divendres, 19 d’agost del 2016

23 AGOST: PLACA HOMENATGE I 5º CAMINADA PER LA MEMÒRIA



Bon dia companyes i companys, 

El proper dia 23 d'agost, es celebrarà la 5ª Caminada per la Memòria, des de Galilea a Calvià amb la col.locació d'una placa a Puigpunyent en homenatge a les víctimes de la repressió franquista que enguany, el dia 23 d'agost,  farà 80 anys foren assassinades. Ja a Calvià, l'acte amb música i les intervencions de Margalida Capellà Roig, els batles de Puigpunyent i de Calvià i del públic assistent. Finalment, es llegiran els noms de les víctimes que foren enterrades a la fossa clandestina franquista de Calvià.  

Al cartell adjunt hi trobareu tota la informació, hora, lloc i contingut. 
Vos hi esperam! 
Salut i Memòria!



Éstos fueron los captores y asesinos de García Lorca

http://www.publico.es/culturas/captores-asesinos-garcia-lorca.html



Publicado: 17.08.2016 18:57 |Actualizado: Hace 2 horas


En este primer reportaje sobre el asesinato del poeta, Público recuerda los personajes que participaron en la trama de su asesinato: desde su llegada al Gobierno Civil hasta su traslado a la antesala de la muerte en Víznar.


Federico García Lorca.
MADRID.- En el 80 aniversario de la tragedia, que rodea la muerte de Federico García Lorca, no falta una compleja trama de quiénes fueron sus ejecutores. Miguel Caballero, autor de la investigación “las 13 últimas horas en la vida de García Lorca”, recuerda a Público que “el asesinato del poeta tuvo su origen en rencillas privadas, lejanas a posicionamientos políticos y a otras causas más impersonales y más frías, macerada en la cuba de los odios y las venganzas familiares”. Aunque el poeta tampoco pudo librarse, en medio de tales circunstancias, de su fusilamiento, por aplicación de bando de guerra, en la madrugada del 18 al 19 de agosto de 1936. La actuación de cada uno de los implicados comienza el 16 de agosto, día de la detención. Aquella Granada, sumida en el terror, llevaba tomada casi tres semanas cuando Federico es detenido en la casa de los Rosales.

Los ordenantes de la detención: Velasco Simarro y Valdés Guzmán

Velasco Simarro.
Velasco Simarro.
Nicolás Velasco Simarro estaba retirado al inicio de la sublevación. Con el alzamiento militar en Granada, es nombrado por el nuevo gobernador, Valdés Guzmán, secretario particular. Caballero apunta, en su investigación, que su mano de hierro permitió que “fuera de facto gobernador civil durante muchos días en el período que va desde el 21 de julio de 1936 a noviembre de ese mismo año, meses en que la represión, los fusilamientos y las desapariciones alcanzaron su punto álgido”. Se caracterizaba por su extrema dureza, teniendo una importante cercanía con la familia Roldan, primos rivales de los Lorca.

Simarro fue “dueño del destino del poeta en el tiempo que medió entre su detención y su traslado a Víznar” tal y como apunta el investigador, permitiendo además la participación de miembros de las Escuadras Negras falangistas en el momento de su asesinato con la participación de un personaje tan relevante como fue Trescastro.

La figura del gobernador civil Valdés Guzmán sembró de dolor y muerte la ciudad de Granada. Tal y como demuestra el registro en el cementerio municipal entre el 20 de julio del 36 y marzo del 37, ordenaría el fusilamiento casi 4.000 personas.

Históricamente se ha sostenido que fue Valdés quien dio la orden de ejecución del poeta, sobre la base de una denuncia del político Ramón Ruiz Alonso. Otras versiones, tal y como apunta Caballero, descargan a Valdés de responsabilidades. “Se puede pensar que no tuvo participación en la detención del poeta, lo que no quiere decir que no tuviera conocimiento días antes, ya que se había reunido con la familia Roldán (rivales históricos de Lorca) y había decidido molestar y amedrentar al poeta” en la Huerta de San Vicente, lo que provocó que se refugiara definitivamente en la casa de los Rosales el 9 de agosto.
Valdés Guzmán.

