Blog d'en Jordi Grau i Gatell d'informació sobre les atrocitats del Franquisme.....
"Las voces y las imágenes del pasado se unen con las del presente para impedir el olvido. Pero estas voces e imágenes también sirven para recordar la cobardía de los que nada hicieron cuando se cometieron crímenes atroces, los que permitieron la impunidad de los culpables y los que, ahora, continúan indiferentes ante el desamparo de las víctimas" (Baltasar Garzón).
Las organizaciones piden que se amplíe la retirada de medallas más allá de Billy El Niño y que se acelere la aplicación de la Ley de Memoria Democrática.
Fundación 1º de Mayo.
16 DE ENERO DE 2023, 13:37
Las fundaciones de CCOO encargadas de las políticas de memoria del sindicato han remitido una carta al ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, con una lista de más de 20 nombres de policías en su día miembros de la Brigada Político Social franquista.
Todos ellos se hallan en posesión de condecoraciones y otras distinciones, habiendo sido autores de torturas y otras graves violaciones de derechos humanos, por lo que las fundaciones solicitan que dichas distinciones les sean también retiradas, tal y como se ha anunciado en el caso de Juan Antonio González Pacheco, más conocido como Billy el Niño.
En su carta, las fundaciones piden al Ministerio que se amplíen las investigaciones ya que el caso de “González Pacheco no era una excepción. [...] Su práctica de la tortura, acreditada por el testimonio de sus víctimas, sólo puede entenderse en el contexto más amplio de una práctica llevada a cabo por la Brigada Político Social de manera sistémica”.
La carta detalla así una lista con 24 nombres de policías pertenecientes a la Brigada Político Social cuyas torturas están acreditadas y que, según las investigaciones promovidas desde los archivos de las fundaciones de CCOO, han recibido medallas y otras recompensas.
Las fundaciones piden, en consecuencia, que se acelere la “incoación de oficio y revocación en su caso de las condecoraciones y recompensas afectadas por lo dispuesto en la Ley de Memoria Democrática" y que se permita el acceso a los archivos del Ministerio del Interior “que ilustran las graves violaciones de los derechos humanos durante la dictadura”.
Las entidades firmantes de la carta son:
Fundación 1º de Mayo, Fundación Jesús Pereda de Castilla y León, Fundación Juan Muñiz Zapico de Asturias, Fundación de Estudios e Iniciativas Sociolaborales (FEIS) del País Valenciá, Fundación Ateneo CCOO Baleares, Fundación Ateneo 1º de Mayo de Madrid, Fundación Sindicalismo y Cultura de Aragón, Fundación Estudios Sindicales y Cooperación (FESCA), de Andalucía.
La “ingente cantidad” de cuerpos (8.600, de los que 1.718 son víctimas del régimen franquista) se ha traducido en una densidad de 2.331 restos óseos por metro cuadrado, cuando la previsión era de 338.
En Pico Reja se han localizado hasta la fecha 1.718 cuerpos de represaliados. S.C. Aranzadi
Los expertos señalan que es la mayor fosa común en la que se trabaja hoy en toda Europa occidental desde que se abrieron las de Srebrenica tras la guerra de los Balcanes, y que la más importante en España hasta la fecha por el volumen de restos allí acumulados. Las excavaciones en Pico Reja, en el cementerio de San Fernando de Sevilla, concluirán este mismo mes de enero tras tres años sobre el terreno, en los que hasta ahora se ha rescatado los cuerpos de 1.718 represaliados por el régimen franquista y 6.882 más procedentes de la actividad funeraria normal. En total hablamos de 8.600 personas sepultadas en este gran enterramiento colectivo, del que se han extraído más de millón y medio de huesos, 1.565.200 para ser exactos.
Los técnicos de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, encargados de una tarea impulsada por el Ayuntamiento de Sevilla, se han encontrado en Pico Reja una realidad “alejada de cualquier previsión e incontrolada por la magnitud de los enterramientos”, tanto de víctimas de la represión que lideró el general golpista Gonzalo Queipo de Llano como de personas sin recursos que acabaron en esta fosa común, en la que el avance de las excavaciones ha obligado a ir corrigiendo sus dimensiones para fijarlas ahora en 700 metros cuadrados. Juan Manuel Guijo, responsable de estos trabajos, incide en que estamos ante el mayor proceso de exhumación que se ha desarrollado en España “si se considera la totalidad de las evidencias intervenidas”.
