dissabte, 16 de desembre del 2017

TERUEL Los principales vestigios de la batalla de Teruel, señalizados y divulgados en una web

http://www.heraldo.es/noticias/aragon/teruel-provincia/teruel/2017/12/15/los-principales-vestigios-batalla-teruel-senalizados-divulgados-una-web-1213981-303.html




La ciudad conmemora el 80 aniversario del episodio con actos y la publicación de un libro sobre la repercusión de la contienda en la prensa internacional.

15/12/2017 a las 06:00


El ejército republicano iniciaba por sorpresa hace exactamente hoy (viernes) ochenta años una ofensiva sobre Teruel que desencadenaría una de las batallas más decisivas de la Guerra Civilmarcada además por el crudo invierno de 1937 a 1938. La capital conmemora ocho décadas del episodio más decisivo de su historia reciente con una serie de actos, entre los que figura la puesta en servicio por el Ayuntamiento de la página web www.batallate.es, que aglutina 200 fotografías y una extensa documentación dispersa por distintos archivos, además de informar y divulgar rutas por 20 vestigios de la contienda repartidos por la ciudad y sus diez pedanías que han sido señalizados para su visita turística.
La alcaldesa, Emma Buj, ha resaltado en la presentación del portal de internet que, aunque en la ciudad se lleva «mucho tiempo» hablando de la importancia histórica de la batalla librada durante la Guerra Civil, de la necesidad de preservar sus vestigios y de aprovecharlos como recurso turístico, «este es el primer Ayuntamiento que acomete una actuación decidida» para poner en valor los restos de la contienda. Además de la web, se han señalizado emplazamientos relacionados con la batalla dentro de un proyecto costeado con una inversión de 46.044 euros del Fondo de Inversiones. El autor del proyecto, Amador Guillén, ha explicado que al elegir los lugares se ha tenido en cuenta su vistosidad, su interés histórico y su accesibilidad.
Buj ha recordado la importancia que tuvo la batalla de Teruel en el contexto de la Guerra Civil y señaló que la visita de sus vestigios puede ser un reclamo turístico. Destacó que los restos señalizados se reparten por todas las pedanías, aunque se trata solo de un «primer paso» en el aprovechamiento de este recurso. El Ayuntamiento trabaja también en el proyecto de un museo sobre aquel acontecimiento.
En el marco del 80 aniversario, se presentó ayer el libro ‘Crónicas de fuego y nieve’, de Vicente Aupí y que repasa la extensa cobertura que la prensa internacional dio al acontecimiento, en muchos casos a través de corresponsales de guerra –uno de ellos el premio Nobel Ernest Hemingway–. Aupí ha señalado que, tras Madrid y Barcelona, ninguna otra ciudad tuvo la atención mediática que alcanzó Teruel.
El historiador ha añadido que, «sin duda», fue el momento de la historia de la ciudad con más protagonismo internacional. Ha señalado, a modo de ejemplo, que durante los tres meses de la batalla Teruel apareció «día si día no» en el New York Times y, algunos días, «en primera plana».

La conmemoración incluye también un programa de actividades promovidas por la Asociación Batalla de Teruel con colaboración institucional, que arrancará hoy con un recital de poemas de Miguel Hernández en el instituto Vega del Turia y terminará el 24 de marzo con una conferencia sobre el cine y la Guerra Civil por Magí Crusells.

Documentals / Programes especials Ossos que xerren, la fossa dels tres mariandos

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València: Justicia inicia la elaboración de un mapa de las fosas comunes de las víctimas de la Guerra Civil y el franquismo.














http://elmeridiano.es/comarca/justicia-inicia-la-elaboracion-mapa-las-fosas-comunes-las-victimas-la-guerra-civil-franquismo/




