diumenge, 3 de desembre del 2017

12 kilómetros, 12 minutos, 16 mujeres en un camión

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Nueva ruta de la memoria: de Zufre a Higuera, un recorrido por la Sierra de Aracena sin ninguna señal que recuerde los asesinatos.
20 noviembre 2017
09:50
12 kilómetros, 12 minutos, 16 mujeres en un camión
Vistas desde la Plaza de la Iglesia en Zufre (Huelva).
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A Lala Mallofret la conoce todo Zufre. Es la única Lala en este pueblo onubense de 900 habitantes enclavado en la Sierra de Aracena y Picos de Aroche. Lala tiene mucha charla, 85 años y alquila casas rurales. “Vamos, que te voy a enseñar la zona”, dice diligente con una sonrisa amplia. Por cuestas empedradas, calle abajo, calle arriba, Lala se para delante de una preciosa casa rural entre fachadas blancas y zócalos de colores. “Esta es la antigua cárcel”, cuenta. Dice que de aquí sacaron a un grupo de mujeres en el otoño del 37 camino del matadero. “Mira, y este es el Ayuntamiento”. En la puerta cuelga un lazo morado y un cartel que avisa que Zufre está incluido en la red de municipios libres de violencia contra las mujeres. Por una callejuela aledaña asoma el campanario de la iglesia con un viejo reloj de números romanos. Suena la campanada de las siete y media, pero son las siete y veinte de la tarde. “A veces funciona y a veces no, a veces va adelantado y a veces va atrasado”, prosigue Lala. Es domingo. El reloj descansa sobre una plaza de cuento, una azotea con vistas al campo y a un pantano de agua azul intenso. Al fondo, la fuente del concejo, sobre una arquitectura gótico-renacentista, arroja agua por una carátula marmórea en forma de cabeza de tritón. Flotan tres naranjas verdes en el viejo abrevadero.
La historia en Zufre, como el reloj, lleva décadas de retraso. Dieciséis mujeres, maniatadas en colleras, reco-rrieron esas mismas calles a modo de paseíllo infame. “Y aquí en esta vieja escuela había otra cárcel. Luego fue una escuela. Hoy es un salón de actos”, señala Lala desde su casa, que hace esquina en la acera de enfrente. En la fachada aún se lee “Escuela de ninas”, con una ñ sin virgulilla. A los pies, en un pilar construido en 1909, el agua resbala con la cadencia de una tarde de verano sobre el musgo verde. “Donde aliviaran yuntas / sed de besanas, / sofocaran mis mulas / calo de parvas / y bebiera la luna / lunita, al alba”, rezan en un azulejo los versos del poeta Manuel Ordóñez Sánchez. Allí –señala Lala– aguardaba un camión para el traslado de las mujeres hasta el cementerio del vecino pueblo de Higuera de la Sierra.   
De ahí se llevaron también, un año antes, a su padre, Antonio Mallofret. “Mari Carmen, me llevan a declarar. Llegando al sitio se descansa”, le dijo a su mujer, que lo vio salir. “Le entregó la cartera y las cosas que llevaba encima. Yo tenía cuatro años”, afirma Lala. Eran cuatro hermanos, el más chico tenía dos, el más grande siete. Su madre perdió el quinto que estaba esperando. Lala no se acuerda de su padre, pero sí de lo que lloraban cada vez que se sentaban a la mesa a almorzar y a cenar. Hoy en el pueblo solo vive ella. Su hermana y sus dos hermanos se fueron a Venezuela. Los varones ya han muerto.
El teléfono suena un par de veces. Una de ellas se corta. Lala ha quedado para tomar café con pasteles en El Kiosco, un bar ubicado en el Paseo de los Alcaldes José Navarro y Andrés Pascual. El primero, republicano, fue fusilado. El segundo fue el jefe local de la Falange. Nuevas generaciones de niños y niñas corretean ajenos a la historia, bajo aquel vestigio franquista, entre los columpios y un tobogán. “Por allí salieron hacia Higuera”, se despide Lala. Poco más de 12 kilómetros separan ambos municipios. Poco más de 12 minutos en coche. La A461, de Santa Olalla a Minas de Riotinto. La N-433 dirección Aracena. Nadie puede saber qué sintieron Teodora, Remedios, Modesta, Josefa, Elena, Bernabela, Dominica, Felipa, Amadora, Mariana, Antonia, Encarnación, Faustina, Amadora, Carlota y Alejandra haciendo ese mismo recorrido en el camión. Tenían entre 39 y 62 años. Con ellas viajaban cinco hombres que fueron también asesinados ese mismo día, el 4 de noviembre de hace 80 años, entre ellos, José Mallofret, juez municipal de Zufre en 1932 y dirigente de Unión Republicana en 1936. Tío de Lala.
“Mucha gente desconocía lo que había pasado, se contó la historia que se contó, se tergiversó. Por eso yo escribí en un blog. Me costó trabajo. Había temor. Hasta entonces, no tengo constancia de que hubiera nada escrito”, explica el hijo de Lala, el periodista Diego Antonio Velázquez. A través de escritos, logró que se retirara el título de alcalde honorario a Franco en 2009 pero no un homenaje a las víctimas. Ahora, el Ayuntamiento, gobernado en minoría por IU, tiene previsto un acto de reconocimiento a estas mujeres, según explica la teniente de alcalde, Rosa Villa, que admite que hay cosas que cuesta mover en pueblos, además, tan pequeños.

