dimarts, 13 d’abril del 2021

Milicianas y mujeres soldado: retrato de las combatientes.

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Fotografía: mujeres se preparan para marchar al frente.- FUNDACIÓN ANSELMO LORENZOFotografía: mujeres se preparan para marchar al frente.- FUNDACIÓN ANSELMO LORENZO

GONZALO BERGERCocreador del Museo Virtual de la Mujer Combatiente

12 DE ABRIL DE 2021

La máxima dice que toda organización militar expresa el orden social en que se origina. La articulación de las milicias populares formadas por los y las combatientes voluntarias a lo largo y ancho de la Península en 1936 confirma esta regla.

En efecto, las revoluciones son contagiosas, tanto que especialmente durante los meses iniciales del conflicto, la mujer española desempeñó tareas exclusivamente destinadas a los hombres hasta la fecha, llegándose incluso a proyectar unidades militares en Barcelona y Madrid únicamente formadas por mujeres.

Es un hecho que bajo ningún supuesto se preveía la opción de que la mujer se incorporase a unidades de combate. Existen sin duda diversos factores que pueden explicar esta situación. De un lado, las reformas impulsadas por la II República Española, de otro, el momento «revolucionario» que vivía el país, donde todo era posible y todo estaba por hacer. De otra parte, al igual que en el caso de los hombres, el alto grado de politización de las mujeres españolas, su cultura política, facilitó su rápido encuadramiento en las columnas de combatientes.

Parece evidente que muchas de las voluntarias identificaban el fascismo y la reacción de las fuerzas políticas conservadoras como su enemigo, y no solo de clase, también los consideraban como una grave amenaza para sus recientemente adquiridos derechos como ciudadanas, que las situaba en igualdad con los hombres. En cualquier caso, como ocurre con una gran mayoría de los combatientes masculinos voluntarios en las milicias, las mujeres antifascistas se ofrecieron a participar del horror de la guerra para contribuir a construir un mundo, que, según sus parámetros ideológicos, debía ser mejor y más justo.

Al mismo tiempo, algunas de ellas, las más avanzadas políticamente, consideraron que había llegado el momento de probar que estaban absolutamente capacitadas para mostrarse en igualdad de condiciones que los hombres, incluso en aquel espacio prácticamente tabú para ellas y reservado al universo de la masculinidad; el campo de batalla. En otras palabras, reivindicaban para las mujeres la victoria y el derecho conquistado, con su sacrificio en el combate, a gozar de los privilegios del triunfo y de la construcción del nuevo mundo que se avecinaba.

¿Pero quiénes fueron estas mujeres? La propaganda de los años de la guerra —la del bando republicano y la del sublevado— y la historiografía, tanto la inmediatamente posterior a la guerra —la franquista o la del exilio— como la producida en tiempos de la democracia, no ha ayudado a esclarecer esta cuestión. A día de hoy no es fácil determinar qué lugar ocupan estas combatientes en los espacios comunes, la memoria colectiva, del conjunto de la sociedad española.

Generalmente se ha dicho, y se cree, que las milicianas fueron tan solo un elemento de propaganda, que fueron unas pocas, que no combatieron o que, si lo hicieron, estuvieron pocos días en las trincheras, que eran jóvenes, casi niñas, que seguían a sus hombres, padres, hermanos o maridos; esto es, que no tenían autonomía política ni ideas propias, es decir, se las minimiza en el relato histórico y en el contexto político del momento. También es común creer que todas eran anarquistas, o que eran prostitutas o ambas cosas a la vez. Mujeres sin formación, lumpen de las barriadas de las grandes ciudades. En el otro extremo de los espacios comunes se sitúa la idealización por defecto, la miliciana que adquiere un rol casi romántico, la heroína.

De la mujer soldado, la que persiste en unidades militares más allá de las milicias populares y hasta el final de la guerra, no ha quedado registro colectivo, nunca llegaron a existir en nuestra memoria.

En el inicio de nuestra investigación, hace ya cinco años, determinamos que solo un análisis pormenorizado de la documentación de la época podría resolver las preguntas que nos formulábamos; solo la identificación y reconstrucción de cada una de las vidas de estas mujeres podía ofrecernos las respuestas. Así nació el proyecto Mujeres en Guerra y su plataforma digital, el Museo Virtual de la Mujer Combatiente.

