dilluns, 24 d’abril del 2017

En los últimos meses se han publicado varios libros que la derecha ha recibido con gran alborozo porque legitiman ideas y valores conservadores.

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sábado, 22 de abril de 2017


Ofensiva por el flanco derecho

Así de bonita fue la conquista de América

En los últimos meses se han publicado varios libros que la derecha ha recibido con gran alborozo, porque legitiman ideas y valores conservadores. Aquí van tres microrreseñas:

El Gran Nivelador (The Great Leveller): Walter Scheidel, un reconocido historiador de laUniversidad de Stanford, afirma que la desigualdad es inherente al ser humano, al menos durante los últimos miles de años. Y que siempre que ha habido nivelación socioeconómica ha sido gracias a desastres y crímenes atroces. No es que Scheidel sea un gran defensor de la desigualdad, ojo: él simplemente documenta lo que hay (o lo que él cree que hay). Moraleja: Otro mundo no es posible. Toca vivir esclavos y además morir de rodillas. O eso o pandemias, guerras mundiales y genocidios. Los sectores más conservadores de Estados Unidos lo han aplaudido fervientemente. Best-seller en Norteamérica.

Imperio y leyenda negra de María Elvira Roca es una apología del imperio español. Un libro tan carente de originalidad como plagado de errores factuales. Pero sirve para que nos volvamos a sentir orgullosos de ser españoles y de haber conquistado la mitad del mundo. La desaparición de las poblaciones indígenas en el Caribe, los trabajos forzados, los reasentamientos masivos, el saqueo de las riquezas americanas, las conversiones forzosas, la esclavitud de cientos de miles de africanos: daños colaterales muy exagerados por los extranjeros que nos tienen manía y que eran peores que nosotros. Un argumento de extraordinaria pereza intelectual ("y tú más") que recuerda a las manifas pro-Franco cuando la comunidad internacional criticaba las barbaridades del régimen: "Contra la injerencia extranjera". Cuatro ediciones en el momento de escribir esta nota. Éxito editorial.

1936. Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular de Álvarez Tardío y Roberto Villa es un minucioso estudio de las actas electorales de febrero de 1936. Nada que objetar. El planteamiento del estudio, sin embargo, carece de originalidad y el método de análisis es tan tendencioso como el título del libro. Santos Juliá ha demostrado que los cálculos fallan por la base, dado que para que salgan los números los autores tienen que contar a la derecha como un bloque electoral, cosa que ni fue ni pudo haber sido. En cualquier caso, la conclusión implícita (o no) es que los primeros golpistas en España fueron los de izquierdas ¿De quién es la culpa de la Guerra Civil por tanto? Exacto. Otro bestseller entre lectores conservadores, necesitados no solo de que los suyos venzan en las guerras, sino de que además tengan razón.

La reacción de la izquierda en España ha sido contudente. Tan solo el libro de las elecciones ha merecido reseñas críticas y no precisamente por afines a Podemos: Santos Juliá y Jorge Reverte

Mientras la versión más retrógrada de la historia triunfa en las librerías, los intelectuales más a la izquierda llegan a la conclusión de que el enemigo a batir es Javier Cercas con su última novela, que ha sido objeto de furibundas recensiones. Cercas hace poco escribió lo siguiente:


"Ese es el mínimo acuerdo sobre el pasado que necesitamos: un acuerdo que condene de forma taxativa el golpe del 18 de julio y el franquismo y que diga taxativamente que ni fueron necesarios ni inevitables, y que el golpe militar y la dictadura constituyeron un error sin paliativos. Por desgracia, la derecha española, o buena parte de la derecha española, todavía no tiene claro el pasado y por tanto carecemos de un acuerdo completo sobre el presente, lo que significa que el pasado sigue sin digerirse, sigue siendo un lastre y un freno, de vez en cuando un arma arrojadiza. Y por eso casi nunca sabemos adónde vamos, ni qué hacer con el futuro."
Es posible que los críticos de Cercas tengan razón en su anális de la novela y sus ambigüedades políticas. Pero me da la impresión de que no se están enterando muy bien de por dónde viene la ofensiva, la que nos puede devolver a la verdad de la dictadura. Libros como el de Álvarez Tardío y Villa nos alejan cada vez más de ese mínimo acuerdo sobre el pasado que necesita nuestra sociedad. Libros como el de Roca sirven para nutrir un chovinismovetusto que es lo que menos necesitamos en un mundo amenazado por nacionalismos excluyentes, aventuras neoimperiales y xenofobia. 

Es contra esta ofensiva, la del flanco derecho, contra la que hay que luchar usando las armas de nuestro oficio académico: la razón, la erudición, la retórica.

Las cuentas galanas de 1936

Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa García certifican el fraude electoral que permitió la victoria del Frente Popular tras años de trabajo sobre las actas.



