dimecres, 11 de març del 2026

Entrevista a Mercedes Gago, superviviente del Patronato de Protección a la Mujer "Las monjas se hicieron ricas a costa de nuestro trabajo esclavo"

 

https://www.publico.es/politica/tribunales/monjas-hicieron-ricas-costa-nuestro-trabajo-esclavo.html


El Gobierno prepara un acto, el próximo 20 de marzo, para reconocer como víctimas de la dictadura franquista a un buen número de mujeres que fueron encerradas y maltratadas en correccionales de congregaciones religiosas por el simple hecho de ser contestatarias con la moralidad impuesta.

Imagen de 1966, en blanco y negro, de internas en el Reformatorio de Santa Pilar, en San Fernando de Henares (Madrid), y en la esquina inferior derecha, Mercedes Gago, que en la misma época estuvo en otro reformatorio del Patronato de Protección a la Mujer de Madrid.

Imagen de 1966 de internas en el Reformatorio de Nuestra Señora del Pilar, en San Fernando de Henares (Madrid), y en la esquina inferior derecha, una imagen actual de Mercedes Gago, que en la misma época estuvo en otro reformatorio del Patronato de Protección a la Mujer de Madrid.Cedida

Madrid-


  Me observaban todo el rato. Iban tomando nota de si era vaga, de si me relacionaba bien, de si participaba en las actividades... Al final, vieron que no estaba loca, sino que era rebelde. Y me llevaron a un correccional  

Mercedes Gago, con una monja y una compañera en el reformatorio de las Trinitarias, a finales de los años 60

 He hecho juegos de cama y mantelerías para gente rica. Y no nos pagaron nunca  

  Yo estuve desde los 15 a los 19 años y solo recuerdo malos tratos, castigos, como las largas horas fregando de rodillas los pasillos del internado. Una pena  

Mercedes Gago, años después de abandonar el reformatorio

Ana María Pascual

Periodista de investigación, responsable de la información judicial en Público. Trabajó en Interviú, donde investigó corrupciones políticas y dio voz a las víctimas de violaciones de DDHH. Premio de la Coordinadora de Asociaciones de Bebés Robados, fue corresponsal de la agencia pública de noticias de México, asesora en comunicación y guionista de 360 Grados en ETB. Su email es apascual@publico.es.



dimarts, 10 de març del 2026

Noticias y Actividades de Memoria Democrática. ARMHA Memoria Historica Aragon

 

Resumen de las entradas de esta semana en nuestra web:


20 años sembrando memoria


Hace dos décadas, un grupo de hombres y mujeres en Aragón decidió que el silencio ya no era una opción. Nacía así la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón (ARMHA), no como un ejercicio de nostalgia, sino como un acto de justicia, salud democrática y, sobre todo, de humanidad... . .

Noticia completa


ARMHA cumple 20 años rescatando del olvido la memoria antifascista en Aragón


La Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón conmemora dos décadas de trabajo por la verdad, la justicia y la reparación con un acto público este 11 de marzo en Zaragoza. La entidad ha desarrollado en este tiempo investigaciones, rutas de memoria, homenajes y proyectos culturales para dignificar a las víctimas del franquismo y recuperar historias silenciadas.... . .

Estas noticias se publicaron en nuestra web: Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón.







Actos de Memoria:

ZARAGOZA


HUESCA


ALCORISA

Sábado 14 de marzo: Día de la Memoria


CALENDARIO DE NUESTRAS EXPOSICIONES

IES Mar de Aragón (Caspe): Mujeres Republicanas



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Salud y Memoria

ARMHA
ASOCIACIÓN POR LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA DE ARAGÓN
www.armharagon.com

dilluns, 9 de març del 2026

Catalina cierra con 97 años la historia silenciada de su padre, fusilado tras la Guerra Civil

 https://elpais.com/espana/2026-03-09/catalina-cierra-con-97-anos-la-historia-silenciada-de-su-padre-fusilado-tras-la-guerra-civil.html

La nonagenaria recibe los restos hallados en una fosa común de Pompilio Llopis, acusado falsamente de instigar el asesinato de dos sacerdotes en Benissa (Alicante)




Catalina Llopis lee la carta de despedida de su padre en la habitación donde cose ropa a máquina.JOAQUIN DE HARO RODRIGUEZ

Aquella fría mañana no fue la de un miércoles cualquiera de principios de febrero. Jaime Navarro recogió a su abuela, Catalina Llopis, en la puerta de su casa, en Alicante. Se dirigieron a Murcia, donde tenían una cita en la sede de la empresa arqueológica Proyectos de Ingeniería Maurandi. Allí le entregaron una caja que contenía los restos de Pompilio Llopis, padre de Catalina, fusilado tras la Guerra Civil bajo la falsa acusación de haber orquestado el asesinato de dos sacerdotes en Benissa (Alicante), su pueblo. Dentro de la caja también había una bolsita con seis botones, los únicos objetos hallados en la fosa XXVIII del cementerio de Alicante que se podían vincular a sus restos. Jaime y Catalina salieron a desayunar y volvieron a la carretera. “Sentí paz”, afirma Catalina. “Cuando vi la caja, lo primero que pensé es que había muerto siendo un crío de solo 43 años”. Ella tiene 97.