Establecimos la metodología de trabajo a partir de la obtención de datos en fuentes primarias asociadas orgánicamente  a alguna de las organizaciones de carácter militar que lucharon en el bando republicano.

El análisis de estos datos nos permite afirmar que fueron varios miles las milicianas y mujeres soldado que se mantuvieron en los frentes de combate entre el 21 de julio 1936 y hasta el final del conflicto, en 1939. A modo de ejemplo, podemos establecer que, para la primera etapa de la guerra, la correspondiente a la organización territorial de milicias, en la organización catalana de las Milicias Antifascistas se alistaron un mínimo de 1.348 mujeres; para el caso de las Milicias Populares organizadas en Madrid, la cifra asciende a 1.227 voluntarias y en el de las organizadas en las Milicias Vascas Antifascistas, el número se sitúa en 182.

Los datos obtenidos relativos al perfil sociológico de las milicianas solo se pueden interpretar de una manera: la respuesta al golpe de Estado de las mujeres republicanas fue socialmente trasversal. Su edad media —más del 50%— se situó entre los 20 y los 29 años. Mujeres jóvenes sí, pero no tanto como para atribuirles inconsciencia o inconsistencia a la hora de decidir enfrentar a los sublevados mediante las armas. Los orígenes de las voluntarias se corresponden con todos los estratos sociales: algunas eran analfabetas y otras tenían formación superior; se habían divorciado, casado o eran solteras; podían ser profesionales cualificadas o amas de casa. Contra lo que comúnmente se ha creído, no participaron solo las obreras consideradas como revolucionarias, es decir, las anarquistas.

El perfil político es mucho más amplio y se corresponde con mujeres plenamente conscientes de la amenaza que representaba para ellas la reacción autoritaria. Estas mujeres estaban vinculadas orgánicamente a organizaciones anarquistas o comunistas, pero también a socialistas, republicanas, vascas o catalanistas. El origen geográfico parece corresponderse con los núcleos de población urbanos, feudo de las instituciones republicanas y de las organizaciones obreras. Es plausible pensar que este escenario, el de las grandes urbes peninsulares, favoreció la puesta en práctica de nuevas formas de relación social y la emancipación de la mujer, especialmente en las ciudades de Madrid y Barcelona.

Los datos de la experiencia militar nos ofrecen una nueva perspectiva en relación con su participación y actitud ante la guerra. La miliciana, una vez alistada en una columna, marchaba al frente con el resto de la unidad en igualdad de condiciones. Sabemos que mayoritariamente combatieron en primera línea.

Los estudios preliminares nos confirman el hecho de que cinco de cada diez voluntarias combatieron mediante el uso de armas. Recientemente documentamos el caso de María Luisa Fernández Cuevas, militante de Izquierda Republicana, a la que mediante una carta fechada el 27 de septiembre de 1936 se le comunicaba, por parte del Estado Mayor del Batallón Martínez Barrio, que, tras haber demostrado gran compromiso con la causa antifascista y determinación en el campo de batalla, y con la conformidad del conjunto del batallón, se la ascendía a alférez.

También hemos documentado un mínimo de 360 mujeres soldado que continuaron combatiendo en el Ejército Republicano, una vez se militarizaron las milicias populares y que muchas de ellas fueron ascendidas a oficiales o suboficiales. Conocemos la existencia de cinco comisarias, dos comandantes, trece capitanas,
veintiséis tenientes y cuatro alféreces, seis sargentos y cuatro cabos.

También podemos afirmar que las mujeres combatieron en todos los escenarios de la contienda, no solamente en el frente de Aragón o Madrid. Además, estuvieron presentes en la campaña de las Baleares, en el frente del Norte, en los combates de Andalucía y Extremadura y durante los momentos finales de la contienda, ya en territorio catalán.

Un dato significativo es el de las muertas en acción de guerra; un total de 73 dejaron la vida combatiendo y 31 fueron dadas por desaparecidas en el frente. Centenares de ellas resultaron heridas o mutiladas.

Respecto a la cantidad o proporción de combatientes femeninas, independientemente de valores subjetivos, tales como muchas o pocas, las cifras de las que actualmente disponemos sitúan el número muy por encima de las estimaciones más optimistas de los diferentes autores que han tratado esta cuestión.

