diumenge, 4 d’octubre del 2015

La fosa de Paterna de Rivera (Cádiz) desvela cuatro cadáveres de víctimas del franquismo.


http://www.eldiario.es/andalucia/Paterna-Rivera-Cadiz-cadaveres-franquismo_0_437456539.html



La represión tras el golpe de Estado de 1936 dejó varias decenas de ejecutados en la localidad gaditana
El trabajo arqueológico muestra un enterramiento con restos óseos de un grupo de personas –que pudieran llegar hasta a un número de seis– en el cementerio
La consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, a través de la dirección general de Memoria Democrática, promueve actuaciones para localizar y exhumar fosas comunes de la guerra civil
"Nos quedamos como el nido al que le dan con una escoba", dice Luis Vega (87 años), a quien mataron a su madre, su padre y el hermano de éste
Luis Vega, víctima del franquismo, ante la fosa abierta en Paterna de Rivera (Cádiz). / J.M.B.
Luis Vega, víctima del franquismo, ante la fosa abierta en Paterna de Rivera (Cádiz). / J.M.B.
"Mis niños, mis niños".
Como un desgarro, el grito de Catalina Sevillano cae escaleras abajo. Atrás quedan sus hijos, Luis, de siete años de edad, y Francisco, con 23 meses. Un grupo de falangistas acaba de arrancarlos de sus brazos y Catalina, la noche del 19 de julio de 1936, enfila rumbo a una muerte segura. A su asesinato aún impune. Luis, casi ocho décadas después, espera a pie de fosa que uno de los restos cadavéricos del cementerio de Paterna de Rivera (Cádiz) sea el de su madre. O el de su padre, Francisco Vega, también ejecutado.
"Mis niños, mis niños", chillidos en vano que encontraron el escenario perfecto para el olvido en el cielo oscuro y sordo de la matanza fundacional del franquismo. Crímenes todavía sin resolver y víctimas sin justicia, aunque los sucesos en este rincón de la comarca gaditana de La Janda están incluidos, como otros casos, en la denominada  Querella Argentina que investiga delitos de lesa humanidad cometidos tras el estallido golpista.
La intervención en la fosa de Paterna se enmarca en el conjunto de actuaciones de localización y exhumación de fosas comunes de la guerra civil que la consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, a través de la dirección general de Memoria Democrática, está realizando por toda la región andaluza. Cuenta con el soporte de la asociación memorialista local y el apoyo del Ayuntamiento paternero.
En la zona central de la tierra excavada hay un enterramiento clandestino "con cuatro individuos", relata el coordinador arqueológico del trabajo, Jesús Román. Puede haber otras dos personas más, un dato por confirmar en el extremo norte de la excavación, y se están realizando catas en otras zonas del camposanto para confirmar la presencia de otras fosas.
"En Andalucía tenemos los mejores equipos de arqueólogos y antropólogos para este tipo de intervenciones", explica a eldiario.es Andalucía el director general de Memoria, Javier Giráldez. Son una baza para hacer exhumaciones "con las mejores garantías". En Paterna, junto a Román, trabajan los antropólogos Bárbara Carrasco y Juan Manuel Guijo, apoyados en el aporte historiográfico de José Luis Gutiérrez Molina.

"Eliminación sistemática del adversario político"

"No quiero morirme antes de que aparezcan todos. Una vez que los saquen, ya puedo morirme tranquilo", dice Luis Vega (87 años). A su espalda hay huesos que asoman de la tierra. Da la sensación de que estallan en gritos silentes. Fueron semillas de memoria que germinan para contar "la historia de lo que pasó en el pueblo".
Fosa común de Paterna. / J.M.B.
Fosa común de Paterna. / J.M.B.