El millón y medio largo de huesos bajo tierra supone que la previsión inicial de encontrarse con 265.000 quedó lejísimos, fruto de que el número de cuerpos ha sido muy superior a los cálculos que se habían hecho: de acuerdo con los registros funerarios, se esperaba encontrar los restos de un total de 1.103 personas (850 represaliadas y 253 que no lo fueron), cuando a la hora de la verdad han sido 8.600 cadáveres. Sólo el número de víctimas (1.718, el doble de las previstas) ha sido superior al total de cuerpos finalmente localizados. Y un dato más: la densidad de restos óseos por metro cuadrado ha sido de 2.331, cuando los cálculos previos apuntaban a que serían 338.
Una “ingente cantidad de restos”
Las cifras reales, en definitiva, han estado “por encima de cualquier previsión posible”, lo que se ha traducido en una “ingente cantidad de restos intervenidos”. “Sevilla fue el sitio inaugural donde descargó el golpe de Estado, por lo que era muy difícil hacer previsiones”, explica Guijo, que incide en que el elevado número de personas no represaliadas que fueron depositadas en Pico Reja ha dificultado mucho “el acceso a los depósitos de víctimas y su definición”.
Las últimas excavaciones se están centrando en los márgenes de la fosa, un espacio de 29 metros cuadrados que inicialmente no se había incluido dentro de su perímetro pero donde también se han encontrado cuerpos. Para finales de enero está previsto un acto para la clausura simbólica de Pico Reja, paso previo a la construcción en este enclave de un espacio memorialista en el que se ubicará el que será el mayor osario de España con restos de represaliados. Cuando esté terminado llegará el momento de otra ceremonia, para la que se baraja utilizar de manera emblemática las cajas con los restos de los integrantes de la columna minera de Huelva en representación de todos los represaliados, ya que darle su último destino a las miles de urnas requerirá de un trabajo de varios días.
El turno de Monumento
El último capítulo, no obstante, tardará en escribirse, y es que las pruebas de ADN para verificar si se le puede poner nombre y apellidos a algunas de las víctimas van a un ritmo mucho menor de lo que sería deseable, a lo que se une que el convenio de la Junta de Andalucía con la Universidad de Granada para esta identificación genética lleva caducado desde septiembre. Entre los nombres ilustres que podrían estar sepultados en Pico Reja se encuentran Blas Infante, considerado el padre de la patria andaluza, el último alcalde republicano, Horacio Hermoso, y numerosos concejales, políticos de izquierda y sindicalistas.
Una vez que acabe todo el proceso llegará el turno de la otra gran fosa común de las varias que hay en el cementerio sevillano, la de Monumento, que estuvo en uso entre septiembre de 1936 y enero de 1940 y sobre el papel es todavía más grande que su predecesora. Con una extensión de 1.000 metros cuadrados, los historiadores calculan que aquí hay 7.440 cuerpos enterrados por distintas causas (frente a los 1.103 que se esperaban de partida en Pico Reja), de los que 2.613 serían de víctimas de la represión franquista. Entre ellos, al margen de cargos políticos y representativos tanto de la ciudad como de la provincia y funcionarios municipales, podrían estar los de los ocho condenados acusados de un complot contra Queipo de Llano o los Carmen Díaz, hermana del secretario general del Partido Comunista. El gobierno hispalense se ha comprometido a iniciar este mismo 2023 el expediente y los estudios para la exhumación de un enclave en el que ya se han hecho trabajos preliminares.
El documental, dirigido por Pablo Azorín y Marta Hierro, narra unos hechos hasta ahora apenas investigados de la historia de España. En 1943, un grupo de republicanos españoles exiliados en el norte de África son reclutados por la Office of Strategic Services, predecesora de la CIA, con la colaboración del Partido Comunista de España.
Poco después desembarcan clandestinamente en las costas de Andalucía para obtener información respecto de una posible una invasión alemana de España y, en su caso, preparar el terreno de cara a una respuesta aliada, conocida como operación “Backbone”. El documental, que mezcla animación, imagen real y de archivo, revela la historia completa de este desconocido y trágico suceso, cruzando por primera vez fuentes documentales norteamericanas, británicas y españolas.
