dijous, 24 de maig del 2018

Francisco Etxeberría: “Hay que resignificar el Valle de los Caídos y llevarse de allí a Franco”


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El prestigioso forense que ha exhumado más de 8.000 cadáveres represaliados en 18 años ofreció una conferencia en Teruel
Miguel Ángel Artigas
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Francisco Etxeberría, durante la conferencia que ofreció en Teruel. M. A.
Francisco Etxeberría, durante la conferencia que ofreció en Teruel. M. A.
Francisco Etxeberría (Beasaín, 1957), es uno de los médicos forenses más reputados y afamados de nuestro país. Ha participado en casos históricos como el de Lasa y Zabala, los niños José y Ruth Bretón asesinados en Córdoba, la exhumación de los restos de Víctor Jara, Salvador Allende o Miguel de Cervantes, y a lo largo de los últimos 18 años ha exhumado más de 500 fosas comunes de la guerra civil, recuperando los restos de más de 8.000 represaliados. 
Durante el pasado mes de abril protagonizó una de las ponencias de las Jornadas por la Memoria Histórica en Teruel organizadas por la Asociación Pozos de Caudé, con la que ha trabajado codo con codo en algunas exhumaciones en Teruel. 
Etxeberría tiene claro que cualquier forense ha de ser siempre objetivo en su trabajo, pero jamás neutral cuando hablamos de una vulneración de los Derechos Humanos. En ese sentido afirma que el derecho a conocer la verdad nunca prescribe, y que la Memoria Histórica es un proceso que España debe completar necesariamente. No es buenismo, sino cordura democrática.
- ¿Qué papel han jugado las exhumaciones de represaliados en el proceso de la Memoria Histórica?
- Ha sido su auténtico motor. En el año 2000 tuvo lugar la primera con cierta metodología y un equipo cualificado, y desde entonces han evolucionado mucho, y han arrastrado el desarrollo de movimiento de Memoria Histórica que se ha abierto en muchas más direcciones; el cine, la música o la poesía, en muchos ámbitos de la sociología, psicología o la política. La gente había oído hablar de las fosas, pero cuando comenzó a ver fotos de decenas de esqueletos apilados en prensa y televisión fue cuando empezó a negarse a mirar hacia otro lado. 
- He leído que usted ha lamentado no haber empezado antes a exhumar restos de represaliados.
- Desde luego. Hay que recordar que no somos pioneros ni mucho menos. Después de la muerte de Franco, en los últimos años setenta, muchas familias se decidieron a ir al monte para sacar los restos de sus desaparecidos. En aquella época nadie estuvimos atentos a la ayuda que se merecían. Aquello se hizo no voy a decir que a escondidas, pero casi; durante los fines de semana y sin medios técnicos ni por supuesto económicos. Aquellas familias hicieron lo que pudieron en un fenómeno muy interesante, poco estudiado y conocido, que tuvo lugar por toda España. 
- ¿Se exhumaron así muchos restos?
- Muchísimos. En Soria, La Rioja, Aragón, Palencia... se hicieron exhumaciones masivas. Y las hicieron protagonistas de esas historias; viudas de los muertos, hijos y hermanos... No como ahora, que ya estamos hablando de otras generaciones. Digo esto porque entonces no estuvimos atentos, y cuando en el año 2000 volvió a surgir este fenómeno, pensé, quizá porque entonces ya tenía más formación, que esto no podía desarrollarse sin una implicación técnica. Los historiadores se habían preocupado mucho, y en 2000 desde el ámbito forense decidimos unos cuantos, la mayoría profesores de la Universidad, meternos con este tema. 
- En Aragón está aprobado el Proyecto de Ley de la Memoria Democrática. ¿Esta herramienta será útil para cubrir las necesidades que existen?
- Sí. Aragón además tiene los antecedentes de lo que, sin ley, han sido reglamentos, regulación, formalidad y equipo de la propia administración, a los cuales yo he ido conociendo. Han hecho las cosas procurando que existiera un criterio moderno. Es decir, lo que se ha hecho en Aragón, hasta ahora, se ha hecho bien. Y la Ley no solo va a servir para que se regulen mejor la exhumaciones, sino que se ampliará a otros aspectos. 
- ¿Qué aspectos?
- Hoy hablamos de fosas, pero la Memoria Histórica es mucho más que recuperar restos y hacer un análisis genético, que es lo que parece que nos atonta a veces. Son otras muchas cuestiones y otras competencias profesionales. Y ahí la Ley va a poder meterse de lleno en ese abanico. 
- ¿Desde el punto de vista puramente económico u organizativo, exhumar todos los represaliados que quedan en cunetas y fosas comunes es una empresa inabarcable?
- No. Yo suelo decir que si hubiera un poco de formalidad y voluntad, en una o dos legislaturas se podrían acabar con todas las fosas. Siempre que se formaran unos equipos estables que trabajaran en esto durante todo el año. ¿Y cuánto costaría? Pues lo mismo que cuesta enviar a un archivero a investigar unos documentos. Eso tiene un precio tasado en el Boletín Oficial del Estado para los Centros de Investigación. Hay unas tarifas por hora, por día, por semana, por mes o por año que están establecidas. Y no es desequilibrante para ningún presupuesto. Pero es que hay mucho más que eso. A nivel municipal, y además sin gastar dinero, también se pueden hacer muchas cosas en positivo, pero hace falta valor democrático y un discurso de Derechos Humanos. Se puede convocar un Pleno en el Ayuntamiento y anotar en el acta qué es lo que pasó y qué muertos se produjeron en ese municipio concreto. Eso costaría cero euros y sería la primera vez que tendríamos un documento oficial que lo registrara, en el cual cabe la libre expresión de todos los concejales que nos están representando. Para hacer eso tan fácil no se necesita más planificación ni más gasto. Se puede hacer, y si no se hace es porque muchas veces ni se piensa en ello. Pero quizá la influencia de la Memoria Histórica nos lleve a comprender todo esto de manera natural y se terminen haciendo muchas cosas de este tipo. En el campo de la música, de la poesía, del teatro o del cine ya hay iniciativas que han surgido en la lógica de la comprensión de que esta tragedia, vivida en el siglo pasado, puede tener un valor para hablar del futuro. 