"No se saben sus identidades", señala el arqueólogo. En la fosa pueden estar los restos óseos de Catalina Sevillano o de Francisco Vega. O de ninguno de ellos. " La dinámica de la represión –cuenta– hacía que no sólo los hicieran desaparecer físicamente sino también que las familias no supieran donde estaban".
"Esto fue eliminación sistemática del adversario político", resume Juan Luis Vega, nieto de Francisco e hijo de Luis y, además, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Paterna de Rivera. " En este pueblo no hubo guerra pero sí mucha represión". Y relata: "ejecuciones, torturas, encarcelamiento, mujeres peladas, robo de tierras…". El número de ejecutados por fuerzas afines al golpe militar roza los 40 en el pequeño municipio de La Janda.
Entre ellos, nombres como Juan Orihuela, Martín Menacho, Antonio 'El Chopo', Diego Dávila o Mata 'El Cabezalero', refiere la investigación de Gutiérrez Molina. O mujeres como María Arias 'La Cuina', Antonia Moreno 'La Culito' y María Silva Cruz, apodada 'María La Libertaria', nieta de Francisco Cruz 'Seisdedos' que logró escapar de los trágicos sucesos que arrasaron su familia en Casas Viejas.
"Es la encarnación y el símbolo del martirio de España", escribió Federica Montseny sobre ella. Como "carne sangrante de un pueblo crucificado" compartió celda, dicen, con Catalina Sevillano. "Aquí todo el mundo sabe lo que ocurrió pero nadie lo contaba", apura Juan Luis Vega. Los propios ejecutores dejaban constancia de sus hazañas. "El que mató a mi padre y mi tío le decían 'El Sargentito', y lo confesó en la Venta el Calderón"¿A los Charleros? A esos me los cargué yo".

Leer y escribir como 'crimen'

Era el mote de los hermanos Vega, 'Los Charleros', cuyo 'crimen' partía "de que sabían leer y escribir y eran afiliados a la CNT. Nunca hicieron nada malo". Como tantos otros. En el cementerio hay varias fosas con un número indeterminado de víctimas. Hasta principios del pasado mes de septiembre era de propiedad parroquial y "no dejaban intervenir", aclara Román. Ahora, ya municipalizado, está abierto a más trabajos de localización e incluso a un posible nombramiento como Lugar de Memoria de Andalucía.

Es "importante que las familias que tengan algún dato de que sus víctimas pudieron estar aquí, que se pongan en contacto con el Ayuntamiento y la asociación para posibles pruebas genéticas", refiere el equipo técnico

"Mi padre veía hacer las fosas de día y por las noches ya estaban tapadas", narra Vega. "Obligaban a gente a hacer los boquetes. Ha venido una mujer y me ha dicho que su padre se volvió loco, que decía: "hay que ver tener que hacer un agujero para enterrar a mis paisanos". Y a él le decían: "Hazlo hondo, Fernando, vaya a ser que te sirva para ti".
Para la identificación de los restos es "importante que las familias que tengan algún dato de que sus víctimas pudieron estar aquí, que se pongan en contacto con el Ayuntamiento y la asociación para posibles pruebas genéticas", refiere el equipo técnico. Luis Vega dice que morirá "tranquilo" cuando "los saquen". Pero no sabe si estarán sus padres ahí o en otra fosa.
Entiende, en todo caso, la magnitud que representa encontrar esos restos que salen a la luz. "La juventud de hoy tiene que saber lo que pasó", cuenta. "A mi madre se la llevaron delante de mí. La llevaban por los brazos con las piernas a rastras por la escalera. La apuntaban con una pistola como si fuera una fiera. Mi madre lo único que gritaba era: "mis niños, mis niños, mis niños", recuerda. "Nos quedamos como el nido al que le dan con una escoba".

Garzón pide a PSOE y Podemos que lideren Pacto Estado por víctimas Franquismo


http://www.lavanguardia.com/vida/20151003/54437005955/garzon-pide-a-psoe-y-podemos-que-lideren-pacto-estado-por-victimas-franquismo.html


Vida | 03/10/2015 - 13:31h


Madrid, 03 oct (EFE).- El exjuez Baltasar Garzón ha exigido hoy a PSOE y Podemos que lideren un pacto de Estado para el cumplimiento de las resoluciones de la ONU defendiendo los derechos de los cientos de miles de víctimas del Franquismo en relación con asuntos como las fosas comunes o los niños robados.