Un grupo de trabajadores celebra el triunfo del Frente Popular en las elecciones de 1936.Ampliar foto
Un grupo de trabajadores celebra el triunfo del Frente Popular en las elecciones de 1936. EFE






























Con gran fanfarria ha saludado la más rancia derecha la supuesta demolición de un tabú que estaría oculto, como aseguran los autores de tan estupenda hazaña, “por montañas de sombras y mentiras”, a saber, que el Frente Popular ganó por mayoría absoluta las elecciones de febrero de 1936 solo gracias a un “fraude decisivo”. Tras años de trabajo realmente ímprobo sobre las actas de las mesas electorales, Álvarez Tardío y Villa se presentan como debeladores de un fraude cometido en un clima de violencia por el Frente Popular. Su supuesta victoria en las urnas habría servido para otorgar legitimidad a un cambio de Gobierno sostenido exclusivamente en la decisión personal del jefe del Estado: tal es el nudo del argumento desarrollado en este libro.
De manipulación de actas electorales en varios distritos se habló desde los mismos días del proceso electoral, y de fraude ya decidió una comisión de eximios juristas del antiguo régimen, montada por Ramón Serrano Suñer en diciembre de 1938, en su dictamen sobre “la ilegitimidad de los poderes actuantes el 18 de julio de 1936”. Y al fraude dedicó Javier Tusell un capítulo de su estudio sobre estas elecciones, pionero en el género; o sea, que de tabú nada, sino más bien lugar común; como tampoco era tabú el recuento y análisis de actos de violencia política y policial que acompañó todo el proceso y continuó en las semanas siguientes, objeto de recientes y excelentes estudios de Rafael Cruz o Eduardo González Calleja.

Todo en el libro es conocido salvo el carácter decisivo de la manipulación de actas en media docena de distritos

Todo, pues, conocido y trabajado si se exceptúa el carácter decisivo —­en el sentido de inclinar la mayoría absoluta a una de las dos supuestas coaliciones en disputa— de la manipulación de actas que tuvo lugar en media docena de distritos electorales. Y es lástima que para demostrar dónde y cuándo se produjo esa decisiva influencia, Álvarez Tardío y Villa no hayan sentido la necesidad de argumentar sobre cuál de las diversas candidaturas lideradas por la CEDA habría dejado sentir sus efectos ese fraude hasta convertir a una de ellas en mayoritaria. Lástima porque, tras su original indagación en las actas, han optado por la más engañosa vía posible: agregar los resultados de todas las candidaturas en las que figuraba la CEDA como si se tratara de un frente o coalición, un bloque, una concentración de partidos, términos reiterados una y otra vez para identificar la inexistente candidatura de lo que llaman coalición antirrevolucionaria.
No fue así y, especialistas como son en el estudio de elecciones, lo saben de sobra. Cierto, en la izquierda no quedó nadie, desde comunistas hasta republicanos de centro, sin integrarse en el Frente Popular. Pero los candidatos aquí identificados como constituyendo un bloque, un frente, una coalición o una concentración antirrevolucionaria estaban muy lejos de haber alcanzado un acuerdo, ni firmado un programa o un manifiesto, que les permitiera presentarse como formando parte de una candidatura única de la que habría de salir un Gobierno. Más bien ocurrió lo contrario, y el mismo Gil Robles se encargó de aclararlo cuando proclamó en el Monumental Cinema de Madrid que los compromisos de la CEDA con “el partido o la fuerza que sea… no vivirán ni un día más allá del compromiso electoral”.


Al haber agregado datos electorales —al haber mezclado churras con merinas, por decirlo coloquialmente— dando por existente un bloque de derechas enfrentado a un frente de izquierdas, distanciados solo por unos miles de votos, los autores argumentan que, al producirse tachaduras y correcciones de actas en media docena de distritos, la mayoría absoluta que debía haber ido al bloque de derechas fue para el de izquierdas. Pero esto no pasa de ser una lucubración que dice poco en favor de su pretendida neutralidad valorativa, porque no ya 300 diputados, como gritaban los jóvenes católicos fascistizados, ni siquiera 200 habría alcanzado ninguna de las coaliciones lideradas por la CEDA. A no ser, claro está, que se sumen centristas, radicales, conservadores, liberaldemócratas, agrarios, alfonsinos, tradicionalistas y tutti quanti como formando parte de una sola candidatura con tal de que en ella hubiera además alguien de la CEDA: una forma muy galana de sacar cuentas.
Y así, con esa galanura, vuelven los autores a echar sobre Alcalá Zamora la culpa de haber “legitimado a posteriori” el triunfo del Frente Popular al encargar antes de tiempo la formación de Gobierno a Manuel Azaña. Ah, si hubiera esperado a la reunión de Cortes… Por supuesto, con contrafactuales se puede argumentar cualquier cosa, pero ante la espantada de Portela y la fuga de Gil Robles, y a la vista de los resultados electorales firmes y hechos públicos por las respectivas juntas hasta la mañana del 19, Alcalá Zamora no tenía más opción que llamar a su Azaña bien odiado. Ante el cantado triunfo del Frente Popular y los rumores y amenazas, también cantadas, de rebelión militar, a nadie encontró dispuesto a hacerse cargo del Gobierno. ¿Qué podía hacer sino implorar a Manuel Azaña que le sacara las castañas de un fuego que él mismo había encendido y atizado?
‘1936. Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular’. Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa. Espasa, 2017. 623 páginas. 23,66 euros.

