dimarts, 8 de març del 2022

Desenterrar los nombres del 'paredón de España' en Paterna.

 https://www.publico.es/politica/desenterrar-nombres-paredon-espana-paterna.html


Los familiares de los asesinados por el franquismo en la fosa 120 del cementerio de la localidad valenciana han restituido su memoria en un acto íntimo tras el hallazgo de 17 víctimas, cuatro desconocidas, y la identificación de cinco de ellas.


Ceremonia de la entrega de los cuerpos identificados tras la exhumación en el cementario de Paterna (Valencia) de la fosa común 120 de represaliados por el franquismo.
Ceremonia de la entrega de los cuerpos identificados tras la exhumación en el cementario de Paterna (Valencia) de la fosa común 120 de represaliados por el franquismo. — CEDIDA

Ochenta y dos años pasaron en un día, era 26 de febrero en Paterna. El reloj, detenido desde que el 23 de octubre de 1940 el franquismo arrebatara la vida de las víctimas de la fosa 120, volvió a correr cuando, tras años de una lucha en la que muchos quedaron por el camino, comenzó el homenaje a las víctimas.

La ceremonia, un evento íntimo organizado por la Asociación de Familiares de Víctimas del Franquismo de la Fosa 120 de Paterna agrupó a tres generaciones (hijos, nietos y bisnietos) para honrar la memoria de sus familiares asesinados. En el acto se hizo entrega a los hijos de los represaliados de los restos de sus familiares y se realizó un pequeño homenaje en el que los familiares más jóvenes leyeron en voz alta los nombres de aquellos hombres cuya memoria quedaba al fin restituida.

El de la fosa 120 es un relato particular de los muchos que componen la intrahistoria silenciada de la represión franquista. Su ubicación en el lugar con más fosas comunes de España tras Madrid (tan sólo en el cementerio de Paterna hay 144 fosas) y su cercanía al conocido como paredón de España, que vio apagarse la vida de al menos 2238 asesinados, la convierten en un enclave esencial para comprender las cruentas labores de depuración y exterminio que bajo orden de Franco tuvieron lugar tras la finalización de la Guerra Civil.

De ella se sabía que albergaba al menos trece víctimas de entre las muchas que por aquella fecha eran sometidas a juicios sumarísimos y fusiladas. Aquellos trece cuerpos pudieron ser rescatados de entre los apilados en el carromato que atravesaba el pueblo para sembrar el terror, como aún recuerdan los mayores de la zona.

Aunque las esposas de los represaliados mantuvieron siempre en secreto el cargo de los asesinatos, a día de hoy sabemos gracias ellas que estos se debieron a una sentencia de adhesión a la rebelión por pertenecer al último equipo de gobierno republicano del municipio de Meliana. Fue tras su ejecución cuando las viudas pudieron recoger los cuerpos de sus esposos y sepultarlos en la fosa común con la esperanza de poder concederles un descanso digno algún día. Muchas de aquellas mujeres enfermarían en la soledad y en la pena a una edad temprana, mientras que otras tantas fallecerían prematuramente con la esperanza incumplida de recuperar la memoria de sus maridos.

Ceremonia de la entrega de los cuerpos identificados tras la exhumación en el cementario de Paterna (Valencia) de la fosa común 120 de represaliados por el franquismo.
Ceremonia de la entrega de los cuerpos identificados tras la exhumación en el cementario de Paterna (Valencia) de la fosa común 120 de represaliados por el franquismo. — CEDIDA

Aquella esperanza por evitar el olvido de su sepultura ha podido verse aún a día de hoy reflejada en los azulejos que los familiares se encargaron de colocar con los nombres de los trece fusilados y que permitieron que, décadas más tarde, se haya podido averiguar con facilidad la ubicación de las víctimas. No obstante, la historia de la fosa trajo consigo un giro inesperado cuando, en las labores de prospección, fueron hallados diecisiete cuerpos en lugar de los trece que se esperaban, lo que unió a la gran incógnita de la identificación la existencia de nuevas víctimas de familia desconocida.

Al hallazgo lo sucedió el proceso de identificación, una tarea cargada de dureza para muchos familiares que sufrieron el rigor científico que una investigación como tal requiere. El ADN ha de mostrar una coincidencia de más de un noventa por ciento con el de las víctimas y algunas coincidencias de un setenta por ciento con los restos han dejado a muchos familiares a las puertas del reconocimiento oficial.