El equipo de investigación de “Espías en la arena” ha localizado a los familiares de varios de los participantes en la operación clandestina, ha accedido al sumario judicial de los detenidos en 1944, custodiado en el Archivo General e Histórico de Defensa, así como a documentos e imágenes inéditas de España en 1943 procedentes del National Archives Records and Administration de Estados Unidos, y a documentos inéditos del Archivo Histórico del Partido Comunista de España y de los Archivos Británicos. De esta manera, el equipo ha podido contrastar la documentación para conformar un relato riguroso y cargado de emoción.
“Espías en la arena” ha obtenido los premios al Mejor Documental en el Som Cinema 2017 de Lleida y el Festival Cinema Ciutadà Compromés 2017 de Valencia, el Premio del Público en el Festival Memorimage 2017 de Reus y una mención mspecial como Mejor Documental de Memoria en ExtremaDoc 2016.
Y si antes visionais el documental "Agente Sicre, el amigo americano" de la misma productora en la que se hace referencia a estos hechos, mejor que mejor. También lo encontraréis en nuestra videoteca de YouTube.
Ficha técnica
Una coproducción de: Televisión Española, IB3 Televisió de les Illes Balears, Quindrop Producciones Audiovisuales y DACSA Produccions | Con apoyo de: CulturArts-IVAC, Consell de Mallorca, Institut d’Estudis Baleàrics y la colaboración de la Filmoteca Española | Dirección, investigación y guión: Pablo Azorín Williams y Marta Hierro | Productores ejecutivos: Pablo Azorín, Xavier Crespo, Andrés Luque e Ignacio Tejedor | Música: Damián Sánchez | Animación y grafismos: Luis Ozonas | Realización: Javier González Bordas | Fotografía: Marc Martínez y Javier G. Bordas | Dirección de producción: Xavier Crespo y Magdalena López-Baisson | Ilustraciones: Luis Ozonas y Flavia Gargiulo | Montaje: Miguel Eek y George Peak | Duración: 66 min | Formato: HD
Esta antigua militante de la CNT y esposa de un marido que cayó preso en la Batalla del Ebro no dudó en dar cobijo a Crispín, uno de los guerrilleros que seguía la lucha armada contra Franco desde el monte. Ahora, la Amical d'Antics Guerrillers de Catalunya busca apoyo económico para contar su vida en un documental.
Cristina Zalba. —Fotografía cedida por Sònia Sala.
MADRID
Lucha guerrillera, emboscadas de la Guardia Civil y exilio. Valentía y honestidad a unos ideales. Silencio cómplice de una historia denostada durante décadas. Una mujer que se jugó su vida por aquellos que se jugaban la suya mientras soñaban, juntos, un país mejor. Todos estos son los ingredientes de la historia de Cristina Zalba, quien el 13 de enero de 1945 acogió a un maqui herido durante año y medio. Un ejemplo perfecto de cómo el silencio se está rompiendo a nivel transgeneracional, la producción de un documental que narre lo acontecido y para el que sus promotores piden colaboración será una prueba más de cómo la historia y el recuerdo se imponen al olvido.
Set de rodaje del documental. —Aina Planagumà
Todo comenzó el último día del año 1944. Aquel 31 de diciembre, una emboscada sorprendió a dos guerrilleros que habían bajado de la montaña de Santa Bárbara a Oix (Girona) para conseguir algo de comida. El que era conocido como Palau murió ametrallado por la Guardia Civil, pero todavía quedó otro herido en una pierna. Tiempo después, desde la Amical d'Antics Guerrillers de Catalunya, quienes preparan el documental 508 días , supieron que su nombre era Antoni Figueras Cortacans, alias Crispín. Él fue quien durante 508 días recibió la asistencia de Cristina Zalba, una antigua sindicalista de la CNT cuyo marido, Enric Sala, había caído preso en la batalla del Ebro y ya había retornado del campo de concentración al que fue destinado.
Cristina Zalba se casa con Enric Sala. —Fotografía cedida por Sònia Sala.
Zalba, una mujer aguerrida donde las haya, se enfrentó a toda su familia para dar asistencia a Crispín, quien poco a poco se fue recuperando de sus heridas. "Nosotros llegamos a esta historia por un documento de un guerrillero que se exilió en Francia y pidió auxilio médico al Partido Comunista por una herida en la pierna. Eso es lo que nos conectó con lo sucedido", relata Raúl Valls, el presidente de la Amical. Después, desde la Universidad Complutense de Madrid, entidad que atesora el archivo histórico del PCE, les remitieron toda la información sobre el caso.
