dilluns, 11 de juliol del 2022

Adiós a la nobleza de Franco: quiénes recibieron los 33 títulos que eliminará la futura ley de memoria

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Entre los 33 títulos nobiliarios, se encuentra el concedido por Franco a la fundadora de la Sección Femenina, Pilar Primo de Rivera, o el que otorgó el Rey Juan Carlos a Arias Navarro

Marta Borraz


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Aunque por momentos parecía imposible, todo apunta a que habrá Ley de Memoria Democrática. Si nada se tuerce de aquí al pleno del Congreso del jueves, la norma contará con los apoyos suficientes tras los acuerdos con algunos de los socios habituales del Gobierno entre los que (de momento) no está ERC. El proceso arrancó hace dos años y por el camino se han incorporado novedades como el listado que detalla uno a uno los 33 títulos nobiliarios concedidos por Franco que la ley hará desaparecer. Así lo pactaron PSOE y Unidas Podemos, que en la primera versión del texto dejaban la posibilidad abierta a todos los títulos que supusieran exaltación de la Guerra Civil o la dictadura.

La lista cerrada se incluyó en base a “trabajos de investigación ya realizados” que permiten determinar, según ambas formaciones, qué distinciones incurren en un ensalzamiento del golpe de Estado o el franquismo, a sus instigadores, dirigentes, participantes del sistema represivo o a las organizaciones que sustentaron al régimen. Títulos “cuya base está constituida por comportamientos atentatorios contra la dignidad humana y otros derechos fundamentales cometidos en épocas preconstitucionales”, justifican en la enmienda adoptada.

Todos, los 33, fueron concedidos por Franco con carácter perpetuo y hereditario a golpistas, criminales de guerra e ideólogos franquistas que desempeñaron algún papel clave en la marcha de la guerra o el sostenimiento del régimen. De hecho, la intención fue reconocida por el propio dictador en la ley de 1948 con la que restableció las distinciones aristocráticas suspendidas por la República. Y era un objetivo doble: por un lado, para “mantener vivo” el recuerdo de “las grandes glorias de la nación”; por otro, para agradecerles los “servicios prestados” durante “nuestra Cruzada”, cargada de “acciones heroicas”.

La mayoría de estos ducados, condados y marquesados han sido renovados tras la muerte de quienes los recibieron originalmente y recaen ahora sobre sus herederos. Pero ¿quiénes eran y por qué Franco les distinguió?

Hay cuatro títulos nobiliarios que fueron concedidos un día tan simbólico para el régimen como el 18 de julio, pero de 1948. Fueron los primeros otorgados por la dictadura por su “heroísmo” durante la guerra y como “ejemplo de su alcurnia y grandeza”, reza el decreto que los hizo efectivos. Hoy, un sobrino nieto del fundador de Falange ostenta el ducado de Primo de Rivera, concedido a José Antonio tras ser acusado de conspiración contra la República y ser ejecutado al estallar la guerra. Así se convirtió en un mito para el régimen franquista y un mártir al servicio de la propaganda tras haber ideado un fascismo adaptado al nacionalismo español.

Que “vivirá estrechamente unido al Movimiento Nacional” fue lo que dijo Franco de José Calvo Sotelo, exministro de Hacienda durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera, que fue asesinado el 14 de julio de 1936. Aunque su muerte violenta fue esgrimida por los sublevados como la causa que les empujó al levantamiento, la realidad es que ya se había comenzado a planificar. Y, de hecho, Calvo Sotelo participó activamente en la conspiración. En la actualidad, un nieto del político monárquico es el duque de Calvo Sotelo. Pero el mito por antonomasia del franquismo fue el militar golpista José Moscardó, al que Franco distinguió por defender el Alcázar de Toledo frente a las tropas republicanas con un condado que hoy disfruta uno de sus nietos.

El último de los cuatro primeros títulos concedidos fue el ducado de Mola, que ostenta el nieto de Emilio Mola, artífice del golpe de Estado de 1936 y director durante la guerra de las operaciones militares del Ejército del Norte. Un militar que no disimuló su sadismo y que nada más dar comienzo a la guerra decía cosas como: “Hay que sembrar el terror, dar la sensación de dominio, eliminando sin escrúpulos y vacilación a todos los que no piensan como nosotros [...] Todo aquel que ampare u oculte un sujeto comunista o del Frente Popular será pasado por las armas”. O “quiero que el marxismo y la bandera roja queden en la Historia como una pesadilla, una pesadilla lavada con sangre de patriotas”.

