dimecres, 1 de gener del 2014

Concha Carretero «Me dijeron: '¿Ves los agujeros del cementerio? Son de tus camaradas, ahora tú tendrás el tuyo'»


http://www.elmundo.es/especiales/espana/guerra-civil/relatos/02_concha_carretero.html


18 de julio, 18 relatos

Concha Carretero

«Me dijeron: '¿Ves los agujeros del cementerio? Son de tus camaradas, ahora tú tendrás el tuyo'»

por Raquel Quílez
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De arriba a abajo: la familia que formó Concha después de la guerra —tuvo seis hijos—; retrato en su casa de San Blas; su aspecto de joven, cuando combatía el franquismo, y leyendo uno de los libros de política que guarda en su casa. | Fotos: Archivo personal y Roberto Cárdenas
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Foto: Roberto Cárdenas
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'Madame Cibeles' la llamaban. Un apodo que se ganó en los corredores de la cárcel de Ventas en unos años en que las presas políticas le curaban las heridas de la represión mientras ella les arrancaba la tristeza a base de gracia de Chamberí. Una tradición familiar de izquierdas y una cruel guerra le habían llevado hasta allí. Ahora acaba de cumplir 93 años y vive en San Blas, barrio obrero desde el que repasa sin un solo lamento sus años de lucha y penurias. «Hice lo que tenía que hacer», sentencia, con su deje de chulería castiza.
Ironías de la vida, 'Madame Cibeles' nació en Barcelona en 1918; allí porque su padre, anarquista, fue acusado de intentar asesinar a Alfonso XIII y tuvo que huir de la capital. Concha llevaba los genes proletarios en el cuerpo: no pudo ir al colegio porque tenía que trabajar y ya militaba en las juventudes comunistas cuando se produjo el golpe de Estado. Lo primero que hizo fue presentarse en su sede del partido para recibir instrucciones. Le encargaron organizar talleres para los milicianos y guarderías, en las que llegó a atender a más de 1.000 niños de la guerra.
Su padre murió esos días y su hermano mayor subió al frente, así que ella, su madre y su hermano de 10 años tuvieron que enfrentarse solos a la vida en una ciudad sitiada. Les hacía falta dinero y Concha pidió al partido trabajo remunerado. Se lo dieron en una fábrica, como tornera. «En Madrid había esos días un ambiente de lucha muy bonito. Como estábamos en zona repúblicana, las de izquierdas éramos las reinas de los mares», bromea. A medida que el bando nacional avanzaba, la euforia se iba apagando. «Teníamos que resistir para que no entraran. Dolores —Ibárruri— nos decía todo el tiempo que resistir era vencer y que más valía morir de pie que vivir de rodillas. Cuánta razón tenía». 'Madame Cibeles' hace esta afirmación en el salón de su casa, rodeada de emblemas en los que organizaciones comunistas le agradecen su coraje.
Y entonces llegaron las detenciones. «La noche del 4 de marzo del 39 fue la última que estuvo mi familia unida», recuerda Concha. Ese mismo día se llevaron preso a su hermano, comisario del PCE, y ella 'cayó' días después, el 28 de marzo, justo cuando el coronel Casado entregó Madrid y Concha se precipitó a la sede del partido para destruir los documentos que pudiesen comprometerles. La llevaron a Ventas. «Entonces la cárcel era muy bonita, mejor que mi casa. La había diseñado Victoria Kent y en cada celda había dos camitas, muebles de colores, baños...». Nada que ver con el horror que viviría después entre esos muros. La dejaron en libertad la noche antes de que Franco entrase en Madrid, pero era sólo el primer paso del drama que la esperaba.