En el viejo cementerio

Apenas pasan coches por Higuera, atravesado por la carretera nacional. Una patrulla de la Guardia Civil multa a uno que ha parado junto al Bar Carmona. Unos metros más allá, a la izquierda, el Museo de la Cabalgata, donde se muestra la “espectacularidad con la que el pueblo se engalana cada 5 de enero”. A la derecha, por una cuesta, discurre el camino hacia el viejo cementerio. Según los testimonios recogidos por Diego, les dijeron que bajaran y enfilasen: “Un trayecto muy corto, puede que algunas no supieran a dónde iban, pero otras sí debían saberlo. Los gritos se escuchaban en todo el pueblo. La gente de Higuera estaba aterrorizada. Las fusilaron en la puerta del cementerio”.
La verja, aún con la señal de un impacto de bala, está entreabierta. Tres filas de nichos de arriba abajo. Varias lápidas datan del siglo XIX. “Libre”, se puede leer en algunos de ellos. Al fondo, en una esquina a la izquierda hay un grifo y una carretilla. Nada que indique que bajo ese suelo hay 16 mujeres, cinco hombres y quién sabe cuántos cuerpos más. Según Lala, los arrojaban unos encima de otros, en tandas, con capas de tierra. Podrían estar bajo los nichos. Podrían estar bajo los setos y las flores, en el centro. Nunca se ha buscado en aquel lugar, que hoy conforma las vistas de una residencia de mayores y una casa en obras. Cuenta Santiago González, vecino de Zufre, que el juez de Aracena ante el que tenían que declarar se quedó esperándolas: “Se habla incluso de dos o tres violaciones”. “A ellas no las juzgaron, las sacaron y las mataron. Fue muy escandaloso”, resume el historiador José María García Márquez. Unos días después llegó otro camión de presos a Higuera. “Las autoridades vecinas, escandalizadas por aquella trágica escena, no consintieron nuevos fusilamientos –explica Diego–. El jefe local de Falange, Rafael Girón María, dijo: ‘El que quiera fusilarlos, que lo haga en su pueblo'”.

Zufre-Higuera

HUELVA
Estado de conservación:
En el cementerio de Higuera de la Sierra, donde fueron asesinadas las mujeres de Zufre, no hay ninguna señal que indique la fosa a la que supuestamente fueron arrojadas.