La Conselleria de Justicia, Administración Pública, Reformas Democráticas y Libertades Públicas ha comenzado a elaborar el mapa de fosas comunes de la Comunitat Valenciana. Así lo prescribe la ley de la Memoria Democrática y por la Convivencia, que ha entrado en vigor este miércoles, veinte días después de su publicación en el Diari Oficial de la Generalitat Valenciana (DOGV).
La norma prevé la elaboración de un censo de víctimas de la Guerra Civil y la posterior represión franquista y, en su caso, la recuperación de los restos que yacen en las más de 299 fosas localizadas hasta el momento en suelo valenciano.
El mapa de las 184 fosas localizadas en la provincia de Valencia se completó en el año 2011 y se envió al Ministerio de Justicia. En la actualidad no existe la posibilidad de consultar ese material, por lo que la Conselleria va a entablar conversaciones con el departamento que dirige Rafael Catalá con el fin de que ese mapa de fosas sea accesible para la ciudadanía.
En la provincia de Castellón, el proyecto del Mapa de Fosas de la Guerra Civil y del Franquismo lo realiza un equipo coordinado por dos asociaciones memorialísticas, el Grup de la Recerca de la Memòria Històrica de Castelló y el Grupo para Recuperación de la Memoria Histórica de Valencia, y en el que participan expertos de la Asociación Científica ArqueoAntro. Técnicos de la Dirección General de Reformas Democráticas y Acceso a la Justicia estudian ya su trabajo, que ha permitido catalogar 86 enterramientos y localizar otras 66, pendientes todavía de catalogación.
Por lo que se refiere a la provincia de Alicante, los técnicos de la Conselleria deben todavía verificar el mapa georreferenciado de fosas elaborado por los arqueólogos de la Asociación Científica ArqueoAntro, que ha localizado hasta 90 enterramientos susceptibles de contener restos de víctimas no identificadas.
Una vez cerrados estos tres planos provinciales, la conselleria cederá dicha información al Institut Cartogràfic Valencià, que estudiará la incorporación de esos datos de localización a su cartografía oficial.
Respecto a la elaboración del censo de víctimas de la Guerra Civil y la posterior represión de la dictadura franquista, ya trabaja en este punto la Cátedra Interuniversitaria de Memoria Democrática de la Comunitat Valenciana, impulsada por la Conselleria y en la que participan a Universitat de València, la Universitat d’Alacant y la Universitat Jaume I de Castellón. Concebida como un grupo de investigación y reflexión de carácter multidisciplinar que analiza las temáticas relacionadas con la memoria democrática valenciana, este jueves presenta su primera memoria de actividades, que permitirá conocer los pasos dados para la elaboración del censo de víctimas.
Instituto Valenciano de la Memoria Democrática
La norma que entra este miércoles en vigor contempla la creación del Instituto Valenciano de la Memoria Democrática, los Derechos Humanos y las Libertades Públicas que tendrá su sede en la ciudad de Alicante. Este organismo autónomo de la Generalitat será el encargado de realizar las labores de estudio, investigación e impulso de las medidas establecidas en la ley. En él se integra el Consejo Valenciano de la Memoria Democrática, como órgano colegiado consultivo y de participación del movimiento memorialista que opera en la Comunitat Valenciana.
La puesta en marcha de este organismo comenzará una vez Les Corts aprueben el Presupuesto de la Generalitat para 2018, que recoge las partidas económicas necesarias para ubicar sus dependencias y dotar a sus servicios del personal necesario para su funcionamiento.
Mientras tanto, los técnicos de la Dirección General de Reformas Democráticas y Acceso a la Justicia trabajan ya en la elaboración de los reglamentos que regularán tanto la actividad del Instituto como la propia ejecución de la ley que este miércoles ha entrado en vigor.

Un lugar para la memoria: el Museo Íbero de Jaén y la historia de miles de presos políticos


http://www.eldiario.es/andalucia/jaen/Museo-Ibero-Jaen-historia-politicos-II_Republica-Guerra_Civil-prision-presos_politicos_0_718479118.html


  
El 11 de diciembre, la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, anunciaba durante la inauguración del Museo Íbero de Jaén que el edificio albergaría una sala dedicada a la memoria histórica. Un compromiso que parte del lugar donde se ha construido el nuevo museo, unos terrenos que albergaron durante sesenta años la prisión provincial de Jaén.
Ese lugar era en 1926 una zona de huertos, a las afueras de la ciudad, que el Ayuntamiento de Jaén había comprado para construir el nuevo Cuartel de Infantería. Era la época del reinado de Alfonso XIII, y la zona era conocida como “La Moriana” o “Marroquíes altos”. A un kilómetro del centro urbano, se encontraba junto a una fábrica de Esencias y Colonias (Florpe, SA), un molino de aceite, algunos huertos y el camino de la estación que conducía al ferrocarril.
A los servicios de arquitectura del Ministerio de Gracia y Justicia que visitaron ese año los terrenos les pareció el lugar indicado para construir la que sería primera prisión provincial de Jaén construida exprofeso para albergar a reclusos, ya que las existentes hasta el momento habían sido antiguos edificios habilitados para ello. Ni siquiera existía acometida de alcantarillado en el lugar, obras que se comprometió a costear el ayuntamiento.
Las obras se realizaron entre 1928 y 1931, fundamentalmente con piedra, hierro y madera, bajo la supervisión del arquitecto del ministerio Agustí Helguero. A su terminación fue uno de los pocos edificios que en los años treinta contaba en Jaén con agua caliente. Construida en forma de cruz, con cuatro patios, contaba con 28 celdas normales de 9,9 metros cuadrados, ocho celdas de castigo de 9,7 metros cuadrados, y siete dormitorios colectivos.
El edificio se inauguró a las nueve de la mañana del 8 de agosto de 1932, aunque los presos habían sido trasladados en el verano de 1931, ya que la cárcel vieja (un exconvento del siglo XVII) estaba en ruinas con chinches y piojos.
Empezaba así la historia de un edificio que vivió, seis años de gobierno republicano (incluidos los de la guerra civil), dos años de gobierno conservador, 34 años de dictadura y 13 de democracia, hasta que en 1994 fue abandonada y en 2006 derruida para construir el nuevo museo. Fue morada de miles de represaliados, primero conservadores y después en mayor medida republicanos, incluso acogió presos de ETA, todo ello según cuenta Luis Miguel Sánchez Tostado en su libro ‘Historia de las prisiones en la provincia de Jaén’.
Con capacidad para 150 presos, en 1934 la prisión alberga solo 23. Al año siguiente durante el bienio conservador, llamado “bienio negro” por las izquierdas republicanas, paso a tener 700 reclusos debido a la gran cantidad de disturbios que se produjeron durante ese periodo.