- Aunque, como acaba de recordar, no existe ningún registro oficial, suele decirse que en España existen cerca de 120.000 desaparecidos, una cifra que nos sitúa como el segundo país del mundo únicamente por detrás de Camboya... ¿Es un dato exagerado?
- Es un dato exacto respecto a lo que ocurrió, pero no en tanto a lo que queda por hacer. Es decir, ya no quedan 120.000 personas enterradas en las cunetas españolas. Muchas se han abierto y recuperado, en muchos casos por las propias familias sin que haya quedado constancia oficial o científica de eso; otras no se podrán localizar jamás porque el urbanismo ha crecido, y lo que eran las afueras del pueblo hoy puede ser un polígono industrial o la ampliación de la carretera que cuando se hizo no tuvo en cuenta lo que había debajo... No quedan 120.000 desaparecidos, sino bastantes menos. Nosotros, entre unos equipos y otros, hemos recuperado unos 8.000 esqueletos en estos 18 años. Calculo que nunca vamos a llegar ni al 20% de lo que fue la cifra real, también porque parte de los represaliados fueron enterrados en cementerios, que se reutilizaron en pueblos que han crecido, así que no queda nada como para que tengan que intervenir antropólogos o arqueólogos forenses. Lo que sí queda es una dimensión de valor histórico y de reconocimiento político, con independencia de que se encuentren o no unos huesos. 
- ¿Existen fosas de asesinados por parte de los republicanos?
- Creo que no son muchas pero sí, hay algunas. De hecho dos de las 500 fosas que se han abierto en estos 18 años correspondían al bando de los franquistas. Yo mismo intervine en esas exhumaciones y fuí objeto de críticas.
- ¿Fue criticado por exhumar asesinados del bando franquista?
- Sí, y no entiendo por qué. Nosotros tenemos que poder auxiliar, si llega el caso, a todo lo que se suscite como una fosa con restos. Yo suelo trabajar en lugares de todo el mundo y no voy por ahí preguntado a qué partido vota la persona que me ha llamado. Pero hay que reconocer que las fosas de aquellas víctimas asesinadas por los republicanos son mucho menores en cantidad, y además fueron dignificadas en su día a sus familias a través de los libros oficiales. La historia de los muertos del lado franquista ha tenido una oficialidad en España que no han tenido, y siguen sin tener, los muertos del lado republicano. 
- Ya que menciona las críticas, es curioso que su trabajo se utilice como arma política tantas veces. Usted ha levantando fosas de represaliados por parte de los franquistas y demostró que en el cuartel de la Guardia Civil de Intxaurrondo habían tenido lugar torturas sistemáticas, lo cual molestó a buena parte de la derecha. Pero también demostró que Salvador Allende se suicidó en el Palacio de la Moneda de Santiago de Chile, lo cual también molestó a una parte de la izquierda...
- Pero es que a nosotros siempre nos pasa esto. Los especialistas en los forense no somos parte en la discusión, aunque tenemos sentimientos, corazón, ideología y votamos, por supuesto. Nosotros, igual que los periodistas, tenemos que ser objetivos e imparciales. Pero hay una cosa que hay que aclarar; cuando se trata de vulneraciones de los Derechos Humanos no podemos ser neutrales. Esto es muy discutido porque hay gente que no lo comparte. Yo debo ser objetivo e imparcial; quizá no lo he sido siempre pero debo intentarlo a toda costa. Pero no debo ni quiero ser neutral. Yo no puedo decir que, como a mi no me toca, no sé nada. Soy funcionario público y profesor de la Universidad. ¿Cómo me voy a abstener bajo el argumento de la neutralidad diciendo que busquen a otro? Hace tiempo me di cuenta de que esto no puede ser así, y me di cuenta no por el discurso del derecho penal o de la ciencia forense, sino por influencia de la criminología y la victimología, que sitúan en el centro de todo a la víctima, perjudicado o afectado. Una víctima plantea unas necesidades que hay que atender si somos una sociedad moderna del siglo XXI. Y es que además todo esto sirve para consolidar los valores democráticos. Cuando alguien nos pregunta que por qué hacemos esto de las exhumaciones me da la risa. Esto sirve para ensanchar el discurso de los Derechos Humanos, y eso es sagrado. Luego estará la utilización política, pero eso es muy viejo. Los médicos forenses casi siempre quedamos mal. En los casos de violencia de género, en tanto que no somos parte siempre quedamos mal ante una de las dos partes que están en litigio cuando opinamos. Pero va en nuestro trabajo y estamos acostumbrados. 
- ¿Qué opina de los trabajos preliminares de exhumación que se iniciaron en el Valle de los Caídos en abril?
- Por el momento ha entrado un equipo de técnicos e ingenieros que van a evaluar cuál es la seguridad de la propia instalación, que es una construcción de hormigón descuidada y afectada por filtraciones, y antes de dar otro paso quieren saber si es factible o no entrar allí y empezar a sacar cajas y moverlas, o antes hay que apuntalar techos. Esa es la tarea previa a lo que luego tiene que ser lo puramente forense. Yo mismo estoy designado en parte por las familias que están allí, a través de su abogado. Puede que un día tenga que ir, o no, pero por delante están otros técnicos. Mi opinión es que no se puede impedir el derecho que tienen las familias a buscar los restos, porque nadie es propietario de ellos. Además la sentencia judicial en vía civil lo dice muy claramente. Este paso había que darlo y es fundamental, y servirá para otras cosas, entre otras la acción reparadora, que comienza cuando ves que la Administración que tú mismo mantienes con tus impuestos te comprende y te auxilia cuando llega el momento. 
