando la fecha final de su estancia: “En abril de 1938 recibió un telegrama del gobierno republicano informándole de que Valencia estaba a punto de ser ocupada. Ya empezaban los bombardeos”. De ahí se mudó a Barcelona hasta febrero de 1939, cuando se exilió a Francia. Nunca más volvería a pisar suelo español.

Villa Amparo tampoco remontó. Los dueños la alquilaron en los años ochenta, pasó a ser el salón de banquetes que David Lynch conoció y, después, un restaurante con DJ en el jardín durante las noches de verano que, al echar el cierre, dejó la parcela a la venta. En 2018, la Generalitat Valenciana se animó a comprarla por 1,4 millones de euros, dándole un pequeño lavado de cara. Parecía así que el chalet por fin iba a disfrutar del reconocimiento que merecía aunque, a pesar de que tras la pandemia se organizaran visitas guiadas, actividades culturales y hasta una exposición biográfica del poeta comisariada por el mismo Gorria, la época dorada duró poquísimo. A los meses de las elecciones autonómicas de 2023, las puertas de la casa volvieron a cerrarse.

¿Habrá suerte para Villa Amparo?
Verónica salió de la propiedad hace un año. Con dos personas más okupó el chalet varios días sin saber, presuntamente, el valor histórico de la vivienda. “Se nota descuidada, porque está muy sucia”, declaraba ella ante los medios: “Con una buena limpieza quedaría perfecta”. Y tal vez así quede en un futuro, o al menos es la intención, puesto que en 2026 se ha licitado su rehabilitación integral con un presupuesto base de 1,48 millones de euros. El estudio local de arquitectura Raizde3 será el encargado de la reforma. “Hay un convenio entre la Generalitat y el Ayuntamiento de Rocafort para que la vivienda sea un centro cultural relevante”, concluye Gorria. Pero, por el momento, nadie puede vaticinar qué forma tendrá: todavía no se ha hecho público el proyecto. Tocará esperar algo más de un año, quizá dos, hasta que las obras terminen, para ver si esta pequeña joya vuelve a su esplendor original casi un siglo después.

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