dimarts, 2 de gener del 2024

BRIGADAS INTERNACIONALES. LA SOLIDARIDAD DE LA IZQUIERDA. (Autora: Matilde Eiroa San Francisco).

 



Capítulo publicado en el libro de Ángel Viñas (ed.), "En el combate por la Historia. La República, la Guerra Civil, el Franquismo."
Las Brigadas Internacionales constituyen el conjunto de unidades militares integradas por voluntarios extranjeros que durante la guerra civil española lucharon en defensa de la Segunda República. Los primeros combatientes fueron refugiados políticos alemanes e italianos que se encontraban en España en julio de 1936 y deportistas que se hallaban en Barcelona para competir en la Olimpiada Popular organizada para contrarrestar los Juegos Olímpicos convocados por la Alemania de Hitler. Aunque la mayoría dejaron España a lo largo del verano, algunos se encuadraron en centurias y batallones surgidos al comienzo de la guerra, como una demostración de solidaridad con los españoles defensores de la legalidad republicana. A ellos se unirían grupos de individuos procedentes de Europa que vinieron al conocer los primeros ecos del golpe de estado.
La constante y creciente incorporación espontánea de hombres conde todo el mundo en apoyo de la República llevó a Stalin y Maurice Thorez a proponer a la Internacional Comunista la creación de un cuerpo militar. En la reunión de Moscú del Presidium de la Komintern del 18 de septiembre de 1936 se acordó proceder al reclutamiento de jóvenes, remitir a las autoridades españolas las aportaciones económicas recogidas entre los sindicatos obreros a través de colectas y actos benéficos, así como a realizar presión social con la organización de manifestaciones y mítines a favor del gobierno de la República. Esta reunión constituye el “acta fundacional” de las Brigadas Internacionales, aunque los autores pro-franquistas la retrotraen a finales de julio, quizá para “explicar”, las decisiones de intervención de Hitler y Mussolini y justificarlas.
La eficacia del reclutamiento se debió a la Komintern, pero también a la simpatía que la España republicana despertaba entre la izquierda mundial, de tal modo que los comunistas canalizaron un movimiento espontáneo ampliamente extendido desde que se tuvo noticia de la rebelión militar del 18 de julio. La Internacional Obrera Socialista (IOS) y los sindicatos conformaron, igualmente, una estructura esencial para la leva y envío de voluntarios, a pesar de las contradicciones que se vivieron en su seno con respecto a la intervención en la guerra.
La integración en este movimiento pro-republicano se realizaba, pues, a través de dos vías principales: por un lado, la Komintern mediante su red de alistamiento, y por otro, de forma individual y espontánea acudiendo a organismos o comités de ayuda a España donde obtenían apoyo técnico y logístico. Quienes llegaban a través de la Internacional Comunista recibían ciertas instrucciones con respecto al objetivo principal de su participación, a saber, el apoyo a los republicanos españoles y la lucha contra el fascismo. Aunque comenzaron a circular listas de enrolamiento en las células de los partidos comunistas, nadie obligó al mismo ni hubo consignas amenazadoras al respecto, si bien el ambiente propagandístico y la alarma de las noticias que llegaban de España invitaban a la colaboración activa.
La central de alistamiento se estableció en París donde, entre otros, se hallaba Josep Broz, ‘Tito’. Cada nacionalidad disponía de su propia modalidad y estructura para recibir a los voluntarios. Cuando llegaban, se hospedaban en hoteles, pensiones, la CGT se ocupaba de la alimentación. La selección era rígida y primaba el pragmatismo ante la necesidad de contar con hombres que apoyaran al Ejército Popular. No obstante, se procedía a una breve investigación en la que se comprobaba que no eran infiltrados facciosos o provocadores, si tenían conocimientos militares y un examen médico para verificar la aptitud física. Los voluntarios no obtenían ninguna prima, ni firmaban contratos, ni conocían el tiempo de su estancia en España, si bien recibían un sueldo diario de 10 pesetas, igual al de los milicianos españoles. Las condiciones, sin embargo, fueron muy diferentes según los países. En Suiza, por ejemplo, desde agosto de 1936 un decreto prohibió toda forma de apoyo, además de estar en marcha una campaña de ilegalización del Partido Comunista que obligaba a realizar los trabajos de forma clandestina; en Suecia y Bélgica el Partido Comunista tomó la decisión de canalizar el voluntariado en octubre y una ley perseguía a quien apoyara el reclutamiento; en Gran Bretaña no se inició hasta octubre-noviembre; en Estados Unidos en noviembre y en Irlanda en diciembre. Los grandes contingentes británicos y norteamericanos llegaron a España a principios de 1937, pero el Foreign Office pronto declaró ilegal esta actividad. A partir de marzo los pasaportes de los estadounidenses no eran válidos para viajar a España. Polonia, Hungría y Bulgaria anunciaron a quienes se enrolaran que perderían su nacionalidad.