Onésimo Redondo, conocido como “caudillo de Castilla” durante el franquismo y líder del grupo fascista las JONS, que posteriormente se uniría a Falange, recibió a título póstumo el condado de Labajos y en 1950 el dictador emitiría el marquesado de Queipo de Llano. El general ha sido definido como uno de los mayores criminales de guerra al servicio del levantamiento militar franquista. Llevó el terror a los pueblos andaluces, lo que dejó un reguero de fusilados que solo en Sevilla se cifran en más de 12.000. “Les sacaré de debajo de la tierra si hace falta, y si están muertos los volveré matar”, decía en una de sus arengas habituales desde Radio Sevilla. Hoy el marqués es su nieto.

El hijo del general Juan Yagüe es el marqués de San Leonardo de Yagüe, la distinción creada por Franco a título póstumo para homenajear al llamado “carnicero de Badajoz”, denominado así por la crueldad y el modo en que aplicó el terror en la provincia extremeña en agosto de 1936, cuando fueron asesinadas miles de personas. “Acabo de presenciar tal espectáculo de desolación y de pavor que tardará en borrarse de mis ojos”, escribió en sus crónicas sobre la represión sistemática el periodista portugués Mario Neves.

A la única mujer que distinguió el dictador con un título nobiliario fue a Pilar Primo de Rivera, hermana de José Antonio y fundadora de la Sección Femenina de Falange. Ferviente admiradora de la Alemania nazi y firme defensora de la sumisión de las mujeres a los hombres. El destino de ellas era consagrarse al esposo y a los hijos: cuidar el hogar y satisfacer al varón. “El niño mirará al mundo, la niña mirará al hogar”, resumía uno de los números de la revista Consigna, aparato propagandístico de la Sección Femenina. Hoy el condado del Castillo de la Mota lo tiene hoy un sobrino nieto de Pilar Primo de Rivera

Carrero Blanco y los cinco de Juan Carlos

Uno de los pocos títulos que desaparecerán con la nueva ley de memoria democrática y que permanecen a día de hoy vacantes es el ducado de Carrero Blanco, concedido a título póstumo tras su asesinato a manos de ETA en 1973 al poco de ser nombrado por Franco presidente del Gobierno. El almirante siempre sostuvo su intención de mantener intacto el régimen dictatorial y, entre otras cosas, dejó reflejado su odio visceral a los judíos y al sistema democrático. Le sucedió Carlos Arias Navarro, que tuvo un papel destacado en la represión de Málaga y ocupó varios cargos del régimen. Recibió el marquesado de Arias Navarro un día después de dimitir, con una diferencia: no fue Franco, ya muerto, quien se lo otorgó, sino el Rey Juan Carlos.

No fue el único caso; así ocurrió con otras cuatro distinciones que también prevé eliminar la norma: el monarca también concedió el Señorío de Meirás a Carmen Polo, viuda de Franco, solo seis días después de su muerte. Hoy lo ostenta su nieto, el conocido como Francis Franco. El mismo día concedió a su hija el ducado de Franco, que sigue existiendo en España a pesar de llevar el nombre del dictador, hoy en manos de Carmen Martínez Bordiú. El rey concedió meses más tarde el condado de Rodríguez de Valcárcel, exmiembro de Falange que había ejercido de jefe de Estado entre el 20 y el 22 de noviembre, y el condado de Iturmendi, a favor de Rita Gómez, la viuda del político carlista Antonio Iturmendi, que ocupó cargos de relevancia en el régimen.

Franco desplegó una extensa política de distinciones a figuras militares que habían desempeñado un papel relevante en el transcurso de la Guerra Civil. Así fue con el marquesado de Dávila o el de Saliquet, en honor respectivamente a Fidel Dávila y Andrés Saliquet, ambos miembros de la Junta de Defensa Nacional creada por los militares sublevados. Este último llegó a presidir una vez finalizada la contienda el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y del Comunismo, que solo entre 1940 y 1964 llegó a instruir más de 64.000 expedientes de represaliados. El marquesado de Kindelán, otorgado al responsable de las fuerzas áreas fascistas que llegaron a producir bombardeos indiscriminados de civiles que acabaron con miles de muertos.

