dijous, 23 de juliol del 2026

LAS MADRINAS DE GUERRA DEL BANDO FRANQUISTA

 

LAS MADRINAS DE GUERRA DEL BANDO FRANQUISTA

SERIE «MADRINAS DE GUERRA»

En este número, tal y como comentamos en el anterior sobre las madrinas de guerra republicanas, trataremos la figura de las madrinas de guerra del bando franquista. Surgieron no mucho después del inicio de la contienda, al contrario que aquellas, quienes fueron bastante más tardías.

Las mujeres que permanecieron en la zona ocupada por el ejército sublevado no tuvieron ninguna oportunidad de incorporarse a la lucha directa en los frentes. Tampoco fueron muchas las que desempeñaron empleos u oficios considerados “masculinos”, ya que ello contravenía los preceptos de la ideología nacionalcatólica del nuevo régimen. Algunas mujeres, como la madrina de guerra burgalesa Pilar Santamaría Bonilla, sí fueron trabajadoras asalariadas; en su caso, en el polvorín de las Carderas, situado en el prado del mismo nombre, al que se accedía por el Camino de la Plata, en las proximidades del entonces pueblo de Gamonal, en Burgos.

Pero, en términos generales, ¿cómo contribuyeron entonces las mujeres a la causa? Lo hicieron, en su mayoría, permaneciendo desde el inicio hasta el final de la guerra en la retaguardia, donde desempeñaron labores consideradas típicamente femeninas. Así, aquellas que quisieron colaborar lo hicieron confeccionando uniformes, en talleres de lavandería, sirviendo en los comedores infantiles de Auxilio Social y otras actividades caritativas y sociales, ejerciendo de enfermeras, distribuyendo alimentos, mediante visitas a cárceles, con oraciones y penitencias, etc. En resumen, labores auxiliares de servicio y cuidado, coherentes con el papel tradicional de madre y esposa ejemplar.

Imagen de portada de la obra «Madrina de guerra. Cartas desde el frente», de Manuel de Ramón Carrión y Carmen Ortiz Sánchez

Salvo excepciones, las mujeres siguieron reproduciendo en la retaguardia las mismas tareas domésticas, perpetuando así su papel subordinado. La retaguardia se configuraba como la esfera privada del conflicto, mientras que la esfera pública, el frente, quedaba reservada exclusivamente a los hombres.

En línea con este rol secundario, surgió la actividad de las madrinas de guerra. En esta ocasión, para animar y levantar la moral de los militares del bando sublevado cuyas familias habían quedado en la zona republicana y se sentían especialmente solos. Al igual que sucedía con las madrinas republicanas, también se escribían cartas con un ahijado o con muchos al mismo tiempo. Y, si su capacidad económica lo permitía, les hacían llegar regalos. Por ejemplo, medallas religiosas, escapularios con el famoso lema “Detente bala”, periódicos, embutidos, tabaco, jerséis, calcetines de lana, mantas, etc.

Su misión era respaldar a los hombres que daban su vida por la patria. Ser madrina constituía una obligación moral, al tiempo que significaba una muestra de orgullo por la causa. Fueron apoyadas e impulsadas por el gobierno de Burgos como referente patriótico femenino en la lucha por alcanzar el Nuevo Estado.

La figura de la madrina en el bando franquista estuvo mucho más extendida que en el bando contrario, existiendo una cantidad mayor de cartas y manteniéndose durante más tiempo. Esta labor fue utilizada por el régimen como un recurso propagandístico, llegando a institucionarla de forma semioficial fomentada directamente desde la Sección Femenina de Falange.

Los canales para solicitar madrinas de guerra usados por los militares incluían la publicación de notas en la prensa, en la revista La Ametralladora, comunicaciones a través de las hojas de campaña o de intermediarios y familiares de otros soldados. La prensa y La Ametralladora destacan sobre el resto. La forma de contacto entre madrinas y militares republicanos fue ligeramente diferente. También se hizo uso de la prensa, pero las redes de información jugaron un papel crucial en este caso.

A continuación, podemos ver una orden publicada en el Diario de Burgos del 17 de diciembre de 1936, donde Millán Astray daba instrucciones sobre cómo solicitar y qué datos dar para encontrar madrinas sin ofrecer excesiva información que pudiera caer en manos enemigas.

En las misivas que se intercambiaban, una buena parte de madrinas y de militares se ocultaba bajo pseudónimos. Estos alias eran de lo más curiosos y heterogéneos. Entre los soldados encontramos “el cosaco del jamón”, “Tarzán de las vacas”, “Tarzán de las mujeres”, “Manso “el Furioso” o “Antonio Casitonto del tó”. Entre las madrinas había apodos como “Esperanza Corazón Blando”, “Sonsoles Quita Penas”, “La panoli num. 1” o “La panoli num. 2”.

Dentro del esfuerzo de las autoridades franquistas por promocionar la tarea de la madrina de guerra encontramos un dato de lo más singular. En su intenso empeño llegaron a buscar madrinas incluso en Japón. Pero ¿qué relación podría haber entre España y Japón durante la guerra civil española? A raíz del comienzo de la guerra chino-japonesa en julio de 1937, el gobierno de Burgos usó la actitud de Japón como ejemplo de lucha contra el comunismo con fines propagandísticos. Al afianzarse las relaciones entre ambos regímenes anticomunistas, algunos oficiales españoles del ejército de la Marina solicitaron madrinas de guerra japonesas. Estas peticiones fueron publicadas especialmente en el diario Asahi Shimbun. ¿Y en qué idioma se comunicaban? A continuación, podemos ver una nota de prensa del periódico El Castellano del 19 de mayo de 1938 donde se hace referencia a esta cuestión.

Dado el carácter transfronterizo de la correspondencia, la costumbre epistolar se extendió para apoyar a combatientes de la División Azul durante la Segunda Guerra Mundial.

Los soldados deseaban encontrar a una compañera cuando buscaban madrina. A pesar del miedo que sentían en combate, el aburrimiento de los frentes estabilizados generaba largos periodos de inactividad que los empujaban a anticipar, una y otra vez, los peligros del futuro.

En las cartas se hablaba del miedo y de la actitud ante la muerte, de la propia visión de la guerra, del anhelo de que llegara la paz, de la necesidad de divertirse, de la imagen del enemigo, de las quejas por el mal funcionamiento del correo militar o de los deseos de los soldados. Pero de esto nos ocuparemos en los próximos números de esta serie “Madrinas de guerra”.

¿Conoces a alguna mujer que fuese madrina de guerra del bando franquista? ¿Has leído o atesoras alguna de sus cartas?

¿Tienes constancia de alguna madrina de guerra en Las Merindades? ¿Y de algún combatiente relacionado con la comarca que se carteara con alguna de ellas? 

Te leemos.

Escríbenos a merinmemo@gmail.com

                                                                                  Por Susana Callizo Fernández

Fuentes:

  • De Ramón Carrión, M. (2016). Las madrinas de guerra en la Guerra Civil. Bulletin Hispanique. Université Michel de Montaigne Bordeaux. 118(1), 157-174. DOI: 10.4000/bulletinhispanique.4284.
  • Diario de Burgos.
  • Diario El Castellano.
  • Ortiz, C. y De Ramón Carrión, M. (2003). Madrina de guerra: cartas desde el frente. Madrid: La Esfera de los Libros.
  • Santamaría Bonilla, P. (1981). ¡Cuando los cañones duermen! Recuerdos nostálgicos de una madrina de guerra . Burgos: Artes Gráficas Santiago Rodríguez.