dilluns, 5 de juliol del 2021

Emotiva entrega de los restos de 5 víctimas del franquismo recuperadas en Son Coletes.

 https://www.ultimahora.es/noticias/part-forana/2021/07/04/1280951/restos-mortales-victimas-del-franquismo-identificados-manacor-estan-sus-familias.html



Imagen del acto. | Assumpta Bassa

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Antoni Alomar Mas, Francesca Llull Font, Francesca Salas Llull, Pere Llull Fullana y Miquel Palmer Duran. Cinco nombres, cinco historias y cinco víctimas del franquismo que este domingo pudieron volver a casa y tener una sepultura digna. El silencio de tantos años se ha roto y, aunque tarde, se ha hecho justicia. El cementerio de Son Coletes de Manacor acogió un emotivo acto de entrega, a sus familiares, de las cinco víctimas recuperadas en las excavaciones llevadas a cabo, por el Govern, el verano pasado. Hubo mucha emoción y muchos sentimientos. Asistieron alrededor de 150 personas.

La presidenta del Govern, Francina Armengol, junto con el vicepresidente, Juan Pedro Yllanes, el alcalde de Manacor, Miquel Oliver y representantes de las asociaciones memorialistas, participaron en el acto. Gracias a los análisis de ADN y los estudios antropológicos de los restos exhumados se reveló la identidad de estas víctimas. Los restos se entregaron a las familias que posteriormente pudieron enterrarlos en la intimidad.

El alcalde Oliver se dirigió a las familias y dijo «recogéis algo más que sus restos, recogéis su historia y su dignidad. Recogemos también la verdad que se desvanecía bajo metros de tierra pero que hoy damos a conocer».

Maite Blazquez, portavoz de la Comissió de Desapareguts i Fosses de les Illes Balears, intervino en nombre de las familias. «Actos como el de hoy rompen el silencio y honran a las víctimas».

El vicepresidente Yllanes afirmó que «hoy ponemos fin a más de 80 años de espera». Asimismo anunció que se pondrá en marcha el tercer plan de fosas, en el que estará una segunda fase de exhumación de Son Coletes.

Armengol destacó que «es un acto de amor infinito, de gratitud, de perdón, de reparación y sobretodo de justicia». La presidenta agradeció la labor llevada a cabo por las diferentes asociaciones y historiadores que, durante años, han investigado para poder devolver los restos a sus familias.

Algaida quiso rendir homenaje a una de las víctimas, el alcalde republicano Pere LLull. Los restos se trasladaron a la sala de plenos y por la tarde, a las 19,30 horas, se hizo el traslado oficial al cementerio donde se le dio tributo. La alcaldesa de la localidad, Maria Antònia Mulet, manifestó que «es un día de emociones. En Pere es el símbolo de todo los desaparecidos».

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Exhumación de una fosa de asesinados en 1948 por la dictadura Franquista en Pedroche (Córdoba).

 https://www.tercerainformacion.es/articulo/memoria-historica/05/07/2021/resultados-de-la-exhumacion-de-una-fosa-de-represaliados-por-la-dictadura-franquista-en-pedroche-cordoba-en-1948/


A continuación se publica toda la documentación inédita correspondiente al trabajo de recuperación de una fosa común en el cementerio de Pedroche (Córdoba) por el Foro por la Memoria de Córdoba a finales de 2006, tras solicitud de D. Juan Aperador Castaño y su familia.



La intervención arqueológica se inició a principios de Octubre en el cementerio de Pedroche siguiendo el Protocolo de actuación del Foro por la Memoria. Se recogieron testimonios de familiares que entre otras cuestiones mencionaban el área de posible localización de la fosa y se iniciaron los trabajos de campo en dos zonas bien delimitadas; un corte de 5 X 5 m. en una esquina del último patio de nichos y el espacio destinado a osario, donde se enterraban fallecidos por suicidio o no bautizados.

Finalmente, tras una ardua tarea en la que se descartaron más de treinta inhumaciones comunes, se hallaron dos cuerpos superpuestos, la cabeza de uno a los pies de otro y un tercero cuyos restos se vislumbraban debajo. La limpieza de los restos hacía pensar que nos hallábamos ante la fosa con los tres represaliados: se reconoció el cinto y botas de cuero en ambos, además de hebilla y mecheros de yesca de la época. Uno de ellos portaba un cuchillo de doble hoja muy común entre los pastores, profesión de una de las víctimas, Juan Aperador García.