Los que efectúan la detención: Ruiz Alonso, Martín Lagos y Trescastro

Ramón Ruiz Alonso pertenecía al partido de Acción Popular, liderado por el derechista Gil Robles. Caballero recuerda que “permaneció en Granada preparando lo que ya sabía que sería la sublevación militar”. En 1956 reconocería al primer investigador lorquiano, Agustín Penón, que “la orden de detención del poeta se la da Velasco Simarro en ausencia del gobernador Valdés”.

Ruiz Alonso no estaba al tanto de las viejas rencillas familiares que mantenía la familia Lorca. Uno de sus acompañantes en el momento de la detención, el falangista Trescastro, sí era consciente de toda la trama, lo que hace pensar que Ruiz Alonso fue, según señala Caballero “manipulado, aunque la detención de un personaje público como Lorca le motivara por puro afán de protagonismo”.
Ruiz Alonso.
Ruiz Alonso.
La documentación encontrada señala que Ruiz Alonso redactaría previamente en el Gobierno Civil una denuncia con el paradero del poeta, lo que dejó luz verde a Simarro para ordenar la detención y posterior fusilamiento de Lorca.

Alonso se personaría, a primera hora de la tarde del 16 de agosto en la calle Ángulo número 1, domicilio de los Rosales. Llevaría personalmente, en un coche Oakland al poeta desvalido a Velasco al Gobierno civil. No se conoce a día de hoy que lo llevó a tal acción en contra del poeta, aunque sus rencillas con Fernando de los Ríos pudo ser determinante por su importante unión con Lorca. El investigador Gibson, apunta que en aquella supuesta denuncia diría de Federico: "Había hecho más daño con la pluma que otros con la pistola".

Trescastro, fue otro de los protagonistas de la histórica detención, junto al falangista Martín Lagos. Caballero apunta que “es de dominio público que se vanaglorió de haber asesinado a Lorca”.

Su entorno cercano a la familia Roldan lo hacen una figura no poco relevante en la muerte del poeta. Además era miembro de las conocidas “escuadras negras” falangistas en el momento de la ejecución. “Actúo de forma autónoma y responsable sabiendo la repercusión posterior de sus acciones”, señala Caballero. La participación de Trescastro, según los testimonios recogidos, fue más allá, participando en el fusilamiento de Lorca. Un testigo aseguró una frase que aún resuena en el terrible cerco de muerte del poeta. “Yo mismo le he metido dos tiros por el culo”.

La “vinculación” de los hermanos Rosales

La familia Rosales estaba compuesta por cuatro hermanos, José, Luis, Miguel y Gerardo Rosales. José fue el falangista más significado de todos los hermanos. El mismo Primo de Rivera le nombró jefe provincial de Falange. Caballero apunta que “no solo participó en la sublevación, sino que con anterioridad fue el enlace directo del jefe de Falange Primo de Rivera con los sublevados granadinos, principalmente con Valdés Guzmán, con el que mantenía una buena relación de amistad y camaradería”.
Luis Rosales.
Luis Rosales.
El hermano más cercano a Lorca fue Luis Rosales, también poeta, que ingresaría en Falange el mismo día de la sublevación. En declaraciones al periodista Molina Fajardo en 1969, éste relataría todo lo relacionado con la detención de Lorca. Caballero recoge que “en el día de su detención, 16 de agosto, él se encontraba en Motril. Esa noche fue al Gobierno Civil para interesarse por su amigo el poeta, en unión a sus hermanos José y Miguel. Mantuvieron una discusión con Velasco Simarro y realizaron una declaración sobre la permanencia del poeta en su casa”. Aquel desencuentro tuvo un alto precio para Luis, ya que estuvo a punto de costarle la vida. La investigación relata que “el propio jefe de Falange le pediría que se quitara la camisa azul, paso previo a la detención”.

Caballero afirma que “la figura de Luis Rosales ha sido tratada injustamente en relación al asesinato de Lorca, ya que puso en peligro su vida por atender a un amigo, con el traslado a su domicilio, sin ninguna dilación”. 

Los que se encontraban en el Gobierno Civil: Romero Funes, José Mingorance y los Jiménez Parga

En el Gobierno Civil de Granada, mucho de los funcionarios y militares “trataron de dar legalidad a la ilegalidad de la situación” que se estaba viviendo.