Después del Stanbrook: la dura historia de los exiliados republicanos en el norte de África

 https://www.lavanguardia.com/local/valencia/20220626/8361193/despues-stanbrook-dura-historia-exiliados-republicanos-norte-africa.html?fbclid=IwAR2HVRQMFrHULr44kICAjXRvLDKGkpgGqhd__pvPPzncx7f_wSVx6KVd3Kw

Casa Mediterráneo organiza en Alicante unas jornadas para rescatar la memoria de lo ocurrido en los campos de internamiento y de concentración donde miles de españoles padecieron todo tipo de penalidades 


Después del Stanbrook: la dura historia de los exiliados republicanos en el norte de África

“El general Franco tuvo la oportunidad de contar su historia, la de los vencedores, pero no hay vencedores sin vencidos”. Lo dice Eliane Ortega Bernabéu, nacida en Orán, hija y nieta de exiliados, que ha dedicado, y aún dedica, gran parte de su vida a investigar y divulgar “la historia de los vencidos, humillados, rechazados, esclavizados y asesinados”, la historia de quienes, en muchos casos desde Alicante, tierra de sus antepasados, se vieron obligados a abandonar sus casas, su familia, su vida, hacia un destino incierto que para muchos resultó cruel.

Cuando Eliane comenzó sus investigaciones, los historiadores franceses cifraban en una docena el número de campos de internamiento de republicanos españoles en Argelia, pero tras años de pesquisas ella tiene documentados alrededor de setenta. Durante la conferencia que la semana pasada ofreció en la Casa del Mediterráneo, dijo haber recibido información de uno más.

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Exilio

En los primeros meses de 1939, unos 12.000 republicanos se trasladaron a Argelia y a Túnez

En los primeros meses de 1939, unos 12.000 republicanos se trasladaron a Argelia y a Túnez. Parten del puerto de Alicante grandes barcos de transporte, como el más famoso de ellos, porque fue el último en abandonar la ciudad, el carbonero Stanbrook, cuyo capitán, Archibald Dickson, es hoy tardía pero justamente homenajeado en el puerto alicantino.

Pero no fue Alicante el único puerto de salida. Zarparon embarcaciones desde Dénia, Gandía, Santa Pola, Torrevieja, Cartagena... y aviones desde Monóvar y San Javier, en los que salieron altos cargos comunistas, militares y mandos intermedios... "los demás se quedaron esperando en los puertos", explica Eliane Ortega, “fue una desbandada final... cierren los ojos e imaginen en el mes de marzo las bombas, los submarinos, los italianos, gente desaparecida, la angustia, el hambre”. Lo peor fue que donde iban a llegar “no iba a ser mejor”.

Busto en memoria de Archibald Dickson, capitán del Stanbrook, en el puerto de Alicante.

Busto en memoria de Archibald Dickson, capitán del Stanbrook, en el puerto de Alicante.

 Archivo

¿Por qué a Orán? Primero, por proximidad, está más cerca de Alicante por vía marítima que Barcelona. En segundo lugar, por su relación histórica con España, que la dominó en dos períodos (1509-1708 y 1732-1791). Se hablaba una mezcla de valenciano, francés y árabe -el pataouète-, existía libertad religiosa, y una abundante arquitectura española, en una ciudad que llegó a tener tres plazas de toros.

Explica Eliane Ortega que “las autoridades francesas tuvieron una actitud reticente, e incluso hostil”, cuando llegaron los exiliados. “Siguiendo las instrucciones del gobierno, no se mostraron favorables a recibir más refugiados”, impidiendo en ocasiones el desembarco. Además, en Orán “gobernaba un alcalde de tendencia fascista, partidario de Franco”.

“Las autoridades francesas tuvieron una actitud reticente, e incluso hostil”, cuando llegaron los exiliados, afirma Eliane Ortega

En relación a sus características y a la evolución que las autoridades francesas dieron a su tratamiento, los investigadores clasifican en tres tipos los campos donde fueron a parar los exiliados españoles. Juan Martínez Leal, en el documentado trabajo sobre el exilio republicano en el norte de África publicado por la Universidad de Alicante, habla de campos “de acogida y clasificación” desde la llegada hasta el comienzo de la IIª Guerra Mundial; campos de trabajo forzosos, a partir del régimen colaboracionista de Vichy; y campos de castigo y penitenciarios hasta la liberación en la primavera del 43, tras el desembarco aliado de noviembre de 1942.