Con fecha 12 y 13 de noviembre se procedió al levantamiento de los cadáveres tras petición de los familiares y ante el riesgo de que las abundantes lluvias del último mes arruinasen la fosa. Los huesos y restos materiales muebles se fueron recogiendo ordenadamente y depositando en cajas individualizadas. Durante esta tarea se documentó una bala o proyectil in situ, adherida al fémur del segundo cuerpo, dejando restos de oxidación sobre el hueso. Una vez extraídos los dos primeros fusilados y retirada la tierra que cubría al tercero, se descartó la pertenencia de éste a la fosa por carecer de fémur, cadera y antebrazo izquierdo. La única hipótesis posible para la ausencia de estos huesos es su extracción en el momento de excavación de la fosa que alojó los cuerpos de los dos represaliados. Además no presentaba ningún indicio que lo asemejase a los anteriores; boca abierta en “rigor mortis”, posición “violenta” del cuerpo… además de la aparición de los mencionados materiales muebles.

Con fecha 23 de Enero de 2006, D. Juan Aperador entrega por registro en el ayuntamiento un documento en el cual se exponen los acontecimientos que tuvieron lugar en el año 1948 y se solicita a éste que tome todas las medidas oportunas a fin de rescatar los restos mortales de su padre y de otras personas que pudiesen estar junto a él. Así, expone:

“Que mi padre D. Juan Aperador García, de 42 años, vecino de El Guijo, fue aprehendido en la noche del 19 de diciembre de 1948 en la finca Fuente de la Sierra. Le aplicaron la Ley de fugas, procediendo a asesinarlo a él y a otros dos campesinos que le acompañaban, Rafael Fernández Muñoz, de 36 años, de El Guijo y Pedro Castillo Fuente de 65 años, de Pedroche. De todo ello tengo constancia a través de testimonios de mis familiares; testigos presenciales de los hechos, de personas que estuvieron presentes en el enterramiento; un informe de la Guardia Civil (adjunto); así como mis propios recuerdos. Se refuerza esta certeza mediante los datos recogidos en el libro de Francisco Moreno Gómez, del que se adjunta fotocopia, La resistencia armada contra Franco, tragedia del maquis y la guerrilla. El Centro-Sur de España: de Madrid al Guadalquivir. Crítica Contrastes, Barcelona, 2001, pp. 516-517.
Que desde hace tiempo he tenido conocimiento de que existe una asociación denominada Foro por la Memoria, que ha realizado varias excavaciones para la recuperación de restos de otras personas desaparecidas en similares circunstancias, así como una investigación histórica en profundidad. Sirvan de ejemplo las realizadas en el Bierzo (León), Espinosa de Cervera (Soria), Candelada (Ávila), La Horra (Burgos) o la más cercana a nosotros en Santaella y La Guijarrosa (Córdoba).
Que mi intención, así como la de mi familia, es hacer lo posible para la recuperación de los restos de mi padre, y poder así darle enterramiento digno que, sin duda, se merece, pues es duro vivir todos estos años sin tener conocimiento de donde se encuentran los restos de un familiar tan cercano. Para ello queremos autorizar a la citada asociación para que pueda realizar las excavaciones pertinentes que permitan hallar los restos de mi padre y mi tío (Rafael Fernández Muñoz), así como la de otros desaparecidos.
Por todo ello
Solicita:
Que dada la naturaleza humanitaria de lo que se solicita, el Ayuntamiento-Pleno se reúna y tome las medidas oportunas, tanto económicas como administrativas, para ayudar a rescatar los restos mortales de mi padre además de los de otras personas que pudiesen estar junto a él, tal y como se ha realizado en otros lugares. Para ello, el Foro por la Memoria cuenta con un equipo completo de profesionales altamente especializados (arqueólogos, historiadores, abogados, psicólogos…) que permiten realizar un trabajo completo y eficaz.
Las necesidades económicas de las excavaciones serían las siguientes:
Transporte, manutención y alojamiento del personal voluntario del Foro por la Memoria durante la duración de la excavación.
Los gastos de alquiler y contratación de la maquinaria pesada que pudiese ser necesaria para la realización de la excavación.
Las necesidades administrativas serían las siguientes:
Tramitación de los permisos necesarios para el inicio de la excavación, dado el lugar en el que se encuentra la fosa, en el cementerio de Pedroche, propiedad del Ayuntamiento de la misma localidad.
Se haga pública en Pedroche esta solicitud para que otros vecinos que perdieron a sus familiares en similares circunstancias puedan adherirse a la misma.
En Gracia pide en Pozoblanco a 17 de Enero de 2006.
Fdo. D. Juan Aperador Castaño”.