- ¿Se ha abierto un melón que había que abrir antes o después?
- Claro. Se abrió en Pamplona con el minivalle de los Caídos en el centro de la ciudad, donde estaba enterrado Mola, que provocó la sublevación militar ni más ni menos, y Sanjurjo, además de otras personas. Cuando se hizo eso parecía que se iba a hundir la ciudad y no pasó absolutamente nada. Se hizo la tarea y hubo familiares que lo comprendieron, que no se extrañaron de que en el siglo XXI se quisiera eliminar ese estigma de una herencia franquista instalada en un monumento, que recuerda una serie de valores inaguantables. Yo participé en esas exhumaciones y todo sigue funcionando con normalidad. De igual forma y aunque por tamaño no es comparable, el Valle de los Caídos hay que resignificarlo y reconstruirlo en el sentido simbólico y pedagógico. No puede ser que Franco esté enterrado allí, pero eso ya lo dijo la Comisión de Expertos, que por cierto tiene una composición muy variada en lo político, y que estuvo de acuerdo con sacar a Franco del Valle de los Caídos porque no le corresponde estar allí. Luego vendrá la dificultad de encontrar al genio diseñador y artista japonés que sea capaz de cambiar la simbología de un edificio que representa el fascismo, la dictadura y el franquismo. Pero esa será otra. 
- Recientemente estuvo al frente de los trabajos de recuperación de los restos de Cervantes en el convento de las Trinitarias en Madrid. ¿Cómo se cerró ese asunto?
- Allí estuvimos historiadores, arqueólogos, antropólogos y forenses. Estamos convencidos de que hemos encontrado el conjunto de restos que se trasladó desde el suelo de la primitiva iglesia a la segunda iglesia, entre los cuales están los de Cervantes. El problema es que están mezclados con los de otras quince personas. Cervantes fue de los primeros en ser enterrados en esa iglesia, pero comenzaron a construir otra y 80 años más tarde, aproximadamente, se inauguró. Y se dio la orden de sacar los restos y trasladarlos a la nueva. Eso lo hemos comprobado a través de un papel fundamental encontrado en el archivo de las monjas Trinitarias Descalzas que nunca se había visto antes, en el que consta que en una fecha concreta y a una serie de trabajadores se les pide el traslado, e incluso se relata lo que cobraron por hacerlo. Pero el traslado no fue individualizado, sino que se llevó todo mezclado como si fuera un osario. Podemos descartar algunos huesos que son de mujer, pero lo que podemos atestiguar es que entre esos restos están los de Cervantes. Si eso a la gente le parece insuficiente lo lamento, pero al menos sirvió para que, en radio, prensa y televisiones de todo el mundo, se hablara en positivo de España. Ninguna campaña de publicidad hecha con tal fin hubiera tenido tanto efecto. 
- Ha participado en muchos casos históricos y muy mediáticos , como este de Cervantes, el de los niños José y Ruth Bretón, Víctor Jara, Neruda, los 8.000 represaliados cuyos restos se han recuperado... ¿hay alguno que recuerde en especial?
- Para mí siempre será impresionante aquel día que encontramos a dos guipuzcoanos que habían sido secuestrados en Francia, trasladados a un centro clandestino de detención que era el Palacio de la Cumbre en la ciudad donde yo vivo, a 500 metros del Palacio de Justicia, en tiempos de democracia, y los hicieron desaparecer. (Se refiere a los etarras José Antonio Lasa y José Ignacio Zabala, detenidos en 1983 ilegalmente por los GAL en Bayona, torturados en San Sebastián y asesinados y enterrados en Alicante por orden del general Galindo). Eso es muy fuerte, peor que eso, peor que la lucha antiterrorista sucia e ilegítima no sé si puede caber. Eso me condicionó bastante, porque en aquellas fechas yo trabajaba creyendo que ya estábamos en otros tiempos, creyendo que la Administración de Justicia estaba mejorando incorporando jueces y personas jóvenes, creyendo que nos estábamos zafando de la herencia franquista. Y sin embargo aquello me recordó que no todo estaba cambiando. Pero más allá de eso recuerdo todos los casos, uno por uno. Me impresionó tener los restos de Víctor Jara en la mano, a quien no me puedo imaginar inerte, como un objeto, con su mandíbula o sus dientes tan característicos, porque enseguida me evocaba su imagen el blanco y negro como cantante. Cuando lo mataron yo era un estudiante, aquí estábamos acabando una dictadura y en Chile estaban inaugurando la suya. Y luego están los mensajes de Salvador Allende en la radio, en 1973, cuando se daba cuenta de que estaba quedándose solo y que nadie en el mundo le va a ayudar, cuando veía que iba a triunfar la dictadura de un militar traidor como Pinochet. Todavía me parece mentira que en 24 horas se pueda producir una involución de esas proporciones en todo un país. Los éxitos y avances sociales cuestan años, y algunas involuciones se dan en pocas horas, las que se tardó en matar y torturar masivamente a la gente. Y cuando oigo esos mensajes radiofónicos de Allende, que pueden rescatarse a través de internet, todavía me impresiono. 
- ¿En su oficio se llega a hacer callo?
- Lo mío no es nada. Mis compañeros médicos que están en los Servicios de Urgencias, donde todos los días pierden a pacientes, sí que lo tiene duro. 