Nuestro estudio, aún en fase preliminar, registra a más de 3.220 mujeres que combatieron en la Guerra de España y nos permite estimar el número total de estas en torno a las 7.000 voluntarias.


https://temas.publico.es/combatientes/

Ilustración de César Medina

OPINIÓN

Ellas y el tiempo

TÀNIA BALLÓCocreadora del Museo Virtual de la Mujer Combatiente

Hallan los restos de cinco represaliados en el cementerio San José de Cádiz.

 https://www.diariodecadiz.es/cadiz/Hallados-restos-represaliados-cementerio-San-Jose-Cadiz_0_1564043946.html


Los cadáveres corresponden a Ramón Real Jiménez, José Gutiérrez Braña, Manuel Moreno Cortés y Bartolomé García Peña, y queda una quinta persona por identificar

Restos hallados en una de las sepulturas colectivas del cementerio San José de Cádiz.

Restos hallados en una de las sepulturas colectivas del cementerio San José de Cádiz.

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Nuevos hallazgos en los trabajos de localización y exhumación de las víctimas de la represión franquista en el antiguo cementerio San José. El pasado 2 de marzo comenzó la ejecución de una nueva fase, la quinta, de estos trabajos que conllevan la excavación arqueológica de las sepulturas colectivas, conocidas como ‘medias sepulturas’, con el objetivo de la localización y exhumación de parte de las 37 víctimas de la represión franquista desde 1936 a 1937 enterradas en este tipo de sepulturas. En concreto, con esta intervención se pretende la localización de las 24 sepulturas colectivas de las que se tiene constancia a través de documentación. Actualmente se están excavando cinco sepulturas del patio 3 del cementerio y se han exhumado un total de 51 cadáveres y tres osarios. Entre todos ellos, se ha localizado a cinco individuos con evidencias de fallecimiento por armas de fuego corta y larga.

A expensas de la finalización de estas sepulturas, los cadáveres localizados –partiendo de los libros de registro y el contexto arqueológico- corresponden a: Ramón Real Jiménez, José Gutiérrez Braña, Manuel Moreno Cortés y Bartolomé García Peña. Falta una quinta persona por identificar, ya que sus restos se encontraron el pasado viernes.

La Plataforma de Memoria Histórica de Cádiz ha ofrecido los siguientes datos de las cuatro víctimas ya identificadas:

Real Jiménez, Ramón. Cadáver encontrado en los alrededores de la Plaza de Toros que fue enterrado el 20 de septiembre de 1936 en una sepultura sin causa de fallecimiento, como suele ser habitual en estos casos. Tenía 45 años, era natural de Chiclana de la Frontera y vivía en Cádiz en la calle San Juan, 42. Catalogado como hombre de acción y dirigente de la CNT. Perteneció al Comité Pro presos.

Gutiérrez Braña, José. Cadáver encontrado en los alrededores de la Plaza de Toros, enterrado el 28 de septiembre de 1936 en una sepultura sin indicación de causa de fallecimiento. Había ingresado en la prisión provincial el 26 de septiembre a disposición del gobernador civil y fue sacado al día siguiente para, en teoría, ser trasladado a la prisión de El Puerto.

Moreno Cortes, Manuel. Cadáver encontrado en los alrededores de la Plaza de Toros, enterrado el 28 de septiembre de 1936 en una sepultura sin causa de fallecimiento. Estaba casado con María Paredes Mateos con la que tenía al menos una hija. Ingresó en la prisión provincial el 17 de septiembre y fue sacado el 27 de septiembre para, en teoría, ser trasladado a la prisión de El Puerto.

García Peña, Bartolomé. Cadáver encontrado en los alrededores de la Plaza de Toros, enterrado el 01 de octubre de 1936 en una sepultura sin indicación de causa de fallecimiento. Era un jornalero, casado con Luisa Puche Chulián y con nueve hijos que vivía en la calle Trille. Ingresó en la prisión provincial el 7 de agosto y fue entregado a la justicia militar golpista el 13 de agosto para ser trasladado al vapor Miraflores. Aquí se pierde su rastro hasta la aparición del cadáver.