"Nuestra sorpresa llegó cuando, además de documentos que ya conocíamos, nos hicieron llegar un informe que Crispín, como guerrillero, redactó al llegar a Francia. Ahí, contaba cómo tras ser herido en una pierna primero se refugió en una ermita y más tarde en una casa cercana. En ella, la familia le protegería durante 508 días, año y medio, hasta que pudiera pasar la frontera", continúa explicando Valls. La valentía de Cristina Zalba, desde luego, no fue baladí. Por aquellos años y en la comarca de la Garrotxa, cercana al país galo, las patrullas de la Guardia Civil inspeccionando casas no era algo inusual.
Se jugaron la vida para salvar otra
Esta es la pequeña biografía que Crispín escribió de ella: "Sr. Cristina Delos, su verdadero nombre Cristina Zalva [sic.] Rodiz de 37 años, natural de la Maternidad de Barcelona, durante nuestra guerra de independencia [sic.] perteneció a la CNT. Mujer de gran valor, que posee un sentimiento humanitario y un corazón de gran madre, muy valiente y coraje como poseían nuestras gloriosas mujeres, como Agustina de Aragón, Aida Lafuente, Lina Ódena y otras; ella ha hecho todo lo que ha sido a su alcance [sic.] para salvarme la vida".
Parte del informe de Crispín en la que describe a Cristina Zalba. —Fotografía cedida por Sònia Sala.
Tal y como agrega el presidente de la Amical, "la familia estaba algo asustada, porque si les pillaban como mínimo les caería una pena de prisión, si no la pena de muerte, por esconder a un guerrillero antifascista". Aun con ello, las convicciones de Zalba prevalecieron y, lejana a cuestiones caritativas, su solidaridad se impuso ante el terror infundado por el nuevo régimen.
El informe del guerrillero lo atestigua. Tal y como se explicita en el documento: "(…) esta mujer no paró de decir a su familia que no había derecho que me abandonasen, que yo debía ser cuidado y protegido por ellos, y les dijo estas palabras a toda la familia: No olvidéis que la lucha de los maquis es por nuestro propio bienestar y para liberarnos del terror cruel de Franco y el fascismo. (...) Ellos se juegan la vida por nosotros, bien podemos jugárnosla nosotros por ellos, y le dijo al final a su marido: No olvides, Enrique, que prefiero ser más viuda de un héroe que mujer de un cobarde".
Y pasaron los días, y Crispín fue mejorando. Llegó el momento de intentar ponerse a salvo de la represión franquista, en Francia. "Y así, el día 7 de junio de 1946, a las 8 y cuarto de la noche, salimos, y yo hacía exactamente 508 días que estaba encerrado dentro de esta casa sin tomar el sol y el aire libre que la naturaleza nos dio", relata el guerrillero en su informe. Anduvieron nueve horas, Cristina y él, y en la frontera se despidieron. Jamás se volvieron a ver. Pese a que sí se cartearon durante unos años, aunque esos documentos ahora de gran valor fueron quemados para no dejar ninguna prueba sobre tamaña hazaña, por cierta influencia de Enric Sala, el marido, se dejaron de escribir.
La memoria transgeneracional
La vida, como no podía ser de otra forma, se ha ido sucediendo, y ahora es el turno de Sónia Sala de recordar a su valiente abuela: "Lo primero que supe de esto fue a finales de los 80, cuando me dijo de pasada una vez que si sabía lo que eran los maquis, y me dijo también que ellos habían tenido un maqui en su casa, pero no me dio muchos más detalles y yo tampoco pregunté". De esta forma, el pasado quedó sepultado, otra vez, pero no para siempre.
La historia y la memoria, de nuevo, prevalecieron, aunque en esta ocasión en otra familia: "Durante el tiempo que Crispín estuvo en la Sala, como se llamaba la casa de mi abuela, por casualidad igual que el apellido de Enric, también había otro hombre que trabajaba de mozo. Este se había exiliado por haber sido un dirigente del PSUC y retornó con apellidos falsos. Se llamaba Joan Camps Solá, y con él sí que mantuvo Crispín una correspondencia asidua hasta la muerte de éste, el 1 de febrero de 1984", se explaya Sònia. Esta fecha, por otra parte, la supieron después de descubrir que Crispín no se llamaba Antoni, sino Agustín, tal y como se padre le había inscrito en el registro civil y de la misma forma que aparece en su certificado de defunción.