Patio trasero del cementerio de Pedroche, destinado a fallecidos por suicidio o no bautizados

Proceso de excavación

Informe arqueológico / antropológico

Denuncia al juzgado

Auto: […] «Al no ser constitutivos de infracción criminal, por haber prescrito los hechos denunciados, sin perjuicio de las acciones civiles que, en su caso, puedan corresponder al perjudicado».

Informe de identificación genética 

Plano de la fosa. Dibujo: César Pérez Navarro

Prensa 

  

Equipo Foro por la Memoria de Córdoba en 2006;

Isabel Amil (Presidenta)
Francisco Molinero
César Pérez Navarro (Vicepresidente y arqueólogo)
Carmen Jiménez Aguilera (Historiadora)
Manuel Vacas (Historiador)
Carolina Requena (Historiadora)

*La exhumación y recuperación de la memoria de estos represaliados fue posible gracias al PCA, que sufragó los indispensables gastos de alojamiento, manutención y análisis de ADN. También a la ayuda de los familiares y al trabajo voluntario de los técnicos. 

La memoria de los huesos. Huelva.

 https://www.huelvainformacion.es/huelva/memoria-huesos_0_1588642867.html


HUELVA CUENTA CON SIETE LUGARES DE MEMORIA HISTÓRICA RECONOCIDOS
  • Casi 10.400 onubenses fueron oficialmente víctimas de la represión franquista, la cifra más alta de Andalucía en proporción con sus habitantes

Excavaciones de los arqueólogos en la fosa común de Nerva.

Excavaciones de los arqueólogos en la fosa común de Nerva. JUAN ANTONIO HIPÓLITO

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Siempre llueve esas noches, como lo hizo aquellas siete. El número siete es casi mágico: están las botas de siete leguas y los siete sacramentos, los siete pecados capitales, las siete trompetas, las siete plagas. Aquello fueron siete lugares diferentes en siete momentos distintos, aunque todos en el mismo tiempo. Y las siete veces llovía: mares de agua, de sangre, de ira o de dolor. Siempre llueve en las noches tristes. Yo soy hoy solo un saco de huesos, pero lo vi todo.

Los restos de la aldea de Membrillo BajoLos restos de la aldea de Membrillo Bajo

Los restos de la aldea de Membrillo Bajo ARCHIVO

Vi desaparecer una aldea entera. Membrillo Bajo era un lugar apacible, tierra de campesinos que malvivían como podían. Pasaban desapercibidos hasta que un día del verano de 1937 acogieron a un grupo de falangistas que buscaban cobijo, o eso decían, porque en realidad buscaban otra cosa. De una forma “lenta y sistemática”, como apunta el periodista onubense Rafael Moreno, autor del libro La raya del miedo, que narra aquellos sucesos, los 113 habitantes de Membrillo Bajo fueron desapareciendo. “Los vecinos empezaron a decir a los pocos días: aquí falta fulano y falta mengano”, cuenta Moreno, y entonces empezó el terror. “Llegó un momento en que los habitantes del Membrillo tenían prohibida la salida del pueblo”, y aunque algunos lograron esconderse o huir, pocos habitantes de esta pedanía de Zalamea sobrevivieron a la matanza. Hombres, mujeres y niños fueron víctimas de una lenta carnicería en la aldea, que terminó arrasada por las bombas y las llamas y, aún peor, desaparecida durante décadas de la memoria a pesar de que los restos de sus muros e incluso las siluetas de sus calles han seguido allí. Membrillo Bajo “ancla su terrible historia en una venganza ancestral” contra los aldeanos “por defender ante los terratenientes y caciques la propiedad comunal de los ejidos, cañadas, veredas y abrevaderos de la aldea”, explica Rafael Moreno. “Les enfrentó siempre a los grandes propietarios, que aprovecharon la Guerra Civil para apropiarse de lo era un terreno comunal”. Los habitantes de la aldea eran “muy religiosos, amantes de la fiesta de la Cruz, gente de paz”.