El poeta Luis García Montero, el diplomático Federico Mayor Zaragoza, el exfiscal Carlos Jiménez Villarejo, la abogada Cristina Almeida y el exjuez Baltasar Garzón han presentado hoy en Madrid una campaña por el desarrollo de una Comisión de la Verdad sobre las víctimas del franquismo.
"Queremos que los partidos políticos afronten de una vez por todas la memoria histórica democrática como lo que es, un tema pendiente no resuelto en la Transición. Las víctimas siguen desamparadas porque no se aplica la Ley de Memoria Histórica ni las recomendaciones de Naciones Unidas a este respecto", ha señalado a Efe Baltasar Garzón.

"Desde luego, el partido socialista está obligado a tomar esa decisión", ha señalado también Garzón antes de añadir que "Podemos tiene también la misma obligación, no puede ponerse de perfil, como tampoco el resto de la izquierda (IU). Y también Ciudadanos, si quieren desmarcarse de forma creíble".

Respecto al PP, Garzón ha recordado que "dentro de ese partido hay quienes sí están haciendo cosas positivas. No se trata de polarizar sino de respetar la dignidad de las víctimas y cerrar esa capítulo, es una obligación para todas las fuerzas, no solo de la izquierda".

Por su lado, Federico Mayor Zaragoza ha explicado que "los partidos se deben comprometer en sus programas al establecimiento de una comisión de la verdad para que, como han dicho las Naciones Unidas en tres informes apoyando las demandas de las víctimas del Franquismo, se incluya en los presupuestos la dotación necesaria para cumplir la Ley de Memoria Histórica".

El pacto debería traducirse en medidas como el reconocimiento de los derechos de estas víctimas del mismo modo en que se ha hecho con las del terrorismo y en la elaboración de una lista de asesinados y desaparecidos (que la Plataforma calcula en 150.000).

Además, debería procederse a la apertura de las fosas comunes que incluyen restos de miles de personas y a una investigación formal sobre la magnitud del problema de los niños robados, que la plataforma estima en al menos 30.000.

La plataforma ha anunciado que pedirá entrevistas a los cabezas de lista de los principales partidos que se presentan a las elecciones con este objetivo.EFE

"Nosotras fuimos los niños sirios".


http://www.elcorreo.com/bizkaia/sociedad/201510/04/nosotras-fuimos-ninos-sirios-20151003135944.html



Lore Albizu y Asentxi Aizpurua muestran la fotografía de un grupo de refugiados vascos.
Lore Albizu y Asentxi Aizpurua muestran la fotografía de un grupo de refugiados vascos. / Lusa
  • Tenían 10 y 4 años cuando subieron a un camión con sus madres. La guerra civil española las había convertido en refugiadas. Dos mujeres de Zumaia recuerdan los días en los que la felicidad de su infancia se trocó en miedo. Cuando ven a los fugitivos sirios saben lo que sienten