La Sala, la casa en la que se escondió Crispín. —Marc Planagumà
Un pasado olvidado y escondido
Antes de que la familia conociera todo esto, la Amical ya había comenzado con la investigación. Lo primero que hicieron fue buscar a la familia Sala-Zalba en Google, lo que les arrojó un nombre y un teléfono, el que pertenecía a María Sala, una de las hijas de Cristina y tía de Sònia. "Su hija nos contó que Cristina había nacido el 7 de mayo de 1909 en una inclusa. Era huérfana y la adoptó una familia que vivía por el Pirineo, y Zalba es el apellido que parece que el juez registró en su nacimiento", añade Valls.
"Cuando le contamos la historia a María —quien nació justo cuando Crispín era protegido por su madre y falleció hace apenas unos meses—, quedó totalmente impresionada, porque no sabía la envergadura de lo sucedido y el peligro que había corrido su madre por defender a un antifranquista. Hay que recordar que en 1945 Franco todavía no sabía si los aliados iban a entrar en España y las intervenciones guerrilleras en el Pirineo eran frecuentes", desarrolla el mismo presidente de la Amical.
Crispín, con su segunda esposa e hijas. —Fotografía cedida por Sònia Sala.
Ahora, Sònia ya sabe lo que ocurrió con Crispín después de que su abuela lo mantuviera escondido durante año y medio y le ayudara a pasar la frontera. Una vez a salvo fuera de España, el guerrillero se casó con la enfermera del hospital en el que le trataban la herida de su rodilla, con quien tuvo una hija. Al poco tiempo, la enfermera murió, así que Crispín se volvió a casar con otra mujer con la que tuvo dos hijas más.
Pero el hilo de la historia parece infinito aquí. Por el momento, Sònia ya ha contactado con la familia de Crispín que aún queda en Lleida, su lugar de procedencia. "Ellos tampoco sabían nada de esto, solo conocían que había un hermano de sus abuelos que se había exiliado a Francia", aduce. En el país galo, Crispín también conserva familia: "Luego hay unos primos, digamos, que sí tuvieron relación con él tras pasar la frontera, y con ellos sí que he tenido relación telefónica. Gracias a ellos hemos podido ver fotografías de Crispín y esquematizar algo mejor su árbol genealógico", apunta la misma Sònia.
Crispín y su primera esposa. —Fotografía cedida por Sònia Sala.
Hay futuro
Por otro lado, el padre de Sònia, otro de los hijos de Cristina, jamás llegó a conocer lo que su madre hizo en el pasado. Murió en el año 2000, y Sònia nunca pudo hablarlo tranquilamente con él. Por suerte para la familia, las cosas han cambiado. Ahora es la bisnieta, Iona Pujol, quien a sus 17 años ha hecho propia la historia y no deja de difundirla allá donde puede. Así lo atestigua el trabajo que ha realizado y que expuso a su clase de segundo de Bachillerato. "Pienso que es una historia muy emocionante, porque nunca llegamos a saber casi nada de nuestros bisabuelos, son personas que nos quedan muy lejanas", apunta la joven.
Enric, Cristina y Josep, su segundo hijo. —Fotografía cedida por Sònia Sala.
Ella, que sabe que quiere estudiar una carrera universitaria el próximo año pero desconoce cuál, dice que es incapaz de ponerse en la piel de su bisabuela, Cristina Zalba. "Yo creo que no hubiera tenido el valor de acoger a un fugitivo. Conozco bien la historia y se enfrentó a unas represalias durísimas, extremas, y la podían hasta fusilar si la descubrían", finaliza Pujol.
Crispín, por su parte, también dijo algo así en su informe: "No me gusta hacer elogios, pero sí que tengo que decir la verdad de las cosas y si no dijese la verdad faltaría a la justicia y siempre será poco lo que diré de esta admirable campesina que por su valor y sacrificio me ha salvado la vida". Ella era Cristina Zalba. Que su nombre tampoco se borre de la historia.