La orden de traslado de García Lorca a Víznar la realiza Julio Romero Funes, considerado por muchos, autor material del asesinato de Lorca. Funes enviaría hasta este paraje al poeta para ser fusilado. Seguramente, en aquellos instantes, Federico conocía las terribles circunstancias en las que se encontraba.

El otro policía que fue destinado al Gobierno Civil fue José Mingorance. Valdés lo consideraba “un hombre de extrema derecha” en sus informes. No se conoce con exactitud su participación en la detención del poeta, lo que sí alega Caballero es que “fue un testigo excepcional de la detención del poeta y quizás el que iniciara el informe que se remitió a la Dirección General de Política Interior años después relatando todo lo sucedido”.

Los Jiménez Parga integran el último grupo que se encontraban aquella noche en el Gobierno Civil. Los hermanos Manuel, José y Antonio Jiménez Parga participarían en la “camarilla del Gobierno Civil”, integrada por “individuos responsables de las detenciones y ejecuciones de las personas que llevaban a Víznar”. En octubre de 1936, Manuel Jiménez Parga fue nombrado delegado de las JONS en la provincia de Granada. Otro de sus hermanos, Antonio redactaría con Romero Funes, las “listas de detenidos” de aquellos días.

Sin saber a ciencia cierta los últimos movimientos, previos a su traslado, Federico llegaría a la zona de fusilamiento, el barranco de Víznar la noche del 16, casi ya de madrugada. En la conocida carretera de la muerte, a pocos kilómetros de la capital granadina, continuaría la planificación para el asesinato del poeta.


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dijous, 18 d’agost del 2016

Esta noche, 80 años: Mataron a Federico cuando la luz asomaba. Documentales.







“El Crimen fue en Granada”


          1. El crimen
Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
—sangre en la frente y plomo en las entrañas—
… Que fue en Granada el crimen
sabed —¡pobre Granada!—, en su Granada.

   2. El poeta y la muerte
Se le vio caminar solo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
—Ya el sol en torre y torre, los martillos
en yunque— yunque y yunque de las fraguas.
Hablaba Federico,
requebrando a la muerte. Ella escuchaba.
«Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el golpe de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo
a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban…
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!»

          3.
Se le vio caminar…
Labrad, amigos,
de piedra y sueño en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!

Antonio Machado





Granada.

«¡Qué lejos por mares, campos y montañas!
Ya otros soles miran mi cabeza cana.
Nunca fui a Granada.

Mi cabeza cana, los años perdidos.
Quiero hallar los viejos, borrados caminos.
Nunca vi Granada.

Dadle un ramo verde de luz a mi mano.
Una rienda corta y galope largo.
Nunca entré en Granada.

¿Qué gente enemiga puebla sus adarves?
¿Quién los claros ecos libres de sus aires?
Nunca fui a Granada.

¿Quién hoy sus jardines aprisiona y pone
cadenas al habla de sus surtidores?
Nunca vi Granada.

Venid los que nunca fuisteis a Granada.
Hay sangre caída, sangre que me llama.
Nunca entré en Granada.

Hay sangre caída del mejor hermano.
Sangre por los mirtos y aguas de los patios.
Nunca fui a Granada.

Del mejor amigo, por los arrayanes.
Sangre por el Darro, por el Genil sangre.
Nunca vi Granada.

Si altas son las torres, el valor es alto.
Venid por montañas, por mares y campos.
Entraré en Granada.»

Rafel Alberti.















García Lorca. Ochenta años. Manuel Tirado.


http://www.nuevatribuna.es/articulo/cultura---ocio/garcia-lorca-ochenta-anhos/20160815090934130911.html?utm_medium=email&utm_source=Newsletter&utm_campaign=160816