dimecres, 23 de maig del 2018

CSI Repil (III)




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miércoles, 23 de mayo de 2018



El crack de 1929 barrió los sueños de muchos de estos emigrantes afincados en Cuba y Estados Unidos. La quiebra de los bancos en donde guardaban celosamente sus ahorros hizo que familias enteras se viesen obligadas a retornar a su tierra. La crisis y el paro masivo marcaron los años de la IIª República en el valle de Lemos. Monforte era la segunda ciudad de la provincia de Lugo, el enclave ferroviario más importante de Galicia. El ayuntamiento intentó superar el monocultivo del tren, e incentivó la industria. En 1935 accedió a que se crease al pie del yacimiento romano de O Castelo Pequeno una fábrica de teja y cerámica. Esta factoría fue promovida por el empresario y banquero coruñés Pedro Barrié de la Maza, presidente del Consejo de Administración de todo un holding de la época: Industrias Gallegas S.A. De aquí salió gran parte del material constructivo con el que se hizo y rehízo la casa de Repil.

Una muestra de los materiales de construcción fabricados en
O Castelo y recuperados en la casa de Repil.

La República intentó aplicar como pudo su programa de reformas sociales en el rural. Las escuelas de las parroquias de la zona notaron los nuevos tiempos. Durante décadas, durante el franquismo, la placa con el escudo republicano se conservó milagrosamente en la pared de la escuela de Chavaga, aquella en la que estudiaron los niños y niñas de la familia Amaro. A diferencia de otras comarcas, aquí los indianos no habían invertido en infraestructuras docentes. El Estado tampoco. Basta con leer el Viaje a las escuelas de Galicia del periodista Luis Bello, vinculado a la Institución Libre de Enseñanza y que visitó Chavaga y Reigada en los años 20.

Manifestación del 1 de mayo de 1936 en Monforte de Lemos.

El tren inoculó en los enclaves ferroviarios del valle del Sil las ideas de progreso y las ansias por construir un mundo nuevo. El caciquismo comenzó a resquebrajarse. El sindicato UGT y el PSOE tenían mucho peso en la zona. La revolución de 1934 se hizo sentir con fuerza. En el campanario de Ribasaltas se llegó a colocar la bandera soviética. Los jóvenes de la parroquia de Cereixa se envalentonaron e intentaron dinamitar el puente del ferrocarril. La operación fue un fiasco y muchos de ellos tomaron por vez primera una decisión: echarse al monte, refugiarse en la Serra de Lamas, en Santa Bárbara, en A Costa, en las inmediaciones de Repil. La represión acabó con el alcalde socialista de Monforte, Juan Tizón Herreros, en la cárcel. La victoria del Frente Popular en febrero del 36 hizo temer lo peor a la derecha tradicionalista, a los sindicatos agrarios católicos, a la patronal y los caciques rurales. La manifestación del 1 de mayo en la capital lemava fue multitudinaria. Esa histórica fotografía fue de gran utilidad para los matones falangistas en el verano de 1936.

Juan Tizón Herreros en su época de alcalde de Monforte de Lemos.

Las fuerzas golpistas sabían que había que hacerse con Monforte lo antes posible. Se aprovecharon de que los civiles más combativos se habían desplazado a Lugo para intentar frenar el golpe en la capital. Con la Guardia Civil dueña de las calles, dio comienzo una represión feroz, la caza del hombre. Juan Tizón, alcalde de Monforte, se ocultó en la parroquia de Torbeo, en donde nació uno de los guerrilleros muertos en Repil, O'Porreto. El alcalde consiguió huir y afincarse en Oporto, en donde fue acogido por Mario Soares. Allí se convirtió en agente de los servicios secretos británicos, falleciendo en 1945. El alcalde de A Pobra do Brollón, Antonio Reboiro, republicano, masón, miembro de un partido agrarista, fue fusilado en 1939, acusado de auxilio a la rebelión. Como los Amaro, había regresado de América con ideas nuevas, tan locas como la de montar una biblioteca.

El alcalde de A Pobra do Brollón, Antonio Reboiro, fusilado en 1938.

Escuadras negras sembraron el terror. Hombres convertidos en topos, eran denunciados, torturados y vilmente asesinados, como el concejal socialista de Monforte, Ramón Somoza, exhumado por la ARMH en 2016 en la vecina parroquia de Castroncelos. Este contexto ayuda a explicar por qué se echaron al monte unos huidos que acabarían convertidos en guerrilleros.

Exhumación en junio de 2016 en el atrio de la iglesia de Castroncelos (ARMH).

Mientras todo esto pasaba, la familia Amaro veía como su casa recién estrenada se encontraba en el epicentro de un territorio militarizado, con guardias custodiando la vía del tren, la carretera y el paso a nivel. Con la guerra llegó otra desgracia: en 1937 fallecía el cabo da casa, Maximino. Su viuda, Teresa, quedaba a cargo de una familia extensa en la época más mísera y miserable que se recuerda.


La fosa de Parasimón: cuando un testimonio vale más que un documento


http://www.publico.es/sociedad/fosa-parasimon-fosa-parasimon-testimonio-vale-documento.html



Tras muchos años en busca del paradero de su abuelo, los nietos de Luis Cienfuegos Suárez -desaparecido en el 37- dieron con el testimonio de Celesto, un anciano que siendo joven pudo ver a escondidas como lo fusilaban.