Sevilla-Cádiz-Huelva: un triángulo plagado de rosas

ENTIERRO DE LAS ROSAS DE GUILLENA.
Son las diez de la mañana. Doblan las campanas en el pueblo sevillano de Gerena, donde fueron fusiladas 17 mujeres inocentes. Salen a la calle con dignidad, una a una, metidas en sus cajitas. Están haciendo el recorrido inverso. Vuelven a su pueblo, Guillena, donde los falangistas las pelaron, las obligaron a tomar aceite de ricino y las pasearon después de llevarlas a misa. Vuelven a pasear por la misma calle Real donde fueron humilladas. Pero esta vez lo hacen sin miedo, animadas por los gritos espontáneos de “¡Viva la República!”. A las once y media llegan al cementerio, repleto de familiares, amigos y vecinos. Habla el niño de ocho años, ahora con 83, que las vio morir como animales. Poemas, palabras, canciones… “Yo he llorado ya todo lo que tenía que llorar”, dice Antonia, hija de Ramona, mientras se limpia los ojos con un pañuelo. Era el 15 de diciembre de 2013. Habían pasado 75 años desde el crimen.
Fue el libro de Pura Sánchez Individuas de dudosa moral el que puso nombres y apellidos a aquella represión específica que sufrieron las mujeres, que empezaron a ser consideradas como víctimas de manera oficial en 2010 con un decreto pionero de la Junta de Andalucía. La primera fosa de mujeres que se abrió en esta comu-nidad autónoma, no obstante, se remonta a 2009. “Un colorido cortejo fúnebre, callado y solemne, armado de claveles rojos, acompañó el paseo de unos 400 metros desde el centro de Grazalema (Cádiz, 2.227 habitantes) hasta el cementerio. Cinco pequeñas cajas rectangulares, cada una de ellas con una cruz tallada en la tapa, en las que descansaban los huesos mezclados de 15 mujeres y un niño, El bizarrito, nieto de La Bizarra”, narró el periodista Raúl Bocanegra en la crónica de aquel día. “Los falangistas –continúa–las montaron en un camión, que se detuvo en el kilómetro 57 de la carretera de Ronda (Málaga). Las hicieron bajar. El bizarrito, el niño, fue obligado a cavar una fosa, cerca de un horno de leña. Los fascistas las matan con saña […] La escena, como una estatua maldita, se mantuvo escondida años”.
Hay otras mujeres que no han sido localizadas a pesar de su búsqueda, como ocurrió en el caso delas 15 rosas del municipio onubense de Puebla de Guzmán. Pedro el Sastre, hijo de una de aquellas mujeres, murió sin encontrarla. La zona donde supuestamente fueron enterradas había sido removida, vaciada y vuelta a llenar con una capa de piedra de pizarra triturada. Un vaciado –dice el informe técnico de la exhumación– que pudo realizarse en 1973 y 1974 para la construcción de nichos nuevos. En Fuentes de Andalucía (Sevilla) otras tantas mujeres fueron secuestradas, humilladas, violadas y asesinadas un 27 de agosto de 1936. La exhumación del pozo en la que supuestamente fueron arrojadas, en la finca de El Aguaucho, situada en la carretera N-IV, ha finalizado días atrás sin éxito. 

“Meirás es una propiedad de Franco que se gestionó como una propiedad del Estado hasta 1975”.