lorca250Ochenta años. Ochenta años hace ya de aquella fatídica noche de agosto de 1936 en la que asesinaron al poeta Federico García Lorca. Ochenta años en que “se le vio, caminando entre fusiles, por una calle larga, salir al campo frío, aún con estrellas de la madrugada”, como dejó escrito Antonio Machado, otra víctima del régimen franquista, que murió solo y exiliado en Colliure, tres años más tarde del comienzo de la contienda. Ochenta años y Federico sigue siendo un poeta sin tumba, un poeta enterrado en una fosa común, como muchos otros represaliados durante la Guerra Civil, esas fosas comunes que son un vestigio más de ese castigo que los vencedores impusieron sobre los vencidos, que trataron de relegar a la masa, a lo desconocido, al ingente amontonamiento de cadáveres apilados, los nombres de cientos de personas que dieron su vida por la libertad y la democracia en este país.
Afortunadamente el nombre de García Lorca no se le olvidó a nadie por mucho que lo trataron de silenciar, porque su poesía quedó como testigo de su existencia y de su genialidad.
No soy muy adepto a los homenajes rimbombantes cuando de poetas se trata, ya que siempre he pensado que el mejor homenaje que se le puede hacer a un poeta es leer sus versos y tampoco me acerco a la obra de un poeta sólo por su ideología o por su azarosa biografía, pero el caso de Lorca es especial. Y además es representativo, ya que podemos hacer una analogía perfecta con la Segunda República Española; en ambos casos nos viene a la perfección la frase: “lo que pudo ser y no dejaron que fuese”.

Cuando no llegaba ni a los cuarenta años de edad cortaron la vida y la obra de un poeta que había llegado a unas cotas de lirismo excepcionales y con su asesinato no nos dejaron disfrutar de su futuras, y ya imposibles, obras. Con la República pasó lo mismo. No dejaron florecer ese grito de libertad del pueblo, esa explosión de júbilo y cultura que se vio reflejada en las misiones pedagógicas y en experimentos teatrales como 'La Barraca', etc, ya que tras unos pocos años de luz reflejados en la República, llegaron más de cuarenta años de oscuridad, de dictadura, de “pan y cebolla”, como diría Miguel Hernández, cuarenta años de nacionalcatolicismo del que desgraciadamente todavía sufrimos las consecuencias.
Porque Lorca representaba todo los contrario a esa España negra descrita por Solana en sus cuadros, de esa España de incienso y procesión, de achicoria y martes de carnaval, de curas sentados a la mesa del señorito del pueblo dilucidando el futuro de las almas de los pobres jornaleros. ¡Ojo! Y Lorca participó de los clichés que se relacionaban con la España de siempre, esa España de toreros y cantaores de flamenco que tanto buscan hoy en día los guiris en las cuevas del Sacromonte granadino.
Lorca, Poeta maldito.
Pero la visión de Lorca de España y de Andalucía era totalmente distinta a la habitual. Así lo dejó escrito Francisco Umbral en su libro 'Lorca, poeta maldito', donde se esboza la idea de que Lorca fue el único poeta maldito de la poesía española, precisamente porque “es el cantor de las tres grandes razas postergadas de nuestra civilización: los gitanos, los negros y los homosexuales.
Lorca, en Granada, está con los gitanos frente a la Guardia Civil, frente al orden establecido. Lorca,
en Nueva York, está con los negros, está con Harlem frente a Wall Street. Lorca, en suOda a Walt Whitman y en sus Sonetos del amor oscuro, libro póstumo, mítico e inédito, canta a la pasión que no se atreve a decir su nombre. Lorca es, radicalmente, un hombre en contra”. Y ahí es donde radica la diferencia.
Este es el Lorca revolucionario, el Lorca que mataron por rojo y homosexual, el Lorca tan lejano de esa España que trajeron Franco y los curas, esos mismos que trataron de vestirlo y simplificarlo a la imagen del voluble señorito andaluz que tocaba el piano y escuchaba la guitarra. Lorca es el poeta de los olvidados, de los reprimidos, de los perseguidos, de los que se sienten “asesinados por el cielo”, de los que no caben en esta sociedad por amar distinto, por ser distintos.
Es normal que quisieran acallar su voz. Es normal que los que “le dieron café”, quisieran enterrar su memoria en esa fosa común del olvido. Pero no lo consiguieron. Y hoy, ochenta años después, Lorca sigue más vivo que nunca en sus versos, en sus conferencias, en sus obras de teatro.... Porque el arte hace al poeta superar la muerte y la memoria siempre será el paraíso del que nadie podrá expulsar a nadie.

