dimarts, 28 de juliol del 2026

Desenterrando la memoria: El censo de desaparecidos de la Guerra Civil y el franquismo cuenta con más de mil nombres en las comaras leridanas

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La Generalitat tiene actualmente documentadas 447 fosas en Lleida. redactores de diario segreFacebook

Uno de los soldados republicanos exhumados en Bovera en 2023. - SEGRE

Uno de los soldados republicanos exhumados en Bovera en 2023. - SEGRE

LAURA GARCÍA · EDUARDO BAYONA · SERGI CAUFAPÉ/REDACCIÓ

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En España siempre se está a menos de 50 kilómetros de una fosa común. La Generalitat tiene documentados 447 enterramientos clandestinos en las comarcas leridanas y en su censo ya registra un millar de desaparecidos durante la contienda y la dictadura en la provincia.

Se llamaba Eduardo y tenía 30 años cuando murió en algún pueblo de Lleida en enero de 1939. Dejó esposa y dos hijos de muy corta edad. Su familia todavía desconoce el lugar en el que reposan sus restos y su nombre es solo uno de los miles que continúan a la espera de ser hallados.Actualmente hay inscritas más de 8.000 personas en el Censo de Personas Desaprecidas durante la Guerra Civil y la dictadura franquista de la Direcció General de Memòria Democràtica, del departamento de Justicia y Calidad Democrática. De estas, cerca de 800 son personas nacidas o residentes en las comarcas leridanas, una cifra que asciende al millar si se suma a los que fueron vistos por última vez en Ponent y Pirineo procedentes de otros puntos de la geografía catalana y española. ¿Quiénes eran estas personas? “La gran mayoría son hombres, jóvenes y en un 70% soldados que fueron movilizados a la fuerza a lo largo de 1938 y que murieron en combate en la línea de frente del Segre-Pallars, entre abril del 38 y enero del 39”, explica Juli Cuéllar, ténico e historiador de la Direcció General de Memòria Democràtica. Después del frente del Ebre, el de Lleida es el segundo escenario bélico con más desaparecidos registrados en Catalunya y ocupa el tercer lugar el frente de Aragón.

Son los familiares quienes solicitan el registro en el censo. Una vez aportan la información de la que disponen, en muchos casos ínfima, se activan dos procesos que van en paralelo. “Primero iniciamos una búsqueda de documentación histórica en los archivos municipales, militares como el de Ávila, y el Centro Documental de Memoria Histórica, que es el archivo de Salamanca”, asegura Cuéllar. “En los últimos años, las bases de datos han evolucionado bastante y tenemos mucha información disponible en internet. Una búsqueda de este tipo se puede alargar y en muchos casos, el resultado es negativo, pero nos permite estirar del hilo. Disponer del número de la unidad militar nos permite hacer una hipótesis del lugar de desaparición”, añade. El segundo paso es ofrecer a los familiares participar en el programa de identificación genética. “Se les envía un kit a su casa para extraer una muestra de saliva y poder contar con un perfil genético, que se cruzará con los restos óseos hallados en las fosas”, cuenta Cuéllar.

El mapa de fosas de la Generalitat, que se puede consultar en el Banc de la Memòria Democràtica, tiene registradas más de mil fosas en toda Catalunya. El 43,6%, un total de 447, se localizan en las comarcas de Lleida y el Alt Pirineu. Es una herramienta en “constante evolución” y que se alimenta de los trabajos de documentación histórica de ámbito local y comarcal, y que está interrelacionada con otras bases de datos como el Coste Humano de la Guerra Civil en Catalunya, con más de 60.000 registros introducidos, o la Xarxa d’Espais de Memòria Democràtica de Catalunya.

El Pla de Fosses desplegado a partir de 2017 asigna un presupuesto y unos medios estables para hacer intervenciones en fosas con el fin de recuperar e identificar los restos de las víctimas. Entre 1999 y 2026, en las comarcas de Lleida y del Pirineo se han registrado 63 actuaciones en fosas, cuarenta de ellas con resultado positivo. Se han podido recuperar restos de 284 individuos en estas fosas, la más grande de ellas hasta la fecha fue localizada en el cementerio viejo de El Soleràs, con los restos de 146 personas. Los primeros entierros corresponden a soldados republicanos muertos entre julio y diciembre de 1938 en el frente del Segre y la Batalla de l’Ebre, tras ser atendidos en los hospitales de El Soleràs. También fueron inhumados en esta fosa cuatro civiles muertos en el bombardeo de la aviación italiana en la Navidad de 1938. Con la ocupación franquista, a finales de diciembre, se aprovechó el espacio para enterrar a las bajas del bando sublevado en la batalla de Les Garrigues. El programa de identificación genética ha permitido identificar a 11 personas de esta fosa. En el Pirineo, una de las primeras fosas exhumadas fue la de Figuerola d’Orcau, en 2017, con los restos de 17 soldados franquistas.