En general los voluntarios recorrían numerosas vicisitudes hasta llegar a París. Aquellos que procedían de países con gobiernos de derechas tenían complicaciones en la salida, especialmente los de origen alemán, polaco, italiano, húngaro o balcánico, quienes pasaban aventuras arriesgadas en su viaje a pie o en medios de transporte muy precarios, durmiendo al aire libre y escondiéndose de día para no despertar sospechas. A algunos les detuvieron e ingresaron en prisiones provinciales, mientras que otros fueron devueltos a sus lugares de residencia. Partían con un sentimiento fuerte de fraternidad con el pueblo español atacado por las potencias nazi-fascistas, un sentimiento que prendió en hombres de todos los puntos del mundo incluidos chinos, árabes, hindúes, norteamericanos o canadienses.
Después de París, los voluntarios se dirigían a la estación de tren de Austerlitz o a los puertos de Lyon y Marsella, desde donde se trasladaban en barco. El antiguo hospital de Perpiñán funcionaba como centro de recepción para los que llegaban en tren. De aquí eran transportados en autobuses hasta Cerbére o Le Perthus. El paso de la frontera se realizaba apenas sin problemas, en grupos reducidos, puesto que aprovechaban los turnos de la guardia favorable a la República. Posteriormente tomaban un sendero de montaña de la manera más discreta posible, hasta que llegaban a Figueres y de ahí a Albacete.
El movimiento masivo de voluntarios constituyó un ejemplo único de solidaridad sin precedente hacia la España republicana, y el riesgo físico de los que se enrolaron debe interpretarse como la máxima expresión del compromiso que contrajeron. A fines de diciembre de 1936 el flujo de los alistamientos comenzó a estancarse, debido a la filtración de las matanzas de brigadistas en Madrid y a las prohibiciones del alistamiento. Después del 21 de febrero de 1937 la cadena tuvo que ser reconstruida: el paso de los Pirineos se volvió más complejo, ya que era clandestino, se realizaba de noche y atravesando zonas muy peligrosas de transitar.
En cuanto al perfil de los brigadistas, la historiografía ha demostrado que se trató de un ejército proletario dada la preeminencia de la clase obrera frente a intelectuales, poetas, escritores o periodistas. Aun siendo cierto el compromiso físico y el peso de estos últimos en las labores de propaganda, solidaridad y defensa republicanas, fueron minoría en el contexto del voluntariado. Los estudios confirman, por ejemplo, que el 80% de los ingleses, el 92% de los franceses y el 57% de los húngaros eran obreros. En lo que respecta a la edad media, la franja de edad se situaba entre los 25-40 años con excepciones hacia el arco superior e inferior dependiendo de cada nacionalidad. En lo que concierne a la orientación política predominaba la comunista, aunque dependiendo de los países el porcentaje variaba: en Italia suponía el 56%; en Francia un 53 %; suizos y norteamericanos el 72%; británicos el 75%. Además de ellos se encontraban cientos de socialistas, anarquistas o simplemente simpatizantes de izquierda.
Los motivos que los voluntarios adujeron para su alistamiento cubren una amplia gama de motivaciones, siendo las principales el antifascismo, el patriotismo, el pacifismo -puesto que interpretaron la guerra española como el inicio de otra guerra mundial-, la injusticia, una reacción ante la no intervención, la solidaridad con los de su clase, aunque en algunos se observó un gusto innegable hacia la aventura. Entre los militantes pesaba el hecho de que los camaradas arriesgaban sus vidas por la lucha antifascista. Según las nacionalidades las razones eran diferentes: para los italianos se trataba de frenar al fascismo, de ahí el lema «Hoy en España, mañana en Italia» o «Por vuestra libertad y la nuestra”; algunos comunistas franceses eran partidarios de hacer avanzar el comunismo; los alemanes y polacos intentaban frenar el nazismo. Ellos sabían que lo que ocurriera en España tendría consecuencias en sus respectivos países.
En las Brigadas Internacionales hubo también decenas de mujeres que pertenecían a los servicios sanitarios y administrativos de la base de Albacete, pero tenían prohibido participar en los combates. Algunas realizaron tareas de espionaje como Lise Ricol en la OMS, el aparato clandestino de la Komintern en Valencia o en el SIM, el Servicio de Investigación Militar. Estaban familiarizadas con la lucha de la clase obrera y el antifascismo y en su mayoría pertenecían a las Juventudes Comunistas, Socialistas o eran de ideología de izquierdas.
Los internacionales se organizaron en brigadas mixtas con comisarios, como existían ya en las unidades del Quinto Regimiento. Este modelo contó con el apoyo de algunos militares profesionales españoles y se inspiró en los grupos móviles que los franceses utilizaban en África y no en el modelo soviético, como algunos historiadores sostienen. Al adoptarlas como unidad, se abandonaban las divisiones orgánicas que había establecido Manuel Azaña en 1931, pero se prefirió el nuevo sistema al ser más ágil, más fácil de organizar y con mayor capacidad de actuar de forma independiente.