La hija de Pompilio, un hombretón de dos metros que trabajaba de cobrador de autobuses, nunca contó la verdadera historia de su padre a su familia. “Sabíamos que había muerto en la guerra y poco más”, asegura Navarro. Catalina lo había guardado todo en su prodigiosa memoria, en perfecto estado. “No ha pasado un día en que no me viniese a la cabeza lo que le hicieron”, comenta. “Siempre pensé que no sabría nunca dónde estaba mi padre”. Todo cambió en 2016, cuando llegó Luis Botella, un historiador que investigaba la represión franquista en Benissa. “Yo le dije: ‘jamás sabré lo que pasó. Cuando me encuentre con papá, ya me enteraré”, rememora. “Y él me contestó: ‘pues mira por dónde, lo vamos a saber ya’”.

Botella, profesor de instituto en Barcelona, que también trabaja para la Universidad Autónoma (UAB) y la Oberta de Catalunya (UOC), resume por teléfono a EL PAÍS la historia de Pompilio, reunida a partir de su proceso sumarísimo. “En 1936, recién afiliado al Partido Comunista (PC), fue nombrado delegado de Orden Público en el comité popular de Benissa”, municipio de la costa norte de Alicante, situado entre Calpe y Xàbia. El 3 de septiembre de ese año, unos milicianos llegados desde Alicante asesinan a dos sacerdotes. Pompilio, “bajo coacción y falsedad”, se ve involucrado en el crimen. “Pero ni ve el asesinato ni es el brazo ejecutor ni la mente pensante”. Tras los hechos, Pompilio abandona el comité y durante la guerra dirige el hospital de sangre para heridos en combate y se encarga de recoger en Madrid niños evacuados de la capital para salvaguardarlos de los bombardeos. “En casa acogimos a dos hermanos, chico y chica, que no se soltaban de la mano”, recuerda Catalina.

Tras la guerra, las autoridades franquistas persiguen a Pompilio, al que acusan de instigar la ejecución de los dos sacerdotes. “Sus hermanas, una de ellas monja, le sugieren que se entregue, que no va a pasarle nada”, señala Botella. Acude al puesto de la Guardia Civil. Pasa por el campo de concentración de Dénia y acaba recluido en el reformatorio para adultos de Alicante, la prisión de Miguel Hernández, en abril de 1939. “Mi madre, que se llamaba como yo, le preparaba la comida todos los días”, evoca Catalina. “Se la llevaba yo, una niña de 10 años, que bajaba en autobús desde Benissa a Alicante”. La hija de Pompilio relata su pasado mirando al vacío, como si viera pasar las imágenes en una pantalla. Desde 1962 vive en el barrio de Benalúa, donde estaba la prisión de su padre. “Nos encontrábamos en una sala separados por dos rejas separadas por un pasillo”, prosigue, “y teníamos que hablar a gritos, con todas las visitas chillando”. “Nos dejaban solo 10 o 15 minutos y una de las últimas veces me dijo: ‘dile a la tía que se muevan pronto, que esto va muy rápido’”.

El proceso se aceleró. En octubre de 1939 es condenado a muerte en un consejo de guerra “lleno de errores y falsedades”, acusado de ser el instigador del crimen, asegura Botella. Pompilio se niega a firmar la sentencia, seguro de su inocencia. Franco valida el 11 de marzo de 1940 la ejecución. Y un día después, de madrugada, lo fusilan. “Al enterarnos de su muerte, un tío mío vino a Alicante a por su ropa y encontró también una olla de arroz seco que había preparado mi madre y que mi padre no había tocado”, manifiesta Catalina. Días después, “sin ninguna notificación oficial, nos trajeron una carta a casa, pero era de otro preso. Se confundieron. Luego se arregló y trajeron la de mi padre, su despedida”.

Catalina conserva el último adiós de Pompilio, unas cuartillas emborronadas, probablemente, con lágrimas. En ella, el empleado de la compañía de autobuses encarga a su familia que no les quede “ni el más pequeño rencor de nada ni con nadie”. Si a su hija “Dios le da una vida de años”, le encomienda “que no deje ni por un momento el pensar que su padre no fue despedido de este mundo ni nadie puede señalarlo como criminal ladrón”. “Si algo he podido hacer mal habrá sido sin mala intención”, escribe.

Tras la ejecución, “mi madre, con solo 42 años, y yo lo pasamos bastante mal”, lamenta Catalina. “Teníamos una casita en el campo, con los abuelos, y nos mudamos allí, para no estar en el pueblo. Algunas amistades venían a consolar a mi madre, pero ya está, de eso nunca se hablaba”, confirma. “Desde el fusilamiento, en el pueblo la cosa cambió mucho respecto a nosotras. Nunca nos decían nada, pero ya nada fue lo mismo. Siempre llevábamos la mochila de su condena encima”.

86 años después, tras la exhumación y entrega de sus restos, la familia celebró una misa funeral en la iglesia de San Juan de Ávila de Alicante y Pompilio fue enterrado en Benissa, junto a su yerno Jaime, que nunca lo conoció. “Sientes alegría, porque finalmente sabemos que está donde lo hemos puesto ahora”, declara Catalina. Su hija, Conchi Ivars, que nunca había hablado de todo esto con su madre, confiesa que ha llorado “de pensar en esa niña de 10 años que venía en autobús de línea para llevar comida a un padre que ni siquiera podía abrazar”. “Se me parte el alma”, añade. Catalina, mientras, indica entre risas que no recuerda dónde ha dejado la bolsita con los botones de su padre. Lo único que ha olvidado en 97 años.