El trabajo de los historiadores locales es una de las claves para la localización de estos enterramientos. Pero aún lo es más los testimonios orales, aquellos vecinos y vecinas que presenciaron las muertes o las sepulturas, en un recuerdo que en algunos casos y, a pesar del silencio imperante durante el franquismo, se ha transmitido entre generaciones. Gracias a un vecino que escuchó explicar que en el comedor de casa había un hospital que atendía a heridos del frente del Pallars, en 2019 se pudo intervenir una fosa en Canturri, en el Alt Urgell. Aquí se exhumaron los restos de 12 soldados republicanos heridos y evacuados a esta zona donde el ejército de la República tenía un equipo quirúrgico instalado en Cal Gravador.

El mapa de fosas permite “hacer una fotografía de la evolución de la guerra”, resalta Cuéllar. También del alcance que tuvo en la retaguardia. La fosa de Sorpe, en el paraje de Prat del Fuster, en el Pallars Sobirà, contiene los restos de 10 vecinos de Isavarre, Borén y Àrrreu fusilados por el ejército franquista entre el 17 y el 18 de abril de 1938. Los técnicos consiguieron hallar en 2020 los restos de ocho personas. Otro ejemplo de la brutal represión franquista del general Antonio Sagardía, conocido como “el carnicero del Pallars”, es la fosa del Hostal d’Aidí, en Llavorsi. Es la última intervención que se ha hecho en fosas en las comarcas leridanas, sin éxito, como también ocurrió en los trabajos arqueológicos de la fosa del Prat del Rector, en La Guingueta d’Àneu.

Desde Memòria Democràtica matizan que no todas las fosas documentadas en el mapa son practicables. Algunas han desaparecido, se desconoce su ubicación exacta o las condiciones actuales no permiten la excavación. En el caso del Hostal d’Aidí se llegó a prospectar de forma manual más de un kilómetro de la carretera que actualmente ocupa la zona donde se cree que está la fosa. Aquí se han hecho tres intervenciones, pero no se ha podido localizar. Según Cuéllar, hay fosas no documentadas que surgen a partir de otras excavaciones o se localizan restos al remover el terreno por obras, trabajos agrícolas o un incendio. “Es un trabajo extremadamente riguroso, a nivel histórico, arqueológico, antropológico y genético”, remarca. En una “lucha contra el tiempo” con una información “precaria y sesgada”, se establecen prioridades, como la recogida de restos en superficie y las fosas fuera de cementerios, con más riesgo de desaparecer. “Con el paso del tiempo, los testimonios son cada vez más indirectos y también afecta a la calidad del material genético que podamos obtener”, destaca Cuéllar. Sin poder remediar los años ya transcurridos, los expertos sí que hacen un llamamiento a mejorar lo mejorable, como es el acceso a la información histórica. “Todavía hay bases, como el Archivo Militar de Ávila, que no tienen la información sistematizada. Aún tenemos margen por recorrer y mucho trabajo por hacer. A lo mejor es inabarcable, pero cada historia merece ser tenida en cuenta, con una voluntad clara de dar respuesta”, constata.

Civiles, incluso adolescentes, ejecutados como represalia

En abril de 1938, las tropas franquistas ocuparon buena parte del Pallars. Efectivos de la 62ª División franquista del general Sagardía desplegaron una intensa represión sobre la población civil. Según la documentación histórica, 67 civiles fueron ejecutados sin juicio previo como represalia a acciones guerrilleras republicanas. Los días 23 y 24 de mayo de 1938 fueron ejecutadas nueve personas detenidas en sus casas, trasladadas, torturadas y finalmente asesinadas en el entorno del Hostal d’Aidí. Había adolescentes, también una mujer embarazada de 7 meses. Fueron ejecutadas una madre y su hija, de 16 años, que se ofreció a ir con ella porque no hablaba bien el castellano. La joven fue violada por los soldados antes de matarla.