La ‘medias sepulturas’ que se están excavando están ubicadas en los patios 3 y 6 del cementerio de San José, y su localización no tiene dificultad, pues la delimitación de la mayoría de las estructuras funerarias que componen estos espacios se ha realizado durante las intervenciones arqueológicas anteriores.

La excavación arqueológica está siendo coordinada por el arqueólogo municipal, José María Gener Basallote, y esta fase se ejecuta a través de la entidad mercantil Cementerio Mancomunado Bahía de Cadiz S.A. (CEMABASA). El presupuesto asciende a una cuantía de 39.802,23 euros y el plazo de ejecución es de cuatro meses.

A estos hallazgos se suma la celebración, la próxima semana, de las VI Jornadas Memorialistas de Abril, organizadas por el Ayuntamiento de Cádiz, a través de la Delegación de Memoria Democrática, y que se desarrollarán del 14 al 17.

Las jornadas se centran en los trabajos de exhumación que se vienen desarrollando en el cementerio de San José. Así, para el miércoles de la semana que viene el Ayuntamiento, en colaboración con la Plataforma de Memoria Histórica y Cemabasa, han organizado visitas al antiguo camposanto adaptadas a las medidas Covid-19, por lo que se reducirá el número de personas por grupos y se espaciarán más en el tiempo para garantizar la adecuada entrada y salida. Pese a que todo indica que se mantendrá el nivel 2, el Ayuntamiento va a aplicar medidas de nivel 4 para extremar las precauciones, por lo que ningún grupo podrá superar las 10 personas.

Se permitirá el acceso a cinco grupos, por lo que habrá un máximo de 50 visitantes en total. La primera visita se iniciará a las 17 horas y la última, a las 20 horas. Y el recorrido tendrá una duración de 45 minutos. Se dispondrá de una persona de vigilancia en la puerta para evitar aglomeraciones y controlar exhaustivamente que no se produzca exceso de aforo.

Las personas interesadas pueden inscribirse a través del mail memoriademocratica@cadiz.es, y para acudir será imprescindible haber recibido la confirmación con la hora exacta a la que podrán acceder.

Asimismo, con motivo de esta edición de las Jornadas Memorialistas la Delegación Municipal de Memoria Democrática ha organizado también la presentación del libro ‘Franquismo, S.A.’, del periodista Antonio Maestre. Tendrá lugar el sábado 17 de abril, a las 12 horas, en la Casa de Iberoamérica. Esta obra relata las fructíferas relaciones que proporcionaron a grandes empresas e importantes familias de industriales el trato directo con las cúpulas franquistas.

La repressió franquista a Alacant: l’Arxiu Provincial treballa prop de 40.000 expedients penitenciaris que obrin noves línies d’investigació.

 https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/val/repressio-franquista-alacant-l-arxiu-provincial-treballa-prop-40-000-expedients-penitenciaris-obrin-noves-linies-d-investigacio_1_7393260.html




Huit dècades després del final de la Guerra Civil i de l’inici de la brutal repressió franquista de postguerra, continuen apareixent fons documentals que permeten obrir noves línies d’investigació per a la historiografia. L’Arxiu Provincial d’Alacant ja ha descrit 18.000 expedients penitenciaris dels gairebé 40.000 que té en les seues dependències sobre els republicans que no van poder fugir pel port i que van ser internats, en una primera etapa, en diversos camps de concentració, i després en les saturades presons del nou règim del general Francisco Franco. 

L’Arxiu Provincial d’Alacant va rebre en tres transferències tota la documentació penitenciària de la Direcció General d’Institucions Penitenciàries, tal com marca la Llei de memòria històrica. Els fons inclouen expedients que comprenen el període entre 1934 i la dècada de 1960. La directora de l’arxiu, María del Olmo, explica a elDiario.es que fins al moment “han descrit 18.000 expedients, aproximadament la meitat de la documentació que conté el fons”. 

Els expedients, que fins ara no estaven disponibles per a la consulta per part dels investigadors, contenen informació sobre l’organització de la repressió franquista en la immediata postguerra a Alacant. “Anem trobant presons a mesura que avancem”, conta la directora de l’arxiu, que destaca l’interés dels fons per als historiadors. 