Vi camiones repletos de una carga terrible. Cadáveres apilados que llegaban al cementerio de Nerva, convertido en un macabro vertedero de fusilados. Su fosa común está considerada la más grande de la Andalucía rural. Los restos de centenares de personas sin identificar (pueden llegar a 600) se acumulan en varios niveles, apelotonados, tirados como escombros. La Cuenca Minera onubense “fue prácticamente la única oposición que encontraron” los del bando falangista durante la Guerra Civil, como dice Fernando Pineda, presidente de la Asociación de Memoria Histórica de la Provincia de Huelva (Amhph). No hubo guerra y “la conquista fue un paseo”, así que la contienda se tradujo en Huelva en “solo y exclusivamente represión”, con la Cuenca Minera como epicentro. La fosa de Nerva no guarda a todos los muertos de la comarca, ni siquiera a los del pueblo: “hay muchísimos más”, intuye Pineda. “Mucha gente huyó al campo y fueron cazados por partidas de falangistas que los mataban y los dejaban allí mismo” o bien eran rescatados -sus cuerpos, claro- por sus familiares, que los enterraban “donde podían”. Las fosas conocidas no son, ni mucho menos, las únicas de la zona. Apunta el presidente de la Amhph que “en cualquier sitio de cualquier término municipal de la cuenca minera hay fosas comunes”. Se sabe de dos en Zalamea, o que entre Nerva y Castillo de las Guardas “debe haber muchísimos más, como en toda la zona situada entre el Campillo y Almonaster”.

Incluso en las minas abandonabas “se tiraban directamente a los fusilado”. También fue la comarca una zona de guerra para las mujeres. Solo en Nerva se calcula que hay más de una veintena, y en El Campillo hay al menos 30. En la provincia, más de 300 madres, abuelas, esposas o hermanas yacen bajo tierra mezclando sus restos con los de otros hombres y mujeres, puede que incluso con sus propios  familiares.

También vi rencillas y ajustes de cuentas entre las gentes de los pueblos. Vi a 99 hombres y a una mujer fusilados en Almonte y echados a las zanjas del cementerio viejo. Procedían de todas partes: de Hinojos, de Huelva, La Palma, Bonares o Bollullos: “había una estrategia de desarraigo de sus lugares de origen”, sostiene Fernando Pineda, “pero también era una cuestión casi logística. Sabemos que había camiones que cruzaban toda la comarca recogiendo cadáveres” para dejarlos en la misma fosa. También pasaba en La Palma. Su antiguo cementerio, que a punto estuvo de quedar sepultado bajo un parque infantil, esconde los restos de entre 300 y 400 onubenses no solo de aquella localidad, sino de otras de la zona. En julio de 1936 el ejército franquista controlaba, prácticamente sin resistencia, todo el Condado. En La Palma sí encontraron una ligera oposición que terminó en una serie de bombardeos contra la población civil y un brutal desquite sobre los resistentes.

Edificio de la antigua prisión provincial de Huelva.Edificio de la antigua prisión provincial de Huelva.

Edificio de la antigua prisión provincial de Huelva.

Vi los muros de la explanada del Conquero, que ahora delimitan el recinto del bonito Parque Moret, recibiendo el rebote de las balas con las que mataron a quienes habían dirigido los destinos de la ciudad hasta entonces. Diego Jiménez Castellano, el último gobernador civil republicano de la provincia, Julio Orts Flor y Alfonso López Vicencio, tenientes coroneles de la Guardia Civil y de los Carabineros, y otras autoridades civiles y militares de la Huelva de entonces vivieron sus últimos minutos con la espalda pegada a aquellas paredes. Hubo más de 1.200 fusilamientos en la capital, prácticamente todos junto a esa tapia y las de los cementerios de San Sebastián y La Soledad, aunque las cifras oficiales de represaliados en la ciudad es muy superior. De ellos, cerca de 1.000 eran originarios de distintos pueblos de la provincia, muchos de los cuales habían pasado antes por la prisión provincial: “la mayoría de los sentenciados por consejo de guerra era fusilados allí”, afirma Pineda. Por sus celdas pasaron decenas de miles de detenidos, en muchos casos como última parada antes de morir ante el pelotón de fusilamiento. Cientos de reclusos fallecieron a consecuencia del hacinamiento, las deficientes condiciones higiénicas y una pobre alimentación