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memoria histórica


Entrevista a Carlos Babío y Manuel Pérez, autores de ‘Meirás, un pazo, un caudillo, un espolio’, la primera gran investigación sobre cómo Franco se hizo con la propiedad del Pazo de Meirás.
27 noviembre 2017
21:53
“Meirás es una propiedad de Franco que se gestionó como una propiedad del Estado hasta 1975”
Carlos Babío (Sada, 1967) e Manuel Pérez (Sada, 1987) autores de "Meirás, un pazo, un caudillo, un espolio". Foto: ERIK DOBAÑO
SADA// Carlos Babío (Sada, 1967) y Manuel Pérez (Sada, 1987) presentan este martes Meirás, un pazo, un caudillo, un espolio (Fundación Galiza Sempre), la primera gran investigación sobre cómo Franco se hizo con la propiedad del Pazo de Meirás que se convirtió en su residencia veraniega, una de las sedes del poder del régimen y, como tal, en “centro de tráfico de favores” desde 1938 a 1975. Carlos Babío, nieto de Josefa, la mujer que perdió su casa porque tuvo la mala suerte de que estuviera al lado del Pazo, no es historiador profesional pero empezó hace 21 años a recoger testimonios de una memoria oral que ya no existe y a visitar todos los archivos que le permitieron visitar hasta ganarse el respeto de la academia. “¿Por qué nadie se atrevió antes a contar esta historia?”, se pregunta. El libro abrirá heridas en la silenciada memoria de los gallegos y exigirá justicia. Babío y Pérez han contado por fin la historia para que tenga un final justo: la devolución del Pazo al pueblo.
¿A quién pertenece el Pazo de Meirás?
Carlos Babío [C.B.] A la heredera, a su hija, Carmen Franco Polo.
¿Desde cuándo es propiedad de la familia Franco?
Manuel Pérez [M.P.] Legalmente, desde noviembre de 1941. Es cuando se formaliza ante notario la compra-venta del Pazo de Meirás.
[C.B.] Es decir, lo que comienza como una donación del pueblo a su caudillo -ese es el relato oficial que creó el régimen- termina como una operación entre particulares en la que Pedro Barrié de la Maza [presidente del Banco Pastor y fundador de Fenosa], mediante un poder notarial, representa a Franco para adquirir lo que fuera la antigua propiedad de Emilia Pardo Bazán y tierras colindantes que se habían ido incorporando desde 1938. En diciembre de ese año se le habían entregado las llaves a Franco en un acto solemne y desde entonces lo disfrutaba la familia.
¿A quién se lo compran y cuánto pagan?
[M.P.] En el registro de la propiedad figura que se pagaron 80.000 pesetas. La versión que el régimen transmite desde el principio es que había costado unas 400.000 pesetas.
[C.B.] El hecho de que se eligiera este pazo y no otro tuvo que ver con que el Banco Pastormantenía una hipoteca sobre la propiedad.
[M.P.] En ese momento pertenecía a la nuera de Emilia Pardo Bazán, Manuela Esteban Collantes. Ella heredará la propiedad porque el hijo, Jaime Quiroga, y el nieto fueron asesinados en Madrid durante la guerra. Con la heredera había empezado a negociar años antes, en concreto Fernando Álvarez de Sotomayor, ferrolano, que después de la guerra volvería a ser director del Museo del Prado. Viajó a San Sebastián en representación de la Junta Pro Pazo del Caudillo y cerró un acuerdo verbal. Por eso los Franco pudieron empezar a obrar en el Pazo en plena guerra y empezar a disfrutarlo ya desde el 38.
En el libro explicáis cómo las incipientes elites coruñesas se reunieron en esa Junta e idearon un mecanismo para pagar el Pazo, para que lo pagara el pueblo, pero esa captación de fondos fracasó…
[C.B.] En esa Junta participaron la Diputación y todos los ayuntamientos de la provincia con la Cámara de Comercio, la de la Propiedad, la banca, empresas de comunicación, como La Voz de Galicia y El Ideal Gallego… decidieron adoptar como mecanismo el de la suscripción popular y en cada ayuntamiento, cada vecino, tuvo que aportar. Fueron invitados a hacerlo, estamos hablando de 1938. Aquello fracasó porque los gastos que generaba el Pazo, las exigencias de Carmen Polo eran crecientes, exigían más y más recursos. Así fue como se decidió retener parte del salario a los funcionarios y detraer ingresos de cualquier entidad, por ejemplo de las cofradías de pescadores, y luego que los ayuntamientos hicieran también aportaciones. La Junta quiebra, de liquidar el asunto se encargó el propio Barrié, y eso hizo que alguno de los expropiados no recibiera finalmente ni una peseta.
En el caso de tu abuela sí hubo compensación.