Els arxivers s’han topat fa poc amb els expedients del camp de concentració habilitat al castell de Santa Bàrbara d’Alacant, que va estar en actiu fins al 24 de desembre de 1939. “Quan es produeix el final de la Guerra Civil a Alacant”, explica la historiadora i arxivera, “es comencen a preparar camps, com el dels Ametlers, que va durar només una setmana”, per a la transferència posterior de presos a altres institucions penitenciàries davant l’allau de republicans atrapats a l’inici de la dictadura. 

A Alacant, una de les últimes ciutats a caure a les mans del bàndol franquista, es van concentrar molts dels que pretenien fugir, en va, a l’exili a través del port. Alguns van ser traslladats al camp de concentració del castell de Sant Ferran o a la plaça de bous de la localitat, habilitada com a centre de detenció fins al juny del 1939. Altres espais de la zona, com la Presó II d’Elx o la casa d’exercicis espirituals dels jesuïtes a Benalua van acollir les víctimes de la repressió franquista. A més, també consten altres camps a Monòver o Dénia, entre altres llocs, tal com ha detallat el periodista Carlos Hernández de Miguel en el seu llibre Los campos de concentración de Franco. 

Les dones republicanes les van retindre en el Teatre Principal d’Alacant o en cinemes de la capital. “La majoria dels expedients penitenciaris que s’han descrit són per repressió del franquisme i uns poques causes comunes”, explica María del Olmo. “Els que van poder exiliar-se són els que tenien més possibilitats, per la qual cosa la majoria dels expedients corresponen als més humils, treballadors del camp, xofers, barbers, paradores de la indústria del calçat o metal·lúrgics, gent d’extracció molt baixa”, afig. 

A mesura que es posen a l’abast dels historiadors els expedients penitenciaris, s’obrin noves línies d’investigació. “La repressió i la memòria històrica són àmbits que estan sent investigats constantment”, celebra la directora de l’Arxiu Provincial d’Alacant. 

dissabte, 10 d’abril del 2021

¿Y si la República hubiera reaccionado a tiempo? Ángel Viñas.

 

https://www.infolibre.es/noticias/opinion/plaza_publica/2021/04/08/la_republica_119010_2003.html

Publicada el 10/03/2021 a las 06:00



La República podría haber evitado el golpe de Estado del 18 de julio. Esta es la idea amarga que defiende el historiador Ángel Viñas en su último libro, El gran error de la República (Crítica), que se publica este 10 de marzo. En él, describe a un Gobierno que no supo ver los peligros de la trama militar, y que no supo reaccionar a tiempo. "Engañaron vilmente a los líderes republicanos y la conspiración estaba metida en las entrañas mismas de los servicios de seguridad del régimen republicano", decía el autor en una entrevista con este periódico. infoLibre publica un extrato del libro en el que Viñas da detalles sobre un militar leal al Gobierno infiltrado en la Unión Militar Española (UME), organización que reunía a mandos militares descontentos con el Ejecutivo de Azaña y afines al golpe de Estado fallido de 1932. 

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MANRIQUE domina la escena

Con independencia [en 1935] de los tambores de posible guerra en el exterior, la UME vivía para el interior. Volvieron a correr rumores de un posible movimiento militar. Según el infiltrado [bajo el seudónimo de MANRIQUE], en Madrid un diputado por Renovación Española llamado Alfredo Serrano Jover disponía de medio millón de pesetas que se distribuirían a razón de 25.000 pesetas a cada uno de los jefes de las juntas que la UME había creado en cada División Orgánica. No sabemos si se hicieron transferencias bancarias (algo difícil), pero, como se ve, los monárquicos estaban dispuestos a derivar hacia sus actividades clandestinas en el Ejército todo lo que fuese necesario para mantener viva la llamita de la futura revuelta. (Ya no es necesario insistir en que, cuando había aprietos monetarios, quedaba el recurso al fascismo italiano.)

El nombre de Serrano Jover debió de hacer saltar la alarma en los servicios de seguridad. A nadie con dos dedos de frente se le podía escapar el significado de que un hombre de Renovación estuviera inmerso en actividades conspiratorias con militares levantiscos, pero no hemos encontrado ningún papeleo burocrático que ilustre si hubo alguna reacción. Probablemente, a Serrano Jover se le dejó actuar (tras la sublevación fue fusilado en El Pardo a principios de septiembre de 1936).