En esos días, echaron a su familia de la portería que ocupaba en el barrio de Chamberí, un desahucio por rojos que salvó la vida de Concha, ya que cuando la policía fue a buscarla, no la encontró. Lejos de amedrentarse, se puso a trabajar en su nuevo barrio, Ventas, donde organizó actividades para recaudar fondos para los presos. Entre ellos, su hermano, al que se llevaron a un campo de concentración en Villaviciosa que tardó mucho tiempo en localizar.
Un día, la sombra de las delaciones cayó sobre ella. «Teníamos reunión del partido y yo llegué 10 minutos antes con un compañero. De pronto, me dijo, '¿Te imaginas que hoy nos detienen?'». Y así fue. Él mismo había delatado al grupo. Entonces empezaron las torturas. «Me pegaron mucho y cuando no lo hacían, me mandaban a fregar la sangre de mis compañeros, que era todavía peor». La detención terminó muy mal: a los chicos los fusilaron y a las chicas las mandaron a Ventas la misma noche que hicieron el paseíllo a 'Las 13 rosas', alguna de ellas compañera de Concha en el partido. «Cuando me enteré, se me hundió el mundo». 'Madame Cibeles' tenía 18 años.
En 1940 la dejaron de nuevo en libertad. «Creía que les había convencido de que sólo iba al círculo socialista a bailar con los chicos. Les dije que la política no me importaba, que ni siquiera sabía leer», pero cuando estaba fuera, volvieron a delatarla. Ella se escondió, pero amenazaron a su familia y el 17 de enero de 1941, se entregó en comisaría. «Me dieron dos bofetadas que me tiraron al suelo», cuenta. Y de nuevo las torturas. «Me desnudaron y me pegaron una paliza tremenda. Como yo seguía sin hablar, me llevaron a las tapias del cementerio de la Almudena y me enseñaron los agujeros en las paredes. '¿Los ves? Son de tus camaradas y ahora habrá también uno tuyo', me dijeron». Concha no sabe lo que ocurrió después. Cuando se despertó estaba de nuevo en la galería de penadas de Ventas, adonde llegó inconsciente. A la mañana siguiente la trasladaron a una celda de castigo, en la que pasó cuatro meses sin ver a nadie. Casi sin agua ni comida. «Tenía que cantar para que mis compañeras supieran que seguía viva».
Cuando la devolvieron a las galerías, el resto de presas se aseguró de que se recuperase. «Había una solidaridad enorme. Me daban todo lo mejor porque mi madre era muy pobre y no podía enviarme nada», dice Concha. Pero no podía ni imaginarse la situación en que estaba: cuando salió de prisión se la encontró enferma, viviendo en los soportales de Ventas, donde pedía limosna —la habían echado de la casa porque la policía iba todos los días a sacar información de Concha—. «Mis hermanos estaban presos [estuvieron en Burgos 15 y 18 años], así que me puse a buscar trabajo para mantenernos».
Uno de esos días, Carmen se reencontró con el que había sido su novio durante la guerra. Él también acababa de salir de prisión. Retomaron la relación y se quedó embarazada. Pero ni siquiera con eso la vida le dio una tregua. Cuando estaba de seis meses, lo detuvieron. Y hasta hoy: «No volví a saber de él». Concha llamó a su hija Diana porque tras su sonido fusilaban a los presos.
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    Fallece Concha Carretero, compañera de celda de las Trece Rosas