El 19 de septiembre de 1936 André Marty elaboró un plan General de Operaciones que incluía la formación de una agrupación militar constituida por 4.000-5.000 voluntarios. Luigi Longo encabezó una comisión que se reunió con el ministro de la Guerra y presidente del Gobierno Francisco Largo Caballero a fin de ponerse a disposición del estado mayor. Largo Caballero manifestó muchas reticencias al plan con motivo del indudable peso que tenían los comunistas en la toma de decisiones. Los anarquistas no eran partidarios de su presencia e incluso en un principio hubo órdenes de que se les devolviera a París cuando llegaban a la frontera. Pero las circunstancias aconsejaron aceptar la oferta y, tras negociar los términos concretos, se aprobó el decreto oficial de creación de las Brigadas Internacionales el 22 de octubre de 1936.
El mando quedó configurado con personalidades de amplia trayectoria política y militar dentro de la disciplina comunista. Su relación con el estado mayor republicano se realizaba a través de un organismo de enlace dirigido por el coronel Simonou (Valois), quien, además, tendría que estar en contacto con Diego Martínez Barrio, presidente de las Cortes y de la Junta Delegada del Gobierno en Levante. Se nombró comandante jefe a André Marty con quien colaboraron Jean Marie Geoffrey, Vital Gayman (comandante de la base), Emile Kléber, Luigi Longo (comisario político jefe) y Nicoletti Di Vittorio. André Marty ha recibido el apodo del carnicero de Albacete, un apelativo generado por su fama de carácter fuerte. Diversos historiadores le han acusado de haber ejecutado a numerosos internacionales, un ejemplo de leyenda negra nacida con la manipulación de sus palabras en las que supuestamente había confesado el fusilamiento de 500 hombres. Quienes estuvieron con él en Albacete niegan que haya habido esa política de ejecuciones sistemáticas, aunque su personalidad severa parece ser cierta.
Las Brigadas quedaron encuadradas bajo mandos españoles y el Gobierno eligió Albacete como base organizativa. Esta ciudad estaba situada en un lugar estratégico entre Madrid y Andalucía, los dos frentes más activos; tenía buena comunicación, era el centro de una región rica en producción agrícola, de terreno llano adecuado para la formación de milicias, y con escasa presencia de anarquistas, lo que facilitaba la convivencia. Su inauguración tuvo lugar el 14 de octubre.
Los brigadistas recuerdan la calurosa bienvenida que les brindó el pueblo español a su llegada. En Albacete fueron alojados en casas grandes, cuarteles y otros edificios civiles y en los pueblos de alrededor se organizaron secciones de alimentación, abastecimiento de víveres, ropa, higiene y otros enseres. Las dificultades para encontrar una lengua común, las diferencias culturales y algunas rivalidades políticas hicieron que los contactos fueran difíciles y lentos. Las disputas eran habituales entre alemanes y franceses, mientras que había roces entre británicos y norteamericanos y entre británicos e irlandeses, aunque estos problemas no se trasladaron al campo de batalla. Se estableció un programa de instrucción militar de quince días mientras se realizaba una verificación de los cuadros militares y políticos.
Paralelamente se regularizaban las distintas secciones administrativas de la base. Hubo que hacer un esfuerzo ingente en la organización del transporte y el correo postal, un servicio de primera necesidad para la moral de los voluntarios. También se dispuso la producción de prensa, creándose en marzo de 1937 una estructura informativa basada en una publicación conjunta, Le Volontaire de la Liberté, editada en varios idiomas. Según Mirta Núñez nacieron unas 71 cabeceras de periodicidad semanal o diaria, redactadas en numerosas lenguas. Algunos de estos periódicos estaban ilustrados y sus contenidos hacían referencia a la vida cotidiana, reflexiones morales, consejos, curso de español, escritos literarios, noticias generales sobre los brigadistas y directrices ideológicas. Entre los más importantes figuran Dabrowszszak, Dimitrovac, Commune de Paris, Vers la liberté, Le Volontaire Antifasciste, Tchapajev, La Voz de la Sanidad, Le Peuple en armes, Pasaremos, Il Garibaldino, Adelante la XIII, Venceremos, El Soldado de la República-Le Soldat de la République, Our Fight y Bayonetas Internacionales. La divulgación de lo ocurrido en España se realizó igualmente a través de documentales producidos por técnicos y personal internacional, como The defense of Madrid (1936), The Spanish Earth (1937), Brigadas Internacionales (1936), Ispanija (1939), Madrid en llamas (1937), Hearth of Spain (1937), L’Espagne vive (1939), O In kamp gegen den Welifeind (I939).
grupo anticarro s, un servicio sanitario y otros anexos como la intendencia o talleres. En la primavera de 1937 constituían una fuerza de primer orden, pero fue necesaria una reorganización, que consistió básicamente en el refuerzo de la dirección y la reforma de sus batallones completados con la incorporación de españoles voluntarios o quintos. La desconfianza gubernamental respecto a los Internacionales aumentó durante el Ministerio de Indalecio Prieto, aunque su prestigio militar se mantuvo alto hasta el ataque a La Granja en mayo de 1937, una operación militar que marcó el inicio del declive. Algunos responsables fueron retirados del mando, como Vital Gayman, llamado a París por la dirección del PCF, así como André Marty, sustituido por Maurice Lampe en julio. Poco a poco adquirirían el aspecto externo de un ejército clásico: se unificó el armamento y los combatientes recibieron el uniforme color caqui del ejército republicano con la estrella de tres puntas, el símbolo del Frente Popular.