Pero aquel edificio fue mucho más que una cárcel. Su lado más siniestro lo vi pasado el tiempo. En los años 60 y 70 la prisión se convirtió en un tétrico ‘sanatorio’ de homosexuales. Tras una adaptación de la ley republicana de Vagos y Maleantes, “el Franquismo buscó de manera activa” corregir a “sujetos caídos al más bajo nivel social”, a los que trataba como enfermos mentales. “Hubo una política activa de persecución hacia el colectivo, como ocurrió con la represión de género o en los bebés robados”, asegura el periodista onubense Rafael Adamuz, autor de la novela histórica La memoria varada. “Se creó un engranaje de represión especifíco contra homosexuales y lesbianas”. Se destinaron dos prisiones españolas a la represión homófoba, una en Badajoz y la vieja cárcel onubense. “Por ella llegaron a pasar, que sepamos a día de hoy, 200 onubenses entre los años 1968 y 1979. Algunos testimonios han trascendido, como el de La Moni o el de Juan Rodríguez, que fue detenido y encarcelado tras vestirse de mujer en los carnavales de 1963”. En aquellos centros de internamiento la homosexualidad fue tratada “como una enfermedad a extirpar a través de trabajos forzados, humillaciones, vejaciones y palizas o la práctica de las descargas eléctricas”, unas ‘terapias’ auspiciadas bajo “el sadismo y la admiración nazi del doctor Antonio Vallejo Nágera, Jefe de los Servicios Psiquiátricos del Ejército franquista”, cuenta Adamuz.

Isla de Saltés.Isla de Saltés.

Isla de Saltés. ALBERTO DOMÍNGUEZ

Y vi un hermoso paraje, una isla rodeada de esteros y caños y cercada de alambres de espino. Prácticamente impenetrable. En la Isla de Saltés, frente a Punta Umbría, “se llegaron a hacinar casi 3.200 personas en los meses posteriores al fin de la guerra”, explica Rafael Moreno. Era uno de los 188 campos de clasificación en los que el franquismo repartió a sus prisioneros de guerra. Cuenta Moreno que “la gente de Punta Umbría los veía desde la otra orilla deambulando harapientos como almas en pena”. No tenían ropa y su única comida “era un chusco de pan con agua salobre donde se cocían huevos podridos”.  Tampoco tenían un techo bajo el que guarecerse del sol, la humedad o la lluvia.

En Huelva hay siete Lugares oficiales de Memoria Histórica, pero fueron muchos más. De hecho, dicen los datos de la Amhph que en la provincia hubo casi 10.400 víctimas de la represión franquista. De Andalucía, solo en Granada hubo más, y si se compara proporcionalmente con la población de cada territorio las cifras resultan aún más espeluznantes. No hubo Guerra Civil en Huelva, como afirma Fernando Pineda, pero la deuda quedó saldada con creces. De esas 10.400 víctimas, más de 1.600 no fueron asesinadas en sus lugares de origen, sino que se repartieron por toda la provincia, por eso “es fundamental que se siga investigando”, sentencia Pineda, para que sus familiares, que ahora son bisnietos y tataranietos, “encuentren el consuelo de la verdad”. ¿Qué verdad buscan? ¿Acaso quieren venganza? “Para nada. Lo que quieren es simplemente saber dónde están enterrados para honrarles como es debido”, cuenta el presidente de la Amhph, que recuerda, emocionado, el caso de una mujer que lo localizó años atrás para pedirle información sobre su abuelo. Su padre, después de décadas de silencio acerca de la guerra y la dictadura, quería saber, antes de quedar atrapado en las garras de un Alzheimer recién diagnosticado, qué fue de su propio padre. Dónde estaba. Tuvo suerte: su nombre y su localización constaban en las investigaciones de Pineda. “Continuamente nos llegan cosas así”, explica. “Nos llaman o nos mandan mensajes. Gente desconocida que nos pide información, nos dan un nombre, los pocos datos que tienen, y sobre eso vamos recuperando la información que podemos, y que no es poca”. Pero “hay que seguir” porque “ellos y sus familias se lo merecen”.