A esto se añade que las muestras comparables deben pertenecer a descendencia directa y masculina y, de no existir esta o no existir la proporción de coincidencia necesaria, sería necesario exhumar a hijos ya fallecidos de víctimas para comparar así sus restos, requisito que ha hecho que algunos familiares deseen no continuar con el proceso de identificación, el cual aún continúa en la búsqueda de la identidad de tres víctimas más. De él han emergido los nombres de Antonio Zaragoza Tamarit (albañil y alcalde), Jose Orts Alberto (chófer y concejal), Manuel Amorós Alacid (hornero de cerámica y presidente del comité de abastos del Partido Socialista), Francisco Ballester Ferrer (barnizador y alcalde) y Manuel Bauset Tamarit (albañil y sindicalista de la CNT).

Además de los procesos de comparación de ADN, a la tarea de identificación ha contribuido un peculiar gesto. Durante las labores de prospección, en las prendas de las víctimas fueron hallados objetos personales frecuentes en fosas de estas características, como pueden ser botones, cinturones y proyectiles que pudieron ser identificados como pertenecientes al ejército. Además de esto, un objeto común se repetía entre las pertenencias de varios de los asesinados: pequeñas botellas con un papel ya desintegrado en su interior. En ellas se encontraba escrito el nombre de cada uno de ellos por los familiares que las depositaron en los bolsillos de las víctimas. Aquel papel era una pista que, desde el pasado, los familiares de las víctimas se dejaban a ellos mismos y a las generaciones venideras, una prueba al fin recogida como un guiño entre distintos rincones del tiempo; una ayuda de aquellos que no pudieron llegar a contemplar la restitución de la dignidad y que sin embargo también poblaban ese presente en que se evocaba la memoria de la causa.

Ceremonia de la entrega de los cuerpos identificados tras la exhumación en el cementario de Paterna (Valencia) de la fosa común 120 de represaliados por el franquismo.
Ceremonia de la entrega de los cuerpos identificados tras la exhumación en el cementario de Paterna (Valencia) de la fosa común 120 de represaliados por el franquismo. — CEDIDA

Tras más de ochenta años de silencio, el homenaje a las víctimas de la fosa 120 hace que una herida comience a cerrarse dejando aún muchas preguntas y desazones tras de sí. Pues, a pesar de la alegría con la que Amparo Belmonte Orts (presidenta de la Asociación de Familiares de Víctimas del Franquismo de la Fosa 120 de Paterna y presidenta de la Plataforma de Asociaciones de Familiares de Víctimas del Franquismo de las Fosas Comunes de Paterna) describe el ánimo de los hijos a la hora de recibir los restos de sus padres tras una espera interminable, no puede evitar lamentar que esta restitución llegue demasiado tarde.

Desde el inicio del proceso en 2017, dos de los hijos de las víctimas, Manuel Amoros y Liber Sancho, de casi 90 años, fallecieron sin poder contemplar su finalización. "Lo hemos hecho por el yayo y la yaya, no me pensaba que llegaría a verlo, pensaba que me moriría antes. Como Liber que empezó con nosotros y ha fallecido sin poder llegar a verlo", afirma Amparo Orts Granell, de 86 años, hija de otro de los fusilados de la fosa 120.

Al poso de amargura de aquellos que no llegaron a poder reparar su dolor se une el de los no identificados, para los que la asociación propone una solución digna aún en proceso de realización. Se trata de una reinhumación en el columbario del Memorial a las Víctimas del franquismo que será próximamente construido en el cementerio de Paterna y que servirá como garante de que a todas las víctimas cuyos familiares lo deseen se les proporcione una sepultura digna, que honre su memoria y que repare la deuda de una historia que lucha por recorrer el largo y tortuoso camino de la reparación.

Republicanos negros. Guerras por la igualdad, racismo y relativismo cultural.

 https://conversacionsobrehistoria.info/2022/03/08/republicanos-negros-guerras-por-la-igualdad-racismo-y-relativismo-cultural/


 

*James E. Sanders

 

En su novela Nostromo, Joseph Conrad se refirió algunas veces al “liberalismo negro”.  La novela, situada en Costaguana, un país ficticio latinoamericano, describió a los afrodescendientes como aliados de las élites liberales. Sin embargo, para Conrad América Latina era solamente una víctima del imperialismo europeo: mientras criticaba los efectos del capitalismo, no podía concebir que los habitantes de Costaguana fueran agentes de la historia, iguales a los europeos.