La presión del ejército franquista sobre Madrid en octubre-noviembre de 1936 obligó a los dirigentes de Albacete a apoyar con urgencia a los milicianos s en la defensa de la capital. El 1 de noviembre la IX Brigada Móvil pasó a denominarse la XI Brigada Mixta Internacional y estaba compuesta por los batallones Edgar André (alemanes, austriacos y yugoslavos al mando de Hans Khale), Garibaldi (italianos dirigidos por Randolfo Pacciardi), Comuna de París (franco-belga en su mayoría aunque también hubo italianos, españoles, yugoslavos y rusos blancos al mando de Jules Dumont) y Dombrowski (polacos, búlgaros y balcánicos a cuya cabeza se encontraba Boleslav Ulanoski).
Largo Caballero nombró al general húngaro Emile Kléber comandante en jefe de esta brigada que entró en combate a fines de octubre. El estado mayor se instaló en la Facultad de Filosofía y Letras, desde donde se dirigían las operaciones de la Casa de Campo, el Parque del Oeste y el Puente de los Franceses. Los brigadistas defensores de la Ciudad Universitaria aportaron energía y optimismo a los republicanos, a pesar de su rudimentario equipamiento, y, sobre todo, la elevada mortandad.
La XII Brigada se hallaba en vías de constitución cuando Vital Gayman recibió la orden de enviarla a Madrid el 7 de noviembre. El jefe sería el húngaro Maté Zalka, conocido como Paul Lukacs, y la componían el batallón Garibaldi, el Thaelmann, con hombres de lengua alemana, y el último, un batallón franco-belga que adoptó el nombre de André Marty. Con motivo del ataque a Huesca y a fin de lograr una mayor eficacia, la XII Brigada se dividió en dos: una nueva XII que incluyó a españoles e italianos, y la CL (150ª) Brigada integrada por polacos, balcánicos, húngaros y españoles.
Las Brigadas XIII y XIV se formaron en diciembre de 1936. La mayoría de los voluntarios de la XIII fueron distribuidos en tres batallones: el Tchapaiev o “de las 21 nacionalidades”, el Henri Vuillemin, francés; y el Louise Michel, compuesto de franco-belgas. El mando fue adjudicado al alemán Wilhelm Zaisser conocido como «Gómez». En febrero de 1937 se desplazó hasta Málaga, y posteriormente a Sierra Nevada, Guadalajara, Extremadura y Brunete. Esta brigada fue enviada a Teruel y tuvo cuantiosas bajas, de ahí el nacimiento de la nueva XIII Brigada el 4 de agosto de 1937 con los batallones Dombrowski, Palafox y Rakosi, bajo el mando del polaco Jan Barwinski. Participó en la batalla de Belchite y Fuentes de Ebro, y como consecuencia de las numerosas pérdidas se reorganizó y recibió un nuevo batallón, el Mickiewicz.
La XIV Brigada Internacional, conocida también como La Marsellesa, comprendía cuatro batallones: Sans Nom o Des Neuf Nationalités, llamado así por reunir a hombres de toda Europa, Vaillant-Couturier, La Marsellaise y Henri Barbusse. Su jefe fue el general Walter (Karol Swierczewski). Intervino en Andalucía, en los combates de la carretera de La Coruña, en la batalla del Jarama, en La Granja y cooperó en una operación en el Puente de Toledo, donde frenó el intento rebelde de ampliar la zona ocupada. La unidad fue engrosando sus filas con el batallón Commune de París, el español Domingo Germinal, el Ralph Fox, el Henri Vuillemin procedente de la XIII, el Six Février de la XV y el Pierre Brachet de nueva creación. En El Escorial se creó la XIV Brigada bis en noviembre de 1937, y en diciembre se organizó una unidad judía llamada Naftali Botwin, una agrupación simbólica porque los judíos estaban repartidos en varios batallones.
El 31 de enero de 1937 se creó la XV Brigada Internacional. La formaban dos agrupaciones, una anglosajona, con los batallones Abraham Lincoln y el British Battalion o Radford, a cuyo frente se hallaba Tom Wintringham; y otra latinoeslava, con los Spanish, Galindo, Seis de Febrero y Dimitrov, en la que se integraron hombres de los Balcanes y Europa Central. El mando fue encomendado al húngaro Janos Galicz ‘Gal’. Participó en la batalla de Brunete, Villanueva de la Cañada, Boadilla del Monte, Belchite y Teruel. Los combates del verano de 1937 fueron extenuante s y trajeron algunos cambios. El 27 de septiembre Prieto firmó un decreto en cuyo artículo primero se especificaba que las Brigadas se creaban como unidades del Ejército de la República en sustitución de la Legión Extranjera, dotándolas, así, de legitimidad internacional. En febrero de 1938 hubo una reorganización que dio lugar a la 129 y última Brigada Internacional compuesta de restos de otras brigadas y encabezada por el polaco Wacek Komar. Figuraban en ella cinco batallones, tres de ellos mixtos de españoles y extranjeros: el Dimitrov, salido de la XV; el Thomas Masaryk de checoslovacos y el Djure Djakovic de yugoslavos.
El 21 de septiembre de 1938 el presidente Juan Negrín declaró en la Sociedad de Naciones que el gobierno republicano había decidido el retiro inmediato de todos los combatientes no españoles que luchaban al lado de la República. Paulatinamente fueron retirados de los frentes y desarmados para ser enviados a Cataluña y organizar su salida. La despedida fue muy emotiva y consistió en diversos actos multitudinarios de homenaje, como los desfiles celebrados a finales de octubre en Barcelona y Valencia. La evacuación concluiría a principios de diciembre.