Los primeros se crearon en principio como provisionales, pero algunos adquirieron una continuidad y una relevancia importante. El primero, desde mediados de marzo, fue la antigua prisión civil de Orán, que recibió a las mujeres y los niños (e inicialmente a aviadores). Más tarde, a principios de abril, las autoridades habilitaron alojamiento en un antiguo almacén de granos y, finalmente, colocaron en el propio muelle Ravín Blanc tiendas de campaña vigiladas por soldados senegaleses, donde se alojaron centenares de refugiados.

Plano que recoge la ubicación de algunos de los campos

Plano que recoge la ubicación de algunos de los campos

 Archivos de la Democracia (UA)

También en Orán se habilitó la fortaleza de Mers-el-Kébir donde se recluyó a oficiales y aviadores. Los que llegaron en el carguero Ronwyn, a mediados de marzo, tomaron puerto en Ténes y fueron alojados en Orleánsville (hoy Chlef), en la Caserne Bethezène, un antiguo cuartel de Caballería, en un régimen de semilibertad, como atestiguan las memorias de varios internados. Allí, a los pocos días, falleció el periodista alicantino Emilio Costa. Mujeres y niños fueron conducidos a Carnot a 85 km de Ténes, a un centro de reagrupamiento familiar.

El gobierno general de Argelia fue trasladando a los exiliados hacia el este del país, en los distritos de Orléansville y Médea, para separarlos del Oranesado. Era este un departamento muy hispanizado ya, lo que despertaba en la autoridad el temor de su influencia ideológica sobre la población hispana ya residente, según explica Martínez Leal.

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De estos campos de acogida e internamiento se podía salir, siempre y cuando el interno pudiera certificar que algún familiar lo tomaba a su cargo, o bien que cualquier comerciante o empresario local lo avalara con un contrato de trabajo. Después estaban las organizaciones internacionales de socorro o filantrópicas, la intervención de personalidades francesas influyentes, o de las propias cúpulas de los grandes partidos para rescatar a sus dirigentes. Especialmente eficaces fueron las organizaciones comunistas, que consiguieron sacar de los campos a decenas de sus dirigentes seleccionados con destino a la URSS. Entre ellos figuraba el famoso Valentín González, “El Campesino”, que habiendo partido del puerto almeriense de Adra fue internado en el campo de Blida.

Trabajos forzados en el ferrocarril transahariano

En abril de 1939, un decreto del Gobierno Daladier estableció que los refugiados extranjeros comprendidos entre los 20 y 48 años "prestaran" trabajos equivalentes al tiempo que los ciudadanos franceses cumplían en el servicio militar, creándose así las llamadas Compagnies de Travailleurs Étrangers. Cuando estalla la Segunda Guerra Mundial, el enrolamiento en estas compañías es forzoso, empleándose en trabajos dedicados a fortificaciones, infraestructuras, minas y canteras.

En las colonias de África del Norte se crearon 12 compañías agrupadas en el "Octavo Regimiento de Trabajadores Extranjeros", en septiembre de 1940, tras la firma del Armisticio.

"Los internos viven en condiciones de miseria brutal, de inanición difíciles de creer", recogen informes de la Inteligencia Militar Aliada

Estas compañías se formaron en Camp Morand concentrando a refugiados de Marruecos, Argelia y Túnez. De allí salían para desempeñar tareas agrícolas en canteras, minas, construcción de carreteras, fortificaciones y, sobre todo, hacia los campos de trabajo del desierto para construir el Ferrocarril Transahariano. Unos 2.500 españoles pasaron por estas compañías.

Los informes de los Servicios de la División de Inteligencia Militar Aliada contabilizan ocho compañías de trabajadores extranjeros. La 7ª estaba en Kenadsa y era compuesta por "Spanish veterans (Reds)". Respecto al campo disciplinario de Ain-el Ourak, en el informe se puede leer que "los internos viven en condiciones de miseria brutal, de inanición difíciles de creer". Eran en su inmensa mayoría trabajadores españoles y voluntarios de la Legión Extranjera, vigilados por 60 goumiers, marroquíes que servían en el ejército colonial francés. Termina el informe alertando de que este trato disciplinario ofensivo y humillante puede ser generalizado a muchos de los trabajadores que están construyendo el Transahariano.

Eliane Ortega, durante la conferencia impartida en Casa del Mediterráneo.