80 AÑOS SIN GARCÍA LORCA. Me llamo Federico.




http://www.elperiodico.com/es/noticias/ocio-y-cultura/federico-garcia-lorca-aniversario-asesinato-joan-olle-5328996

El director teatral Joan Ollé recrea el paso por la vida y la muerte del poeta y dramaturgo en el aniversario de su infame asesinato

Me llamo Federico
MIÉRCOLES, 17 DE AGOSTO DEL 2016 - 22:31 CEST
Me llamo Federico del Sagrado Corazón de Jesús García Lorca. Nací en Fuentevaqueros, Granada, el 5 de junio de 1898. Por mi manera de hablar y de moverme, los niños de la Academia  Alemán me llamaban Federica. Más tarde, Rafael Alberti dijo de mí que era una niña que recogía aceitunas y le había enseñado mucha botánica. A los 16 años me matriculé en la Universidad de Granada para estudiar Filosofía y Letras y Derecho. En la primavera de 1919 me trasladé a Madrid, donde en la Residencia de Estudiantes conocí a algunos de los que serían mis grandes amigos,  y a Salvador Dalí, mi primer gran amor. Luego quise o deseé -siempre a decir de mis biógrafos- a Emilio Aladrén, Eduardo Rodríguez Valdivieso, Rafael Rodríguez Rapún, Juan Ramírez de Lucas... Yo no quería ser mariquita.
En mayo de 1921, en Granada, tuve el honor de conocer al maestro Manuel de Falla. Una frase suya, "Ir de lo local a lo universal", presidió el resto de mis días. Con él y con Don Ignacio Zuloaga organizamos  el verano del 22, en el Patio de los Aljibes de la Alhambra, el Primer Concurso de Cante Jondo, para dignificar el gran arte que hasta entonces solo era considerado un aullido de gitanos.

"¿Qué es el Estado, Federico?", me preguntó. "El Estado es una araña". ¡Aprobado!

En febrero de 1923 obtuve el título de Derecho. Me examinó mi buen amigoFernando de los Ríos. "¿Qué es el Estado, Federico?", me preguntó. Le respondí: "El Estado es una  araña". ¡Aprobado! Dos años más tarde,  invitado por los Dalí, viajo a Cadaqués, para pasar la Semana Santa con ellos. Aquellos días compartidos con Salvador, su dulcísima hermana Anna Maria y sus padres marcaron profundamente mi vida. Dalí  se marchó a París, con Luis Buñuel. Mi obra  literaria y sentimental se venían abajo. Nadie se interesaba por 'Mariana Pineda', hasta que en marzo del 27 se la leí a la gran actriz Margarida Xirgu, quien la estrenó con gran éxito el día de San Juan de 1927 en el Teatro Goya de Barcelona.

GENERACIÓN DEL 27

En diciembre de aquel mismo año nos reunimos en Sevilla varios poetas (lo que más tarde dieron en llamar Generación del 27) para conmemorar los 300 años de la muerte de Luis de Góngora. Miguel Hernández, con quien nunca nos entendimos, no estaba entre nosotros.
Al año siguiente publiqué 'Romancero Gitano'. Dalí me escribió: "Federico, tú eres un genio y lo que se lleva ahora es la poesía surrealista. Así que no pierdas tu talento con pintoresquismos". Buñuel y él rodaron y estrenaron en París una película que se llamó 'Un perro andaluz', una mierdecita así de pequeñita. Y el perro andaluz era yo.

En Norteamérica descubrí la injusticia, la alienación, la deshumanización; allí comprendí que que unos pocos banqueros eran los amos del mundo

Por aquellos años viví una de las crisis más hondas de mi vida al separarme de Emilio, con quien mantenía  una intensa relación afectiva: descubrí lo que es sufrir por la belleza masculina. A causa de la  fuerte depresión en la que caí después de  nuestra ruptura, viajé a Norteamérica, donde escribí'Poeta en Nueva York'. Allí descubrí la injusticia, la alienación, la deshumanización; allí comprendí que unos pocos banqueros sin escrúpulos eran los amos del mundo.