El recuerdo, uno de tantos, es el de decenas de mujeres y niños, todos cargados con fardos y hacinados en camiones. Es muy temprano. No cesa de llover y hace mucho frío. El rebaño humano –porque es así como se sienten tratados– trepa a los vehículos sin toldos. No pueden sentarse, son demasiados. Tratan de acomodarse de pie, apoyados unos en otros. Desconocen su destino, solo saben que quizá nunca regresen. Se acaban de convertir en refugiados aunque nunca han pronunciado esa palabra.
Es una imagen perpetuada en la memoria, aunque hay otras que han quedado plasmadas en fotografías. Como la de cuatro mujeres y tres niños que avanzan sobre una carretera mojada. Una de las mujeres lleva un bebé en brazos. Camina precedida por una niña que mira a la cámara con miedo o curiosidad, nunca se sabrá. Lo que sabemos de ella es que con su mano derecha sujeta una muñeca.
Hay más gente en la fotografía.Detrás del primer grupo camina una mujer mayor con un bebé en brazos. Algo más lejos se atisban más mujeres y niños. Y tras ellos, aunque no se les ve, se intuye que llegarán más. Les persigue un monstruo que nunca imaginaron conocer. Todos ellos son refugiados sirios.
Al menos es así como se sienten Lore Albizu y Asentxi Aizpurua cuando, 78 años después, miran en Zumaia fotografías de entonces y las comparan con las imágenes que están viendo estos días en los periódicos y la televisión. Ellas viven como si fueran suyos los pesares de esas miles de personas que se agolpan en las fronteras de Europa mientras buscan cualquier medio de transporte que las aleje de la guerra. Fueron y son las niñas que aparecen en las fotos del pasado y del presente. La única diferencia es que unas están en blanco y negro y otras en color. Ellas son el hilo conductor de un tiempo que se repite. Y están convencidas de que deben recordarlo para que nadie lo olvide.
"Como ellos"
"Cuando veo lo que está pasando con los refugiados sirios enseguida me viene a la cabeza que nosotras también lo fuimos, que eso es algo que hemos vivido", dice Asentxi. A su lado, Lore asiente. "Nos vemos en los niños de Siria porque fuimos como ellos y hubo gente que nos acogió".
Están sentadas en el comercio de la hija de Asentxi, rodeadas de grandes fotografías. Las imágenes ilustran lo que ocurrió en Zumaia en el invierno de 1937, cuando las tropas nacionales, que habían tomado el pueblo el 21 de septiembre de 1936, expulsaron de la localidad a 256 vecinos, la mayoría mujeres, niños y ancianos de familias nacionalistas. Los hombres estaban en el frente.
Lore tenía entonces 4 años y vivía en la calle San Telmo. A sus diez años, el mundo era para Asentxi un juego que se libraba en la plaza Amaia y las calles de alrededor. "El pueblo estaba lleno de niños. Yo siempre andaba en la plaza de arriba, donde el Ayuntamiento". Antes de que estallara la guerra, en sus hogares no se hablaba de la posibilidad de un conflicto armado. Era algo que "nadie imaginaba", dice Asentxi. Como mucho, en su casa presenciaba algunas discusiones políticas porque "unos eran del batzoki y otros del casino y el Círculo", pero poco más. "Nuestra vida era normal, de niños, no sabíamos nada de política ni nos importaba. Solo queríamos jugar", afirma Lore.
Todo cambió cuando los militares se sublevaron. El ambiente comenzó a enrarecerse, ya no se hablaba de mucho más que de soldados y combates. Zumaia tenía por aquel entonces 3.500 habitantes. 500 de ellos fueron a un frente que cada vez estaba más cerca. Los rumores que se propagaban por las calles pronto dejaron de serlo para convertirse en realidad.
El fin del mundo
"Nos juntábamos todos los vecinos para hablar", recuerda Asentxi. Eso fue al principio. Después empezaron a mirar desde las casas el avance de las tropas que se acercaban. "Decían que habían entrado donde Murga y también que habían escondido la virgen. Era todo muy triste". Los chismorreos terminaron cuando los nacionales entraron en Zumaia por tierra desde Oikia y Arroa y por mar. Empezó entonces la represión.
"A una mujer le cortaron el pelo al cero y la pasearon por todas las calles", dice Asentxi. Como el resto de los niños del pueblo, ella comenzó a estudiar una nueva historia de España en la escuela nacional y aprendió a distinguir entre un falangista y un requeté. Su mundo había cambiado de repente sin que ellos supieran muy bien el motivo, exactamente igual que hoy les ha ocurrido a los niños sirios, los últimos de una lista de víctimas que, conociendo a la especie humana, nunca dejará de aumentar.