Los 'trenes de la muerte'

En los primeros días del levantamiento militar de julio de 1936 la prisión se llenó de políticos, falangistas, miembros del clero, propietarios de tierras y terratenientes de reconocida tendencia conservadora, pasando en unos días a tener un millar de presos. En ese año se vivió uno de los momentos trágicos con la muerte de dos disparos en uno de los patios del jefe de servicios de la prisión, que después fue abandonado por un olivar, posiblemente por funcionarios de la misma, según Sánchez Tostado.
De esa cárcel (también de la habilitada en los bajos de la Catedral), salieron los dos trenes, llamados de la muerte, con 565 presos en dirección a la cárcel de Alcalá de Henares (Madrid) ante el miedo de que fuese asaltada. El primer tren llegó a su destino aunque en Atocha murieron 11 personas y hubo un centenar de heridos por el asalto de una multitud. El segundo tren nunca llegó, de los 245 presos se salvaron medio centenar, después de que en la zona conocida como el Pozo del Tío Raimundo en Vallecas (Madrid), una muchedumbre impidió el paso del vagón que fue ametrallado, entre ellos murió el entonces obispo de Jaén.
Otro episodio de esa época tuvo lugar tras el bombardeo de Jaén por los franquistas que ocasionó la muerte de más de 155 personas, sobre todo mujeres y niños. Como represalia hubo orden de en la prisión de seleccionar a decenas de presos que fueron asesinados.
Sin embargo, fue tras la guerra cuando se vivieron los episodios más oscuros de este edificio. En 1940 a la prisión llegaron los condenados con penas de reclusión mayor y de muerte. Entre 1939 y 1941 se ejecutaron a más de 700 presos que salieron de sus muros hacia el cementerio de San Eufrasio.
Y es también en 1941 cuando alcanzó sus cotas de hacinamiento máximo con unos 4.000 reclusos, superando en unas cincuenta veces su capacidad. En los dormitorios para 15 personas convivían entre 80 o 90, en las celdas individuales una decena, que dormían sentados contra la pared. En cada patio (había cuatro), se alojaban entre 700 u 800 reclusos, que se guarecían bajo tenderetes o tiendas improvisadas con mantas. Cuando llovía podían entrar en los pasillos, entonces era imposible andar por el edificio sin pisar a alguien. Los que estaban en las escaleras se ataban a las barandillas para no caer cuando se dormían.
Además del hacinamiento, se vivía la desnutrición a causa del hambre y las enfermedades, como los problemas infecciosos, gastrointestinales, problemas respiratorios o renales. Entre 1931 y 1949 murieron en las prisiones de Jaén 360 reclusos por algunas de estas causas. También hubo suicidios, algunos sospechosos, como uno colectivo de tres personas colgadas.
En esa prisión estuvo, según el libro de Sánchez Tostado, el pintor Rafael Zabaleta, el propio exdirector de la cárcel, el diputado Peris Caruana, el alcalde Campos Carabá o médicos socialistas como Federico del Castillo o Antonio Casero.

Un sangriento intento de fuga

Uno de los días más tristes y sangrientos se produjo el 24 de septiembre de 1941,festividad de la Merced, patrona de las prisiones, cuando fueron fusilados cinco cabecillas de un intento de fuga en el patio de la cárcel ante un grupo de presos, y después se obligó a desfilar al resto ante los cuerpos. Los disparos todavía podían verse en los muros de la prisión muchos años después, antes de ser derruida. Estas fueron las únicas ejecuciones oficiales en el interior de la prisión.
A los siguientes años se fue reduciendo el número de reclusos, aunque la prisión de Jaén siempre tuvo fama de albergar numerosos presos políticos, que se unían en “comunas”, con sus normas específicas, especialmente a partir de los años cincuenta, como las del PSOE, PC, los anarquistas o la CNT. Posteriormente, también habría comunas de grupos terroristas como los GRAPO, FRAP o ETA.
En diciembre de 1968 se produjo el primer plante de presos políticos negándose a levantarse del comedor. En esos años llegaron hasta la prisión provincial presos políticos que habían ocasionados incidentes en otras cárceles y en 1974, 46 internos se declaran en huelga de hambre durante un mes.
Es a partir de los años setenta cuando se empieza a pedir un traslado de la prisión que se había quedado ya en una de las zonas más características de la ciudad, junto a colegios y mucho paso de gente.
Con la muerte de Franco y la amnistía de 1977 la población reclusa pasó de 94 a 43 internos. Es en ese año cuando se produce otro hecho destacado con el motín del 2 de noviembre, en el que participaron 52 de los 64 reclusos. Quemaron algunas de las dependencias, se atrincheraron con colchones y muebles y una veintena se subió al tejado pidiendo amnistía para todos los presos. Todo terminó de madrugada con la actuación de antidisturbios y los bomberos, pero en la hemeroteca, impresiona la foto publicada en Diario Jaén con la imagen de la prisión ardiendo.
En los años ochenta se produjeron secuestros, asesinato de otros presos, huelgas de hambre como la del recluso que se cosió la boca para no comer, e incluso intentos de fuga, como el de tres presos que días después asesinaron a un matrimonio en Úbeda y protagonizaron un tiroteo en Granada.