De los informes del infiltrado se desprende la impresión de que la UME albergaba en su seno puntos un tanto débiles. Por ejemplo, en Zaragoza, cabeza de la 5.ª División Orgánica, su comandante en jefe, el general Villegas Montesinos, iba por su cuenta y se consideraba al frente de un cantón casi independiente. Tenía dos ayudantes. Uno de ellos era muy mujeriego, por lo que el espía, siempre sugerente, lanzó la idea de si no "sería conveniente enviarle alguna dama". No sabemos si su propuesta fue aceptada o no. También dio noticias que hoy nos parecen mucho más importantes. Según él, Portela Valladares había comentado con el general José Sánchez-Ocaña Beltrán lo que sabía de la UME. Esta circunstancia, en apariencia banal, es muy significativa. Este general ocupó el puesto de Franco como jefe del EMC en la primavera de 1936 y, lo que son las cosas, aunque fue cesado el 18 de julio, no le pasó nada. Al final de la guerra se reincorporó como si tal cosa, si bien no reingresó al servicio activo. Nos extrañaría, pues, que no hubiese rendido algún que otro servicio a la UME, siquiera cerrando un ojo. Es decir, desde un momento no determinado, pero que podemos situar a mitad de 1935, Sánchez-Ocaña estaba al corriente de la operación de espionaje que se seguía a la UME desde el Ministerio de la Gobernación, si es que no conocía ya antes las actividades de la Oficina de Información y Enlace.

En otro momento, MANRIQUE se cambió de domicilio a la calle Velázquez, incidentalmente no muy lejos de donde vivía Calvo Sotelo. Pergeñó el último manifiesto de la organización poco antes de que paralizara de manera momentánea sus actividades, como veremos más adelante. Al parecer se publicó en dos diarios de Andalucía (por desgracia no sabemos cuáles y, de ser así, suponemos que tendrían un texto más bien trivial). Lo había redactado de acuerdo con Barba Hernández, el jefe nominal de la organización.

A su nueva dirección fue a visitarle alguien relacionado con su control, a quien informó de que Goded y su ayudante seguían haciendo propaganda por toda España y que contaban con la guarnición más adicta, que era la de Zaragoza. Atención a esto. La 5.ª División Orgánica ya empezaba a dar que hablar de sí y no para bien. Avisó igualmente de la incorporación de miembros de la UME a puestos directivos en el Ejército, lo cual representaba un grave peligro para la República. Esto, por supuesto, fue un reflejo de la política de personal de Gil Robles y que habitualmente se ha tergiversado, cuando no disfrazado. MANRIQUE se ofreció a aceptar el puesto de gobernador civil de Zaragoza, si bien no se atrevió a decir por escrito al presidente del Consejo, Alejandro Lerroux, a través de un enlace, para qué lo quería.

En definitiva, queda reforzada nuestra impresión de que el informador, como se le designa en los documentos consultados, estaba muy bien relacionado. No sabemos si el SIPM franquista llegó a identificarlo. En la correspondencia que de él se incautó había pistas que hubieran podido descubrirlo. Existen dos alternativas: que al estallar el golpe hiciera causa con el Gobierno y se difuminara en el curso de la guerra o que se pasara al bando sublevado. En esta hipótesis es difícil que saliera bien parado cuando se descubrió su actuación.

En los informes que MANRIQUE suministró también señaló algo que hoy es conocido, aunque no necesariamente referido a la UME. En ella se habían marcado dos tendencias: una encabezada por Franco (esta mención es, nos parece, muy significativa) y otra por Goded. Ambos pensaban de forma muy diferente. El primero sostenía que solo en un caso desesperado podía el Ejército lanzarse a una aventura. En tal caso, él no tendría inconveniente en ponerse al frente. Llamamos la atención de los lectores sobre este punto. Naturalmente, se trata de una información de segunda o de tercera mano. En 1935 y como jefe del Estado Mayor Central, Franco no podía tener interés alguno en sublevarse, pero, de ser cierto, lo que captó el infiltrado no lo descartaba llegado el momento y ya se veía como jefe. Un aspecto que no conviene olvidar, ahora que ha llegado a afirmarse impúdicamente que Franco no quiso sublevarse contra la República.

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