En la novela, los liberales negros fueron descritos como salvajes manipulados por sus caudillos, que desplegaban un lenguaje de liberalismo y libertad que imitaba al de los europeos sin entender su significado.  Sin embargo, hay que reconocer que a pesar de que Conrad tergiversó la política popular decimonónica en América Latina, al menos tuvo el acierto de relacionar la población afrodescendiente con el liberalismo y con la libertad.

En este penetrante libro José Antonio Figueroa reconoce la importancia de los afrodescendientes en la promoción y evolución del liberalismo radical, del republicanismo popular, y de la igualdad.  En un claro contraste con las imágenes de Conrad, Figueroa explora la sofisticación intelectual de estos liberales radicales negros y muestra su herencia para nuestro mundo actual.

En los siglos XIX y XX los republicanos negros crearon y desarrollaron profundos sentimientos de libertad e igualdad a través de las Américas.  Desde las guerras de Independencia hasta hoy y a lo largo del continente, mediante frecuentes alianzas políticas multiétnicas, en la construcción de movimientos radicales y progresistas los afrodescendientes han desempeñado un papel más importante del que su peso demográfico permitiría suponer, pues con un proceso que empezó con la revolución haitiana al final de la época colonial, ocuparon un lugar central en la historia mundial de la concepción de los derechos, al tiempo que desde una perspectiva crítica se asumieron como sujetos merecedores de esos derechos.

Batalla de Vertieres (1802). Grabado de la obra de Auguste Raffet Histoire de Napoleon (M. de Norvins, 1839)(Wikimedia Commons)

Desde entonces, a través de las Américas los afrodescendientes han sido centrales en las luchas por la independencia, en la promoción de ideas de igualdad y armonía racial, en la búsqueda de la abolición de la esclavitud, y por la construcción de una ciudadanía democrática, así como en el desafío al imperialismo, en el fortalecimiento del liberalismo contra el conservatismo, en la creación de un republicanismo popular contra los estados oligárquicos, y en las luchas por la expansión de los derechos políticos, civiles, jurídicos y sociales.

Una de sus herramientas más potentes ha sido el republicanismo popular, caracterizado por Figueroa como republicanismo negro, el cual transformó el republicanismo de las élites en una ideología y una práctica política mucho más radical, con un énfasis en la libertad y en la fraternidad de los pueblos, y especialmente en una noción de igualdad mucho más amplia que la igualdad restrictiva del liberalismo clásico enfocado en lo jurídico.

Como podemos ver en los movimientos de Cuba y Ecuador que Figueroa explora, los republicanos negros asumieron la visión de una igualdad social, política y económica que trascendía los límites de la igualdad jurídica formal.

No es sorprendente que durante muchos años historiadores y políticos conservadores hayan ocultado la importancia del republicanismo negro, el cual, en rigor, en muchos lugares y tiempos aparece como su enemigo más potente; y muchas veces también ha sido despreciado por la izquierda, como se puede apreciar en este libro, en la crítica que formula Figueroa a las obras del escritor ecuatoriano Nelson Estupiñán Bass.

Miembros del Partido Independiente de Color cubano, fundado en 1908 y exterminado tras su ilegalización en 1912 (foto: afrocubaweb.com)

Para un sector de la izquierda, el republicanismo popular y negro no correspondía a una política apropiada porque su énfasis republicano era visto como un desvío en el camino al socialismo o al comunismo, lo cual podría unirse tal vez al hecho de que estos movimientos no tenían un liderazgo blanco y letrado.

En muchas ocasiones historiadores y políticos izquierdistas han rechazado el análisis del republicanismo negro y sus visiones radicales, al creer que los afrodescendientes, incapacitados de pensar por sí mismos, actuaron solamente como carne de cañón y como marionetas de los caudillos.

En este trabajo Figueroa controvierte estas ideas de un modo potente, mostrando cómo el republicanismo negro tenía una visión sofisticada y radical que en Cuba y Ecuador impulsó importantes movimientos para promover la igualdad y la libertad.