Un minuto basta para que un universo se derrumbe, como bien sabe Asentxi. La tarde del 12 de febrero de 1937 estaba en clase cuando la puerta se abrió. Era su madre, que se dirigió a la maestra. "Doña Marta, nos expulsan del pueblo, tengo que llevarme a mis hijas", anunció. Todos, incluso la profesora, rompieron a llorar. "Me acuerdo de que pensé que a dónde íbamos a ir ahora".
Asentxi y Lore tampoco tuvieron mucho tiempo más para hacer conjeturas. A las siete de la mañana del día siguiente estaban preparadas para partir hacia algún lugar de la zona republicana. "Teníamos miedo, ni nuestras madres sabían dónde íbamos. Antes de salir todas las mujeres fueron a misa y después subieron a los camiones cantando ‘Agur Jesusen ama’", explica Lore. ‘Virgen sin par/ bendíceme./Adiós madre mía./Adiós, adiós, adiós’, dice en castellano la última estrofa de la canción.
Recuerdan la lluvia y el viaje en vehículos desprovistos de toldo. "Hacía un frío terrible. Mi madre le preguntó a un falangista si podría llevar comida y le contestó que falta nos haría porque nos íbamos a morir de hambre". Asentxi no ha olvidado estas palabras y tampoco cómo iba vestida. "Llevaba un abrigo de mi hermana con cuello de piel y medias de sport". Ella y Lore comenzaron el viaje junto a sus madres y sus hermanos.
Cinco días en un túnel
Después del recuerdo miran la fotografía protagonizada por las cuatro mujeres y los tres niños que avanzan sobre una carretera mojada. Ha pasado mucho tiempo y apenas saben identificar a los personajes inmortalizados en pleno éxodo. "Íbamos a pie desde Ondarroa hasta Lekeitio. Nosotras andaríamos por ahí detrás. La que lleva en brazos al bebé es la madre de Jesús, y el niño es el tío Xabier.Fuimos con la mejor ropa que teníamos en casa. No sabíamos si íbamos a volver", afirman.
Los camiones se detuvieron en Forua, en un convento de frailes. A partir de ahí sus caminos se separaron y comenzaron una larga peregrinación en la que fueron testigos de muertes, bombardeos, actos de egoísmo y muestras de solidaridad, como lo que están experimentando los refugiados sitios. Asentxi comienza a citar nombres de las localidades por las que vagó con su mermada familia y lo que vivió en ellas.
"En Amorebieta estuvimos en un molino. De allí nos llevaron a un chalé de Begoña, pero estuvimos poco tiempo y nos mandaron a Bilbao, donde nos metieron en un túnel en el que estuvimos sin salir cinco días y cinco noches. En abril nos metimos debajo de un puente y vimos pasar a los aviones que iban a bombardear Gernika", cuenta Asentxi. "De allí nos metieron en un tren que estaba lleno de gente. Yo iba en el váter porque no había más sitio. Todo el tiempo había aviones por encima. Llegamos a Laredo y allí estuvimos en una casa. Un día no salí y me quedé debajo de una higuera, lo recuerdo bien.Mi hermana Agustina salió a pasear con dos amigas y encontraron algo que parecía una pelota. Cuando la cogieron explotó y murieron las tres".
Asentxi pudo regresar a Zumaia siete meses después solo para encontrar que ya no tenía casa. El viaje de Lore fue más largo. "Fuimos a Bilbao y de allí a Mundaka. Cuando entraron los nacionales nos dispersamos todos. En Ribadesella subimos a un barco tripulado por viernamitas que nos llevaron a Burdeos. Cuando llegamos teníamos mucha hambre y nos dieron a cada uno un pan y una lata de sardinas", relata. Acabaron en la frontera con Suiza, donde "sentíamos mucha soledad porque no conocíamos a nadie y no sabíamos hablar francés". Regresaron año y medio después.
Las dos niñas volvieron, lo que no pueden decir todos los que partieron a su lado un 13 de febrero. En su periplo aprendieron que a menudo "no había solidaridad" entre los refugiados. "Cada uno buscaba una salida para los suyos. Era un sálvese quien pueda".Por eso insisten en la importancia de "dejar pasar a los sirios porque son personas. Lo están pasando igual que nosotros. La historia se repite".

"El exterminio de la memoria" Una comisión de la verdad contra el olvido.



Publicado el 11 jun. 2015
Presentación del libro "El exterminio de la memoria" de Fernando I. Lizundia (Periodista). Intervenciones de María Garzón (Directora de FIBGAR), de Manuel de la Rocha Rubí (Diputado del PSOE), de Matías Alonso, de Jaime Ruiz (Presidente de la Plataforma por la Comisión de la Verdad)
Biblioteca Marqués de Valdecilla UCM Madrid 11-06-2015



El día que el hijo de Mussolini atacó València. Búscame en el ciclo de la vida.


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Bruno Mussolini, el hijo del Duce, perpetró el segundo bombardeo más sangriento que sufrió Valencia durante la Guerra Civil al matar a medio centenar de personas en un ataque que destruyó 160 casas de los poblados marítimos el 3 de octubre de 1937.

Leer más:
http://www.buscameenelciclodelavida.com/2015/10/el-dia-que-el-hijo-de-mussolini-ataco.html