Fosa de Parasimón

Ocurrió en el concejo de Lena (Asturias) a finales del año 1937. La guerra allí había terminado hace unos meses y se daba inicio a una nueva fase de represión selectiva y cruel. Celesto, por entonces un chaval de 16 años, iba a paso lento con su caballo en busca de algo de leña, cuando un camión se paró junto a él. “¿Donde vas chaval?”, le preguntaron. “O caminas para delante o te vas para atrás, pero aquí no puedes estar”. Entonces, estimuló su caballo y tomo más prisa que nunca en su tarea.
Por suerte, Celesto García, que falleció hace unos años, pudo contar con pelos y señales lo que ocurrió tras acelerar el paso. “Comenzaron a sonar disparos. Poco a poco, arrastrándome, siempre procurando ir bien escondido, me situé en un lugar donde pude ver lo que allí ocurrió”, explicaba Celesto a algunos miembros de la Asociación de Memoria Histórica de Lena (Asturias) que recogieron su testimonio.
“Lo que sucedió allí fue atroz. Había dos grupos de personas, uno de diez y otro de doce, hombres jóvenes que atados de pies y manos a tiros asesinaron”. Allí, quieto y en soledad, pudo ver como tras la matanza llegaba una última acción de crueldad.
Los asesinos sacaron sus cuchillos y, uno a uno, fueron desfigurando los rostros de los cadáveres, dejándolos irreconocibles. Después de unos minutos, con el escenario despejado, bajó corriendo al pueblo de Pajares para avisar al maestro, quién reunió a un grupo de hombres para ir a la cuadra de Parasimón -donde Celesto decía que ocurrió todo- y enterrar los cuerpos con la esperanza de que algún día pudieran ser exhumados. “Se abrieron dos grandes fosas, enterrando cada grupo junto”, puntualizaba Celesto. De todos los hombres que allí fueron enterrados solo se tienen pruebas fehacientes de la identidad de uno: Luis Cienfuegos Suárez, militante de Izquierda Republicana y miembro de la Federación de Trabajadores de la Tierra.
“La figura del abuelo queda en el olvido debido al silencio de la posguerra. Nosotros sabíamos que el abuelo había muerto en la guerra"
Desde hace años, sus nietos luchan por sacar a su abuelo y el resto de fusilados de la ya conocida fosa de Parasimón. Concretamente, desde 2010. Para su desgracia, el miedo a hablar de los crímenes del franquismo fue tal que ni los propios descendientes de Luis Cienfuegos sabían exactamente quién fue su abuelo. “La figura del abuelo queda en el olvido debido al silencio de la posguerra. Nosotros sabíamos que el abuelo había muerto en la guerra. Con los años, fuimos obteniendo más datos y la primera pista fue la de Celesto”, explica a Público Toño Naves Cienfuegos, uno de los nietos.
En esa búsqueda incesante por la reconstrucción de su memoria familiar y de la memoria de un pueblo enterrado en cunetas, apareció Celesto con su testimonio esperanzador. A él se aferraron ante la escasez documental y el espaldarazo habitual de las instituciones. Tirando de los hilos de su relato, consiguieron localizar las dos fosas, situadas en la ya mencionada cuadra de Parsimón, un lugar abrigado por laderas que se halla nada más terminar el pueblo de Pajares. Al testimonio de Celesto se unió el de otro lugareño “que ha querido permanecer en el anonimato” que vino a confirmar el lugar exacto de las dos fosas, asegura Toño.
Restos de balas encontrados a los alrededores de la fosa
Con los relatos reafirmados en el hallazgo de las fosas y con varias acciones de investigación arqueológica detrás que confirman que allí hay restos humanos, los descendientes de Cienfuegos Suárez han conseguido financiación a través de una campaña de crowdfunding para exhumar la primera de las fosas en la que reposan los resto de su abuelo y otros ocho o diez individuos asesinados.
La idea es excavar la primera fosa y cotejar datos de ADN para esclarecer las identidades de los fusilados e intentar proceder en un futuro a la exhumación de la segunda fosa. Sin embargo, desde la Asociación de amigos y familiares de la fosa de Parasimón reconocen que se encuentra en unas condiciones más difíciles para la excavación, ya que hoy ha crecido allí un pequeño pinar que dificulta las tareas arqueológicas.

Atar cabos sueltos

La fosa de Parasimón podría completar la búsqueda de algunos de los familiares que hace años se dieron de bruces con los escasos restos de ADN hallados en otra fosa de Asturias, la de Cabacheros. En esta fosa, se esperaba encontrar primordialmente los restos de algunos vecinos del Concejo de Aller, el mismo pueblo donde residía Luis Cienfuegos Suárez. Es por ello que las investigaciones apuntan a que realmente puedan estar en Parasimón.
Según cuenta Ángel García Baizán, miembro de la Asociación de Memoria de Aller, Parasimón podría cerrar el ciclo de búsqueda de muchas otras familias. Los que allí yacen, “iban a ser trasladados a una prisión de León, pero en el camino, pararon para fusilarlos a la altura de Pajares”, explica a Público.
La posibilidad de que esta nueva fosa pueda revelar el destino de otros ajusticiados por la represión franquista, ha hecho que la Asociación de la Memoria de Aller se involucre de lleno en Parasimón. Tanto es así, que se han aportado los datos de ADN de hasta 70 personas que ya buscaron a sus familiares en Cabacheros para que puedan ser cotejados con los restos de los compañeros que descansan junto a Cienfuegos Suárez.
"Iban a ser trasladados a una prisión de León. Pararon para fusilarlos a la altura de Pajares"
García Baizán reconoce que es difícil trabajar por la memoria en Asturias, donde hay cerca de 267 fosas. “Sólo en Aller, calculamos que hubo unos 500 desaparecidos”, puntualiza desde el otro lado del teléfono. Según denuncia, es difícil, no tanto por la cantidad de desaparecidos que desde 1937 hubo, como por la nula financiación del Gobierno y el resto de administraciones públicas a los trabajos arqueológicos relacionados con el franquismo y la guerra civil.
Parasimón y su financiación a través de Goteo.org ejemplifica, por un lado, el inexistente compromiso del Estado con las víctimas del franquismo, pero por otro, la solidaridad de gran parte de un pueblo capaz de aportar dinero de su bolsillo a proyectos que buscan impedir que las cunetas sigan cerradas en España.