Su libro relata no solamente las historias de dos movimientos afrodescendientes, sino que también describe los silencios y el racismo de los Estados, de políticos conservadores y liberales, de antropólogos y de escritores, inmersos en un colonialismo interno que ha escondido y borrado la trascendencia de estas historias.

Entierro de Pedro Ivonet, dirigente del partido de los Independientes de Color asesinado en 1912 (foto: ecured)

Figueroa desarrolla dos historias de republicanos negros: la del Partido Independiente de Color en Cuba y la masacre racista de sus miembros en 1912; y la de la Guerra de los Afroesmeraldeños, ocurrida entre 1913-1916 en Ecuador, un evento casi desconocido incluso en ese mismo país, a pesar de que la ciudad de Esmeraldas fue bombardeada por las fuerzas de la reacción.

Figueroa ilustra las semejanzas de estos movimientos y de la reacción racista ante ellos, a pesar de que ocurrieron a miles de kilómetros a distancia; y ha reconocido que su historia es una historia de las América, y es imposible relatarla dentro de las convenciones de la historia nacional.

La historia del republicanismo negro se extiende a través de las Américas.  Aunque este libro está enfocado en la América Española, los movimientos de afrodescendientes en Haití, Brasil y los Estados Unidos demuestran claramente que estamos tratando una historia hemisférica, pues desde Argentina hasta los Estados Unidos podemos verlos en la lucha por la independencia, la abolición de la esclavitud y la construcción de una ciudadanía real e igualitaria, y enfrentados a las reacciones racistas que suscitaron.

En suma, el republicanismo negro que Figueroa invoca en este libro es una de las corrientes políticas más influyentes en la historia de las Américas.

El ejército del coronel Carlos Concha Torres desfila por Esmeraldas (foto: El Universo)

Pero si se mira bien, este republicanismo es un movimiento universal, pues no solo se desarrolló ampliamente, sino que se adhirió a un universalismo político, el cual también es un concepto despreciado por muchos historiadores, visto como una acción imperialista que obliga a la adopción de algunos valores por parte de todos, y además, en tanto categoría política —la libertad, la igualdad, y la fraternidad—, es concebido como un valor europeo al cual las comunidades afrodescendientes e indígenas tienen que asimilarse.

Sin embargo, estos conceptos no han sido ideas exclusivamente europeas u occidentales, ya que fueron creadas y desarrolladas en las Américas, muchas veces por los afrodescendientes.  En el siglo XIX la gran mayoría de las repúblicas estaban ubicadas en las Américas, mientras Europa solamente podía contar una o dos; y si bien los primeros escritos sobre republicanismo e igualdad surgieron en Europa, fue en las Américas donde se dio vida a estos conceptos intelectuales y se incorporaron a la vida cotidiana de la cultura política; y, como insiste Figueroa, los afrodescendientes han sido actores claves en estos hechos fundacionales.

Sin embargo, parte de la crítica al universalismo es válida y necesaria, ya que no todas las comunidades tienen las mismas necesidades y confrontan los mismos problemas. Basados en esto, muchos insisten en que el universalismo no es una visión adecuada para una política radical, y se identifica a la política basada en las identidades particulares como la vía válida para el futuro.

En rigor, los afrodescendientes en Cuba y Ecuador confrontaron estos mismos problemas debido al racismo feroz, respecto del cual debían organizarse como tales, pero lo hicieron sin abandonar el universalismo, que era su meta, y adoptaron una política que Figueroa llama “universalismo situado,” que define como la combinación “de una lucha que buscaban eliminar el racismo y sus secuelas personales y culturales, y construir comunidades políticas basadas en el principio de igualdad”.

Revolucionarios esmeraldeños durante la guerra de 1913-1916 (foto: Enciclopedia del Ecuador)

Los afrodescendientes estaban exigiendo una igualdad universal, pero sabían que para obtenerla debían luchar por resolver las necesidades particulares de sus comunidades; e insistieron en que, para obtener una igualdad verdadera, las sociedades cubana y ecuatoriana tenían que resolver la historia del racismo y la opresión que habían sufrido como afrodescendientes.

Se puede apreciar una política similar de las comunidades indígenas colombianas en el siglo XX.  Los liberales de las élites exigían que los indígenas abandonaran su identidad como “indígenas” para poder volverse ciudadanos colombianos, o tendrían que optar por mantener su identidad colonial de indígenas sin los derechos de ciudadanía.