Objeto de deseo

En 1991 se inaugura la nueva prisión provincial y el antiguo edificio se mantiene en funcionamiento para internamiento de reclusos en régimen abiertohasta 1994 cuando se levanta acta de desafectación. El edificio es abandonado y objeto de deseo al encontrarse en una zona céntrica de la ciudad. Así en 1995 corre la noticia de que los terrenos saldrían a subasta pública y la Diputación acuerda solicitar la reversión de la totalid ad de los terrenos interponiendo reclamación previa ante la Dirección General de Instituciones Penitenciarias. Ante la falta de respuesta se inicia judicialmente una acción de revocación de donación, que tras pasar por los juzgados de Jaén llega en recurso de casación hasta el Tribunal Supremo.
Mientras se produce la lucha política. Hubo acuerdo de todos los partidos políticos para pedir la reversión y que se utilizasen los terrenos para fines culturales o sociales de la ciudad. También hubo enfrentamientos entre partidos y administraciones, dependiendo de quién gobernara en cada una de ellas. Y en noviembre de 1992 se constituye la Iniciativa Ciudadana por la Recuperación de la Cárcel, que organiza el 12 de marzo de 1993, la marcha de las antorchas, en la que unos cientos de personas rodean el edificio. En 1997 se crea la Asociación Amigos de los Iberos, que con su presidenta Pilar Palazón, a la cabeza se une en esa lucha hasta conseguir que se apruebe la instalación de un Museo Ibérico en la antigua prisión.
Los muros de este edificio no aguantaron el embate del tiempo y de las obras del aparcamiento subterráneo contiguo y tuvieron que derruirla en 2006. De ella se rescataron algunos objetos simbólicos, como una veleta, unas rejas, alguna cerámica o las garitas.
Once años después de que la prisión se viniese abajo ha abierto sus puertas un museo único que dará a conocer la cultura íbera. En sus dos primeros días lo han visitado más de 1.500 personas pero no todos conocen las miles de historias que se vivieron en esos más de 11.000 metros cuadrados ahora en pleno centro de Jaén.

divendres, 15 de desembre del 2017

De la cárcel al manicomio, un maestro segoviano en el ‘gulag’ franquista

http://www.acueducto2.com/de-la-carcel-al-manicomio-un-maestro-segoviano-en-el-gulag-franquista/60839


Es una de las páginas más lacerantes de la represión franquista en Segovia. La vida del maestro de la República Ángel Costa, 37 años preso entre cárceles y manicomios hasta su muerte en Quitapesares en 1973.  45 años después de su fallecimiento en el psiquiátrico  su hijo, hoy octogenario, Jaime Costa, ha publicado su historia en El Maestro y el Cura.
En Segovia, tras el 18 de julio, un centenar de maestros nacionales de la República fueron represaliados. Los más ya no volvieron a ejercer, otros padecieron cárcel, sobre una decena fueron fusilados. A Ángel Costa, maestro de Fuentesoto, le conmutaron la pena de muerte por cadena perpetúa pero ya no volvería a ser libre.  “Recorrió casi todas las cárceles del franquismo y casi todos los sanatorios para dementes. Después de la prisión del Cisne lo trasladaron al sanatorio de Ciempozuelos. Posteriormente a Toledo, a la terrible prisión del Puerto de Santa María y en la no menos espantosa de Córdoba”, explica su hijo. Clasificado como paciente de “enajenación mental y pobre”, Ángel recibió la libertad condicional a finales de los 40, por unas horas, pues de modo inminente debía internarse en Quitapesares. “Fue la única vez que le vi en libertad -recuerda Jaime-. Yo era un crío y me dijo: Tienes que ser periodista y contarlo”.
Hijo de José Costa, alcalde que fue de La Granja, Ángel estaba llamado a ser la vanguardia de la renovación pedagógica impulsada por la Institución Libre de Enseñanza. Tras obtener la licenciatura de cinco años, y ya casado con Catalina Arribas, la novena de once hijos y también maestra, fue a parar a Fuentesoto. Ahí empezó a aplicar las nuevas didácticas, basadas en la comprensión antes que la sumisión, en despertar la conciencia antes que en adormecerla. Sus métodos laicos, y el hecho de pisar poco por misa, le granjearon la enemistad del cura, el padre Amancio, a pesar de que ambos mantenían una relación respetuosa aunque distante.