26 ABRIL - JORNADA SOBRE MEMORIA HISTORICA EN EL PARLAMENTE EUROPEO.



Amigos, amigas,

El próximo miércoles se celebra esta Jornada en la que participará Roger Heredia, fundador de la Asociación BANCO DE ADN, y uno de los impulsores de la campaña para la Apertura de Fosas que hemos suscrito 35 Asociaciones.

Saludos fraternales.





Roger Heredia - BANCO ADN - onetspadrijaume@gmail.com - 619315568
Julián López - HOMENAJE/HOMAGE - enrecuerdode@gmail.com - 616961091
Enrique Urraca - ARMHER - urraca-en@gmail.com - 659567360




Xuntanza de Confraternidad Republicana.





LEVADA LIBRE, o día 30 de abril,   vai celebrar una Xuntanza de Confraternidad Republicana, Estamos ultimando os actos a celebrar, cando os teñamos os informaremos. Adxuntamos cartel da Xuntanza

Homenaxeamos este ano aos Guerrilleiros/Fuxidos, antifascistas que loitaron contra o franquismo despois da guerra civil do 36, contaremos entre nos, con superviventes integrantes de aquel movemento, entre eles, ao último guerrilleiro do Bierzo,  Francisco Martínez “Quico”, que a os seus 92 anos, teremos o honor da súa presenza.

Posteriormente no Parador S. Telmo de Tui, terémos una degustación de viños da Turonia e un Xantar de Confraternidade

Na sobremesa, bouffet de cafés e infusions, con tertulia, actuacions musicales e outros actos culturais. farase entrega a cada comensal dun libro con artigos de colaboradores de Levada Libre con título: MEMORIA E SENTIMENTO nº 4

O prezo do convite: 30 €.
Reservas antes do 27 de abril:  ferruxo@gmail.com  teléfono. 630935076
                                            levadalibre@gmail.com



diumenge, 23 d’abril del 2017

Una deuda con Josefina Iturrarán, niña de la guerra originaria de Bilbao. Amancio Prada.



http://internacional.elpais.com/internacional/2015/06/09/las_atalayas/1433811688_143381.html


