Sin embargo no todos se marcharon. Algunos permanecieron en unidades del ejército republicano mientras que otros sufrieron la represión franquista y acabaron en cárceles o campos de concentración como prisioneros de guerra extranjeros. Los ex brigadistas fueron internados en el seminario de Belchite (Zaragoza), el campo de San Pedro de Cardeña (Burgos), el Batallón Disciplinario 75 de Palencia, y el campo de concentración de Miranda de Ebro (Burgos), donde permanecieron desde el verano de 1940 hasta su repatriación o liberación. Dependiendo de las nacionalidades, estuvieron recluidos en dicho campo de tres meses a un año. La justicia militar franquista les acusó del delito de ‘rebelión militar’, a tenor del cual fueron castigados con penas de muerte, posteriormente conmutadas, o penas de cárcel de 30, 20 y 12 años, aunque más tarde se redujeron. En 1945 apenas quedaban internacionales en el universo penitenciario franquista.
Al estallar la segunda guerra mundial muchos se unieron a los movimientos de resistencia y se convirtieron en cuadros de gran relevancia debido a su experiencia bélica. Cuando la guerra acabó, algunos desempeñaron cargos directivos en los gobiernos, pero otros fueron depurados y procesados, como Artur London o Laszlo Rajk. En Estados Unidos la persecución emprendida por el senador McCarthy condujo a prisión a algunos veteranos. Italia, en cambio, les trató bien: se beneficiaron de su condición de excombatientes y algunos ocuparon puestos de primer nivel en la política, como Luigi Longo o Pietro Nenni.
Esta experiencia única y pionera de ejército de voluntarios ha sido objeto de mofa, insultos y críticas infundadas. Algunos autores les han calificado como ‘chusma armada’, ‘hatajo de borrachos, homosexuales y delincuentes al servicio de Stalin’ (Rafael García Serrano), ‘lepra y azote’, ‘necios y pícaros’ (Joaquín Arrarás) y les han responsabilizado de horrores cometidos por todo el país. Adolfo Lizón Gadea habló de deserciones, fusilamientos, indisciplina y alteraciones del orden generalizados. Además, el franquismo presentó a las Brigadas Internacionales como evidencia de que la URSS había intervenido en España antes y en mayor número que las potencias nazi-fascistas.
El estudio de este fenómeno parte de la década de 1940-1950 con la publicación de memorias y autobiografías. En los años sesenta aparecieron monografías con un enfoque general como la de J. Jacques Delperrie de Bayac en Francia, Verle B. Johnston en Estados Unidos y la de Vicent Brome en Gran Bretaña. En España, la Sección de Estudios de la Guerra Civil dirigida por Ricardo de la Cierva encabezó la reacción de los historiadores oficiales editando dos títulos en los que De la Cierva potenciaba las mismas hipótesis que proponían Arrarás y Lizón Gadea en 1940. Mucho tiempo después las reforzó en Brigadas Internacionales, 1936-1939. La verdadera historia. Mentira histórica y error de Estado (1997), a pesar de que ya había acceso a fuentes que las desmontaban.
Con motivo del 60 aniversario de la guerra y la apertura de los archivos de Moscú a los investigadores, se multiplicó el número de publicaciones que darían lugar a nuevas reflexiones, como las de Antonio Elorza y Marta Bizcarrondo, Rémi Skoutelsky, Santiago Álvarez o los monográficos dirigidos por Manuel Requena. En los últimos años se han editado memorias de médicos y enfermeras, estudios sobre los hospitales de retaguardia y análisis de historiadores de todo el mundo sobre la participación concreta de voluntarios de las más diversas nacionalidades. Finalmente, disponemos ya de algunas investigaciones sobre su estancia en prisiones y campos de concentración y las situaciones que vivieron a la vuelta a sus lugares de origen.
A pesar de los numerosos textos y de la importante documentación primaria de época accesible en los archivos, todavía hay autores que no las han consultado y, en consecuencia, subsisten publicaciones con graves errores históricos que trasladan la versión franquista a la actualidad. De ahí que continúen sosteniendo afirmaciones infundadas relativas a su ideología monocolor, su presunta voluntad de conformar un ejército paralelo con el objetivo de implantar en España el comunismo, su motivación meramente económica, y la condición de haberse constituido en un aparato de represión, de espionaje y propagandístico. Las fuentes permiten afirmar que fue un ejército controlado por la Komintern pero no ‘exclusivo’ de la Komintern, entre otras razones porque esta organización nunca habría admitido a cientos de socialistas, anarquistas o gentes de izquierda en general, ni tampoco a los miles de voluntarios que no sabían coger un fusil.
En suma, las Brigadas constituyeron una formación militar de voluntarios extranjeros que permaneció bajo la autoridad del estado mayor del Ejército. Por su amplitud representan un fenómeno único en la historia, un movimiento internacionalista basado en el común denominador del antifascismo y la solidaridad de clase corno factor fundamental del alistamiento.
Fotografías de Brigadistas internacionales, del fondo de la BNE, realizadas por Walter Reuters.
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Sin solución al misterio de Josep Suñol, el presidente del Barça fusilado por tropas franquistas