    Hoy se nos fue para siempre otra mujer luchadora incansable Concha Carretero, veterana militante de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), a la que pertenecían algunas de las jóvenes fusiladas conocidas como las Trece Rosas, de las que fue compañera de celda Que la tierra te sea leve ......(mala noticia para comenzar el año)







    Fallece Concha Carretero, compañera de celda de las Trece Rosas

    El pasado 5 de agosto reclamó la unidad de la izquierda "frente a las políticas de la derecha" en el acto de homenaje a las jóvenes fusiladas en 1939
    Fallece Concha Carretero, compañera de celda de las Trece Rosas
    Fallece Concha Carretero, compañera de celda de las Trece Rosas
    Concha Carretero, veterana militante de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), a la que pertenecían algunas de las jóvenes fusiladas conocidas como las Trece Rosas, de las que fue compañera de celda, ha fallecido hoy, ha informado en su cuenta de twitter Izquierda Unida de la Comunidad de Madrid.
    La formación de izquierdas ha informado también de que la "despedida oficial" de Concha Carretero tendrá lugar mañana a las 12.00 horas en la sala 1 del tanatorio de la M30.
    Carretero, nacida en Barcelona en 1918 y residente en Madrid desde los dos años, intervino el pasado 5 de agosto en el último homenaje a las trece mujeres fusiladas el 5 de agosto de 1939, conocidas como las Trece Rosas.
    Estas mujeres se convirtieron en un símbolo de la represión tras la Guerra Civil después de ser ejecutadas, junto a otros 43 hombres, cerca de la tapia del cementerio de La Almudena acusadas por los militares del bando franquista de "adhesión a la rebelión".
    En ese acto, en el que también participó el coordinador de Izquierda Unida en la Comunidad de Madrid, Eddy Sánchez, Carretero intervino desde su silla de ruedas para hacer un llamamiento a la unidad de la izquierda "frente a las políticas de la derecha" y pedir "justicia igual para todos".
    El año anterior, Carretero protagonizó el momento más emotivo del homenaje al proclamar que los jóvenes de ahora están como los de las posguerra, "sin derechos, sin empleo, sin futuro, al capricho del patrón".
    "Todos a la calle, a defender nuestros derechos y nuestra libertad", gritó Carretero, antes de cantado junto a los presentes en el acto el himno "Joven Guardia" de las Juventudes Comunistas.



    23 Ene 2012

    Las olvidadas del franquismo

    Escrito por: Eduardo Montagut Contreras el 23 Ene 2012 - URL Permanente
    Fui juzgada y sentenciada a pena de muerte con mi hija en brazos, cuatro días antes de que ella cumpliera 1 año de vida. Cuando salí de la cárcel, en 1942, sólo tenía dos ideas en la cabeza: sacar a mi madre de la calle y reivindicar el nombre de todos los caídos, los presos políticos". Así resume Concha Carretero (Barcelona, 1918) una parte de su paso por la cárcel de Ventas, en Madrid, donde ingresó por ser miembro de las Juventudes Socialistas Unificadas un día antes del fusilamiento de las Trece Rosas, el 4 de agosto de 1939.
    Anteayer, Concha vio uno de sus deseos cumplidos. Con su pelo canoso perfectamente atusado, acompañada del bastón que la ayuda a caminar y con una sonrisa que no se borra de su cara, acudió a lapresentación, en el Ateneo de Madrid, de Cárceles de mujeres. Las prisiones franquistas para mujeres (y para sus hijos) en la guerra y la posguerra. En la publicación, un monográfico de la revista Stvdia Histórica. Historia Contemporánea16 expertos rinden homenaje a todas las mujeres que, como ella, fueronrepresaliadas por el régimen del dictador.
    "Es curioso, la cárcel de Ventas la había hecho Victoria Kent para los franquistas y quienes la estrenamos fuimos nosotras", ironizó Carretero. "Tenía capacidad para 500 personas, pero allí estuvimos miles de camaradas", recordó. Todo ello hizo que el hacinamiento, el hambre y las palizas fueran las condiciones habituales de las prisiones de la época.
    ¿Por qué un monográfico sobre presas? "Todo lo que sucedía en las cárceles de hombres se daba también en las de mujeres, pero no todo lo que sucedía en las prisiones de mujeres se daba en las de hombres", justifica el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Barcelona Ricard Vinyes.