Puede que la lluvia borre las huellas, pero no la memoria. Ya sé que soy solo unos huesos sin nombre, sí. Trozos de alguien que fue alguien hace tiempo. Solamente retales. El sonido en la boca de un nieto. Un apellido de una lista sumarísima. Ni siquiera sé dónde estoy, pero lo vi todo y me guardo en un recuerdo. No se trata de acusar ni de juzgar a nadie, se lamenta Fernando Pineda, sino de “ponerles nombre a los desconocidos y encontrar a los que se conocen”. Dice el presidente de la Asociación de Memoria Histórica de la Provincia de Huelva que “no existe el odio” en ninguno de los que les piden ayuda, sino solo “el ansia de verdad y reparación. Hay quien dice que con la Memoria se reabren heridas, pero no es verdad. Las estamos curando”.

Mapa de los lugares de memoria en Huelva.Mapa de los lugares de memoria en Huelva.

Mapa de los lugares de memoria en Huelva.

diumenge, 4 de juliol del 2021

Un poema resucita la memoria de los presos-trabajadores del franquismo y la línea en vía muerta Madrid-Burgos.

 https://www.publico.es/sociedad/memoria-historica-poema-resucita-memoria-presos-trabajadores-franquismo-linea-via-muerta-madrid-burgos.html


Miles de presos de la dictadura sirvieron a diferentes empresas constructoras en la más inmediata posguerra. Hacinados en barracones, sus familias se asentaban cerca de ellos en chabolas diminutas. La redención de penas consiguió mano de obra gratuita y una imagen benevolente del régimen.




Fotografía de las obbras ejecutadas en Chozas de la Sierra por obreros penados por el Régimen.  DIRECCIÓN GENERAL DE PRISIONES.

Los once ojos del puente de Soto del Real leen un poema, esos versos cobijan el pasado de la zona y lo pretérito alberga la memoria del lugar. La conexión por tren Madrid-Burgos, línea ahora en desuso, fue levantada gracias a los presos políticos y comunes del franquismo que accedían al pretendido benevolente programa de redención de penas por el trabajo. Una explanada llena de matojos medio secos y cercada por una valla de fácil superación se abre ante el imponente puente. A unos metros del alambre empiezan las ruinas del destacamento penal por el que pasaron más de 2.000 personas. En una pared, el poema que Alberto Pascual veía cuando juagaba ahí con sus amigos en los años 70: "Estos muros hoy ruinosos / rodeados de misterio / no son de un castillo famoso / ni tampoco de un monasterio (…)".

Diez columnas levantan la famosa pasarela, inutilizada desde los años 2000, que contrasta con las modernas y cercanas vías del AVE. En la construcción "endecaojival" aún resuenan los más de dos millares de presos que pasaron por el destacamento penal de Soto del Real entre 1942 y 1950. Ellos, con sus manos, levantaron la infraestructura, al igual que lo hicieron 4.000 condenados más a lo largo de los 70 kilómetros de vía finalizados en 1955 e inaugurados en 1968. Zarzas y setos caducos orientan el paso. Las ruinas conservan las puertas de los ganaderos que utilizaron el lugar cuando se cerró el destacamento. No queda nada de los barracones, solo la planta confeccionada por un ingeniero militar sublevado y esbozada en 1937, manida de tanto usarse en otros muchos enclaves, comenta Pascual.

Este productor audiovisual está realizando un documental titulado Estos muros  en el que aborda el programa de redención de penas por el trabajo del franquismo gracias a un crowfunding. Todo surgió hace un tiempo, cuando se acordó del poema pintado en la pared de las ruinas madrileñas de Soto del Real: "Volvimos algunos amigos que jugábamos por aquí de pequeños y lo reescribimos". A escasos dos metros de su ubicación original, los versos recuerdan lo que en ese patio ocurrió; los mismos versos que alguien, en los años 60, se encargó de pintar tras aplanar la pared con una pátina de yeso.