[C.B.] A ella la dejaron literalmente en la calle, con cuatro niños… Tenía que vivir de la caridad. Eso generaba, digamos, mala imagen en Meirás frente al lujo del Pazo. Así que Barrié la llevó al notario y firmó haber recibido 50.000 pesetas. Mi abuela nunca tuvo ese capital. En el documento se indica que Barrié le pagaba 45.000 pesetas porque las otras 5.000 ya se las había adelantado. Por lo que pudimos ver en el testamento, mi abuela no reunió nunca un capital de más de 8.000 pesetas; así que me imagino que recibiría aquellas 5.000, que ya era mucho, y la obligaron a firmar por 50.000. Los manejos de Barrié, que actuaba en nombre de Franco, fueron de ese tipo en todo lo que hemos encontrado en relación con el Pazo. Pero estuvo muy bien asesorado en cada paso. Por ejemplo, en el acto notarial del 41 en el que se formaliza la compra del Pazo por Franco llaman también a la única hija viva de Pardo Bazán, Blanca Quiroga, para que renuncie a cualquier derecho sobre la propiedad. El Pazo inicial tenía 5,7 hectáreas, y hoy dentro de muros hay 9 hectáreas. Eso se añadió mediante expropiaciones u operaciones de compra-venta forzadas.
¿Cuál es el papel de Barrié de la Maza en el espolio?
[M.P.] Al principio, todo el mecanismo que se diseña para extraer los recursos se basa en la experiencia acumulada del sistema de suscripciones empleado para cubrir las necesidades de la guerra. Barrié y el Banco Pastor participaron en todo el proceso de financiación de la guerra y también hicieron las aportaciones más importantes para el Pazo. Luego se encargó de la formalización de la propiedad. Después lo recuperó a través de operaciones inmobiliarias que ahora mismo están en discusión como en el caso de la fachada marítima de A Coruña.
Hubo otros protagonistas que fueron recompensados, como el caso de Alfonso Molina, que hoy sigue dando nombre a la avenida de entrada a la ciudad.
[M.P.] Alfonso Molina entra en la Junta Pro Pazo como presidente de la Cámara de la Propiedad. Formaba ya parte de la élite local, incluso su familia estaba en el consejo de La Voz de Galicia. Pero jugará un papel clave como jefe del servicio de vías y obras de la Diputación. Fue el técnico encargado durante años, porque incluso siendo ya alcalde mantuvo el cargo en la Diputación, de gestionar todas las infraestructuras de acceso al Pazo. Y, a partir de 1947, como alcalde, convirtió al Ayuntamiento en una empresa de servicios de los Franco, servicios de jardinería, por ejemplo. Si podemos decir que Barrié era la persona de confianza de los Franco como financiero, a nivel político Molina se convirtió en el hombre de confianza de Franco en Coruña hasta que falleció en el 58.
En la investigación documentáis que el aparato del Estado trabajaba para el beneficio personal del dictador. ¿Cuánto duró eso?
[C.B.] Documentamos lo que gastaron las administraciones públicas, desde el Estado a través de los ministerios, la Casa Civil y la Casa Militar, a la Diputación provincial y los ayuntamientos, en particular el de A Coruña, que asumieron diferentes papeles en el mantenimiento del Pazo entre 1938 y 1975. La Diputación se ocupaba de tener las carreteras bonitas. El Ayuntamiento era la empresa de servicios. Hay una relación de millones destinados al Pazo, pero es imposible encontrar prueba documental de todo lo que se gastó. En el Ayuntamiento sólo se conserva un documento sobre una actuación concreta en el Pazo, pero había personal trabajando allí.
[M.P.] Y todo eso se justificaba en necesidades de seguridad del Jefe del Estado. Pero es que además, muerto Franco, el Estado continuó sufragando gastos en Meirás. Mantuvo guardias al servicio de Carmen Polo allí. Los había todavía cuando el incendio de 1978. Y la familia siguió beneficiándose del resultado del espolio mucho después con apoyo de instituciones públicas. En 1999 hubo una operación urbanística de terrenos lindantes al Pazo en los que se ubicara el acuartelamiento militar y se les facilitó la venta.
[C.B.] El período más difícil de investigar son los últimos años de Franco y los primeros años de la democracia. Mucha de la documentación sigue clasificada.
[M.P.] Pero el volumen documental es importante, porque en realidad, Meirás es una propiedad de Franco que se gestionó como una propiedad del Estado hasta 1975.
¿Qué dice Meirás sobre el franquismo?
[M.P.] Meirás era un centro de poder. Después de Madrid, en verano, se convertía en la corte de Franco. El aparato del Estado se trasladaba aquí. Eso lo sabían bien las élites coruñesas que decidieron regalárselo a Franco. En el contexto de los fascismos, el franquismo es un totalitarismo en el que el Estado aspira a ejercer una función que va más allá de lo público. Esa indefinición entre qué es lo público y qué lo privado, cuál es la función de las administraciones, a quién sirve… Meirás era un lugar al que acudir cuando se quería conseguir algo del Estado y desde el que el poder podía obtener contraprestaciones por ello.