 https://es.ara.cat/deportes/fc-barcelona/no-damos-perdido-misterio-presidente-barca-fusilado-tropas-franquistas_1_4898728.html


DEPORTES BARÇA 02/01/2024 


La esperanza de encontrar sus restos y los de sus tres acompañantes ha desaparecido

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Josep Suñol

BARCELONALa familia, el Barça y la empresa responsable del último intento de buscar el cadáver del presidente azulgrana asesinado durante la Guerra Civil han llegado a la misma conclusión: han perdido la esperanza de encontrar los restos de Josep Suñol. "Es el único caso de memoria histórica de la Guerra Civil que ya doy por perdido", sentencia en el ARA Luis Ignacio Avial, director de la empresa Condor Georadar, la encargada de los trabajos de prospección geofísica que se realizaron sin éxito entre octubre y noviembre del 2022 en la actual residencia militar de la sierra de Guadarrama (Madrid) con el objetivo de exhumar los cuerpos de Suñol y sus tres acompañantes. Desde entonces, según ha podido confirmar este diario, no ha habido ninguna novedad que dé un nuevo aire al caso.

En los terrenos de la residencia militar se consideraba que podría haber la fosa comuna donde estarían enterrados los cuerpos de Suñol, el periodista de La Rambla Pere Ventura, un teniente republicano y el chófer del coche que los llevaba. Los cuatro fueron fusilados sin juicio previo por las tropas franquistas el 6 de agosto de 1936, cuando se preparaban para visitar a las tropas republicanas y entraron, por error, al otro lado del frente. "Revisamos toda la zona interna [de la residencia militar] y cada señal mínima que encontramos no nos llevó a Suñol y sus acompañantes. Mientras no aparezca algún nuevo dato que indique otro sitio, lo doy por perdido. No se puede hacer más", lamenta Avial.

También ha desaparecido la esperanza de encontrarlo entre la familia Suñol. "Josep Suñol Soler promovió en vida la búsqueda de los restos de su padre, Josep Suñol i Garriga, en la zona de Guadarrama, para poder darle una sepultura digna junto a los restos de Glòria Soler Elías, su madre, y esposa de Josep Suñol y Garriga, así como los de su familia", explica la familia en el ARA. "Desgraciadamente, todos los trabajos de investigación y prospección del terreno no determinaron ningún indicio positivo de poder localizar los restos por parte de los expertos, lo que propició que Josep Suñol Soler diera por cerrado este triste episodio", añade. Josep Suñol Soler, coleccionista de arte catalán que impulsó la Fundació Suñol, murió el 11 de noviembre de 2019. Por otra parte, el periodista Jordi Finestres, una de las personas que ha luchado por recuperar el legado de Suñol y actualmente adjunto a la presidencia del Barça, explica a este diario que no cree que "se pueda hacer mucho" para encontrar los restos del presidente azulgrana fusilado.

O los sacaron de allí o nunca han estado allí

Entonces, la pregunta es: ¿qué ocurrió con Suñol y sus acompañantes? "O los sacaron de allí o nunca han estado", responde Avial. ¿Y por qué opción se inclina? "Considero al 99% que nunca estuvieron allí. Cuando digo allí me refiero a los sitios que hemos abierto y prospectado. Pueden estar 30 metros a la derecha o 50 a la izquierda. Lo abrimos todo con verificación forense, encontramos muchos elementos de la Guerra Civil, pero no los huesos de estas personas". Avial se inclina por esta teoría porque expone que, "si se hubieran llevado los cuerpos, al no haber forenses en aquella época, habrían dejado los huesos sin conexión de los dedos de los pies y de las manos" y no encontraron nada allí.

La prospección geofísica que se llevó a cabo a finales de 2022 en la residencia militar de la sierra de Guadarrama sufrió un percance: "el bloqueo" inicial, según Avial, del ministerio de Defensa, el propietario actual de los terrenos, que pidió más documentación a los impulsores -la empresa Condor Georadar con el visto bueno de la familia Suñol y el Barça- antes de que empezaran los trabajos de exploración, pese a que ya tenían el permiso previo de la Comunidad de Madrid. Al final, el gobierno español también lo otorgó.

Lo fusilaron cuando llevaba un año como presidente

Josep Suñol, que previamente ya había sido directivo del club blaugrana, llegó a la presidencia del Barça el 2 de agosto de 1935 con un fuerte respaldo social y fue asesinado por las tropas franquistas el 6 de agosto de 1936 cuando tenía únicamente 38 años. También fue diputado por Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) en el Congreso de los Diputados, presidente del RACC y presidente de la Federación Catalana de Fútbol (FCF). Además, tuvo un importante papel en el mundo periodístico barcelonés como creador del histórico semanario (y posteriormente diario) La Rambla, que bajo el lema "Esport i Ciutadania" (Deporte y Ciudadanía) fue fundado el 10 de febrero de 1930 con una clara intención catalanista y democrática y con un fuerte vínculo con ERC. La publicación sufrió en dos ocasiones un paro obligado debido a la censura del gobierno español. El Barça, bajo la presidencia de Josep Maria Bartomeu, celebró el año Suñol en el 2015 con el propósito de restituir definitivamente su figura después de que el franquismo se esforzara por borrarla del mapa en todos los sentidos y lo consiguiera durante décadas. Desde ese momento, el palco del Camp Nou lleva su nombre.

Los cadáveres de las fosas comunes, los únicos cuerpos analizados sin presencia judicial

 https://www.elsaltodiario.com/memoria-historica/cadaveres-fosas-comunes-unicos-cuerpos-analizados-presencia-judicial


Hasta la aprobación en 2022 de la Ley de Memoria Democrática, los fiscales tenían orden de oponerse a cualquier investigación en torno a los crímenes del franquismo. La judicatura también archivaba los casos, a pesar de tratarse de crímenes de lesa humanidad.

@Guille8Martinez
2 ENE 2024 06:00


Una de las voluntarias limpia el suelo de la excavación. ÁLVARO MINGUITO

Los únicos cadáveres con signos de violencia que se podían encontrar y analizar en España sin presencia judicial eran aquellos enterrados en fosas comunes, aquellos cuerpos de personas víctimas del franquismo. En la gran mayoría de ocasiones, los arqueólogos se veían en la situación de tener que trabajar en escenarios de un crimen que la judicatura desechaba investigar. Que ni siquiera se iniciaran unas pesquisas alrededor de los sucesos echaba por tierra la posibilidad de que las exhumaciones se llevaran a cabo bajo la presencia de un juez o la policía judicial. ¿Por qué esta anomalía en la justicia española? ¿Sigue sucediendo?