Dos edificaciones dedicadas a la seguridad en una parte elevada del destacamento penal de Bustarviejo.  Nerea Villuendas

Fernando Colmenarejo, uno de los autores de Paisajes de posguerra en un camino hacia la libertadLos destacamentos penales en el ferrocarril directo Madrid-Burgos (Aquipo A de Arqueología, 2019), recuerda ir a saludar a Francisco Franco en aquel primer trayecto reservado para el autócrata. Él mismo, mientras se tapa de un sol que hace justicia donde nunca la hubo, recuerda a aquellas personas que pasaron por este tipo de sitios: "Se podrá morir Sánchez-Albornoz, pero siempre nos quedarán estos muros", dice refiriéndose al título del documental.

El lugar, emblema del olvido

"Yo lo pienso mientras realizo la cinta, y es que el hombre más joven que pasó por aquí tendrá casi 100 años. Si se mueren y no les hemos escuchado antes, ¿qué pasa con esta memoria? ¿Han vencido?", reflexiona el productor subiendo la ladera. Como meta, las vías del tren. Por el camino, Colmenarejo explica: "Aquí no gastaban un duro en vigilancia porque ellos se autovigilaban. Sabían que en la cárcel estarían mucho peor, además de que el sistema de redención de penas les permitía mantener a sus familiares con el poco dinero que ganaban", agrega el arqueólogo.




Inscripción realizada en el quicio de una ventana en las dependencias policiales del destacamento penal de Bustarviejo.  Nerea Villuendas

Al igual que en el Valle de los Caídos, las zonas adyacentes están repletas de chabolas en las que vivían los familiares de los presos, aunque en la construcción también hubo trabajadores libres. "Cuando había una evasión, cundía el pánico entre los presos pensando que podían cancelar el destacamento. Era otra forma de chantaje para que no escaparan", continúa el autor del libro ya mencionado. A unos 150 metros de la entrada de lo que fue el destacamento y 15 metros ladera arriba, el polvorín apenas conserva su arquitectura genuina.

Lawrence Sudlow es el presidente de la asociación cultural del municipio: "Aquí la sociedad civil somos la gente del pueblo que queremos dinamizar este espacio. Queremos saber la historia, nuestro pasado, porque todo lo que tenemos se lo debemos a los que nos precedieron", en palabras del presidente de Chozas del Real. Un gallo canta y se adelanta unos minutos al medio día. Desde el puente, las vías registran unos 45 grados con el astro solar. "La frontera era un círculo con piedras blancas. Sabían lo que era estar dentro y fuera sin necesidad de rejas", agrega Colmenarejo. Los presos dentro y las familias fuera son dos binomios que tan solo experimentaban cierta porosidad los domingos, cuando se permitían las visitas, después de misa.

Bustarviejo, el único destacamento en pie

Algo menos de media hora en coche separa el puente de los once ojos sotorrealeño con el tramo de la vía que pasa por Bustarviejo. Allí, la Asociación por la Memoria Histórica Los Barracones ha recuperado el destacamento que cobijó a los centenares de presos que pasaron por él. De media, se calcula que entre 130 y 150 personas pasaban al mes por cada uno de ellos. José Carlos González, miembro fundador de la Asociación, da indicaciones a Pascual, el conductor: "Está bien el camino, pero no vayas muy deprisa". Distancia: 1,8 kilómetros desde la puerta del cementerio de la serrana localidad. El último tramo, escasos 150 metros, a pie.





Poema escrito en la pared de las ruinas del destacamento penal de Soto del Real.  Nerea Villuendas

"Tenerles aquí era una forma de incentivar el turismo penitenciario. Que sus familias fueran donde iban ellos significaba asegurarse de que no se escaparan", explica el propio González. Hasta 45 chabolas se levantaron por las inmediaciones. Ocupadas por mujeres y niños pequeños, su vida pasaba entre los dos por dos metros de largo y ancho que el régimen les permitía construir. "Una especie de campamento para pobres", aduce este veterinario retirado. Entre los objetos hallados en la excavación arqueológica del lugar había tinteros, algo que sorprendió a los expertos. "También se encontraron en otros barracones, así que pensamos que las madres enseñaban a los críos lo que se llamaban las cuatro reglas, porque no podían ir a la escuela debido a las condiciones en las que vivían", explica el memorialista mientras camina entre pequeños arbustos con flores anaranjadas.