Sin embargo, rechazaron esta elección maniquea e insistieron en que eran ciudadanos e indígenas, e instauraron la reclamación de una ciudadanía —y un republicanismo— que no excluía su identidad indígena, sino que más bien buscaba crear una nueva formulación de la ciudadanía que podía incluir el universalismo de la ciudadanía republicana y la historia y la cultura de una identidad indígena.

Los afrodescendientes y las comunidades indígenas de los siglos XIX y XX reconocieron el poder emancipatorio del universalismo.  Figueroa muestra cómo en el pasado y el presente, la obsesión identitaria puede funcionar de manera similar al racismo al excluir a los afrodescendientes de la comunidad política de la nación.

Huelga general en Guayaquil, noviembre de 1922 (foto: Wikimedia Commons)

Muchas veces, el relativismo cultural que trata de reconocer y respetar las diferencias culturales, en realidad ha contribuido a volver exóticos a los afrodescendientes, invisibilizando su historia intelectual y política, y colocándolos fuera de la modernidad.

Reconocer el poder del universalismo y su eficacia histórica en el fomento de la igualdad y en el desafío a los poderosos, no significa negar la importancia de las necesidades y las identidades particulares.

Por eso, Figueroa propone que “es necesario rescatar la noción de igualdad sin abandonar las especificidades de los grupos. Este tal vez sea el mayor legado de su universalismo situado.” En este libro, José Antonio Figueroa nos recuerda el poder del universalismo de matriz popular, hoy en el pasado y tal vez en el futuro.

 

Índice

I. El sueño truncado de la fraternidad en Cuba: republicanismo negro, universalismo situado y masacre

El periódico Previsión y el Partido Independiente de Color,PIC, la lucha contra el racismo desde el republicanismo negro y el universalismo situado

La criminalización del PIC y de Previsión: Diseñando el camino hacia la masacre

Raza, racismo y guerra de razas: La prensa conservadora y la masacre del Partido Independiente de Color

II. La invención del «Otro» en Cuba: etnografía policial y antropología racista

Los Abakuá: Criminalidad y asociacionismo negro

La etnografía policial y la criminalización de los libres

Antropología y Racismo

El atavismo racial de Lombroso

Fernando Ortiz, racismo biológico, cultural y relativismo

Alejo Carpentier y la estética de lo exótico: Relativismo cultural o racismo sublimado

Carpentier, el negro, los intelectuales y la crisis de los años 20

Alejo Carpentier, Relativismo cultural y Etnografía

“Toutuche, necesito el objeto más espantoso, bárbaro y feo que puedas encontrar”

III. Narrativa, nación y raza en Ecuador: la Guerra de los Afroesmeraldeños (1913-1916)

Afroesmeraldeños y libertad: las huellas del republicanismo

La Guerra de los Afroesmeraldeños: Protagonismos, invisibilidades y marcas raciales

La Guerra de los Afroesmeraldeños y la racialización

Guerra y contienda cultural: racismos y universalismo situado

Nelson Estupiñán, Guayacanes y la Guerra Afroesmeraldeña

El último río: raza y subjetividad monádica en Estupiñán Bass

Adalberto Ortiz, subjetividad dialógica y racialización: el universalismo situado

*James E. Sanders es profesor de la Utah State University y autor de “Contentious republicans: popular politics, race, and class in nineteenth-century Colombia”, (Duke University Press, 2004).

Prólogo a Republicanos negros. Guerras por la igualdad, racismo y relativismo cultural, de José Antonio Figueroa, Bogotá, Editorial Planeta Colombiana/Crítica, 2021

Portada: Macheteros esmeraldeños al mando del Coronel Carlos Concha durante la guerra civil ecuatoriana de 1912 (foto: Revisionismo histórico del Ecuador).

Ilustraciones: Conversación sobre la historia

Arqueologia del Valle de los Caídos, el franquisme soterrat.

 https://www.vilaweb.cat/noticies/arqueologia-valle-de-los-caidos-franquisme-soterrat/


Es publica l'informe de l'excavació arqueològica del CSIC efectuada en els espais de vida dels presos i els seus familiars


Una bala i un botó amb l'àliga franquista (fotografia: Álvaro Minguito).