180 niños desaparecidos en Huelva.


http://www.huelvainformacion.es/huelva/span-styletext-transformuppercaseen-huelvaspan_0_1196580387.html



BEBÉS ROBADOS EN LA PROVINCIA
  • Son los afectados que constan oficialmente a SOS Bebés Robados, aunque por ahora sólo 126 son sus socios
Exhumación de un bebé momificado en julio de 2013, que finalmente sí coincidía genéticamente con su madre.Exhumación de un bebé momificado en julio de 2013, que finalmente sí coincidía genéticamente con su madre.
Exhumación de un bebé momificado en julio de 2013, que finalmente sí coincidía genéticamente con su madre. A. DOMÍNGUEZ
Mapa de los bebés robados en la provinciaMapa de los bebés robados en la provincia
Mapa de los bebés robados en la provincia
Nadie quiere hablar de trama corrupta cuando se pone el foco sobre las presuntas desapariciones de neonatos a lo largo de medio siglo de historia en Huelva y en toda la geografía nacional. Mirar para otro lado se ha convertido en un deporte nacional que ahora desmonta el mismísimo Parlamento Europeo, que tildó la pasada semana el desaguisado del robo de niños de "escándalo" y que ha exigido al Gobierno español que tome cartas en el asunto.
Todo apunta a que el tema es todavía más grave de lo que a priori pueda parecer. Porque sólo en Huelva, en esta pequeña provincia del sur de España, la asociación SOS Bebés Robados tiene contabilizadas ni más ni menos que 180 desapariciones. De 126 de ellas tiene bastantes datos y las familias se han adherido al colectivo, entre ellos cuatro adoptados que sospechan que fueron robados al nacer. Todos han depositado su ADN en el banco de Neodiagnostica. Son, visto lo visto, sólo la punta del iceberg. Porque hay muchos más afectados que ni siquiera se han atrevido a contactar con la asociación, por aquello de no arriesgarse (por ahora) removiendo asuntos del pasado.
El hecho de que la Audiencia Provincial de Huelva decidiera en 2012 dar la estocada judicial a los asuntos de forma unánime, considerando prescritos los delitos y, por tanto, instando al archivo definitivo de las denuncias en los juzgados de Instrucción, ha frenado a los padres y hermanos que sospechan ser víctimas y que pedían a gritos que se investigaran sus casos. Son esas otras 54 familias que, según el colectivo que las representa, "no han dado siquiera sus datos porque está todo parado", explica la presidenta de SOS Bebés Robados Huelva, Esperanza Ornedo, a este periódico.