    Torturas específicas

    "Las mujeres sufrieron torturas específicas derivadas de su condición de mujer: violaciones, chantaje emocional, descalificaciones morales, y también fueron acusadas de responsabilidad subsidiaria, por los delitos que no impidieron que sus hijos, hermanos o esposos cometieran", argumentó por su parte Ángeles Egido, catedrática de Historia Contemporánea de la UNED.
    Benito Zambrano, director de La voz dormida película que también recoge el drama carcelario de las mujeres en la posguerra, señaló, además, el desconocimiento de la sociedad sobre este tema. "Es una parte olvidada de la historia", aseguró. "Hacer la película fue como abrir la puerta de esa casa donde todo el mundo te dice que ahí no se entra", describió.
    Hay tres características fundamentales, según Vinyes, que diferencian los "paisajes carcelarios" de hombres y mujeres: la presencia de niños en las prisiones, una menor solidaridad del exterior con ellas y la ausencia de un trabajo regulado por el sistema penitenciario. "Ellas transgredían constantemente normativas y reglamentos con trabajos y redes clandestinas de comercialización con el exterior", especificó el catedrático.
    La propia Concha, en su propósito de ayudar a su madre para que no tuviera que pedir limosna, tejía paños de ganchillo en la prisión para que ella pudiera venderlos fuera. "Mi madre no era comunista, lo éramos mi hermano y yo", explicó Carretero. "Un día la Policía la interrogó y ella les dijo: si ser comunista significa ver lo que veo en mis hijos, compartir cada pieza de ropa y cada plato de comida, entonces, lo soy", rememoró.
    Tanto ella como su familia sufrieron las consecuencias de haber peleado contra la represión. "Vivimos en chabolas, en la calle, pero si volviera a nacer, volvería a luchar por un mundo mejor", sentenció la expresa. De nada sirvió que en la cárcel la desnudaran, la golpearan y la regaran con jarros de agua fría en pleno invierno. Ni siquiera que la asustaran con un simulacro de fusilamiento.
    ¿Lo peor? "Hubiera preferido que me siguieran dando palos antes de ver a una compañera salir para no volver", lamenta Carretero en el documental de Jorge Montes Salguero Del olvido a la memoria. Presas de Franco, emitido por La Sexta en 2007 y que fue proyectado de nuevo el sábado pasado, en el Ateneo. Aun así, Concha, a sus 93 años, no guarda rencor: "En la cárcel hubo mucho dolor, pero ya pasó todo".

    Más allá de la política

    "Ellas son el testimonio vivo de la lucha por las libertades y su papel fue mucho más allá de la política", destacó Ángeles Egido. "Colaboraron con la guerrilla, fueron un apoyo sustancial para los hombres encarcelados, a los que siguieron de pueblo en pueblo protagonizando el llamado turismo carcelario, y fueron capaces de construir redes de resistencia antifranquista desde dentro y fuera de la prisión: las que salían nunca se olvidaban de las que se quedaban dentro", detalló.
    "Además, ellas son el pilar de los logros femeninos que hoy nos hemos encontrado casi hechos del todo", concluyó la catedrática. Concha, sin embargo, aún cree que queda mucho por hacer. Y sólo le pide una cosa a la juventud: "Que luchen, porque aún falta mucho para conseguir lo que nosotras queríamos: la libertad".
    (Paula Díaz)
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    SILENCIS (subtitulado en castellano)

    Original catalán subtitulado en castellano.

    La memoria histórica vuelve a los tribunales españoles

    http://politica.elpais.com/politica/2013/12/30/actualidad/1388437601_806015.html


    Un juez de la Audiencia y un fiscal del Constitucional instan a debatir la ley de amnistía

    El Alto Tribunal, afirman, debe pronunciarse tras los informes de la ONU y la causa argentina