El mapa de la represión

Tras el 18 de julio y a instancias de José María Pemán, un comité local de afines a los golpistas, evaluó a todos los profesores. Había que evitar que la semilla “marxista y masona” se inoculase en mentes inocnentes y torciese con ideas disolventes el genio de la raza, que como no podía ser de otra manera, descansaba en unos correctos cimientos católicos expurgados de toda desviación intelectual. Así que, junto al informe del alcalde y la Guardia Civil, el del cura pesaba en la suerte de aquellos maestros. Alcaldes y guardias avalaron el buen hacer del profesor de Fuentesoto. El cura no. “Contrario en absoluto al Glorioso Movimiento”, “Marxista puro”, “Ateo práctico y teórico”, informó.
Ángel ya no volvería a practicar el magisterio, de modo que fue movilizado y remitido al frente con el grado de subteniente. Hombre rebelde y comprometido con la justicia, el suboficial se negó a cumplir una orden, informar sobre las actividades de un soldado canario sospechoso de espionaje. Fue el fin. El tribunal militar, sacando a relucir nuevamente el informe del cura, le condenó al fusilamiento por  “adhesión a la rebelión“, pena conmutada por la perpetua.
Empezó ahí el calvario de las cárceles, con montoneras de presos en las peores condiciones. Un año, y otro año, y otro año. A veces en enormes galerías con los reos abrumados por la sarna y la tisis, otras en celdas de aislamiento de no más de dos metros por uno, 22 horas al día y con dos horas de paseo por el patio. En una de ellas Ángel intentó suicidarse. Automáticamente aquello le valió la declaración de “alienado”.
En aquella época la psiquiatría española estaba bajo las paradigmas fascistas de Antonio Vallejo-Nájera, que entre otras
barbaridades, consideraba el marxismo una suerte de degeneración somática de la personalidad. Lobotomías, internamientos estrictos, palos, sesiones de electroshock, completaban el “pack” de la psiquiatría de la época. Ser un “rojo alienado” era una sentencia de muerte social en toda la regla.
Tras otro calvario de manicomios, Ángel fue ingresado en Quitapesares. Allí, de vez en vez y durante una hora, podía recibir la visitas de su mujer e hijos. “Yo le vi 20 o 30 veces. Nunca jamás me dio la impresión de demente, de vencido y derrotado sí. Psiquiatras con los que hablé posteriormente me dijeron que mi padre tenía una personalidad esquizoide, que era muy inteligente”, recuerda Jaime. “Me preguntaba mucho por el cura, qué hacía, donde iba, cómo estaba”. Murió de cáncer de estómago -eso pone el parte- en 1973 en Quitapesares.

La verdad 40 años después

Jaime Costa Arribas quedó cojo a muy corta edad, al cuidado de su madre, que había recuperado la plaza de maestra por una recogida de firmas de los vecinos. Su magro sueldo se completaba con interminables sesiones de bordado. El sueldo no daba para que Jaime estudiase. Pero tenía cabeza, él solito, por libre, aprobó el bachillerato y luego los dos primeros cursos de magisterio. El curso final ya lo realizó en Segovia. De ahí a la docencia en Cuevas de ProvancoEncinillasNava de la Asunción. Se licenció en Filosofía y Letras, especialidad románicas. De ahí al María Moliner, instituto en que se jubiló a finales de los 90. Costa fue durante muchos años secretario de la UNED, donde reconoce haber disfrutado más de la docencia.
“Cuando me jubilé empecé a pensar en lo que me dijo mi padre: Cuenta la verdad. En el cura, en todo lo que pasó. Sobre todo en el cura. En 20 años no me dirigió jamás la palabra. Me azuzaba al perro. Me despreciaba. Con la ley de Memoria Histórica mi hermano y yo pudimos ver el expediente del proceso militar. Hace dos años empecé a escribir la novela”.
Así sale el Maestro y el Cura, editada por Ediciones Derviche. Narrada en dos tiempos, uno la peripecia del padre y otra la infancia del hijo, el libro, primorosamente escrito, se centra en la confrontación entre cura y maestro recreando el contexto de aquella Castilla profunda de caciques, pobres y curas. “Yo creo que era un hombre inculto, fanático, como eran tantos curas de la época”, explica Jaime. Una figura “renegrecida”, con fama de abusador y libertino, que ante la figura del maestro laico reacciónó de modo implacable y cruel.
No hay sin embargo un tono de ajuste de cuentas en el libro-novela. De fidelidad a la memoría sí. De homenaje al padre y sus ideales, todo. Sencillamente, un libro estremecedor.

Jaime Costa en la librería Entre Libros. Portada. Romería de San Bernardo, Fuentesoto, años 30.

Un portugués en la Sevilla de Queipo. Francisco Espinosa Maestre.