Josefina Iturrarán se hubiera alegrado de saber que por fin ha sido erigido un monumento en memoria de los españoles que perecieron en el lager estalinista de Karagandá (Karlag), en la estepa de Kazajistán. A Iturrarán le corresponde el mérito de haber realizado la primera sistematización de los campos (dependientes del ministerio del Interior de la URSS o NKVD y del GULAG), donde estuvieron internados presos españoles a partir de 1941 y hasta los años cincuenta. Fue a mediados de la década de los noventa, hace más de veinte años, cuando, por encargo de EL PAIS, la investigadora trabajó durante varios meses en el archivo del Centro de Conservación de Colecciones Histórico-Documentales (antiguo archivo especial secreto fundado en 1946 para usos policiales políticos y judiciales, abierto al público en 1991).
Iturrarán emprendió la titánica tarea de examinar centenares de miles de fichas de presos de numerosas nacionalidades y estableció que los españoles habían estado internados en un mínimo de 20 campos a lo largo y ancho de la geografía soviética, desde Odessa y Donetsk, en Ucrania, hasta Ajmólinsk y Karagandá, en Kazajistán. Josefina descubrió además la orden secreta por la que el comisario del Interior Lavrenti Beria, el 26 de junio de 1941, había mandado internar en el campo de Norilsk, en el Círculo Polar Ártico, a varios contingentes de españoles residentes en la URSS. Al día siguiente fueron detenidas las tripulaciones de los mercantes de la República Española fondeados en Odessa.
El resultado de su trabajo fue “Una deuda con la historia”, un artículo publicado en EL PAIS el 12 de marzo de 1995, en el que Iturrarán pasaba revista al destino de los detenidos, marineros, pilotos, “niños” y emigrantes políticos, a los que se añadieron combatientes de la División Azul, algunos de los cuales se habían alistado precisamente para pasarse a la URSS.
Creía Josefina que, para cerrar ese doloroso periodo histórico, era necesario construir un monolito en memoria de los españoles en alguno de los campos por donde pasaron. En Karagandá su deseo se ha cumplido, pero ella ya no está entre nosotros para verlo.
La “niña de la guerra” que salió de Guernika en 1937 pocos días antes del bombardeo alemán, falleció en Moscú el 27 de enero de 2014 a los 90 años de edad.
Nos enteramos de su muerte con imperdonable retraso. Ucrania, en plena efervescencia,nos mantenía alejados de Moscú; en los últimos años, Josefina se empeñaba en no descolgar el teléfono y, además, había dejado de visitar el Centro Español. Apasionada e imaginativa,Iturrarán fue mujer de muchos talentos. Tras su llegada en barco a Leningrado en 1937 pasó por varias casas de niños de diferentes localidades hasta llegar a Odessa, ciudad donde estudió y donde tomó lecciones de canto. En 1940 se trasladó a Moscú, donde fue admitida en el conservatorio poco antes de que los alemanes invadieron la URSS en junio de 1941. Junto con otros niños españoles, huyó a Siberia y de allí, a Uzbekistán, en Asia Central, donde participó en la cosecha del algodón y comenzó estudios de Pedagogía.
De vuelta a Moscú se licenció en el Instituto de Lenguas con diploma de honor en 1952-53. Trabajó en el Instituto de Ciencias Sociales adjunto al Comité Central del PCUS y, ayudó a alfabetizar a militantes comunistas internacionales que, en un ambiente de clandestinidad e inscritos con nombres falsos, se preparaban para la revolución. Después pasó a la Academia Diplomática, de donde se jubiló en 1987. Conoció a Fidel Castro y al Che Guevara, grabó discos con canciones de Federico García Lorca, cantó para la Pasionaria, que apreciaba mucho su voz, para Pablo Neruda y para Rafael Alberti.
A lo largo de su vida, Iturrarán realizó múltiples investigaciones. Rescató las obras inéditas del músico Vicente Martín y Soler, que vino a Rusia invitado por Catalina la Grande en el siglo XVIII, y también correspondencia y grabaciones de Pablo de Sarasate y Pau Casals, asiduos de Rusia antes de la revolución de 1917, y fotografías y manuscritos de Rafael Alberti entre muchas otras cosas.
Josefina estaba especialmente satisfecha de haber conseguido que una calle de la ciudad de Nizhni Nóvgorod (en el Volga) fuera bautizada con el nombre de Agustín de Betancour, el ingeniero canario que desarrolló las obras públicas en Rusia a principios del XIX. Para conseguirlo, Iturrarán mantuvo cuatro años de correspondencia con Boris Nemtsov, cuando este político, asesinado el pasado febrero, era el gobernador de la provincia de Nizhnni Nóvgorod. Nemtsov, según explicaba Josefina, entendió que era importante honrar la memoria del artífice de los planos de recinto de la feria local. Josefín investigó también la figura de José de Ribas, el fundador de la ciudad de Odessa en el siglo XVIII, quien luchó contra los turcos al frente de una flotilla de cosacos y estuvo aparentemente implicado en el compló que acabó con la vida de Pavel I. Por sus méritos en la recuperación de la cultura española en Rusia, fue condecorada con al orden de Isabel la Católica. La enterraron en el cementerio de Novodévichi, sin que pudiera llegar a cumplir su anhelo de ir a España, como dijo en una ocasión, para tener “un rinconcito con una cama y una mesa donde yo pueda escribir mis memorias y recuerdos y venga una persona una vez al día a traerme unos garbanzos”.

Publicado el 10 jun. 2015

Josefina Iturriarán fue una "niña de la guerra" originaría de Bilbao. Josefina, que salió de Guernika en 1937 días antes del bombardeo inmortalizado por Picasso, falleció en Moscú el 27 de enero de 2014 a los 90 años. Ella es una figura central tanto en la investigación del paso de españoles por campos de concentración soviéticos, como en la recuperación de la cultura española en Rusia. Aspectos perfectamente narrados por Pilar Bonet en "Una deuda con Josefina Iturriarán" (http://blogs.elpais.com/las-atalayas/... 10 de junio de 2015).
Gracias precisamente al artículo de Bonet nos hemos enterado en Eurasianet.es de la triste noticia del fallecimiento de Josefina y también queremos poner nuestro granito de arena en contribuir a la preservación de la memoria de Josefina. 

Uno de nuestros miembros, Rubén Ruiz Ramas, estuvo presente en el III Congreso Internacional de Hispanistas en Moscú gracias la invitación de Andrés Santana, hoy director del Aula Hispano-Rusa de la Universidad de Cádiz. Aquel congreso propició, entre otras cosas, el reencuentro de Josefina Iturriarán y el cantautor e interprete Amancio Prada tras haberse conocido en otro acto en Moscú un año antes. La ocasión fue aprovechada por Prada para cantar ante Josefina en su 85 aniversario un hermoso poema de ella misma que él había musicado: "Allí". Aquella fue la primera interpretación de "Allí" o "Suena en Moscú" como Prada ha nombrado la pieza en posteriores interpretaciones, por ejemplo, dentro de su programa "Canciones Contadas".
“Allí” es una síntesis mágica de una vida vivida en el exilio. Un exilio del que hay plena consciencia, pero con el que hay reconciliación porque la vida en él fue vivida. No fue perdida. Una vida que extraña las raíces, pero no repudia al resto del tronco vital. Por ello Josefina escucha “allí”, en Guernica, en Bilbao, una dulce melodía que sonar, “Suena en Moscú”. Pues también en Rusia se producen e interpretan dulces melodías. 