Amb el patrocini de la Secretaria d’Estat de Memòria Democràtica, i sota la direcció d’Alfredo González-Ruibal, un equip de deu arqueòlegs del CSIC i més institucions, van començar excavacions arqueològiques a les muntanyes i pedreres del Valle de los Caídos la primavera passada. Ara se’n publica la memòria i conclusions.

Del 1940 al 1959, a Cuelgamuros, a la serra del Guadarrama (San Lorenzo de El Escorial, Madrid), milers de persones, entre presos polítics i les seves famílies –homes, dones i nens–, van viure en condicions extremes construint la gran obra de Franco, el Valle de los Caídos, la basílica nacionalcatòlica i fossa comuna més gran de l’estat espanyol, en què hi ha entre trenta mil cadàvers i quaranta mil.

Avui, enlloc del recinte i la basílica no hi ha ni una simple placa que recordi els milers de presos i les seves famílies. La seva història ha estat esborrada. L’espai on van malviure en xaboles i barracons va ser arrasat i derruït els anys cinquanta i seixanta per tal d’esborrar tot indici d’un passat que no convenia a la propaganda del règim en aquells moments, en vida de Franco i, com bé sabem, per a l’eternitat.

Una xabola amb un banc de pedra.

Han hagut de passar més de quaranta anys de la mort del dictador perquè la democràcia s’atrevís a intervenir en el gran mausoleu-fossa comuna-abadia. Sens dubte, aquesta és una de les grans covardies de la transició. Finalment, se n’ha traslladat el cadàver de Franco i es pensa a “resignificar”, com diuen els polítics, aquell espai.

Mentrestant, la feina dels arqueòlegs ens aporta noves informacions i bones sobre aquell infame capítol de la història de l’estat espanyol. És una feina necessària per a destapar els tabús sinistres del franquisme, que s’afegeix a les investigacions fetes en plena dictadura, molts anys enrere –i això és molt significatiu–, per Daniel Sueiro, publicades en el llibre La verdadera historia del Valle de los Caídos (Sedmay, 1976), i més publicacions.

Memòria d’una excavació

L’enderrocament cosmètic de les barraques, encara que sembli paradoxal, va contribuir a preservar-ne millor les restes dels tres destacaments de construcció que va haver-hi. Una de les aportacions importants de l’estudi arqueològic desmunta el mite de la “utopia penitenciària” que franquistes i neofranquistes han volgut imposar. La propaganda hi insistia molt: els presos i els seus familiars vivien en unes condicions, en plena naturalesa, que ja haurien volgut aleshores moltes famílies espanyoles. Es permetia als presos de construir “cases” per als seus familiars. En dono fe perquè així m’ho va transmetre amb il·luminada vehemència un dels monjos del monestir benedictí cap a l’any 1990, quan vaig visitar el Valle per fer un reportatge pel Temps.

Ara, gràcies a l’informe dels arqueòlegs, sabem com eren aquests “cases”: xaboles semienterrades, sense finestres, amb sostre de branques, on no es podia estar dret del tot. L’espai habitable feia entre quatre metres quadrats i nou. Eren més petites que les barraques de les barriades improvisades de Barcelona i Madrid. Avui, l’espai habitable mínim és de vint-i-cinc metres quadrats. Per descomptat, no tenien aigua ni llum i la calefacció era una petita foguera en un racó. Les condicions higièniques eren pitjors que no en els barracons dels presos, en què almenys hi havia latrines col·lectives. A les barraques, no hi havia res.

Segons el cens que es conserva a El Escorial, hi vivien famílies entre dos membres i set. L’espai per persona oscil·lava entre un metre quadrat i dos. Una dada interessant que aporta Alfredo González-Ruibal, el director de l’informe, per contextualitzar és que els soldats presos als barracons alemanys de la Primera Guerra Mundial en els pitjors moments disposaven, pel cap baix, de dos metres quadrats per individu.

De l’anàlisi de les restes trobades es dedueix que l’accés al món material d’utensilis i objectes necessaris d’ús quotidià era molt difícil, la qual cosa feia que els presos reciclessin i reparessin tot el que tenien a mà. Les llaunes de conserves es transformaven en tota mena d’estris útils, com ara coladors, brasers, olles, gerres, làmpades o joguines. El calçat era molt primari i inadequat per a treballar en una pedrera en ple hivern. Consistia en espardenyes de roba amb sola de neumàtic reutilitzada.