CAZANDO COCODRILOS

Al cabo de un año dejé Manhattan para mudarme a La Habana, donde di conferencias, recitales y trabajé en nuevos proyectos escénicos como 'El público' y 'Así que pasen cinco años', mi teatro "imposible". Me acosté con varios chicos jóvenes y guapos, me  pavoneaba por el Malecón y fui invitado a  una cacería de cocodrilos.
Regresé a España en 1930, poco antes de instaurarse la Segunda República.  Mi amigo y flamante ministro de Instrucción PúblicaFernando de los Rios nos concedió una subvención para fundar y mantener La Barraca, un grupo de teatro universitario con el que representamos a los grandes autores del Siglo de Oro por ciudades y pueblos de toda España. Los hombres de la compañía vestíamos un mono azul de trabajo y las mujeres, un vestido también azul con cuello blanco. En una ocasión en que coincidimos con José Antonio Primo de Rivera, me dijo, sonriente: "¿No crees que tus mamelucos azules y nuestras camisas azules podrían forjar, juntos, una España mejor?".  Pocos amigos sabían que muchos viernes cenábamos con José Antonio; solíamos salir juntos en un taxi con las cortinillas bajadas, porque ni a él le convenía que le viesen conmigo ni a mí me convenía que me viesen con él.

A LAS CINCO DE LA TARDE

El 11 de agosto de 1934, a las cinco en punto de la tarde, murió en la plaza de Manzanares (Ciudad Real) mi queridísimo amigo Agustín Sánchez Mejías, torero y escritor. En la Navidad de 1935, la compañía de la Xirgu ofreció, en el Principal Palace de Barcelona, una función de 'Doña Rosita la soltera' para las floristas de las Ramblas. Allí volvía a estar Salvador Dalí, con quien llevábamos siete años sin vernos. Pocos meses más tarde, en una cena de intelectuales, leí un manifiesto en apoyo del Frente Popular, que apareció publicado al día siguiente con 300 firmas. Alberti me atribuyó la autoria de unos muy combativos poemas suyos, que leyó por Radio Madrid. ¿Por qué?
El 3 de julio del 36, una unidad de la Guardia de Asalto acabó con la vida del diputado de la CEDA José Calvo Sotelo, en represalia por el asesinato, horas antes, del teniente José Castillo. Se intuía una sublevación militar. Empaqueté cuatro cosas, pedí prestadas 200 pesetas y me monté en un tren de noche en la Estación de Mediodíapara dirigirme a la Huerta de San Vicente, donde mi familia pasaba el verano. El 18 de julio, día del Alzamiento y de San Federico, patrón de mi padre y mío, en casa no hubo invitados ni dulces ni licores.

CASA DE LOS ROSALES

El 6 de agosto, un escuadrón falangista se personó en la Huerta; buscaban una inexistente radio clandestina con la que, dijeron, yo me comunicaba con los rusos. ¡Qué bobada! Tres días más tarde, una docena de hombres armados, entre los que figuraban mis primos Miguel y Horacio Roldán, me golpearon y tiraron escaleras abajo, insultándome. En consejo de familia se decidió que lo mejor para mi seguridad era esconderme en casa de los Rosales: Miguel y Pepe, hermanos de Luis, amigo del alma, eran destacados falangistas joséantonianos.

Ruiz Alonso presentó una denuncia contra mí por ser secretario y amigo de Fernando de los Ríos, espía de los rusos y homosexual

El  16 de agosto del 36, sabedor de que me encontraba en el domicilio de los Rosales, Ramón Ruiz Alonso, exdiputado de la CEDA, presentó una denuncia contra mí por ser secretario y amigo de Fernando de los Rios, espía de los rusos y homosexual, y, sin orden alguna de detención ni conocimiento de sus mandos, ordenó  que un centenar de policias y guardias civiles rodeasen la casa y se apostasen en los tejados. La madre de los Rosales no consintió que se me llevaran hasta que alguno de sus hijos se encontrase en casa. Me acompañó Miguel, y, en cuanto tuvieron noticia, José (Pepinique) y Luis se personaron en el Gobierno Civil. José, furioso, pidió cuentas sobre mi detención y, en ausencia del comandante comisario de guerra José Valdés Guzmán, dejó constancia escrita de su protesta. Luego, Valdés pidió su cabeza  por esconder en su casa a un enemigo del Régimen. El incidente terminó con una multa de 25.000 pesetas disfrazada de donativo voluntario al ejército, que el padre de los Rosales tuvo que hacer efectivo.