Rubén grabó con un móvil de 2008, y no de los caros, esa interpretación. Pedimos comprensión por tanto para la escasa calidad de imagen y sonido, que en cualquier caso es una cuestión menor ante el valor de la pieza tanto en el terreno artístico como sobre todo en el sentimental. Disfrútenlo.


“PARÍS SE CUADRA ANTE BOIX”

http://amical-mauthausen.org/paris-se-cuadra-ante-boix/



21 de abr. 2017
Artcile d’Icíar Ochoa de Olano sobre l’homenatge i el trasllat de les restes mortals de Francesc Boix, previstos pel 16 de juny a París.

 Documents adjunts:

EL HOMBRE
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Prisionero, reportero y único español testigo en Nüremberg Arriba, dos fichas de identificación de Francesc Boix del año 1941 como prisionero número 5.185 de Mauthausen. A la izquierda, tras la
liberación del campo, con su cámara al cuello y el brazalete de reportero. Sobre estas líneas, durante su decla- ración en Nüremberg. Fue el único español que testificó en los juicios contra la cúpula del Tercer Reich
Que Ernst Kalten- brunner, jefe de la Gestapo y de la ofi- cina central de Se- guridad del Tercer Reich, íntimo cola- borador del ideólogo del Holocaus- to Heinrich Himmler, fuera juzga- do, declarado culpable y ejecutado; que el mundo conociera la apoteo- sis del horror y la barbarie que se escondía tras los muros de los cam- pos de concentración nazis; que de- cenas de deportados españoles lo- graran salir con un hilo de vida de esa macabra red de exterminio. Todo eso se debe a Francesc Boix, un veinteañero barcelonés, fotó- grafo de oficio, que murió en París de forma precoz a causa de las se- cuelas de su paso por el infierno de Mauthausen, hace casi 66 años. El próximo 16 de junio, cuando falten apenas tres semanas para esa efe- méride, sus restos serán exhuma- dos del humilde cementerio de Thiais en el que reposa, en los arra- bales de la megalópolis francesa, para descansar junto a los grandes en el emblemático camposanto Père-Lachaise. No hay mayor ho- nor que la ciudad de la Torre Eiffel pueda conceder a un difunto.
«Es muy positivo que su tumba
se dignifique y que su memoria se difunda como se merece. La suya y también la de los más de 9.000 de- portados republicanos, un colecti- vo que ha pasado desapercibido por las circunstancias y las contradic- ciones con las que se han abordado los temas de memoria en nuestro país», reivindica a este periódico Juan Manuel Calvo, historiador y miembro de la junta de Amical de Mauthausen. Esta asociación, fun- dada en 1962 en Barcelona, en la clandestinidad, por víctimas espa- ñolas del nazismo para defender sus derechos morales y materiales, ha colaborado con su homóloga en Francia desde hace un año para trasladar a las autoridades galas la necesidad de procurar a Boix un re- conocimiento de Estado y un se- pulcro entre las celebridades de la capital francesa. La propia alcaldesa de París, Anne Hildago, ha confir- mado su asistencia al homenaje.
«Paco merece eso y más. Desde su posición de cierto privilegio en el campo, ayudaba a cuantos com- pañeros podía. Entre ellos, mi pa- dre, al que logró colocar en la coci- na, alejándolo del trabajo pavoroso de la cantera. Eso, sin duda, le per- mitió escapar de la muerte», relata desde sus 95 años Ramiro Santiste-
EL REPORTERO
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Pruebas incriminatorias
Esta fotografía de Boix, que recoge una visita de Ernst Kaltenbrunner (izquierda) a Mauthausen junto a Himmler (centro), sirvió como prueba incriminatoria en el Juicio de Nüremberg contra Kalten- brunner y otros jefes nazis.
Los ojos de la tortura
y de los supervivientes
El reportero barcelonés re- trató los cuerpos desnudos y desnutridos de los prisione- ros, el trabajo despiadado en la cantera y, también, a los supervivientes tras su libera- ción, el 5 de mayo de 1945.
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ban, un cántabro de Laredo que so- brevivió a Mauthausen. Allí se co- nocieron.