    Exhumación de una fosa común en el cementerio de Santo Toribio de Teba (Málaga) en mayo de 2012. / GARCÍA-SANTOS
    La memoria histórica vuelve a los tribunales españoles por una doble vía. Un magistrado de la sala de lo penal de la Audiencia Nacional, José Ricardo de Prada, y el fiscal ante el Tribunal Constitucional Manuel Miranda han presentado sendos escritos que plantean la necesidad de que el Tribunal Constitucional se pronuncie sobre el principal argumento esgrimido hasta ahora para desestimar las denuncias presentadas por los familiares de desaparecidos durante la Guerra Civil y la dictadura: la ley de amnistía de 1977. Tanto el magistrado como el fiscal se remiten a los últimos informes en los que Naciones Unidas exhortaba a España a asegurar que esas desapariciones fueran investigadas y a dejar sin efecto dicha ley. El juez también hace referencia a la causa por los crímenes del franquismo abierta en Argentina.
    Así, el pleno de la sala de lo penal de la Audiencia Nacional tiene previsto debatir el próximo 10 de enero la propuesta del magistrado José Ricardo de Prada para retomar la cuestión sobre la competencia de la investigación de los crímenes del franquismo, tal y como reclamaban la asociación Amesde, la nieta del último jefe de Gobierno de la República, Carmen Negrín, y la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH).
    De Prada explica que se han producido nuevas circunstancias que justifican que el juzgado de instrucción número 5 —desde el que el juezBaltasar Garzón inició en 2008 su fallida investigación de los crímenes del franquismo— mantenga la competencia para investigar esos hechos y que en cualquier caso, es “imprescindible” que el Constitucional debata la aplicabilidad de la ley de amnistía. Entre esas nuevas circunstancias cita la ratificación por España del Convenio Internacional para la protección de las personas contra las desapariciones forzadas — que obliga al Estado a investigarlas— y la reprimenda de la ONU que echa por tierra los argumentos esgrimidos por los tribunales españoles para no hacerlo.
    “El Tribunal Supremo”, recordaba la ONU, “estableció que no procede la investigación penal por casos de desapariciones forzadas dado que los casos estarían prescritos, los presuntos responsables muertos, y de todas formas sería aplicable a ellos la ley de amnistía de 1977”. A criterio del grupo de trabajo de Naciones Unidas contra las desapariciones forzadas, “esta combinación de factores es contraria a los principios que emergen de las obligaciones internacionales de España”.
    Recuerda De Prada que, en primer lugar, no es “totalmente descartable” que algunos de los responsables vivan, como prueba que una juez haya imputado y solicitado la extradición desde Buenos Aires de dos excargos franquistas, Billy el niño y el capitán Muñecas. Aunque las imputaciones no se refieran a casos de desapariciones forzadas, sino de torturas, “determinados temas jurídicos que se plantean en esos procedimientos de extradición serían comunes” a los que plantean las asociaciones de memoria “y requerirían un tratamiento y solución uniforme”.
    “El necesario cumplimiento de las obligaciones vigentes derivadas del derecho internacional”, como recordaba la ONU, bastaría, según De Prada, para “considerar directamente inaplicable la ley de amnistía”. Pero el Supremo se ha decantado por su vigencia, por lo que el magistrado propone que sea el Constitucional quien lo debata. Más allá de “consideraciones políticas”, afirma, “desde el punto de vista jurídico-constitucional aparece como discutible que quepa reconocerse a las autoridades que lo hicieron el derecho a disponer de bienes jurídicos de la relevancia de los afectados por la ley de amnistía en relación con los crímenes de lesa humanidad”.
    El magistrado asegura que se da la “situación propicia" para que el Constitucional “dialogue” con otras cortes internacionales sobre derechos humanos. “Es una ocasión única”, concluye, “para propiciar un debate sobre la ley de amnistía”, y si viola, entre otros, el artículo 24.1 de la Constitución sobre el derecho a la tutela judicial efectiva y la obligación del Estado de investigar “de modo suficiente”.
    En la misma línea, el fiscal Manuel Miranda ha presentado un recurso de súplica ante el Constitucional contra la inadmisión de la demanda de amparo de Purificación Lapeña, representada por Eduardo Ranz, por la desaparición durante la Guerra Civil de su abuelo y tío abuelo, enterrados sin consentimiento familiar en el Valle de los Caídos. El fiscal recuerda también las “obligaciones internacionales” asumidas por España y propone al Constitucional que dé “cumplida respuesta a las legítimas demandas de investigación” de los familiares de los desaparecidos y también a las inquietudes de la ONU.
    Para Miranda es “evidente” que esta demanda trasciende el caso concreto, ya que en los últimos años se han planteado en los juzgados españoles denuncias similares que reciben “respuestas jurídicas dispares, con argumentaciones no pocas veces contradictorias”. Las cuestiones planteadas por las víctimas, como el deber estatal de investigación eficaz, la imprescriptibilidad de las desapariciones forzadas y la eventual nulidad de la ley de amnistía, concluye, tienen “una especial trascendencia constitucional”.