Gairebé no es van trobar ossos d’animals domèstics. Només al voltant de la casa d’un treballador. Això indica que la dieta dels habitants era molt baixa en proteïnes animals. Per compensar-ho, la gent se les enginyava com podia per caçar. S’hi han descobert paranys per a ocells i conills. També podien conrear quatre vegetals prop de la barraca. Entre les escombraries, s’hi han descobert envasos de medicaments per a la malnutrició infantil populars a la postguerra, com ara Ceregumil i Glefina. I moltes ampolles de laxants, cosa que fa pensar que molta gent tenia restrenyiment crònic.

En fi, la memòria de l’excavació és fonamental per a reconstruir com era la vida miserable dels presos i els seus familiars. És una bona metàfora del règim del general Franco. A més de les penalitats, també es dedueix una vida de solidaritat i resistència que contrasta enormement amb el relat èpic i grandiloqüent que eternament hem sentit del Valle de los Caídos. Potser alguna cosa de veritat comença a aflorar als voltants, o sota terra, del monument més monstruós i fals de la història recent d’Espanya.

Un monstre que els polítics diuen que volen “resignificar” i encara no se sap ben bé com. Quin sentit té? Que deixin estudiar-ho a fons als científics i als investigadors per elaborar la veritable història del Valle. El fals monument a la “reconciliació nacional” beneït pel Vaticà i l’església nacionalcatòlica espanyola. I que l’obra de la mare naturalesa amb el temps acabi esborrant del paisatge, a còpia de ventades, tempestes i gelades, allò que el feixisme va edificar esprement les vides dels presos rojos esclavitzats, fins vint anys després de la fi de la guerra. Podeu llegir-ne l’informe.

Objectes de la vida quotidiana.

Cuelgamuros mostra que, en gran manera, el franquisme va triomfar

Xurxo Ayán Vila (Lugo, 1976) és doctor en arqueologia per la Universitat de Sant Jaume de Galícia i investigador principal de l’Institut d’Història Contemporània de la Universitat Nova de Lisboa. Ha participat en projectes d’excavació arqueològica internacionals a Croàcia, Xile, Etiòpia i Guinea Equatorial. Entre els seus treballs recents destaca la direcció dels projectes del castre de San Lourenzo, Adegas da Memoria i Arqueologia de l’Estado Novo.

L’any 2020 va publicar a Edicions Positivas l’esplèndid llibre Onde as rúas non teñen nome, del qual vam parlar en aquesta secció, la crònica d’una missió científica a Etiòpia en què reflexionava sobre el passat, la memòria i la identitat d’ells i nosaltres.

Ayán ha format part de l’equip que ha fet l’estudi arqueològic al Valle de los Caídos. M’interesso per saber les seves impressions i reflexions personals. M’imagino que excavar a Culegamuros, i al lloc on van viure els presos republicans sotmesos a treballs forçats, deu ser com penetrar en un lloc mitificat, en certa manera prohibit, travessar els límits d’allò permès, per convertir-lo en història del passat i del present.

Xurxo Ayán Vila, a l’excavació del Valle de los Caídos (fotografia: Olmo Calvo).

—Què és per vós la cosa més significativa d’això que heu descobert?
—Les dues estructures en què he intervingut directament al costat de més companys. En primer lloc, un abocador associat a l’habitatge d’un dels guàrdies del Valle de los Caídos, al poblat central. Les escombraries es van llençar en una cabana en runes, prop de la casa, i en el seu moment li van arribar a calar foc. Aquest abocador mostra clarament una cultura material que no tenia res a veure amb les duríssimes condicions de vida dels presos. Podem accedir fins i tot a la indumentària del guàrdia: hem trobat un botó amb l’àguila franquista, un fragment dels vidres fumats de les ulleres de sol, una funda d’arma blanca…

—I sobre el caràcter i la vida dels seus habitants, què n’heu esbrinat?
—Vam poder constatar el creixement d’una nena, possiblement la seva filla, a partir de les soles de calçat infantil. La família del guàrdia tenia una vaixella de qualitat, fins i tot prenia xocolata (hi ha restes de xocolateres), un luxe en el context de Cuelgamuros. El registre exhumat en aquest dipòsit és totalment coherent amb allò que trobem a l’habitatge. Una casa de bona factura, amb l’espai segmentat, una xemeneia en condicions, planxada de ciment, que va estar activa almenys al començament dels anys cinquanta. En destaco el contrast brutal entre aquest espai domèstic d’un guàrdia del règim franquista i les barraques dels familiars dels presos.