dimarts, 22 de maig del 2018

Comienza la extracción de ADN a los familiares de los represaliados en Pico Reja

http://elcorreoweb.es/sevilla/comienza-la-extraccion-de-adn-a-los-familiares-de-los-represaliados-en-pico-reja-GH4191293

El Ayuntamiento espera que la exhumación en la fosa arranque en 2018, estando pendiente de que se formalice el convenio con la Junta y la Diputación

22 MAY 2018 / 15:56 H - ACTUALIZADO: 22 MAY 2018 / 18:33 H



Familiares de alrededor de medio centenar de personasque fueron enterradas en la fosa común de Pico Reja del cementerio hispalense de San Fernando han comenzado a acudir este martes al Laboratorio Municipal de Sevilla para someterse a una extracción de ADN que pueda servir para localizar e identificar los restos de sus familiares casi 80 años después de que fueran asesinados tras la sublevación militar impulsada por Francisco Franco contra la República.
La concejal delegada de Educación, Participación Ciudadana y Edificios Municipales del Ayuntamiento de Sevilla, la socialista Adela Castaño, ha subrayado que se trata de un día “muy importante para la recuperación de la memoria en la ciudad y por el derecho de sus familiares de saber donde están”, aunque considera que todo esto llega más tarde de lo que debiera.
En este marco, profesionales granadinos están tomando muestras de ADN en el Laboratorio Municipal, donde se han citado a unas 50 familias que han acudido ya a la Oficina de Memoria Histórica. El análisis dura entre seis u ocho semanas, aunque se puede tener que repetir el proceso y que el resultado tarde unas cuatro semanas más, teniendo en cuenta especialmente que estos restos de hueso que se analizan han estado 80 años en una fosa común con tierra. Además, existe un alto porcentaje, a veces más de la mitad, en los que no se consigue la identificación.
Tras la recogida y una vez formalizado el convenio con la Junta de Andalucía y la Diputación, “que está en su última fase de elaboración”, se comenzará con la exhumación en Pico Reja, algo que espera que se pueda iniciar en 2018. “Vamos a poner todos los medios al alcance de las familias”, sentencia Castaño.
Además, recuerda que este año se señalizará la fosa antigua y la del monumento, indicando que hay dotación presupuestaria y ya se están desarrollando los pliegos para su ejecución, por lo que espera que arranque en otoño.
La fosa de Pico Reja es una de las ocho constatadas en el cementerio de San Fernando y localizada bajo una zona ajardinada de forma triangular. Abierta a raíz del golpe de Estado de 1936, según los estudios de historiadores como José Díaz Arriaza, podría acoger los restos de más de 1.100 personas represaliadas por las tropas sublevadas desde el comienzo del alzamiento militar hasta el 31 de agosto de 1936.

Represalias, asesinatos y persecucion de servidores públicos

Entre esas más de un millar de personas asesinadas podría encontrarse el padre de Pepita y Carmen Amado Roldán, de 92 y 86 años, quienes han acudido a realizarse la prueba de ADN. Ambas han relatado como sacaron a su padre, Rafael Amado Peña, concejal del Ayuntamiento de Sevilla, de su domicilio de San Julián de madrugada, mientras su madre tapaba con un delantal para que sus seis hijos no vieran la escena.
Pepita, que tenía diez años entonces, cuenta como su madre, que “quedó destrozada con 40 años”, iba a buscarlo con comida y una manta a la cárcel y a otros lugares por si por si estuviera retenido allí hasta que un vecino le contó que lo había visto muerto en las tapias del cementerio. Ambas afirman que sólo quieren poder enterrarlo, “como una persona que es y no como lo trataron como un perro”, tras lo que han destacado la bondad de este servidor público y las “muchas obras de caridad” que hizo en vida.
También era un servidor público el padre de Mercedes, única descendiente que queda de Aurelio Vera Dávila, que fuera alcalde de Maguilla, en Badajoz, y quien ha relatado la historia de su padre, a quien “pasaron por las armas” el día 26 septiembre de 1936, cuando ella tenía tres meses de vida. “La familia de mi madre era de derechas e incluso no quería que se hubiera casado con mi padre, que era socialista, por eso todo este tema era tabú. Allí no se hablaba”, indica, explicando que su padre “se jugó mucho con su capital por ayudar a quien lo necesitaba”.

“No puedo olvidar. Murió por su forma de pensar y esa es mi herencia”

De su lado, Lourdes Farratel ha contado la historia del director del periódico ‘Canela en Rama’ y restaurador de cuadros, Joaquín Farratel González, su abuelo y esposo de la hija del entonces alcalde de San Juan de Aznalfarache, “un hombre político y culto” cuya historia ha conocido recientemente. “Fue un ajuste de cuentas porque era muy comprometido. Mi padre se quedó huérfano a los siete años de padre, raparon a su madre , que se fue a la calle con sus seis hijos, le tiraron la casa abajo y nos quitaron todo y digo nos porque yo soy su hija”, recalca.
Señala que las cenizas de su padre descansan en el monolito de los represaliados del franquismo en la fosa del monumento, donde irían los restos de su abuelo si consiguiera identificar “al menos una falange de su dedo”. “Mi padre era maravilloso pero ha sufrido toda la vida porque nunca superó eso y tuvo que irse desde pequeño a mendigar para sobrevivir”, señala.
“Ha habido mucho silencio y no puedo olvidar porque es la historia de mi familia. Soy el producto de lo que ocurrió ese triste día, esa es mi herencia. Mi abuelo no mató a nadie, sólo tenía una manera de pensar y ayudaba a la gente. Esto no puede seguir en el silencio y en la impunidad, debe visibilizarse”, sentencia.