2.000 imágenes robadas
Boix era un joven alto, delgado, pá- lido, de pelo castaño y ojos claros, extrovertido y desenvuelto. Hijo de un sastre de izquierdas, se dejó contagiar pronto por la afición pa- terna a la fotografía. Con solo 17 años, se marchó de casa para poner su cámara al servicio de las Juven- tudes Socialistas Unificadas (JSU). En algún momento del gran éxodo del 39, a causa del fin de la Guerra Civil, emigró a Francia junto a los vencidos. Allí, como muchos otros, acabaría uniéndose a la Resistencia gala frente al delirio imperialista de Hitler. Capturado por los alema- nes, en mayo de 1940 iniciaría su viaje al horror como deportado a Mauthausen. Lo haría junto a otros 9.000 españoles exiliados en Fran- cia y entregados después por Fran- co a los verdugos germanos.
Su manejo de la cámara y su ru- dimentario chapurreo del idioma del Fürher le hicieron útil en aquel tétrico lugar; primero, como intér- prete a las órdenes de los nazis, y después, como fotógrafo en el ser- vicio de identificación y documen-
tación del campo, junto a otros dos compatriotas. Los tres se dedicaron a retratar a los prisioneros y a los SS; a fotografíar muertos y suici- dios; a recoger las visitas de la élite nazi –algo que resultaría esencial para la acusación en los juicios de Nüremberg– y también a docu- mentar el brutal aniquilamiento de los reos mediante el trabajo obligatorio llevado al límite de la resistencia humana. Ellos fueron quienes construyeron la carretera general y parte de su propia pri- sión. Muchos, a costa de transpor- tar piedras de más de cuarenta ki- los sobre sus espaldas. Dos de cada tres españoles dejaron su vida allí.
Boix nunca se acostumbró a su obediente ocupación como notario del espanto, pero aquella actividad le permitió una relación cercana con los SS que usó para recomen-
«Su memoria merece difundirse y también la de los 9.000 deportados republicanos»
dar un mejor trato a sus compañe- ros y aliviar así sus penosas condi- ciones de vida. El 22 de junio de 1941, con el alba, los alemanes con- centraron en un patio a los prisio- neros. Desnudos. Permanecieron así, sin comer ni beber, hasta bien entrada la noche. En aquellas in- dignas condiciones, los españoles alumbraron el Partido Comunista en la resistencia. El objetivo, salvar al mayor número de camaradas. Hasta ellos acudió Boix para propo- nerles la operación secreta que lle- vaba tiempo tramando: esconder clichés para denunciar el genocidio en caso de que consiguieran esqui- var los hornos crematorios.
Él mismo se ocupó de perpetrar los robos. Cogía tiras de negativos del archivo y las dejaba caer en algún punto del
campo para que alguien las recogiera y llevara a la lavandería de desinfección, un área menos controlada por los ale-
manes. Otro preso se hacía cargo de ellas y las escondía en la carpintería, donde permanecían hasta que un grupo de ado-
lescentes, hijos de republicanos a los que los na
zis dejaban salir a trabajar en la pe- drera de un pueblo cercano al no considerarlos políticamente peli- grosos, ponía el delicado material a salvo. Una vecina de la zona se en- cargaba finalmente de ocultarlo tras la piedra de un murete del jar- dín de su casa.
Liberado Mauthausen el 5 de mayo de 1945, Boix recuperó los clichés de 2.000 espeluznantes imágenes y logró que algunas salie- ran a la luz. Un año después, las au- toridades francesas le reclamaron como testigo para declarar contra la cúpula dirigente del Tercer Reich. En Nüremberg se presenta- ron sus fotografías como pruebas determinantes para sostener las acusaciones. Boix afianzó su pres-
tigio y trabajó para varias revistas y diarios, y viajó a Praga, Algeria, Budapest o Grecia hasta que, el 4 de julio de 1951, con sólo 30 años, una patología renal secuela de Mauthausen le llevó a un modesto cam- posanto de los suburbios de París. Sería su penúlti- mo viaje. Casi 66 años des- pués, Francia se cuadra ante el heroico reportero español. 

Las milicianas que no fotografió Capa.