28 pueblos afectados

Basta con echar una ojeada al mapa de la provincia que acompaña a esta información para percatarse de que no hablamos de un hecho aislado. Por lógica -número de habitantes y concentración de hospitales-, Huelva es el municipio que alberga un mayor volumen de casos evidenciados, 69 en total, que significan el 54,7% de los 126 contabilizados como socios por SOS Bebés Robados Huelva.
Los denunciantes asociados se esparcen, pues, por un total de 28 pueblos de la provincia. Los que más casos contabilizan son Aljaraque, con seis; Isla Cristina, con cinco; Moguer, con cuatro; y San Juan del Puerto, Trigueros y Ayamonte, con tres cada uno.

de los años 50 a 2001

Las presuntas sustracciones de recién nacidos en hospitales y clínicas de Huelva tienen una macabra tradición de más de medio siglo en nuestro territorio. Así lo atestiguan los socios de SOS Bebés Robados, padres o hermanos en la mayor parte de los casos que siguen, a día de hoy, buscando a sus niños. La década en la que claramente se produjeron en la capital más desapariciones de neonatos fue la de los 70, con 59 casos inventariados por la asociación hasta el momento.
Le siguen los 40 asuntos que tuvieron lugar en los años 60 y los 14 de los 80. Los más antiguos son los de la década de los 50, cuatro en total.
Si alguien pensaba que esto es una cosa del pasado más lejano, de la opaca época de la dictadura franquista, se equivoca de pleno.
En los años 90 se dieron ocho casos, ni más ni menos, según han informado los propios afectados. Y sí, una familia ha denunciado el robo de su bebé en pleno siglo XXI, concretamente en el año 2001 y en el hospital Infanta Elena de Huelva.

El 73%, en el lois

SOS Bebés Robados tiene referencia de los lugares de nacimiento de los niños supuestamente desaparecidos en sólo 115 casos. Esto es así, como ocurre en el resto de la estadística, porque de muchos de ellos se desconoce esa información. Pasa en los casos de las personas que buscan a sus hermanos cuando sus padres ya han fallecido.
Con estos datos en la mano, se puede afirmar que siete de cada tres niños perdidosnacieron en el hospital Manuel Lois: 84 en total. "Son muchos los casos de bebés sustraídos en este hospital, que fue utilizado de mercadillo para la venta de nuestros niños", afirma Esperanza Ornedo. El provincial de La Merced, actual sede de la Universidad de Huelva, está relacionado con otros 22 casos.
Y de los centros públicos, a los privados. Muchos tenían en común a médicos y matronas, que ejercían su labor más allá de los muros de la administración. La clínica La Meced, ubicada antaño en el Paseo de Independencia, está vinculada a cinco denunciantes; la clínica La Milagrosa, a un caso más, al igual que la clínica del Carmen.

más niños que niñas

Aunque no es significativa la diferencia, en los 114 asuntos que maneja la asociación en los que se conoce el sexo del bebé, 59 eran niños y 55, niñas. Cuatro de estos críos de entonces fueron adoptados y ahora buscan sus orígenes bajo la sospecha de que fueron arrebatados a sus padres biológicos.

edades de las madres

Las edades que tenían las madres en el momento de dar a luz se conoce en 101 asuntos. En seis de cada cuatro casos (62) ellas tenían entre 20 y 30 años. Le sigue en importancia la franja de entre los 30 y los 40 años, con 26 mujeres que se sienten víctimas del robo de sus hijos tras el parto. En nueve de los casos denunciados las chicas eran menores de edad, mientras que hay registrados cuatro en que ellas tenían entre 40 y 50 años.
Recuerda Ornedo que "en 22 de los casos las madres eran primerizas". En otros 25, los niños de los que los afectados han evidenciado su desaparición eran el segundo hijo de la pareja. Otros 13 ocupaban el tercer lugar entre sus hermanos y ocho bebés, el cuarto. Las familias numerosas, en vista de estos datos, eran "objetivo de la trama". Se tiene constancia de otro caso en que el hijo ocupaba el quinto lugar, tres casos del sexto hijo, dos del séptimo y uno del noveno. "A veces les han dicho a las madres que qué más les da, que ya tenían niños suficientes".