El miedo en las familias y la “luz” para hallar los restos

También han estado presentes los sobrinos de Ramón y Antonio Sánchez, vecinos del Cerro del Aguila, pertenecientes al Partido Comunista que fueron asesinados los días 22 de julio del 1936 y el 14 de abril del 1937, respectivamente. A Ramón lo mataron unos falangistas en el parque de María Luisa y dejaron su cuerpo tirado allí varios días a la espera de que su familia fuera a buscarlo, algo que no hicieron por miedo.
Antonio, al que llamaban ‘el practicante’ porque tenía conocimientos de sanidad, lo acusaron “en el juicio sumarísimo que le hicieron de haber auxiliado a los vecinos del Cerro y Amate en las inundaciones del Tamarguillo en las instalaciones del Partido Comunista”. “Nuestro padre, hermano de ambos, que también militaba en este partido, tenía terror y no hablaba del tema”, advierten Ramón y Ana Sánchez, que indican que él no podría imaginarse que hubiera llegado este día.
Igualmente, Joaquín Camero Romero ha entregado su muestra de ADN para intentar identificar a su abuelo, Carlos Romero Troncoso, que no estaba implicado en “asuntos políticos” y que “fue asesinado en 1943 por un ajuste de cuentas después de que se negara a cargar las escopetas de unos falangistas”, quienes lo acusaron de participar en una “rebelión militar”.
Ha destacado que se trata de “un día muy importante para todos nosotros”, recordando a su madre, que ha estado al tanto de todos los avances en este asunto pero que falleció hace tres meses. “Es el inicio de una luz para encontrar los restos de mi abuelo y que puedan volver de donde lo arrancaron, a Guadalcanal”, añade, recordando que éste “no murió en una contienda militar, sino por defender su dignidad”.

La fuga de presos del franquismo urdida en esperanto

https://www.cuartopoder.es/derechos-sociales/2018/05/22/la-fuga-de-presos-del-franquismo-urdida-en-esperanto/


  • El 22 de mayo de 1938, 795 presos escaparon de la prisión. Fue la fuga de presos más numerosa registrada en España y también en Europa
  • ¿Cómo aprendieron esperanto los presos fugados de Ezkaba?

PAMPLONA.- La humedad cala los huesos, el agua aún se cuela entre los habitáculos. A pesar de estar hundida entre la tierra del Monte de Ezkaba, el aire que sopla y silba a casi 900 metros se cuela entre las rendijas y barrotes que aún se mantienen. Una pintada saluda a quienes ahora lo visitan como lugar donde rendir homenaje a los cientos de socialistas, nacionalistas, comunistas, anarquistas y republicanas que acabaron encerradas aquí entre 1934 y 1945. “El mejor homenaje, continuar la lucha”, reza el graffiti que da la bienvenida al fuerte.
El 22 de mayo de 1938, 795 presos escaparon de la prisión. Fue la fuga de presos más numerosa registrada en España y también en Europa. Casi ochocientas personas lo urdieron en un lenguaje ininteligible para los demás presos: fue la fuga planificada en esperanto, la que había de ser la lengua de lenguas.

El plan llegaba hasta atravesar las puertas. A partir de ahí, el monte se abría y cada preso huyó por un lado diferente. Lo difícil del terreno, sumado al desconocimiento del monte y a las condiciones de frío, humedad y viento hicieron que los militares franquistas pudieran matar a 221 fugados. Los demás murieron de hambre y frío en el monte. Tan solo queda rastro de cuatro presos que lograron cruzar la frontera hacia Francia: Jovino Fernández, Valentín Lorenzo, José Marinero y un cuarto, de identidad desconocida, del que sólo se sabe que era un vecino de Azagra.
Esa ruta que fue la salvación para los presos huidos es hoy transitable: son 53 kilómetros que unen Ezkaba con Urepel y se utiliza por senderistas también para rendir homenaje a aquellos que consiguieron escapar.

Ruta desde Ezkaba a Urepel, la huída de los presos del fuerte de San Cristóbal. / cuartopoder.es