http://www.lamarea.com/2017/04/13/las-milicianas-no-fotografio-capa/



Jóvenes, mayores, solteras, casadas, viudas, limpiadoras, maestras… Ninguna empuñó un fusil, pero todas contribuyeron al funcionamiento del Quinto Regimiento.
 El historiador José María García Márquez elabora una muestra con las mujeres que formaron parte del cuerpo militar de voluntarios de la II República.
13 Abril 2017
10:47
Las milicianas que no fotografió Capa
Antolina Mata Díaz mira a un punto perdido. Tiene los labios finos, apretados. El cabello peinado hacia atrás. Su rostro surcado de arrugas. Es lavandera. Tiene 65 años. Francisca Gómez Cobo y Pilar González Andrés son sastras de 14. Matilde Landa, 32 años, es responsable de personal sanitario. También hay limpiadoras. Y cocineras y enfermeras y sirvientas y mecanógrafas y jornaleras y peluqueras y administrativas y matronas, intérpretes… Jóvenes, mayores, solteras, casadas, viudas, trabajadoras fuera del hogar y dentro de las casas. Ninguna de ellas empuñó un fusil, pero todas fueron milicianas. “Ellas no fueron fotografiadas por Gerda Taro ni Robert Capa, sino por el fotógrafo delQuinto Regimiento sentadas en una silla en el patio. No solo había jóvenes sonrientes y valientes que empuñaban un arma como mostraban las fotografías que se publicaban”, explica el historiador José María García Márquez, que ha elaborado una muestra de las mujeres de este cuerpo militar de voluntarios de la II República creado tras la sublevación.
De las 26.736 fichas recogidas en el archivo, 513 corresponden a mujeres (1,92%). La mayoría procedía de Madrid y, sobre todo, de sus barrios más humildes. Los ingresos se produjeron desde el mismo 18 de julio. “El primero que hemos encontrado es el de la madrileña Emilia Cabello Pascual, de la que no poseemos fotografía ni los datos completos de su ficha y que, posiblemente, pueda tratarse de un error en su fecha”, sostiene García Márquez. El domingo 19 de julio y el lunes 20, otro pequeño grupo de seis mujeres se incorporaron al cuartel del antiguo convento salesiano, entre ellas la modista María Morales García, de 24 años, o la “fregachina” (como reza en su ficha) Victoria Quijorna, de 44.
“Contar con numerosas mujeres para el desempeño de múltiples tareas de organización e intendencia permitió a los mandos dotarse de una infraestructura muy superior a la que tuvieron otras unidades del Ejército Popular. Los trabajos de limpieza y lavado de ropa, la cocina, la costura y reparación de uniformes, el ropero del regimiento, etc. fueron siempre menos valorados y, sin embargo, muy importantes para la milicia. Limpiando cocinas y comedores, letrinas y oficinas, dejaron patente sugenerosa contribución a la lucha contra la sublevación. Y no solían ser sus rostros precisamente los que recogían las fotografías que se llevaban a la prensa”, insiste el historiador.
Áurea Carmona Nanclares era la única maestra nacional que consta. Ingresó en el batallón Thaelmann y fue destinada como enfermera al hospital de sangre de Rascafría. Murió en prisión en 1939 después de ser detenida y denunciada al finalizar la guerra. “En algunos casos -añade el historiador- la cualificación profesional de varias de ellas supuso una aportación decisiva a las necesidades de todo tipo que tuvo el Quinto Regimiento desde el primer momento. Por ejemplo, las taquimecanógrafas y mecanógrafas jugaron papeles muy valiosos como auxiliares y secretarias de los mandos, tanto en la comandancia general como en la organización administrativa de varios servicios”. Este fue el caso de Margarita de la Fuente, Pilar Muñoz Falcón, Carmen Capafons Gómez, Julia Díaz Caballero, Esperanza Gil Lozano y Luisa González Fernández.
En los servicios médicos y sanitarios también fue fundamental la participación de las mujeres, que, además de organizar, formaron a muchas auxiliares en un contexto en el que no cesaban de llegar heridos del frente: “Estas mujeres, a su vez, desempeñaron un reconocido papel en botiquines, pabellones y quirófanos, a veces en las inmediaciones de las líneas del frente con un riesgo indiscutible”, añade García Márquez. Destaca los nombres de seis jóvenes del Socorro Rojo Internacional: Agustina García Caamaño, María Luisa Gómez Redondas, Ana Lera Lillo, María Luisa López García, Margarita Martín Jiménez y Carmen Ortega Sampedro. Mercedes Gómez Otero, que también ayudaba en la enfermería, fue detenida en julio de 1939. Recorrió las cárceles del régimen en diferentes periodos durante 21 años hasta que obtuvo la libertad en 1961. “Posiblemente haya sido una de las mujeres que más tiempo haya estado en prisión durante la dictadura”, expone el historiador.
Sobre su afiliación política, García Márquez detalla los 146 casos en los que se especifica su militancia (un 28,46% frente al 66,75% de los hombres, como recoge el profesor Juan Andrés Blanco Rodríguezen El Quinto Regimiento en la política militar del PCE en la Guerra Civil (UNED, 1993). La mayoría de ellas -90- pertenecían a UGT. El resto militaban de forma repartida en el Partido Comunista, Juventudes Socialistas Unificadas, CNT, Mujeres Antifascistas, Partido Socialista, Izquierda Republicana y Federación Universitaria Escolar. “La milicia en el Quinto Regimiento llevó a muchas mujeres a consolidar su militancia e ideología y después de terminar la guerra siguieron luchando de forma ejemplar”, añade el historiador.
Un ejemplo: Encarnación Juárez Ortiz era modista y tenía 35 años cuando se integró en el batallón Garcés en Córdoba. Luego marchó a Jaén, donde vivía y donde fue detenida al terminar la guerra. Logró ocultar su paso por las milicias republicanas aunque no su destacada militancia en el PCE de Jaén desde enero de 1938. En el sumarísimo que se le instruyó -detalla García Márquez- fue considerada por la Secretaría de Orden Público como “peligrosísima” para la Causa Nacional y la sociedad y condenada a 20 años de prisión. Consiguió salir en libertad condicional en julio de 1943, pero tres años más tarde, por sus actividades clandestinas, fue detenida de nuevo y sometida a terribles interrogatorios que le provocaron un intento de suicidio. No salió de prisión hasta 1951.
Pilar Bueno Ibáñez, modista madrileña, ingresó en agosto en las filas del Quinto Regimiento con 26 años. Cuando terminó la guerra, pasó a formar parte del clandestino comité provincial del PCE en Madrid. Fue detenida y fusilada junto a otras doce jóvenes el 5 de agosto de 1939. Era la mayor de lasTrece Rosas. “Es de justicia recuperar sus nombres y así poder testimoniar un pequeño pero necesario homenaje a su trabajo. Las milicianas son ellas también, no se olvide. Lo dejaron todo para luchar en el puesto que le encomendasen y en el destino que fuese, y hay que reconocerles esa valiente actitud”, concluye el historiador.