La empresa que se benefició de esta parte de la construcción de la línea Madrid-Burgos fue los Hermanos Nicolás Gómez, al igual que Elizarán lo hizo en Soto del Real. González se enerva cuando ve que el barracón se ha convertido en un ambientado hospital de la guerra de Afganistán. Así lo ha querido el Ayuntamiento de la localidad, que parece no ejercer mucho control sobre lo que la productora que ahora ocupa el espacio está haciendo en él. Sea como fuere, la historia del destacamento también pasa por un largo uso por parte de los ganaderos de la zona. Ellos se aprovecharon de las diferentes salas para guardar a sus animales. Cientos de kilos de estiércol fueron el resultado donde tiempo ha decenas de recluidos dormían.

Pensando la represión

"Ya ves que este lugar valía tanto para animales como para personas, así que te puedes imaginar cómo trataron a las segundas", interpela González mientras pisa unas tímidas margaritas. El millar de visitantes anual que recorre el recinto de 1.500 metros cuadrados tiene la posibilidad de, lo primero, ver el módulo de las dependencias policiales. En el quicio de una ventana está la única inscripción que se conserva original y que reza: "5-4-1945 Destacamento de Presos". "Es el único sitio en el que había dos chimeneas, los presos siempre estaban a temperatura ambiente. Además, las ventanas permitían controlar los barracones de los presos y defenderse de cualquier intentona de liberación", agrega el fundador de Los Barracones.


Patio central de la colonia de penados de Chozas de la Sierra (Madrid).  DIRECCIÓN GENERAL DE PRISIONES.

Fuera, como dice, hasta tres garitas de seguridad apostadas en los flancos del destacamento miran hacia el exterior. Ahí es donde estaba el peligro porque los maquis de la sierra podían bajar a liberar el lugar en cualquier momento, o robar la dinamita que utilizaban en la obra. Un riel de cardos verdes y asilvestrados conduce a la entrada del destacamento. A la derecha: primero el economato, después la enfermería y, por último, la cocina, donde los mínimos hidratos de carbono y proteínas para no desfallecer eran los protagonistas del rancho. En el centro, el patio donde los recluidos formaban hasta tres veces al día. Más allá, los tres dormitorios en los que ninguna ventana está pensada para el confort, sino para la ventilación y luminosidad. "No se tenían que olvidar que estaban recluidos. Es la arquitectura de la represión", apunta González.

Un "laboratorio psicológico"

La intimidad también les fue arrebatada. Estaban obligados a realizar su higiene en una pequeña 


dependencia con una letrina árabe de hasta siete personas. Compuestos los dormitorios formando una "L" tumbada, en cada uno de ellos dormían entre 40 y 50 personas. González explica el único momento de dispersión que tenían los presos convertidos en trabajadores: "Al principio no les dejaban entrar a las chabolas con sus familias para evitar las relaciones sexuales, pero amenazaron con una huelga y finalmente sí que se lo permitieron". Este entendido, cuando habla, fija su mirada en la distancia media, como si siempre quisiera ir un poco más allá de lo que su boca dice y sus manos dan a entender: "Los presos de aquí eran algo privilegiados porque ya llevaban más de 7 años de cárcel. Las prisiones franquistas fueron un laboratorio psicológico para rehabilitar a la nueva patria, y la mala noticia es que lo consiguieron. Muchos salieron de aquí gritando Viva Franco".


Interior de uno de los tres dormitorios de los barracones de Bustarviejo.  Nerea Villuendas

Este veterinario prejubilado de la Sierra Norte de Madrid, ataviado con una camisa tenuemente desabrochada y con pantalones de algodón, aprovecha los últimos minutos del paseo para señalar la celda de castigo a unos 25 metros de la entrada al destacamento. Más allá, un par de garitas de seguridad de granito. En ellas, dos mirillas, a izquierda y derecha. Unos metros por debajo, la línea del ferrocarril que transporta vagones invisibles de olvido y que, poco a poco, se están tornando del color de la memoria y la dignidad. Aun con todo, siempre quedarán los muros del recuerdo: "(…) No tienen fama ni gloria / ni recuerdos de su historia / más son testigo elocuente / y evocan enmudecidos / los duros tiempos vividos / en la construcción de este puente".