http://www.eldiario.es/tribunaabierta/portugues-Sevilla-Queipo_6_717138282.html


A la espera de que algún gobierno se decida a aplicar la legislación relativa a archivos en el ámbito militar, debemos seguir atendiendo a lo que va apareciendo en otros países sobre el golpe del 18 de julio y sus consecuencias. En esta ocasión nos referiremos a un documento del que he sabido por la periodista Ana Luisa Rodrigues y que nos proporciona el archivo de José Pacheco Pereira, ya conocido por el magnífico testimonio gráfico que ofreció hace unos años sobre la ocupación de Llerena (Badajoz) por las fuerzas de Castejón, algunas de cuyas imágenes ilustran este artículo.
5 de agosto: asesinato de 30 personas cerca de Llerena
5 de agosto: asesinato de 30 personas cerca de Llerena
Henrique Galvão (1895-1970) era un conocido militar portugués estrechamente ligado a la trayectoria de Salazar y del Estado Novo, a la Emisora Nacional de Portugal que llegaría a dirigir y que años después pasó a la oposición a la dictadura. En un episodio desconocido de su biografía, a comienzos de agosto de 1936 se dirigió a Sevilla con la misión de informar a su gobierno acerca de lo que estaba ocurriendo, presentándose ante las autoridades golpistas como periodista del Diário da Manhã. Como otros militares portugueses, su anticomunismo le llevó a tomar partido abiertamente por los sublevados españoles, destacando en tareas de propaganda a favor de los sublevados. De hecho su misión consistió en observar durante un par de semanas la situación en directo y comunicar sus impresiones. De ello quedó rastro en las siete cartas que envió al gobierno portugués entre el 2 y el 17 de agosto de 1936. Su testimonio es importante tanto por lo que se refiere a Sevilla como por las incursiones que realizó en dirección a Badajoz, Córdoba y Málaga. Además pudo entrevistarse e informar de sus entrevistas con militares, entre los que destacan Queipo y Franco.
La imagen que se había formado de Queipo a través de las charlas radiofónicas mejoró considerablemente cuando conversó con él el mismo día de su llegada a Sevilla. Convencido de que se encontraba ante una persona de vasta cultura y que sabía lo que quería, le impresionó la manera firme y rápida con que tomaba las decisiones. Desde un primer momento Galvão se percató de la importancia de la represión, de modo que ya el primer día supo que la primera misión de las columnas de militares y falangistas no era otra que acabar con lo que llamó “focos comunistas”. “Aún hay que hacer una gran limpieza que se está ejecutando con éxito pero que llevará su tiempo”, añadió.
5 de agosto: cadáveres de izquierdistas en la Plaza de Llerena.
5 de agosto: cadáveres de izquierdistas en la Plaza de Llerena.
Igualmente Galvão tardó poco en darse cuenta de que lo que parecía información –el mismo día 2 comunicó que se confirmaba la ocupación de Badajoz– no era sino mera propaganda. Sin haber salido aún de Sevilla destacó la desorganización de las fuerzas militares, relacionándola con su poca eficacia en las operaciones que realizaban. Para él, como para los golpistas, todos los enemigos eran comunistas, aunque se tratase del gobernador civil de Huelva Diego Jiménez Castellano, un político moderado de Unión Republicana que impidió una masacre de derechistas pero que para Henrique Galvão era “un grande amador de comunismo” que merecía ser fusilado, como de hecho lo fue el día 4 de agosto juntos con las autoridades militares de la provincia.
Convencido por la incesante propaganda fascista de que las atrocidades cometidas por los comunistas eran espantosas, parecía creer que solo se asesinaba a los que eran encontrados con armas en la mano. En Sevilla, decía, eran fusilados al día decenas de “pistoleros” mientras la vida transcurría entre desfiles y alardes militares. Le llamaba especialmente la atención la notable presencia de fascistas italianos y su estrecha relación con Queipo. Desde el primer día, obsesionado por las conexiones entre los comunistas españoles y portugueses, mostró interés por hablar con el “Comandante da Policia Politica”, que no debía ser otro que el capitán Manuel Díaz Criado, delegado de Orden Público, quien le prometió “informações sensacionais”.
Agosto del 36: fuerzas fascistas en la plaza de Llerena
Agosto del 36: fuerzas fascistas en la plaza de Llerena
El día 4 decidió acompañar a las fuerzas “do célebre Comandante Castejón” en su recorrido hacia Badajoz. De la brutal operación llevada a cabo por dicho militar en Llerena escribe que “los comunistas fueron completamente rodeados. 300 presos están siendo revisados y serán fusilados a continuación”. Galvão está muy interesado porque han prometido darle todo lo que encuentren sobre las conexiones con los comunistas portugueses. Cita como ejemplo el estandarte encontrado en Coria del Río de la Federación de Repúblicas Comunistas Ibéricas, que iba a ser utilizado en la fiesta del 1 de agosto en la que se esperaba participación portuguesa. 