Eliane Ortega, durante la conferencia impartida en Casa del Mediterráneo.

 LV

Junto a trabajadores manuales, se integraron forzosamente en las compañías intelectuales, hombres de profesiones liberales, funcionarios, profesores... poco o nada acostumbrados a trabajos que exigían un enorme esfuerzo físico, en condiciones climáticas, de disciplina y de subsistencia terribles. Era una prestación forzosa de trabajo, a cambio de una mísera contraprestación económica (de 0,50 francos a 2 francos diarios, dependiendo de trabajos).

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Helia González, de 79 años, sostiene la foto del Stanbrook, el barco donde huyó con su familia en marzo de 1939, mientras la República se derrumbaba.

Los campos de trabajo forzosos que se crearon en torno al Transahariano eran simples campamentos de tiendas de campaña de lona (marabouts) en medio de las arenas del desierto, en parajes desoladores achicharrados por el sol, vigilados por tropas coloniales, en condiciones climáticas y de subsistencia imposibles. Las jornadas empezaban casi al amanecer con un descanso en las horas centrales del día, debido al calor abrasador, que podía llegar a los 50º, para después descender a cotas muy frías durante la noche.

Cualquier motivo banal, señala Martínez Leal, "daba lugar a maltratos y castigos brutales de los que están repletas las memorias. Desde vergajos, golpes de porra y culatazos, verdaderas palizas a veces, hasta los tristemente célebres el cuadrilátero y sobre todo el tombeau". 

El 'tombeau' era una simple fosa a modo de tumba que el reo debía de cavar para permanecer en ella día y noche tumbado, a pan y agua

El cuadrilátero era un pequeño recinto rodeado de alambradas, permanentemente vigilado, donde se encerraba día y noche a los castigados sin ninguna protección frente al sol infernal o el frío inclemente de la noche, sólo con sus tristes harapos y una dieta de hambre. El tombeau se reducía una simple fosa a modo de tumba que el reo debía de cavar y permanecer día y noche tumbado a pan y agua. Se trataba de minar hasta el extremo la resistencia física y mental de los forzados o de dar salida a los más bajos instintos sádicos de algunos de los guardianes de las Compañías.

Los campos de la muerte

El Régimen de Vichy incrementó su política de exclusión creando estos siniestros lugares para la represión sobre los refugiados españoles, brigadistas internacionales, opositores antifascistas franceses y apátridas. Se trataba de campos "especiales" que mejor habría que llamar de castigo o disciplinarios, donde el único fin era el trato vejatorio, las torturas y los sufrimientos a los trabajadores, verdaderos penados, llegando a cotas que recuerdan algunos de los extremos de los campos nazis.

En el campo de Djelfa estuvo Max Aub junto a algunos centenares de compatriotas trasladados de los campos del Midí francés. Al principio se trataba de un campo de reclusión de patriotas antifascistas franceses, pero después éstos fueron trasladados a un nuevo campo, el de Bossuet, quedando el de Djelfa para los españoles, brigadistas de distintas nacionalidades y judíos. El campo de Djelfa, inmortalizado literariamente por Max Aub, fue uno los más terribles de Argelia, donde reinaba el régimen de terror impuesto por el siniestro comandante Jules César Caboche y sus ayudantes.

Imágenes de las torturas a las que eran sometidos los prisioneros.

Imágenes de las torturas a las que eran sometidos los prisioneros.

 UA

Los trabajos forzados, generalmente picar piedra, no tenían otro sentido que agotar las energías de los condenados, faltos de alimentos y agua, sometidos por oficiales  y suboficiales brutales a las mayores vejaciones. Hadjerat M'Guil fue el más siniestro de estos campos, conocido enseguida el lugar como "Valle de la Muerte" o "Campo de la Muerte". Aquí fueron recluidos castigados de la Legión Extranjera, alemanes, polacos e italianos antifascistas, judíos y republicanos españoles. De los 250 internados, unos 70 eran españoles. 

El campo estaba dirigido por el teniente Xavier Santucci, un corso fascista y brutal, al que llamaban Bocanegra, cuya consigna era: ¡Nadie saldrá vivo de aquí!. En esta tarea colaboraron de manera encarnizada sus ayudantes, sobre todos los cabos ex-legionarios, el alemán Otto Riepp y el ruso Dourmenoff. Los insultos, golpes y palizas, a veces hasta la muerte, fueron una constante. Los testimonios de las palizas, torturas y vejaciones públicas hasta morir son abrumadores en los casos del antifascista alemán Lewinstein, los españoles Moreno Ruiz y Poza Olives. En Hadjerat murieron torturados once internos, de los que cinco eran españoles.