20 partos múltiples

Los datos de SOS Bebés Robados hacen referencia a presuntas desapariciones de recién nacidos que fueron alumbrados en partos múltiples, veinte en concreto.
Pero además, indican las estadísticas que sólo ocho madres parieron mediante la práctica de una cesárea. Siendo tan escasas, Ornedo se pregunta por qué si la gran mayoría se llevó a cabo de forma natural los ginecólogos "anestesiaban a las madres". Tiene clara la respuesta: "Facilidad para el engaño".

causas de las 'muertes'

"En 31 de los casos que tengo registrados, los bebés nacieron muertos, según los médicos que informaron y atendieron a las madres", recuerda la presidenta de SOS Bebés Robados.
No en todos los asuntos consta, como venimos reiterando. Pero en 44 de ellos sí se conoce la supuesta causa de la muerte de esos niños que sus padres siguen echando en falta. Hay algunas que casi pueden tildarse de disparatadas. Por ejemplo, en dos de los asuntos aparece en el legajo de aborto la palabra "macerado", en otro, "destrozado" o, en uno más, con "mollera abierta". Incluso hay un crío que presuntamente murió por "clavícula rota". Inaudito.
La anoxia -falta o disminución de oxígeno en las células, los órganos o la sangre- está presente en 17 casos, es la más común. Le sigue en volumen la "insuficiencia respiratoria", con nueve. Tres neonatos perecieron supuestamente por ser "prematuros", dos por "enfermedad parecida a la meningitis", otros dos por "parto prolongado" y los mismos por "muerte súbita" o por "malformación". En dos casos más la causa del fallecimiento que consta es "derrame cerebral" y "leucemia". A juicio de Esperanza Ornedo, muchas son "un sinfín de idioteces sin sentido".

los enterramientos

Uno de los patrones que constantemente se repite en los casos detectados es que el hospital de turno decía que se haría cargo del enterramiento del bebé. Daba igual que sus padres tuvieran nicho en propiedad y seguro de deceso. Muchas veces los sanitarios aseguraban que los niños irían en el ataúd de otro cadáver adulto. Pero la realidad es que en la documentación, la mayoría aparece registrada con inhumación en la fosa común del cementerio de La Soledad de Huelva.
Se incluyen aquí los seis casos de la década de los 90 y el de 2001. Lo más sangrante es que los propios enterradores del camposanto onubense aseguran que en 1990 se dejó de utilizar la fosa común para las sepulturas.
De las decenas de sospechosos enterramientos, sólo cinco se llevaron a cabo en nichos. Son los únicos que se pueden investigar, por vía privada, a través de la exhumación. Se han llevado a cabo cuatro por ahora. Sólo en uno de ellos, de 1992, se encontró un bebé cuyos restos coincidían genéticamente con su madre. En otros tres asuntos, uno de 1960 (en tumba), otro de 1968 y otro de mediados de 1979, no había rastro de los neonatos.

hubo 18 imputados

El asunto de las presuntas desapariciones de recién nacidos en los hospitales onubenses entre 1949 y 1992 empezó a investigarse con la máxima implicación de la Policía Nacional y los juzgados de Instrucción. Los magistrados llegaron a citar como imputados a 18 personas: 12 ginecólogos, cinco matronas y hasta a un policía. En el caso concreto de un prestigioso médico ya fallecido, su nombre constaba en una veintena de asuntos denunciados por vía judicial.

los reencuentros

El tráfico de niños recién nacidos en nuestro país no es un delirio. No atiende a meras alucinaciones de unas madres y unos padres que todavía, pese al transcurrir de los años, padecen el inmenso dolor de saber que les arrebataron vilmente a sus retoños. En ocasiones con gran descaro, sin cortapisas, a placer y con alevosía.
En Huelva, por ejemplo, vivimos el caso de Quique Olivert, adoptado por una familia de Matalascañas y que encontró a sus padres biológicos en el País Vasco en 2012. Y hace sólo unas semanas el programa de televisión Cámbiame conseguía reunir a una madre residente en Huelva, Toñi Arias, con su hija 36 años después de que se la quitaran en Barcelona. Las sustracciones de bebés son, demostrado queda, una realidad por la que todavía nadie ha respondido ante la Justicia.