Cuando llevaba solo dos días en la ciudad ya apunta que “la represión es tremenda…”. Bastaba una simple sospecha de izquierdismo para acabar en el paredón. Y añade: “A su vez la serie de fusilamientos va instituyendo el hábito de matar”. Galvão, que asistió a varios, cuenta que poco después de salir de El Ronquillo (Sevilla) la columna se detuvo para ejecutar a treinta personas. Le llama la atención que la represión no distinga entre hombres y mujeres y menciona el caso de una mujer asesinada en lugar de su marido, un teniente que ha huido. Concluye: “Con una represión de esta naturaleza, que se completa después por una acción policial intensa y tan inenarrable que aún hoy se fusila diariamente en Sevilla a muchos izquierdistas, es natural que el comunismo español quede por mucho años completamente deshecho”. Y si le llamó la atención que a las dos semanas del golpe se siguiera asesinando, es de suponer lo que debió pensar al saber que se siguió eliminando gente hasta 1945, primero mediante bandos de guerra y después por las pantomimas militares seudojudiciales.
Una herida recibida en Llerena en circunstancias que no aclara le obliga a volver a Sevilla. A su regreso, en carta del día 6, escribe sobre la desorganización y la crisis de mando en las fuerzas sublevadas. Le llama la atención que columnas tan poderosas como las que han partido hacia Badajoz avancen solamente treinta kilómetros al día cuando en realidad podrían llegar hasta ochenta. Para Galvão no existe enemigo “en el sentido militar de la palabra, porque si lo hubiese las cosas serían bastante duras”. Además está convencido de que la columna de Castejón ha atravesado por situaciones en las que, de tener ciertos conocimientos militares, un simple pelotón desordenado la hubiera deshecho.
El capitán Henrique Galvão solo encuentra a las fuerzas activas, decididas y eficaces en los actos de carácter represivo, su verdadera especialidad. Por otra parte, pese al ambiente de entusiasmo, siente que no hay el menor idealismo en todo lo que ve, sino intereses encontrados en torno al problema de la tierra, al que le ve poca solución. Han pasado cuatro días desde su llegada a Sevilla y escribe: “Los comunistas es natural que desaparezcan de España por algún tiempo, pues no resulta difícil de creer por lo que tengo visto que el número de fusilamientos [en el sur] ya pasa de 30.000. Ayer en una hora vi fusilar a más de cien. Y con una facilidad, un placer, que hacen creíble la cifra oficial”. También dice que en todo el territorio ocupado por los sublevados el número de fusilados por el Ejército va por 80.000. Cabe dudar de estas cifras redondas por más que procedan de las conversaciones que mantenía con individuos como Queipo o Díaz Criado, pero lo que aquí interesa es que, viendo lo que estaba viendo desde el día 2, las considerase creíbles: “No me niego a creerlo tras lo que he visto”, concluye.
Cuando el día 6 de agosto Franco llega a la ciudad y establece su cuartel en un palacio, Galvão lo visita. Sabe que uno de los motivos de la frialdad de relaciones entre aquel y Queipo es la locuacidad de este. Observa que con la llegada de Franco la estrella de Queipo decae un poco y se percata de los rumores puestos en circulación sobre su pertenencia a la masonería o sus veleidades republicanas. También capta que los italianos andan siempre en torno a Queipo, mientras que los alemanes se mueven más alrededor de Franco, en cuyo estado mayor hay ocho oficiales alemanes que, según el portugués, se mueven sin la menor reserva. El 9 de agosto, por ejemplo, apunta la llegada a Tablada de cincuenta aviones alemanes. Dice que su misión era ocupar Madrid “con el menor perjuicio para la ciudad y sus habitantes” e “impedir la fuga de los dirigentes”. Ante el despliegue nazifascista y las quejas del propio Queipo, lamenta la escasa presencia portuguesa.
La propaganda imperante le lleva a informar de la caída de Mérida, cuando en realidad las columnas ni siquiera han llegado a Almendralejo. No tarda en darse cuenta de la escasa credibilidad que tenían las noticias de la radio, no dudando en afirmar que un 80% de ellas eran simplemente mentiras y bulos. De lo que sí sigue informando fielmente es de la represión. En una carta que lleva fecha del día 9 pero que puede que recoja las impresiones de más días (la siguiente lleva fecha del 13) escribe: “Hoy fueron fusilados en Sevilla 72 hombres, entre ellos abogados, médicos, periodistas y militares de izquierdas. Los juicios fueron sumarísimos. Las ejecuciones se realizan por la mañana en el cementerio y en las calles de los barrios céntricos. En este último caso quedan unas horas en exposición para ejemplo”. Es muy posible que se esté refiriendo a la matanza del 10 de agosto, aniversario del golpe de Sanjurjo en el que fueron asesinadas personas representativas de la etapa republicana. A renglón seguido, como si lo anterior requiriese una justificación, añade que “las atrocidades de los comunistas son horribles”.
Su impresión sobre Franco es que se trata de un monárquico que “difícilmente transige con el régimen republicano” y, por encima de todo, “un militar interesado solamente en cuestiones militares”. Galvão percibe que se encuentra a gusto cuando habla de estos asuntos pero que es confuso y vacilante cuando muestra su pensamiento político: “Me da la impresión de que habla sobre una base de lecturas hechas a prisa y mal digeridas”. Compara los cuarteles generales de Franco y Queipo, el primero todo orden y eficiencia y el segundo “un hormiguero donde la gente sale y entra a capricho”.
Fuerzas fascistas registran a un fusilado en Badajoz.
Fuerzas fascistas registran a un fusilado en Badajoz.