"DADLE CAFÉ"

A la mañana siguiente, Pepe se presentó de nuevo ante Valdés con una orden de libertad firmada por el gobernador militar de Granada, el coronel Antonio Gómez Espinosa; el comisario le informó  de que ya era tarde, que  se me habían llevado a Víznar y me habían fusilado de madrugada. La realidad es que todavía me encontraba retenido en el Gobierno Civil, desde donde, horas más tarde, sería  trasladado a La Colonia, un caserón cerca de Granada donde pasaban sus últimas horas los condenados a muerte.
Al ser yo un personaje notorio, el gobernador Valdés Guzmán no se atrevió a ajusticiarme sin la orden de un superior. Queipo de Llano, gobernador militar de Andalucía,  fue informado telefónicamente. "¡Que le den café. A ese maricón, dadle café, mucho café!", fue su respuesta.
Fui fusilado por las llamadas Escuadras Negras y varios voluntarios golpistas en un paraje cerca de Alfacar, junto al barranco de Víznar la noche del 17 al 18 de agosto, en la primera luz del día, junto a un par de banderilleros afiliados a la CNT y un maestro cojo destinado en el  pueblo de Pulianas. Poco antes de la ejecución intenté rezar, pero no fui capaz de recordar ninguna plegaria. Mi madre me las enseñó todas y ahora las había olvidado. De esto, hoy se cumplen 80 años.

http://memoriarepressiofranquista.blogspot.com.es/2016/08/garcia-lorca-tal-dia-como-hoy-18-de.html

GARCÍA LORCA, TAL DÍA COMO HOY 18 de agosto de 1936: El asesinato (4).


http://www.elperiodico.com/es/noticias/ocio-y-cultura/garcia-lorca-asesinato-5329883




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18 de agosto de 1936: El asesinato (4)
SAMUEL ARANDA

ELENA HEVIA
MIÉRCOLES, 17 DE AGOSTO DEL 2016 - 22:35 CEST
A las tres y cuarto de la mañana del 18 de agosto, un amigo de Federico García Lorca contó a Ian Gibson que le vio salir del Gobierno Civil de Granada escoltado por guardias y falangistas. Ricardo Rodríguez Jiménez venía de jugar a las cartas y se cruzó con el siniestro grupo. El hombre se puso a vociferar: “Criminales, vais a matar a un genio” y a poco no le detienen a él también. Federico, que había llamado a su amigo por su nombre, iba esposado con un maestro de escuela, Dióscoro Galindo González, apresado pocas horas antes.
Un coche los trasladó hasta La Colonia, ocho kilómetros al norte de Granada, que había pasado de ser una zona infantil de vacaciones de verano a una cárcel franquista. Promesas de ascenso en el escalafón y una prima de 500 pesetas eran el acicate para los soldados presentados como voluntarios a las cuadrillas de fusilamiento. Unos pocos fueron obligados como castigo. Uno de los soldados de guardia, José Jover, evocó a Agustín Penón que al anunciarle que iba a ser ejecutado, Lorca quiso rezar el ‘Yo, pecador’ pero no atinó a recordar entera la oración que le había enseñado su madre. Como en una vieja película de Hollywood el poeta habría fumado junto a Jover su último cigarrillo y prometió hacerle llegar su mechero.
Dos banderilleros anarquistas, Joaquín Arcollas y Francisco Galadí, pasaron a integrar el grupo. Según sostiene Gibson, Lorca y sus compañeros fueron trasladados un kilómetro hasta Fuente Grande, muy cerca del barranco de Víznar donde tradicionalmente se había situado la tumba (el hispanista Claude Couffond defendió esa localización). La versión de Miguel Caballero traslada el lugar de los hechos a un cercano campo de entrenamiento de Falange. Sea como fuere, la práctica habitual es que la muerte solía llegar siempre antes del amanecer, a la luz de los focos de los coches. Un testimonio recogido por José Navarro Pardo evoca, sin muchos visos de verosimilitud, que el poeta no murió en el acto y recibió un tiro de gracia. Gibson preguntó a un astrónomo del Real Observatorio de Greenwich si aquella noche hubo luna. Y no. No la hubo.