—Com vivien les famílies dels presos?
—En destacaria la barraca que em va tocar d’excavar als voltants del campament Banús –la cabanya és la BA02. Un autèntic recer rupestre que es recolza en afloraments granítics, un espai ínfim en què es va reciclar i amortitzar material d’allò més variat per millorar les condicions de vida. Hi ha un esforç notable de dignificació, la intenció de crear una llar. Quan comença a haver-hi una mica de diners, se substitueix el sòl de terra batuda per un de ciment, es condiciona un llit –que ocupa gairebé la meitat de l’estança– i s’improvisa una xemeneia raconera de maons. El fet més espectacular és el caràcter pompeià de l’estructura. És a dir, després d’haver-la tancada als anys cinquanta –farcint-la de pedres–, hem pogut viatjar en el temps i registrar el sòl d’ocupació tal com va quedar: les ampolles encara dempeus al rebost de l’entrada, el parell de soles de sabates al costat de la porta, etc. Aquesta sensació tan viva és difícil d’experimentar en l’arqueologia convencional.

Sola de sabata d’una criatura.

—Què us ha aportat personalment aquest treball en comparació amb molts més que heu fet?
—Tinc experiència en l’excavació de camps de concentració i en l’exhumació de fosses comunes, per la qual cosa conec bé la violència sistemàtica i el terror instaurat pel règim franquista. No obstant això, Cuelgamuros mostra que, en gran manera, el franquisme va triomfar. L’escenografia arquitectònica continua essent impactant, imponent, i així compleix amb l’objectiu marcat pel dictador. Tot monument es construeix per veure i ser vist, per romandre en el temps i ser un marcador simbòlic de l’espai. I així continua essent, per això és tan difícil de resignificar el Valle de los Caídos.

—També dieu a la memòria que l’excavació acaba amb el mite d’utopia penitenciària que defensen franquistes i neofranquistes.
—Sí, ha estat un espai despolititzat, pel qual hem passat generacions d’escolars de províncies en les excursions a Madrid de 8è d’EGB. Per tot això, el negacionisme, el revisionisme i el neofeixisme continuen fent allò que els rota, i molts compatriotes pensen que allò va ser un hostal de vacances. La nostra recerca arqueològica ha aconseguit de desviar la mirada del monument i centrar-nos en aquells i aquelles que no van tenir veu, accedir al trauma d’unes condicions de vida infames imposades per uns espanyols a uns altres espanyols.

—Heu tingut l’oportunitat de parlar amb gent que hi va viure perquè hi tenien familiars condemnats a treballs forçats?
—Sí. Hi ha dos testimonis impactants que em van marcar. Un d’ells, un senyor que es va criar a Cuelgamuros i que ens va visitar al final de la campanya. Abans d’anar-se’n amb la seva família, per convèncer-se que mai més no tornaria, va soterrar les seves joguines. Aquest testimoni corroborava fil per randa allò que trobàvem en les excavacions.

—A més de les explicacions sobre les condicions de vida que van patir, els testimonis quina reflexió aporten avui?
—El segon testimoni que m’impactà és el de la gallega Pilar Barros. El seu pare Manuel va estar-hi pres als anys quaranta. La mare de Pilar, esposa de Manuel, va aconseguir d’anar-hi i construir una barraca, prop de l’abadia. Allí, en aquella barraca, va parir tota sola la seva filla gran i tota sola va tallar-se el cordó umbilical. Aquesta família després va emigrar al Brasil i, als anys vuitanta, ja una altra volta a Galícia, van voler venir a Cuelgamuros i es van fer una fotografia a les runes de la barraca. D’això se’n diu resiliència, dignificar un passat traumàtic. Amb sarcasme (retranca, en gallec), Pilar ens va dir que a veure si excavàvem la barraca i hi trobàvem el cordó umbilical. Això es diu anquilopoètica. I, en gran manera, això hem fet a Cuelgamuros, estudiar materialment un lloc de memòria traumàtica el cordó umbilical de la qual ens connecta amb el present, amb el país que tenim.