Ya mejorado de la herida de Llerena asiste a operaciones de carácter policial cerca de Málaga, que describe como “expurgatorias, como aquí las llaman”. El 13 de agosto habla de nuevo con Franco, quien le da noticias sobre la inminente caída de Badajoz. Franco le miente descaradamente al decirle que la operación se ha retrasado porque sus fuerzas no quieren causar daños en la ciudad ni provocar una masacre entre la población civil indefensa. Los bombardeos, le vuelve a mentir, apenas han afectado a la fortaleza y a la plaza de toros, por concentrarse allí los comunistas. En un momento en que todos dicen estar convencidos de la inminente caída de la capital, Franco incluso se permite decirle que la toma de Madrid “no se realizaría antes de fin de mes”.
También apunta que los aviones alemanes que ese día realizaron vuelos sobre la ciudad aún llevaban la cruz gamada. El avance de las columnas por Badajoz le vuelve a confirmar su impresión sobre el espíritu indeciso de los mandos. Considera que no hay explicación posible a la lentitud con la que se desarrollan las operaciones y distingue entre “territorio ocupado” y “territorio pacificado”. Y, en prueba de que no se cree las mentiras que le echan sobre el firme deseo de los sublevados de no causar daños en las ciudades y víctimas entre la población civil, concluye: “Las razones invocadas para justificar las demoras, tales como el deseo de proteger las ciudades y las poblaciones, solo puede aceptarlas quien no vio lo que pasa. Deben tomarse como razones políticas de cara al exterior y nada más. En la práctica las ciudades son destruidas y las poblaciones sacrificadas, tal vez más (ciertamente más) que si las operaciones se derivaran de la decisión propia de las operaciones militares…”.
En la última nota escribe que el gobierno portugués ha entregado los comunistas que huyeron a Portugal a los ocupantes de Badajoz. “Esta actitud ha sido valorada”, dice. Dichos “comunistas” fueron el alcalde Sinforiano Madroñero y el diputado Nicolás de Pablo, ambos socialistas. Estos y otros, entre ellos dos alcaldes republicanos y ocho portugueses entregados igualmente por la frontera, fueron asesinados en espectáculo público con banda de música el 20 de agosto quedando sus cadáveres en exposición.
Cumplida su misión Henrique Galvão volvió a Portugal. Las cartas que escribió del 2 al 17 de agosto constituyen un material de primer orden para conocer qué estaba pasando en Sevilla a las dos semanas del golpe, lo que podría resumirse en muy poca guerra y mucha represión. Dicho de otra forma, Galvão acabó siendo plenamente consciente de que lo que tenía delante no era sino una masacre de proporciones desconocidas. Sus palabras confirman la escasa eficacia de los militares sublevados, formados en las terribles guerras coloniales con Marruecos y capacitados si acaso para enfrentarse al enemigo interno, es decir, frente a obreros y campesinos desarmados o mal armados a los que había que arrebatar a sangre y fuego su victoria en las elecciones de febrero de 1936 y el sueño de la reforma agraria. De ahí que Galvão apreciase poco idealismo en todo aquello. ¿Cuánto hubiera durado el golpe sin la ayuda alemana, italiana y portuguesa? Lo que sí captó sobradamente, por más que esto no le hiciese replantearse su actitud ante lo que veía, fue el plan de terror implantado desde el 18 de julio y esa facilidad y placer con que se estaba aniquilando día tras día a decenas de miles de personas. Quedó asombrado por la eficacia del terror. Solo tras comprender esto pudo explicarse la lentitud de las operaciones y la extraña “guerra” que se desarrollaba ante sus ojos: el objetivo número uno no era ocupar el territorio y conquistar la capital sino arrasar con todo lo relacionado con la República.
Ahora ya no son las palabras de Jay Allen, Mario Neves, Marcel Dany, Jacques Berthet o John T. Whitaker las que nos cuentan qué ocurrió en Badajoz, sino las de un militar portugués partidario de la sublevación militar y de las tareas de limpieza que se estaban efectuando. La historiografía neofranquista ha dedicado cientos de páginas a invalidar sus testimonios: hablaban de oídas, mentían, nunca estuvieron donde decían, demuestran lo contrario que pretendían, etc. ¿Qué dirán ahora de Henrique Galvão?
Como colofón a las cartas del militar portugués será bueno traer aquí otra novedad en este caso debida a la investigadora Maribel García Lafuente y al archivo de Nantes (Francia). Se trata de un fragmento de la carta que Labib Ben Abdesselam Chaoui, de los Regulares de Ceuta, envía a su padre el 10 de agosto de 1936, en los mismos días en que Galvão andaba elaborando informes para su gobierno. Dice: “No paramos de invadir su país. Cada día ocupamos una ciudad. Y en cada ciudad en la que entramos combatiendo matamos a los habitantes. No paramos de someterlos hasta que su resistencia toca a su fin”.
Ahora solo falta que, aparte de contar con lo que nos proporcionan los archivos europeos, podamos acceder a los nuestros. Vamos para ochenta y dos años de aquellos hechos y han pasado treinta y uno desde que legalmente debían de ser accesibles. Es decir, desde 1986. Pasó el PSOE, pasó el PP, volvió y pasó el PSOE con la vana promesa de los “10.000 documentos” y volvió de nuevo el PP con su repugnancia habitual por todo lo que suponga recordar los orígenes de la derecha española. ¿Cuántos años más habrán de pasar? ¿A quién y qué se protege? ¿Acaso la matanza fundacional del franquismo iba también incluida en la amnistía de 1977?