MEMORIA / RETORNO. F Pimentel.



MEMORIA / RETORNO

(Publicado en Ronda Semanal el Sábado 22.04.2017)

José Rosillo y Ana Esquina eran unos jóvenes rondeños que andaban sobre los veintitantos años y ya tenían dos hijos cuando Franco y Queipo extendieron el terror matando a los hombres y violando a las mujeres. 

Desde el 18 de Julio hasta el 15 de Septiembre del 1936 los hombres y mujeres de Ronda y Serranía resistieron heroicamente pero la desigualdad de medios impidió que los que tenían la razón de su parte pudieran contener a las negras tropas del fascismo nazi-franquista.

José y Ana, al igual que tantos cientos de familias, cogieron a sus hijos Francisco y Salvador y los cuatro huyeron de la muerte. Aunque hay que decir que eran cinco porque Ana iba embarazada de José que inició la huía en el vientre de su madre. Tuvieron la suerte de que los evacuaran en un camión que salió por la carretera de El Burgo hasta Málaga.

Allí hicieron lo mismo que todos los miles de refugiados que llegaron a Málaga: José se dispuso a defender la capital y Ana a poner a salvo a los niños cogiendo la carretera hacia Almería. Se dividieron y nunca más se volverían a ver. José y otros familiares fueron asesinados por fusilamiento y Ana sobrevivió cogiendo lo que podía de las huertas de Murcia para dar de comer a sus hijos llegando hasta Orihuela donde nació José en Junio del 1937.

Y del pueblo de Miguel Hernández siguieron huyendo hasta llegar a Francia donde no acabaron sus penalidades hasta la liberación de Europa. Hicieron allí su vida pero siempre mantenían Ronda en el corazón, especialmente Salvador que ha muerto con 82 años y pidió que sus cenizas fueran traídas a su/nuestra ciudad.

Este es el periplo de la dura vida que los criminales/ladrones les han hecho hacer a las familias trabajadoras, mientras ellos se repartían el botín, nos trataban como esclavos, y se concedían todos los honores unos a otros, mientras nos imponían la paz de los cementerios, de las cunetas, de las fosas comunes y el exilio.

Europa de liberó del fascismo, pero España pasó por culpa de Franco del vasallaje a los nazis al vasallaje a los yanquis y así los franquistas en vez de haber desaparecido en 1945 pudieron fustigarnos hasta 1977 y más allá.

Ahora, después de 40 años de aniquilamiento físico y otros 40 de destrucción económica, todavía pretenden lavarse la cara y las manos y aparentar haber sido y ser más demócratas que aquellos a los que mataron y obligaron a huir.

Andan por ahí, de sitio en sitio, de despacho en despacho, pidiendo firmas para nombrar hijos predilectos o adoptivos de Ronda a quienes de alguna forma intervinieron y ayudaron a Franco a dar el golpe militar del 17/18 de Julio trasladándolo de Canarias a Ceuta en un avión inglés y han vivido plácidamente de la mano de la dictadura amparados por los más altos conspiradores y gerifaltes del fascismo nazi-franquista.

Y mientras tanto nuestra gente sigue en las cunetas o en las fosas como José Rosillo o vuelve del exilio en una ánfora como su hijo Salvador Rosillo por lo que nuestro corazón sufre y nuestra mente no deja de exigir verdad, justicia y reparación.

Francisco Pimentel 
Facebook: Memoria Histórica de Ronda 

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