El fuerte de San Cristóbal lleva ahí desde la época carlista, desde 1878. Se construyó como método de defensa, una defensa obsoleta con la aparición de la aviación. Los que se escondían ahí estaban tan desprotegidos como debajo de uno de los cientos de árboles que están en el camino, ahora utilizado como ruta de paseantes, runner o incluso para la idea de crear un trail promovido por el ejército español y finalmente no celebrado por lo polémico de la situación, bajo el nombre de ‘La fuga de Ezkaba’. Hoy es un edificio que depende del Ministerio de Defensa, pero se encuentra en situación de abandono casi completo. Casi, porque puede verse a visitantes, pocos, entrando y saliendo de la instalación, intentando reconstruir lo que vivieron los presos de Ezkaba.
Un documental y la labor de asociaciones por la recuperación de la Memoria Histórica han ido creando relato de este monte y lo que allí aconteció. Un monte que, incluso vislumbrándose desde casi toda la ciudad de Pamplona, era desconocido para los pamploneses hasta hace pocos años.
“Los civiles me entregaron al jefe del Penal del fuerte de San Cristóbal, como si se tratase de un fardo. Sin ropa, sin colchoneta, sin nada, con mis pobres harapos de prisionero me metieron en la brigada del patio. La comida horrible. Un día en la ración de potaje para cuarenta hombres, pudimos contar hasta sesenta garbanzos”.
El fuerte de Ezkaba albergó a casi 2.500 presos. Por las dimensiones del lugar cuesta imaginar que tantas personas cupieran en un espacio así. Las condiciones de hambruna, hacinamiento, maltratos y vejaciones fueron la tónica de este fuerte, utilizado como cárcel franquista. Las condiciones inhumanas fueron denunciadas en numerosas ocasiones por los presos y también por los trabajadores de la prisión, con nulo efecto. Esas eran las condiciones que permitía el recinto.
“Los civiles me entregaron al jefe del Penal del fuerte de San Cristóbal, como si se tratase de un fardo. Sin ropa, sin colchoneta, sin nada, con mis pobres harapos de prisionero me metieron en la brigada del patio. La comida horrible. Un día en la ración de potaje para cuarenta hombres, pudimos contar hasta sesenta garbanzos”. Es el relato de Jovino Fernández, uno de los fugados que logró cruzar la frontera y sobrevivir.
A las condiciones de vida infrahumanas se sumaban las irregularidades de los franquistas en el registro y en los juicios a los presos. Un caos de registros solo puede explicar que aún hoy no haya rastro de la identidad del cuarto fugado y que solo se sepa que existió por misivas que envió posteriormente y el relato de su familia. Su identidad no aparece en las listas de los casi 2.500 presos que estuvieron hacinados en el penal. Entre estos 2.500 presos los documentos de la época recogen la figura de los “gubernativos”: presos que no habían sido juzgados pero que se encontraban encerrados en el fuerte como medida represiva por sus ideas libertarias, socialistas, comunistas o republicanas.

Una fuga en esperanto
"Existía la figura del ‘gubernativo’, gente que no había sido juzgada pero allí estaba. Había cerca de 500 gubernativos en la cárcel cuando nosotros llegamos. Cuando los fueron a sacar para juzgarlos en Pamplona solo quedaban 80”, reza un testimonio de uno de los supervivientes del fuerte.
Por ello casi 800 presos decidieron huir. Y lo hicieron hablando en esperanto.
A pesar del fracaso del esperanto como lengua universal, que habría de hablarse en todos los lugares y crear así la Torre de Babel, el esperanto era una lengua que, según recogen diversos estudios de la época, se hablaba y se enseñaba con bastante frecuencia en los entornos anarquistas. Lo cuenta Fermín Ezkieta en su libro ‘La fuga de los presos de Ezkaba’, que recoge a través de testimonios orales y documentales lo que ocurrió en aquellos años en el fuerte de San Cristóbal.

Un hombre en el mirador de la Puerta de Francia, en Pamplona, desde donde se observa San Cristóbal. / Ana I. Cordobés

A la cárcel de Ezkaba llegaron presos anarquistas desde Burgos, Alcalá, Ocaña o Valencia y deciden volver a poner en marcha ateneos en los que aprendían idiomas. Allí llegaron anarquistas pertenecientes a la CNT de Barakaldo. La localidad vizcaína contaba con cenetistas que habían creado un Grupo de Esperanto y algunos de sus miembros fueron presos en Ezkaba. Ellos fueron los encargados de poner las bases idiomáticas para urdir la fuga. Antaŭen! (expresión en esperanto similar a ‘Adelante’). Entre los muros del fuerte de Ezkaba se aprendía euskera, gramática, taquigrafía… y esperanto. Hasta que las fuerzas franquistas encargadas del penal descubren sus clases y las prohíben.

La fuga

La fuga llega casi dos años después del golpe del 18 de julio. El ejército republicano estaba agotado, pero quería lanzar su último ataque en la zona del Ebro, esperando que la guerra calase en otros países europeos para que enviaran refuerzos desde democracias europeas a luchar contra el fascismo: una ayuda que no llegaría.
Sin embargo, dentro de la prisión sí se creyó que aún había posibilidad de recuperar el territorio perdido en favor del bando nacional e hicieron efectivo un plan que se había iniciado un año atrás. Algunos huidos llegaron incluso a Pamplona, a la estación de tren, y pensando que la situación había tornado positiva para el bando antifascista, intentaron comprar billetes de tren con los vales de la prisión. Fueron capturados por las fuerzas que se encontraban cerca de la estación.
“Incluso algunos se fueron con el equipaje, con su maleta”, relata uno de los supervivientes en uno de los documentales que mejor aborda la fuga de Ezkaba. Cuando las puertas se abrieron, entre ellos se preguntaban “¿nos vamos o nos quedamos?, pero ya teníamos las fuerzas encima, así que nos quedamos”, relata Agapito Galindo, uno de los presos que reconoce que antes de entrar en la cárcel no era ni comunista: “Yo me hice comunista en la cárcel”.
“Había una desorientación tremenda, todos salimos por una puerta muy pequeña, en quince minutos el penal se vació”, relata Ernesto Carratalá. “A casi todos nos volvieron a capturar en la puerta de la cárcel” y la represión volvió al penal. Quienes presenciaron y sobrevivieron recuerdan que tras el intento fallido de huida, los “sacaron al patio de la cárcel, como Dios nos trajo al mundo, para comprobar si había armas”, y llegaron “guardias civiles que nos pusieron contra la pared y nos apuntaban con ametralladoras”.
El 22 de mayo de 2004, mientras la televisión pública española retransmitía con todo lujo de detalles la boda entre el Rey Felipe y la Reina Letizia, en Ezkaba los familiares de los presos de la cárcel se reunían para rendir homenaje a los suyos. Venidos de otras zonas del País Vasco, Galicia, Castilla… se dieron cita en el monte Ezkaba, donde comenzaría entonces una lucha por recordar a los 795 presos que, aunque con escaso éxito, hicieron Historia (con mayúscula) escapando del franquismo en medio de un plan ininteligible.