Paco Etxeberría, médico especialista en medicina forense que ha participado en la exhumación de miles de personas tanto en España como en otros países del mundo, antes de comentar por qué no solía presentarse la policía judicial en las fosas, prefiere ir a la génesis de todo: “La cuestión está si en los juzgados se iniciaban diligencias de instrucción investigativa. La inmensa mayoría de los casos lo denegaban amparándose en que los delitos prescriben si ya habían pasado 20 años desde que se cometieron”.

En cambio, otras lecturas del derecho argumentan que se trata de delitos contra la humanidad, es decir, imprescriptibles y sujetos al derecho internacional, no al interno de un Estado en particular. Tomando como válido este análisis, también se superaba otro de los argumentos defendidos por la judicatura para no investigar los crímenes: sus perpetradores están amnistiados desde 1977.

Orden de no intervenir a jueces y fiscales

Hay que remontarse a la resolución del Tribunal Supremo de 2012 mediante la cual quedaba claro que las fosas comunes en España eran un asunto que debía tramitarse de manera administrativa y no necesariamente judicial, ya que en el momento de cometerse los crímenes, estos no estaban penados por la ley. Dicha resolución vino motivada por el caso que sentó en el banquillo de los acusados al juez Baltasar Garzón tras su empeño en investigar los crímenes del franquismo. “A eso se le añadió un escrito de la Fiscalía General del Estado enviado a todos los fiscales de España que defendía actuar en la misma dirección, la no intervención”, añade Etxeberría.

“Cada vez es más habitual que venga la policía judicial a las exhumaciones. Vienen, toman nota, instruyen un atestado y lo entregan en el juzgado”

La situación parece haber cambiado en los últimos tres años, comenta este médico forense: “Cada vez es más habitual que venga la policía judicial a las exhumaciones. Vienen, toman nota, instruyen un atestado y lo entregan en el juzgado. En los juzgados no llegaba muy lejos. Con base en la ley de Memoria Histórica de 2007, los jueces permitían continuar con la exhumación, pero ahí quedaba la cosa”, se explaya el experto.

La Ley de Memoria Democrática de 2022 supera esto anterior, sobre todo por la creación de una Fiscalía de Sala, especializada en este tipo de delitos ocurridos durante la Guerra Civil, la dictadura y la Transición. “Ahora la orden es que las Fiscalías no se opongan a la instrucción de la investigación. La ley dice que, con independencia del resultado final de si se pueden juzgar los hechos o no, las familias tienen derecho a la propia investigación”, apuntilla el también profesor en la Universidad del País Vasco.

“Todas son víctimas del franquismo pero no todas han sufrido un delito de lesa humanidad, así que no siempre les va a asistir el mismo tratamiento judicial”

A todo ello se suma la necesidad de discernir entre un tipo de víctimas y otros, tal y como viene reflejado en la propia Ley. “La mayoría son detenidos hechos desaparecer, otros muertos por sentencia judicial en la posguerra y otros, por ejemplo, los que murieron en las prisiones. Todas son víctimas del franquismo pero no todas han sufrido un delito de lesa humanidad, así que no siempre les va a asistir el mismo tratamiento judicial”, opina el mismo Etxeberría, a la espera de que se desarrolle la normativa.

Los Derechos Humanos defienden la investigación judicial

Begoña López, jueza, reafirma lo explicitado por el experto: “Los jueces no han investigado los crímenes del franquismo amparándose en la Ley de Amnistía de 1977, la prescripción de los delitos y la resolución del TS de 2012”. En cambio, la magistrada no duda en afirmar que “aplicando los principios del derecho internacional en torno a los Derechos Humanos, todos estos delitos deberían ser objeto de investigación”.

Desde su punto de vista, las exhumaciones llevadas a cabo en las últimas dos décadas sí que cumplen los requisitos antropológicos e históricos para efectuarlas: “Lo mejor sería la coordinación entre los especialistas a pie de fosa y la judicatura, porque hay muchas instituciones con gran experiencia en la materia, como Aranzadi”.

De todas formas, ni siquiera se necesita una denuncia previa para investigar qué ha ocurrido con un cuerpo hallado con claros signos de violencia. “Con el conocimiento de la existencia de un cadáver cuyo origen de la muerte se desconoce ya es suficiente para abrir diligencias, y eso es lo que pasaría con cualquier víctima menos con las del franquismo”, apunta la magistrada, integrante de Juezas y Jueces para la Democracia.

Los tribunales no aplican bien el derecho

Por su parte, César Estirado, fiscal de la Audiencia Provincial de Madrid, considera que “el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional han hecho una muy mala aplicación del derecho, porque el derecho hay que integrarlo”. Se refiere a que España no respeta los convenios que como Estado ha suscrito a nivel internacional, sobre todo aquellos que consolidan el principio de Núremberg: los crímenes de lesa humanidad hay que perseguirlos siempre y sin excepción judicial porque está sujetos a la legalidad internacional, no a la española.

Por ello, opina que siempre habría que investigar los crímenes del franquismo salvo que se sepa con certeza que los autores de dicho crimen ya han fallecido. Asimismo, afirma que los sucesos acaecidos bajo el yugo franquista no se pueden aislar unos de otros: “Ya sean asesinados o torturados, son crímenes de lesa humanidad o genocidio. Todo lo ocurrido bajo la dictadura lo es porque responde a una persecución continua de la población civil y sectores concretos de la sociedad”.