Un tribunal miliar condenó a los torturadores de Hadjerat a cuatro sentencias de muerte, de las que se ejecutaron dos, los siniestros Santucci y Riepp

Tan terribles fueron los ecos de estas atrocidades que entre febrero y marzo de 1944, ya bajo control aliado, en el Palacio de Justicia de Argel un tribunal militar juzgó y condenó a los responsables torturadores de Hadjerat  a cuatro sentencias de muerte, de las que se ejecutaron dos, los siniestros Santucci y Riepp. El resto de oficiales y suboficiales fueron condenados a penas de trabajos forzados. 

Tras el desembarco aliado en el Norte de África, en noviembre de 1942, el calvario de los españoles internados comenzó a mejorar, pero muy lentamente. Todavía en abril de 1943 cuando fue cerrado, existían centenares de internos en Djelfa. Finalmente, las Compañías de Trabajadores Extranjeros fueron disueltas tras la liberación de Francia, en septiembre de 1944. En 1949 se abandonó para siempre la construcción del ferrocarril Transahariano, del que apenas restan unos raíles enterrados bajo las arenas del desierto. Y, gracias al esfuerzo de personas como Eliane Ortega, la memoria de quienes padecieron un injusto y cruel trato en su construcción.

Presentación en Astorga del libro Cuando se rompió el mundo, y Exposición de dibujos contra el fascio y la guerra.

 

Jose Cabañas Gonzalez

 

 

 

 

Saludos.

 

Por si fuera de su interés  le envío noticia de la próxima presentación de mi nuevo libro CUANDO SE ROMPIÓ EL MUNDO. El asalto a la República en la provincia de León. Primera Parte: El Golpe en Astorga, en la Biblioteca Municipal (Calle Luis Braille, s/n), el próximo día 12 de julio, martes, a las 19:30 horas.

 

El libro, publicado por Ediciones del Lobo Sapiens (con la colaboración de la Diputación Provincial de León y su Instituto Leonés de Cultura -ILC- y los Ayuntamientos de Astorga, San Andrés del Rabanedo, Santa Elena de Jamuz, La Bañeza y Santa María del Páramo), estará desde el 8 de julio disponible en librerías, en la web de la editorial ( www.lobosapiens.com ), y en su sede ( comercial@lobosapiens.net ).

 

Desde el día 4 de julio hasta el 20 de julio se muestra en la misma Biblioteca Municipal de Astorga la Exposición Los dibujos de Felipe García Prieto, “topo” en Astorga durante la Guerra Civil, contra el fascio y la guerra, realizada con contenido del propio libro.

 

Le adjunto invitación y carteles referidos al libro y a la exposición, y enlaces a noticias en prensa relacionada con ambos:

https://astorgaredaccion.com/art/30897/felipe-garcia-prieto-anarquista-astorgano-topo-durante-la-guerra-civil

 

https://www.diariodeleon.es/articulo/sociedad/creian-que-enterraban-cuerpos-asesinados-enterraban-semillas/202207080333372237711.html

 

https://www.lanuevacronica.com/la-historia-de-las-enfermeras-martires-es-un-mito-una-falsedad-interesada

 

Permítame que le traslade la valoración que de este libro han hecho desde el Instituto Leonés de Cultura (ILC): “Una obra de singular importancia para el conocimiento de nuestra reciente historia provincial”.

 

Un libro en formato 17 x 24 cms. que, con sus 828 páginas, referencias de 3.000 personas y 500 lugares provinciales, un centenar largo de imágenes de época, y 1.200 notas a pie de página, es Mucho más que el relato más completo y detallado del golpe militar de julio de 1936 en los pueblos, villas y ciudades de la provincia de León.

 

Más información en http://www.jiminiegos36.com   y en   http://www.jiminiegos36.com/volumen3.htm

 

Le ruego (y le agradezco), por último, que difunda esta noticia entre quienes considere que puedan estar interesados.

 

Muy agradecido también por su atención, reciba un cordial saludo.

 

 

José Cabañas González

988243809 – 696540133

jiminiego@mundo-r.com

www.jiminiegos36.com