También critica la posición que la Fiscalía ha tenido hasta el momento. “Es muy difícil encontrar un país en todo el mundo en el que se archiven denuncias por crímenes de lesa humanidad”, dice al respecto. De hecho, no son pocos los dictámenes de Naciones Unidas que denuncian de forma severa la nula investigación de los crímenes durante la dictadura, tales como las ejecuciones, el robo de bebés o las torturas. “Y llegó un cambio con Dolores Delgado como Fiscal General. Ese fue un punto de inflexión para que las fiscalías pudieran apoyar las investigaciones judiciales de estos crímenes”, relata Estirado.

Este fiscal menciona otra vertiente abierta tras la aprobación de la Ley de Memoria Democrática el año pasado. Antes llamados “procedimientos de jurisdicción voluntaria”, ahora se denominan “declaración judicial de hechos pasados”, y así los define el propio Estirado: “Este mecanismo permite constatar un hecho pasado de relevancia personas siempre que no haya controversia alguna ni perjuicio a terceros. Están pensados para las exhumaciones cuyo único fin es identificar a los fallecidos y darles un enterramiento digno. Si el autor del crimen no está vivo, yo creo que este sería el procedimiento”, desarrolla.

Las familias quieren enterrar a sus muertos

El activista por la memoria Jesús Vicente Aguirre, también investigador y escritor de La Rioja, recuerda las primeras exhumaciones tras la muerte del dictador en las que estuvo presente: “Del 78 al 80, en la ribera del Ebro, para sacar los cuerpos solo contábamos con los permisos municipales. Ni siquiera existía la llamada exhumación científica. Ni el propósito era encontrar a los familiares a través del cotejo del ADN ni denunciar los hechos, simplemente poder enterrarlos con dignidad”, rememora.

Por otra parte, la mayoría de victimarios ya han fallecido, y no se puede investigar penalmente a alguien muerto

Las cosas han cambiado, y mucho. Aguirre ha estado presente en exhumaciones con presencia judicial y sin ella. “Yo he estado en dos de ellas en las que denunciamos los hechos, pero nunca hizo acto de presencia la policía judicial”, enuncia. En algunos casos, interponer la denuncia tampoco es algo fácil: “Generalmente, las familias ya saben quién lo hizo, pero no suele ser su propósito denunciarlo. Además de haber tenido que convivir con los victimarios, también lo han tenido que hacer con sus familias. Lo único que quieren es encontrar a sus seres queridos”.

Por otra parte, la mayoría de victimarios ya han fallecido, y no se puede investigar penalmente a alguien muerto. “Hemos vivido una situación absolutamente insostenible pero también muy cotidiana. En las exhumaciones encontramos cadáveres, son escenas de crímenes de lesa humanidad, pero la justicia decía que no se podía investigar. Daba igual si denunciabas o no”, concluye el activista riojano.

Oficializar la historia

Para Etxeberría, el médico forense, aprovecha la ocasión para defender que un gran avance supondría “oficializar toda la información que se genera de la mano de especialistas en un momento en el que los datos son significativamente válidos”. Ejemplo de ello fue la publicación en el BOE de los españoles que murieron en el campo de concentración nazi de Mauthausen: “Esa lista ya era reconocida y más que asentada a nivel historiográfico. Al publicarla el Estado, la hace suya, la hace oficial”. De esta manera, cada especialista haría su parte: antropólogos, arqueólogos, genetistas, historiadores… Así hasta que el Estado recepcionara sus conclusiones y las hiciera propias.

Archivado en: Exhumación de fosas comunes  Memoria histórica

Solicitan ayuda para buscar en Narón una de las mayores fosas franquistas gallegas

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El cementerio de O Val en Narón (foto: Memoria Histórica Democrática)

FERROL360 | Martes 2 enero 2024 | 12:18

El cementerio de Santa María do Val, en Narón es el lugar donde un grupo de expertos de Universidade de Santiago con la colaboración con la Asociación Memoria Histórica Democrática están buscando una de las mayores fosas de víctimas del franquismo en Galicia. La investigación está formada por historiadores, arqueólogos, forenses y genetistas que junto a personal del Instituto de Medicina Legal de Galicia llevan desde 2021 exhumando tumbas y sepulturas. En la actualidad, este equipo multidisciplinar está investigando el panteón naronés. Los expertos sospechan que el cementerio esconde los restos de, al menos, 51 personas asesinadas entre 1936 y 1939 y posiblemente también en la posguerra. Una cifra que hace que coloca a esta fosa como una de las más grandes de las 90 que tiene registradas nuestra comunidad.

Para avanzar en la exploración, desde Memoria Histórica solicitan la ayuda de cuantas personas puedan aportar datos e información al respecto, en especial, de las familias afectadas ya que es posible de que haya más de una fosa, indican los investigadores. Según las pesquisas realizadas hasta la fecha, la mayoría de los restos que se buscan pertenecen a militares y miembros de la Armada. Unos 32 miembros de la dotación del Acorazado «España» y 2 personas del «Contramaestre Casado» fueron fusilados en 26 de diciembre de 1936. El 30 de noviembre del 36 tuvo lugar el asesinato de 10 tripulantes del vapor «Dómine» y de otras 7 personas en diferentes fechas.

Los trabajos comenzaron el pasado mes de octubre de 2023 con un sondeo de georadar, y ante una posible exhumación, se hace este llamamiento público para avanzar en la investigación. En caso de tener información al respecto se puede contactar con los expertos en el correomemoriahistoricademocratica@gmail.com para aportar algo de luz a la investigación.